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El principio del fin

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CoquinArtero
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Fui grande, fuerte, hombre. Más que nadie. Un gran putero y dueño de todo lo que se movía por estas mismas calles donde las ratas despiezan cadáveres.

Esa de ahí era la tienda de francisquito. Era un gran hombre al que no supe valorar. Se pasó los últimos treinta años de su vida vendiendo pasteles con una sonrisa que de tanto practicarla, cada vez le salía mejor. Si llega a saber lo que se le venía encima… ¡un cojón que se iba a pudrir detrás de un mostrador!

Yo viví la vida como tiene que ser. No faltaba un lujo en casa y en todos lados los tenía comiendo de mi mano. No importaba lo que hiciese; podía salir a putear, chantajear y amenazar a nuestros vecinos, familiares, irme meses de fiesta, lo que sea, que mi familia seguiría estando ahí: respetándome como al hombre de la casa, el jefe del barrio, el General Friedrich Pierrot.

En realidad no soy general, ni militar ni nada de eso. El General era mi abuelo. Nuestra familia ha estado controlando esta ciudad desde que no eran más que un cúmulo de chabolas miserientas. Tuve que bajar la guardia yo para que todo se fuese a la mierda pero nadie podría aguantar tanto en tan poco tiempo sin sufrir alguna secuela.

Si ya sabía yo que ese puto niño algún día me iba a meter en un problema. Era lo único que no podía tocar. Si le hacía algo al niño, su madre nunca me lo iba a perdonar y a ella la necesitaba para saber donde tengo fondeado el bote.  Es la única persona a la que he permitido levantarme la mano. Una auténtica bestia enfurecida y sedienta de sangre. Unos años antes de que nos lo robaran. Solo un pequeño fallo de coordinación. Juro que cuando le grité se asustó y casi cae al suelo. Yo solo intenté impedir que cayese y lo agarré del hombro. Sí, puede ser que estuviese algo nervioso, sí, puede ser que hubiese bebido un poco pero eso no afectó a la realidad: un triste accidente que le hizo algo de daño. Lloró mucho para lo que fue y ponerle un cabestrillo , una exageración por parte del pediatra. La cosa es que a los pocos segundos de empezar a llorar, su madre estaba sobre mí haciéndome la ropa girones con las uñas. Era una mujer bella e inteligente, dócil, muy discreta. Podría decir que casi perfecta. Por eso me aterró tanto su reacción.

Ese día supe que al niño no podía pasarle nada por muy raro que fuese y por muchos escalofríos que me diese su forma de comportarse con todo el mundo que no fuese su madre. Ese cabrón nació con la sangre sin alma de los Pierrot y sabía jugar muy bien sus cartas desde bebé.

En el colegio era tan cruel que asustaba hasta a sus profesoras. Yo no podía permitir que su madre se enterase así que di orden de comunicarme a mí todo lo que tuviese que ver con el puto psicópata de nuestro hijo. Si el niño era perfecto y estaba feliz, no importaba un carajo lo que yo tuviese que hacer para que no les faltase nada. Ella siempre estaría ahí para cogerme la mano en una gala, la cintura en un baile y la polla en un pete. Pero un día desapareció sin más.

Le faltó tiempo a la madre para culparme de algo que  no podía demostrar. Algo que ambos sabíamos que tenía que ver con mis golferías. Intenté explicarle que son cosas que a veces pasan, que terminaría apareciendo, que se habría escapado con algún amigo y en mi cara supo ver que estaba mintiendo.

Esa mujer era el motor de mi casa, de mi vida entera también. Cuando las sombras de la tristeza y el rencor demacraron su rostro, la vida que yo llevaba empezó a parecerme una mierda a mí mismo. A mí que desde niño supe someter a grandes y pequeños con sólo pronunciar el nombre de mi padre. Incluso yo empecé a pensar que era una basura de persona.

