Antes de llegar a la sala de los planos...
-Virreina Berta, qué placer volver a veros. Creo recordar que la última vez que nos vimos, dijisteis que os ibais de la isla-. Dijo Camelia con una sonrisa divertida.
Berta se volvió para mirar a la humana. Era la reina Camelia. Su enfado actual se sumo al enfado que ya sentía con esa reinAzuela. Cuando le dijo que habían acabado, lo hizo en serio. -No se quien es esa virreina de la que me hablas. Humana anciana y cansina. Yo soy Fortunata, la reina pirata, y ya me estaba yendo- agarro por una oreja a Vicentin, que seguía escupiendo agua, y se empezó a alejar tirando del niño goblin.
—Ohhhh claaarooo . Y yo soy Santa Tipolina de Mala Uva.—respondió alargando las palabras en un tono cómplice y jocoso— Me da igual como queráis que os llame, y como os creíais que ese maquillaje va a despistar a alguien con un mínimo de inteligencia. Solo ha entrado una goblin en esta isla, a si que todo esfuerzo es vano. Pero la cuestión es, Fortuna, ¡os han robado el barco unos hijos de puta!— exclamó con falso sobresalto—. y no creo que os haya echo mucha gracia, a si que explicadme, que pretendéis hacer al respecto? — En ese momento los chorros de fuego se apagaron de pronto, dejando solo el crepitar de los árboles y edificios en llamas.
A Berta le rechinaron los dientes, su perfecto disfraz, por alguna razón, no había engañado a la humana. Se volvió para encararse con Camelia -Te estás riendo de mi, humana?- soltó la oreja de Vicentin y se cruzó de brazos -llevas jugando con fuego desde que nos conocimos.Yo no fui elegida para mi cargo por mi paciencia ni por mis dotes diplomáticas. Y ahora mismo no tengo el chichi para farolillos-
Camelia, se puso seria de pronto y lanzó una rápida mirada hacia Ulises quien tenía la mano sobre el sable, preparado para protegerla si las cosas se ponían feas. — Ni por asomo. Y me disculpo si mis trastornados nervios os hayan echo pensar eso. Estoy de acuerdo, carecéis de todas esas virtudes. Pero no os hacen falta, pues poseéis cualidades mucho más valiosas para un líder. Yo no soy una líder, mi autoridad nace de mi poder pero el vuestro nace de la gente y lo respeto. Y lo envidio. Es algo que jamas podré conseguir.—
Camelia lanzó un suspiro de alivio—. Dicho esto, y ya que cuento con vuestra atención. Os quiero informar de que mañana a la salida del sol. Iré con todas las fuerzas que me quedan para cazar a esos hijos de puta que han destruido mi ciudad y han apresado a vuestra gente. Y avuestro barco. Nada más si me queréis acompañar, pues juntas seremos mas fuertes para acabar contra ese malnacido y traidor de Jacinto.
Berta sopesó la oferta. Esa no era su guerra, y no quería volver a asociarse con Camelia. Por otra parte, donde podría encontrar un barco que la devolviera a Puerto Cervecero? -Tienes un barco por aquí que yo no halla visto, o me vas a decir que piensas construir uno?- Berta sacó su pipa y la encendió, sabia de sobra que el humo incomodaría a los presentes.
Camelia se tomó su tiempo y sacó del bolsillo un abanico de madre perla que empezó a agitar con suavidad. —Veo que os gusta mucho el loto rojo. — Exclamo sonriente esparciendo el humo que la goblin echaba —. Tenemos barcos, resguardados en un lugar seguro y en preparación para su salida. Si decidís ayudarme, no solo os devolveré a puerto cervecero. Si no que llevare con vos una embajada para que podáis importar cualquier artículo que os plazca libre de cargas e impuestos. Solo para vos. Si no os parece suficiente, os podéis quedar con cualquier tesoro que encontréis. Ya que esa isla lleva fuera de mi poder demasiado tiempo.
