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Oscura es la noche


AlexdelaRosa
(@alexdelarosa)
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Posted by 100tifikat 04 enero 2028

¿Hay alguien ahí?

Son varias las vías por las que estoy intentando comunicarme con alguien, pero, o bien no llegan los mensajes, cosa que no me parecería del todo descabellado con todo lo que está pasando últimamente, o realmente es que no queda nadie. Lo cual prefiero no pensar. Suena bastante disparatado, pero he visto cosas muy extrañas estos días atrás mientras permanecía escondido, asomado a la ventana de mi dormitorio.

El día ha vuelto a amanecer (por decir algo), con el cielo tintado de azul eléctrico. Y las nubes, si es que eso son nubes, palpitan y se contraen como si estuvieran respirando. Es muy difícil describir con palabras lo que puedo ver desde aquí…es como si la tormenta del siglo estuviera a punto de tener lugar. Pero no se parece en nada a esas tormentas de las películas de los sábados por la tarde. En cierta forma, es como si alguien hubiera creado un Time Lapse gigantesco con la mejor de las tecnologías CGI y lo estuviera proyectando en el cielo. No parece del todo… real. No sé qué está pasando en otros lugares…la mayoría de las páginas de Internet están caídas y la red funciona un breve periodo de tiempo al día. Pero si estás leyendo esto, creo que sabes a lo que me refiero.

La otra opción que me queda es que, definitivamente, he perdido la cordura por completo.

¿Y cuándo empezó todo? Es difícil decirlo con exactitud. Todo ha ido de mal en peor en muy poco tiempo. Las últimas noticias que recuerdo haber visto en televisión, hará cuestión de dos o tres meses, hablaban de que China se había sumido en la oscuridad, que toda su red eléctrica se había venido abajo. Algo parecido a lo que pasó con el Gran Apagón de Nueva York en 1977, en Nueva Zelanda en 1998 o en la India en 2012. La televisión no ha emitido señal desde entonces.

Al principio, cuando todavía podía comunicarme con los compañeros de curro, o con algún otro científico del mundo, valorábamos la posibilidad de que hubiera tenido lugar algún tipo de boicot a China por parte de Estados Unidos. ¿Habían conseguido acceder de forma interna a su red eléctrica y la habían dejado inutilizable? Era la hipótesis que más adeptos tenía, ya que la tensión entre los dos países no ha hecho más que acrecentarse durante los últimos años. Otros hablaban de que Corea del Norte estaba implicada. Otros nombraban al servicio secreto de Israel. Aquellos días en los que no podíamos dormir, nos quedábamos en vela hablando sobre la posibilidad de que finalmente el petróleo se hubiera acabado antes de lo estimado.

Pero sé que hay algo más. Hace unas semanas salí a por provisiones. Si el SARS-COV-2, aquel virus que empezó a expandirse por el mundo allá por el 2019, provocó desabastecimientos globales en sus primeros coletazos, esto tenía peor pinta. Y no me equivoqué. Los supermercados estaban atestados, había peleas en cada pasillo, mucha gente se iba sin pagar…recuerdo que la persona que iba delante de mí en la caja estuvo a punto de agredir a la cajera porque la tarjeta de crédito no funcionaba. Menos mal que llevaba efectivo. Ya entonces vi el extraño comportamiento que empezaba a tener la gente.

Desde aquel día todo ha sido vandalismo y pillaje. Han entrado en dos casas más abajo y se han llevado lo que han podido. Aquí incluso ha sonado el timbre alguna vez. Supongo que para ver si había alguien dentro. Pero se ve que cambiaron de idea. Hace unos días, un vecino con el que me llevaba bastante bien, ha salido de su casa con un cuchillo y ha matado a una persona que llevaba varios días tirada en una esquina, no sé si herida o hambrienta. Desde entonces no he vuelto a ver a nadie más. He oído gritos, ruidos, golpes…pero ni una sola persona ha pasado por delante de mi ventana.

Pero con todo, lo que más me preocupa es este cielo palpitante que no me deja dormir. Hay algo que parece que observa al otro lado de las nubes. Algo que se acerca, que ya ha ejercido su influencia, pero que todavía no ha terminado de llegar.

Y, sobre todo, hay una pregunta que no dejo de hacerme.

¿Hay alguien ahí?


Carrigang, Nel y Javi MuDo les gustó
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sirenitahidrofobica
(@sirenitahidrofobica)
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Posted by Ch3mistry 29 enero 2028

En respuesta al mensaje de 100tifikat:

No puedo extenderme ahora, por tu seguridad y la mía. Este canal dejó de ser seguro hace muchos meses y no voy a arriesgarme a que me pillen  por alguien que ya podría estar muerto.

Solo puedo recomendarte que no vuelvas a escribir aquí y que te mantengas escondido por ahora. No tengo tiempo de explicarte lo que está pasando pero puedo decirte que aún quedamos algunos.

Solo queda un foro seguro donde podrás encontrarnos. Allí te explicaremos lo que sabemos:

74-74-74/7-8-6-90-92-45-7-8-16/8-111

No volverás a saber de mí a menos que nos localices. Ahora solo espero que, tal y como te haces llamar, seas un verdadero 100tífico... Si es que sigues vivo...

P.D. "La hache siempre es muda" 

This post was modified hace 5 días by sirenitahidrofobica

Nel y AlexdelaRosa les gustó
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AlexdelaRosa
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Iniciador de tema  

Estimada exdirectora Aramburu,

Intentaré ser lo más breve posible, ya que no dispongo de mucho papel y no tengo otra forma de comunicarme; supongo que aún queda alguna línea virtual, pero no soy ningún erudito de las tecnologías y, al menos el ordenador que he utilizado hasta día de hoy, no da más señales de vida. Así que aquí me encuentro, escribiendo esta carta que guardaré en un sobre, si es que queda alguno y la introduciré por debajo de la puerta de su domicilio, tal y como se hacía hace años. Quién nos ha visto y quién nos ve.

