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El Augurio del Dragón

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cuervos
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Diario de sueños y vivencias. -Eudocia-

 

Aún estoy alterada por lo vivido. Hylas me ha mostrado los secretos del Eleusis. La experiencia ha partido en dos mi mente. Las visiones, aun trayendo buenos presagios, llegaron mas lejos de lo que jamás pude imaginar. Es por ello que he decidido registrar mis vivencias, ya sea dormida o despierta, frontera que cada vez cuesta mas discernir:

“No podría decir con certeza cuanto tiempo pase esperando desde que bebí el extraño brebaje. Recuerdo la escéptica expectación, la búsqueda ansiosa de una señal, un cambio, algo significativo que revelara que el viaje había comenzado.

Me embargó la duda sobre la sustancia, al igual que sobre su benefactor. Me sentía frustrada dado que las sensaciones y revelaciones prometidas no parecían llegar.

Perdida en la incertidumbre comenzó el malestar, el hormiguero en el estomago, incluso la nausea...reconozco que me asuste. Observe a mi alrededor y todo parecía en su lugar. Hylas aparentaba estar profundamente dormido, al igual que la Arpía, que tumbada sobre su espalda, parecía un gigantesco pollo antes de ser asado...

Al fin llego una sensación. El cosquilleo del estomago se extendió por todo el cuerpo generando en mi un placer inesperado. El fuego adquirió un fulgor extraño e intenso y las llamas parecieron detenerse en el tiempo...

Bajo las estrellas, a la luz de la hoguera, me sumí lentamente en el sueño.

Respiré y el universo lo hizo conmigo.

A mi alrededor todo palpitaba siguiendo el ritmo de mis latidos. No existía ya quietud o punto de anclaje. Allá donde miraba podía ver el movimiento de la vida, la esencia cambiante de la materia.

En ese punto creo que hablé , tal vez fue solo una reflexión interna, soy incapaz recordar... definitivamente algo había cambiando...y esas palabras ,ya fueran pronunciadas o pensadas, retumbaron en cada rincón de mi cuerpo.

Cada nuevo pensamiento me transportaba a un inagotable mar de posibilidades derivadas de el; Una absoluta confusión acelerada de sensaciones y conceptos que crecían en intensidad, la singular amalgama de visiones era inabarcable y operaban a tal velocidad que las ideas en creciente hibridación eran cada vez mas confusas e indescifrables.

La situación parecía trascender lo visual, sentía que me encontraba a merced del delirio, incapaz de ejercer control sobre lo que estaba ocurriendo. El pánico crecía por igual, regresaba el horror que sentí en aquel perdido bosque donde me encontré de bruces con la pesadilla y la cabra...

Llegué entonces a cierto equilibro mental, capaz de discernir donde me encontraba.

Seguía en aquel claro, pero ni rastro de fuego, herrero o Arpía.

Los árboles ,montañas y hasta al ultima hoja que el viento movía, producían un sonido ensordecedor que retumbaba en mi cabeza. El manto de estrellas parecía derretirse sobre el terreno, haciendo que arriba y abajo perdieran sentido.

De súbito, una vorágine de tonos indescriptibles llenó mi campo de visión, deformando y modificando por competo el entorno.

Me encontré entonces avanzando por un bosque de cosmos infinito lleno de vida y colores imposibles, cuyas maravillas llegaban a ser abrumadoras. Fui forzada a caminar con la cabeza gacha y a paso lento, pues resultaba imposible soportar lo inaudito que se extendía ante mi.

Percibí un cambio de luz drástico y alcé la vista. El deslumbrante bosque era ahora un páramo seco cuya luz rojiza apenas revelaba nada más allá de algunos pasos de distancia. Una sombra frente a mi transmutaba en formas irreconocibles.

Una flauta sonó y aquella figura se reveló.

De la oscura masa nació el Dios Pan, que bailaba mientras soplaba el instrumento y cuyas ondas afectaban a la sustancia deformando el paraje. Cada nota del infernal instrumento apagaba la escasa luz que quedaba, tornando todo en rojo profundo.

El sonido era insoportable, la presión aplacaba todos mis sentidos, sentía que la muerte me alcanzaba...tenia que detenerlo.

Desenvaine y rauda atravesé a aquella cabra maligna logrando con ello el anhelado silencio.

Fui testigo entonces de los terribles alaridos que salieron de aquello, que cambiaron hasta hacerse reconocibles....

...Mi amado Zoticus me miraba con pavor con la espada atravesando su estomago mientras escupía injurias y lamentos, culpándome por todo su sufrimiento y desdicha....

Creí morir de pena...”Diosa ayúdame, sácame de esta locura...”, recuerdo que pensé...

Vi entonces la injusticia cometida por Atenea, dejando caer la condena sobre la inocente Medusa y en la pobre sombra proyectada por mi pelo, vi las sierpes...

Una mano se posó sobre mi hombro, sacándome del trance. Allí estaba Hylas, que ante mi se transformaba en un ser fulgurante con cabeza de toro.

Con solemne voz dijo: “mira otra vez”.

Con terrible pesar miré y aquel que parecía Zoticus desapareció quedando solo espada y humo. Sentí un alivio como nunca había experimentado y comprendí en aquel momento que ya no estaría sola ante aquello que compartíamos, y aunque más que un augurio parecía una maldición, logre librarme de penas y miedos que arrastraba desde el comienzo del periplo.

Se me había revelado el mayor miedo, el cual había estado lastrando la determinación con la que comencé la andadura.

Sentí a mi amado, note su cálido abrazo y escuche su voz reconfortándome y  alentándome a seguir. Supe en aquel momento que siempre estaríamos por encima de la vida y la muerte...      

El terreno pareció recuperar cierto sentido. La naturaleza se ordenaba y recobraba la vida respirando con nosotros. La Arpía volaba de nuevo sobre nuestras cabezas graznado con osadía.

Hylas señalo un risco en lo alto y allí vi una criatura de aspecto cánido, que giraba su onda con destreza apuntando al horizonte.

También acudieron sombras aun no definidas, no pude reconocerlas pero vi que desprendían fulgor divino, sin duda mas aliados del destino compartido.

Algo se fraguó aquella noche; una alianza, una reunión anunciada, una nueva esperanza.

 

A lo lejos, un rugido que salió de un gigantesco monte sacudió la tierra...”

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Alegorn
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Escribo estás palabras en caso de que este sea mi final:

Mi querida Hedea, te amo. Sé que ya lo sabes, pero si he de darte unas últimas palabras, esas serán para volver a declararte mi amor. No hay día que no dé gracias a Anteros y Eros por habernos unido y no hay nada que me entristezca más que el dejarte sola en este mundo. Cuida bien de Nikias, mis últimos pensamientos serán hacia ti. Te estaré esperando en el Eliseo.

Nikias, hijo mío, a partir de ahora tendrás que ser el hombre de la casa. No permitas que la tristeza se apodere de tu corazón, pues ahora tu madre queda a tu cuidado y tendrás que ser fuerte por los dos. No sabes cuánto me gustaría haberte enseñado a navegar, haberte visto pescar tu primer pez, o haber cumplido la promesa de surcar los mares junto a los delfines. Siento no poder estar ahí, pero sé qué harás todo esto y más. No olvides nunca honrar a Poseidón antes de un viaje, aunque haya sido cruel contigo en el anterior, ya que él es la fuente de toda esta belleza. Te quiero, hijo mío.

