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El Augurio del Dragón

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Learntofly
(@learntofly)
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@donchaves Hola, Don Chaves, tienes cuenta en Discord? no te encontramos con este nick allí y queríamos preguntarte una cosa sobre esta historia. Dinos algo cuando puedas. Gracias 🙂


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Alegorn
(@alegorn)
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Querida hermana,

Espero que tu cacería vaya bien, la mía me llevado nada menos que a los salvajes montes macedonios, aún más allá de las minas del Pangeo. Nunca había estado tan al norte, tan lejos de casa y de la civilización. En cierto sentido resulta emocionante, casi me hace sentir como los antiguos héroes, pero la mayor parte del tiempo es más incómodo y desmoralizante que otra cosa. No te imaginas lo difícil que es moverse por aquí o siquiera hablar con la gente.

Creo que por fin he encontrado a mi objetivo, esa tal Alcmena. Unos leñadores han reconocido la descripción que les he dado como la de una mujer que patrulla los bosques de la zona, "la Quimera" la llaman, parece ser que viaja junto a un montón de animales amaestrados. Ella y su compañera, una tal "Iolanta, la Mantícora", pertenecen a algún extraño culto a Gea y Artemisa que hostiga a macedonios.

Te mando está carta porque, dada la dificultad añadida que ha resultado tener la misión y lo lejos que me está llevando, quiero que hagas de intermediaría con nuestro patrón, el general de Ítaca ese, para que aumente la paga en al menos diez dracmas o no actuaré ni le revelaré la información que he reunido.

Imagino que con lo diestra que eres, ya habrás acabado con ese tal Menandro hace días y estarás ya celebrando la paga con un festín en Lebadea. Siempre has sido la más eficaz de los dos. Cuídate mucho, hermanita. 

Te quiere,

Cantor

 

---   ---   ---      ---   ---   ---      ---   ---   ---

Iolanta terminó de leer la ensangrentada carta y se giró hacia su compañera con preocupación, ella se encontraba recompensando a su pequeña serpiente mascota, la cual había sido quién había encontrado el pergamino en el cadáver de aquél hombre. Alcmena también parecía preocupada, no asustada, preocupada, y eso no era normal.

-Entonces, ¿dices que conoces a ese tal Menandro?

-No creo que sea él, no tiene sentido. Pero, tampoco lo tiene que alguien de Ítaca mande asesinos tras de mí y...-la voz le tembló un momento, Iolanta fue a ponerle la mano en el hombro para tranquilizarla, pero el hurón de Alcmena fue más rápido, trepó a su espalda y se le enroscó sobre los brazos, la chica sonrió.- He de ir, Ioly, tengo que asegurarme de qué está bien.

-Eso ya lo veo. Ve. Tranquila, Arko y yo podemos arreglárnoslas solas para defender la frontera un par de meses sin ti- el lince ronroneó apoyando a su compañera- Se lo explicaremos a las ninfas. No tienes que preocuparte de nada, todo seguirá igual a tu regreso, te lo prometo.

-Gracias, Ioly, eres la mejor.

Esta publicación ha sido modificada el hace 3 meses por Alegorn

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cuervos
(@cuervos)
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"El oráculo no oculta ni revela la verdad, solo la insinúa" -Heráclito-

Narración a la luz de la hoguera.

...La valerosa Eudocia caminó durante horas siguiendo el rio dejando atrás Cirra.
Ante ella el parnaso se erigía imponente, albergando en su falda el anhelado templo de Apolo.

Lo había logrado, no sin pesar.

El Ombligo del mundo se decía. EL Ónfalos reposaba en la profundidad del templo, aquello que el terrible cronos tragó engañado permitiendo con ello la vida del poderoso Zeus. El Dios del trueno coloco la piedra en aquel lugar tras el cruce de dos águilas sobre el punto exacto, enviadas desde extremos opuestos de la tierra.

Se consagró así el centro del mundo.

Las leyendas cuentan que Apolo dio muerte allí a una serpiente gigante, una suerte de dragón que custodiaba el antiguo Oráculo en honor a Gea. Arrojando el cadaver de "Pitón" a una grieta, Apolo reclamo el lugar y sobre aquella hendidura nacería el nuevo Oráculo.

Para Eudocia Delfos se presentaba menos concurrida de lo esperado, tal vez los ecos de una guerra inminente frenaba a los viajeros que otrora atestaban el lugar.
Una fila de peregrinos de variopintas procedencias avanzaba lenta hacia el templo de Apolo. Sin perder un segundo se unió a la marcha.

Cada paso la acercaba a su destino, cada paso desataba una emoción intensa. La serena guerrera luchaba por mantener la calma.

El camino estaba delimitado en ambos lados por estatuas conmemorativas y diversas construcciones de mármol. Una de ellas sin duda llamo su atención por encima del resto; El templo de Atenea de estructura circular, jamás había visto uno de esas características.

En lo alto, el mochuelo reposaba observándola.

En la mitad del camino entre el santuario de Atenea y el de Apolo, aún en el exterior del recinto sagrado principal, encontró una hermosa fuente entre dos brillantes piedras arropada por un pequeño bosque de laureles. Castalia nombraba el lugar  en honor a la náyade. El agua brotaba de grifos de bronce con formas de diversos animales.
Eudocia bebió y lavó su rostro con aquel agua pura. Tal vez embelesada por el lugar, sintió un intenso sentimiento sagrado.

