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Y ase: ¡PUM!

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CoquinArtero
(@coquinartero)
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Buenas noches, personitas llenas de luz y color. Les propongo un juego:

Las cosas cambian mucho según quien las cuente. Eso lo aprendemos desde bien temprano con los primeros bofetones severos de la vida. Por eso, porque ya tenemos una edad, traigo un ejercicio que tiene la pretensión de entretenerles y hacerles reflexionar. Ya saben que dos flexiones son mejor que una.

La cosa consiste en que a partir de la escena descrita a continuación, intentemos representar “lo que pasa”, cambiando el ángulo unos pocos grados y de ese modo obtener la visión más compleja posible de un suceso.

Así veremos que surge un abanico de opciones hasta tener que calcular un mínimo común al que podamos llamar Verdad…

¿Se lo pueden imaginar? Buscar la opción real entre un cúmulo de testimonios inventados… Ahhhhh me encanta el olor a frikada los sábados por la noche.

 

…………………………………………………………………………….

Que sí, tía: como quien le da a un botón.

Fui con mi primo a ver el partido de fulbito del equipo de su hermano. Sí, el alto guapo y con tantos amigos molones.

Pues resulta que en el otro equipo jugaba el “Chatarrilla”, el hijo del “Chatarra”. Catorce años de mala leche, como el puto de su padre. Fíjate si es puto que su niño le va a quitar la pelota a uno del equipo del hermano de mi primo… ¿Me sigues? Pues eso, que el “Chatarrilla” le iba a quitar la pelota a uno del otro equipo y el otro va y se lo mea bien duro. Se lo llevó pa un lado y el “Chatarrilla” se resbaló, le cortó en seco por el otro y el “Chatarrilla” se cambó todo y se tuvo que abrir de patas. El público ya estaba pegando gritos y aplaudiendo con eso, pero el otro pibe, al que no conocía de nada, chiquitito, flaco, normalito, va y le mete un caño que casi hace que el niño del “Chatarra” se cayese de culo al suelo.

Mira: la gente se puso a dar botes en las gradas. Una escandalera, muchacha. Pitos, bombos, tolmundo en plan: lorooolororlorlorloo

Y entonces va el “Chatarrilla”, se pone detrás del pibe y le mete un patadón que lo tira de culo, pero con fuerza. En plan chungo matao, to cobarde ¿sabes?

La gente pegó a gritarle y el “Cuervo” le sacó tarjeta roja. Sí, tía. El “Cuervo”. Ese, ese. El de la riñonera con un montón de bolsitos. No sé cómo puede correr lo que trota un árbitro con todos esos bolsillos meneándosele en la cintura.

Pos que la cosa estaba caliente. El matao ese le soltó la patada al pibe, lo tumbó y se fue directo al banquillo con la cabeza agachada, con el cuervo pitándole en la nuca y la tarjeta roja en alto. Había un montón de ruido y aún así se escuchaba al cuervo pegándole gritos al entrenador del “Chatarrilla”.

—¡Si me entero de que vuelven a meter a jugar a este niñato en un solo partido, hago que les cierren el club!

La gente se puso a aplaudirle, los de su equipo estaban callados y el padre del “Chatarrilla” pegó a meter gritos como siempre que va mamao. Que si “Tú, lo que eres, es un cobarde”, que si “Conmigo no tienes huevos”, que si “Te rompo toa la boca ahora mismo”. El público empezó a bajar la voz mientras el “Chatarra” gritaba cada vez más hasta que se empezó a acercar a la barandilla para saltar a la cancha.

Yo estaba toa quieta, tú. Estaba pasando muy rápido. Entonces, el “Cuervo” abrió un bolsillito, guardó la tarjeta y con la misma, abrió otro bolsillito y sacó una pipa, tía. Una pipa de Pum Pum, tía. No de fumar. Sacó una pistola y el “Chatarra” se acojonó de golpe. Se escondió detrás de la valla y la peña se puso loooca, tía. Tolmundo corriendo y el Chatarra escondío detrás de un anuncio de zapatos.

—Sal ahora, borracho cabrón, si tienes huevos —Al ver que no salía, el cuervo se acercó al “Chatarrilla”, que también estaba congelao, y lo agarró del pelo para ponerlo de rodillas a sus pies—. Sal si no quieres que me cargue al hijoputa este.

Claro, tía. El “Chatarra” seguía ahí agachao, meándose encima, pero claro: es que era muy fuerte eso, ¿no? Un niño y tal. Catorce años. Ahí estaba gritando que por favor no lo matase. Tú no le meterías un tiro a un niño. Nadie normal lo haría.

