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Goblinburgo. Ciudad de Goblins.

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Fasa_Ape
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Aunque los elfos nos consideran enclenques y débiles mentales, los goblins somos una sociedad avanzada y moderna, muy por encima del nivel de ¡esos malditos elfos!.

Nuestra capital, Goblinburgo, se encuentra en los Pantanales Rancios, sus calles son elegantemente estrechas, cubiertas con ese fanguillo con una fina costra verde y dura por encima. Los elfos dicen que esto, junto a la falta de alcantarillado son la causa de que la lepra sea endémica en esta ciudad.

Eso es envidia, claro, como los elfos se pasan la vida obligados a vivir entre flores apestosas y bosques, se quejan de lo bien que nos lo hemos montado los demás.

Por si fuera poco tener la más brillante de las joyas por capital, nuestro sistema político, es perfecto.

Todos los días tenemos dos reyes, mínimo, como no tienen tiempo de legislar, ninguno comete errores, luego, nuestros gobernantes, jamás se han equivocado.

Claro está, a veces surgen complicaciones.

Por ejemplo, la semana pasada, al rey Ramiro Aliento Gato, irónicamente, se lo llevó un gato en la boca.
(Nota: recordar a Pepe Pinchos que tenemos que desgatificar)

Esto, inicio un grave conflicto, dado que planteaba dos problemas;

Primero: No dio tiempo a que nadie se decidiera a asesinarlo, luego no tenía sucesor, y no íbamos a ir a buscar al gato para coronarlo.

Segundo: Es tradición que el nuevo rey se coma a su predecesor, teníamos ya cocinado a Jacinto Rascatripa y va el gato y se lleva a Ramiro Aliento Gato. ¿Y qué podíamos hacer con Jacinto, quien se lo comía ahora?.

Estos obstáculos insalvables se resolvieron gracias al famoso sentido común goblin.

Nos juntamos todos los ministros e iniciamos un debate; nos dimos puñetazos, bofetones con la mano abierta, nos medimos el lomo, nos dimos buenas toñinas, nos metimos los dedos en los ojos, alguien me arrancó media oreja. Bua, fue fenómeno, como nos lo pasamos ¡no como esos malditos elfos! ¡envidiosos!.

Tras este constructivo ejemplo de la perfección de nuestro sistema de valores, decidimos ir al estercolero para secuestrar al goblin más mugriento, coronarlo y esperar a que la naturaleza siguiera su curso.

Efectivamente, a la media hora fue asesinado, restaurando así el orden natural de las cosas y demostrando una vez más que nuestro sistema político es perfecto. Por cierto, lo preparamos al ajillo, porque al ajillo todo esta bueno.

Este tema fue modificado hace 9 meses 3 veces por Fasa_Ape

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Fasa_Ape
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Por supuesto, aunque nuestra sociedad es perfecta e idílica, también tenemos problemillas.

Tenemos un problema estructural con el gamberrismo.

Todo empezó, cuando un Balltuber (si que pasa, los goblins nos comunicamos con bolas de cristal, ¿por quien nos tomáis? no vivimos en cuevas, ni que fuéramos enanos).
El caso es que el calvus, un Balltuber especialmente vago y repugnante, puso de moda lanzar cosas con catapultas, empezaron lanzando vegetales y huevos podridos (que puta manía de jugar con la comida) ahora lanzan ponis.

El otro dia, sin ir más lejos, uno de estos gamberros, lanzó un poni, con la mala fortuna de que cayó de culo sobre la ñora Ambrosia Costra, quedando esta atascada hasta la cintura en el ano de la bestia, que asustada por el impacto y la repentina penetración salió corriendo, haciendo imposible el rescate de la desafortunada ñora Ambrosia.

Bua, ¡como nos reimos!, pero claro, hacerle eso a una señora mayor goblin está feo.

Esto ha abierto un debate.

Por una parte; quien le vende las catapultas a los gamberros, somos nosotros, ya que tras la última guerra (si, esa que le declaramos a los elfos el mes pasado, pero no se enteraron y al final no fue nadie) tenemos un gran excedente de máquinas de guerra mortales.