Continuó el lento avance por la pronunciada calzada dentro ya del recinto principal, aquel era un camino sacro. En los flancos, pequeñas criptas en representación de las diferentes polis alojaban adornos, tesoros y ofrendas.

Al fin, el imponente templo de Apolo. Frente a el, un pequeño altar recibía los pagos de las consultas en forma de sacrifico animal. Era el turno de Eudocia , que no esperaba el contratiempo de la ofrenda requerida. Mercaderes vendían allí diferentes animales para el ritual, pero ella no contaba con posibles para pagarlos.
Allí plantada frente al altar sintió la desesperanza, unos pasos la separaban del objetivo y todo indicaba que a las puertas acabaría su viaje. En aquel momento de pesar, salió de entre su frondoso y rizado pelo una serpiente. Con un rápido balanceo la sierpe se arrojo al altar y tras un profundo quejido, murió ante la atónita mirada de peregrinos y sacerdotes. El corazón de Eudocia jamás había latido con tanta intensidad.

Tras segundos de incertidumbre, el sacrificio fue aceptado.

Aún desconcertada ,Eudocia atravesó el pronaos hacia el interior.
En el templo, el espacio era tan amplio que aun parecía estar en el exterior. Se encontraba en el chresmographeion, el lugar en el que las consultas y augurios eran exhibidas y archivadas.

Un sacerdote se acerco. Había llegado el momento, Eudocia hizo su consulta...

Mientras veía alejarse al hombre, lamentaba no poder ser testigo de los misterios de aquel lugar. Salió de allí rumbo al templo de Atenea que había dejado atrás, allí esperaría la respuesta ante la atenta mirada del mochuelo.

La noche era cerrada en Delfos. Eudocia perdió allí la noción del tiempo imaginando el recuentro con su amado, su querida tierra...

Al alba del día siguiente un sacerdote entro en el templo de Atenea , se podía apreciar terror en su mirada. Sin mediar palabra entrego el papiro enrollado y salió ligero de allí.

Eudocia respiro profundamente y lo desplegó:

 

     "Lo que atrás dejaste jamás volverá. El pneuma exige sacrificio.

      El encuentro con la maldición, las serpientes y la piedra.

      El kykeon dará virtud en Eleusis.

      Sombras de traición. La conspiración, el engaño, el metal y la sangre.

      Teme a la muerte que camina sobre la tierra.

      En lo profundo del sueño, el titan despierta."

 

 

Esta publicación ha sido modificada el hace 3 meses por cuervos

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Learntofly
(@learntofly)
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Queridos padres.

Cómo me alegro de que no podáis verme en estos momentos. Son muchos los días que he pasado sin apenas asearme y mi aspecto os desagradaría. He alquilado un cuartucho detrás de las cuadras de un pastor, aquí, en Cirra y trabajo ayudando con los animales a cambio de mi estancia y un poco de leche y pan. Los sueños se han vuelto pesadillas, y lo que creía claro como el sol de la mañana no hace tanto, se ha vuelto contra mí, ¡ah, la venganza de Apolo! El Dios no perdona mi traición. Pero no hay marcha atrás y dudo que nadie pueda convencerme de que nada de lo que sucede en mis desasosegantes sueños sea bueno para nadie, para ninguno de mis desconocidos compañeros, y mucho menos para mí. ¿Por qué he de perder la vida cada noche en sueños? ¿Por qué esas absurdas batallas? ¿Dónde están mis compañeros? Desconozco todas las respuestas. Y sé que la sibila, más aún después de mi traición, pueda, sepa o quiera desvelarme estas incógnitas. Aún conservo el dinero que gané con mis manos y he de emplearlo sabiamente, me enseñasteis bien. Os confesaré que estoy tratando de perturbar mi mente para eludir los sueños, las pesadillas y el recuerdo que tengo de ambos durante la vigilia, pues me atormentan. Y escapo de esos Daimones a duras penas tomando brebajes alcohólicos. El pastor al que ayudo hace una cerveza aderezada con hierbas a la que me estoy empezando a aficionar, y él mismo, cuando termina la tarea diaria y atiende a sus hijos y esposa, viene a mi cuarto a compartir más de una historia que me hace dudar de su cordura y de la propia. Algo extraño se está gestando en mi mente y lo mejor es que no tengo miedo. Quizá vaya a Eleusis, al sur y al este, tantas son las cosas que quiero saber de sus ritos secretos.

Cuidaos, amados padres, los dioses poco o nada harán por vosotros, estas son las cosas que estoy aprendiendo.