La vieja humana era astuta, sabía de sobra que a los goblins les encantan las cosas brillantes y estaba intentando tentar a Berta -Tan desesperada está su majestad, que me ofrece el oro y el moro?- habia truco, siempre lo había -Y que es eso que necesitas de mi y que no pueden hacer esos humanos tan grandes y valientes que te acompañan- la goblin tenia una idea aproximada, pero quería que Camelia lo dijera en voz alta y ver la humillación en la cara de sus guarda espaldas.
Camelia sonrió ante la astucia de Berta. Le encantaba su osadía. Tanto tiempo conviviendo entre idiotas la hacían apreciar a las mentes despiertas y descaradas como la suya. —Dado que habéis demostrado unas dotes de infiltración y asesinato muy superiores a cualquiera de los que habitan estas islas. Mi petición es que apreséis a mis hijos. Pues deseo hacerle SUFRIR todo el daño que me ha hecho. — Exclamó Camelia en un arrebato de ira desquiciada—. Pero bueno esto sería lo preferible, si os veis obligada a desaceraos de él no pasa nada.
Mientras tanto, nuestra flota distraerá a las tropas terrestres con un bombardeo masivo y un desembarco de la infantería florida al Mando del Mariscal…. En ese momento Lucrecia recuperó un poco de conciencia y al incorporarse se golpeó la frente contra la cristal volviendo a caer desmayada.
Berta bufo, la reina no pedía poco, era algo difícil de llevar acabó. No fue la promesa de cosas brillantes lo que decidió a Berta, sino el darse el gusto de liquidar a ese trío de engendros semi elfos -Quiero que firméis un contrato vinculante, asegurando lo que me habéis prometido- Berta mugio una nube de humo hacia la cara del mariscal, que se echó a toser entre arcadas -Me deje mis cosas en vuestro palacio. Las voy a necesitar. Además necesitaré toda la información que me podáis dar del lugar donde debo entrar- la goblin se pregunto como podía ser tan fácil de convencer para meterse en estos berengenales, seguramente, tenia que ver con su entrenamiento.
— ¡Espléndido!– exclamó Camelia llena de alegría. —Acompañadme al carruaje y subiéremos a palacio. Ulrico coche a la buena de Lucrecia, y amárrala al maletero. Y usted Mariscal id a organizar el ....— camelia echo un vistazo en derredor—el socorro de los ciudadanos. Tomad el control de ese consejo de capitanes y poned en marcha toda la ayuda de la que dispongamos. ¡Y por el amor del Unificador! ¡Avisad a los inútiles de mis vasallos! para que envíen todo lo que os haga falta. La reina se subió al carruaje dorado dejando la puerta abierta para Berta y su séquito, mientras Ulrico araba como podía la cama improvisada de Lucrecia.
Elric miro a Berta -estabas ansiosa por salir de aquí y ahora te embarcas en una misión suicida?-. La goblin dudo -yo misma no lo entiendo. Cuando me ponen una misión delante soy incapaz de rechazarla-. -si vas a ir a la isla de la canción, te acompañaré- el enano le tendió la mano a Berta, que la agarró con una sonrisa triste. Los dos subieron al carruaje seguidos por Vicentin.
El chofer azotó a los caballos quienes emprendieron el galope arrastrando una nube de chispas al rozar el ataúd contra el suelo
Sección Scriptorium Maldito
Mis queridos conciudadanos de Kadazra,
Por la presente me veo en la necesidad de solicitar ayuda a quien se preste. Soy consciente que enviar a un alma en pena no es la mejor forma, pero debido a las inesperadas circunstancias en las que me hallo, no me ha quedado más opción. Si no fueran capaces de entender el mensaje que porta mi alma en pena, principalmente debido a su afán de quejarse sin razón, no dude en utilizar un escobón, rama o cualquier otro utensilio parecido para azuzarlo; el efecto será inmediato, aclarando las brumosas quejas de mi fiel siervo para facilitar la transmisión clara y legible del mensaje.