Por otra parte; le estamos cobrando a la ciudadanía la tarifa de protección anti gamberros, mientras les tiramos ponis y nos echamos unas risas, y eso nos da mala conciencia.

Aunque llevamos días dándonos de bofetones, perdón, debatiendo, aún no se ha llegado a una conclusión.

Con todo y con eso, la vida en Goblinburgo sigue siendo idílica y maravillosa.
Así de perfectas son las cosas en el mundo de los goblins.


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Fasa_Ape
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Esta mañana, Goblinburgo ha sufrido una crisis política sin precedentes.

El rey Ramiro Aliento Gato, ha regresado, resulta que no estaba muerto, que el gato se lo llevó, pero que no quería comérselo, que se ha pasado una semana lamiendolo ¡Dice el desgraciao!

Claro, esto no ha pasado nunca, y en una sociedad dinámica y avanzada como lo es la goblin, esto es un problemon, ahora no sabemos qué hacer ¿le devolvemos la corona? pero ya ha tenido como mínimo treinta sucesores ¿Y que hacemos con Eusebio Rosca Chapa, nuestro rey actual, le damos una navaja a Ramiro para que le haga cosquillas? pero eso no sería justo con el que lleve las últimas dos horas planeando matar a Eusebio.

Así que nos hemos tenido que juntar los ministros.

La sesión extraordinaria, ha comenzado con la elegancia y educación que se espera de las más altas y distinguidas instituciones goblins, centrandonos desde el principio de nuestras conversaciones en: darnos manguzadas en la cepa de la oreja, hostias como panes, pellizcos en los pezones, y alguien me ha saltado tres dientes. Bua ¡ha sido fenómeno!

Aunque habría sido un debate mucho mejor, si el ministro de agricultura, no se hubiera ido a llorar a un rincón, gritando que a él no le pegamos porque no le quiere nadie, y que algún día se morirá y todos lo sentiremos mucho (deseándolo estoy).

Al final, no pudiendo tomar una decisión, creímos que lo más conveniente es, que Ramiro se vaya a vivir con su nueva madre (el gato) hasta que sepamos qué hacer.

A tal efecto, hemos cargado a Ramiro en una de las catapultas de los balltubers, lo hemos atado y amordazado (para que no saque brazos o piernas de la cesta durante el lanzamiento y se haga daño).

Como tendra que alimentarse, además de untarlo con aceite de hígado de bacalao, se le ha pegado al cuerpo todo el pescado y hierba gatera que se ha podido reunir, y lo hemos lanzado hacia donde estimamos esta la guarida del gato.

Esperamos que Ramiro Aliento Gato haya llegado bien a su nuevo hogar, y que se mantenga a salvo durante el tiempo (indefinido) que tardemos en redactar alguna nueva ley (o algo) que dé cobertura legal a la figura del rey emérito.

Si es que hay que saber cuándo morirse, que lo hemos dicho mil veces, que aquí los únicos insustituibles somos los ministros. Y no todos (tengo que encontrar la forma de sentar en el trono al ministro de agricultura ¡para que luego vaya diciendo que no le quiere nadie!).

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A las siete menos cinco minutos de la mañana, el rey Antonio Moco Pardo, ha aparecido muerto en su cama.

Aun que en un principio se barajo la muerte natural, como causa del obito, la caja fuerte que ocupaba el lugar donde devia estar su cabeza, nos hizo sospechar, que podría existir una remota posibilidad de que fuera un asesinato.

No siendo el trono reclamado por nadie, nos vimos en la obligacion de actuar de oficio e iniciar una imbestigacion, ya que algunas veces, algun goblin expecialmente timido o humilde, tira la piedra (en este caso la caja fuerte) y esconde la mano.

Tras encontrar un calcetín sudado tirado en las cercanías de los aposentos reales, y dárselo a oler a uno de nuestros mejores garrapatos sabuesos, las pesquisas nos llevaron directamente a la casa de Adolfo Culo Rana, ministro de agricultura falto de cariño.