Hylas


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Learntofly
(@learntofly)
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Queridos padres,

Os estaréis preguntando qué es de mi vida, y creedme que yo también lo hago. Lucho por no ser consumido por la melancolía, no del hogar, o la de familia, ni si siquiera la del pasado, pues nada extraordinario ha sucedido en mi vida, salvo, quizás, esta loca aventura a la que me he visto arrastrado. Ya no siento necesidad de ir Eleusis. Mi anfitrión, de nombre Alción, me ha desvelado todos los secretos de las ocultas ceremonias, pues él es uno de los Sumos Sacerdotes, y ha visto algo en mí que le ha impelido a adoptarme como pupilo. Ahora sé cómo preparar la cerveza. Por primera vez en mucho tiempo no tengo miedo a soñar, a dormir, para ser más preciso. He aprendido que este mundo donde actuamos no es más que uno de tantos, y que en el mundo de los sueños también se puede vivir. He visto cómo hacían la guerra los dioses. Cómo Cronos era en tiempos remotísimos un Helios, un sol, y Helios era su dios compañero. He contemplado cómo se movían en órbitas equidistantes el uno del otro y cómo Cronos implosionó, devorando a su paso los planetas cercanos: pues muchos eran sus hijos al principio de los Tiempos. He visto también a la hermana de Selene, cuando todavía giraba entorno a nosotros y que ambas eran luceros lejanos. He visto el triunfo de Helios y el orgullo de Zeus por la caída de Cronos..., Me creeréis o no, pero he participado del principio de los Tiempos y he visto al Dragón entrando por Thubán. Todo lo he visto y quiero hacer algo con esta información. Pero Alción me advierte de que los hombres no somos más que hojas al viento, y que nada puede nuestra pequeña voluntad para conmover la enormidad de los astros y la de los invasores. No estoy de acuerdo. Pues aunque sé que en la vigilia no nos conoceremos todos, mis compañeros de sueños y yo hemos sido elegidos por Ananké.

Esto es todo por ahora. Cuidaos y que Moira conceda a cada quien lo suyo.

Hylas

 


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Alegorn
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Diario de Viaje de Menandro, Día 9:

Han pasado ya dos días desde la última vez que escribí por falta de instrumental, pero hoy he recuperado mis pertenencias.

He estado vagando por estos montes durante casi un día entero antes de divisar el mar, y a partir de ahí tarde lo mismo que el sol en ponerse antes de encontrar un camino. Aun con miedo a detenerme, decidí seguirlo y no tardé en encontrarme con dos amables viajeros, Cyrill y Arcén, quieren debieron de encontrarme en un estado lamentable, ya que se vieron muy preocupados por mi situación y me ofrecieron agua y comida, gesto que agradecí en sobremanera. Habían oído sobre mi altercado con Ágave a su pasó por Lebadea y me invitaron a acompañarles en su camino hacia el santuario, pero rechace su ofrecimiento, aquel descanso me había hecho darme cuenta del cansancio que llevaba encima y no quería pagar su amabilidad retrasándolos aún más en, lo que parecía, había sido un largo viaje. Me despedí de ellos y, tras comer, me eché a dormir oculto en los pinares que rodeaban al camino.

Esa noche tuve un sueño muy vívido. Comenzó como siempre: un tormentoso y agitado mar del que surgían varios animales brillantes que se dirigían hacia una intimidante montaña desde la que provenían los terribles rugidos de un ser que no podría ser menos que de la estirpe de Equidna. Ésta vez, yo era uno de esos animales, no estoy seguro de si un carnero o un chacal, pero cuando mis compañeros y yo avanzamos hacia la montaña, y los bramidos del drakon provocaron que las rocas nos cayeran encima, una loba gris, con la fiera y cristalina mirada de los ojos de Ágave, apareció entre las rocas y comenzó a perseguirme. De pronto estaba reviviendo mi huida entre los montes de Lebadea y cuando llegó el momento de usar mi honda, ella acabó muerta y pude ver como las keres acudían a llevarse su alma al hades mientras me miraban con reproche. En sus ojos puede sentir como me abandonaban los dioses, y mientras me lamentaba arrepentido en el suelo, una mano fría pero suave como ninguna otra me acarició la mejilla; ante mí apareció la ninfa Dorothea y con su cautivadora voz me dijo: "Fuiste tocado por los dioses por algo. Recuerda, no te demores, pero tampoco te pierdas por el camino. Ahora ve, te están esperando". Uno de los animales brillantes, un hurón, vino en mi búsqueda y Dorothea me hizo un gesto para que lo siguiera. Ahí se acabó el sueño está vez.

Desperté dolorido y turbado, pero más descansado. Y mientras terminaba los pocos víveres que me quedaban de lo que me dieron el día anterior, decidí que tenía que volver a Lebadea y recuperar mis pertenencias. No serviría de nada llegar a Delfos si luego no podía pagar a la sibila.
Y así hice. Hoy desande el camino con miedo a encontrarme a la mercenaria a cada paso, llegué a Lebadea sobre el mediodía y antes de entrar en la ciudad me lavé en el lago mientras el sol aún estaba alto para secarme. De no haberlo hecho, seguro que hubiera llamado demasiado la atención.
Más tarde me dirigí hacía la posada pero, no tuve el valor de entrar. Estoy seguro que de haberlo hecho el mesero me hubiera hecho pagar por la pelea aun habiendo sido la víctima y no me puedo permitir tal desembolso. Así que por deshonroso que sea, he tenido que colarme y robar mi propio macuto. Bastante suerte he tenido de que no me pillarán ni me hubieran quitado todavía nada.
Ahora escribo tras los montes de la ciudad, dispuesto a seguir el camino está vez sin más demora. La próxima vez, estaré en Delfos.


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cuervos
(@cuervos)
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Querido Zoticus.

Estoy hoy más perdida que el día que comenzamos esta aventura.

El oráculo del que tanto esperaba no ha despejado secreto alguno. Ha añadido si cabe mas duda y temores de los que traía. Delfos más me ha parecido un lucrativo negocio que un lugar sagrado.

