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Juego de Rol de Atlas Negro

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NoviembreNocturno
(@noviembrenocturno)
Estimable Member Admin
Registrado: hace 9 años
Respuestas: 73
Iniciador de tema  
Si alguien estuvo ayer por el twitch igual se percató de que hablamos de la posibilidad de crear un juego de rol inspirado en la saga Atlas Negro
 
Pues bien, sin que lo que aquí se proponga sea vinculante, y solo para los que os apetezca hacerlo. Se propone la siguiente actividad para el De Profundis.
 

En lugar de las lecturas habituales (Se puede hacer alguna, pero me centraré en los textos que surjan de esta propuesta y si da tiempo, leeremos algún otro)
 
 
Podemos proponer el escenario, los personajes y el contexto de una "partida de prueba" de Atlas Negro dentro del De Profundis y trasladable a partida de rol más clásico
 
 

Algunos tips:
 
 
 
 

    • Esto es un fanfic, no hace falta conocer el universo del Atlas al dedillo, más bien, bastaría con conocer la premisa. 
     
     
     
     
    • Lo ideal es plantear un posible escenario de la partida, una situación, un contexto, de un personaje en un momento concreto o de todo a la vez, en un relato breve, (hablamos de media página). El texto, por tanto, debe ser narrativo, al estilo habitual del foro, no simplemente descriptivo, lo que estemos contando, que sea en lo posible un cuento breve. O al menos un inicio de cuento breve con final abierto.
     
     
     
    • Por poner algunos ejemplos: puede ser un relato carcelario, una vieja mansión, un bloque de apartamentos en la playa de Nules, etc. Lo importante 
     
     
     
     
    • La ambientación temporal también es libre, puede ser una precuela de aparición de una huella, puede ser el auge y caída del Cisma de Levante, o con la presencia de una Supermasiva en las calles de Buenos Aires...
     
     
     
     
     
     

    Algunos ejemplos:

  1. "Un grupo de supervivientes merodea por las calles colindantes al bloque de apartamentos que alberga al Señor del Cisma, el relato describe un posible inicio de la aventura en ese contexto".$
  2. "Un mercenario de alguna de las grandes corporaciones cuenta como le envían al Edificio España en busca de un informante de alto rango..."
  3. "Un carpintero jubilado debe hacer frente junto a otros convecinos de Castillejo de Robledo, a la aparición de una huella que ya no resulta ser tan indiferente a "los vivos"..."

    Por supuesto, dejo en vuestras manos el que esta actividarks se desarrolle con más o menos extensión, podemos dedicarle un solo De Profundis, o expandirla si tiene éxito.

  4. Lo que es inminente es que desarrollemos una aventura jugable en este universo para una partida de rol más clásica.
     
     
    Abrazos Primigenios!

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NoviembreNocturno
(@noviembrenocturno)
Estimable Member Admin
Registrado: hace 9 años
Respuestas: 73
Iniciador de tema  

Viajaba en el autobús de línea nocturno Barcelona-Salamanca. El interior del vehículo estaba a oscuras, tan apenas media docena de personas lo ocupábamos. El rumor del motor y el suave repiquetear de la lluvia contra el techo inducía a la modorra. A eso de la medianoche, paramos en Agreda, donde se incorporó un viajero. Era un hombre pequeño, con una gabardina y una gorra, que cubrían una cara redonda, con grandes gafas y ojos pequeños y llorosos. Yo era el único que permanecía despierto Con la pequeña luz en el techo del asiento, trabajaba en mis notas. Al pasar a mi lado, el hombrecillo pareció reconocerme y se detuvo. -¿Disculpe, no es usted Manuel C., el reportero de las Huellas? Tengo una historia que podría interesarle..


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Higo Chumbo
(@higo-chumbo)
Estimable Member
Registrado: hace 3 años
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A 10  kilómetros de Collado Mediano, y a escasos 2 kilómetros del Ángel Vigilante, el sonido de una  televisión rompía el silencio de la noche. Una casa antigua, en mitad de la Sierra de Guadarrama, sin más decoración que una heráldica sobre la puerta, veía como su dueño corría de aquí para allá llenando una maleta enorme. Fabián C. Blasco , hierofante del consejo nocturno, trataba de meter a presión un libro titulado “Dier daemonun”, al mismo tiempo que la voz de la televisión informaba de la detención de la cúpula del consejo nocturno. Cuando consiguió cerrar la cremallera, puso a rodar la maleta hacia la entrada  mientras con la otra mano metía en google maps las coordenadas que su maestro y Tío paterno le había enviado (Valsaín). El frío de la noche lo golpeó en la cara, pero poco le importó pues se ajustó el cinturón de la bata y rodeó el edificio hasta pararse en la espalda de un todoterreno. Metió la mano en el bolsillo y el maletero se abrió. Con un poco de esfuerzo alzó el maletón hasta el fondo y sin cerrar el maletero, regresó corriendo hasta la casa, donde seguía sonando el telediario. Con un suspiro sacó la 9 milímetros que su padre había traído de Argentina, se la ajustó al cinturón y volvió a salir al coche. 