Tras derribar (educadamente) la puerta de la vivienda, los ministros entramos en tromba en el dormitorio del nuevo rey, al grito de: ¡el rey ha muerto viva el rey!.

Sacamos a Adolfo de la cama, quien, tras ser informado de la situación, y sin duda encantado y feliz por haber sido descubierto tan pronto, comenzo a gritar: ¡Yo no he sido! ¡Yo no he sido!.

¡Pero que humilde es nuestro nuevo rey!.

Tras tirar de él (y de su ropa de cama, a la que parecía tener gran aprecio ya que se negaba a soltarla) llegamos a la sala de banquetes reales, donde ya le esperaba un suculento Antonio Moco Pardo cocinado al pil pil.

Adolfo Culo Rana, exministro de agricultura falto de cariño, procedió a comerse a su antecesor, convirtiéndose así en rey de los goblins, aunque tuvimos que meterle la comida en la boca y hacerle, perdón, ayudarle a masticar (no llevaba ni cinco minutos de rey y ya quería que lo hiciéramos todo por el, ¡qué diablillo!).

La ceremonia, fue preciosa, se llevó a cabo entre gestos, que solo se pueden describir como de placer, por los finos matices de la carne de su antecesor, llantos, sin duda de alegría y, gritos exaltados de: ¡Yo no he sido!¡No quiero ser rey!¡Quiero vivir!.

¡Ay!, ¡qué fantástico es nuestro nuevo rey! ¡que forma tan humilde de aceptar un ascenso!.

Solucionado el tema de Adolfo Culo Rana, el ministro de agricultura aguafiestas, por fin podremos debatir como es debido.

Adolfo debería verle el lado bueno a su nueva situación, al menos no a tenido que recitar el nombre de todos sus predecesores, como hacen los enanos. 

¡Que suerte tiene de ser un goblin! Y de que el sistema político de Goblinburgo, sea tan perfecto y maravilloso.

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@Leatntofly, Mcmorrigan, lo que se ofrece es lo que ya tengo aquí. Muy pocas, por no dececir ninguna lectura, puede rivalizar con lo que aquí se ofrece, por eso, no creo que participe, porque creo que al final contribuir en exclusiva con noviembre nos engrandece a ambos, más a mi que a noviembre, ya que al fin y al cabo no puedo más que dar gracias por ser leido, ya que no soy más que un pobre mono con una máquina de escribir ante La Voz. 

Esta publicación ha sido modificada el hace 9 meses por Fasa_Ape

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Learntofly
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@fasa_ape. Se ve que tus goblins son caseros, y lo entiendo, nada como el hogar De Profundis. : )


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Fasa_Ape
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Anoche, se jugó el clásico de Garrapatobol, entre los Topos de los Pantanos y las Ratas de Goblimburgo, arbitrando el honorable Augusto Pan Duro, colegiado de la federación de Garrapatobol de Goblinburgo, sita en: calle Pezuñas, 3, primero bajo.

No creo que sea necesario presentar este deporte, espejo de los más altos ideales de deportividad y fair play goblin, por lo que pasó directamente a narrar el encuentro.

Justo después del pitido inicial, Augusto Pan Duro, colegiado de la federación de Garrapatobol de Goblinburgo, sita en: calle Pezuñas, 3, primero bajo, fue golpeado por la espalda con un garrote, por Donato Uña Negra, capitán de los Topos de los Pantanos.

Hemos de recordar, que en este deporte, los palos, palos afilados, garrotes con clavos, piedras, botellas rotas, puños americanos, motosierras y trabucos naranjeros, son totalmente legales (siempre y cuando no los vea el árbitro).

Una vez el colegiado quedó fuera de combate (Donato se aseguró, golpeándolo no menos de diez veces en la cabeza), el encuentro comenzo realmente, viendose grandes jugadas en las que se incluían: puñetazos, mordiscos, zancadillas y se pudo ver, como un grupo de fans exaltados de las Ratas de Goblimburgo, saltaron al campo, sujetaron al entrenador de los Topos, y procediendo a su linchamiento a base de: bofetadas con la mano abierta y patadas en los tobillos.