Una tarde, después de pasarme el día entero buscando por todos los rincones conocidos de la ciudad, volví cansado y temeroso de la reacción de su madre al decirle que venía con las manos vacías.

No hizo falta verla para saber que la sombra de su pesar llenaba cada rincón de la casa. Olía a lágrimas y a gritos. El aliento de esa mujer había dejado un ambiente denso desde la entrada hasta la cocina, un hedor que dejaba claro que llevaba días sin dormir y sin comer, que había estado gritando al llorar. Las puertas y ventanas tenían las cortinas echadas.

Entonces fue cuando atravesó la casa en mi dirección arrasándolo todo con la fuerza de una avalancha. Sabía que iba a levantarme la mano y no me aparté esperando el golpe. No me importaba si lo acompañaban uñas en medio del viaje pero en su lugar, estampó en mi cara una cajita de cartón.

Fue la primera vez que llamé a la policía en mi vida.


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shadow_rokhan
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El regalo que le dejamos en la caja de cartón a ese cabron, debería bastar para que entienda que esta ciudad ya no le pertenece a su pretenciosa familia llena de vagos y haraganes bravucones; se que el niño no es el culpable de nada pero es el punto mas débil del maldito vago, su mujer esta vuelta loca buscando al pequeño psicópata pronto se lo hemos de devolver pero quizá le arrancaremos algunas partes mas para que sepan que vamos jodidamente enserio con esto. pero si nos aburrimos quizá también raptemos a su mujer, para luego enviársela por piezas.
 
Ese hijo de perra sabrá el error que cometió al meterse con nuestras familia, mato a mi hermano y tiro su cada ver al rio, ni siquiera pudimos darle cristiana sepultura, ese malnacido va a pagar, pronto cometerá un error y podremos matarlo porfin así nos libraremos de el y sus bravuconerías. 
Esta publicación ha sido modificada el hace 12 meses 4 veces por shadow_rokhan

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shadow_rokhan
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Pronto incendiaremos la lavandería de su familia, es la fachada para negocios sucios, adentro del local se vende droga y se ejerce la prostitución, durante las primeras horas de la madrugada vamos a incendiar la lavandería con bombas molotov; eso debe golpearlo donde le duele, pronto estará sollozando para que termines con su miserable vida y la de asquerosa familia. 


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CoquinArtero
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Diez años han pasado desde aquella llamada. Necesitaba toda la ayuda posible para poder dar con el chiquillo si no quería que su madre terminase hundiéndose por completo y me arrastrase con ella al pozo en el que estamos. Estoy seguro de que si no hubiese bajado la guardia en ese momento, podría haber evitado todo lo que vino después. Qué importa si se trataba de aliens, demonios, fantasmas o el puto big foot. Con la mente en condiciones era capaz de colocarle una bala en la sién al mismísimo jehová y empujársela hasta el fondo del cráneo con la punta del nabo.

Todo lo demás me pilló tanto por sorpresa que no pude hacer más que dejarme hundir en este montón de mierda. Lo que nunca quise admitir hasta hace unos días es que ese puto chaval de algún modo, consiguió darle la vuelta a la tortilla de la situación. No era más que un niñato al que no le habían salido los granos. Retorcido, extremadamente inteligente y con un poder de manipulación exagerado para un niño, pero un niño a fín de cuentas. 

Para su madre y por lo tanto, para mí, ese pequeño demonio sufrió lo indecible durante algún tiempo hasta que por fin se lo terminaron cargando y lo hicieron dormir con los peces. Invertí todos mis recursos y contactos en vengarme de cualquiera que alguna vez hubiese cruzado su mirada con la mía. La polvareda que levanté en la ciudad rebuscando a mi hijo arrasó con varios grupos empresariales a base de bala pura. Las familias emergentes que tanto prometían en el comercio de nuevas drogas, desaparecieron hasta el punto en que nadie recuerda hoy sus apellidos. La ciudad se sumió en una especie de guerra civil encubierta que drenó sus recursos. El caos llegó a límites del absurdo, se convirtió en un cadáver putrefacto adornado con luces bonitas que avisaban desde la lejanía de su toxicidad hasta que llegaron ellos.