Nikias, hermano mío, solo te pido una cosa: venga mi muerte. Si alguna vez me tuviste aprecio, encuentra a esa tal Quimera que robó mi bote y me dejó aquí encallado y mándala a retorcerse en el Tártaro por toda la eternidad.

 

Kallias

 

---   ---   ---      ---   ---   ---      ---   ---   ---

-"y mándala a retorcerse en el Tártaro por todo la eternidad" ¡Ja, ja, JAA! ¡Cómo eres Kallias!
-¡Cállate! ¡Pensé que no lo contaba, ¿vale?!
-De verdad, no entiendo qué es lo que esperabas que hiciera tu hermano. Nikias será leñador y estará todo lo fuerte que quieras, pero sabes bien que no es capaz de matar ni a una pobre mosca. Si le dan miedo hasta las arañas.
-Es... ps... eh... ¡Ya, Cállate! Malaka...
-¿Y ni unas palabritas para los colegas de la cantina? Me rompes el corazón...
-Néstor, de verdad, te agradezco mucho el haberme venido a buscar y todo eso. Pero como no te calles te vas a llevar un puñetazo... Que sí, que os aprecio mucho a ti, a Megas, a Iasios, ¡a todos! Pero cuando uno se muere, la familia es la familia.
-¿Y ni siquiera le ibas a dejar un mensaje a Delia? (guiño, guiño)
-¡Ya Cállate!
-¡Ja, ja, JAA! aaaay... Pues he de decirte que tu querida y temible "Quimera" parecía una chica muy amable. Me dijo que se pasó casi un día entero buscando a alguien que te conociera en el puerto, incluso me pagó para que te viniera a buscar.
-Esa arpía malcriada... Como le haya hecho un solo rasguño a mi barco...
-Tu barco está bien, está amarrado en Herakleion. No, pero en serio, ¿qué fue lo que pasó? La chica me dijo que te había pagado para que la llevaras y que ha mitad del viaje te volviste loco y tuvo que noquearte y dejarte en el islote.
-La reconocí en medio del viaje, mi hermano me ha hablado varias veces de ella. Es una de esas locas que siguen a Gea y atacan a los cazadores y leñadores. Sé que hay una recompensa por su cabeza, así que pensé...
-¡Que Poseidón nos trague! ¿Cómo puedes ser tan estúpido? ¿Pensaste qué, exactamente? Kallias, que ya tienes una edad y ni en la juventud se te dieron bien las peleas... No sé ni cómo sigues vivo…
-De verdad, Néstor, cállate ya.
-Bueno, ya te dejo, ya… ¡Hey!, oye, ¿Quieres tomarte una cuando lleguemos a puerto?
-No. Quiero coger mi barco y volver a casa.
-¿Seguro? He oído que Delia volvía está noche.
-Puede que una, entonces...
-je, je, je... "No hay día que no dé gracias a Anteros y Eros por habernos unid..." ¡¡Au!!
-¿Que me haría enseñarte esa maldita carta?


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shadow_rokhan
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DIARIO DE VIAJE DE ARCÉN DIA 6.

El resto de la tarde seguimos avanzando y pasamos de largo  el poblado de Arajova, porque nuestro destino estaba ya muy cerca, Delfos estaba a muy pocos kilómetros, después de una horas caminando, logramos llegar a Delfos, ya casi había caído por completo la tarde así que decidí, descansar en alguna posada de Delfos, le dije a Cyrill que iría a descansar de una vez porque deseaba consumir el Kykeon que me había regalado el arconte de Tebas para tener el sueño de nuevo y tener una visión diferente de lo que sucederá, pienso que el mundo onírico me podrá dar respuestas,  Cyrill solo me dijo que estaba bien, el me dijo que iría a investigar la ciudad y ver si podía conseguir algo de información de los mercenarios locales.

una vez en mi habitación bebí el kykeon, tenia un sabor dulce y  suave totalmente diferente al vino, después de beberlo me dispuse a dormir, con la esperanza de revivir mi sueño y obtener así una perspectiva diferente, después de  algunos minutos caí en un profundo sueño, cuando abrí nuevamente mis ojos me encontraba dentro del mundo onírico, esta vez  ya no fue el mismo sueño que usualmente tengo, en este ya no hay figuras animales corriendo en la oscuridad, todo cambio ahora tengo una sensación vibratoria que me atormenta, mientras veo como la muerte nos cubre con su manto. Esta presente el caos, la muerte, el dolor, la tragedia y sufrimiento, que asola a los hombres.

En mi sueño también veo de un modo diferente, observo a los animales luminosos que salían del mar y estos han tomado forma, se convirtieron en ejércitos de hombres y héroes que han de combatir por honor y gloria unos contra otros, también se batirán a duelo contra las bestias mitológicas y los mismos dioses, el rugido que se escuchaba a lo lejos de un dragón toma forma se convierte en decenas de bestias mitológicas, los violentos desastres naturales toman la forma de los dioses que se jactan de ser omnipotentes, ningún hombre cuerdo osaría desafiar a los dioses pero ejércitos enteros de hombres y héroes, tendrán el valor de enfrentarlos , el desarrollo de la guerra costara miles de vidas, del enfrentamiento de estas fuerzas, muy pocos podrán beneficiarse, pero sin duda alguna habrá beneficiados, de entre la marea de caras, puedo distinguir a 6 personas que combaten con fiereza, son hombres y mujeres que han de dirigir los ejércitos y abatirán a las bestias mitológicas con sus armas.

Mi ensoñación termina de manera abrupta, cuando abro los ojos nuevamente, estoy recostado en la cama, cubierto de sudor y temblando, recuerdo claramente mi sueño, me temo que lo que debemos afrontar será algo despiadado, pero si conseguimos vencer se cantaran epopeyas heroicas de nuestra gesta.

 

 


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Alegorn
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Alegorn
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Un solitario búho ululando tras todo un reparador día de descanso, las ramas de los pinos mecidas por el suave viento que Céfiro traía desde el Oeste y el chispeante crepitar de las llamas de la improvisada hoguera eran todo cuanto se oía durante aquella despejada noche de primavera. Aunque pronto, poco a poco, se les fue uniendo el irregular crujidos de las hojas pisadas por un desorientado viajero cuya oscura silueta se ve acercando a la luz de la hoguera atraído por su brillo y calor.

Allí encontró a un anciano pastor quién, disfrutando de la tranquilidad de la noche, aprovechaba el calor de la hoguera para derretir cera con la que ensamblar una siringa.

 

-Extraño paraje para vagar perdido tan entrada la noche - saludó al recién llegado con su ajada pero melódica voz-ñ ¿Qué te trae por aquí, caminante?

 

El viajero se acercó aún más a la hoguera descubriendo así a un joven con ojeras, heridas en los codos y rodillas, ropa desarrapada, zapatos gastados y, en resumen, a quién el camino no había tratado bien.

 

-Lamento importunarle, amigo, ¿sería mucho pedir compartir su fuego está noche?- y con un exhausto suspiro, añadió- de verdad que necesito descansar.