Justo antes de subirse al vehículo escuchó como alguien llamaba a la puerta  …..






Esta publicación ha sido modificada el hace 4 meses por Higo Chumbo

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LordToldingale
(@lordtoldingale)
Trusted Member
Registrado: hace 2 años
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De nuevo el mismo punto negro sobre el horizonte de Nules, de nuevo el mismo tronar de aspas sobre el solar de las acequias, la misma figura avanzando por la calle, los mismos millares de velas que nunca se apagan, el mismo sacerdote portando el mismo machete… una y otra vez lo mismo. Siempre la misma historia. Aquel bucle sin fin era mi cárcel, y el tiempo sus barrotes. Mas, en esta ocasión, había acontecido un cambio casi imperceptible: una de las velas ofrecidas al Señor del Cisma de Levante se había consumido mientras aquel helicóptero intentaba, en vano, huir de la inminente Umbra. La primera en apagarse… la primera que me liberaría de aquella prisión… la primera que lo cambiaría todo…

Confesiones de Marta MacDonald.


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LordToldingale
(@lordtoldingale)
Trusted Member
Registrado: hace 2 años
Respuestas: 82
 

El hombre vomitó el contenido de su estómago, desparramándose este por todo el suelo. Las intensas arcadas lo dejaron postrado, mientras el aire de derredor vibraba con la densidad generada por la materialización. Cuando logró incorporarse pudo observar su reflejo en un pequeño espejo que había en la pared. Apenas se reconoció a sí mismo: su tez morena estaba tibia por la palidez del malestar que lo atormentaba, sus ojos verdes surcaban profundas ojeras, sus cabellos castaños eran un revoltijo sin orden ni concierto y sus labios, amoratados por el frío extremo del lugar, le resultaban irreconocibles. No recordaba nada a excepción de su nombre, Ezequiel, y de un hecho que, por inverosímil que parezca, le resultaba innegable: él había muerto. El frío lo empujo a buscar lo que fuera para lograr retener el poco calor que su cuerpo generaba. Cerca, en el mismo suelo donde acababa de vomitar, encontró un grueso abrigo; sobre el hombro derecho se podía leer con claridad una inscripción: «Base Casey, Antártida». En la lejanía resonó la sirena de un barco.


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LordToldingale
(@lordtoldingale)
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Respuestas: 82
 

«… les hablarán de hambres y de guerras. Pero no pierdan la esperanza. Mantengan abierta esta frecuencia. Todo esto… apenas es el comienzo…». La joven apagó la radio. Apenas rondaba los veinte. Se pasó la mano por la cabeza afeitada mientras revisaba su mochila. Casi no le quedaba agua… el último bocado lo había engullido hacia más de tres días. Alzo la vista, y desde la ventana pudo observar la larga marcha de aquellos pobres imbéciles: un río de fanáticos ilusos que esperaban hallar en las Huellas alguna verdad absoluta. Se puso la mochila, cogió el abrigo y procuró que la palanca de hierro quedase bien oculta entre sus pliegues. Antes de salir para unirse a la comitiva que discurría delante del que había sido su refugio, se ajustó la capucha, procurando ocultar las cicatrices que surcaban su rostro. Abrió la puerta, y salió al mundo…

Esta publicación ha sido modificada el hace 4 meses por LordToldingale

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CoquinArtero
(@coquinartero)
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Registrado: hace 3 años
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Deambula por las calles como el espectro de una sombra, empapado; lo jalonea y tira de él un mastín enorme, flaco y sucio llamado Pedro. Los acompaña un tarareo ronco interrumpido por insultos que salen con la fuerza de un tosido. El despojo humano, mohoso, conoce las mieles de una cama tibia donde dormir ajeno a lo que ocurra en el exterior. Conoce la tranquilidad de la comida sin límites, el abrazo de un ser amado, poder vestir el disfraz de una vida feliz a pesar de haberse visto obligado a desarrollar un ojo en la nuca.