Dicho lo cual:
Debo comenzar explicando que me gusta pasear al abrigo de la noche, tanto por cementerios y antiguas necrópolis, como por tugurios pueblerinos y barrios deprimentes. Pero, lamentablemente, no fue uno de estos lugares el objetivo de mi última salida. En un alarde de imaginación, decidí pasearme por la ciénaga cercana a Nazadra; confieso que la naturaleza salvaje, en ocasiones, me resulta un objetivo irresistible para saciar mi necesidad de caminar. ¡Maldita sea la hora que puse un pie en esa repugnante Ciénaga del Viejo Set! El caso es que suelo llevar a media docena de zombis como acompañantes, sobre todo si la ruta elegida para mi paseo es nueva e inexplorada para mí. Pues bien, según caminaba por un senderito que cruza la ciénaga de cabo a rabo, de repente y con muy malos modales, un gigantesco cocodrilo se zampo a toda mi escolta. No conforme con ello, el muy canalla, quiso de postre a un servidor, obligándome a poner los pies en polvorosa cual goblin pillado in fraganti en pleno acto de latrocinio. Por suerte, y gracias a mi ya comentada afición, pude llegar a mi cripta después de una maratoniana huida. Por desgracia, el bribón comezombis pudo seguirme hasta la misma entrada, bloqueándola con su enorme panza llena de no-muerto e impidiéndome salir de ella.
¿Alguien podría ayudarme con este sinvergüenza? Preciso despejar la entrada como sea. No sé que hacer, pues ninguna de mis artes necrománticas parece funcionar con los cocodrilos de la Ciénaga del Viejo Set. Para empeorar la situación, los esqueletos que envié para espantarlo ahora le sirven de entretenimiento; mientras espera a que yo salga para terminar de almorzar.
Si no fuera poco penosa la situación de por sí, para colmo el asqueroso cocodrilo no para de largar flatulencias cripta adentro. En la ejecución de semejantes blasfemias, a soltado, o puede que escapado, una de las manos amputadas de mis zombis a medio digerir. He intentado atraparla, pero no obedece mis ordenes ¿Pueden ayudarme? ¡El olor es insoportable!
En caso de que nadie pueda acudir ¿Saben qué podría hacer para espantarlo? ¿Saben cómo se puede matar a un bicho de estos? ¿Conocen a alguien que se dedique a su exterminio? Pagaré un precio justo por el trabajo.
Espero que mi alma en pena lleve este mensaje a alguien capacitado para brindarme la ayuda requerida. Para encontrar mi cripta sólo tienen que seguir a mi siervo portamensajes del más allá. Él los guiará.
A su disposición,
Juan Carlos, Maestro Nigromante.
Acto III, tercera parte: Ecos del pasado y el badajo de un goblin.
Prólogo:
Irhös, antes de ser apresado por la Guardia Fronteriza, había caído encima de un cuerpo en avanzado estado de descomposición.
Kalaziel, al amparo de las sombras, observaba a Irhös y Keroz.
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A varias jornadas de allí, los clérigos de combate, Deven y Halfrieda, guiados por la gypsia Jofranka intentan salvar la vida a Hörs.
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La Sargento de la Guardia se arrodilló para ver mejor el cadáver putrefacto en el que ese desgraciado de bardo había tropezado. La Sargento apretó los labios, ya eran tres los cadáveres en los dos últimos días.
Una expresión de horror cruzó su semblante cuando reconoció las ropas, eran de Maiyen “La almeja”, una prostituta que habían puesto en libertad la noche anterior.
¿Cómo podía estar en ese estado?, ¿Ankar negro, un maleficio, una nueva arma…? Una idea se filtró hasta ella, ¿había llegado la Sierpe a aquel sitio?.
Irhös aprovechó que los guardias se encontraban ocupados alrededor del cadáver para tragarse el anillo de ankar gris, imploró una plegaría Fitheack, para que el anillo no lo transportara al fondo del mar o peor aún, a la cama de alguno de sus examantes, la idea le provocó un escalofrío.