Como si le hubiesen dado a un botón, tía. Hizo ¡Pum! Y el pibe se fue pal suelo como un muñeco. Después no tengo idea de lo que pasó. Mi primo tiró de mi mano y cuando miré para él, me temblaron las patas, me meé encima y me desmayé.


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CoquinArtero
(@coquinartero)
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Pos verá usted, su señoría don Manuel… o su señoría Manuel, o como se diga, Manolo. Que parece mentira que nos conozcamos de pequeños y me tenga que andar con estos remilgos.
 
     Po ya ves… buscándome la vidilla. Tú sabe. De chiquillo estaba fijo liándola y… bueno. Ese día me meneaba por fuera del partido, como siempre desde hace ya lo menos siete años. Buscaba en los bajos de los coches y detrás de las gradas, las cosas que a la gente se le pudiera despistar de los bolsillos… tú sabe: monedas y cosillas que pueda después vender. Cuando los partidos terminan, me quedo entonces poniendo la mano a la salida a ver si alguno me da un duro o dos por guardarle el coche, así que no vi ná en persona. Yo solo escuchaba las vainas de la gente.
 
     Estaban animaos tos. Que si gritos pa quí, canciones pa llá y en una de estas sonó el coro del público como si le hubiesen metido una buena meá a un jugador. Ahí, en plan: oooole. Así fue un par de veces hasta que el grito sonó como si le hubiesen colao un caño. Del rollo: ¡Ñoooooo! Y eso
 
     Al final, alguien hizo una falta y se oyó tremenda gritadera con bombos, pitos y la hosssstia, tú. Entonces es cuando me da que empezó el pleito, porque empezó a salir la gente toa loca, chocándose y tal hasta que sonó como cuando coges un zapato bien gordo con la mano y lo estampas en el suelo, en medio de la cancha.
Hizo: ¡Pammm! Y tolmundo salió escopeteao de allí.
 
     Como yo me conozco el sitio, tú lo sabes Manolo, las horas que me habré pasao yo en las escaleras del polideportivo; pos eso, que como yo me conozco el sitio, me metí en el hueco de la escalera, donde tengo afirmá la chapa por si quiero pasar después la noche. Tú sabe, su señoría Manuel. La gente seguía saliendo por la entrada grande, pero por la de atrás, ví salir al Cuervo con la riñonera bailotiándole en la cintura. Nadie lo siguió y llevaba cara de cuico, el jodío.
 
     Entonces salió el chiquillo del “Chatarra” y fue cuando me eché a correr yo también, Manolillo, mi niño. Tú no sabe lo que era aquello. Era como cuando le arrancas media cabeza a una cuca y aún así se echa a volar.
 
     Me crucé la mirada con la del niño un segundo namás. Tenía un ojo. El otro se le había ío a tomal pol culo junto con un cuarto de la cabeza. El puto me miró con esa cara de… con esa media cara de loco y sonriendo de lao que me dio un rollo por la espalda, Manolo, que tuve que salir corriendo pal bar del valiente a echarme unos piscos pa volvé a estar bien.
 
     ¡Bah¡ Er Chatarra sí que le tenía el rollo cogío a ese chiquillo. No lo visto desde que entró al partido. Ni a él, ni al chiquillo ni al cuervo ni ná. Namás que a Pacuco el guardia, El “Valiente” en el bar y a su señoría, señor don juez de paz sin estudios, el muy ilustre Manolito el enganchao, primo del alcalde y chiquito marrón que te vas a comer con esta vaina hasta que llegue la policía de verdad.
 
     Namás te digo, Manolo, a no ser que te pueda ayudar en alguna otra cosa.
 
     ¿No? Pos ¡ea! Al lío, que se va er tío.
 

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LordToldingale
(@lordtoldingale)
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Cuando uno mira pa’ lo de atrás, pensando que pensando cómo lo ha tratado la vida, pue’ uno acaba cagándose en to’ más veces de las que le gustaría. Porque aquí, onde’ me ven ustedes, yo tenía un buen porvenir en las ligas de la Primera, con el Cris y el Lionel y to’as las otras estrellas… o al menos eso creía yo…

Aquel partido, en otro sitio perdio’ de la mano de Dios, se fue a tomar por culo. Así, sin más. ¡Cagüen to’!, como si no fuera suficiente aguantar las mierdas que ya de por si trae este mundillo, con los niñatos esos, puntapié pa’ aquí, puntapié pa’ allá, que por encima va ese puto al que llaman el “Cuervo” y me jode la vida más aún de lo jodia’ que ya estaba.