No diré que algunas de sus vagas predicciones han hecho mella en mi. Guardo aún cierto temor al designio divino...

...se que “Ella” aun vela por mi.

Estoy de vuelta en Cirra. Escribo con gran pesar que el viejo pescador que me salvó y cuidó de mi tras la trifulca en el mar, estaba muerto cuando llegué. Su humilde morada mostraba signos de pelea y a juzgar por las múltiples heridas de su cuerpo, es posible que fuesen varios los atacantes.

No puedo evitar pensar que su muerte pueda tener relación con la ayuda que me prestó. Cabe la posibilidad de que mas hombres de Ítaca siguieran mi rastro hasta el viejo Timesio, hallando la muerte por mi culpa.

Temo por mi vida y lo que es peor, temo por tuya.

Estoy tentada por la posibilidad de volver a ti y dejar toda esta locura atrás...

Los sueños por otra parte, son ahora mas confusos que nunca, plagados de muerte y desolación. Veo la misma playa. Las majestuosas criaturas brillantes que emergían del mar han perdido todo su fulgor y yacen sin vida en la orilla, devoradas por los gusanos. No se escucha el rugido ni se percibe presencia divina. La noche es eterna y el cielo carece de luces. Un páramo infinito se extiende hasta donde alcanza la vista...Los campos están marchitos y las aguas rojas como la sangre.

El suelo se parte en dos y de la grieta emerge una gigantesca figura que no alcanzo a comprender. Ante aquello, permanezco inmóvil convertida en piedra pero aún consciente. Aterrada, veo como Pan danza alegremente soplando su flauta mientras ese incomprensible caos barre el polvo de la tierra.

Despierto entonces bañada en sudor, una palabra pasa por mi mente y me veo obligada a pronunciarla en voz alta: “Ananké”.

 

Tengo pensado permanecer unos días en la casa del pobre pescador. Entre sus posesiones he encontrado algo que me a sorprendido. En un baúl que debió pasar desapercibido para los asaltantes, he descubierto entre otros objetos llamativos una espada y un escudo. Reconozco en ellos la marca de Esparta. me pregunto quien fue en realidad este pobre hombre y cuantos secretos se habrá llevado a la muerte.

Le daré una digna sepultura y pagaré gustosa su travesía por el Estigia.

Sin duda una cosa que no puedo eludir es lo que ayer sucedió.

Entrada ya la noche, mientras hacia la guardia luchando por no caer en el sueño , sentí una presencia en los aledaños de la casa de Timesio. Me asome por una pequeña ventana, temerosa por la amenaza de un posible atacante decidido a terminar el trabajo. Me equivocaba. Vi entonces, posada como un pájaro aletargado, A la Harpía que escapo de la contienda que me obligo a dejarte atrás, cuyas hermanas pase por mi filo.

No percibí violencia en su intención, pero me mantuve alerta a pesar de ello. Lanzó entonces un graznido lastimoso, despejando en gran medida mi temor. Salí y me acerque despacio.

Era mas grande de lo que recordaba y mas bella debo añadir. A pocos pasos pude ver en una de sus enormes alas algo clavado, parecía una especie de flecha. La pobre bestia no alcanzaba la zona con su cabeza para poder extraerlo y continuaba graznado de dolor.

No había reparado hasta ese momento que su rostro estaba mas cerca de lo humano que de las aves. Su mirada era profunda y penosa. Decidida, me acerque hasta ella, al fin y al cabo soy la responsable de su actual soledad, arrebatándole a sus hermanas. Con cuidado extraje la flecha. La criatura soltó un grito seco y salió volando.

La segunda sorpresa llego esta mañana.

Temprano, salí a pescar como lo hacia el viejo. Aprendí mucho el tiempo que pase a su lado y era una forma de honrar su memoria, además, el estomago me rugía de hambre.

Allí estaba de nuevo a cierta distancia, la harpía. Note calidez en su mirada y en ningún momento temí por mi vida.

Fue una buena mañana, tanto en cantidad como en calidad.

De vuelta, con aquella criatura sobrevolando la zona, me puse a preparar el pescado en una pequeña hoguera en la entrada de la casa. La criatura descendió y se poso a pocos metros.

Mientras comía, la harpía observaba torciendo su cabeza a cada trozo que me llevaba a la boca. Me inundo la ternura y compartí el pescado con ella. Devoró cada pedazo que le tiraba con cierta ansia y me lanzo un graznido que interprete y recibí como agradecimiento.

Creo que estas criaturas deben funcionar bien en grupos o bandadas, pero  solas deben tener problemas para sobrevivir. 

Ahora está fuera, durmiendo en el tejado. Es posible que haya ganado una valiosa aliada para mi empresa, sea donde sea que esta me lleve.

 

Me despido por ahora, con cierto temor por la amenaza y con la duda sobre el destino que me aguarda, pero con el amor por ti intacto.

Tu Gorgona.