-Se ve que los dioses no te han acompañado en tu camino.

-Más bien, no estoy preparado para que me acompañen tanto.

-Adelante, toma asiento. ¿Quieres un poco de leche?

-No, gracias...

-Te ofrecería vino, pero mi odre ha quedado vacío tras el mediodía. Solo me queda lo que he sacado hoy de las cabras.

-Se ve que compartimos oficio- respondió el viajero con una sonrisa- yo también era cabrero. Justamente rechazo su amable ofrecimiento porque lo que me queda de comida es algo de queso y planeaba invitaros a compartirlo como pago por la hospitalidad. No sabe cuánto agradezco el encontrar una cara amable. Pero... queso con leche, sería demasiado lácteo.

-Con mucho gusto compartiré vuestro queso, ¿señor...?

-Menandro, de Caristo.

-Encantado, Menandro, mi nombre es Nomios. Y no te preocupes, aquí puedes descansar tranquilo; esta ladera del Parnaso pertenece solo al gran dios Pan y a sus ninfas, nunca pastor ha de temer en sus dominios, siempre y cuando respete las siestas.

-¡Alabado sea el dios Pan por cuidar de nuestros rebaños!

El anciano respondió haciendo sonar la parte que llevaba ya armada de su flauta y ambos alzaron un trozo de queso, como si de vino se tratase.

-Y dime- prosiguió el anciano mientras comenzaban a comer-, si no es muy indiscreción, ¿qué te trae tan lejos de Eubea?

-Pff...-Menandro lanzó un suspiro tan pesado como las dos semanas que llevaba de viaje-Es una larga historia.

-La noche es clara, tengo buen queso y mi flauta aún está a medio arreglar. Tengo tiempo.

-Me dirigía a Delfos en busca de la guía de la pitonisa. Llevo tiempo teniendo sueños terribles y necesitaba respuestas. El viaje... ha tenido sus altibajos, pero está claro que los dioses me están pidiendo más de lo que puedo dar.
»Hace unos días, cuando pasaba por Lebadea una mercenaria trató de matarme. Hui hacia las montañas, me siguió dando caza y al final tuve que recurrir a la fuerza; le golpee con mi honda en la cabeza. Sobrevivió y... pensé en rematarla pero... Nunca he matado a nadie, no quise hacerlo y ahora empiezo a pensar que ni siquiera soy capaz.
»Ayer, por fin, llegué a Delfos. Es el lugar más suntuoso que haya visto.

-Lo conozco, cada vez que me asomo veo que tiene más estatuas.

-Sí...

-Personalmente prefiero los bosques, el verde es el color de la vida, ese blanco está muy muerto.

-La cosa es, cuando me acercaba a los mercaderes para comprar un sacrificio volví a encontrarla. Por suerte ella no me descubrió y pude esconderme a tiempo. La seguí. Escondido entre las estatuas, como bien dices. Se reunió a escondidas nada menos que con la propia sibila y... Digamos que por lo poco que capte de su conversación me quedo claro que por la boca de esa mujer jamás hablaría Apolo.
»No sé qué habrán hecho con la verdadera sibila, si es que alguna vez hubo una, pero sé que esto me queda demasiado grande. Estaban buscándome, a mí y a otros seis, para matarnos. Creo que van a mandar más mercenarios. Por lo pronto avisaron a los guardias y... vi como decapitaban a una viajera según llegaba.
»Huy de allí y así he acabado aquí, llego desde anoche alejándome sin parar hasta que he divisado tu hoguera en la oscuridad y... no sabes cuándo te agradezco tu bienvenida, de verdad necesitaba algo de bondad de nuevo para no volverme loco.

-E-es una situación realmente peliaguda. La verdad, no sé qué dec...

-¡Si realmente ahora me encuentro en territorio de Pan...! Si tengo algún dios de mi parte imagino que es él. He sido cabrero la mitad de mi vida, si me he ganado la simpatía de algún dios, tiene que ser él. ¡Necesito ayuda! Porque tengo miedo. Tengo miedo de morir, tengo miedo de hacer que maten a alguien, tengo miedo de tener que matar a alguien, tengo miedo de perderme a mí mismo.
»Y en las leyendas los dioses siempre ayudan a los héroes en su misión, no les ponen trabas a no ser que... bueno, a no ser que les hayan importunado como Odiseo a Poseidón o Heracles a Hera pero... maldita sea... ¡soy un buen hombre! Honro a los dioses y no he hecho daño nunca a nadie, ¿¡por qué...!?
» ¿Por qué parece que ante mí solo se haya un camino lleno de sangre? Lo peor es que cuando partí me creía capaz de matar dragones y ahora... solo quiero volver a casa, no quiero ser ningún elegido de los dioses.

-Deberías descansar, Menandro. Si no reposas la cabeza te explotará.

-Sí... sí, tienes razón. Estoy... estoy muy cansado. Probablemente tenga otro sueño atormentador, ni siquiera los sueños me sirven de refugio ya. Perdona por todo y gracias de nuevo, Nomios. Trataré de descansar.

-Gracias de nuevo por el queso.

 

El peregrino se recostó y la noche volvió a quedar en silencio. El anciano no tardó mucho en acabar de pegar los tubos de caña con la resina, ahora ya más que derretida. Y para cuando sopló para comprobar la calidad del instrumento, su acompañante de aquella noche ya estaba demasiado profundamente bajo el influjo de Morfeo para oírlo.

El cabrero se levantó, se crujió el cuello un par de veces, meneo su cola de cabra ahora que ya no necesitaba ocultarla y se dirigió despacio hacia el peñasco que tenía tras de sí.

-Dafnis, ayúdame.

-Tú padre se enfadará si le ayudas.- contestó la roca con una preciosa voz argéntea- Sus amigas le han rechazado ya varias veces.

-Si mi padre no es capaz de ayudar a sus mejores siervos, yo mismo lo haré por él.

-Hoy iba a ser nuestras noche, Nomios. Sin tus hermanos, sin mis hermanas, sin las cabras, solos tú, yo y tú nueva canción. ¿De verdad la vamos a cancelar porque ese tipo se comporta como un crío? 

-Precisamente, porque necesita ayuda para actuar como un hombre tenemos que hacerlo. Vamos, te prometo que la tocaré para ti otro día, compondré tres más para compensarte incluso. Y también puedo triplicar lo que viene después si me lo pides. 

-¿Qué quieres que haga?

-Haz que está noche no sueñe con nada, que descanse. Mañana le presentaré a la hija de Pitón.

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Alegorn
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Con un asustado gemido impropio de ella, Alcmena se desveló en mitad de la noche empapada en sudor. Raudo como siempre, el hurón acudió en su ayuda, trepando por su pecho hasta alcanzarle el cuello, dónde ella lo atrapó acariciándolo, tratando de tranquilizarlo mientras él, preocupado, se dejaba hacer para tranquilizarla a ella.

Y es que a pesar de que el viento, que escalaba las montañas proveniente del mar, obligaría a abrigarse hasta a un ovino, la cazadora aun podía sentir el bochorno de aquella cueva que había presenciado en sueños. Aquel calor hirviente, agobiante y angustioso de aquella húmeda y tenebrosa cueva por la que había visto descender a su amigo de la infancia.

