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El Augurio del Dragón

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Alegorn
(@alegorn)
Acólito Eminente
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Escribo estás palabras en caso de que este sea mi final:

Mi querida Hedea, te amo. Sé que ya lo sabes, pero si he de darte unas últimas palabras, esas serán para volver a declararte mi amor. No hay día que no dé gracias a Anteros y Eros por habernos unido y no hay nada que me entristezca más que el dejarte sola en este mundo. Cuida bien de Nikias, mis últimos pensamientos serán hacia ti. Te estaré esperando en el Eliseo.

Nikias, hijo mío, a partir de ahora tendrás que ser el hombre de la casa. No permitas que la tristeza se apodere de tu corazón, pues ahora tu madre queda a tu cuidado y tendrás que ser fuerte por los dos. No sabes cuánto me gustaría haberte enseñado a navegar, haberte visto pescar tu primer pez, o haber cumplido la promesa de surcar los mares junto a los delfines. Siento no poder estar ahí, pero sé qué harás todo esto y más. No olvides nunca honrar a Poseidón antes de un viaje, aunque haya sido cruel contigo en el anterior, ya que él es la fuente de toda esta belleza. Te quiero, hijo mío.

Nikias, hermano mío, solo te pido una cosa: venga mi muerte. Si alguna vez me tuviste aprecio, encuentra a esa tal Quimera que robó mi bote y me dejó aquí encallado y mándala a retorcerse en el Tártaro por toda la eternidad.

 

Kallias

 

---   ---   ---      ---   ---   ---      ---   ---   ---

-"y mándala a retorcerse en el Tártaro por todo la eternidad" ¡Ja, ja, JAA! ¡Cómo eres Kallias!
-¡Cállate! ¡Pensé que no lo contaba, ¿vale?!
-De verdad, no entiendo qué es lo que esperabas que hiciera tu hermano. Nikias será leñador y estará todo lo fuerte que quieras, pero sabes bien que no es capaz de matar ni a una pobre mosca. Si le dan miedo hasta las arañas.
-Es... ps... eh... ¡Ya, Cállate! Malaka...
-¿Y ni unas palabritas para los colegas de la cantina? Me rompes el corazón...
-Néstor, de verdad, te agradezco mucho el haberme venido a buscar y todo eso. Pero como no te calles te vas a llevar un puñetazo... Que sí, que os aprecio mucho a ti, a Megas, a Iasios, ¡a todos! Pero cuando uno se muere, la familia es la familia.
-¿Y ni siquiera le ibas a dejar un mensaje a Delia? (guiño, guiño)
-¡Ya Cállate!
-¡Ja, ja, JAA! aaaay... Pues he de decirte que tu querida y temible "Quimera" parecía una chica muy amable. Me dijo que se pasó casi un día entero buscando a alguien que te conociera en el puerto, incluso me pagó para que te viniera a buscar.
-Esa arpía malcriada... Como le haya hecho un solo rasguño a mi barco...
-Tu barco está bien, está amarrado en Herakleion. No, pero en serio, ¿qué fue lo que pasó? La chica me dijo que te había pagado para que la llevaras y que ha mitad del viaje te volviste loco y tuvo que noquearte y dejarte en el islote.
-La reconocí en medio del viaje, mi hermano me ha hablado varias veces de ella. Es una de esas locas que siguen a Gea y atacan a los cazadores y leñadores. Sé que hay una recompensa por su cabeza, así que pensé...
-¡Que Poseidón nos trague! ¿Cómo puedes ser tan estúpido? ¿Pensaste qué, exactamente? Kallias, que ya tienes una edad y ni en la juventud se te dieron bien las peleas... No sé ni cómo sigues vivo…
-De verdad, Néstor, cállate ya.
-Bueno, ya te dejo, ya… ¡Hey!, oye, ¿Quieres tomarte una cuando lleguemos a puerto?
-No. Quiero coger mi barco y volver a casa.
-¿Seguro? He oído que Delia volvía está noche.
-Puede que una, entonces...
-je, je, je... "No hay día que no dé gracias a Anteros y Eros por habernos unid..." ¡¡Au!!
-¿Que me haría enseñarte esa maldita carta?


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Learntofly
(@learntofly)
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Queridos padres.

Eudocia y yo nos hemos separado. Hemos decidido tomar caminos diferentes para llegar al mismo destino. Ella irá hacia el oeste, desviándose hacia la gran llanura de Meteora, a esos riscos de piedras antiguas e imposibles de las que hablaban los buhoneros que nos vendían el queso tan apreciado de aquella zona. Algo en sus sueños la empuja hacia allí, según me ha dicho. Hemos repartido las hierbas y frascos que le robé a Alción, y tenemos el mundo de los sueños para comunicarnos, pues hemos aprendido a vernos allí, y ya somos capaces de distinguir lo real de lo irreal de ese otro mundo. Incluso sabemos manejar nuestras armas con soltura para que sean efectivas, de igual modo en que lo hizo nuestro compañero el chacal. Matamos la otra noche una serpiente gigantesca en nuestro sueño y por la mañana, en medio de nuestro camino, allí estaba su cadáver, mostrando los tajos que le propinó Eudocia y los golpes de mi martillo. Por mi parte he seguido hacia el este. He querido dejar atrás estas tierras volcánicas tan inhóspitas. El agua escasea, aunque haya fuentes volcánicas y chorros de agua sulfurosa. Permanecer aquí es un suicidio. Se oyen silbidos y ecos por entre los cañones que forman las cavidades volcánicas. Deben de ser esas serpientes, o leviatanes, que habitan en las grutas del Hades. Algo las ha despertado y están inquietas. No conozco la forma de la tierra, pero aquí, donde antes hubo una planicie fértil, todo se ha vuelto estéril y hasta los pueblos parecen haber sido absorbidos por la lava gris y fantasmal; es como si hubiéramos entrado en otro mundo a través de una puerta invisible. Aquí es posible todo y caben todas las bestias primitivas. Quizá hayamos cruzado el umbral del mundo del dragón y estemos viviendo en una de las capas de su sueño, compartiendo y entrecruzando los mundos. Los animales para la caza se han vuelto esquivos o demasiado violentos como para hacerles frente yo solo. Por suerte, conservamos la carne del jabalí, que era grande y lustroso, y espero que me dure hasta que llegue al mar. Sabéis que en esa frontera me muevo más fácilmente, y que la pesca en el Golfo de Malis no se me daba mal. Cuánto añoro mi casa y vuestra compañía.