 

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Learntofly
(@learntofly)
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Queridos padres,

Deseo que no os escandalicéis por lo que voy a contaros. Pues me han traído mis sueños hasta estos suburbios. He yacido con Alción, ¡que delicioso dolor he padecido! Anoche, tras nuestros quehaceres diarios y cumplir él con sus deberes con su esposa e hijos, vino hacia mi cuarto, como siempre, a compartir el líquido divino y sus amplios saberes. Y yo lo esperaba ansioso; lo esperaba desde el principio. He deseado la intimidad con él desde que me vio en la plaza de Cilla, perdido, como un niño y me ofreció este cuarto y que lo ayudase con las cabras. Obsesionado con mis sueños y perdidos ya mi hogar y mi norte, no recuerdo si deseaba tan solo su compañía en un principio. Pero enseguida me envolvió con su magia, y me contaba cómo lo hacían los iniciados en los rituales de Eleusis. Supo ver en mis ojos el deseo de experimentar aquellos rituales, ya que no le ofrecí más que una pobre resistencia. Tal era y sigue siendo mi deseo de aprender y experimentar. Hubiera hecho cualquier cosa para que me enseñase —lo que me pidiese—. Hubiera llegado a la constelación más lejana y le hubiera traído una estrella. Cuidar las cabras ha sido un preludio. Me gusta que tenga experiencia y que me haya dominado, pues cuando uno no se conoce ni tiene poder sobre sí mismo, necesita de un Alción, de un guía, en cualquier asunto que quiera emprender. Espero que sea un buen maestro, que me enseñe a valerme por mí mismo, en la vida y en los sueños, pues estos progresan al ritmo de un torbellino y apenas tengo control. Entiendo ahora mi indiferencia con la mujer que conocí en el camino, de la que ni siquiera recuerdo el nombre y de mi aplicación en la forja cuando estaba con vosotros en casa. Soy uno de esos que luchan con su pareja en las guerras, y tienen en sus mentes al otro en cada momento y desean morir ante sus ojos ardorosos realizando alguna gesta. Quiero matar dragones ahora mismo. Me ha enseñado a dominar las luces que se ven tras los párpados. Todo el mundo las ve según me ha explicado. Por lo visto son entes burlones que nos roban nuestra energía vital, y empiezo a notar un verdadero progreso en este sentido. Estoy más centrado, los sueños ya no dominan mi vida. Alción sabe que iba a ir a la Sibila del Templo de Delfos, no le he confiado el detalle de mis sueños. Aún tengo mucho que aprender y, de las cosas que me habéis enseñado y que sigo aplicando con devoción, padres queridos, es ser reservado. Le he pedido que me enseñe a matar un dragón.

Hasta pronto, os saluda vuestro hijo,

Hylas


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Learntofly
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Queridos padres,

Voy camino del norte, hacia la cumbre del Monte Olimpo, allí es donde mora el dragón y me espera mi destino. No sé nada del amor. Ni sé nada de la vida. La juventud es una época azarosa donde todo se desconoce y el mundo parece una jaula llena de fieras. Anoche tuve el sueño más vívido de cuantos me han acosado desde que empezó esta peripecia. En él vi a un hondero, vi que llevaba su arma en la mano. Tenía el aspecto de uno de los animales que caminan desde el mar hacia la playa, parecía el dios egipcio de la muerte, Anubis, el que tiene aspecto de chacal. Y vi a una mujer, una hermosa guerrera de aspecto feroz. Y sobrevolando por encima de sus cabezas, vi a su aliada, un ave aterradora con rostro de mujer. Me miraron fijamente un momento interminable, y el ave graznó finalmente, un aullido horrísono en el que pude descifrar una frase muy simple: «¡SAL DE AHÍ!». Chilló varias veces, con una insistencia que oprimía mis sienes. Me desperté empapado en sudor. Una opresión en la vejiga me obligó a ir a orinar. En cuanto me alivié, fui a tratar de despejarme dando un paseo detrás del corral, a la dehesa donde pastan las cabras, y me he detenido al escuchar la voz susurrante de Alción. Tras el acebuche centenario que da sombra al pozo, estaban Alción, el hombre al que amo, y Calixto, el hombre que me acusó de robo y que me persigue desde Delfos. No ha sido necesario que escuchase su conversación, he sabido lo que traman: pretenden entregarme en sacrificio en los ritos de Eleusis; me ha salvado que Alción haya querido divertirse antes conmigo. Un océano de emociones me ha golpeado. Me siento desgarrado, enloquecido, y el mundo se ha vuelto ominoso, opaco, gris… No sé cómo defenderme, pero la harpía ha gritado desde el recuerdo de mi pesadilla: «¡SAL DE AHÍ!». Con todo el sigilo posible he vuelto a mi catre, he metido en el morral cuanto poseo, además de las plantas y brebajes para hacer la cerveza que tanto embriaga. Gracias por este conocimiento, Alción, ahora sé cómo podremos matar al dragón: con la cerveza sagrada haremos que nos adore y después le hundiremos nuestras armas en el centro de su corazón enternecido.

Hylas, elegido de Ananké.

Esta publicación ha sido modificada el hace 1 mes por Learntofly

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cuervos
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Narración de un Aedo en un banquete.

 

“...La valerosa Eudocia cabalgaba a lomos de un bello corcel que astutamente había conseguido. Su nueva amiga emplumada surcaba el cielo siguiendo el ritmo.

Pocos días de pescado y cariño habían bastado para ganarse el respeto y la lealtad de la Arpía. Juntas, perpetraban elaborados engaños en pequeñas poblaciones. La criatura aterrorizaba a los campesinos y Eudocia oportunamente, aparecía y ofrecía sus habilidades para librarles del terror alado, en un teatro perfectamente ensayado e interpretado.