Hacía semanas que sufría de sueños inusuales. Visiones plagadas de dragones, catástrofes, animales anormalmente brillantes y conceptos en general bastante alejados de sus tranquilas y habituales ensoñaciones sobre... bueno, sus cosas. Había tratado de ignorarlos, de tratarlos simplemente como sueños sin importancia alguna. Y es que a pesar de que tan abrupto cambio en la temática, la reiteración de simbolismos en estos y, sobretodo, la sensación con la que se despertaba -mucho más vívida de lo habitual- parecieran indicar cierto origen divino; su vida en los últimos años le había hecho desencantarse con todo aquello que oliera a mandato de una deidad.

Sin embargo, del que acababa de despertar había sido aún más vívido que el resto y la temática había vuelto a cambiar, nada de animales brillantes ni terremotos o tempestades. Esta vez se trataba de Menandro avanzando entre la roca, el agua, el calor y la oscuridad en busca de un ser que siseaba monstruosamente desde lo profundo. Nunca había sentido una impresión tan angustiosa.
Pero lo que más le turbaba, lo que la obligaba a no poder desdeñar también esta visión como un simple sueño, era el propio Menandro. Ya que no era el joven niño rubio que tenía en su recuerdo, ni tampoco aquel chacal bicéfalo con el que, por algún motivo, solía asociarlo a menudo en sus sueños. Está vez era un joven alto, de cabello oscuro y rizado, con lo que se adivinaba el principio de una futura espesa barba cubriendo su rostro, con la constitución delgada pero atlética de quién ha seguido escalando montañas todos estos años, pero aun con el gesto y la mirada de su inocente y honrado compañero de aventuras.
Era él. Él, tal y como sería tras todos estos años separados. Era él sin duda alguna. Y aquella visión, más que un sueño, era un presagio, como si los dioses la hubieran dejado ver a través de los ojos de quién quiera que le esté acompañando. Estaba segura de que aquello estaba sucediendo en aquel preciso momento. Por una parte le tranquilizaba, significaba que Menandro seguía vivo. Pero sin embargo, también significaba que definitivamente precisaba de su ayuda. Ahora estaba segura de que había hecho bien en partir en su búsqueda.


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cuervos
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Narrado en Cefalonia,

-Acérquense extraños, viajeros y propios, a escuchar la oscura y triste historia de la que fue elegida por los dioses, la que fue Bendecida y maldecida, destinada a la gloria a través del dolor...-

"Surcaba el cielo sobre el Peloponeso a lomos de la arpía la valerosa Eudocia. La criatura proporcionaba la velocidad necesaria para recorrer grandes distancias en cortos periodos. Mucho tiempo había pasado desde que dejó su tierra, su amor.

En dirección a Pilos viajaba, pues tras tantos esfuerzos y revelaciones, batallas, augurios y visiones, la guerrera sintió la imperiosa necesidad de recordar lo mas puro de su vida. En su hogar podría renovar fuerzas y organizar ideas para continuar aquello para lo que había sido requerida.

En lo profundo de la noche llego al destino. Recuerdos y alegrías despertaron al sentir el olor del viento y la tierra, sin duda había sido una buena decisión hacer un alto en el camino para regresar a su esencia. Mientras descendían, Eudocia evocaba el pasado  hablando con felicidad sobre anécdotas y vivencias que fluían por su mente llenando su espíritu y que parecían del agrado de arpía. 

Cuanto había recordado la arenosa y bella Pilos en la frías noches de incertidumbre y soledad. Las hermosas playas y acantilados, la brisa marina y la calma de sus santuarios...y su amado, que cerca estaba de sentir de nuevo su abrazo.

La oscuridad nocturna apenas dejaba discernir las formas del pequeño asentamiento, solo iluminado por la luna creciente que proyectaba una tenue luz bañando la tierra con su lúgubre manto.

Extraño le pareció a la guerrera no escuchar sonidos propios de las tinieblas. La corriente no traía el murmullo natural, ni un solo grillo cantaba.

Eudocia conocía el terreno como la palma de su mano y no le costó encontrar su humilde morada, la cual reposaba sobre uno de los múltiples acantilados de la zona, dándole la intimidad y la calma que tanto apreciaba. Sus ventanas apuntaban al basto mar, ofreciendo imponentes vistas a los dominios de Poseidon.

La pesada atmósfera perceptible cerca de la entrada no alentó los ánimos.

Eudocia desenvainó instintivamente. La bestia emplumada alzo el vuelo y se perdió en la noche.

La puerta rota y medio abierta encendió la mecha. Tumbando de una patada la puerta entró blandiendo la espada, lanzando estocadas furiosas que no encontraron victima. El pánico crecía junto a ritmo cardiaco. La estancia en profunda oscuridad no permitía ver y la guerrera grito desesperada esperando escuchar la voz de Zoticus, que nunca llegó. Recordó donde solían guardar la resina y a ciegas la halló. Fuera, se afanó por encender una improvisada antorcha a partir de pequeñas ramas de los arboles de los alrededores.

Entro de nuevo esta vez con mayor temor, no por el peligro sino por encontrar algo que había pasado por su cabeza, pero que se negaba siquiera a contemplar la posibilidad.

El escaso fuego apenas iluminaba, pero bastó para que Eudocia confirmara que definitivamente su hogar había sido profanado. La sangre pronto se reveló, repartida por todo lugar en el que fijara su vista. El horror en ascenso culmino cuando el limite de la luz proyectada alcanzó los pies del que allí yacía. Eudocia supo a quien pertenecían, y continuo desvelando la figura tumbada sin vida...

...Zoticus, su compañero, su amigo, su amor...

Laceraciones, cortes y heridas se contaban por decenas y la cabeza había sido separada del cuerpo sin rastro aparente de su paradero.

Y Grito la guerrera aferrándose con fuerza al cuerpo inerte y maldiciendo toda la existencia, pero no brotaron lagrimas de sus ojos. La arpía, posada en el tejado, las derramo por ella.

El alba asomaba ya por el este.

Eudocia arrastraba sus pies hacia ninguna parte caminando entre las casas de su tierra como un ánima perdida. Allí donde miraba solo encontraba soledad, las casas vacías, sin atisbo de lugareños o animales.

Llego dificultosa a la playa donde se desplomo, incapaz de asumir la realidad que abrasaba sus sentidos y su alma. Su vista se dirigió al templo de Atenea en lo alto de uno de los acantilados que rodeaban el paraje y que tanto había visitado tiempo atrás. Vio también al mochuelo, que observaba la escena.

La aflicción iracunda la poseyó. Maldijo entonces a la Diosa, culpándola y renegando de su protección y su poder. Le reprocho la injusticia cometida sobre la inocente Medusa que le fue revelada en el sueño, suceso sobre el cual aun guardaba ciertas dudas, pues le debía a la diosa respeto y comprensión... pero ya era tarde. Nunca mas se encomendaría a ella ...no después del dolor que atenea no había evitado tras tantos años de pleitesía y veneración a cambio de nada....

El mochuelo alzo el vuelo y pareció que la noche regresaba de nuevo. La gracia divina la abandonaba pero la ira le impedía sentir pena por ello.