Que Moira reparta a cada quien lo suyo.

Hylas, elegido por Ananké.

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shadow_rokhan
(@shadow_rokhan)
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DIARIO DE VIAJE DE ARCÉN DIA 6.

El resto de la tarde seguimos avanzando y pasamos de largo  el poblado de Arajova, porque nuestro destino estaba ya muy cerca, Delfos estaba a muy pocos kilómetros, después de una horas caminando, logramos llegar a Delfos, ya casi había caído por completo la tarde así que decidí, descansar en alguna posada de Delfos, le dije a Cyrill que iría a descansar de una vez porque deseaba consumir el Kykeon que me había regalado el arconte de Tebas para tener el sueño de nuevo y tener una visión diferente de lo que sucederá, pienso que el mundo onírico me podrá dar respuestas,  Cyrill solo me dijo que estaba bien, el me dijo que iría a investigar la ciudad y ver si podía conseguir algo de información de los mercenarios locales.

una vez en mi habitación bebí el kykeon, tenia un sabor dulce y  suave totalmente diferente al vino, después de beberlo me dispuse a dormir, con la esperanza de revivir mi sueño y obtener así una perspectiva diferente, después de  algunos minutos caí en un profundo sueño, cuando abrí nuevamente mis ojos me encontraba dentro del mundo onírico, esta vez  ya no fue el mismo sueño que usualmente tengo, en este ya no hay figuras animales corriendo en la oscuridad, todo cambio ahora tengo una sensación vibratoria que me atormenta, mientras veo como la muerte nos cubre con su manto. Esta presente el caos, la muerte, el dolor, la tragedia y sufrimiento, que asola a los hombres.

En mi sueño también veo de un modo diferente, observo a los animales luminosos que salían del mar y estos han tomado forma, se convirtieron en ejércitos de hombres y héroes que han de combatir por honor y gloria unos contra otros, también se batirán a duelo contra las bestias mitológicas y los mismos dioses, el rugido que se escuchaba a lo lejos de un dragón toma forma se convierte en decenas de bestias mitológicas, los violentos desastres naturales toman la forma de los dioses que se jactan de ser omnipotentes, ningún hombre cuerdo osaría desafiar a los dioses pero ejércitos enteros de hombres y héroes, tendrán el valor de enfrentarlos , el desarrollo de la guerra costara miles de vidas, del enfrentamiento de estas fuerzas, muy pocos podrán beneficiarse, pero sin duda alguna habrá beneficiados, de entre la marea de caras, puedo distinguir a 6 personas que combaten con fiereza, son hombres y mujeres que han de dirigir los ejércitos y abatirán a las bestias mitológicas con sus armas.

Mi ensoñación termina de manera abrupta, cuando abro los ojos nuevamente, estoy recostado en la cama, cubierto de sudor y temblando, recuerdo claramente mi sueño, me temo que lo que debemos afrontar será algo despiadado, pero si conseguimos vencer se cantaran epopeyas heroicas de nuestra gesta.

 

 


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Learntofly
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@shadow_rokhan Toma ya, ahora se va caldeando el ambiente (☉。☉)!


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Alegorn
(@alegorn)
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Alegorn
(@alegorn)
Acólito Eminente
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Un solitario búho ululando tras todo un reparador día de descanso, las ramas de los pinos mecidas por el suave viento que Céfiro traía desde el Oeste y el chispeante crepitar de las llamas de la improvisada hoguera eran todo cuanto se oía durante aquella despejada noche de primavera. Aunque pronto, poco a poco, se les fue uniendo el irregular crujidos de las hojas pisadas por un desorientado viajero cuya oscura silueta se ve acercando a la luz de la hoguera atraído por su brillo y calor.

Allí encontró a un anciano pastor quién, disfrutando de la tranquilidad de la noche, aprovechaba el calor de la hoguera para derretir cera con la que ensamblar una siringa.

 

-Extraño paraje para vagar perdido tan entrada la noche - saludó al recién llegado con su ajada pero melódica voz-ñ ¿Qué te trae por aquí, caminante?

 

El viajero se acercó aún más a la hoguera descubriendo así a un joven con ojeras, heridas en los codos y rodillas, ropa desarrapada, zapatos gastados y, en resumen, a quién el camino no había tratado bien.

 

-Lamento importunarle, amigo, ¿sería mucho pedir compartir su fuego está noche?- y con un exhausto suspiro, añadió- de verdad que necesito descansar.

-Se ve que los dioses no te han acompañado en tu camino.

-Más bien, no estoy preparado para que me acompañen tanto.

-Adelante, toma asiento. ¿Quieres un poco de leche?

-No, gracias...

-Te ofrecería vino, pero mi odre ha quedado vacío tras el mediodía. Solo me queda lo que he sacado hoy de las cabras.