La pachanga aquella que llamaban partido empezó normal, como cualquier otra. El de la riñonera da’ el pitido, los criajos empiezan a correr de aquí pa’ ya como pollos sin cabezas, y a mí, sin más, me sueltan puntapiés como si no hubiera mañana entre gritos y aplausos.

Entonces, en menos de medio suspiro, ¡PAM! Y ya se ha liáo’ la marimorena.

Que aquí, onde’ me ven, tenía mis estudios hechos. Yo, un miembro internacional del mundillo futbolístico. Que empecé muy joven, allá’, en el lejano Este, pario’ en medio de una fabricucha de la selva; más duro era yo que el acero de aquella... Verdad es que ya por entonces tenía que lidiar con mocosos destos’, pero por lo menos me consolaba la idea de pensar en el buen porvenir, en las grandes ligas, los focos, las noches de “Shampions”…

¡Cagüen to’!

La trifulca de los criajos era otra más. ¿Qué importaría quién diera y quién recibiera? ¡Si son tos’ igua’! Pero va el “Cuervo” ese, se calienta como si no hubiera mañana y agarra a uno después de que el mierda de su padre escupiera a saber que desde las gradas. Se van pa’ un lado, uno tras del otro y… ¡PUM! ¡A tomar to’ por culo!

La gente que hacía menos de un minuto andaba a brincar y berrear como ratas en celo mientras a mi me molían a palos se queda to’ callada. Un segundo, dos, tres. Y a un pestañeo salen todos por patas como vacas locas en pleno San Fermín.

El resultado de todo: pues que me han dejado aquí tira’o otra vez, al frio y la soledad, con el perro cabrón aquel mirándome mientras relame el diente…

Pa’ que después digan que la vida aprieta, pero no ahoga.

¡Cagüen! ¡Estoy bien jodio’! De esta no salgo…


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CoquinArtero
(@coquinartero)
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Si le digo la verdad, estaba haciendo el agosto ese día. Ya sabe usté. Contri má gente, má alboroto. Se bebe má y se tiran las papas y vuelven a comprar. En verdá no es un problema si cobras antes de soltar la prenda.

A mí el partido me la estaba pelando mucho. El partido estaba siempre a mi espalda y lo interesante era el público, que jaleaba y hacía la ola y la liaba pero bien.

Si ellos saltaban, yo les hacía señas para que saltaran más alto, cantaba con el público, coreaba lo que fuese hasta que a un oooole le siguió un Ñooooos y después un AAAAAAH!!! Y todos se pusieron a correr como cabras de esas que se desmayan.

Cuando me quise dar la vuelta, uno pasó corriendo y ase… ¡Paaaam!! El toletassso sonó como un disparo y toas las cosas se me fueron a tomar por culo con la estampida de gente que le vino detrás.

Al despertar, miré pa la cancha y habían hasta chorretes de sangre y gente muerta por el suelo.

Lo primero que hice después de que pasase toa la escandalera, fue liarme a recoger el género y las perras, que también se me fueron a tomar por culo y, claro… temiendo que la gente, como es mu cuica, se hubiesen agenciao la pasta con el jaleo, pos yo también fui cogiendo lo que pude ¿Sabe usted? Algún reloj, par de móviles, carteras, anillos…

Sí, bueno… algunas cosas aún estaban en el cuerpo de sus dueños, pero no parecía que les fuese a hacer ninguna falta. No me culpe por hacer algo de leña del chopo que ya está seco. Las cosas estaban yendo tan bien que ya me había hecho planes para ir con la señora y los chiquillos el fin de semana por ahí.

Amo a vé: no sabría decirle cuánto tiempo pasé “haciendo leña”. Lo que sé es que en un momento dao, aparecieron los gendarmes y sin preguntarme por lo que llevaba, pegaron a decir no sé qué cosas del chatarra, su niño, el cuervo y no sé qué niño muerto  que estaban buscando.

Na les dije porque ná sabía, maestro. ¿Qué hago?

Vamos, que si usté no tiene escrúpulos, yo le vendo la mercancía a un precio justo pa los dos, nos sacamos un pico ca uno y yo a la playa con la señora y tú a tomar por culo con lo que sea que vayas a hacer con tu parte.

¿To claro?

Pos to claro.


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xamsham
(@xamsham)
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El árbitro ese casi siempre pasaba por aquí antes de los partidos: café cortado con leche sin lactosa y una porra. Acababa la faena en el obrador y venía para acá, porque mi bar coge justo en la esquina de antes de la puerta de atrás del poli.