Engrilletarlos- gritó la Sargento.
¿Acusados de qué?- Se quejó Keroz sin muchas ganas, con un poco de suerte tendría cena gratis y tal vez, podría reclutar a algún desgraciado en los calabazos para que terminaría trabajando gratis en el Cascapiños. Keroz saboreo la palabra GRATIS, no había una palabra más bonita.
Esta cerrrcaaaa, te observa en las sombras…
Irhös miró a su alrededor, otra vez la misma voz.
¡¿Que miras?!- le increpó el guardia.
¿Lo has oído?.- Irhös cometió la estupidez de coger la cara del guardia entre sus manos, un puño enguantado lo dejó inconsciente.
Keroz contempló la escena sin entender nada, no se resistió cuando fue engrilletado, no tenía ganas de que a su bello rostro de goblin recibiera un mamporro de un guardia.
Kalaziel había sentido un extraño cosquilleo cuando ese idiota había mirado en su dirección, tenía que averiguar que tenía de especial, sopesaba sus opciones, podría emplear el ankar amarillo y arrasar la ciudad, pero alertaría a la Sierpe y los necesitaba para sus propios fines, así que optaría por algo menos llamativo.
Celdas de Grothâr varias horas más tarde.
¿Está lloviendo?... ¡qué demonios!…- Irhös abrió los ojos para ver como Keroz, meaba al lado de él, las antorchas iluminaron una imagen que tardaría muchas noches y mucho alcohol en borrar de su memoria, nada como despertarse viendo el badajo tatuado de un goblin.
Como lo sigas mirando…voy a pensar que quieres algo conmigo…esto- dijo badajo en mano -pone bienvenido a bordo en goblin.
Irhös lo miro con suspicacia, no recordaba mucho del dialecto goblin, pero allí habían pocas letras para un mensaje tan largo.
Un guardia, con cara de que le faltaba un hervor, examinaba los objetos de Irhös y Keroz. Cuando el guardia se disponía a acercarse la esfera de manofactura duende a la nariz Irhös le gritó:
Yo no me lo acercaría tanto… no sabes en que lugares oscuros me he introducido esa esfera- el guardia tardó en comprender, con cara de asco la dejó caer pesadamente al suelo, ésta rodó hasta meterse en un agujero en la pared.
Irhös derramó una lágrima su fortuna se iba rodando.
¿Tú no eres ése?- el guardia le dijo señalando un cartel de “Se busca preferentemente vivo..”
¡Que voy a ser ese!- Irhös maldijo su suerte, no había motivos para estar en un cartel, ¿o sí? Es cierto que se había beneficiado alguna que otra u otro a espaldas de sus parejas y había sustraído alguna que otra cosilla, pero no para ofrecer una recompensa tan alta, a no ser que lo quisieran de amante….
El goblin pirata comenzó a salivar pensando en que haría con esas monedas, Irhös le caía bien, pero 200 piezas de oro solo por entregarlo en Nechda, uno de los puertos al sur de las Tierras Nevadas no muy lejos de allí, lo tentaban mucho, mucho, mucho.
Mueve el culo, borracho- de una patada un extraño cayó de bruces entre Keroz e Irhös.
¡No se puede tratar así a la gente!- Gritó Irhös. Tendió la mano al desconocido, una pálida mano lo rodeó, un retortijón le hizo doblarse por la mitad.- Perdona, pero lo que entra tiene que salir.
Irhös se dirigió al agujero que había en una esquina de la celda.
Soy Keroz el goblin pirata, el terror de los mares, de los monstruos de las profundidades…bueno te haces una idea, ¿quieres un trabajo cuando salgas?- Sonrió de la manera más amable en la que puede sonreír un goblin.- ¿Cómo te llamas pimpollo?.
Me llamo Kalaziel y no soy nadie- sonrió.