Por el horizonte del amplio mar tres figuras aparecieron, flotando sobre las aguas. Con andar fantasmagórico se acercaban a la pobre guerrera, que de rodillas permanecía aletargada y sin esperanza.

Tres mujeres, portadoras de látigos y antorchas la rodearon. Su pelo cobijaba serpientes enroscadas que jugaban entre los cabellos y de sus ojos brotaba sangre con flujo constante. Una de ellas, de nombre Tisífone, habló:

-Pobre alma apenada, te han arrebatado tu mayor tesoro. Las que no rendimos cuentas con Zeus hemos sido llamadas por el crimen cometido, pues nuestro sino es la penitencia. El Érebo es nuestro hogar y la venganza nuestro designio.-

Eudocia contemplaba a la entidad desconcertada, cuya visión tambaleó su cordura. La misteriosa aparición continuo hablando:

-Sobre Ítaca debe caer el juicio y la sangre debe ser derramada. Cultos prohibidos se llevan a cabo en esa tierra, que amenazan con destruir el orden cósmico. Allí encontraras a los culpables....

...allí, serás nosotras y nosotras seremos tú.

Existíamos antes de la creación y existiremos tras el final y en estas horas aciagas tomaremos parte. Cuando la venganza se lleve a cabo, nos rendirás culto; derramarás sangre de la cabra negra y realizarás libaciones sobre la tierra manchada con los restos de los criminales”-

Eudocia se alzó y viendo partir a las entidades que volaron hasta desaparecer batiendo sus enormes alas de murciélago.

La luz nació de nuevo en la playa. Ya no había calma o esperanza...

...solo represalia, castigo...solo venganza."

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shadow_rokhan
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Diario de viaje de arcén día 7.

Después de haberme despertado sobresaltado por mi sueño, me di cuenta que este aun no terminaba, me encontraba totalmente paralizado sobre la cama a merced de cualquiera; mientras estaba recordando lo que había soñando,  pude percatarme de una presencia dentro de la habitación, que me hizo sentir indefenso, en ese momento aquella presencia tomo forma y  apareció una figura vistiendo una capucha, la cual me dijo que aun quedaban algunas revelaciones que debía conocer; aquella figura prosiguió diciéndome, arcén joven guerrero te hemos visto combatir y buscar tu destino con ahínco y fervor; por lo cual te he otorgado mi favor, no debes desaprovecharlo. En la guerra que se avecina cada dios, creatura y héroe tomara un bando, yo ya he elegido mi bando y mi campeón, lo que debes hacer es dirigirte hacia el monte olimpo tu travesía te acercara, hacia el reino de los dioses; pero antes deberás conocer a Quirón quien te entrenara como un héroe de leyenda.

Una vez que Quirón te enseñe el arte de la guerra; cacería y combate, podrás vencer a  cualquiera de las bestias mitológicas que se interpongan en tu camino; de esa manera cumplirás el destino que persigues, mas sin embargo deberás tener cuidado en tu camino, porque esta guerra tendrá muchos frentes y enemigos distintos; cada uno de ellos tendrá dioses bendiciéndoles y criaturas mitológicas poderosas e imponentes que se opondrán a ti; para tu viaje te dotare con armas y armaduras bendecidas con mi favor, pero tendrás que ganártelas,  no te angusties arcén , en tu camino también habrá gente y creaturas dispuestas a ayudarte, por ahora mi identidad deberá mantenerse oculta, pero llegado el momento la sabrás, aunque la pista mas significativa esta en tu sueño, mas concretamente en los animales que posaron su mirada sobre ti, por el momento es todo lo que debes saber.

Te daré un ultimo consejo antes de irme, visita al oráculo porque te insinuara una verdad importante, sobre el lugar  donde puedes dar el primer paso de tu viaje. Después de que aquel ser articulara su esas ultimas palabras, cruzo el umbral de la puerta de mi habitación y desapareció. Inmediatamente después de que se fue aquel ente por el umbral; recobre la movilidad, aun cubierto de sudor y temblando me incorpore en la cama y me senté para tratar de procesar todo lo que había acontecido en mi sueño, también trate de entender todo lo que me dijo aquel ser encapuchado, no pude encontrar ningún sentido en todo lo que había acontecido, entonces  algo me arrastro fuera de mi ensimismamiento por aquel umbral, entro Cyrill abriendo violentamente la puerta y me pregunto si me encontraba bien porque escucho una voz diferente a la mía, entonces el pensó que podía ser otro intento de asesinato, solamente le dije que no se preocupara que me pondría mi armadura para ir a ver al oráculo, en una hora estaría listo.

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Alegorn
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En los cielos de Tesalia, sobre el valle del río Peneo, el Anemoi Noto luchaba con sus cálidas corrientes por detener a Apeliotes el cual, mucho más exaltado de lo habitual, no parecía por la labor de esperar su turno para soplar y asolar aquellas tierras. Entretenido por la disputa, Céfiro observaba la disputa de su hermano asomando la cabeza sobre los montes Pinto, y allí fue dónde escuchó cómo una joven lanzaba su plegaría:

-Está bien, ¡Gea, Artemisa, mis diosas, prestadme vuestra ayuda! Yo, eh... Siento muc... ¡No!, Lamento haber abandonado mi puesto, la misión que me encomendaron vuestras amigas y emisarias. Estoy segura de que Iolanda y las demás podrán cuidar de la frontera en mi ausencia, está nueva misión corre mucha más prisa.

Es divina, ¿verdad? Sé que sabéis lo que estoy haciendo, a quién estoy buscando. Aún no sé el por qué, y dudo que las visiones que estoy teniendo me las mandéis vosotras, pero estoy segura de que estáis al corriente de lo que quiera que esté pasando. Por favor, no dudéis ni por un segundo de que sigo a vuestro servicio. Ehm… E-es cierto que más desencantada que cuando empecé, ¡pero mi objetivo sigue siendo el mismo que cuando me acogisteis como acólita!

Por eso, ¡por favor!, ayudadme. Estoy perdida. Y asustada desde aquel sueño hace dos noches. Necesito encontrarle, asegurarme de que está bien y... ayudarle en lo que pueda. No quiero que muera, tengo que asegurarme de que no lo haga.
Pero, el problema es que no sé dónde está, a dónde tengo que ir. Por favor, dadme una señal, apuntadme a un camino, con eso me basta, pero no soporto esta impotencia, estar tan desorientada es... peor que antes de que os encontrará. Porque ahora ya no es mi vida lo que está en juego, es la suya.

No creo que os esté pidiendo mucho. Por favor, os lo ruego.

 

Céfiro, que había dejado de observar a su hermano y ahora se centraba en la cazadora a la que algunos llamaban “Quimera” y quienes la conocían mejor “Alcmena”, vio como uno de los animales que la acompañaban, un búho, alzaba con decisión el vuelo rumbo al oeste, hacia Epiro, y cómo el semblante de la muchacha, al verlo volar, resurgía del abatimiento y cambiaba a una expresión de gran gratitud. Esa debía de ser la señal divina.
Y siendo testigo de este hecho, el Anemoi decidió alejarse de aquellas tierras, no sin antes lanzar un último grito de apoyo hacia Noto, con la esperanza de que su otro hermano, Euro, ocupara la región en su lugar y ayudara así en su camino a la muchacha y sus criaturas, empujándolas hacía su destino.