-Se ve que compartimos oficio- respondió el viajero con una sonrisa- yo también era cabrero. Justamente rechazo su amable ofrecimiento porque lo que me queda de comida es algo de queso y planeaba invitaros a compartirlo como pago por la hospitalidad. No sabe cuánto agradezco el encontrar una cara amable. Pero... queso con leche, sería demasiado lácteo.

-Con mucho gusto compartiré vuestro queso, ¿señor...?

-Menandro, de Caristo.

-Encantado, Menandro, mi nombre es Nomios. Y no te preocupes, aquí puedes descansar tranquilo; esta ladera del Parnaso pertenece solo al gran dios Pan y a sus ninfas, nunca pastor ha de temer en sus dominios, siempre y cuando respete las siestas.

-¡Alabado sea el dios Pan por cuidar de nuestros rebaños!

El anciano respondió haciendo sonar la parte que llevaba ya armada de su flauta y ambos alzaron un trozo de queso, como si de vino se tratase.

-Y dime- prosiguió el anciano mientras comenzaban a comer-, si no es muy indiscreción, ¿qué te trae tan lejos de Eubea?

-Pff...-Menandro lanzó un suspiro tan pesado como las dos semanas que llevaba de viaje-Es una larga historia.

-La noche es clara, tengo buen queso y mi flauta aún está a medio arreglar. Tengo tiempo.

-Me dirigía a Delfos en busca de la guía de la pitonisa. Llevo tiempo teniendo sueños terribles y necesitaba respuestas. El viaje... ha tenido sus altibajos, pero está claro que los dioses me están pidiendo más de lo que puedo dar.
»Hace unos días, cuando pasaba por Lebadea una mercenaria trató de matarme. Hui hacia las montañas, me siguió dando caza y al final tuve que recurrir a la fuerza; le golpee con mi honda en la cabeza. Sobrevivió y... pensé en rematarla pero... Nunca he matado a nadie, no quise hacerlo y ahora empiezo a pensar que ni siquiera soy capaz.
»Ayer, por fin, llegué a Delfos. Es el lugar más suntuoso que haya visto.

-Lo conozco, cada vez que me asomo veo que tiene más estatuas.

-Sí...

-Personalmente prefiero los bosques, el verde es el color de la vida, ese blanco está muy muerto.

-La cosa es, cuando me acercaba a los mercaderes para comprar un sacrificio volví a encontrarla. Por suerte ella no me descubrió y pude esconderme a tiempo. La seguí. Escondido entre las estatuas, como bien dices. Se reunió a escondidas nada menos que con la propia sibila y... Digamos que por lo poco que capte de su conversación me quedo claro que por la boca de esa mujer jamás hablaría Apolo.
»No sé qué habrán hecho con la verdadera sibila, si es que alguna vez hubo una, pero sé que esto me queda demasiado grande. Estaban buscándome, a mí y a otros seis, para matarnos. Creo que van a mandar más mercenarios. Por lo pronto avisaron a los guardias y... vi como decapitaban a una viajera según llegaba.
»Huy de allí y así he acabado aquí, llego desde anoche alejándome sin parar hasta que he divisado tu hoguera en la oscuridad y... no sabes cuándo te agradezco tu bienvenida, de verdad necesitaba algo de bondad de nuevo para no volverme loco.

-E-es una situación realmente peliaguda. La verdad, no sé qué dec...

-¡Si realmente ahora me encuentro en territorio de Pan...! Si tengo algún dios de mi parte imagino que es él. He sido cabrero la mitad de mi vida, si me he ganado la simpatía de algún dios, tiene que ser él. ¡Necesito ayuda! Porque tengo miedo. Tengo miedo de morir, tengo miedo de hacer que maten a alguien, tengo miedo de tener que matar a alguien, tengo miedo de perderme a mí mismo.
»Y en las leyendas los dioses siempre ayudan a los héroes en su misión, no les ponen trabas a no ser que... bueno, a no ser que les hayan importunado como Odiseo a Poseidón o Heracles a Hera pero... maldita sea... ¡soy un buen hombre! Honro a los dioses y no he hecho daño nunca a nadie, ¿¡por qué...!?
» ¿Por qué parece que ante mí solo se haya un camino lleno de sangre? Lo peor es que cuando partí me creía capaz de matar dragones y ahora... solo quiero volver a casa, no quiero ser ningún elegido de los dioses.

-Deberías descansar, Menandro. Si no reposas la cabeza te explotará.

-Sí... sí, tienes razón. Estoy... estoy muy cansado. Probablemente tenga otro sueño atormentador, ni siquiera los sueños me sirven de refugio ya. Perdona por todo y gracias de nuevo, Nomios. Trataré de descansar.

-Gracias de nuevo por el queso.

 

El peregrino se recostó y la noche volvió a quedar en silencio. El anciano no tardó mucho en acabar de pegar los tubos de caña con la resina, ahora ya más que derretida. Y para cuando sopló para comprobar la calidad del instrumento, su acompañante de aquella noche ya estaba demasiado profundamente bajo el influjo de Morfeo para oírlo.

El cabrero se levantó, se crujió el cuello un par de veces, meneo su cola de cabra ahora que ya no necesitaba ocultarla y se dirigió despacio hacia el peñasco que tenía tras de sí.

-Dafnis, ayúdame.

-Tú padre se enfadará si le ayudas.- contestó la roca con una preciosa voz argéntea- Sus amigas le han rechazado ya varias veces.

-Si mi padre no es capaz de ayudar a sus mejores siervos, yo mismo lo haré por él.

-Hoy iba a ser nuestras noche, Nomios. Sin tus hermanos, sin mis hermanas, sin las cabras, solos tú, yo y tú nueva canción. ¿De verdad la vamos a cancelar porque ese tipo se comporta como un crío? 