Keroz pensó mano de obra gratis y con lo guapo que era podría venderlo a unos amables traficantes de personas.
Kalaziel pensó en la manera en que mataría a esos dos.
Irhös solo pensaba en que tendría que lavar muy bien el anillo y por qué oía otra vez la voz en su cabeza.
No dejes que me coja, ayúdameeeee.
Kalaziel sintió de nuevo esa extraña sensación, su mente divagó a un recuerdo de hacía más de mil lunas cuando la pequeña Hörs apareció con una marca en el brazo y una extraña historia...
Epílogo:
Una gran rata se aproximó al extraño objeto esférico que se había introducido en su madriguera, no olía a nada, su nariz rozó la esfera, sus ojos se cerraron para no abrirse nunca más, un brillo azulado había salido de su peludo cuerpo para introducirse en la esfera.
Acto IV, Parte III: Contención.
Prólogo:
Hörs se encuentra en el Pantano de los Perdidos reviviendo su peor pesadilla, el momento en que Kalaziel la está llevando hasta un prisionero de la Sierpe.
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Kalaziel y Hörs zigzaguearon entre los carromatos que comenzaban a partir hacia Lanssat con los pocos supervivientes y soldados que quedaban.
Una rabia irracional invadía al taumaturgo.
¡No sucumbas a la carne!.
La voz, que desde niño había acompañado a Kalaziel, era cada vez más fuerte desde que la Sierpe había entrado en acción.
¡Pronto será toda tuya!.
Mientras atravesaban el improvisado cementerio, una sensación de familiaridad atravesó a Hörs, la cicatriz, que le hizo un cadáver en un sueño cuando era niña, comenzó a arder.
¡Huye, sálvate para salvarnos!
Un coro de voces, que parecían una sola, brotaban de los centenares de tumbas improvisadas.
¡Mira atrás, mira atrás pequeña hacia la muralla y corre!.
Hörs frenó en seco y miró hacia la muralla, la única defensa del Paso de Lakeron ante la Sierpe. Una gran nube negra, formada por una maraña de criaturas, se aproximaban rápidamente hacia ellos, en pocos minutos lo arrasarían todo.
Hörs hizo sonar el cuerno de guerra que llevaba prendido en el cinturón, los pocos paladines que quedaban comenzaron a formar una línea para contener a la Sierpe, cuando se disponía a correr hacia a la muralla para unirse a sus paladines algo la retuvo, unos tentáculos de sombras la anclaban a la tierra.
Lentamente se giró para ver que los tentáculos emanaban de un colgante ankar negro que portaba Kalaziel y que jamás había visto.
Tenemos grandes planes para ti- La voz de Kalaziel sonaba distorsionada.
¿Tenemos?- Kalaziel la sujetó por el brazo acariciando la cicatriz. En ese momento, Hörs entendió que cuando le contó su sueño había sentenciado a toda esa gente. Hörs le escupió a la cara.
Sí, lo hiciste- dijo contestando a su pensamiento- No vas a morir pequeña paladine, te convertiré en algo mejor, aunque tenga que romper tu alma y tú cuerpo en mil pedazos te recompondré en algo mejor.- Sus ojos brillaban de deseo pensando en ello- La Sierpe necesita guerreros y tú serás uno de ellos, de ti depende de cuan doloroso quieres que sea.
Los tentáculos comenzaron a introducirse debajo de la piel Hörs como si fueran gusanos excavando en la tierra.
Hörs cayó de rodillas, su sangre comenzó a mezclarse con la tierra.
¡Pues que sea doloroso!- Gritó Hörs, el guantelete con una incrustación de ankar tierra comenzó a vibrar, haciendo temblar el suelo bajo los pies de Kalaziel, un gran agujero se lo tragó, los tentáculos de ankar negro se disiparon.
¡Corre, nosotros lo detendremos!- corearon las voces de los muertos.
Sin mirar a tras comenzó a correr hacia la muralla.
