Racismos y Tentáculos

Racismos y Tentáculos | Noviembre Nocturno 2

Racismos y Tentáculos

Como bien sabrán muchos de sus devotos lectores, algunos de los relatos del Maestro Lovecraft han suscitado la polémica y dividido la opinión de sus biógrafos y seguidores. Incluso en los casos en los que se ha tratado de minimizar el impacto de esta terrible revelación, de poco sirve negarlo; Lovecraft era racista. Su correspondencia privada evidencia esta malsana actitud con demasiada frecuencia, especialmente cuando escribía a su tía, la señora Clark, con la que compartía críticas a los inmigrantes que llegaban en masa en busca de un futuro a los EEUU. Ellos eran para Lovecraft sinónimo de la decadencia del progreso, la máxima expresión de los terrores que había deparado la industrialización.

 

L.Spargue de Camp, escribió en la biografía que dedicó a Lovecraft: “El psicoanálisis póstumo es todo lo más, conjetural. Sin embargo, hay pruebas de las presiones inconscientes que confirieron a Lovecraft esta actitud beligerantemente tribal. De niño fue rechazado por sus iguales, y de adulto padeció numerosos fracasos. Su época de residencia en Nueva York fue una catastrófica acumulación de fracasos. Intentó, casándose lejos de su ambiente americano viejo y mudándose a la metrópoli, convertirse en un cosmopolita urbano, pero fracasó. Intentó adaptarse a un ambiente extraño, y fracasó. Quiso ser un trabajador y fracasó. Y fracasó también como marido y como cabeza de familia. Evidentemente, había tratado de llevar a cabo demasiados cambios en su vida al mismo tiempo. Ahora bien, la xenofobia, es una defensa corriente contra los fracasos y defectos de uno mismo. El xenófobo se consuela pensando que al menos él es mejor que esos bastardos. Además, al igual que la mayoría de los introvertidos intelectuales, Lovecraft era un extranjero en su propio mundo. Él mismo dijo: “He sido siempre un extraño”. Lamentaba su propia incomodidad en sus contactos con americanos corrientes, cuando había entre ellos extranjeros y gentes de otra raza. Denfendía su ego vulnerable injuriando a los extranjeros y diciendo “Odio toda influencia extranjera”. Pero el caso, es que era él el extranjero”.

 

 

H. P. Lovecraft

H. P. Lovecraft

 

 

El hecho de que Lovecraft se aferrase con tanta tenacidad a estas ideas, cuando otros intelectuales las abandonaban, ha suscitado numerosas polémicas, debates, entuertos, discusiones, algarabías, desengaños, abandonos, rechazos y contradicciones entre sus seguidores y críticos. Muchos quieren eliminar todo rastro de estas ideas de su biografía, o considerarlas un detalle superfluo y pasajero, su amigo Frank Belknap Long afirma que “Para él (refiriéndose a Lovecraft) era una enfermedad” con la que trataba de ahuyentar sus propios fantasmas personales. Pero muchos otros afirman que estos miedos irracionales son una parte esencial de la vida personal y literaria de Lovecraft.

 

S. T. Joshi, uno de sus biógrafos más leídos y mejor documentados, considera que el racismo es un tema presente en Lovecraft, en tanto él lo ve como algo cultural más que biológico, lo que acentúa aún más la visión de la sociedad de la Nueva Inglaterra de aquella época, recelosa de todo aquello que veía como “externo” o “foráneo”. En este sentido, el mismo Joshi menciona junto a otros autores críticos de Lovecraft como Steiner y Tyson, que esta visión “limitada” del escritor fue en claro descenso a medida que se relacionó con otras culturas y también considera que “no hay ninguna negación del racismo en Lovecraft, ni puede ser interpretada simplemente como “típico de su época”, ya que parece que el solitario de Providence expresó sus opiniones más pronunciadamente (aunque generalmente no para su publicación) que muchos otros contemporáneos. Y finaliza confirmando que es también absurdo negar que el racismo aparece en su ficción.

 