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Alegorn
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Las profundidades de Gea son algo difícil de explicar en palabras, no están hechas para ser visitadas por los mortales, eso es seguro. ¿Qué se os viene a la mente cuando os has hablan de una gruta, de una cueva? ¿Un abrigo en la montaña? ¿Esos zulos entre rocas en los que hibernan los osos? ¿Quizá a algún ateniense presente se le venga a la mente los túneles de las minas de Laurión llenas de esclavos? O quizás hay aquí alguien con mundo suficiente para haber visitado una verdadera caverna, un inmenso boca en la roca llena de colmillos pétreos por la que fluye el agua formando caminos que llevan hacia las oscuras profundidades.
Si avanzas lo suficiente por una de estás el aire comienza a viciarse y la temperatura a subir, las llamas se apagan y hasta es costoso respirar. Aquellos suficientemente valientes o estúpidos para aun así querer continuar nunca regresan, perdiéndose en la oscuridad, y por ello hay quienes piensan que estas grutas son los caminos que llevan al hades, al reino de los muertos de donde el rey del inframundo rara vez ha dejado a alguien marchar.
Bueno, no sé si es cierto que todas las cuevas del mundo conducen al Erebo, pero lo que es seguro es que éste era el caso de aquella por la que descendía Menandro.

"Continúa por la cueva siguiendo sonido del agua hasta que encuentres un río en el que nada flota. Sigue su orilla hasta encontrar a una inmensa serpiente capaz de hablar. Ella conoce la verdad, más en su lengua no debes confiar. Una vez hayas acabado, sigue el curso de las aguas hasta que vuelvas a ver la luz del sol".
Aquellas habían sido las palabras con las que le había despedido el fauno antes de dejarlo solo en aquella gruta interminable.
Desde aquel momento había pasado ya bastante tiempo. Una cantidad indeterminada, bien podían haber sido días, semanas, o puede que tan solo las horas más largas que cualquier ser haya jamás vivido. Lo que era claro es que había sido todo una eternidad.

Menandro se deslizaba por húmedos pasillos más estrechos que su propia cabeza, en los que se había dejado la ropa y puede que también la piel, era difícil saberlo en aquella achicharrante oscuridad en la que apenas se distinguía la roca del agua que la impregnaba, el agua del nauseabundo vapor que colmaba el aire y el aire del propio sudor que jamás paraba de manar. Apenas se sabía dónde era arriba y dónde abajo; olía siempre a huevos podridos y en la boca se sentía un intenso sabor a sal. Así, el único sentido en el que podía confiar era el oído y por él se dejaba guiar.

Avanzaba jornada tras jornada por aquella sombra buscando los murmullos del agua. Su cansancio era comparable al de Sísifo y su sed comparable a la de Tántalo. Y aunque lo primero aún era remediable, pues cada cierto tiempo se paraba a dormir y descansar; ya había comprobado que poco podía hacer respecto a lo segundo, pues probablemente no existía ser en el mundo capaz de tragar aquella hirviente, salada y sulfurosa agua que le rodeaba.
Sin embargo, lo que le resultó más curioso es que, a pesar de que debían de haber pasado días desde la última vez que se alimentó, no había vuelto a sentir hambre desde que entró a la cueva. Puede que fuera debido a aquel inmundo olor que le asfixiaba cada vez que tomaba aire, pero su mente comenzaba a barajar otra opción, una que cada vez cobraba más y más fuerza y que de alguna forma le ayudaba a continuar:

"Esto es un sueño. Esta oscuridad no es más que un sueño. La más vívida e interminable pesadilla que jamás he soñado. Estoy cansado por la huida de Delfos, y tengo sed por culpa del queso. Mi espalda me duele porque estoy acostado en el suelo, no por arañármela en esta cueva, y mis pies se abrasan por los días de caminata y no por las aguas. Sí, todo esto no es más que un sueño del que no consigo despertar. Pero eso no es malo, eso significa que si sigo avanzando, si llego al final, podré despertar."

 

Un reflejo. El final del sueño llegó con un reflejo en el agua que interrumpía la hasta entonces impenetrable oscuridad. Siguió aquella luz entre el laberinto de espejos que eran las paredes de roca mojada hasta que oyó como dos nuevos sonidos retumbaban por la caverna. El primero era el distante arrullo del agua de un río, mucho más profundo y vivaz que los suaves e intermitentes flujos que solía seguir. El segundo era un casi imperceptible siseo que transportaba malicia en el aire.
Trato de contener el ímpetu que la ruptura de la monótona oscuridad le había dado y avanzó con cautela siguiendo el brillo, el cual cobró fuerza poco a poco hasta que finalmente, tras bordear un peñasco, se tornó en una intensa luz que le cegó tanto como si le ardieran los ojos. El dolor tardó en pasar, pero cuando por fin consiguió volver a abrir los ojos y contemplar la escena que tenía ante sí, quedó convencido de que aquello debía de ser un sueño.

Tras la oscura silueta de las últimas estalagmitas, tras la orilla de un río de aguas más negras que la propia oscuridad, se extendía un inmenso campo de brotes blancos que florecían incesantemente. Sobre ellos, en el horizonte, se alzaban dos titánicas figuras; a la izquierda, tras otro río, un colosal álamo blanco cuyas ramas alcanzaban los cielos y cuyas iridiscentes hojas brillaban más que el propio sol; a la derecha, una empinada cordillera que se elevaba cuál muralla, escupía al aire un fuego del rojo más intenso, el cuál alcanzaba unas alturas que no tenían nada que envidiar a las hojas del árbol. La combinación de las luces que ambas figuras emitían sumía al campo de flores en lo que parecía un atardecer eterno. Por mucho que buscase, jamás encontraría palabras para describir la belleza de aquel lugar.

Hechizado por tal divina visión, Menandro se lanzó hacía la orilla, dispuesto a cruzar el río y llegar a aquel radiante vergel. Pero en su imprudente carrera, acabó por tropezar, resbalar y caer al suelo, torciéndose un tobillo y puede que hasta rompiéndose la nariz. Este hecho le salvó la vida. Ya que al reincorporarse dolorido, cayó en la cuenta de las extrañas cualidades que poseía el caudal que tenía ante sí.
Todo el vapor y el miasma que manaba de la gruta por la que había venido eran engullidos por las aguas como si del propio Caribdis se tratase. No solo era eso, sino que el río succionaba todo aquello que pasara sobre él, el propio aire incluido, hundiendo toda materia hasta su abisal lecho y formando sobre un desconcertante vacío sobre el regato.

Advirtiendo cuán imposible el vadearlo, tuvo que conformarse con observar desde la orilla. Contempló atónico como las flores surgían continuamente, y descubrió maravillado pequeños susurros que parecían surgir de ellas. Y cuando estaba a punto de elaborar una teoría al respecto, volvió a escuchar el siniestro siseo, esta vez mucho más potente y cercano, y justo detrás de él.
Al voltear, se encontró con la serpiente.


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cuervos
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"La mitología griega y romana nunca había sido una de mis asignaturas favoritas en el colegio, pero a medida que fui creciendo, empecé a apreciar las leyendas y a darme cuenta de que contenían un vívido mundo de aventuras con maravillosos héroes, villanos y, sobre todo, muchas criaturas fantásticas."

