“There Are More Things” de Jorge Luis Borges a la memoria de H.P. Lovecraft

"There Are More Things" de Jorge Luis Borges a la memoria de H.P. Lovecraft | Noviembre Nocturno 3

“There Are More Things” de Jorge Luis Borges a la memoria de H.P. Lovecraft

 

“Hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, de las que ha soñado tu filosofía”.

Hamlet de William Shakespeare (acto I, escena V)

Se cuenta que el escritor argentino Jorge Luis Borges padeció con frecuencia las pesadillas recurrentes de un laberinto sacado de los grabados de Piranesi. Una suerte de cruce de caminos infinito y decadente, parodia romántica de los imperios de la Era Hiboria. Rutas y galerías que se entrecruzan y tropiezan en magnitudes de proporción ciclópea. Y lo más terrible, es que el soñador no estaba solo. Allí, entre la confusión de murallas y ladrillos, a la vuelta de la próxima esquina, habita una criatura indecible… Una pesadilla, la del laberinto, metáfora del infinito, que serviría de inspiración para muchos de los relatos y fantasías borgianas.

 

Jorge Luis Borges por Paola Agostini

Jorge Luis Borges por Paola Agostini

 

Al igual que el maestro Borges, el maestro Lovecraft referenciaba sus delirios oníricos en una suerte de laberinto del infinito. Nuestro relato de esta noche pertenece a ese curioso género de cruce de caminos entre escritores, que sin conocerse personalmente, bien podrían haber compartido amistad en el panteón de la tertulia cósmica.

Como bien nos explica el escritor Juan José Barrientos:

 

Borges recibió en cierta ocasión, el encargo de una editorial para recopilar de entre seis escritores argentinos el mejor cuento que conocían, con el objeto de publicar una antología. Borges se había decidido por «Wakefield», de Hawthome, pero el libro incluía también “La sirenita” de Hans Christian Andersen y el «Bartleby», de Melville; así como un relato de Lovecraft, que Borges describió como «una desagradable historia, bastante falsa» De acuerdo con Borges, elegir un cuento de Lovecraft como el mejor del mundo era algo que sólo tenía el propósito de asombrar a la gente; él no creía que nadie pudiera sostener esa opinión en serio. Pero es una lástima que no se le preguntara demasiado a Borges por su relación con la literatura de Lovecraft, ya que segun el propio barrientos, «El Aleph» de Borges no es otra cosa que una especie de parodia de Lovecraft. la mayoría de los lectores se quedan tan asombrados con el Aleph, que no se dan muy bien cuenta de que lo maneja el Aleph para burlarse de ciertos escritores. La lámpara de Alharez de Lovecraft tiene mucho en común con el Aleph borgiano, El Extraño y La Casa de Asterión, incluso fragmentos de relatos que se asemejan de forma inequívoca.

 

Si bien Barrientos considera que Borges se burla de Lovecraft por la mala calidad de su prosa, es evidente que el trasfondo literario del horror cósmico llama la atención del argentino llevando también al límite algunas de las herramientas de Lovecraft, el tiempo, los libros malditos, los manuscritos perdidos, las civilizaciones olvidadas, el simbolismo en la literatura como una forma de confundir la realidad y la ficción. Raro será sin embargo amigos, que alguien reconozca esta relación, consciente o inconsciente, entre lo borgiano y lo lovecraftiano.

 

Nosotros nos quedamos con la dedicatoria de nuestro relato de esta noche, en la que Borges simplemente dice: dedicado a la memoria de Howard Philips Lovecraft, con eso nos basta para alejar toda sombra de duda y honrar a los dioses primigenios, con un nuevo pavor cargado de símbolos de Horror Cósmico.

 

Esa es la clase de pavor que le aguarda a nuestro protagonisat,  el abismo de misterios insondables, hogar de la desdicha, mansión de la oscuridad, donde Borges encuentra su escenario perfecto para regalarnos este homenaje irrepetible al mundo lovecraftiano.

 

Olaus Magnus's Carta Marina" 1572

Olaus Magnus’s Carta Marina” 1572

 

¿Qué ocurriría si viéramos realmente el universo?, sus grandes dilemas nos asomarían al abismo. Nuestros antepasados navegaban sobre el mar de una Tierra plana. Creían desesperanzados en la inevitable caída de las cataratas del infinito: en los confines del mundo, una cascada interminable empujaba a las embarcaciones a una muerte segura entre las fauces de bestias cósmicas que poblaban un agujero negro de tiempo y espacio. Cuánto nos parecemos a aquellos navegantes supersticiosos, temerosos del dios Kraken y la catarata interminable. Por mucho conocimiento que hayamos acumulado, la pesadilla de la realidad inabarcable sigue tan presente para nosotros como lo estuvo entonces. La ciencia solo la ha hecho más plausible la contundencia del cosmicismo… Y el tiempo, como concepto, sigue planteando preguntas que nos da miedo formular. Al igual que para el maestro Borges, la eternidad es un asunto terrible, el propio Borges lo consideraba un problema para los hombres. Un tembloroso y exigente problema. Acaso el más vital de la metafísica. Lovecraft, rescata también esta importancia, en su “Nota sobre los escritos de literatura fantástica”, de La noche del océano:

La razón por la cual el factor tiempo juega un papel tan importante en muchos de mis relatos es debida a que es un elemento que vive en mi cerebro y al que considero como la cosa más profunda, dramática, espantosa y terrible del Universo.

 

Así lo rescata David Monroy Gómez en su blog,

El conflicto con el tiempo es el tema más poderoso y prolífico de toda expresión humana.

 

Es precisamente esta perspectiva del tiempo la que une, amén de todo lo mencionado, a Lovecraft y Borges, si bien cada uno la maneja en distintos niveles: Lovecraft, desde sus cuentos dunsanianos ubicados en una época remota y mágica, hasta los abismos temporales y de la identidad individual de “la sombra fuera del tiempo”; Borges, desde su sensación del “Sentirse en muerte”; hasta “El milagro secreto” o “El inmortal”. Ambos escritores construyen, pues, sus ficciones, sus mitos, con elementos que se conjugan hasta formar una estructura, sobre la cual se fundan sus edificios narrativos y que luego dará lugar a la sistematización de obsesiones y recursos, al señalamiento de recurrencias, a la identificación de filias y fobias personales en cada uno de los casos. Si un hombre es todos los hombres, como querría Borges, Lovecraft colaboró con el argentino para dar origen a “There Are More Things”.

 

Aquí están Borges y Lovecraft, y están Poe, Shakespeare, la tradición argentina y la anglosajona, las enseñanzas del padre, los libros… Está todo, y eso da la dimensión fantástica del cuento borgiano. De los mitos de Lovecraft a los mitos de Borges, si seguimos con esta línea de pensamiento, sólo hay un paso: ambos son resultado de la imaginación de un solo hombre, a través del tiempo y del espacio, a través de Providence y Buenos Aires hasta los confines del universo.

 

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