«iTrust» de Óscar Navas

Laurie Lipton Itrust de Oscar Navas

«iTrust» de Óscar Navas

 

 

Un relato de la antología «De espejos negros y siervos de un dios digital» publicada por Tinta Púrpura Ediciones y ambientada en los cánones de la popular serie Black Mirror

 

«En las ciudades de nuestro tiempo caminamos sin mirar al frente. Nadie sabe como pasó, nadie sabe cuándo fue el momento exacto, quizá fuera una sucesión de momentos, o quizá somos como uno de esos parpadeos de la historia, acerca del cual preferimos no formular preguntas.

 

Quiero pensar que nos inclinamos porque cargamos con el peso del mundo en nuestras manos, perdidos los ojos en el espejo negro, sepultados en el abismo infinito de su reflejo, tecleando sin mesura los últimos párrafos del apocalipsis de naciones sin nombre en un tiempo sin horizontes.

 

¿Acaso esas caras que nos observan desde el otro lado somos nosotros? Amamos igual que odiamos, a través del espejo negro. Mediante ese otro ser que nos escruta y anticipa, nuestro doble de plata y coltán; frío, terrible y resplandeciente. Sus ojos de aluminio y oro se pierden en la soledad del mundo. Y su voz muda nos niega y nos maldice porque nunca será ese nosotros, el nosotros que creó el fuego y alcanzó las estrellas; el nosotros que se enamora y se pierde y se disfraza de poema. Pero su intensidad es un hecho, de su muerte aparente ha nacido una nueva forma de conciencia, una maldición de litio y potasio y oro fundido a la temperatura del infierno. Vivimos más intensamente a través de la máquina y sus mecanismos de lo que nos sentimos capaces de vivir allá fuera, en el mundo real.

 

Somos una piedra golpeada por algún impulso ciego que vadea todos los caminos, una confusión de redes, cables y gases de efecto invernadero que todavía cree que tiene algo que decir, algo importante, algo que no deje en manos de los locos y los mercaderes el futuro de los que están por venir. Es la profecía del dios digital, la transmutación de los mundos, y así será hasta que no sepamos donde empieza uno y donde termina el otro, hasta que no quede nada ni nadie sin conectar, sin depender de un modo u otro de la filosofía de la IA. Nace, sirve a la causa y muere.

 

Pero todo esto tiene un límite. El plazo que se nos ha dado se agota… Y seguiremos luchando a pesar de todo, con la misma voluntad que mantiene ardiendo el núcleo de las estrellas, con el mismo ímpetu que arrastra las mareas y los vientos y los delirios de grandeza, inmersos en el caos, hasta que el cosmos diga su última palabra. Hasta que se quiebren todos los espejos y no quede soledad en la que reflejarse».

 

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