El caballo fue uno de los pagos que recibió, al igual que alimentos y pequeñas cantidades de moneda.

Decidida, viajaba dirección sur camino del monte Olimpo. Había llegado a la conclusión que únicamente los dioses podrían al fin despejar el misterio del sueño. Tras oráculos fallidos y pesadillas recurrentes, solo la palabra divina le valdría como respuesta.

Días de galope y embustes pasaron. A través del paso de las Termopilas cabalgó Eudocia y fue testigo de los ecos de la gran batalla que allí tuvo lugar.

En aquel estrecho pasaje aun pervivía el sacrifico y la heroicidad ...las vidas perdidas y la muerte...

Llegó tras el largo surco en la montaña, hasta la gran región de Tesalia.

Desde un risco a gran altura, vio la gran extensión montañosa y las llanuras más grandes que jamás había visto...pero algo extraño salpicaba el paisaje.

Cierto es que no conocía la tierra, pero también lo es que había conversado en muchas ocasiones con su amado Zoticus sobre ella y sobre las importantes ciudades que albergaban sus planicies. La región se encontraba ahora repleta de volcanes con gigantescos cráteres hasta donde alcanzaba la vista. Estos inesperados fenómenos naturales, habían cambiado por completo la geografía de la territorio, abriéndose camino a través de las ciudades.

Desde el saliente de la montaña, pudo ver en las faldas a un hombre que con cierta agilidad, esquivaba las acometidas de un desmesurado Jabalí. Con el atrevimiento que la caracterizaba , Eudocia miro al cielo, silbó con fuerza y sin dudarlo salto al vacío.

Era un largo descenso hasta la base de la montaña.

A gran velocidad una masa negra y plumosa paso por el lado de Eudocia aún en caída y colocándose bajo ella, desplegó sus alas frenando en seco y recogiendo en su espalda a la guerrera para remontar el vuelo.

Al contrario que los engaños, a esa parte le faltaba ensayo, que se hizo evidente en el aterrizaje. Ambas cayeron aparatosamente entre el jabalí y el hombre. La arpía salió disparada a varios metros... Eudocia al menos estaba viva.

En los segundos siguientes de desconcierto del gigantesco animal, la guerrera recupero la compostura tras el golpe y cruzo miradas con el hombre.

El tiempo se detuvo.

No era la primera vez que veía aquel rostro. Ese hombre era sin duda uno de los otros que eran atraídos por las criaturas en la playa soñada, también al que vio fugazmente en Cirra...

Para Hylas, así se llamaba, aquella mujer era la feroz guerrera que días atrás apareció en sus pesadillas, acompañada por la aterradora ave que advirtió la traición...

Aquel no era un encuentro fortuito.

La Arpía se sacudió aún algo afectada por el fallido aterrizaje. Eudocia desenvaino y cerro filas junto a Hylas, que portaba un martillo de herrero de buen tamaño que su amplia espalda y músculos le permitían manejar con destreza.

El inmenso jabalí, al cual le faltaba uno de sus colmillos inicio la embestida en su dirección.

Eudocia, que no conocía la prudencia, salió corriendo a su encuentro.

Justo antes del impacto, la guerrera rodó lateralmente y clavo la espada en el costado y arrastrándola, abrió paso por la carne del animal. Aquello no detuvo el avance del monstruo que continuaba hacia Hylas con la espada aún hundida. La Arpía apareció de imprevisto y clavó sus enormes garras en el trasero del Jabalí frenando en parte la velocidad. Fue suficiente para que el herrero, que esperaba preparado con el martillo alzado, golpeara en la cabeza con la fuerza para moldear diez espadas, hundiendo el cráneo del animal matándolo en el acto...victoria.

---

 

La noche se cernía sobre ellos, decidieron pasar la noche en aquel lugar.

Alrededor de la hoguera, comieron toda la carne que quisieron de la presa que habían logrado. Bajo las estrellas, hablaron de sueños y augurios, sobre dioses y destinos. De lo que habían dejado atrás, lo que habían perdido...sobre amor ,traición y muerte...

Hylas resultaba fascinante para Eudocia. La claridad con la que exponía sus ideas y el profundo conocimiento que parecía poseer sobre la naturaleza de la realidad. Los saberes ocultos sobre los dioses y la estrecha relación que parecía poseer con ciertas entidades.

Sin duda el Ananké fue parte importante de las disertaciones, pero en el momento en el que el místico-herrero hablo sobre el culto a Eleusis, fue cuando Eudocia quedo más sorprendía. Ella desconocía por completo esos misterios pero era lo único que coincidía con la predicción que había recibido en Delfos. Rápida saco el papiro del Oráculo y se lo mostró.

Hylas sonrió, estaba familiarizado con el asunto. Extrajo entonces de su zurrón unos pequeños frascos que contenían un extraño brebaje y le ofreció uno a la guerrera. El herrero bebió de un solo trago el contenido y animo a Eudocia a hacer lo mismo, a lo cual accedió.

Ambos, tumbados bajo el manto de estrellas, emprendieron el viaje...”