Él siempre estaba un rato largo, siempre con la misma rutina durante los por lo menos 4 años que lleva arbitrando a los chavales: entraba sin decir nada, con la cara larga hasta que acababa de leerse todo lo del Madrid en el Marca. Entonces se metía la porra entera en la boca, se la tragaba casi sin masticar y, dependiendo de lo que hubiera pasado en la Champions o la copa, la echaba p’abajo con una copita de coñac o con un vaso de agua con hielo y media rodajita de limón que, más para evitarme la charla que por atenderle bien, ya le tenía preparado.

Esta vez tocó agua con limón, así que ya te puedes imaginar, salió caliente como el pico'la plancha.

¿La pipa?

Ni idea. Iba con un bolsito de deporte, un poco ridículo, antiguo, de estos de propaganda, muy feo, verde y negro. Ahí podía haber metido una escopeta de haber querido, yo que sé. La riñonera no la llevaba puesta todavía.

De lo que pasó en el campo no sé nada, pero después de un rato poniendo desayunos se escucharon unos chillíos mu malos que venían de los campitos del polideportivo. Me imaginé que alguien se había desmayado o algo, pero aprovechando que se me había ido la última mesa me acerqué a echar la baraja... Por si acaso... Porque a mí no me gustan las historias raras.
Justo cuando le había echado mano al hierro, ví como se acercaba el tío este todo contento, todavía vestido de corto, con la riñonera puesta y el pito colgando. Me miró con cara de décima copa de europa y me dijo con un rintintín nuevo: ¡Valiente! El coñac.

Como es un cliente bueno y formal, solté la baraja, le puse un “Soberano”, que se bebió de un trago sin quitar ni un segundo aquella sonrisa de puta satisfecha, pagó y se fué tan pancho.

Se me quedó tan mal cuerpo que intenté cerrar de nuevo, pero en nada aparició el “Pikiko”, el enganchaillo hijo de la Eloisa, pobrecita, que estaba desbocao, mu nervioso, peor que cuando viene con el mono, casi le tengo que dar una guantá para que se cuadrara, pero al final a base de cervezas se fue centrando y me fue contando lo que había pasado.

No he vuelto a ver al árbitro, creo que lo detuvieron un poco más p’alante. Pero, por si acaso, ya no abro para los desayunos de los domingos.


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CoquinArtero
(@coquinartero)
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Pos ya lo notaba yo distinto al chaval. Al principio pensé que se había cortado el pelo, después, que también se lo había teñido, pero lo vi muy callado cuando puso la mano cerrada sobre el mostrador, como hace siempre. Al abrirla no cayeron las monedas. Fue entonces cuando me di cuenta de que le habían volado media cabeza al chaval y todavía seguía con la vaina esa de seguir vivo.

     Yo, con un boquete como ese, no sé si…

     Perdone usted que no me exprese bien. Fue un susto mu gordo.

     —Pero ¿kease? ¿Y las perras?—le pregunté al chaval. ¿Sabe usted? Es que no me salió nada más

     Nunca cruzábamos más de dos palabras y entre el cristal translúcido de seguridad y lo pequeña que es la abertura para cobrar, a la gente poco menos que la reconozco por el espacio que tienen entre el cuello y la cintura. Encima el uniforme era rojo. Si al menos hubiese sido blanco me habría dado cuenta antes del chorretón cuajaroso que le caía por el brazo.

     Vamos, que sin pagarme ni nada, cogió los cigarros de siempre, la cocacola de siempre y salió sin media cabeza del local. Igualico que como entró. No vaya ustedes a creer que eso se lo hizo aquí. Vamos… que me habría dado cuenta por las cámaras.

     Yo me imagino que después iría al parque que está al lado del polideportivo a fumarse los porros con el hijo del árbitro, el de la seña Rosa y… bueno… usted sabe la gente que se pone en ese parque. Si tuvo agallas de llegar hasta aquí, lo suyo es que llegase después a donde siempre. ¿Han mirado ahí?

     Cuando el chaval se fue, yo me quedé flipando porque había gente haciendo fila detrás de él y nadie tuvo los huevos de ofrecerle un pañuelo o algo. Solo se quedaron mirando, pagaron lo suyo y, chau adió.

     Al final va a ser verdad lo que me decía la madre de los chiquillos, que a mi tienda namás que vienen los descastaos que ya no tienen ganas ni de vivir. Fíjese usted que todos pasaron pisando los cuajarones de sangre en el suelo y se vinieron a limpiar las suelas en el felpudo antes de salir. Como si mi tienda estuviese más guarra que la calle. Me tuve que esperar a cerrar al mediodía para poder pasar un mocho por todos los pasillos. No veas cómo se pega la sobrasada del chaval.