- Ray Harryhausen.-

 

“Con la luz del amanecer sobre su rostro y el vuelo de los ansiosos buitres sobre su cabeza, despertó la valerosa Eudocia crucificada en alguna playa remota de Cefalonia... las manos clavadas en la madera y su cuerpo envuelto en amarres.

La Harpía sollozaba junto a ella, que corría suerte similar. Atada y amordazada y con las alas repletas de cortes, emitía descorazonadores graznidos que resonaban a lo largo de la costa.

Rumores acerca de una guerrera que viajaba hacia Ítaca sobre una bestia alada habían propiciado su captura.

Frente a ellas, un pequeño grupo de hombres ataviados con túnicas negras, diseminaban sobre la arena dientes de gran tamaño, regándolos cuidadosamente con la sangre de sus rehenes. La tarea se prolongo mientras Eudocia luchaba por no perder el conocimiento.

Desfallecida y medio muerta, miraba al cielo con la esperanza de que aquello pusiese fin al tortuoso viaje que inició hacia ya demasiado tiempo y que solo había traído desgracia, pena y muerte...

...pensamientos tan solo distraídos por el penoso llanto de la harpía, que despertaba de nuevo en ella las ascuas de la venganza.

Terminada la extraña siembra, se reunieron los encapuchados a cierta distancia para contemplar el espectáculo que se avecinaba.

La tierra tembló y de cada uno de los orificios comenzó un nacimiento. Como un parto que se demora, de cada uno de ellos brotaban lentamente criaturas carentes de carne, portando espadas y escudos, que se iban alienando y formando una peculiar escuadra esquelética cuyos ajetreos antinaturales parecían saltarse la lógica del movimiento completo, dando la sensación de que en cualquier momento podrían deshacerse, dejando solo huesos amontonados. Los enjutos soldados soportaban una vibración constante emitiendo chasquidos y sus mandíbulas no cesaban en el castañeteo.

La penumbra envolvió a Eudocia. Escuchó los látigos y vio la luz de las antorchas. Recibió de nuevo la mirada por la que la sangre fluía sin descanso, de las aterradoras Erinias.

Tisífone la habló de nuevo:

“¿Es esto lo que buscas?, ¿acaso Anhelas la muerte desdichada mortal?. Creímos haber visto en ti la justicia que nos guía, la venganza que nos forma...tal vez hayamos incurrido en error y este deba ser tu final... Dime Eudocia ¿Cuál ha de ser tu destino?”

Eudocia la miró y en sus ojos brillo el fuego y en sus entrañas estallo la furia de los dioses.

“bien, que así sea”

En la oscuridad que la envolvía cedieron los amarres y los clavos cayeron sobre la arena. En su pelo jugueteaban serpientes y de sus ojos emanaba la sangre del castigo.

El sol ilumino de nuevo la playa y vio la guerrera a los encapuchados correr en todas direcciones, tratando de escapar de los susurro que las hermanas enviaban a sus mentes...

asssseeeessinoss....culpableeees...”

La valerosa Eudocia atravesó la barrera de esqueletos llevándose a varios por delante como un toro embravecido y agarrando la espada de uno de ellos, inicio la carrera en dirección a los hombres encapuchados. Descargo sobre ellos la ira y el dolor acumulado ante el regocijo de las hermanas de la venganza, que se alejaban para perderse en el horizonte.

La escalada de miembros amputados y túnicas cubiertas de sangre cesó cuando solo uno de ellos quedó con vida que tembloroso, se arrastraba por la arena tratando de escapar de la furia desatada.

De el obtuvo la guerrera información sobre el culto al que rendía pleitesía tras prometerle mostrar misericordia. Eudocia le ordeno despojarse de la túnica y descubrió bajo ella tan solo a un miserable y escuálido joven que lloriqueaba suplicando perdón.

El joven reveló importantes cuestiones que guardaban cierta relación con el sueño que inicio el viaje, ahora retorcido y con cuantiosas novedades, vivencia y perdidas, que poco a poco parecía ir cobrando cierto sentido.

Eudocia pensó unos instantes, perdiéndose entre sueños, recuerdos y pensamientos. Decapito entonces sin piedad al joven y agarrando la cabeza, alzo la espada y se giro hacia los recién nacidos guerreros de hueso aullando con fuerza.

Al unísono, los descarnados se postraron ante su nueva líder.

 

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shadow_rokhan
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ἀνάγκᾳ δ’ οὐδὲ θεοὶ μάχονται

"Ni siquiera los dioses se oponen a la necesidad." Simónides de Ceos.

DIARIO DE VIAJE DE ARCÉN DIA 7 PARTE II.

Después de ajustarme la armadura un frio recorrió mi espalda; porque recordé todo lo que acababa de acontecer en mi habitación, me sentí indefenso y angustiado por  lo que me espera, pero debo afrontarlo con valor de otro modo no tendré ninguna posibilidad ante los grandes retos que me aguardan; porque si la situación de torna tal y como me la describió aquel ente  encapuchado, las bestias míticas serán el menor de mis problemas.

Sin perder mas tiempo cruce el umbral de mi habitación hacia afuera y emprendí mi camino hacia el oráculo por las estrechas calles de Delfos mientras me seguía de cerca Cyrill; pude apreciar rápidamente que había cierta agitación en la ciudad, había grupos de hoplitas patrullando en formación cerrada, algo los había alarmado porque los Locagos (jefe militares de los hoplitas) estaban dirigiendo patrullas hacia afuera de la ciudad como tratando de encontrar a algo o alguien, en ese momento Cyrill me dijo que por la prisa que llevaba no había podido decirme que durante su búsqueda por información de la noche anterior, algo había sucedido en las afueras de las murallas, un centinela avisto una especie de bestia mítica que fue repelida por los arqueros con flechas incendiarias durante la noche; eso alarmo a la población y de acuerdo a lo que había escuchado mientras espiaba la junta de los TAXIARCOS de la ciudad (jefes de guerra elegidos por el pueblo), iban a organizar un grupo de hoplitas para dar caza a la creatura que amenazaba la ciudad, esta información me tomo por sorpresa pero, debía seguir hacia el oráculo.

Después de unos minutos de caminar llegamos hasta el Santuario de Delfos, este se alzaba imponente, lujoso vasto e increíblemente pomposo, por otro lado las estatuas de bronce finamente trabajado  tenían plasmadas sonrisas sardónicas, con la cuales recibían a los visitantes,  una vez dentro del santuario elegí como sacrificio un cerdo de buen peso, me costo 10 dracmas lo cual es el sueldo por 10 días de trabajo de un hoplita. una vez que se le dio muerte al cerdo, pude preguntarle al Oráculo el cual me dijo:

ORACULO: Joven arcén, veo que porfin has llegado hasta mí por lo que puedo observar la visita que recibiste durante la mañana te ha angustiado, mas sin embargo debo decirte que no debes preocuparte tienes el favor de tu visitante aunque el encuentro haya sido algo peculiar él te favorece, en tu camino veo muchos combates, guerras, heroísmo y gallardía para las cuales debes prepararte y el primer paso para ello se encuentra muy cerca de ti, debido a que ya se te ha revelado lo que ha causado el gran revuelo durante la noche, debes acabar con la creatura, ese será el primer paso, la guarida de la bestia se encuentra en la garganta oscura de una gruta cerca del monte parnaso, una vez muerta la creatura deberás ir a su guarida donde encontraras el fino regalo hecho por las manos de Hefesto, pero solo tu podrás poseerlo. Mas sin embargo si fracasas el tormento que te aguarda en el hades será eterno y despiadado.