¡Nooooooooooooo!- el potente grito de Kalaziel no la detuvo ni siquiera cuándo el tentáculo de ankar negro le rompió la armadura y lo que había debajo de ella, carne y hueso.
Kalaziel sintió como algo en su interior se rompía, le dolió hacerlo, pero ya la cuidaría y la curaría. Intentó correr tras ella, pero unas manos formadas por un denso vapor amarillo lo sujetaban.
Hörs, a duras penas llegó a la muralla, allí encontró a su mermado regimiento y a Lekar.
¡Márchate!- dijo Hörs a Lekar, conteniendo el dolor- ¡Necesito que te vayas con los supervivientes y destruyas el Paso, te daré todo el tiempo que pueda…
¡No, me quedaré..!-
¡No!- dijo tajante. Hörs sabía que se estaba muriendo y no aguantaría el viaje.- ¡Adiós amor mío!- lo beso por última vez.
Te veré al otro lado, en los jardines de Valiar donde descansan los guerreros- dijo Lekar temblándole la voz.
Hörs imploró una plegaria a Xinë:
“Te daré mi alma,
mi cuerpo
lo que necesites o quieras,
solo pídemelo,
pero déjame aguantar en esta muralla
hasta que el último de ellos estén a salvo,
por favor déjame protegerlos ”.
Hörs hizo sonar de nuevo el cuerno, los escudos de los pocos paladines que quedaban en pie, se clavaron en el suelo delante de ellos, las piedras de ankar de los escudos comenzaron a brillar y a crear un muro de energía para contener a las horrendas criaturas que venía hacia ellos.
No pensarás divertirte tu sola – dijo Tarakar aguantando el sollozo cuando vio la espalda de Hörs, su herida comenzaba a tener un color amarillento.
Kalaziel nos ha traicionado.
Maldito bastardo- dijeron los gemelos Elvenin y Ralan.
Aguantad- Gritó Hörs
Lekar miró hacia la muralla, antes de demoler la pared del Paso, para ver como una niebla amarilla envolvía a Hörs.
Los paladines oyeron como la pared del paso caía a sus espaldas, estaban solos, pero los refugiados estarían a salvo y eso era lo que importaba.
Una nube de criaturas enmarañadas unas con otras cayó sobre ellos, las espadas y hachas imbuidas en ankar a duras penas hacían mella en aquella horda, en pocos minutos la Sierpe los habían matado a todos.
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Babu Yar observó los recuerdos de Hörs en las volutas del humo de su pipa, un escalofrío recorrió su encorvada espalda, había cometido un gran error al hacer que esa criatura recordará su nacimiento.
Las criaturas muertas que había devorado, comenzaban a reaccionar arañando el suelo donde habían sido enterrados.
Tenía que detenerla antes de que destruyera su hogar, no quería que liberarse las almas allí contenidas, le gustaba torturarlas y le hacían compañía.
Epílogo.
Lekar había conseguido llevar a los refugiados a un vado lejos de la Sierpe, la gente cantaría sobre su hazaña, pero los verdaderos héroes fueron olvidados, con el devenir del tiempo se convirtieron en mártires, y Hörs, su amada, sería recordada más por convertirse en una maldita que en una salvadora.
13 febrero 2028
Estimado Miguel Ortega:
No nos conocemos y, aún así, me temo que estamos destinados a cooperar juntos a partir de ahora. Te parecerá una locura o, quizás, viendo como está todo, este mensaje sea el único resquicio de cordura que hayas encontrado en mucho tiempo. Solo espero que tengas en consideración lo que voy a decirte a continuación, pues no me será fácil entregarte esta carta. Cómo habrás podido comprobar, el servicio de mensajería ya es historia y la red eléctrica es prácticamente inexistente, por lo que tendré que ir a pie hasta tu casa. Llegado el momento, te preguntarás por qué no me he parado a hablar contigo en persona y cómo he conseguido tu dirección. En ambas respuestas está implicado un grupo que se hace llamar La Comunidad de la Noche o Los Nocturnos, cuyas directrices he decidido seguir a rajatabla, ante la falta de alternativas: uno de los requisitos de este grupo es el anonimato, por lo que sabrás mi nombre, pero, por el momento, no me pondrás cara.