-Precisamente, porque necesita ayuda para actuar como un hombre tenemos que hacerlo. Vamos, te prometo que la tocaré para ti otro día, compondré tres más para compensarte incluso. Y también puedo triplicar lo que viene después si me lo pides. 

-¿Qué quieres que haga?

-Haz que está noche no sueñe con nada, que descanse. Mañana le presentaré a la hija de Pitón.

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  • Es precioso, @Alegon6.

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Learntofly
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Cuantos más de ellos acumulas más de ellos dejas atrás.

Acertijo popular griego

 

Queridos padres.

¿Os acordáis de los acertijos que me proponíais cuando era un niño? Yo los recuerdo cada día con más fuerza, pues son esas cosas pueriles las que refrescan mi mente atormentada con su dulce sabor infantil. Muchos estadios llevo recorridos, un paso tras otro, hasta que he llegado al mar. Pocos pueblos he encontrado en el camino, y ninguno que conociera de antes, ni siquiera de oídas. Sus habitantes han sido cada vez más parcos, tenebrosos y hostiles y parecen atemorizados por los cambios en el clima y el comportamiento de los animales. Se han exacerbado los comportamientos: el que es mezquino, más mezquino se vuelve y el optimista ahora es temerario. Nadie se libra de las críticas feroces de sus vecinos; inmiscuirse en las vidas ajenas se ha convertido en un deporte olímpico. Yo mismo he cambiado, este largo camino me ha curtido. Las ampollas de mis manos y pies se han hinchado y reventado tantas veces que se han endurecido, al igual que mi espíritu. Si ahora entrase en vuestra casa no me reconoceríais, ya no queda nada del niño que fui un día.

Estoy en un lugar llamado Paralia, con el Monte Olimpo a la vista, y he ocupado una cabaña abandonada muy cerca del mar, cuyo tejado es una barca invertida que encontré a la deriva, y he armado una forja en ella. He perdido el ojo izquierdo, pero no debéis preocuparos; estoy bien. Con la pérdida de mi ojo he ganado otra cosa, una suerte de doble visión, pero, aunque ahora veo dos realidades, no significa que pueda fiarme de ninguna de ellas, pues me faltan el entrenamiento y la confianza en mi nueva forma de ver. También en los sueños se me revelan las cosas de dos formas diferentes y he visto a mis compañeros como humanos y como divinos al mismo tiempo.

Estos pueblos costeros están sufriendo el acoso de unas bestias marinas que la gente ha dado en llamar sirenas. Diríase que son nuestras queridas Nereidas, pero deformes y malignas. Son seres horribles con cuerpos verdosos, de ojos redondos y abultados, con crestas cartilaginosas que van desde la frente hasta la base de la columna. Tienen unos orificios por narices y oídos que pueden cerrar a voluntad para impedir que el agua les entre. Respiran como nosotros y como los peces, pues poseen unas aberturas en el cuello de forma horizontal que van desde la garganta hasta la base del cráneo, tres a cada lado, que se mueven ondulantes dentro del agua. Tienen unos brazos largos y musculosos, con manchas rosadas y pardas de formas irregulares en los hombros. Los cuatro dedos de sus manos están unidos por membranas y uno de ellos está en oposición a los otros, de forma que pueden usar utensilios y armas. Sus colas son de forma triangular y tienen un aguijón al final, con un saco de ponzoña conectado bajo la piel. Su torso está exento de grasa y es casi esquelético con cinturas extremadamente delgadas, pero esto es engañoso, porque son fuertes como bueyes y agresivas como el cailón. Nada anuncia su llegada, ni cantan hermosas melodías como las de Calypso.

Al poco de llegar a Paralia, salí a pescar con un lugareño ―pues ya nadie quiere realizar esta faena, de tan peligrosa que se ha vuelto―. Un día, al llegar al caladero de los atunes, aún cerca de la playa, donde la cumbre del Olimpo se acerca a la raya de la costa, el pescador y yo notamos que algo tironeaba de un lado de la barca. Nos asomamos por la borda y pudimos ver a estos seres: sombras pardas, ágiles y rápidas que nadaban en círculo a nuestro alrededor. Eran cinco, o eso me pareció. El pescador y yo nos miramos e hicimos cuanto pudimos por escapar, pues él ya sabía de estos seres y de que no tendríamos muchas oportunidades de volver sanos y salvos si los enfrentábamos. Viramos la vela y el timón hacia la costa y cogimos los remos para impulsarnos. Una de las sirenas se agarró a mi remo y las demás nos empujaban desde la otra borda tratando de volcar el barco. Ananké quiso que, mientras yo luchaba con una de ellas por la posesión del remo, las otras cuatro se unieran al otro lado y consiguieran echar al agua al pescador. Lo despedazaron en instantes. El agua se tiñó de rojo mientras ellas emitían, ahora sí, unos chillidos agudos de lo más perturbador. La sirena que estaba aferrada a mi remo, trepó por él alzándose por encima del agua y alcanzando mi cara de un zarpazo. Solté el remo y cogí mi martillo ―que ahora llevo siempre colgado del cinturón―, y le reventé la cabeza de un solo golpe. El bullicio detrás de mí me indicaba que sus amigas seguían entretenidas con el pescador y que, si me daba prisa, podría recoger el remo y subir al barco el cuerpo del ser que acababa de matar. Así lo hice. Remé y remé, y el viento me ayudó a llegar a la costa. La mujer del pescador me curó las heridas y me habló de quedarme con ella, pero no acepté su ofrecimiento. Prefiero seguir solo en la playa, pero salgo a pescar en su barco y le llevo pescado casi todos los días. He cambiado el nombre del barco por Ananké, y he puesto los huesos descarnados de la sirena como mascarón de proa. No me han molestado más.