     No, ya le digo que después de aquí siempre se pasa el día en la placica esa; el parque junto al… Ese, ese mismo de la cancha. También puede haber tirado por cualquier otro lado porque desorientado y todo, con la raya a un lao pa siempre y llenándome los suelos con sus sesos pringosos, se seguía moviendo.

     ¿Es que a nadie se le ocurrió seguir el rastro? Que iba chorreando, coño.

     Ya nadie piensa en los niños...


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Makishima
(@makishima)
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- Pues mire "usté", señor, guardia, sabrá que todos somos de tener días malos, pero paese que algunos los encadenemos unos tras otro... Resulte que me encontré hace un par de días al hideputa del Chatarra, valiente cabronazo, entraba yo en la casa que me había salido yo antes pa darle una sorpresa a la parienta con unos ahorrillos de cuando arbitro para unas flores, que me dice siempre que no tengo buen detalle y la sorpresa me la llevé yo, cuando metí la llave pues no se oye un ruido en la parte de atrás un gato pensé yo, aunque bastante ruido hacía el bicho, subí a la primera planta a ver a mi mujer y me suelta la muy zorra medio en pelotas que si no venía yo muy pronto esa tarde, me veo la ventana a medio abrir y digo, tate, a ver si tengo tiempo de ver quién es el hideputa que me deja de cornudo y allí le vi, a lo lejos, corriendo en bolas al mierdecilla del chatarra, suerte tuvo de que no tuviera a mano la pipa, le lancé el despertador pero no le cayó ni cerca, eso si, a la pendeja esta le hice comer todas las flores y eso que eran rosas, con sus espinas y todo, ni agua le di pa pasarlas

- Ya me iba preparando yo a la mañana siguiente, digo, el chaval del hijo de mil madres, tenía yo que arbitrarle, me fui pal bar, joder, una tras otra, estaba yo ya para agua con limón, la acidez de la mierda limones que pone el patán del bar, me quita de pensar en otras cosas, pero es que encima manita al Madrid, del Barça na menos, en las horas que están, me cago en Dios! Iba yo bueno, ni el puto limón, me habría cargado hasta al dueño del bar

- Y al rato empezó el partido, estaba yo esperando tener alguna para encabronar al puto Chatarra y que saltara al campo pero el paquete del chatarrilla es que ni andaba cerca de los rivales, se lo meaban como querían, regate pa quí, pa allá... hasta un caño le hicieron al gilipollas, ahí me dio a mí la que necesitaba, se da la vuelta el criajo y no le suelta una patada con todos sus santos cojones, no me lo pensé un segundo, roja y pitándole en la oreja, grite que no le volvieran a sacar a ver si bajaba el otro y ahí saltó, le estaba esperando, saqué la pipa y el pedazo de mierda se vino abajo, ya sabe que pasa en el barrio, si la sacas y no la usas eres un parguela, pues agarre al chaval, si el cabrón no bajaba, me lo cargaba, pues no se lo va a creer usté, pero que no bajó el muy cabrón, tenía tal rabia, que me cargué al chaval, a gusto me quedé un rato, no se crea, de hecho, volví al bar justo antes del cierre me tomé un coñá, ahora sí, ya se acababa la bajona y eso le cuento, agente, el resto ya lo conoce usté


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CoquinArtero
(@coquinartero)
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Nunca pensé que pudiera pasarme algo así precisamente a mí. Soy una persona atenta, miro siempre a todos lados. Solo es que me habían dejado impresionado los relatos de las personas con quien me iba encontrando. Algunas hasta me enseñaron fotos del chaval caminando por el parque y con media cabeza tomando por culo en el suelo de la cancha.

     Solo iba a comprar el pan, ¿sabes? Me asaltaron los vecinos en diferentes partes del camino, y como es normal, la noticia me afectó. La calle estaba imbuida en una especie de histeria colectiva. Cada vez más gente deambulaba por las calles llevándose las manos a la cabeza, algunos lloraban, otros se sentaban codo con codo en la orilla de la carretera a vomitar como colocados de ayahuasca. Lo peor de todo fue cuando la madre del Chatarrilla, el pive de la media cabeza, se cruzó por delante del coche sin mirar, pegando gritos como cuando vende bragas en el mercado. Esta vez no decía eso de: 3 bragas a 8, pa que tengas calentito lo que te dije, estaba gritando ¡Mininio, mininio! Con ese acento raro que pone cuando se emborracha. Si no hubiésemos sabido de sobra lo que había pasado, te juro que habría pensado que llamaba a su gato.