Pues bien, para llegar hasta tu casa tendré que atravesar medio Madrid y —permíteme ahora que me desahogue —, la cosa está muy jodida. Tras estudiar el extraño comportamiento de las pocas personas —si es que eso todavía son personas—, que he visto desde mi ventana los últimos días, he descubierto que, durante las primeras horas del alba, aunque el sol esté tapado por completo por esas nubes azuladas, y ni un solo rayo de sol las traspasa, esta gente se queda paralizada, como sin vida, con la vista perdida hacia el cielo y con la boca abierta, como si estuvieran recibiendo un mensaje desde allí arriba. Todos tienen la misma apariencia: semidesnudos, con la cara maquillada, como si llevan puesta una especie de máscara pálida, y un símbolo muy extraño dibujado en la frente: ahora sé que ese símbolo se llama Signo Amarillo. Sólo recordarlo me pone los pelos de punta. Conforme avanzan las horas del día, empiezan a salir de su letargo y a moverse de un lado a otro, no sé muy bien hacia donde, pero parece que ellos sí lo saben perfectamente. Y hacia el ocaso…hacia el ocaso empiezan los cánticos. Decenas de gargantas, al unísono, cantando esos salmos ininteligibles, que no cesan hasta que no llega de nuevo el alba.
Como podrás adivinar, voy a tener que llegar hasta tu casa sorteando estos cuerpos durmientes y rezar para que me de tiempo a volver antes de que despierten. Voy a ir sin ningún equipo encima, para desplazarme de forma más liviana, por lo que estaré más expuesto.
Te cuento todo esto para rogarte que no deseches este mensaje. Parece ser que no quedan demasiados de los nuestros, por lo que las individualidades ahora no harán otra cosa más que acercarnos de forma imparable a nuestro final.
Miguel: desconozco la razón y, supongo que tú también, pero eres y vas a ser una persona clave en el presente y en el futuro de nuestra existencia. Mi objetivo era encontrarte y darte el aviso. Pero, además, te facilitaré los medios necesarios para que puedas ponerte en contacto con La Comunidad de la Noche directamente, pues no creo que cuentes con lo necesario para poder comunicarte de forma virtual. Al día siguiente de que recibas esta carta, es decir, la mañana del 15 de febrero, en la misma franja horaria, por los motivos que antes te he expuesto, tendrás en la puerta de tu casa un equipo básico con unas instrucciones sencillas para que montes un pequeño Set-up de radioaficionado: no necesitas saber qué es, simplemente sigue las instrucciones llegado el momento. Asimismo, puedes dejarme en tu puerta cualquier mensaje que quieras trasladarme. Mi idea es no tener que moverme demasiado, a no ser que sea estrictamente necesario, por lo que te pediría que cualquier cosa me la dejes escrita ese día.
Si hay algo que queda confirmado con toda esta movida, es que el ser humano es más fuerte colaborando entre sí que por su cuenta. Llevábamos una deriva egoísta, de un individualismo voraz, especialmente en el último siglo y todo esto tiene que hacernos repensar nuestra forma de vida…si es que conseguimos salir con vida.
Algo muy gordo se viene, Miguel, es imposible que no lo hayas notado ya. Los Nocturnos hablan de un tal Rey de Amarillo y de una tal Carcosa pero no tengo ni la más remota idea de qué es eso. Si sabes algo, no dudes en compartirlo, tanto conmigo como con ellos. Ahora toda información es crucial.
Sin más, recibe un cordial saludo de este, hasta ahora, desconocido; a partir de ahora seremos camaradas. Mucha suerte y, por favor, mantente vivo.
Hugo.