Me quedaré un tiempo aquí.

Que Moira reparta a cada quién lo suyo.

Hylas

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cuervos
(@cuervos)
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Respondido por: @learntofly

Cuantos más de ellos acumulas más de ellos dejas atrás.

Acertijo popular griego

 

Queridos padres.

¿Os acordáis de los acertijos que me proponíais cuando era un niño? Yo los recuerdo cada día con más fuerza, pues son esas cosas pueriles las que refrescan mi mente atormentada con su dulce sabor infantil. Muchos estadios llevo recorridos, un paso tras otro, hasta que he llegado al mar. Pocos pueblos he encontrado en el camino, y ninguno que conociera de antes, ni siquiera de oídas. Sus habitantes han sido cada vez más parcos, tenebrosos y hostiles y parecen atemorizados por los cambios en el clima y el comportamiento de los animales. Se han exacerbado los comportamientos: el que es mezquino, más mezquino se vuelve y el optimista ahora es temerario. Nadie se libra de las críticas feroces de sus vecinos; inmiscuirse en las vidas ajenas se ha convertido en un deporte olímpico. Yo mismo he cambiado, este largo camino me ha curtido. Las ampollas de mis manos y pies se han hinchado y reventado tantas veces que se han endurecido, al igual que mi espíritu. Si ahora entrase en vuestra casa no me reconoceríais, ya no queda nada del niño que fui un día.

Estoy en un lugar llamado Paralia, con el Monte Olimpo a la vista, y he ocupado una cabaña abandonada muy cerca del mar, cuyo tejado es una barca invertida que encontré a la deriva, y he armado una forja en ella. He perdido el ojo izquierdo, pero no debéis preocuparos; estoy bien. Con la pérdida de mi ojo he ganado otra cosa, una suerte de doble visión, pero, aunque ahora veo dos realidades, no significa que pueda fiarme de ninguna de ellas, pues me faltan el entrenamiento y la confianza en mi nueva forma de ver. También en los sueños se me revelan las cosas de dos formas diferentes y he visto a mis compañeros como humanos y como divinos al mismo tiempo.

Estos pueblos costeros están sufriendo el acoso de unas bestias marinas que la gente ha dado en llamar sirenas. Diríase que son nuestras queridas Nereidas, pero deformes y malignas. Son seres horribles con cuerpos verdosos, de ojos redondos y abultados, con crestas cartilaginosas que van desde la frente hasta la base de la columna. Tienen unos orificios por narices y oídos que pueden cerrar a voluntad para impedir que el agua les entre. Respiran como nosotros y como los peces, pues poseen unas aberturas en el cuello de forma horizontal que van desde la garganta hasta la base del cráneo, tres a cada lado, que se mueven ondulantes dentro del agua. Tienen unos brazos largos y musculosos, con manchas rosadas y pardas de formas irregulares en los hombros. Los cuatro dedos de sus manos están unidos por membranas y uno de ellos está en oposición a los otros, de forma que pueden usar utensilios y armas. Sus colas son de forma triangular y tienen un aguijón al final, con un saco de ponzoña conectado bajo la piel. Su torso está exento de grasa y es casi esquelético con cinturas extremadamente delgadas, pero esto es engañoso, porque son fuertes como bueyes y agresivas como el cailón. Nada anuncia su llegada, ni cantan hermosas melodías como las de Calypso.

Al poco de llegar a Paralia, salí a pescar con un lugareño ―pues ya nadie quiere realizar esta faena, de tan peligrosa que se ha vuelto―. Un día, al llegar al caladero de los atunes, aún cerca de la playa, donde la cumbre del Olimpo se acerca a la raya de la costa, el pescador y yo notamos que algo tironeaba de un lado de la barca. Nos asomamos por la borda y pudimos ver a estos seres: sombras pardas, ágiles y rápidas que nadaban en círculo a nuestro alrededor. Eran cinco, o eso me pareció. El pescador y yo nos miramos e hicimos cuanto pudimos por escapar, pues él ya sabía de estos seres y de que no tendríamos muchas oportunidades de volver sanos y salvos si los enfrentábamos. Viramos la vela y el timón hacia la costa y cogimos los remos para impulsarnos. Una de las sirenas se agarró a mi remo y las demás nos empujaban desde la otra borda tratando de volcar el barco. Ananké quiso que, mientras yo luchaba con una de ellas por la posesión del remo, las otras cuatro se unieran al otro lado y consiguieran echar al agua al pescador. Lo despedazaron en instantes. El agua se tiñó de rojo mientras ellas emitían, ahora sí, unos chillidos agudos de lo más perturbador. La sirena que estaba aferrada a mi remo, trepó por él alzándose por encima del agua y alcanzando mi cara de un zarpazo. Solté el remo y cogí mi martillo ―que ahora llevo siempre colgado del cinturón―, y le reventé la cabeza de un solo golpe. El bullicio detrás de mí me indicaba que sus amigas seguían entretenidas con el pescador y que, si me daba prisa, podría recoger el remo y subir al barco el cuerpo del ser que acababa de matar. Así lo hice. Remé y remé, y el viento me ayudó a llegar a la costa. La mujer del pescador me curó las heridas y me habló de quedarme con ella, pero no acepté su ofrecimiento. Prefiero seguir solo en la playa, pero salgo a pescar en su barco y le llevo pescado casi todos los días. He cambiado el nombre del barco por Ananké, y he puesto los huesos descarnados de la sirena como mascarón de proa. No me han molestado más.

Me quedaré un tiempo aquí.

