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La sombra de Tiberia.

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Fasa_Ape
(@fasa_ape)
Estimable Member
Registrado: hace 3 años
Respuestas: 116
Iniciador de tema  

-Los bosques, hijo mío, los bosque siempre han sido nuestra perdición- Una tos seca interrumpió al anciano.
-Cuando nuestros antepasados llegaron a este mundo, los bosques cubrían cada metro de tierra. Bosques oscuros, siniestros. Bosques que ocultaban pantanos, ciénagas y tierras movedizas-
El anciano tomó un sorbo del vaso que le ofreció una matrona.
-Bosques tan profundos, que nuestros antepasados, no podían saber que el mundo que creían suyo, por derecho y contrato, ya había sido reclamado-.
-Esos, ya estaban aquí, quién sabe desde cuando, sus bases ya estaban establecidas, eran fuertes y estaban bien ocultas- El anciano volvió a toser, esta vez escupió un coágulo de sangre.
-Al principio, nuestros antepasados intentaron negociar, este mundo es grande, pero la respuesta fue aniquilar a nuestros diplomáticos y colonos. Esta guerra ya ha durado más de quinientos años, hemos quemado sus bases, hemos quemado a mujeres, ancianos y niños, hemos quemado los bosques- El anciano parecía debilitarse a ojos vista.
-Ahora, hijo mío, tú eres quien nos debe liderar, parte raudo y recuerda "Legio aeterna invicta"-

Este tema fue modificado hace 2 años 3 veces por Fasa_Ape

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Makishima
(@makishima)
Trusted Member
Registrado: hace 2 años
Respuestas: 48
 

Locusta, la matrona

Ese fue su último estertor, contuve las lágrimas puesto que sabía que habría sido una afrenta al honor de mi padre, le di un beso en la mejilla y le cerré los ojos. Algo en su rostro me perturbó, parecía axfisiado, un repaso más exhaustivo me reveló unas líneas blancas en las uñas, encajé las piezas... arsénico

"¡LOCUSTA!" Grité con toda mi alma. Esa matrona moriría en galeras.

Como una exhalación, me dirigí a las cuadras, las huellas de caballo eran frescas, esa mujer había esperado a certificar la muerte, por eso no había huido antes. Le seguí internándome en el bosque, el que tanto temía mi padre el que nunca consiguieron devastar, los que se adentraban no regresaban o encontrábamos sus cabezas en picas. Esta vez sería yo sólo, no llamaría la atención, pensé...

 

El bosque se volvió más frondoso hasta que no pude seguir a caballo, tuve que desmontar y continuar a pie. Quizás fuera una sensación, pero los árboles parecían moverse ante mí, oí un ruido proveniente de uno de ellos, entonces no sabía lo que significaba, pero años más tarde lo descubrí "Dejadle pasar, es el que unirá nuestros mundos" El bosque se abrió ante mí revelando una especie de asentamiento, doy gracias a que la caminata había apagado mi ira, porque si hubiera visto aquello minutos antes, yacería muerto sobre la hierba.

Locusta recibía una bolsa de manos del que parecía Tullius, un "amigo" de mi padre, aunque incomprensiblemente, no llevaba el uniforme de la legión, sólo sus últimas palabras me despejaron las dudas "Legio aeterna invicta"...


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Fasa_Ape
(@fasa_ape)
Estimable Member
Registrado: hace 3 años
Respuestas: 116
Iniciador de tema  

Cuarteles de invierno de la legio octaba Lupus Mortis, en las estribaciones occidentales de Talis Magna.

La reunión entre el comandante de la legión y el enviado de la casa Lamia, marchaba tan mal como cabía esperar.

-El contrato ha expirado, eso no es negociable- dijo secamente el comandante después de tomar un trago de un tazón de porcelana fina.

-¡El contrato es por cien años, o hasta alcanzar los objetivos! tenemos la victoria al alcance de la mano, si la legión pudiera permanecer en Tiberia tan solo unos meses más....-

El representante de la casa Lamia estaba incómodo, las legiones, solo servían al senado, aun que cualquier casa que pudiera permitírselo podía contratar sus servicios. El poder militar de la casa Lamia, era limitado tras tantos siglos de desgaste, esa era la razón por la que se necesitaba que la legión encabezará los últimos asaltos.

