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Rufo

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CoquinArtero
(@coquinartero)
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Registrado: hace 3 años
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Soy un perro. Con cara de perro, pelo de perro y peste de perro mojado que vaga día y noche por una playa de la costa alicantina. Llevo mucho tiempo aquí, tanto que no recuerdo cuándo puse por primera vez la pata sobre esta tierra. En mi soledad he memorizado cada rincón y aprendido a ver cosas que al principio se me escapaban.
 
     Esas cosas que se esconden en la arena.
 
     Hoy he encontrado a mi buen amigo Aziz algo cambiado. Rodeado de un séquito de unas quince o veinte personas, caminaba sobre la arena endurecida de la orilla. Se había teñido el pelo, enderezado sus narices, estaba como más delgado y uno de sus ojos tenía una ligera tendencia a desligar su camino del otro. Hasta se hacía llamar de otra manera.
 
     Parecía ocultarse a plena vista de algo que yo no terminaba de comprender.
 
     Su paseo, sonriente, parecía aderezado por aires de samba, y escoltado por los andares al ritmo de cuatro muchachas exuberantes que solo le sonreían cuando él les miraba a la cara. Otros tantos maromos con tangas de leopardo, peine enganchado en la cintura y relojes de oro copiaban su actitud y le reían las gracias.
 
     Andaba en una nube, el microscópico cabroncete.
 
     El resto, sin embargo… Era evidente que estaban ahí para entretenerle. A cambio, Aziz solo tenía que susurrar cuatro cosas al oído de alguno de los maromos y éste se escabullía como un gusano para aparecer al poco rato con una botella de Don Perignón, tablas de queso o bandejas de cristalplata con gruesas líneas de polvo blanco dibujadas en paralelo para compartir.
Conozco bien a mi amigo. Lo he visto en miles de situaciones y nunca creí que fuese capaz de pagar tales lujos. De algún lugar tuvo que sacar el dinero, pero no di con la posible respuesta hasta que no me vino a la memoria su imagen vestido de uniforme junto a un furgón blindado de la empresa Candi S.A.
 
     No me lo podía creer. ¿Acaso no estarían ambas imágenes relacionadas? Entonces me brotaron espontáneos recuerdos de su voz quejándose de las responsabilidades del trabajo, el estrés, los peligros. Quejas que en su día decidí ignorar. Es cierto que el chaval no es más que un agridulce fruto de mis ilusiones, pero me resultaba muy chocante haber convertido a un buen amigo en un avispado y bizco ladronzuelo mano-rota.
 
     Reconozco que tenía su gracia verlo canturrear paseando sus andares de pato triunfador. Daba pena y era gracioso al mismo tiempo. Más aún si cabe cuando la brisa marina despegó de su casco un peluquín apelmazado por la humedad del ambiente, que más que bisoñé, parecía una bayeta. Tenía que hacer algo y parar ese despropósito.
 
     Esa forma de actuar, sobre todo, me resultó inmoral, turbia, los alardeos de un fantasmón que se enquista en mis pensamientos y temí que pudiera ser también una parte de mi personalidad. Como no podía decirle directamente que cesase su actitud, pues sería como hablar conmigo y eso es de majaras, simplemente les regalé una tormenta.
 
     Cual deidad confusa del pasado, soplé y a zarpazos, embadurné al grupo con arena; Ladré para simular decenas de truenos feroces; Tapé los cielos sobre sus cabezas con mi corpachón y les solté la madre de todas las meadas hasta que la escena quedó reducida a un hueco horadado a chorro en la orilla.
 
     Podríamos pensar que es un final drástico para una reflexión tan íntima, que a lo mejor debería esforzarme por aceptar esta nueva faceta de Aziz, pero es preferible acabar con un poco de lluvia antes de ver como lo terminan deteniendo por alguna imprudencia, cómo lo juzgan, lo encarcelan y al salir se vuelve famoso y graba un disco o algo por el estilo. Ya saben en qué se convierte la sociedad cuando uno se la imagina: morbosa, idólatra, canalla… terriblemente absurda. ¿Y los dioses? Por supuesto: no lo niego.
 
     Los dioses deben estar muuuuy locos.
 
Pdt:
Un saludo al Dioni… Qué rara te salió la jugada, jodío.
 

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CoquinArtero
(@coquinartero)
Reputable Member
Registrado: hace 3 años
Respuestas: 251
 

Soy un perro. Con cara de perro, pelo de perro y peste de perro mojado que vaga día y noche por una playa de la costa alicantina. Llevo mucho tiempo aquí, tanto que no recuerdo cuándo puse por primera vez la pata sobre esta tierra. En mi soledad he memorizado cada rincón y aprendido a ver cosas que al principio se me escapaban.

     Esas cosas que se esconden en la arena.

 

     Quise experimentar por una vez con mi buen amigo Aziz, y tratarlo de este modo, como lo que realmente es: una ensoñación, un producto de mi mente perruna, una proyección en abstracto de mi propia realidad.

     Lo normal es que el pobre hombre haga lo que quiera, pero esta vez decidí meterlo en una especie de cubo transparente. Una habitación con forma de cubo, más bien. Esa habitación estaba a su vez rodeada por seis habitaciones más. Idénticas en todo, en tamaño, estructura, todo excepto en un pequeño detalle: cada una de esas habitaciones mostraban a un Aziz que era el mismo, pero a la vez un poco distinto. Lo que cambiaba en cada estancia era la posición temporal del propio Aziz.

     Cada uno era la versión del de al lado pero un segundo antes, un segundo después, un segundo más arriba, un segundo más abajo, un segundo… bueno: ya me entienden.

     Para él fue una experiencia única aparecer en ese lugar pues, desde su perspectiva, cada uno de los cubos, tenía otros seis cubos alrededor y con el mismo desajuste temporal en cada uno de ellos.

     Se asustó al ver el efecto de onda de serpiente que provocaba en todos sus yoes con el más mínimo movimiento. Después probó a experimentar, puso a prueba su nuevo entorno, intentó engañar al resto de sus copias del mismo modo que uno intenta engañar a su propia sombra, por último, antes de la iluminación, dudó de si en realidad era él quien mandaba sobre el movimiento de todas sus alternativas temporales, o si por el contrario, él mismo no sería la consecuencia de otra copia anterior, futura o alternativa.

     Quiso consolarse pensando que en realidad, y ahí no se equivocaba del todo, no sería más que el designio de un ser superior que controla su tiempo, lugar y espacio.

     Me temo que nunca debí haberlo puesto en tal situación. Las reflexiones le han obligado a evolucionar, experimentar y plantearse los cambios necesarios para entender que la única verdad absoluta, es que todas y cada una de sus versiones forman parte de si, pues de ese modo entiende lo que es, lo que fue y lo que será, pero todo a la vez. Algo que dicho así parece complicado, pero te acostumbras al poco tiempo.

     Creyéndose disperso en el espacio tiempo, por último se entendió a sí mismo como parte del entorno y lo que es peor, que el entorno era parte de él. No sé cómo, pero se ha deshecho del hipercubo que creé para él y ahora, aquí lo tengo, sentado a mi lado y rascándome el lomo como si fuésemos iguales, como si no fuese un homúnculo de mis pensares.

     Así, visto en grande parece un buen tipo, pero el cabrón no deja de dar la chapa con lo buenos que son los zumos naturales.

     Si es que lo dioses deben estar muuuuy locos


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