Que Moira reparta a cada quién lo suyo.

Hylas

Altableza...esto es increíble, me quito el cráneo como dice el maestro y la cabeza si lo requieres, que pasada.


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Alegorn
(@alegorn)
Acólito Eminente
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Con un asustado gemido impropio de ella, Alcmena se desveló en mitad de la noche empapada en sudor. Raudo como siempre, el hurón acudió en su ayuda, trepando por su pecho hasta alcanzarle el cuello, dónde ella lo atrapó acariciándolo, tratando de tranquilizarlo mientras él, preocupado, se dejaba hacer para tranquilizarla a ella.

Y es que a pesar de que el viento, que escalaba las montañas proveniente del mar, obligaría a abrigarse hasta a un ovino, la cazadora aun podía sentir el bochorno de aquella cueva que había presenciado en sueños. Aquel calor hirviente, agobiante y angustioso de aquella húmeda y tenebrosa cueva por la que había visto descender a su amigo de la infancia.

Hacía semanas que sufría de sueños inusuales. Visiones plagadas de dragones, catástrofes, animales anormalmente brillantes y conceptos en general bastante alejados de sus tranquilas y habituales ensoñaciones sobre... bueno, sus cosas. Había tratado de ignorarlos, de tratarlos simplemente como sueños sin importancia alguna. Y es que a pesar de que tan abrupto cambio en la temática, la reiteración de simbolismos en estos y, sobretodo, la sensación con la que se despertaba -mucho más vívida de lo habitual- parecieran indicar cierto origen divino; su vida en los últimos años le había hecho desencantarse con todo aquello que oliera a mandato de una deidad.

Sin embargo, del que acababa de despertar había sido aún más vívido que el resto y la temática había vuelto a cambiar, nada de animales brillantes ni terremotos o tempestades. Esta vez se trataba de Menandro avanzando entre la roca, el agua, el calor y la oscuridad en busca de un ser que siseaba monstruosamente desde lo profundo. Nunca había sentido una impresión tan angustiosa.
Pero lo que más le turbaba, lo que la obligaba a no poder desdeñar también esta visión como un simple sueño, era el propio Menandro. Ya que no era el joven niño rubio que tenía en su recuerdo, ni tampoco aquel chacal bicéfalo con el que, por algún motivo, solía asociarlo a menudo en sus sueños. Está vez era un joven alto, de cabello oscuro y rizado, con lo que se adivinaba el principio de una futura espesa barba cubriendo su rostro, con la constitución delgada pero atlética de quién ha seguido escalando montañas todos estos años, pero aun con el gesto y la mirada de su inocente y honrado compañero de aventuras.
Era él. Él, tal y como sería tras todos estos años separados. Era él sin duda alguna. Y aquella visión, más que un sueño, era un presagio, como si los dioses la hubieran dejado ver a través de los ojos de quién quiera que le esté acompañando. Estaba segura de que aquello estaba sucediendo en aquel preciso momento. Por una parte le tranquilizaba, significaba que Menandro seguía vivo. Pero sin embargo, también significaba que definitivamente precisaba de su ayuda. Ahora estaba segura de que había hecho bien en partir en su búsqueda.


cuervos y Learntofly les gustó
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Learntofly
(@learntofly)
Estimado Acólito
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@cuervos Gracias, Cuervos. Me gusta tanto esta historia que me esfuerzo a tope para que quede bien chula. ¿No te recuerda a un capítulo de CSI Hélade Hylas haciendo una autopsia a una sirena?, menos mal que aquí cabe de todo como en el Arca de Noé .@^_^@.


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cuervos
(@cuervos)
Acólito Eminente
Registrado: hace 6 meses
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Narrado en Cefalonia,

-Acérquense extraños, viajeros y propios, a escuchar la oscura y triste historia de la que fue elegida por los dioses, la que fue Bendecida y maldecida, destinada a la gloria a través del dolor...-

"Surcaba el cielo sobre el Peloponeso a lomos de la arpía la valerosa Eudocia. La criatura proporcionaba la velocidad necesaria para recorrer grandes distancias en cortos periodos. Mucho tiempo había pasado desde que dejó su tierra, su amor.

En dirección a Pilos viajaba, pues tras tantos esfuerzos y revelaciones, batallas, augurios y visiones, la guerrera sintió la imperiosa necesidad de recordar lo mas puro de su vida. En su hogar podría renovar fuerzas y organizar ideas para continuar aquello para lo que había sido requerida.

En lo profundo de la noche llego al destino. Recuerdos y alegrías despertaron al sentir el olor del viento y la tierra, sin duda había sido una buena decisión hacer un alto en el camino para regresar a su esencia. Mientras descendían, Eudocia evocaba el pasado  hablando con felicidad sobre anécdotas y vivencias que fluían por su mente llenando su espíritu y que parecían del agrado de arpía. 

Cuanto había recordado la arenosa y bella Pilos en la frías noches de incertidumbre y soledad. Las hermosas playas y acantilados, la brisa marina y la calma de sus santuarios...y su amado, que cerca estaba de sentir de nuevo su abrazo.

La oscuridad nocturna apenas dejaba discernir las formas del pequeño asentamiento, solo iluminado por la luna creciente que proyectaba una tenue luz bañando la tierra con su lúgubre manto.

Extraño le pareció a la guerrera no escuchar sonidos propios de las tinieblas. La corriente no traía el murmullo natural, ni un solo grillo cantaba.

Eudocia conocía el terreno como la palma de su mano y no le costó encontrar su humilde morada, la cual reposaba sobre uno de los múltiples acantilados de la zona, dándole la intimidad y la calma que tanto apreciaba. Sus ventanas apuntaban al basto mar, ofreciendo imponentes vistas a los dominios de Poseidon.

