Forum

Avisos
Borrar todo

Historias de Bay City

70 Mensajes
6 Usuarios
2 Likes
1,184 Visitas
CoquinArtero
(@coquinartero)
Reputable Member
Registrado: hace 3 años
Respuestas: 241
 

No se les ocurrirá algún día mandarnos a encontrar un gato perdido o algún menor escapado, no. Primero nos encargan encontrar a Boogie y esa nueva arma del demonio, ahora, nada más y nada menos que localizar la base ambulante de la emisora pirata que está sacando de quicio a las autoridades en todos los bandos de la ciudad.

     Nadie tiene ni idea de dónde estará sacando esos clásicos de la emisión pasada que reproduce en sus mensajes. Los coloca en los sitios correctos, el lugar y la hora adecuadas para refrescar la memoria al electorado cuando hace falta. Desde donde se encuentra, es capaz de enterarse de secretos dentro de los secretos, antes de que puedan ser efectivos. Los difunde. Revienta planes de millones de dólares con una sola emisión.

     Por supuesto, Hay quien lo considera un héroe, un buen samaritano que, poco a poco comienza a despertar conciencias. Por supuesto, las órdenes son las de detenerlo. Solo tenemos que seguir el rastro del dinero y sabremos a qué poderosa ballena de la economía estará perjudicando. Por supuesto, si nos han contratado a Jenni y a mí, es porque se les han acabado las mejores opciones y empiezan a buscar en el fondo del barril.

     Lo que no saben nuestros clientes es que yo cuento con algo que el resto de los detectives de Bay city no tienen: Yo fui un niño gato.

     Si algo en este estercolero se oculta entre las sombras, solo mis hermanos son capaces de encontrarlo. Ya no soy parte de la colonia, pero al contrario que el resto de los niños gato de mi edad, no volví a La Catacumba. Me quedé como asistente de los Felipe´s hasta que me independicé con el paso de los años para quedarme en un limbo, en el que tanto mi familia de las profundidades, como mis vecinos de la superficie, recelan de mí, pero me dejan tranquilo. La única opción que me quedó fue la de convertirme en un detective privado con ciertas habilidades ocultas y la mejor red de contactos.

     Dicho esto, sabía desde hace tiempo que el encargo me caería encima tarde o temprano, así que decidí mover ficha y adelantar faena. En conclusión: llevo al menos un mes buscando a ese locutor chiflado y me he gastado una fortuna en regalitos para los pequeños cabrones, pero sin resultados… Hasta ahora.

     Como todos sabemos, se hace llamar El Rey Insomne. No es un fenómeno reciente. Durante años se sospechó que emitía desde un zeppelín invisible flotando constantemente por los alrededores del lago Michigan… nada más allá de un rumor. Tiene una vía de contacto, una especie de código postal incomprensible por la que los locos le hacen llegar mensajes y de vez en cuando pesca una primicia que pone a la mafia patas arriba. Descubrió el contenedor lleno con cadáveres olvidados de niños que estaban destinados al comercio sexual, también dio el aviso en directo, colándose en todas las cadenas de transmisión oficial, de la reunión vespertina entre el jefe de la mafia más buscado del momento, y el cesado alcalde Quimby. Cuando llegó la policía, cientos de ciudadanos ya habían reducido a ambos delincuentes y ni ocasión tuvieron de echar tierra sobre el asunto. Es un agente peligroso.

     Una pieza bien viva este Rey Insomne. No estoy seguro de que me apetezca encontrarlo. El Chaval me cae bien.

     En Fin… el trabajo es lo que es y en esta ocasión estoy seguro de haber dado con una de sus guaridas. Sólo necesito que otro de esos avispados caníbales con bigotes de leche regrese con un sí en la boca. Después iré personalmente a hacerle una visita. Le preguntaré a la voz más famosa de Bay City, si conoce un motivo más fuerte que el dinero para que no venda su culo de justiciero.


ResponderCitar
Omarelmanco
(@omarelmanco)
Trusted Member
Registrado: hace 2 años
Respuestas: 72
Iniciador de tema  

Vietnam, Mayo de 1965

El soldado, estaba harto, cansado y asqueado de la guerra, había perdido a muchos amigos en ese país donde nunca deberían haber entrado, pero ahí estaba, solo y aislado de su patrulla.

Hacía tres días que apenas comía y su M-14 le ayudaba más como muleta que como fusil de combate, le quedaba menos de medio cargador, y necesitaba que un médico le revisase el pie en condiciones.

A lo lejos vio una destartalada casucha, agradeció su suerte, y apresuró el paso. Al llegar a la entrada, empuñó el fusil decidido a entrar para guarecerse en el interior, dentro de la casa vio a una mujer visiblemente enferma tumbada en una cama tan destartalada como todo lo demás, y a una escuálida niña que le miraba fijamente empuñando un cuchillo oxidado.

Con poco esfuerzo, desarmó a la niña, y observó que la madre tenía un corte con muy mala pinta en el brazo y sudaba copiosamente fruto de la fiebre. Esto ya lo había visto otras veces, el corte del brazo estaba infectado y de no remitir la fiebre, la mujer tenía los días contados. Aún así el soldado intentaría salvarla, su enemigo era el Vietcong, no una madre enferma con su hija.