Esas cosas se movían como sombras en medio de la noche, de casa en casa a través de los tejados, convirtiéndo a los temerosos vecinos en sacos de piel y hueso sin forma. Al menos así ya no tendrían miedo.

Sin darme cuenta conduje las riendas de una población a la que antes protegía, hacia las fauces de las bestias sin forma que roían las entrañas de nuestra civilización. Ocultos entre las sombras esperaron el momento adecuado para darse a conocer cuando ya era demasiado tarde. 

Y el puto niño estaba al frente...

Lo reconocí diez años después: cojeaba, estaba más alto, su pelo ni siquiera era el mismo pero sé que era él. Tenía esa mirada tortuosa de los Pierrot con el toque de locura de su madre. 

Dirigía una suerte de batallón de sombras que marchaba por las calles del polígono industrial del puerto. Se les veía decididos a provocar cambios, que tenían una misión de carácter expeditivo. La calle principal se llenó con las sombras de un ejército brumoso que marchaba al son de un único ritmo: Los pasos de ese jovenzuelo de apenas veinte años que al verme asomado entre los recovecos de una de las decenas de naves abandonadas, paró al batallón a sus espaldas y me gritó directamente.

— Date prisa viejo—. Gritó dirigiéndose claramente a mí— No querrás perderte lo que viene ahora.


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shadow_rokhan
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Ese pequeño psicópata aparentemente es mas duro de lo que pensábamos, le amenazamos con raptar a su madre para desmembrarla y dársela de comer para que estuviera satisfecho por días. El maldito mocoso solo nos replico que la cocináramos bien o le daría indigestión es un pequeño bastardo pero podría sernos mas útil de lo que pensamos, quizá debamos usar esa locura que parece tener el mocoso; para nuestro beneficio quizá cuando desarrolle el síndrome de Estocolmo lo soltemos para que comience a delinquir para joder a su padre.

Quizá podamos hacer que junte a un grupo de locos que lo siga para cometer mas crímenes, una vez que este bien hundido en el barro revelaremos su identidad así joderemos a su padre y lo hundiremos en mierda hasta el cuello, eso seria lo suficientemente divertido pero habrá que esperar un tiempo mas hasta saber cuanta locura puede guardar dentro de si un crio que ni siquiera tiene barba.

Quizá después si raptemos a su madre para que nos de información acerca de otros negocios sucios de su maridito o quizá hable si le ofrecemos ver al maldito bastardo. Esos malditos Vásquez han resentido la destrucción de su lavandería perdieron varios kilos de metanfetaminas y dinero, aparte de los infelices que trabajaban para ellos, ardieron como leña seca adentro de la lavandería; así aprenderán a no infectar nuestra ciudad con su mierda adictiva para los jovenes.


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CoquinArtero
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Que en el fondo el ser humano se deja llevar mortalmente por las apariencias, resulta ser algo indiscutible. Nunca antes la mirada de un niño pudo ser tan engañosa y aún así jamás llegaron a darse cuenta de que lo mío se salía de los límites.

Mi madre significó un papel muy importante dentro del plan. Siempre estaba dispuesta a agriar su rostro ante cualquier afrenta a lo que un día fue sangre de su sangre y gritar con fuerza “¡Pero si solo es un niño!”. Durante años dio forma a un disfraz perfecto que no se sostendría mucho más tiempo. Por eso, a los nueve años tuve que poner en marcha la siguiente parte del plan.

Mi padre, que no era más que un saco sin fondo donde hacer desaparecer toda moralidad hasta convertirla en nada, sería quien abonase las calles de la ciudad para convertirlo en el hogar de la primera ola: mi ejército de avanzada.