—Oye la historia que contome un día… —canturrea lastimoso a media voz para, sin venir a cuento, estallar gritando—. ¡Mierda puta! ¡Hijos de una perra y mil caballos sarnosos! ¡A mí! ¿A mí, putos?… —Y vuelta a cantar—. Un viejo enterrador de la comarca…

Algo que evitó durante veinte años, de repente un día se abalanzó sobre su vida, despedazándola de un solo zarpazo, volviendo su mente del revés e infectándola de odio, rencor, venganza y locura.

En apariencia, diríase que es inmune a los efectos del frío y la humedad. Nada más lejos de la realidad. Como diría Lawrence de Arabia, «el truco está en que no te importe que te duela». Siente el frío, el dolor de huesos, el hambre y los escalofríos constantes. Muchas veces se orina encima para entrar en calor antes de dormir. La vida de mierda le ha obligado a hacerse un traje a medida con estas sensaciones que asume con normalidad, como si siempre hubiesen estado ahí. Sorprende saber que, si aún conservase la capacidad de razonar, lo más seguro es que no sería muy diferente a como ya es. Sabe que se lo merece, pero no quiere dejarse morir…


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Makishima
(@makishima)
Trusted Member
Registrado: hace 2 años
Respuestas: 49
 

Continuando el texto del autobús:

"Viajaba en el autobús de línea nocturno Barcelona-Salamanca. El interior del vehículo estaba a oscuras, tan apenas media docena de personas lo ocupábamos. El rumor del motor y el suave repiquetear de la lluvia contra el techo inducía a la modorra. A eso de la medianoche, paramos en Agreda, donde se incorporó un viajero. Era un hombre pequeño, con una gabardina y una gorra, que cubrían una cara redonda, con grandes gafas y ojos pequeños y llorosos. Yo era el único que permanecía despierto Con la pequeña luz en el techo del asiento, trabajaba en mis notas. Al pasar a mi lado, el hombrecillo pareció reconocerme y se detuvo. -¿Disculpe, no es usted Manuel C., el reportero de las Huellas? Tengo una historia que podría interesarle.."

 

Mientras recojo algunos papeles para apartarlos de la vista del curioso "En efecto, soy yo, ¿a quién debo el honor? Cualquier historia al respecto es bienvenida, por favor, cuénteme"

El enjuto señor alza las gafas a su posición original y me dice "Soy Faustino Hidalgo, Umbrólogo de Ágreda, ya sabe, uno de los científicos que empezamos a estudiar las sombras. ¿Qué me diría si hubiera logrado transportar una de esas sombras?"

Le rebato con una mirada incrédula "No bromee con estas cosas, Faustino, cada día me llegan cientos de nuevas teorías y si le soy sincero, empiezo a estar cansado, ya me ve, hace tiempo que no duermo más de 4 horas seguidas y sigo estudiando las habladurías hasta por la noche o incluso en los trayectos"

El hombre posa una mochila sobre el asiento mientras agarra suavemente la cremallera con la mano izquierda "Créame vd. que jamás osaría inventarme una locura o promovería una leyenda urbana, para mí este tema es muy serio y tengo una prueba de mi hallazgo aquí mismo"

El umbrólogo parece sereno para ser alguien que se dedica a estas cosas, una semilla de duda se cierne sobre mí "Si lo que me dice vd. es cierto, no sé si es un buen sitio para enseñarlo, quizás debamos esperarnos a llegar a Salamanca"

Faustino abre la mochila con sumo cuidado y bajo la luz del techo empiezo a vislumbrar algo "Manuel, le diré que este encuentro no es fortuito, quería que Vd. sobre todas las personas fuera el segundo en atestiguar semejante hazaña"

Cuando terminó de recorrer la cremallera lo pude ver con claridad, en el fondo de la tela se veía con nitidez una pequeña sombra humanoide "Pero, ¡qué demonios! En verdad no me mentía, señor Hidalgo, ¿lo puedo tocar?"

En ese mismo momento, el autobús coge un bache debido a un patinazo sobre la lluvia, los pasajeros se despiertan y alguno de ellos chilla, hay una señora en la primera fila que parece haberse golpeado con la mampara del conductor y no emite ningún sonido, una línea de sangre brota de su frente. En la mochila ya no se encuentra el ente umbrío, un grito ahoga el resto de los sonidos del vehículo, es el Sr. Hidalgo profiriendo "¡Noooooooooooo!"