     ¡Mininio, mininio! Y más mininio. Me estaba entrando tanta angustia que cuando vi la ocasión, aceleré e hice esfuerzos por salir de allí lo antes posible. Doblé una esquina, doblé la otra y a la tercera esquina fue cuando le di a algo que soltó un chorretón de sangre.

     Por mis muertos, te juro que pensé que le había terminado de escachar la cabeza al mininio que a esas alturas estaría arrastrándose a cuatro patas por la carretera. De verdad que estaba deseando que fuese el chatarrilla. Así al menos acababa con su sufrir descabezao. Casi sentí alivio cuando a mi espalda volví a escuchar una voz de mujer clamando por su hijo, solo que en esta ocasión no parecía que estuviese llamando a un gato. Pronunciaba en condiciones cada una de las palabras, con fuerza. Más que un lamento, se me antojó una devastadora sorpresa.

     ¡Mi niño! En ese momento se escuchó en condiciones y sonó aún más fuerte cuando me bajé del coche y cerré la puerta tras de mí.

¡Mi niño!

Bajo el Panda, junto a la rueda me llamó la atención el zapatito rojo tirado sobre el alquitrán de la carretera. No fue hasta que vi el sombrerito de un nene de cinco años tirado unos metros más adelante, con la cabeza del chaval aún dentro, que caí en la cuenta de no haber atropellado al Chatarrilla.

Sin tiempo a reaccionar, la madre me saltó sobre el lomo y me hincó las uñas en los ojos, me mordió con fuerza las orejas, me pateó la espalda al caer al suelo. Lo último que alcancé a oír fue una algarabía de pasos, gritos y golpes en todas direcciones. Uno de esos cuerpos, a toda velocidad fue el que al tropezarse con la madre de mi pobre víctima, me la sacó de encima de un empellón.

Entonces fue cuando me quise levantar, me arrastré de vuelta al coche y allí mismo caí inconsciente.

Por eso llego tan tarde, sin el pan, tengo marcas de uña en la cara, en la espalda, en el cuello y pintalabios alrededor de la oreja. Te juro, cariño que no tengo ni idea de dónde salió ese sujetador. Créeme. Solo tienes que asomarte a la calle para que veas que es verdad. Por favor, créeme. Tienes que creerme.

Esta publicación ha sido modificada el hace 4 meses por CoquinArtero

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CoquinArtero
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Mira, mi niña. Tú sabes que a mí estas cosas no me dan de comer. El chisme no es lo mío, pero la Pepi es la que va por ahí con el reporte de todo el barrio y sin querer se me queda en la cabeza. Fíjate tú que yo ni siquiera conozco a esa gente.

     Lo que pasa, es que en este pueblo no se puede ir corneando al personal, sin saber que el cabecero de tu cama viene a tener a la casa de la hermana de la Pepi. Así mismo te lo digo: la mujer del Chatarra o del Cuervo, tú sabes que yo no pongo atención a esas cosas, era la que le puso los cuernos a su marío con el otro y después vino el otro y los cogió en el condumio… o algo así.

     Esta Pepi, es que no se deja ni una sin contar. Es como un problema que tiene desde niña. Tú no le vayas a decir ná, miravé. Me vino con el cuento después del lío que se montó en la cancha durante la pachanga de fulbito.

     El niño del Chatarra se puso chulo y le metió un par de patadas a uno que jugaba mejor que él, el Cuervo se mosqueó un montón y el Chatarra pegó a meterle gritos desde las gradas. Piensa que la tarde anterior, el pene de uno de esos dos hombres estuvo dentro de la esposa del otro. Eso, claro, si le hacemos caso a la chismosa. Así que ya tenían lo suyo entre ellos.

     ¿Que, qué pasó la tarde antes? La hermana de la Pepi dice que si unos gritos, que si otro que salía por la ventana. Lo típico de los cuernos… Tú sabe…

     No te extrañe que haya sido ella misma la que le mandó el aviso al marío de la susodicha pa tené un chisme después. ¿No ves lo mala que es, que ahora mismo tú y yo estamos con el mismo cuento? Si es que son como una enfermedad. A ver… si somos serias, lo que pasó después, hace que el asunto sea de interés común.

     Oh… que el Cuervo sacó una pipa de la riñonera. Una pipa chica, con el mango blanco, como de perla o de cuerno, posiblemente una Derringuer de esas de las películas, aunque más moderna y con balas redondas, de esas que hacen un boquete bueno al entrar. Pero no te fíes, que namás te repito lo que le contaba la Pepi a la señora de la mesa del bar de al lado.