El motivo de esta misiva le resultará, quizás, extraño y baladí, teniendo en cuenta que usted ya no está ligada a la Biblioteca Nacional. Tal y como le ocurrió a usted, yo también perdí mi puesto de trabajo, en mi caso como guarda de seguridad del edificio, cuando se decidió cerrar la biblioteca. No creo que usted reparara en un simple guarda, por lo que no me detendré en detallarle quién soy. Hay una cosa que le confesaré, tanto por honestidad – en estos tiempos que corren ya no sirve de nada guardar las apariencias -, como por necesidad, para que entienda realmente la razón de mi preocupación: cuando los trabajadores tuvimos que entregar las llaves de la biblioteca, me aseguré de hacer una copia de cada una de las puertas. Sé que usted no me lo reprochará; entenderá que, para un lector ávido y curioso como yo, tener pleno acceso a todos los textos que allí se encuentran, me produce algo similar a lo que le debió producir a Jonathan Harker rodearse de aquellas seductoras mujeres, al menos, antes de saber que eran vampiresas.  

Pues bien. Hace dos noches, volví a introducirme en la solitaria biblioteca para sumergirme entre historias olvidadas, tomos vetustos y fascinantes manuales. Los libros que allí encuentro son lo único que me aferran a la existencia. En estos días, son pocas las opciones que tenemos los que aún seguimos aquí: o matar antes de que nos maten, o ahorrarles el trabajo y quitarnos la vida nosotros mismos. Las veces que acudo allí, suelo recrearme por los pasillos de cada planta: allí ya no va nadie y no se hace una idea la sensación que produce. En un momento dado, pasé cerca del Depósito General. No hace falta que le diga lo que allí se encuentra, puesto que usted dirigió la biblioteca durante más de diez años, si no recuerdo mal. Resulta que la puerta estaba entreabierta, una puerta que, como bien sabrá usted, es de máxima seguridad, acorazada y bastante pesada y que, además, hasta que la corriente estaba operativa, contaba con un acceso por huella dactilar. Es un lugar al que ni yo, ni el 99% de los trabajadores de la biblioteca jamás hemos tenido acceso. Comprenderá, por tanto, mi absoluta sorpresa cuando, además, estaba seguro de que la puerta había estado cerrada a cal y canto la última vez que había estado allí, hacía menos de una semana.

Accedí a la sala, no sin cierto recelo, pero con toda la cautela que me ha aportado tantos años de formación y experiencia. No tardé mucho en darme cuenta de que me encontraba solo, pero también de que allí había estado alguien no hacia demasiado tiempo. Incluso advertí cierto aroma a sudor. En uno de los pasillos, vislumbré una hoja en el suelo y varios tomos superpuestos de manera desorganizada. Esa hoja el traje conmigo y parece pertenecer a otro libro que no he podido encontrar. Le transcribiré aquí lo que pone:

"Rompen las olas neblinosas a lo largo de la costa,

Los soles gemelos se hunden tras el lago,

Se prolongan las sombras

En Carcosa.

Extraña es la noche en que surgen estrellas negras,

Y extrañas lunas giran por los cielos.

Pero más extraña todavía es la

Perdida Carcosa.

Los cantos que cantarán las Híades

Donde flamean los andrajos del Rey,

Deben morir inaudibles en la

Penumbrosa Carcosa.

Canto de mi alma, se me ha muerto la voz,

Muere, sin ser cantada, como las lágrimas no derramadas

Se secan y mueren en la

Perdida Carcosa."

Aparentemente, no falta nada más que el tomo al que pertenece esta hoja, pero tampoco puedo asegurarlo con rotundidad. Y se preguntará, ¿por qué este hombre desconocido me cuenta todo esto? No tengo a nadie más a quién acudir, señora Aramburu y puede que usted sepa a qué libro pertenece este texto. También creo que puede adivinar o, al menos, usar su intuición y el conocimiento que ha adquirido tras tantos años al cargo de la biblioteca, para dar alguna respuesta sobre quién, por qué y de qué manera se han introducido en una de las zonas más seguras e infranqueables que puedan existir en Madrid. Pero todavía iré más allá, señora Aramburu. ¿Tiene usted algo que ver con la sustracción de dicho ejemplar? No se me ocurre nadie más que tenga pleno acceso a esa sala. ¿Es que acaso pretendía esconderlo de gente peligrosa? Eso explicaría el desorden y la puerta abierta, ya que no hubiera tenido tiempo de dejarlo todo en su sitio en el caso de que alguien la estuviera siguiendo. No dejo de releer una y otra vez los versos y, si bien no los entiendo, me producen una sensación extraña.

¿Puedo rogarle que cuando reciba esta carta se ponga en contacto conmigo? Intuyo que sabe algo y creo que no es momento para guardar secretos. Le dejaré mi dirección y esperaré con ansias su respuesta. De hecho, si no se encuentra segura en este momento y, disculpe mi atrevimiento, le ofrezco una habitación para usted sola en mi casa, dándole mi palabra, aunque entiendo que eso no le sirva demasiado, de que no la tocaré ni un pelo.

Sin más, reciba un cordial saludo de alguien que está dispuesto a dar la vida por la causa. No me queda mucho más que embarcarme en este tipo de misterios. No quiero irme sin antes sentirme útil. Y tampoco quiero perder la cordura…y este cielo palpitante que parece que observa y que avanza engulléndolo todo en oscuridad e insania, cada día me sobrecoge más.

Miguel Ortega

Calle Juan de Mena, 38.

A 8 de febrero de 2028

 


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