Aprovechando el caos, Atanasio polvorilla, rey de los goblins, fue arrojado al campo de juego desde el palco real, por Eulalio Pocas Luces,que procedió a celebrar su nueva posición social brincando de alegría.

La alegría le duró poco, ya que, Andolfa Raspa, repitió la artimaña que Eulalio había llevado a cabo anteriormente con tanta astucia, cayendo este sobre su predecesor, y siendo pisoteados los dos, hasta la muerte, por los jugadores de ambos equipos.

Aún no hemos sido capaces de despegarlos del suelo, así que el banquete real aún no ha podido celebrarse, a pesar del ofrecimiento de la reina Andolfa de comerse a sus predecesores "aunque estén un poco manchados de césped".
(Tampoco es que haga falta, lo del banquete nos lo inventamos los ministros. Teníamos curiosidad por ver hasta donde esta dispuesta a llegar la gente para ser rey y, ese dia habiamos bebido, pero sobre todo, lo hicimos por las risas).

Volviendo al partido. Tras dos horas en las que se repartió mucho juego, el honorable Augusto Pan Duro, colegiado de la federación de Garrapatobol de Goblinburgo, sita en: calle Pezuñas, 3, primero bajo, recuperó la conciencia, dando así por concluido el encuentro.

Finalmente el partido se resolvió con: una veintena de lexionados graves, tres craneos rotos, cinco luxaciones de rodilla, treinta y cinco heridos de diversa consideración por arma blanca, dos reyes muertos y un garrapato perdido. Bua ¡que partidazo!.

¿Quién ganó? pues no lo sabemos, porque el árbitro, al recuperar la conciencia y ver a todo el mundo usando armas, siempre lo anula, por eso lo repetimos todas las semanas desde hace cien años.

¡Que maravillosa es la vida en Goblinburgo!

Por cierto, si alguien ve a Flaaffy (el garrapato perdido) por favor, que nos lo devuelva, solo tenemos ese balón.

Esta publicación ha sido modificada el hace 9 meses 4 veces por Fasa_Ape

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Fasa_Ape
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A los goblins nos gusta ponernos medallas....... literalmente.

No esperamos a que nos las den, si creemos que nos las merecemos, las hacemos en nuestra casa y nos las ponemos.

Claro, cuando eres un goblin del montón, uno que se pasa la mañana en el vertedero, la tarde en el bar, y la noche durmiendo la mona en el callejón de al lado del bar, esto no es un problema, ya que la mayoría de los goblins se hacen sus medallas con chapas y cartulina, el problema lo tenemos los ministros.

Cómo cobramos sueldazos, y todos los días hacemos cosas super importantes, nos merecemos muchas medallas, y en casa, tenemos cosas como: oro, plata, y piedras que brillan.

Claro, como es de esperar, nos hacemos muchas medallas bonitas, lo malo es que pesan.

Esto es un problema, la semana pasada, sin ir más lejos, Pancracio Maceta, ministro de interior (salía poco) murió aplastado por sus medallas.

¡¡Yo hago cosas más importantes y geniales que él y tengo más cosas brillantes!!.

Así que, me asuste.

Convoque a los ministros para proponer el debate sobre la nueva ley 357, dícese de: ley de limitación de medallas y condecoraciones para funcionarios públicos, porque deseamos ser los primeros goblins en morir de viejos.

El debate se desarrolló con toda la elegancia que se puede esperar de las más altas instancias goblins, ganando la propuesta de limitar el número de medallas a tres, por el ajustado resultado de siete dientes rotos a cinco ojos morados y una nariz rota.

Bua, como volaban los guantazos ¡fue fenómeno!

Yo ya he fundido todas mis medallas, y con lo que me ha salido, me he hecho las tres reglamentarias, un bastón, un monóculo, un sillón orejero y una taza grabada que dice: mejor ministro de movidas mogollón de chulas goblins del mundo.