     Como lo oyes. Ya ves que muy discreta no es si me enteré yo namás que de leerle los labios al otro lao de la calle.

     No, pero cállate, cállate, muchacha, que el Chatarra se acojonó y se metió detrás de la chapa de los anuncios entre la grada y la cancha. Como no pudo endiñarle al padre, el Cuervo le metió un tiro al Chatarrilla en la cabeza y le salió la mitad del casco volando delante de tolmundo.

     Por eso te digo, que tú me conoces. Yo, es raro que vaya contando chismes a la gente en coma. Al menos en esta planta del hospital, nadie puede oírnos. Espero de verdad que tú sí. Que las cosas que cuentan de la gente en tu situación sean verdad y esté pasando los mejores años de mi vida haciéndote compañía…

     ¡Ay! Se me olvidaba una cosa: El Cuervo, con el barullo salió haciéndose el loco por la puerta de atrás y lo vieron privando en el bar del Cachucha como si no hubiese pasao lo que acababa de pasar. ¿Te parece fuerte? Pues eso no es na. El Chatarrilla se volvió a levantar sin media cabeza esparramá en el suelo y siguió haciendo su vida hasta que la Pepi le perdió la pista. Como si no lo hubiese matao del tó. Como si se hubiese levantao de entre los muertos y se liase a seguir con su vida.

     Increíble, hermanita.

     Si es que los hay con suerte, coño.

     Bueno. Yo me voy, que se está haciendo tarde.

     Te echamos mucho de menos en casa, hermana. Por favor… vuelve pronto, ¿Si?

 


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CoquinArtero
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Se trata de un caso bastante peculiar. Esperamos que nos dure un buen tiempo con los cuidados adecuados. Se espera la visita de médicos y cirujanos del mundo entero después de que saliese en las noticias a nivel nacional. Es más, ya hemos concertado una cita con mi cuñado, el jefe del departamento de neurología en el Hospital Aleister Crowley. Se trae una selección de sus mejores estudiantes a conocer al pendón desorejao, como hemos acertado a llamarlo en Petit Comité.

     No me ponga esa cara, señor gerente. Aquí tampoco tenemos ni idea de cómo es posible que siga con vida faltándole la mitad del cerebro y hemos estado jugando con una serie de hipótesis… Bueno… en realidad hemos hecho una vaquilla en la que va ganando que tampoco es que usase mucho esa parte del cerebro.

     Lo hemos llamado el efecto reggetón. Ya sabe: por ponerle un nombre.

Pase, pase, por favor. No se prive y vea a qué nos estamos enfrentando. Como puede ver, el bocado se llevó la mitad de la cabeza desde el maxilar superior derecho hasta arriba del todo. Quiso la fuerza del la fortuna, o quizá la condena del infortunio, que la parte sana fuese suficiente como para mantener una serie de funciones vitales en marcha, reproduciendo por inercia las acciones de todos los días, hasta que colapsó.

     Ha sido una jornada muy agitada precisamente por eso, señor gerente. Tenemos que mantener a la gente alejada del chaval por multitud de motivos. Uno de ellos, su propia seguridad.

     Tres personas se acercaron al chico sin nuestra supervisión: un chaval vestido de uniforme de fútbol y dos hombres que llegaron a diferentes horas, uno de ellos disfrazado de árbitro y el otro borracho perdido. El primero fue el chaval. El cabroncete se acercó lo suficiente como para susurrarle algo muy desagradable al oído. Algo como Jódete. Pa que aprendas a meter patás, hijueputa. Cuando el enfermero que estaba en la cama de al lado lo oyó, no dudó ni un momento en sacarlo de la sala, pero alcanzó a soltarle un escupitajo en el agujero abierto.

     El segundo fue el borracho, que vino preguntando por su hijo. Lo pasamos a la sala y cuando vio al chaval, se puso amarillo y empezó a decir acalorado que su hijo no estaba allí, que ese no era su hijo y que se tenía que ir a hablar con la madre. Aquí todos pensamos que sí que lo era, pero se acojonó al verlo. Eran igualitos… al menos se parecían en una gran parte de la cara… ¿Lo pilla? JIejiejeijeieje Se daban un aire… juaaajuajaua… Perdón. El cansancio saca lo mejor de mí.