Esta vez, por una vez por fin he conseguido esquivar las pesquisas de Sigrid hasta ser lo suficientemente grande como para negociar una invasión discreta e inevitable hasta hacernos con todo el planeta. La muy zocata parece que en vez de hacer su función de agente de tránsito, lo que quiere es quedarse el resto de sus días privando, fumando y fornicando con animales hasta que la especie humana se deshaga por sí sola. A ver: serían unos pocos cientos de años más pero estoy harto de esperar.

Nacimos para conquistar realidades enteras y amoldarlas al sacrosanto trasero de nuestro creador, no para que su culo de “trepa” se apoltrone mientras los demás hacemos todo el trabajo.

Helo aquí pues, el malogrado general Pierrot reducido a una ridícula porción de lo que algún día fue, mirándome con cara de cordero descarriado y hambriento de alguna explicación razonable a lo que está por venírsele encima.

Primero pienso regalarle la vista con el derrumbe simultáneo de los edificios más grandes del centro. Desde una cierta distancia debe ser un espectáculo maravilloso. Después, entre las ruinas, le dejaré marchar a contarle a mi madre (a día de hoy, una carcasa vacía de mente y emoción), que su querido hijo no está muerto. Que ahora es un monstruo que guía monstruos por las calles del infierno en la tierra y eso me regocija pues, las emociones humanas resultan tan exóticas y cambiantes… esta última etapa de mi vida se ha tornado en uno de esos pasos que convierten el camino en una meta más dulce que el propio destino. ¿Será eso lo que tanto atrae a Sigrid de este lugar?

¡Cómo le ha gustado siempre ser el pez más grande del barril!

En fin… he levantado tanto polvo que no tardará en mandar alguno de sus chuchos para convocarme a una reunión. Me pregunto qué aspecto tendrá después de tantos años. Me pregunto muchas cosas y elaboro planes demasiado complejos.

A lo mejor es que necesito unas vacaciones.

 


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CoquinArtero
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Ahhhhh El dulce olor de la civilización ardiendo. La melodía del sufrimiento. La suavidad del tejido de la capa de la muerte que se viene tan callada…

Ver la ciudad entera envuelta en escombros, polvo y palomas de fuego que aletean entre las nubes de humo negro alzándose hasta el cielo ¿No te resulta extrañamente embriagador?

De verdad que no entiendo porqué no me reconociste antes. No te molestes. El bicho ese no va a volver a lamerte la palma de las manos. De todas formas una aberración como esa no merecía siquiera estar viva.

Iba a decirte que no tenías porqué incorporarte en mi presencia (así de humilde soy). Tiene gracia que de todas formas no puedas hacerlo. Te pesan los brazos ¿Verdad? Me ha resultado casi imposible encontrar la substancia adecuada para dejar fuera de juego a unos seres como nosotros, Sigrid. Sin embargo, una vez encontré el pajullo blanco, hacer que te lo tragaras fue demasiado fácil. Tía, en serio. ¡ Cómo tragas¡

¿A qué…? Joder Sigrid ¿A qué cojones estás jugando? Llegaste aquí con una misión ¡Yo vine para lo mismo¡ Nadie te dio permiso para pasarte 20 vidas jugando a ser persona y a hacerme la existencia imposible con excusas baratas, pero ahora has bajado la guardia. Ahora no me vas a poder parar porque estoy harto de los mortales, el aire, las casas, su voz, esa ridícula máscara que llevan para esconder lo podrida que tienen el alma…

No sé qué hacer contigo, Sigrid. Mientras dormías recordé la imagen de un toro eviscerando a un caballo de una cornada. Es una opción. Solo hay que hacer un buen tajo y las tripas salen solas y se expanden sobre la tierra por su propio peso. Contigo sería interesante porque el contenido debe ser inflamable. A ti eso no puede matarte pero sería un escarmiento glorioso hasta que encuentres como arreglar el desastre. Después observé durante un rato la planta de tus pies y mientras me decidía, hice que una de mis sombras te los pelase del talón a la punta. Solo la suficiente piel como para poder depositar algunos huevos entre los tendones. Yo mismo volví a coser las lonchas. Cuando despiertes lo notarás un poco más. Las larvas deben haber salido y las oigo escarbar.