Cthulhu by SHadoW-Net

Cthulhu by SHadoW-Net

Al mismo tiempo, en su obra, Contra el mundo, contra la vida; Michel Houellebecq realiza uno de los análisis más viscerales y certeros que se han hecho sobre la cuestión. Pasamos a transcribir algunos reveladores fragmentos de su reflexión, traducidos magistralmente por Encarna Castejón: “A menudo se ha subestimado la importancia del odio racial en la creación de Lovecraft. Sólo Francis Lacassin ha tenido el valor de considerar el asunto con honestidad en su prefacio a las Cartas. Allí escribe -La fuerza fría de los mitos de Cthulhu surge de la delectación sádica con la que Lovecraft entrega a la persecución de criaturas llegadas de las estrellas a unos seres humanos castigados por su semejanza con la chusma neoyorquina que lo había humillado- Esta observación me parece extraordinariamente profunda, aunque falsa. Lo indiscutible es que Lovecraft, como se dice de los boxeadores -tiene el odio metido en el cuerpo-. Pero hay que precisar que, en sus relatos, el papel de víctima suele desempeñarlo un profesor universitario anglosajón, culto, reservado y bien educado. De hecho, más bien un hombre como él. En cuanto a los verdugos, a los servidores de cultos innombrables, casi siempre son mestizos, mulatos, hombres de sangre sucia -de la especie más baja-. En el universo de Lovecraft, la crueldad no es un refinamiento intelectual; es una pulsión bestial que se asocia a la perfección con la más lóbrega estupidez. Y los individuos corteses, refinados, de maneras delicadas… Son las víctimas ideales. Ya vemos que la pasión central que anima su obra no es de tipo sádico sino, sobre todo, masoquista; lo que por otra parte sólo sirve para subrayar su peligrosa profundidad. Como señaló Antonin Artaud, la crueldad para con el prójimo sólo produce resultados artísticos mediocres; la crueldad para con uno mismo es mucho más interesante. Cierto es que HPL manifiesta una admiración ocasional por -las grandes bestias rubias y nórdicas-, los vikingos locos, asesinos de celtas, etc. Pero se trata, precisamente, de una admiración amarga; se siente muy lejos de esos personajes y nunca pensará en incluirlos en su obra. Al joven Belknap Long, que se burla amablemente de su admiración por -las grandes bestias rubias de presa-, le contesta con admirable franqueza: -Tiene toda la razón al decir que son los débiles quienes admiran a los fuertes. Es exactamente mi caso-. Sabe muy bien que en ningún Valhalla heroico de batallas y conquistas hay lugar para él, salvo, como de costumbre, el lugar del vencido. Está impregnado hasta los tuétanos de su fracaso, de su predisposición total innata y fundamental al fracaso. Y en su universo literario tampoco habrá otro lugar para él que el de la víctima (…) Como dicen los biógrafos, -una vez muerto Lovecraft, nació su obra-. y así es, empezamos a otorgarle su verdadero lugar, igual o superior al de Edgar Allan Poe; en cualquier caso decididamente único. Lovecraft tuvo a veces la sensación, ante el repetido fracaso de su producción literaria, de que a fin de cuentas el sacrifico de su vida había sido inútil. Hoy podemos juzgarlo de otro modo; nosotros, para quienes él ha llegado a ser un iniciador esencial a un universo diferente, situado mucho más allá de los límites de la experiencia humana, y no obstante de un impacto emocional terriblemente preciso.

 

Este hombre que no consiguió vivir consiguió, finalmente, escribir. le costó lo suyo. Le llevó años. nueva York lo ayudó. Él, que era tan amable, tan cortés, descubrió allí el odio. De regreso en Providence escribió relatos magníficos, vibrantes como un conjuro, precisos como una disección. La estructura dramática de los grandes textos es de una riqueza impresionante; los recursos narrativos son hábiles, nuevos, audaces; pero tal vez nada de todo eso bastaría si no intuyésemos, en mitad del conjunto, la presión de una fuerza interior devoradora.

 

Toda gran pasión, ya se trate de amor o de odio, termina produciendo una obra auténtica. Podemos lamentarlo, pro hay que reconocerlo; Lovecraft se sitúa más bien del lado del odio; del odio y del miedo. El universo, que intelectualmente él concibe como indiferente, se vuelve estéticamente hostil. Su propia existencia, que podría haber sido tan sólo una serie de triviales desengaños, se convierte en una operación quirúrgica y una celebración invertida, especular. Su obra de madurez siguió siendo fiel a la postración física de su juventud, trasnfigurándola. Ahí radica el secreto profundo del genio de Lovecraft, ahí nace el límpido manantial de su poesía:logró transformar su asco por la vida en una hostilidad activa. Ofrecer una alternativa a la vida en todas sus facetas, constituir una oposición permanente, un recurso permanente a la vida: tal es la misión más elevada del poeta en esta tierra. Howard Philips Lovecraft cumplió esta misión. Dicho todo esto, nadie puede decirles a ustedes como deben interpretar la literatura de Lovecraft, así que saquen sus propias y terroríficas conclusiones.

 

 

by Greg Pro

by Greg Pro

1 Comment
  • ¿Sera que racismo que predicaba el maestro es una respuesta inconsciente (o no)a su aislamiento primero involuntario mas tarde completamente voluntario ?. Sin duda gracias a esta inclinación personal es que tenemos grandes cuentos como La sombra sobre Innsmouth o el horror de Red Hook. Por lo que no me parece que sea criticable, tan solo una tendencia típica de la época y las circunstancias en las que vivió el maestro.

    Sin duda una gran reseña por parte del equipo de N.N. cada día me alegro mas de haberlos descubierto en este insondable universo del internet.

    Saludos Tentaculares,

    junio 25, 2013 at 5:30 pm

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