Una cosas mas arcén, encontraras al sabio que ha de entrenarte en la cima del parnaso, el ya te espera y a tu llegada te pondrá una prueba para conocer tu valía y determinación, antes de que dejes la ciudad de Delfos, consigue 4 herraduras de plata elaboradas por Calix el mejor herrero de la ciudad, este obsequio te supondrá ganarte por completo la devoción de aquel que te ha de entrenar. Nos hemos de volver a ver joven Arcén.

Que los dioses guarden tu camino.

Después de escuchar la voz del oráculo me tranquilice por que ahora se el rumbo de los acontecimientos, antes de dejar la ciudad buscare al herrero y conseguiré las herraduras, después iré a encarar a la bestia y le daré muerte con mi espada.

 

 


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shadow_rokhan
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DIARIO DE VIAJE DE ARCÉN DIA 7 PARTE III.

Inmediatamente después de consultar al Oráculo, salí del templo en dirección al taller del herrero el cual estaba cerca de la muralla que conecta con el exterior; al llegar al taller me encontré con Calix, el cual estaba dándole los toques finales a una espada al rojo vivo; golpeando vigorosamente con su martillo  la espada contra el yunque, ese hombre era robusto alto y de poblada barba, le pregunte si tenia herraduras de plata que pudiera venderme, aunque mi pregunta le pareció un tanto rara, atino a decirme que tenia algunas guardadas que me las podría vender en 10 óbolos cada una para que mi montura fuera la mas lujosa de toda Grecia mientras soltaba una gran carcajada.

No pude evitar decirle a Calix, que todos morirían de envidia con las herraduras de plata de mi montura, mientras soltaba una carcajada también, después de comprar las herraduras me encamine hacia la salida pasando las murallas, me dispuse a seguir de cerca a una patrulla de hoplitas al mando de un LOCAGOS , ellos estaban avanzando en formación cerrada en dirección al monte parnaso, creo que ellos tienen información acerca de la localización de la bestia porque no parecían avanzar sin dirección o rumbo fijo, Cyrill también estaba convencido de eso.

Por ahora seguiré avanzando de cerca al grupo no creo que mi presencia les importe lo suficiente, la tarde esta terminándose, la oscuridad de la noche se mezcla con el color naranja del atardecer, probablemente mañana por la mañana nos acerquemos a la guarida, cuando se detengan a descansar nos detendremos cerca de los hoplitas, no podra avanzar muy lejos con todo el equipo de bronce de 40kg.


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Alegorn
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Diario de Viaje de Menandro, Día ¿?:

 

Hola Menandro del futuro, soy Alcmena. Espero que me perdones por haber leído y ahora escribir en tu diario, pero lo he encontrado aquí en tu bolsa mientras espero a que despiertes y he pensado que quizá me podría dar alguna pista de por qué estabas flotando inconsciente por el río, o que al menos me ayudaría a tranquilizarme u ocupar mi mente.

Ha sido vergonzoso descubrir que mi nombre salía tanto, perdona, no me lo esperaba para nada, pero no sabes cuánto me ha alegrado.
Siento no haber estado en Tebas cuando fuiste a buscarme. La historia es larga y suena a que ya la has oído asique no la escribiré, pero, quiero que sepas que cuando dejaba todo atrás sí que pensé en escribirte pero esperaba que hubieras seguido tú vida y no quería perturbarla solo porque yo estuviera apostando la vida, me sonó demasiado infantil.

Ahora llevaba semanas buscándote, he recorrido media Hélade buscando tu rastro y parece que tú también. Y no sabes cuántas ganas tengo de abrazarte, bueno, de que tú me abraces, es… bueno, puede que tú también.

En la última entrada estabas antes de Delfos, y aunque no sé exactamente dónde estamos, pero sé que es alguna parte del Epiro, desde las montañas se veía el jónico al oeste y puede que Corcira. El Parnaso está más que lejos de aquí, han debido de pasar semanas desde entonces.

No sé cómo será la charla cuando despiertes, espero que me expliqué mejor que ahora, pero lo que he leído, el sueño, la ninfa, la mercenaria… lo que he soñado yo misma, y el modo en que te he encontrado… No me auguran nada bueno sobre lo que te ha podido pasar.
Sé de primera mano que el trato con los dioses no es para nada cómo nos lo imaginábamos de niños, y en verdad no quería involucrarme más con ellos de lo que ya estoy pero, verte así…

Pase lo que pase te prometo que a partir de ahora te protegeré y ayudaré. No tendrás que seguir solo. Y te lo dejo aquí por escrito, así podrás chantajearme con ello cuánto quieras.

 

No sé qué más escribir. Estoy preocupada, tienes pulso y ya he conseguido subirte la temperatura pero ya han pasado horas y aun no das signos de despertar. Ojalá pudiera llevarte a un curandero.

¡Ah! Ya sé que escribir, esto es un diario, puedo dejar escrito cómo te encontré, es parte de la historia.
No te imaginas cuán bonito es este valle, aquí no hace tanto viento como en las cimas por las que he venido, los álamos crecen verdes y están llenos de vida, así a voz de pronto oigo cantar a al menos cinco currucas, una docena de tórtolas y algún que otro gorrión. Es medio día, cielo está despejado y aquí a la orilla de este río, con la arena tan blanca y el agua tan transparente, parece simplemente el día perfecto.
Estaba amaneciendo cuando bajamos a beber, Koukou nos llevaba guiando toda la noche y queríamos descansar. El sol aún no había conseguido alzarse sobre las montañas y la luz era aún naranja, además alrededor del río había algo de niebla, todo eso junto a lo que brilla esta arena le daba un aura espectral. Entonces, cuando Navi y yo nos acercamos a beber oírnos algo chapeando río arriba y al acércanos a la curva del meandro allí estabas tú , flotando inconsciente, como un espectro. ¿No te parece apropiado?, encontré a “Menandro al llegar al meandro”. Yo de verdad pensé que era otro sueño. Mi reacción fue golpearme para tratar de despertar. Pero no, allí estabas, flotando, chocando lentamente contra las rocas, embarrado en la blanca arena inconsciente. Inconsciente pero vivo. El sueño era verdad.

 

Releyendo lo que acabo de escribir me doy cuenta de lo desordenado que está todo, no te rías mucho de mí cuando lo leas, por favor, y perdón de nuevo por coger el diario sin permiso.
Cuando despiertes, después de ponernos al día me aseguraré de que la siguiente entrada vuelvas a escribirla tú. No me hagas esperar mucho, de verdad quiero ese abrazo.


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smtiguei
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wellllllllllllllllllllllldoneeeeeeeeeeeeee

 

https://www.youtube.com/watch?v=0EVVKs6DQLo


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