¿Por qué me miras así?

Hostia ¿En serio? No me reconoces… Sigrid, Sigrid… deja de intentar moverte que al final te va a doler. No me lo puedo creer pero en cierto modo eso lo explica todo. Que me hayas dejado llegar tan lejos esta vez. ¿Cuánto hace que no comunicas? Deben pensar que te han tirado a un volcán o algo. Me extraña que no hayan mandado a nadie más. ¿Acaso ha cambiado algo y no me he enterado?

Mírame Sigrid: si la cosa es como estoy pensando, puedo terminar haciéndome dueño del planeta entero. No sólo este inmundo agujero maloliente, apartado de donde está el verdadero control, el verdadero poder.

No podrás notarlo pero me encanta la manera en que las agujas de punto te entran en el codo. Desarmar tu cuerpo es la sal del enorme filete que me estoy preparando.

No me culpes. Tú harías lo mismo. ¿Es eso una sonrisa lo que veo? Podrías quedarte con una parte si después de todo te portas como es debido. Me vendría bien alguien con tus habilidades y… bueno… ya sabes. Difícil de matar.

Por cierto. He encontrado las grabaciones y las cartas que escribes para ese grupo de internet. No he podido oír nada aún y me da que va a ser algo muy interesante cuando encuentre el aparato. Las cartas son otra cosa… esas cartas… ¿Cómo es posible que conozcan la existencia del simbionte, la cofradía, el viajero… Carcosa? Definitivamente me gustaría investigarlo un poco.

Espero que no te importe que participe desde las sombras mientras extiendo los tentáculos por el mundo pues, está resultando ser un magnífico principio del fin.

¿Hacemos lo del caballo entonces? No te hagas la tonta. Sé que puedes hablar. Te oí llamar al bicho ese antes. Venga, di… el caballo ¿Sí o no?


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CoquinArtero
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Después de que esta mierda de ciudad en el desierto cayese poco a poco en el pozo donde estamos, no me culpen por pensar que eso a lo que llaman atentado múltiple era justo lo que tenía que pasar. Ahora no tardarán en venir periodistas de  todas partes del mundo con las lágrimas corriéndoles el maquillaje. No tardarán en usarlo como excusa para invadir alguna región extranjera, nos pintarán al malo más malo de la humanidad como responsable de todo y, ¿saben qué? Resultará que nadie lo conocía de antes y en lo que tarda en producirse un pestañeo, surgirán expertos hasta de los pelos del culo de cada perro callejero que el desastre dejó sin dueño. Todos grandes expertos sin estudios y todos con una solución distinta que dar a un problema que se cuantifica en miles de muertes.

Déjenme decirles algo; Nadie tiene puta idea de lo que acaba de pasar. Si la ciudad se llena de rateros, asesinos, mendigos y locos sin medicación, es la sociedad, el gobierno, la economía, el puto flúor de la pasta de dientes. Si en un solo día revientan a “Bombasos” los edificios más altos de la ciudad, ha sido un extraño grupo terrorista de la otra punta del planeta porque nuestra manera de lavar la ropa les deja sin suministro de queso fresco.

Esta puta panda de borregos sin futuro incluso se niega a ver la sustancia viscosa que rezuma del suelo por toda la ciudad hasta que no la nombren las noticias. Yo me niego a creer nada porque estoy seguro que en esa brea que empieza a sustituir la argamasa de los edificios es donde se encuentra la respuesta a todo.