¡Que ligero ando ahora!.

Esta, una vez más, es la demostración de lo perfecto que es nuestro sistema político, y de cómo contribuimos los ministros al bienestar goblin.

Sobre el rey, bueno, nunca se ha esperado que tengan medallas, por lo general, no da tiempo a que se las hagan, además, siendo rey, terminarían enterrados bajo cientos de medallas muy pesadas, y nadie quiere que el rey se haga daño.

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Fasa_Ape
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En estas fechas tan señaladas, ya es hora de que hablemos muy en serio.

Incluso en un lugar tan idílico y maravilloso como Goblinburgo, existen las injusticias.

Es necesario hablar de los pobres ministros goblins.

Como el caso de Arturo Pata Liebre, ministro de pesca. Este año, no ha podido instalar la grifería de oro en su jacuzzi de mármol.

¡Qué penita!. 

Y qué hay de Bartolo Setas, ministro de asuntos que el resto de goblins no entiende. De la media docena de garrapatos que tiran de su carruaje de oro, solo la mitad son blancos, ¡Solo la mitad!.

¡Qué desgracia más grande!.

Estas navidades, apadrina a un ministro goblin. ¡Solo tú puedes salvarles de una vida de semilujo!.

Este es un mensaje de UNICEG.

Todos los fondos recaudados se ingresarán en la cuenta del ministro de movidas mogollón de chulas goblins, no se acmiten devoluciones, si ha reproducido esta grabación, tiene una deuda de 20 monedas de las que más brillen, los cobradores estarán en su dirección en un tiempo estimado de 72 horas.

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Donchaves
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Las relaciones internacionales de Goblinburgo siempre son un ejemplo de diplomacia. Por ejemplo el embajador Ernesto Rija siempre se asegura que jamás falte la importación de cerveza enana, “requisando” las mercancías, junto con algún enano despistado, antes de que se les pase la mona a nuestros adorados barbudos y dejándoles como pago preciada chatarra. Somos unos genios de la economía, mentalidad de tiburón de montaña.

 

Sin embargo, las relaciones más difíciles de Goblinburgo son con los elfos, puajj. Y es que nadie les soporta, ni siquiera se soportan entre ellos. Desde su pestilencia a jabón y flores andan todo el día recreándose en sus problemas y disputas, no conocen nuestra eficiencia a la hora de resolver un juicio, una patada por ahí, un. Tienen un temible  cuerpo especializado en la guerra del terror para ello, les llaman “abogados”. En Goblinburgo tuvimos un intento de un cuerpo parecido a ellos, pero acabaron colgados. Somos un pueblo culto y nos gusta hacer bien las rimas, y un abogado no iba a ser menos. Y su última ocurrencia ha sido la de prohibir el uso de su propio idioma, por algo que ellos llaman "derechos de autor" o algo así, impidiendo que puedan hablar incluso entre ellos sin llamar la atención de las tropas del terror, con libros quemados, canciones prohibidas... no me quiero imaginar la tensión en un bar de elfos.

Y claro, nuestros diplomáticos deben intentar comunicarse con ellos por señas y puñaladas para evitar los pleitos. Y  así no se puede avanzar mucho. Esto nos llevó al último conflicto bélico con los orejas picudas cuando el embajador Napialarga negociaba la exportación de nabos de la última cosecha.

 

En el clímax del conflicto bélico, las tropas enemigas rodearon nuestra maravillosa ciudad, y, cuando el general élfico dio la orden de atacar, recibió 4 denuncias, 2 demandas y una multa de aparcamiento, momento en el que nuestras valientes tropas a lomos de garrapatos contraatacaron, haciendo que las tropas salieran en desbandada, incluyendo las nuestras y trayendo la victoria a nuestra gran nación, junto con un montón de cosas brillantes que se dejaron atrás en su huida.

 

Qué maravillosa es nuestra amada Goblinburgo.

