«La Última Pregunta» de Isaac Asimov

"La Última Pregunta" de Isaac Asimov | Noviembre Nocturno 1

«La Última Pregunta» de Isaac Asimov

 

Imagen destacada: Blood Becomes Fire by Nick Keller

La introducción y conclusión del relato recoge algunos párrafos y reflexiones del artículo de Antonio Mora Vélez “La Entropía y el Hombre”. En Noviembre de 1956, la revista “Science Fiction Quarterly” publicaría uno de los cuentos más reconocidos del maestro Isaac Asimov, que por aquel entonces se encontraba en plena efervescencia creativa en el terreno de la ciencia ficción. Este relato, visto desde una perspectiva universal, se podría reducir a la aparentemente sencilla a la par que inabarcable cuestión de la entropía. Las grandes civilizaciones de la antigüedad observaron apetentes los enigmas de la cúpula celestial; y allí donde se pierde en la memoria el reflejo de la danza de los astros, algunos atrevidos aventureros del pensamiento tradujeron el lenguaje de las estrellas al de la matemática y la física. Si de entre todos los enigmas que pueblan el cosmos pudiéramos extraer uno que aún hoy torturase las mentes de filósofos y científicos, sin duda alguna, ese sería el enigma de la entropía. ¿Qué le ocurrirá al mundo, y a los seres pensantes cuando la entropía llegue a su fin? cuando la tendencia inevitable al agotamiento de la energía llegue al límite de sus posibilidades y el cosmos sea incapaz de renovarse, cuando el mundo alcance su final, las estrellas dejen de brillar y las galaxias se apaguen, ¿qué habrá sido de nosotros? Una pregunta, una sola pregunta que a través de la mente galáctica del maestro Asimov nos conduce a través de los confines del universo; una historia compuesta de pequeñas historias que dulcemente se encaminan a encontrar la respuesta inencontrable que permite recorrer implicaciones cósmicas que sólo pueden obtener respuesta en los abismos numéricos de la todopoderosa computadora Multivac, el superordenador engendrado por Asimov para deleite de sus lectores y admiradores. La mente-máquina en cuyo poder deductivo se agolpan las esperanzas de la humanidad para responder al enigma definitivo del universo en expansión: un interrogante que cobrará todo su sentido en la inesperada formulación de “La última pregunta”.

 

 

Isaac Asimov by Rowena Morrill

Isaac Asimov by Rowena Morrill

 

 

Como bien refleja Antonio Mora Vélez en su artículo titulado, “La entropía y el hombre”, -los pensadores griegos de la antigüedad creyeron, bajo la influencia del mito, que el mundo no ha sido siempre el mismo y que no lo será eternamente. Para Heráclito cada 10.800 años, un año cósmico en las cuentas esotéricas de entonces, todo volverá al fuego original, y en esa fase desaparece la diferencia entre Dios y el mundo. Anaximadro consideraba al “apeirón” como fuente y fin del universo: ” Allí donde las cosas brotan, allí encuentran también su destrucción conforme a la ley”. El universo de Pitágoras es un todo único, un orden (Kosmos) que se fundamenta en la coherencia de su propia estructura. Dios es la armonía de sus partes, las cuales están determinadas por los números. En las fantasías de Empédocles sobre la formación del mundo encontramos ya veladamente la teoría de la expansión del universo de la física teórica moderna.

 

El notable físico y matemático inglés Stephen W. Hawking habla en su “Historia del tiempo” de un universo, cuyo comienzo, tendrá también un final. “De acuerdo con la teoría general de la relatividad, tuvo que haber habido un estado de densidad infinita en el pasado. El Big Bang habría constituido un verdadero principio del tiempo” pero el final sobrevendrá probablemente con el colapso producido después de la fase de contracción, en el big Crunch, o por la formación de singularidades locales que originarán “agujeros negros” en donde el tiempo también desaparecerá. Gracias a que nos encontramos en la fase expansiva, en la fase de aumento del desorden, en el imperio de la entropía, podemos existir. Pero cuando no exista una flecha termodinámica del tiempo que explique el desorden o el caos, cuando éste sea casi completo, cuando las estrellas hayan desaparecido y los protones y neutrones se hayan desintegrado, el pensamiento del hombre será del todo imposible. Nuestro pensamiento parece empeñado en poner cada vez más orden, en un universo que se revela cada vez más caótico y desordenado. Pero a ningún filósofo ni científico se le había ocurrido lo que al maestro Asimov. El día en que las estrellas y las galaxias se hayan apagado, el hombre-mente se fusionará con la computadora cósmica, porque ésta habrá llegado a un grado tal de sutilidad estructural que no será materia ni energía, y que hará posible la unión con su semejante: el pensamiento. Es la “Parusía” el fin del mundo fenoménico y la consumación de todo en el fuego divino original…

 

 

 

Isaac Asimov on Throne by Rowena Morrill

Isaac Asimov on Throne by Rowena Morrill

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