Ya la veía brotar de algunas esquinas cuando la cosa se empezó a torcer. No tardé en cerrar la pastelería porque nadie pensaba ya en comprar pasteles sino en robarlos para revenderlos fuera del barrio. ¿Se lo pueden creer? Y aún así nadie los compraba porque todos estaban igual de hundidos en la miseria y el terror de las bandas, crecidas y orgullosas de embestir sus cornamentas contra todo lo que se mueva. Esa masa viscosa estaba viva. No como un hongo estático que se expande si no lo tocas mucho. Ese alquitrán del infierno tenía consciencia y se movía cuando nadie miraba. Se convertía en bolas de negrura llena de filamentos y reptaban por las calles buscando víctimas a quien engatusar con sus bailes. Allí donde dormía un yonki, reptaba un trocito de brea del infierno, allí donde moraba un suicida, violaba un psicópata o algún desquiciado ahogaba un gatito, esas masas pululentas le acompañaban mirando desde las sombras.

De eso no hablan las noticias aunque todos nos hayamos fijado en la forma de comportarse de los engendros de locura.

El misterio más grande de todos es el del niño.

Ustedes no me creerán pero… lo juro por todo lo que me importa en la vida. Puede ser un sueño, puede que mi cabeza ya no sea la misma y me lo haya imaginado todo. Eso poco importa ya. Si es como yo creo, dudo que podamos hacer gran cosa.

Las masas informes de filamentos flotantes que nos vigilan comenzaron a moverse como un grupo consciente y dirigido durante las horas previas a las explosiones. Ya no se escondían y formaron una especie de ejército que seguía los pasos de un niño siniestro. Estaba claro que seguían sus órdenes cuando se refugiaron en las calles del muelle, que sabían perfectamente en qué momento se produciría la explosión.

Yo le vi. Vi como se dirigía al general Pierrot, el pequeño de todos, ese que perdió a su hijo y se volvió loco. Lo vi dirigirse a él desde la distancia para decirle algo como: “—Despierta viejo, que vas a perderte lo mejor”.

Ese  niño es poco menos que una especie de demonio y su ejército crece cada vez más, el suelo sigue supurando seres viscosos de las grietas recién abiertas en el asfalto y, dudo que vengan con sanas intenciones de futuro.

¿Quién me mandaría a mí nacer aquí?

Sospecho que ese es el perro al que matar para acabar con esta rabia y yo ya no tengo nada que perder. Le sigue mucha gente, todos pordioseros, todos sin futuro. Nunca sospechará del más pobre y jodido de ellos. Solo espero que al menos le gusten los caramelos. No conozco otra forma de matar a nadie.


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CoquinArtero
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Una sola pieza.

Eso es lo que me decía siempre el muy cabrón. A veces sólo hace falta una sola pieza en el momento adecuado, de la forma adecuada y con la intensidad justa para que todos los planes salgan bien. No era buen relojero pero al menos daba buenos consejos. Una pena que ahora mismo su cuerpo esté aplastado bajo mil doscientas toneladas de puré de rascacielos.

Para mi pesar, yo elegí la pieza equivocada y eso me trajo la infeliz consecuencia de encontrarme en la situación en que me encuentro. Podría decir que eso me enseñará a no volver a confiar en un Pierrot pero, de nada me sirve aprender algo nuevo cuando está claro que por este agujero sólo pueden salir tripas… ay¡… ya no queda opción para mí. Por suerte ese hijo de puta no pudo evitar hacerle saber a la loca de su esposa que el niño seguía con vida.

Esa… esa sí resultó ser la pieza.

Todo el mundo daba por desahuciada a la madre del monstruo. Siempre tan correcta, callada en las sombras mientras su marido sembraba el terror. Quién hubiese pensado que tendría guardado a una bestia psicópata dentro. 

Cuando encontré al general Pierrot en el muelle estaba completamente fuera de sí. No representaba ni una cuarta parte de lo que llegó a ser en su día. Ni siquiera tuve que convencerle. Con el rostro desencajado vino hacia mí, me agarró de los hombros y me dijo que había que acabar con él.