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Learntofly
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@cuervos ¡Hopla! Qué maravilla, no puedo esperar para inventar el viaje onírico de Eudocia y Hylas. Gracias Cuervos ♥


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cuervos
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Respondido por: @learntofly

@cuervos ¡Hopla! Qué maravilla, no puedo esperar para inventar el viaje onírico de Eudocia y Hylas. Gracias Cuervos ♥

@learntofly me alegro de que te guste , deseando ver  hacia que profundidades los llevas ^^ 🙂 


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Learntofly
(@learntofly)
Estimado Acólito
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Queridos padres.

Os contaré cuanto me ha acaecido últimamente, aunque es improbable que estas cartas lleguen a ser leídas por vosotros. Si puedo conservar mi vida, quizás os la entregue personalmente cuando nos volvamos a ver.

Eudocia y yo hemos tomado el brebaje sagrado y nos recostamos contra la pared áspera de una pequeña elevación. Uno junto al otro, con la Harpía a nuestros pies, a la que, debiéndole mi vida, le ofrecí un trago de otro de los frascos en gratitud por su valentía. No lo desdeñó, y creí vislumbrar una mirada de agradecimiento en sus ojos redondos de ave de presa. Puede que tan solo fueran los efectos que el brebaje hacía en mí, pues jamás lo había tomado en otra compañía diferente a la de Alción. Apoyé mi hombro en el de Eudocia y fijé la mirada en la hoguera. Me apercibí de que el fuego no aclara, aunque dé luz, porque en realidad es negro, es una fuerza impenetrable de la que nunca llegaremos a conocer todos los secretos.

El mundo se me presentaba distorsionado, ondulante, como tras el vapor de agua de las termas, y el perímetro de mi visión se iba acortando, o mi visión se alejaba dentro de mí, y veía el fuego y el paisaje a través de un túnel. Instantes después el mundo volvía a su tamaño original y volvía a ver con claridad, pero ahora la noche era diferente, luminosa, como de luna. Eudocia y yo estábamos en este mismo paraje, de pie, con el fuego y los restos del jabalí a un lado y la Harpía sobrevolando nuestras cabezas. Miré a Eudocia, que me interrogaba con la mirada: «¿Quiénes son ellos?». Volví la cabeza al frente y allí estaban: dos espantos que nos miraban como se mira una buena comida cuando se tiene hambre. Dionisios y Pan, lado a lado. Me fue imposible retirar la mirada, temía que si desviaba mis ojos un solo segundo, nos atacarían despiadadamente, nos fulminarían con sus ojos, negros, como espejos inescrutables los de Alción ¡Sí, era Alción, Pan era Alción! y grises, malignos y plutónicos los de Dionisos, en extremo contrastantes con el resto de su figura, sumamente agradable; como una trampa de miel. Me hubiera derrumbado allí mismo. Estaba mirando a mi terror más profundo: haber salido de Cirra pero haber dejado el alma abandonada allí. Eudocia me dio la mano y recuperé al instante el valor, otra lección aprendida; juntos somos más fuertes. La harpía se lanzó en picado contra Dionisos —Calixto para mí—, y lo convirtió en humo. Lo mismo pasó con Pan. Una piedra lo atravesó como si estuviese hecho de aire. Anubis, el hondero de nuestro sueño estaba allí y sonreía, como solo lo pueden hacer los perros, con todos los dientes. Mi corazón se llenó de alegría, mis amigos me habían salvado nuevamente, esta vez de mí mismo. El paisaje agreste se suavizó un poco con la luz del día. Estaba amaneciendo, aunque no supe si seguía en el sueño o en la realidad hasta que vimos cuatro sombras detrás de Anubis. Eran nuestros compañeros de la playa. Ahí estaban, insinuándose contra la luz del sol naciente. Un empellón de esperanza llenó nuestros pechos.

Abrí los ojos. Amanecía en aquel lugar volcánico de la realidad. Eudocia y yo seguíamos agarrados de la mano y la harpía nos miraba con cariño, aunque eso fue muy difícil de distinguir dadas las facciones crípticas de su rostro. Pero sí, se podría decir que sonreía también. Parecía querer decir que había tomado venganza de Dionisos. Seguramente en otro tiempo, en otro sueño, en otro mundo fue una mujer...

Hasta pronto, queridos padres, que Moira reparta a cada quien lo suyo.

Hylas, elegido por Ananké.

 


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cuervos
(@cuervos)
Acólito Eminente
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Diario de sueños y vivencias. -Eudocia-

 

Aún estoy alterada por lo vivido. Hylas me ha mostrado los secretos del Eleusis. La experiencia ha partido en dos mi mente. Las visiones, aun trayendo buenos presagios, llegaron mas lejos de lo que jamás pude imaginar. Es por ello que he decidido registrar mis vivencias, ya sea dormida o despierta, frontera que cada vez cuesta mas discernir:

“No podría decir con certeza cuanto tiempo pase esperando desde que bebí el extraño brebaje. Recuerdo la escéptica expectación, la búsqueda ansiosa de una señal, un cambio, algo significativo que revelara que el viaje había comenzado.

Me embargó la duda sobre la sustancia, al igual que sobre su benefactor. Me sentía frustrada dado que las sensaciones y revelaciones prometidas no parecían llegar.

Perdida en la incertidumbre comenzó el malestar, el hormiguero en el estomago, incluso la nausea...reconozco que me asuste. Observe a mi alrededor y todo parecía en su lugar. Hylas aparentaba estar profundamente dormido, al igual que la Arpía, que tumbada sobre su espalda, parecía un gigantesco pollo antes de ser asado...