 

 

 

Esta publicación ha sido modificada el hace 5 meses por Donchaves

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Fasa_Ape
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Grabación de la arenga del General Ambrosio Espinas, al batallón de garrapateria ligera Goblinburgo número 7, que hizo posible nuestra gloriosa victoria frente al invasor élfico.

Se puede ver al General en posición de firme, el ojo medio cerrado para mantener su monóculo en su sitio, le da aspecto de estar oliendo.... le da un aspecto muy marcial.

Frente a él, la tropa, impresionantes sobre sus monturas, puede observarse los utensilios de cocina que emplean como armadura, armados con, garrotes, tenedores, y todo tipo de cosas que pinchan.

-Los goblins no le tememos a nada- comienza el general.

Un goblin de la formación levanta la mano -Yo le tengo miedo a los gatos-

Al momento, otro goblin, declara -Yo le tengo miedo a los mapaches, con esas manitas-

-Imbecil, te he dicho mil veces que eso no es un mapache, es tu reflejo en el espejo- le responde el goblin más cercano.

-Yo le tengo miedo a los cenobitas- dijo otro, un estremecimiento recorrió toda la formación.

El general claramente incómodo levanta una mano -Bueno claro, quien no le tiene miedo a los cenobitas, pero en general los goblins no le tenemos miedo....-

Animado porque parece que todo el mundo se está sincerando, otro goblin interrumpe al general -Pues yo le tengo miedo a la señora mayor que vive en la esquina, mirala, nos está mirando entre las cortinas-

Un murmullo de terror recorre las filas, el general claramente está perdiendo la paciencia.

-Vale, aparte de a los gatos, los mapaches, los cenobitas y la señora mayor de la esquina ¡LOS GOBLINS NO LE TEMEN A NADA!-.

-Pues yo le tengo miedo al color rosa- salta otro goblin.

-Ya está, ¡a tomar por culo! me voy a casa- el general, furioso, tira su casco al suelo y lo patea.

El casco sale disparado, golpeando en toda la cara a uno de los garrapatos, este, atontado, muerde la oreja del garrapato que tiene al lado, este alarmado, empieza a correr, chocando con otros garrapatos, que a su vez furiosos corren en todas direcciones, en pocos segundos la, más o menos, organizada formación, se convierte en una estampida que carga de forma incontrolada.

Nota para el secretario de prensa y cosas de esas:
¡Ganamos la batalla! realmente, glorioso y todo eso, La versión oficial para los noticieros, será que todo estaba planeado y que para nada fue una estampida descontrolada que derribó el hogar del jubilado y una oficina de correos, y que alguien liquide al rey actual y corone al general Ambrosio. Que no se diga que en Goblimburgo no sabemos recompensar a nuestros héroes.


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Fasa_Ape
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Aunque Goblimburgo es un ejemplo de orden y cumplimiento de las leyes, también tenemos problemas con ciertas sustancias.

Si, hoy vamos a hablar del dulce, dulce polvo blanco de la alegría.

Si, vamos a hablar del azúcar.

Esa sustancia repugnante y terrible, que amenaza con destruir nuestra civilización, sus efectos en nuestro organismo son dramáticos, debido a que somos una especie hiper activa y de pequeño tamaño.

Bueno, vale, en realidad, no es para tanto, ver a un grupo de goblins , corriendo y balbuceando por las calles, con las pupilas totalmente dilatadas, es lo normal, y no son peligrosos.

Excepto... en aquella ocasión en que tiraron a la ñora Engracia al pozo, o cuando incendiaron el orfanato de San Judas, provocando que los pobres huerfanitos se fugaran.... perdón se asustarán y escaparan.

Aquello en realidad tuvo mucha gracia, tras seis meses de saqueos y desórdenes públicos, por fin pudimos "invitar amablemente" a todos los pobres huerfanitos a regresar  a la seguridad del orfanato de San Judas ¡Ay, y es que nadie piensa en los pobres huerfanitos! por eso de vez en cuando les regaló caramelos.