Lo que no sabía es que yo ya tenía la misma convicción.

Cuando consiguió calmarse nos sentamos frente a las ruinas de mi propio negocio y empezó a hablarme de su dueño con cierta nostalgia. Hijo de mil putas¡. Ni siquiera fue capaz de reconocerme.

Empezó regalándose el oído al contarme lo macho y putero que había sido (Claro que sí, general. Todos lo sufrimos), y al terminar fue cuando se me ocurrió sugerirle usar a su propia madre como un gancho, una forma de acercarnos lo suficiente.

Se le iluminó la mirada. En su mente, de seguro que parecía una revelación. Desde mi punto de vista, creo que le acababa de ofrecer un clavo ardiendo al que agarrarse. Prácticamente me arrastró hasta uno de sus escondites en el muelle y con un balbuceo propio de una mente que daba chispazos de constantes cortocircuitos, me contó cómo lo vio allí mismo dirigiendo un ejército formado por esas criaturas viscosas mientras la ciudad reventaba envuelta en llamas de fondo.

Con las uñas negras y duras como mejillones, levantó una placa del suelo para sacar una puta caja llena hasta los topes de monedas de oro. La abrió delante de mí y sonriendo me dijo que Rosaura, su esposa y madre del demonio desatado en que se había convertido su hijo, cogió vuelo cuando pensó que el chiquillo estaba muerto, pero ahora tenía un motivo para volver a mirarle a la cara. En su mente, rasgada como un trapo viejo, la posibilidad de hablar con la madre había desaparecido hasta que yo se la comenté. Según pude comprobar más tarde, la combinación de sus locuras resultó ser demasiado peligrosa.

Pierrot contrató a una tipa muy rara para dar con Rosaura. Se movía con demasiada comodidad entre los despojos, acompañada de esas cosas a las que llamaba “sus chuchos”.

Cuando volvió con la madre del chico, ésta ya se estaba enterada de la noticia. Su nenito no había muerto.

Yo esperaba algún tipo de plan, con algo de elaboración, algo para poder meterle uno de mis caramelitos en la boca y dejarlo ko. Me funcionaba de maravilla con los muchachos del barrio. Sin embargo el destino se nos puso de frente cuando al irse la de los perros, de repente vinieron esos bicharracos escoltando al chiquillo que se acercaba al cruce de caminos donde estábamos.

Él, solo me miró y dijo en voz alta que esperaba que fuese una reunión familiar. Entonces fue cuando su padre, sin mediar palabra, me sajó la barriga con un trozo de chapa.

Después la adrenalina me dejó confuso durante un rato en el que creí ver como Rosaura abrazaba a su hijo. La cabeza se me llenó de imágenes de tripas saliendo, mis propias tripas y la extraña familia despedazándose a dentelladas.

El dolor me cogió por sorpresa, con efecto retroactivo. Me atacó desde el vientre a la espalda, la garganta y me temblaron las piernas hasta que terminé por desconectar.

Ahora deseo no haberme despertado con las vísceras en la mano en medio de una ciudad que se muere conmigo lentamente.

Me acompaña como consuelo la imagen de esa madre arrancando a dentelladas el rostro del demonio de su hijo.

¿Está nevando o acaso son cenizas?


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CoquinArtero
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En directo para el canal Ochotv informando desde los cielos de la localidad de Fargo.

Como venimos informando desde el principio del fin de esta emblemática ciudad, hace en estos momentos más de diez años, el descenso a la hecatombe se ha hecho más que palpable.

Creo Mery, compañera, que desde el plató se podrá ver con claridad a lo que nos venimos refiriendo todos estos años pero, permíteme por favor hacer una breve introducción de lo que ha sucedido en este lugar.

Nadie sabe el motivo, la razón, el porqué de que Fargo haya experimentado un aumento de la delincuencia quinientas veces superior a cualquier otra parte del planeta. Actos de crueldad sin parangón como el asesinato de la niña Mariela, o el viernes de sangre del parque central son ejemplos palpables que conmocionaron a la opinión pública, además de a las autoridades del país.