Al fin llego una sensación. El cosquilleo del estomago se extendió por todo el cuerpo generando en mi un placer inesperado. El fuego adquirió un fulgor extraño e intenso y las llamas parecieron detenerse en el tiempo...

Bajo las estrellas, a la luz de la hoguera, me sumí lentamente en el sueño.

Respiré y el universo lo hizo conmigo.

A mi alrededor todo palpitaba siguiendo el ritmo de mis latidos. No existía ya quietud o punto de anclaje. Allá donde miraba podía ver el movimiento de la vida, la esencia cambiante de la materia.

En ese punto creo que hablé , tal vez fue solo una reflexión interna, soy incapaz recordar... definitivamente algo había cambiando...y esas palabras ,ya fueran pronunciadas o pensadas, retumbaron en cada rincón de mi cuerpo.

Cada nuevo pensamiento me transportaba a un inagotable mar de posibilidades derivadas de el; Una absoluta confusión acelerada de sensaciones y conceptos que crecían en intensidad, la singular amalgama de visiones era inabarcable y operaban a tal velocidad que las ideas en creciente hibridación eran cada vez mas confusas e indescifrables.

La situación parecía trascender lo visual, sentía que me encontraba a merced del delirio, incapaz de ejercer control sobre lo que estaba ocurriendo. El pánico crecía por igual, regresaba el horror que sentí en aquel perdido bosque donde me encontré de bruces con la pesadilla y la cabra...

Llegué entonces a cierto equilibro mental, capaz de discernir donde me encontraba.

Seguía en aquel claro, pero ni rastro de fuego, herrero o Arpía.

Los árboles ,montañas y hasta al ultima hoja que el viento movía, producían un sonido ensordecedor que retumbaba en mi cabeza. El manto de estrellas parecía derretirse sobre el terreno, haciendo que arriba y abajo perdieran sentido.

De súbito, una vorágine de tonos indescriptibles llenó mi campo de visión, deformando y modificando por competo el entorno.

Me encontré entonces avanzando por un bosque de cosmos infinito lleno de vida y colores imposibles, cuyas maravillas llegaban a ser abrumadoras. Fui forzada a caminar con la cabeza gacha y a paso lento, pues resultaba imposible soportar lo inaudito que se extendía ante mi.

Percibí un cambio de luz drástico y alcé la vista. El deslumbrante bosque era ahora un páramo seco cuya luz rojiza apenas revelaba nada más allá de algunos pasos de distancia. Una sombra frente a mi transmutaba en formas irreconocibles.

Una flauta sonó y aquella figura se reveló.

De la oscura masa nació el Dios Pan, que bailaba mientras soplaba el instrumento y cuyas ondas afectaban a la sustancia deformando el paraje. Cada nota del infernal instrumento apagaba la escasa luz que quedaba, tornando todo en rojo profundo.

El sonido era insoportable, la presión aplacaba todos mis sentidos, sentía que la muerte me alcanzaba...tenia que detenerlo.

Desenvaine y rauda atravesé a aquella cabra maligna logrando con ello el anhelado silencio.

Fui testigo entonces de los terribles alaridos que salieron de aquello, que cambiaron hasta hacerse reconocibles....

...Mi amado Zoticus me miraba con pavor con la espada atravesando su estomago mientras escupía injurias y lamentos, culpándome por todo su sufrimiento y desdicha....

Creí morir de pena...”Diosa ayúdame, sácame de esta locura...”, recuerdo que pensé...

Vi entonces la injusticia cometida por Atenea, dejando caer la condena sobre la inocente Medusa y en la pobre sombra proyectada por mi pelo, vi las sierpes...

Una mano se posó sobre mi hombro, sacándome del trance. Allí estaba Hylas, que ante mi se transformaba en un ser fulgurante con cabeza de toro.

Con solemne voz dijo: “mira otra vez”.

Con terrible pesar miré y aquel que parecía Zoticus desapareció quedando solo espada y humo. Sentí un alivio como nunca había experimentado y comprendí en aquel momento que ya no estaría sola ante aquello que compartíamos, y aunque más que un augurio parecía una maldición, logre librarme de penas y miedos que arrastraba desde el comienzo del periplo.

Se me había revelado el mayor miedo, el cual había estado lastrando la determinación con la que comencé la andadura.

Sentí a mi amado, note su cálido abrazo y escuche su voz reconfortándome y  alentándome a seguir. Supe en aquel momento que siempre estaríamos por encima de la vida y la muerte...      

El terreno pareció recuperar cierto sentido. La naturaleza se ordenaba y recobraba la vida respirando con nosotros. La Arpía volaba de nuevo sobre nuestras cabezas graznado con osadía.

Hylas señalo un risco en lo alto y allí vi una criatura de aspecto cánido, que giraba su onda con destreza apuntando al horizonte.

También acudieron sombras aun no definidas, no pude reconocerlas pero vi que desprendían fulgor divino, sin duda mas aliados del destino compartido.

Algo se fraguó aquella noche; una alianza, una reunión anunciada, una nueva esperanza.

 

A lo lejos, un rugido que salió de un gigantesco monte sacudió la tierra...”

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Learntofly
(@learntofly)
Estimado Acólito
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@cuervos Menudo viaje! (☉。☉)!→Me encanta.


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