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Alastaer
(@alastaer)
Trusted Member
Registrado: hace 2 años
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Esta publicación ha sido modificada el hace 3 meses por Alastaer

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LordToldingale
(@lordtoldingale)
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Respuestas: 82
 

Base Casey capítulo 2.

Ezequiel pisó la nieve que cubría el basto mundo más allá de la base Casey. A pesar del malestar que todavía retorcía sus entrañas, no pudo evitar sentir una extraña mezcla de asombro y desasosiego al contemplar la bastedad de la Antártida. Daba igual donde mirase, tan sólo veía la solitaria monotonía de hielo y roca que formaban aquella tierra. Sentía la boca seca, tanto que le fue imposible tragar la bilis que comenzaba, una vez más, a inundar su paladar. Entonces oyó aquél inconfundible sonido cruzando el inmenso desierto gélido: la sirena de un buque. Venía del algún lugar, al norte de su posición, al otro lado de los pocos edificios que conformaban la base Casey. Se arropó bien, y, decidido, se puso en camino. Cruzó la base y se adentró en la pequeña planicie que dominaba el espacio existente entre él y el mar helado. Entonces fue cuando se percató de su presencia: millares de pingüinos, quietos, silenciosos, más parecidos a pétreas gárgolas que a animales salvajes, invadían la planicie que, hasta hacía unos instantes, había permanecido oculta a la sombra de los edificios. No se movían. Ni siquiera parecían respirar. Superada la primera impresión, con el miedo todavía atenazando sus nervios, vislumbró un paso entre aquel ejercito emplumado. No se paró a pensarlo, pues de hacerlo sabía que la cobardía lo hubiera azuzado a volver a la solitaria y condenatoria soledad de la base Casey. Así que dio un paso, después otro, hasta adentrarse en aquel Jackson Pollock cuyo fascinante sinsentido no comprendía. Durante su avance mantuvo siempre una cautelosa distancia, a pesar de que los animales no mostraban amenaza o agresividad alguna ante su persona. La sirena volvió a sonar en la lejanía, y al recorrer la extensión, los pingüinos, como si de una señal pactada se tratase, se giraron al unísono para observarlo. Cientos de miles de diminutas perlas negras comenzaron a seguir cada uno de sus movimientos. Ezequiel sitió los latidos del corazón golpeando las paredes de su esófago, y aceleró el paso. La sirena resonó una segunda vez, y aquellos seres que lo rodeaban comenzaron a proferir una caótica cacofonía de graznidos que lo espoleo a correr sin echar la vista atrás. Con la tercera sirena, la tormenta estallo… y aquellos animales, encolerizados por alguna fuerza que iba más allá del entendimiento humano, comenzaron una lucha fratricida; tal fue la violencia que desplegaron que pronto convirtieron la marcha de Ezequiel en una desenfrenada carrera entre plumas, sangre, carne y miedo. De algún modo, a pesar de la vorágine de muerte, el camino ofrecido por las aves se mantenía abierto. Cayo al suelo varias veces durante su huida; la nieve se fue tiñendo del rosa claro al bermellón más oscuro. La bilis, el retumbar de su corazón y la irrealidad de aquel mundo embotaron sus sentidos hasta rozar la locura. ¿Cuánto tiempo corrió entre aquellas enfurecidas bestias? Nadie lo sabe. Al final sus manos se posaron contra el insensible casco de un buque rompehielos. Sus puños golpearon el frio metal con la esperanza de hallar algún tipo de consuelo. La sirena bramó de nuevo, y desde lo alto de la cubierta del buque descendió una escalera de mano.

En su casco se podía leer un nombre: «Lucero del alba».


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Higo Chumbo
(@higo-chumbo)
Estimable Member
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Fabián se quedó clavado al borde del coche sin saber qué hacer, «sal huyendo gilipollas» le gritaba  su instinto, mientras que su raciocinio  le susurraba «no te precipites, igual es la vecina Rosa que se ha vuelto a quedar sin sal» su debate mental se cortó de pronto al oír que golpes se repetían con más intensidad.  

Sin pensárselo más, fue a ver quien era. Pero a medida que se acercaba a la puerta, su mente le gritaba cada vez más fuerte  : «Es la policía imbécil» «Sal corriendo y no mires atrás »

 

Respiró profundamente y agarró con fuerza la pistola antes de extender la mano hacia el picaporte. Casi se le sale el corazón del pecho al ver a Manolo, el guardia forestal. 

