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Riouk


NoviembreNocturno
(@noviembrenocturno)
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Iniciador de tema  

Personaje creado por Conquinarte (perfil de discrod > Coquín#4533 )

Hijo de uno de los más importantes astrofísicos indios de su época, y de una profesora de teología general, nativa del imperio de la reina madre, el joven Riouk creció entre las matemáticas y la ensoñadora subjetividad de los creyentes. Siempre le confundió el concepto de la Fé. ¿Cómo podría alguien creer ciegamente, en algo que nunca ha podido demostrar de ningún modo? Ni siquiera su madre, conocedora profunda de nuevas y antiquísimas creencias, pudo confirmar nunca la existencia de entidades pensantes superiores. Fue cuando cambiaron su residencia al corazón de Londres, cuando tuvo su primer encuentro con lo desconocido. Un suceso que hizo que su vida dejase de ser el remanso de paz y sencillez, que suponía vivir en el barrio británico de Bombay.

-¿Por qué visten así esos sramanas, madre?- Preguntó al ver a los escuálidos deshollinadores que cruzaban la ciudad en tropa, confundiéndolos con monjes ascetas, sucios y de cabellos enredados con los que solía charlar en la orilla de los ríos.

La pobreza endémica era algo a lo que estaba acostumbrado mas, lo que le llamaba aún más la atención, era la laxitud con la que la mayor parte de aquellos que tenía a su alrededor, se tomaban los sacramentos religiosos mientras esgrimían el nombre de alguna deidad, para justificar las mayores tropelías.

La vida en esa ciudad, venía cargada de comodidades, incomodidades y contradicciones. Algo que le frustraba enormemente y llenaba de turbación. Por eso, no tuvo más remedio que sumergirse en sus estudios de matemáticas e ingeniería, en una época donde los avances científicos empezaban a parecerse a la magia. El galvanismo, el mesmerismo, el mentalismo, el espiritismo y todas esas cosas que terminaban en –ismos y que hacía menear la colita a los más relamidos miembros de la alta sociedad, le parecían tan vacuos y superficiales que, cuando tuvieron lugar los sucesos que le llevaron a formar parte de la “Cofradía de la frontera”, se le antojaron simples juegos de niños curiosos ante la inmensidad del abismo.

Corría el año 1898 cuando el mundo entero desviaba su mirada con preocupación, hacia los disturbios en las colonias de ultramar, las Américas y el pacífico pero, Riouk no tenía ojos más que para los fenómenos estelares que estudiaba su padre, con cuyo escrutinio colaboraba con fervor a sus 20 años de edad. Mientras todos fijaban su atención en el contenido de los diarios y discusiones de salón, el distinguido profesor Art, preguntaba a su hijo si alguna vez se habría hablado de un fenómeno similar en la historia del estudio de las estrellas: una oquedad del negro más absoluto que ocultaba tras de si, varios grupos de constelaciones al moverse. Un objeto de grotescas dimensiones que, por la noche no reflejaba luz alguna del entorno, durante el día desaparecía completamente, y se desplazaba con la parsimonia de un planeta. Durante varias semanas estudiaron el fenómeno para poder dictaminar a qué distancia podría encontrarse hasta que, de pronto, se interpuso entre Júpiter y Saturno, tapando por completo, todo lo que podría verse detrás. Se trataba de una masa más grande que el mayor planeta del sistema solar.

Pasaron el resto de la noche aventurando las desgracias gravitacionales a las que estaban expuestos de cara al fenómeno. La más halagüeña de las opciones acababa con el sistema solar completamente fuera de órbita en menos de un mes. Ante tal perspectiva, la primera acción era una lluvia de ideas de cómo lograr evitarlo. Se sintieron hormigas intentando cambiar la dirección de giro de la tierra. La segunda, explicar el fenómeno a su madre para así poder despedirse en condiciones. Cuando llegó la mañana, todo seguía sin cambios a su alrededor. El coqueteo con la locura de la noche anterior, dejó su mente agotada, sin fuerzas incluso para arrancar el sueño. En esas condiciones, una pequeña dosis de láudano y ajenjo, se abrió ante ellos como la vía de acceso rápido, a horas de merecido descanso.

Entre los pasadizos del sueño, cuenta Riouk que se vio vagando por una laguna negra, cubierta por la manta de constelaciones desconocidas. Ni el espesor de las aguas ni lo oculto en sus profundidades, fueron barrera para que sus pasos le llevasen hasta un montículo rocoso a varias decenas de metros de la orilla.

En el montículo, un baúl. En el baúl, sólo una potente luminaria.

Al día siguiente, como llevado por un ansia juguetona y curiosa, comienza a juntar y crear piezas de diferentes tipos de cristal y metal. Una afición obsesiva por desarrollar una extraña caja. Una obsesión en la que refugiarse, ante el embiste de ese extraño cuerpo celeste que amenazaba todo lo que conocía.

Pasaron los días y nada ocurrió. Aterrorizados, padre e hijo mantuvieron silencio ante su descubrimiento. Tenían miedo a las reacciones, desconocían la razón de la ausencia de catástrofes gravitacionales a esas alturas, temían también ser tomados por locos.

Después de un mes, la caja estaba terminada y el profesor Art senior, estaba desquiciado por la incertidumbre. Un zumbido ronco del cielo que todos podían oír les acompañó durante la última semana. El aire ese día, tenía un sabor ácido, como podrido. Riouk, solo miró al cielo, entró en ella y se refugió encogido en un rincón. Entonces, el mecanismo de la puerta dejó caer dos largas barras de seguridad y el artefacto al completo, comenzó a vibrar mientras una enorme sombra negra empezó a cernirse sobre el cielo, ocultándolo todo a su paso con una burbujeante masa negra de miles de millones de tentáculos en movimiento.

El artefacto, con Riouk en su interior, se desvaneció en el aire, desarmado como un diente de león al viento.

Cuatro años más tarde, en otro lugar de otra Inglaterra una vibración radiante y exponencial, hace temblar las partículas del suelo, que se reordenan formando los contornos del artefacto hasta tomar completa corporeidad. Al abrirse una de las paredes, deja paso a un Riouk distinto. Más viejo, más recio, vestido con una sombra de pesadumbre y preocupación.

Un nuevo ser con una pesada carga sobre sus espaldas, un cargo, y una misión.

Ser el último agente de campo de la “Cofradía de la frontera”.


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CoquinArtero
(@coquinartero)
Acólito de Confianza
Registrado: hace 9 meses
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Alguién logró en una ocasión, ver de reojo a un extraño caballero, merodeando en los alrededores del socavón que se abrió de repente en el túnel de acceso a Crouch End. Parecía tomar notas en un cuaderno revestido de cuero negro. Al notar que era observado, desapareció entre la gente en el espacio de un parpadeo.


Learntofly le gustó
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Learntofly
(@learntofly)
Estimado Acólito
Registrado: hace 9 meses
Respuestas: 143
 

Cuando me dijiste de leer la sección de personajes te referías a esto. Bueno, a cambio leí la guía de estilo, obviamente nada que ver. El Ryuka que describes nada tiene que ver con el que pinto yo. Una gran ocasión perdida de usar el personaje. Espero que alguien más busque sus habilidades místico-cientificss.


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