Sin control ni gobierno y mucho menos cuerpos de seguridad del estado desde hace al menos que sepamos, tres años y medio, Fargo se convirtió a principios de la década pasada en lo más parecido a una ciudad sin ley debido a lo que los expertos en su día calificaron como la mayor guerra de bandas, que ha experimentado el país desde su fundación. Y no Mery, no me refiero a imágenes como las descritas en la famosa película de Scorsesse “Gangs of New York”. Cuando uno intentaba entrar a analizar la situación siempre se encontraba con un factor esotérico altamente inquietante y muchos visos de locura contagiosa.

Ahora mismo, Mery, resulta muy complicado de explicar así que nos remitiremos a los oscuros comienzos de la desgracia.

Todo empieza en una pacífica ciudad de Dakota del Norte fundada por soterrados cimientos de corrupción y contrabando bajo un incierto control. El control de la archiconocida familia Pierrot: fundadora y ángel guardia (Que no guardián) de la ciudad.

Algo pasó en un momento dado. Algo relacionado con su propia familia que, según las fuentes que hemos podido consultar, todos coinciden en que es complicado de explicar pero su hijo desapareció. Desde ese momento, el mecanismo de crueldad orquestado por la familia Pierrot, quemó, mató y destruyó todo en una especie de enardecido afán de venganza.

Aunque ese no es el principal problema sino solo el inicio. Después de que Freddy Pierrot también cayese arrastrando consigo al resto de las bandas organizadas, Fargo se convirtió en una bestia herida de muerte que nunca terminó de recuperarse. Gran parte del vecindario (aquellos que tuvieron opción), terminó mudándose a otras partes del Dakota. Muchos de ellos ocultando avergonzados su lugar de procedencia. El resto se dividió en dos grupos claramente marcados: los que lo perdieron todo y terminaron viviendo en la calle, y los que aún conservaban un poco de cordura y status social como tenderos fuertemente armados o contrabandistas de droga y alimentos.

Durante los últimos años hasta hace poco menos de una semana, el gobierno decidió aislar por completo esa parte de la región, con la intención de estrangular el suministro de la delincuencia y obligar a salir a todos sus habitantes para reubicarlos en sitios donde comenzar desde cero. Un plan aparentemente sin fisuras que ha terminado culminando con lo que podríamos llamar un atentado supermasivo contra los edificios más emblemáticos del lugar como la torre Wayland o el Artero´s  Plaza. Desde el helicóptero podemos ver cómo los últimos habitantes abandonan el lugar. Cualquiera diría que se desdibujan con el entorno pues en la distancia podemos verlos como pequeños puntos negros que se deslizar hasta la frontera entre todas direcciones.

Pero lo más inquietante, como te decía Mery, es lo siguiente (Porque sí, hay más): Después de las explosiones, de que el suelo presentase las grietas en medio de una ciudad más grandes que se han visto y del éxodo masivo de su población, el humo se ha disuelto y en su lugar, lo que solo podríamos calificar como un enorme abismo de carne palpitante ha empezado a surgir de entre los huecos del suelo.

Hemos consultado a entidades científicas de toda índole y sólo se sabe que se enviarán grupos de investigación desde diferentes universidades como la de Myskatonic o Nueva Inglaterra.

Hasta que estos grupos no saquen una conclusión de qué clase de ser proviene el nuevo fenómeno, si está relacionado o no con lo acontecido durante la última década o si como mínimo la zona se ha vuelto segura, se nos ha prohibido incluso sobrevolar el área, así que disfruten de las vistas en directo de algo que, con toda seguridad, no volverán a ver en sus vidas… ¿O si?

Devolvemos la conexión a estudios centrales.

Se despide su nuevo periodista en prácticas Riouk Art desde las alturas de Fargo.


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