La pesada atmósfera perceptible cerca de la entrada no alentó los ánimos.

Eudocia desenvainó instintivamente. La bestia emplumada alzo el vuelo y se perdió en la noche.

La puerta rota y medio abierta encendió la mecha. Tumbando de una patada la puerta entró blandiendo la espada, lanzando estocadas furiosas que no encontraron victima. El pánico crecía junto a ritmo cardiaco. La estancia en profunda oscuridad no permitía ver y la guerrera grito desesperada esperando escuchar la voz de Zoticus, que nunca llegó. Recordó donde solían guardar la resina y a ciegas la halló. Fuera, se afanó por encender una improvisada antorcha a partir de pequeñas ramas de los arboles de los alrededores.

Entro de nuevo esta vez con mayor temor, no por el peligro sino por encontrar algo que había pasado por su cabeza, pero que se negaba siquiera a contemplar la posibilidad.

El escaso fuego apenas iluminaba, pero bastó para que Eudocia confirmara que definitivamente su hogar había sido profanado. La sangre pronto se reveló, repartida por todo lugar en el que fijara su vista. El horror en ascenso culmino cuando el limite de la luz proyectada alcanzó los pies del que allí yacía. Eudocia supo a quien pertenecían, y continuo desvelando la figura tumbada sin vida...

...Zoticus, su compañero, su amigo, su amor...

Laceraciones, cortes y heridas se contaban por decenas y la cabeza había sido separada del cuerpo sin rastro aparente de su paradero.

Y Grito la guerrera aferrándose con fuerza al cuerpo inerte y maldiciendo toda la existencia, pero no brotaron lagrimas de sus ojos. La arpía, posada en el tejado, las derramo por ella.

El alba asomaba ya por el este.

Eudocia arrastraba sus pies hacia ninguna parte caminando entre las casas de su tierra como un ánima perdida. Allí donde miraba solo encontraba soledad, las casas vacías, sin atisbo de lugareños o animales.

Llego dificultosa a la playa donde se desplomo, incapaz de asumir la realidad que abrasaba sus sentidos y su alma. Su vista se dirigió al templo de Atenea en lo alto de uno de los acantilados que rodeaban el paraje y que tanto había visitado tiempo atrás. Vio también al mochuelo, que observaba la escena.

La aflicción iracunda la poseyó. Maldijo entonces a la Diosa, culpándola y renegando de su protección y su poder. Le reprocho la injusticia cometida sobre la inocente Medusa que le fue revelada en el sueño, suceso sobre el cual aun guardaba ciertas dudas, pues le debía a la diosa respeto y comprensión... pero ya era tarde. Nunca mas se encomendaría a ella ...no después del dolor que atenea no había evitado tras tantos años de pleitesía y veneración a cambio de nada....

El mochuelo alzo el vuelo y pareció que la noche regresaba de nuevo. La gracia divina la abandonaba pero la ira le impedía sentir pena por ello.

Por el horizonte del amplio mar tres figuras aparecieron, flotando sobre las aguas. Con andar fantasmagórico se acercaban a la pobre guerrera, que de rodillas permanecía aletargada y sin esperanza.

Tres mujeres, portadoras de látigos y antorchas la rodearon. Su pelo cobijaba serpientes enroscadas que jugaban entre los cabellos y de sus ojos brotaba sangre con flujo constante. Una de ellas, de nombre Tisífone, habló:

-Pobre alma apenada, te han arrebatado tu mayor tesoro. Las que no rendimos cuentas con Zeus hemos sido llamadas por el crimen cometido, pues nuestro sino es la penitencia. El Érebo es nuestro hogar y la venganza nuestro designio.-

Eudocia contemplaba a la entidad desconcertada, cuya visión tambaleó su cordura. La misteriosa aparición continuo hablando:

-Sobre Ítaca debe caer el juicio y la sangre debe ser derramada. Cultos prohibidos se llevan a cabo en esa tierra, que amenazan con destruir el orden cósmico. Allí encontraras a los culpables....

...allí, serás nosotras y nosotras seremos tú.

Existíamos antes de la creación y existiremos tras el final y en estas horas aciagas tomaremos parte. Cuando la venganza se lleve a cabo, nos rendirás culto; derramarás sangre de la cabra negra y realizarás libaciones sobre la tierra manchada con los restos de los criminales”-

Eudocia se alzó y viendo partir a las entidades que volaron hasta desaparecer batiendo sus enormes alas de murciélago.

La luz nació de nuevo en la playa. Ya no había calma o esperanza...

...solo represalia, castigo...solo venganza."

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Learntofly
(@learntofly)
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La Matrix está en todos lados. A nuestro alrededor, aún aquí­, en este mismo cuarto. La ves cuando miras por la ventana, cuando enciendes el televisor, la sientes cuando vas a trabajar, cuando vas a la iglesia, cuando pagas tus impuestos. Es el mundo que te han puesto sobre los ojos para cegarte a la verdad.

Morfeo, “Matrix”, 1999.

 

Queridos padres.

Sigo haciendo mi vida en Paralia. Estoy cerca del Olimpo, pero me he vuelto perezoso, aun teniendo el objetivo a la vista mi empuje se diluye día a día. A diario pienso que debería olvidarme de los sueños, que tendría que cambiar el rumbo y la meta. Buscar una buena mujer y tener hijos. Daros nietos. Dedicarme a la forja y la pesca. Tal vez ir a la guerra y disfrutar de la vida. Pero estas cosas sencillas ni siquiera se intuyen en mi futuro.

Estoy teniendo contacto con los hijos de Hipnos.