     El último fue el árbitro de la riñonera. Ese estaba preguntando en el mostrador por el chaval con un tiro en la cabeza. Así como lo oye. No podía dar una definición más exacta. Estaba muy agitado, parecía colocado de algo. Demasiado nervioso. Ese ni siquiera llegó a pasar mucho más allá de la sala de espera. Dos policías de paisano se le echaron encima, le pusieron las esposas y le quitaron la riñonera donde, entre otro montón de cosas, guardaba una pistola. No vea cómo se puso la sala de gritos y escándalos. Hoy han caído dos del personal de recepción por ataque nervioso.

     Si es que este hospital está muy desorganizado, señor gerente. Ahora nos falta gente para atención primaria, para vigilar al paciente, y al irse los de la policía, tenemos a un solo guardia de seguridad que se cree el puto Harry el Sucio y a quien no podemos cambiar porque nadie quiere trabajar aquí.

     ¿Cómo dice, un hongo tipo córdiceps? No crea que es muy descabellada la idea. Va segunda en las apuestas, así que si le pesan unos billetes en el bolsillo, todavía puede meterse en la vaquilla, que al neurólogo aún le queda un rato para llegar.

     Son buenas perras las que se va a llevar quien gane esta apuesta que nos trajo el chiquillo.


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CoquinArtero
(@coquinartero)
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Iniciador de tema  

Después de unos meses de experimento, creo que ya podemos obtener un mínimo común denominador en toda esta historia, así que, con permiso de la concurrencia, me permito hacerme dueño del honor y proceder a exponer conclusiones… y tal.

     Según parece ser (corríjanme si me equivoco), el Chatarra, ilustre y conocido borracho buscapleitos del barrio, fue pillado infraganti cuando metía cierta parte de su cuerpo dentro de la señora esposa de un conocido árbitro de la zona: El Cuervo.

     El suceso desembocó en una primera discusión donde se oyeron gritos, golpes y amenazas, pero durante ese día, la cosa no llegó a mayores mas, quiso la suerte del destino, que a los pocos días del suceso y con la tripa bien servida de alcohol, al cuervo le tocó arbitrar un partido de cadetes en el que jugaba el Chatarrilla, hijo del Chatarra.

     Para mayor indignación del árbitro, el Chatarrilla cometió una infracción gravísima al patear con extrema violencia a un jugador contrario que lo acababa de dejar en ridículo, así que el Cuervo tuvo que intervenir agarrando al Chatarrilla de un puñao y haciendo gritar a su padre desde la grada con mayores amenazas y exabruptos que la vez anterior.

     Entonces el Cuervo sacó una pistola de la riñonera que siempre llevaba colgando, amenazó al Chatarra que,  al esconderse tras la valla de las gradas dejó a su hijo a expensas del árbitro borracho y despechado. Éste aprovechó la ocasión para descerrajar un tiro en la cabeza del chatarrilla. Creó de este modo un alboroto sin parangón en la historia del polideportivo.

     Poco rato después, empezaron a suceder cosas.

     El Cuervo salió por la parte trasera del centro de deportes. La gente, huyendo de él, salió por la puerta delantera en estampida, el vendedor de refrescos y refrigerios, perdió su mercancía y el Chatarrilla, contra todo pronóstico, se levantó con un agujero en la cabeza y se paseó por el barrio, perdiendo, paso a paso, la masa encefálica destrozada por el disparo.

     Lo vieron perdiendo sesos en el ultramarinos, lo vieron sangrar en la plaza donde cada tarde se fumaba los porros, su cuerpo moría poco a poco y sin darse cuenta, hasta que los servicios de emergencia lo llevaron al hospital donde actualmente se encuentra bajo supervisión y atento estudio. Aún no saben cómo carajo puede mantenerse con vida y lo han llamado El efecto reguetton… por ponerle nombre.

     En cuanto al resto de los implicados: el padre fue a verlo al hospital, pero se acojonó y salió corriendo cuando vio el destrozo que habían hecho con su hijo, el cuervo también pasó por el hospital por la fuerza del remordimiento, pero fue detenido por dos agentes de paisano que lo reconocieron sobre la marcha. Por último, el chico al que pateó con rabia también fue a verlo para susurrarle al oído que era un hijueputa, que se jodiese y que se lo merecía por andar metiendo patás.

     Las últimas actualizaciones, hacen pensar, entre otras cosas, que un hongo tipo córdyceps puede ser el que lo mantenga con constantes vitales. Lo que sí es seguro, es que si sobrevive,  va a ahorrarse mucho dinero en peluquería y sombreros el chaval.

     Y chimpón, este cuento se acabó.

     Muchísimas gracias a quien se molestó en su momento en invertir los preciosos minutos de su tiempo en participar y recuerden, el reguetton es solo el nombre del síndrome, en ningún caso puede salvar vidas.


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