El agente se lo quedó mirando fijamente antes de empezar a hablar : 

—Buenas noches señor Balsco, hemos recibido quejas de su vecina Rosa  por el volumen de la televisión, le rogaría que la apagara…

Nunca llegó a terminar la frase pues un gran agujero de bala le atravesó la cabeza llenando de sangre la cara de Fabián. El chico se quedó en shock mientras el cuerpo del agente caía a plomo. Paralizado por el miedo observó un haz de punto rojo salir de entre el follaje. Con un rápido movimiento se volvió hacia atrás y atravesó la casa corriendo , mientras escuchaba las balas rebotar en la piedra de la pared. Al salir al patio exterior más tiros lo recibieron, pero se abalanzó sobre el vehículo encendido y  pisó a fondo el acelerador. El coche se revolucionó y con un acelerón atravesó la valla que cubría la casa, hasta perderse por los caminos del bosque. Sin percatarse que un vehículo sin luces lo seguía desde la distancia. 

 

Media hora después, Fabián aparcó el coche frente a la Casa de su tío y  maestro en Valsaín. Buscó las llaves con nerviosismo y penetró en la pequeña casona, cerrando todos los cerrojos tras él. 

Entonces, un pasillo oscuro lo recibió, y temiéndose lo peor llamó a su tío a gritos. 

—Tío, Tío ¿dónde estáis?

Una pequeña puerta se abrió revelando un enorme salón iluminado por la luz de una chimenea y unos enormes ventanales que filtraban la luz de las farolas. 

Fabián, corrió  hacia ella cerrando la puerta tras él. 

El pánico aún se veía en sus ojos y ver a su tío  José Luis sentado en un sillón agitando un vaso de güisqui como si no pasara nada, no lo ayudó en absoluto. 

 

—¡Tío, Están aquí!  Me han descubierto. Collado mediano ya no es seguro. Nos están cazando.  Asensio fue la primera. ¿Qué vamos a hacer?  —Gritó el pobre Fabián presa del pánico . 

 

— ¿Has traído el Libro?— preguntó Jose Luis,  sacando un puro de su bolsillo.

— ¡Pero no me has oído! ¡Hay que irse ya! No tardarán en alcanzarnos…

 

—Tranquilízate sobrinito, tomate un güisqui, aún tenemos tiempo, tengo la moto arrancada y una sorpresita  por si nos sorprenden esos cabrones. —Dijo su tío revelando un cartucho de dinamita que guardaba bajo la chaqueta.

—No me hagas repetir la pregunta. 

 

Fabián respiró hondo y sacó de un bolsillo el “Dier daemonum”. Jose Luis lo cogió con cuidado y abrió su primera página,  estaba en blanco, pero al acercarla al calor del fuego un título nuevo apareció sobre ella: “Corona Radiata”

 

—Buen chico— Celebró José Luis  levantándose del sillón y acercándo un güisquis a su sobrino . —Ahora querido muchacho cuéntamelo todo.

En ese momento un punto verde se iluminó en la cabeza de Fabián.  

—¡Mierda! —Gritó Jose Luis tirándose al suelo antes de que el rugido de una ametralladora llenará de plomo el cuerpo de  su sobrino.  Entonces unos hombres vestidos de camuflaje  atravesaron las ventanas del salón encontrando  el cuerpo moribundo de Fabián y un cartucho rojo con una mecha encendida. La explosión no se hizo esperar pero José Luis la  escuchó de fondo mientras recorría la carretera principal montado en su Harley.

 

Tres horas después, poco después de la media noche. José Luis había adelantado a un bus nocturno, Justo cuando se terminó la reserva de combustible. Jurando en hebreo dio las luces de emergencia y aparcó la moto en mitad de unos arbustos, e hizo señas al conductor para que lo dejara subir. Y este lo hizo. 

 

—¿Buenas noches, a dónde se dirige?— preguntó al conductor que no dejaba de alternar una mirada severa entre la  señora que tenía atrás y un señor enjuto con cara de espanto que sostenía una mochila vacía. Después de varios segundos y tras hacer sonar las monedas, el conductor se dignó a hablar. 

—Ruta Barcelona, Salamanca. —respondió secamente arrancando de nuevo el motor y presiento la marcha. 

(Imágenes del Tío Jose Luis y Jose Luigi para los amigos) 


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