Pero me estoy dispersando, el caso es que, el otro dia, estaba en la aduana, pasando un cargamento de tartas de segunda mano, nada sospechoso ni ilegal, cuando me fijo en que el carro de delante estaba lleno hasta el borde de galletas enanas, ¡y eso si que es ilegal! ¡si no lo paso yo, no vale! a ver si voy a estar haciendo el esfuerzo de mandar a mis esbirros a nacionalizar las tartas que los humanos ponen a enfriar en la ventanas, para que ahora venga un listo con unas galletas llenas de pasas y me arruine el negocio.

Así que fui a encararme con ese narcotraficante asqueroso, que sorpresa cuando descubrí que no era otro que el ministro de seguridad y lucha antidrogas.

Que risas nos echamos, pero eso no arreglaba la situación, ya que, es un auténtico escándalo que dos ministros se dedique a traficar con drogas, así que iniciamos un debate amistoso.

Finalmente y tras perder varios dientes, decidimos que debía castigarse al autentico culpable de esta situación.

Mandamos ahorcar al rey, ya que es el responsable de hacer cumplir las leyes que los ministros dictamos.

El problema, es que ahora tenemos que volver a secuestrar a otro matado del vertedero para coronarlo.

Pero bueno, sobran pequeños huerfanitos y matados de vertedero.

Por eso todos somos tan felices en Goblimburgo.

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Crodries
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Las Fallas de Goblinburgo

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La tradición más arraigada entre las buenas gentes de Goblinburgo es la fiesta de bienvenida a la primavera. Bueno, es la más arraigada después de la piratería…, y de los deportes violentos…, y del saqueo a los vecinos. Pero no nos distraigamos con tecnicismos, pues hoy estamos aquí para hablar de la fiesta de las Fallas.

A lo largo del año, los astrónomos de Goblinburgo se afanan escrutando los cielos para calcular los días en los que el sol alcanza el punto más alto en el cielo. Esos días se llaman equinoccios, y reciben ese nombre porque el día dura lo mismo que la noche. Pues bien, uno de ellos —el equinoccio de primavera—, es el día en el que da comienzo esta estación.

Ciertamente, podrían consultar los almanaques para conocer este dato y ahorrar trabajo. Sin embargo, tras cada celebración, el Observatorio de Goblinburgo suele arder hasta los cimientos por lo que los cálculos deben repetirse de forma periódica. El fuego, queridos amigos, es la esencia de la fiesta de las fallas y de la bienvenida a la primavera.

La primavera es una estación importante para los goblins porque inicia la temporada de comercio. Los barcos y las caravanas de nuestros amigos verdes parten vacías hacia los asentamientos colindantes y allí ofrecen sus mercancías para intercambiarlas por dinero. Pero como no hay nada que vender, suelen robar todo lo que cae entre sus manos. Sería una desgracia para Goblinburgo que la primavera pasase de largo sin quedarse en la ciudad. Por ello, sus habitantes hacen fuegos y detonan artefactos explosivos, para llamar la atención de la primavera y que no se despiste.

En esto consiste la fiesta de las fallas, la celebración de la llegada de la primavera entrante a base de incendios, explosiones, banquetes multitudinarios, asesinatos, pillajes y desfiles de bandas de música por las calles de la ciudad.

Cuentan los estudiosos del tema que, durante el invierno, los hogares de Goblinburgo se llenaban de trastos y de cosas inservibles para las expediciones de saqueo. Así que, cuando se acababa el frío, los vecinos de los barrios recopilaban la ropa más desgastada, o los muebles rotos, o todo aquello de lo que querían deshacerse; lo amontonaban todo en la puerta de algún rival, y le prendían fuego. Cuando llegaban los bomberos, les decían: “si apagáis las llamas, la primavera pasará de largo y no podremos ponernos los bañadores en verano”. Los bomberos, horrorizados ante esa perspectiva, corrían a buscar petardos —una especie de cartuchos de dinamita aptos para niños— con la finalidad de lanzarlos a la vivienda ardiente del desdichado vecino. Decían que si la primavera estaba mirando hacia otro lugar, las explosiones llamarían su atención. Con el tiempo, estas lúdicas costumbres se fueron consolidando hasta alcanzar el grado de sofisticación actual de las Fallas de Goblinburgo.