-Negativo, el contrato se firmó con Gaius, el líder de tu casa y Gaius a muerto, nada nos ata a este mundo maldito- cortó el comandante apurando el tazón de porcelana.

Los legionarios, estaban mejorados de forma limitada, tanto Bionicamente como genéticamente, esto no los convertía en super hombres, pero les daba la ventaja en el campo de batalla que garantizaba la supremacía del senado.

Al enviado no se le escapaba el detalle de que el comandante hubiera decidido que les sirvieran el vino en cuencos de porcelana fina.
Que un hombre como él, pudiera sostener uno de esos cuencos sin hacerlo añicos, era una demostración de poder y control más elocuente que verlo destrozar un muro de ferrocemento con las manos.

-No tiene derecho a romper el contrato, ¡elevaremos una queja al senado!- El enviado empezaba a perder la paciencia.

-Creo que hace mucho tiempo que uno de sus delegados no pasa por el senado- el comandante hizo polvo el cuenco con una ligera presión de sus dedos - La situación cambió hace muchos siglos, ¡Ahora! si me permite. Tengo que supervisar el embarque de mis tropas-.

El enviado se levantó indignado, se dirigió a la entrada de la eco tienda, justo cuando estaba apunto de salir, se volvió hacia el comandante diciendo.

-"Legio aeterna invicta"-

Esta publicación ha sido modificada el hace 2 años por Fasa_Ape

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Makishima
(@makishima)
Trusted Member
Registrado: hace 2 años
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Frente oriental del bosque de Barandyr (en cuyo corazón se encuentra el campamento de "Locusta") 3 años tras la muerte de Gaius.

Tullius se mesaba la barba ante la visión de los ents, le ha costado mucho llegar hasta aquí, incluso traicionó a un amigo por este contrato, el bosque que tenía ante sí albergaba la preciada planta de Meridae, su savia se extraía para conseguir la modificación sináptica necesaria para la correcta sincronización entre los miembros biomecánicos y el cerebro. Debido a la destrucción de bosques por la guerra con los seres feéricos, las existencias de Meridae estaban escaseando, era la oportunidad perfecta para recuperar la gloria de la casa de la Mantícora, de hecho, quizás fuera la última...

La presencia de la legión les incomodaba, muchos de ellos jóvenes inexpertos, intentaban concentrarse en las palabras de su señor "A mi señal ira y fuego", el sudor perlaba sus rostros, miraban fíjamente sus manos con las catapultas y los arcos tensados. Incluso Tullius estaba nervioso, se rascaba la junta de la rodilla biónica con el cudriceps, el prurito era común en los legionarios que llegaban a cierta edad, ya que la pérdida ósea afectaba a la coordinación y el tiempo que llevaba sin tomar Meridae agravaba la situación... Los ents comenzaron a moverse, es el momento, pensó, levantó solemnemente el puño derecho y una lluvia de fuego se dispuso a caer sobre los árboles. Para sorpresa de todos, los ents transmutaron su corteza en un material lo suficientemente duro para repeler las flechas, incluso las rocas de las catapultas eran incapaces de atravesarlo. "Así es como consiguieron evitar que lo quemáramos todo... pero hoy no tendrán esa suerte, ¡a mí la legión!"

Viales de metal empezaron a surgir de los zurrones, el sonido del descorche confería de éxtasis a Tullius, casi podía paladear la Meridae, hoy sería el gran día... La legión cargó sin más miramientos, los puños atravesaban el metal soltando esquirlas y astillas, raíces se alzaban del suelo atrapando pies y manos... flechas surgían de detrás de los árboles, la batalla era encarnizada, pero una vez cayeron los ents, la balanza se decantó de parte del imperio, el ejército de la Mantícora se unió a la liza, todo parecía perdido hasta que una figura encapuchada apareció tras el follaje, las palmas abiertas generaban un halo ígneo, "IGNE MATER UMNA" Una enorme bola de fuego surca la explanada arrasando la mayor parte del contingente imperial, ira y fuego, qué irónico...

Tullius huye al galope dejando una pira de cuerpos calzinados tras de sí, gira un instante la cabeza para ver como la enigmática figura baja la capucha revelando su rostro, Lucio, hijo de Gaius, lee en sus labios unas últimas palabras en un esbozo de sonrisa

"Legio aeterna invicta"


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