Todas las noches, mientras forjo los arados y las herramientas que me piden mis vecinos, el fuego de la forja me hipnotiza. Mi vista, mis dos formas de ver, se quedan inmóviles observando el juego de la luz contra la pared. Y mientras estoy en ese estado, ni despierto ni dormido, percibo las formas de unos hombres. Unas figuras altas, rígidas, vestidas de negro y encapuchadas para ocultar sus rostros: los oniros. Se acercan a mí lentamente, ominosos, en silencio, formando un semicírculo, una especie de teatro. Y en el vacío que queda entre nosotros, comienzan a representarse las imágenes de las tragedias que nos ocurren a mí y a mis compañeros. Veo nuestras muertes a manos del dragón, nuestra aniquilación por los hijos de Equidna, nuestra destrucción por los monstruos que sirven a Tifón, nuestra infructuosa búsqueda, nuestra soledad y tristeza...

Pero anoche la revelación fue de diferente signo. La Esperanza me enseño su rostro, verde y brillante, como un brote atravesado por un rayo de luz del mediodía.

Los oniros formaban el arco del teatro como cada día. Pero una de la sombras, la que ocupaba el centro ―y a la que he nombrado Morfeo―, hizo un movimiento con su mano derecha. Un gesto de “observa aquí” supuse que decía. Y yo obedecí, agradeciendo la novedad. Las otras sombras parecían ajenas a nuestra silenciosa charla. Miré hacia el lugar indicado y vi una escena diferente a lo que esperaba. Discurría en un prado, con un lago cristalino en el centro, circundado por los riscos de la montaña. Un refugio parecía. Un valle de pasto verde, de flores multicolores y de pájaros e insectos conviviendo en armonía. Apareció un dragón en la escena, que llegó volando como si acudiera a una cita, y mis compañeros y yo le dimos muerte. Ninguno de nosotros recibió daño alguno de la bestia. Y entendí lo que el oniro quería decirme: que el resultado de nuestras acciones no está predestinado, que tenemos opciones, y que una de ellas es vencer a los dragones. Me inundaron la alegría, la fuerza, las ganas de combatir, de subir al Olimpo… Salí de la ensoñación y me embriagué con la cerveza. Recordé a Alción, y agradecí haberle conocido. Busqué a mis compañeros en el sueño ritual y les conté que teníamos un aliado en el mundo de los sueños.

Cuidaos, queridos padres, y que Moira reparta a cada quien lo suyo.

Hylas, elegido por Ananké.

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shadow_rokhan
(@shadow_rokhan)
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Diario de viaje de arcén día 7.

Después de haberme despertado sobresaltado por mi sueño, me di cuenta que este aun no terminaba, me encontraba totalmente paralizado sobre la cama a merced de cualquiera; mientras estaba recordando lo que había soñando,  pude percatarme de una presencia dentro de la habitación, que me hizo sentir indefenso, en ese momento aquella presencia tomo forma y  apareció una figura vistiendo una capucha, la cual me dijo que aun quedaban algunas revelaciones que debía conocer; aquella figura prosiguió diciéndome, arcén joven guerrero te hemos visto combatir y buscar tu destino con ahínco y fervor; por lo cual te he otorgado mi favor, no debes desaprovecharlo. En la guerra que se avecina cada dios, creatura y héroe tomara un bando, yo ya he elegido mi bando y mi campeón, lo que debes hacer es dirigirte hacia el monte olimpo tu travesía te acercara, hacia el reino de los dioses; pero antes deberás conocer a Quirón quien te entrenara como un héroe de leyenda.

Una vez que Quirón te enseñe el arte de la guerra; cacería y combate, podrás vencer a  cualquiera de las bestias mitológicas que se interpongan en tu camino; de esa manera cumplirás el destino que persigues, mas sin embargo deberás tener cuidado en tu camino, porque esta guerra tendrá muchos frentes y enemigos distintos; cada uno de ellos tendrá dioses bendiciéndoles y criaturas mitológicas poderosas e imponentes que se opondrán a ti; para tu viaje te dotare con armas y armaduras bendecidas con mi favor, pero tendrás que ganártelas,  no te angusties arcén , en tu camino también habrá gente y creaturas dispuestas a ayudarte, por ahora mi identidad deberá mantenerse oculta, pero llegado el momento la sabrás, aunque la pista mas significativa esta en tu sueño, mas concretamente en los animales que posaron su mirada sobre ti, por el momento es todo lo que debes saber.

Te daré un ultimo consejo antes de irme, visita al oráculo porque te insinuara una verdad importante, sobre el lugar  donde puedes dar el primer paso de tu viaje. Después de que aquel ser articulara su esas ultimas palabras, cruzo el umbral de la puerta de mi habitación y desapareció. Inmediatamente después de que se fue aquel ente por el umbral; recobre la movilidad, aun cubierto de sudor y temblando me incorpore en la cama y me senté para tratar de procesar todo lo que había acontecido en mi sueño, también trate de entender todo lo que me dijo aquel ser encapuchado, no pude encontrar ningún sentido en todo lo que había acontecido, entonces  algo me arrastro fuera de mi ensimismamiento por aquel umbral, entro Cyrill abriendo violentamente la puerta y me pregunto si me encontraba bien porque escucho una voz diferente a la mía, entonces el pensó que podía ser otro intento de asesinato, solamente le dije que no se preocupara que me pondría mi armadura para ir a ver al oráculo, en una hora estaría listo.

Esta publicación ha sido modificada el hace 4 semanas por shadow_rokhan

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Learntofly
(@learntofly)
Estimado Acólito
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@shadow_rokhan Escribe usted de maravilla, señor Sombra. (*´ω`*)


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