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Fuego Fatuo

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Makishima
(@makishima)
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Iniciador de tema  

                                                                                                                FUEGO FATUO:

La noche ha sido testigo de los momentos más importantes de mi vida, instantes mágicos como esa sonrisa que cautivó mi corazón o aquél primer beso bajo la atenta mirada de la luna, pero no sólo posee buenas nuevas y estrellas, también dota al villano del amparo de la oscuridad para satisfacer sus fechorías o es hábitat de los más aberrantes seres, ese es el secreto de su misticismo, la eterna dicotomía, el bien y el mal. Así es esta historia, como los fuegos fatuos, hermosos y siniestros…

 

Subimos de nuevo al mirador del ángel como cada noche, era un lugar tranquilo y se alcanzaban a ver numerosas estrellas, entrelazamos las manos y nos besamos como dos enamorados que creen haber encontrado el amor eterno... Pero esta noche era distinta, un viento gélido batía sobre las copas de los árboles haciéndose más crudo en la despoblada colina en la que nos arrebujamos uno junto al otro para intentar entrar en calor. María señaló con el dedo en el horizonte, parecía una luz azul, titilante, nos quedamos maravillados ante su visión y decidimos que al día siguiente buscaríamos en el bosque esa llama, si desde esta distancia había sido increíble no queríamos saber lo maravilloso que podría ser de cerca.

 

Al caer el sol, nos encaminamos al bosque, nuestras familias nos habían dicho que no nos acercáramos pero jamás dieron ningún motivo al respecto. Ibamos provistos de cortavientos, linternas de mano, agua y brújula para no perdernos. Al llegar al final del camino, encontramos junto al linde una señal de madera que rezaba lo siguiente: “Peligro de muerte, arenas movedizas”. Me sorprendió leer dicho mensaje ya que parecía un bosque normal y corriente, quizás algo más oscuro de lo normal debido a lo frondoso del mismo, pero nada fuera de lo corriente. Abortamos nuestra pequeña aventura y aprovechando que mi padre había sido guardia forestal, le pregunté por el bosque a la mañana siguiente. Cuando menté la arboleda, mi madre salió llorando con el almuerzo sin digerir, mi padre me comentó que él había puesto la señal allí y que lejos de existir arenas movedizas, el peligro de muerte era igualmente real. Me dijo que cuando yo era pequeño, perdieron a mi hermana en dicho bosque, que la gente que osaba traspasar aquel letrero, era tragada por la tierra, dicen que hay una bruja que se lleva las almas, pero sólo se deja ver por quien ella quiere, nunca pusimos una advertencia con lo que sucedía realmente para que la gente se lo tomara en serio, me rogó que no entrara en los dominios de la bruja bajo ningún concepto que ya habían perdido una hija y no sabrían si serían capaces de sobrellevar semejante desgracia de nuevo. Le comenté a María lo sucedido y decidimos internarnos, no somos supersticiosos y al impulso inicial de la aventura y de encontrar la luz azul, se había añadido la curiosidad por conocer el paradero de mi hermana o incluso por descubrir a aquella bruja, ¿sería como las de los cuentos?

 

Tras andar un par de kilómetros, vimos la luz azul a lo lejos, se apagaba para volver a aparecer cada vez más lejos, fuimos corriendo tras la estela, hasta que la perdimos en un pequeño estanque. Toqué con las yemas de los dedos la superficie y cuál fue mi sorpresa cuando sentí el agua templada. El sitio parecía sacado de un cuento de hadas, le pregunté si quería bañarse, yo ya estaba casi totalmente desprovisto de la ropa, se ruborizó y negó con un tímido gesto, tras comprobar que había profundidad suficiente, me lancé sin pensarlo, pero, cuando volví a asomar la cabeza, la perdí de vista, al principio pensé que se había escondido, tras cinco minutos, me empecé a preocupar, grité su nombre y nadie contestaba, sólo mi propio eco llegaba a mis oídos. No había rastro ninguno de ella, ni pisadas ni ningún signo de paso por el follaje. En ese momento me dispuse a buscar por todo el bosque, no permitiría que su alma vagara para siempre en este paraje. Pasaron horas hasta que logré vislumbrar su rostro en la lejanía, cuando creía que llegaba a alcanzarle volvía a esfumarse. Pasó tanto tiempo que me pareció que se encadenaban las noches, hasta que ante mis ojos, apareció una cabaña con una chimenea humeante, me acerqué con premura y cuando llegué a la puerta ésta se abrió sola emitiendo un leve crujido, el olor a castañas asadas inundaba la casa. Una voz envejecida me invitó a pasar. Cuando entré en la estancia, encontré a una anciana en una mecedora que tejía una suerte de celda de mimbre. Decenas de aquellas pequeñas prisiones colgaban de un muro con llamas azules en su interior, giré la cabeza hacia un espejo y entonces lo comprendí todo, me había convertido en un fuego fatuo. La bruja empezó a reír y yo salí de la choza consciente de lo que estaba destinado a hacer. No te culpo, hermana, fuiste víctima de la nostalgia y la soledad espero ser también perdonado por lo que voy a hacer...

 

Aquella noche volvió a salir en mi busca, yo siempre estuve allí, creía ser yo el que la encontraría pero mi naturaleza etérea impedía llevar a cabo la tarea. Vi de nuevo a mi amada y esta vez me quedé inmutable, hasta que me localizara, cuando se llevó a cabo el contacto visual, fui flotando intermitentemente hasta el lago, levité lo suficiente como para que ella alzara la vista y no supiera por donde pisaba. Estuve a punto de parar antes de que cayera al misterioso líquido, pero el egoísmo tomó el timón de la situación. Ese último paso le hizo precipitarse y en ese momento sí lo pude sentir, percibí como su cuerpo se desprendía de su alma y una nueva cáscara vacía caía en el fondo de las aguas.

 

Recuerdo ver a mis padres subir al mirador del ángel y tras un largo abrazo mirarnos danzar a María y a mí, dos fuegos fatuos en un baile infinito, también mi hermana se mostró para la ocasión como si estuviera expectante, ¿sería consciente de lo que había hecho a la familia?, tras dejar caer unas lágrimas ladera abajo, se precipitaron juntos al vacío. Tras un ruido sordo, el pueblo quedó totalmente en silencio, la única testigo del momento fue una anciana tejiendo en su mecedora, todavía hoy recuerdo su risa


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