Los barrios poseen una asociación de vecinos, denominada falla, cuyo objetivo durante el año se centra en erigir el monumento más espectacular de toda la contornada. Ese monumento se coloca en la vivienda de la persona más querida por todos. Durante los meses previos, los miembros de la falla también acumulan suficientes petardos, comida y bebida como para perder el sentido en la semana que dura la celebración. Así, de este modo, las explosiones descontroladas y los incendios arrasadores se han convertido en el distintivo internacional de esta, nuestra fiesta.

Cada falla es un hervidero de conspiraciones entre los vecinos por el reparto del bien más preciado: los cargos honoríficos. Por ejemplo, el cargo de Tesorero de la Falla es muy preciado entre los goblins de cierta edad. Sin embargo, las joyas de la corona las constituyen los puestos de fallera mayor infantil y presidente infantil de la falla.

Cualquier familia goblin se enorgullece de que sus vástagos sean elegidos alguna vez en su vida, bien fallera mayor infantil o bien presidente infantil. Y en este empeño ponen todos los recursos a su alcance. Esto convierte a las fallas en un sucedáneo, a menor escala, de la politica del ayuntamiento de Goblinburgo (en esencia es todo igual, asesinatos incluidos, excepto los sobornos). Todo lo hacen por un cargo meramente decorativo, lo que da más valor a esta competición.

Este año queremos destacar a la falla del barrio del Vertedero de Elfos. Romualda Coco Liso, su fallera mayor infantil, ha sido reelegida para el puesto treinta veces seguidas. Y este año, si la votación lo permite, batirá de nuevo el récord de fallera mayor infantil más vieja de la historia de Goblinburgo con 37 añitos recién cumplidos. ¡Es una ricura!

Pero, ¡un momento! Parece que la falla del Vertedero va a desfilar en un pasacalles. La fallera mayor y el presidente infantil actual abren camino. Tras ellos, las candidatas y candidatos que se presentan este año van saludando al público congregado a su paso. Lanzan pequeñas baratijas y golosinas para ganarse el favor de los votos. Cierra la comitiva la banda de música al son de la popular canción: “Paquito, el goblincillo chocolatero”.

El pasacalle se detiene en la entrada de la Plaza Remiendos, donde se va a disparar el típico “peim”. Peim es el acrónimo de Petardazo Extra-IMpresionante, y constituye un espectáculo sonoro, a base de explosiones, muy del gusto goblin. Un peim típico consiste en ir explotando petardos en sucesión, con un ritmo determinado. Podrían juntarlo todo en un gran y único reventón, pero la tradición dicta que así es más divertido.

Y ahora, Romualda sube al estrado, camina diez pasos hacia el micrófono para pronunciar la frase ritual que marca el inicio de todo peim que se precie. La multitud se calla…

—Señor pirotécnico: encienda la mecha y ¡PEIM!

Las llamas de una gran explosión engullen a la comitiva con un estruendo ensordecedor. Solo ha sobrevivido Romualda. Parece que este año también batirá el récord. ¡Qué celebración, amigos! ¡Esto sí que son unas Fallas de verdad!

Esta publicación ha sido modificada el hace 4 meses 2 veces por Crodries

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Fasa_Ape
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Yo tenía pensado escribir que: en un intento por atraer el turismo, Goblinburgo, roba, perdón, toma prestada una tradición humana, y roban, perdón, toman prestada una falla, que montan en la plaza mayor.

El día que deciden quemarla. Por accidente, la fallera mayor, se incendia y sale corriendo.

En resumidas cuentas:

la mitad de Goblinburgo se quema, pero la falla sigue intacta, aun así, no pasa nada, ya que se considera un éxito, al resultar como cualquier fin de semana, pero con menos borrachos, eso sí, se decide que el año que viene, se prendera fuego directamente a la fallera mayor. Para ahorrar tiempo. 

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