En las horas que siguieron, el soldado se puso a la tarea a pesar de la herida del tobillo. Pudo cazar un cerdo salvaje aunque gastó sus últimas balas para ello, pero al menos, eso proporcionaría comida para varios días, también hirvió agua y limpió lo mejor que pudo la pestilente herida de la mujer. La niña superó su recelo inicial al ver que aquel soldado extranjero lo les haría ningún daño, no tenía ningún sentido el cuidarlas si su intención hubiera sido acabar con su vida. La niña, a pesar de desconocer el idioma del soldado y viceversa, le ayudó diligentemente a colocar dolorosamente el tobillo en su sitio entablillándolo después. A los tres días, la madre sucumbió a la herida del brazo, el exiguo botiquín del soldado poco pudo hacer, cogió una pala y enterró a la mujer en la parte de atrás de la casa, no sabía que tipo de ritual seguían los amarillos, pero creyó correcto rezar por ella. La niña se pasó los siguientes días sin comer pese a los esfuerzos del joven. Pasaban las semanas, el humor de Linh, que así se llamaba la niña, mejoró un poco por lo menos. El soldado era consciente de que aquello no podía durar mucho más, él debía volver con su regimiento, y la niña no podía quedarse sola en mitad de la selva. Una noche, a lo lejos, pudo ver algunos destellos de lo que sin duda debía ser un tipo de aldea o asentamiento vietnamita, puesto que la posición no cuadraba con ningún puesto americano que él conociera. Parecía que la divina providencia había acudido en auxilio de la niña y del joven, el cual resolvió dejarla en la aldea para poder reunirse posteriormente con su unidad. Cogió la carne seca que prudentemente había ido preparando, y al día siguiente emprendió la marcha con la niña, el soldado calculó que les llevaría tres o cuatro días al ritmo de Linh. El camino hacia el supuesto poblado, se hizo relativamente sencillo, un viejo y estrecho camino les hacía avanzar lentamente pero con seguridad, cosa que el soldado agradecía, un cuchillo de combate y un M-14 sin munición serían poca defensa en caso de que apareciera el Vietcong, aunque estaban bastante hacia el Sur, el joven americano, no terminaba de fiarse. Durante los días, el soldado, le hablaba a la niña sobre su familia, su padre que llevaba una tienda de antigüedades, su hermano, que aunque un poco gilipollas era buena persona, su madre que preparaba el mejor pastel de manzana de todo el barrio, y sobre todo del Sloopy Joe del Café de Beth, con una mostaza tan picante que podías cagar fuego una semana, el soldado desconocía si Linh era capaz de entender algo de lo que le decía, pero esas “conversaciones” le entretenían lo suficiente como para olvidarse un poco de los horrores de la guerra, echaría de menos la manera en la que le sonreía.

La tercera noche, el americano no pudo más y cayó dormido víctima del cansancio para despertarse súbitamente al escuchar un crujido a su espalda.

El soldado apenas tuvo tiempo de girarse, el culatazo le golpeó directamente en la sien.

Lo ultimo que oyó antes de perder la consciencia fue a la niña gritando su nombre mientras uno de los asaltantes se abalanzaba a por ella.

Al despertar, lo único que quedaba de Linh era un cadáver semidesnudo, vomitó lo poco que tenía en el estómago y abrazó el cuerpo de la niña mientras no dejaba de llorar, horas después, mientras lavaba a la niña con el agua de la cantimplora, encontró un parche de la A.C.S, una furia inenarrable le hizo un nudo en el estómago. Terminó de asear a la niña para darle digna sepultura, y juró que esto lo pagaría alguien.

Semanas después, Rick Swanson fue encontrado bañado en sangre en las dependencias de la A.C.S, lo que allí vieron los policías militares les heló la sangre, fue condenado por asesinar a los mandos integrantes de la empresa de mercenarios, pero su abogada consiguió reducir su pena a tan sólo dos años en institución psiquiátrica porque Rick estaba hasta arriba de LSD.

Rick volvió a Bay City, donde una noche sería encontrado borracho y drogado por Yvainne Campell en un callejón.

Nota:
Como cada vez que nombro un plato pongo la receta, este relato por escabroso que sea, no iba a ser la excepción.

https://recetasamericanas.com/2015/05/08/receta-para-hacer-sloppy-joes/


ResponderCitar
CoquinArtero
(@coquinartero)
Reputable Member
Registrado: hace 3 años
Respuestas: 241
 

Los alrededores del Felipe´s se volvieron más silenciosos que el cementerio de Bay City. Los accesos de las calles Norton y Pitt estaban bloqueados por motivos aparentemente distintos: una boca de riego en el cruce de Pitt con Palaniuk, obligó a desviar el tráfico por Soap Street y dos vehículos chocaron con víctimas en el cruce de Norton y Fincher. Como consecuencia, la curva en la que el local languideció durante más de dos siglos, experimentó un silencio nunca antes sentido desde el auge de los vehículos a motor.

     Por supuesto, los niños gato pusieron un poco por su parte para que nadie pudiese ver a Boogie El Aceitoso entrar al viejo Felipe´s, que aunque conservaba el cartel a modo de curiosidad arqueológica, se había visto relegado a una tienda de compra y venta de antigüedades. Escondía la nota marrón escondida en el sobaco y la agarraba como si fuese su hijo pequeño.

     Traspasó la puerta dando por supuesto que la campanilla anunciaría su presencia por todo el edificio. Lo que no esperaba era reconocer la mirada del hombre que se hallaba tras el mostrador. No sabía con exactitud en cuál, pero estaba seguro que esos ojos alguna vez reflejaros su imagen vestido de uniforme en la batalla. ¿Vietnam? ¿Nicaragua?¿El Salvador? Esa mirada tenía múltiples significados. Esa expresión cambiaba mucho las cosas.

     Pendragón reaccionó en menos de un segundo. Para cuando Boogie sacó el arma de debajo de la gabardina, el justiciero ya se había ocultado tras el mostrador y tenía su espada al alcance de la mano. Entonces Boogie arremetió como un ariete contra la estructura de madera reventándolo todo a su paso. El local se llenó de polvo, cristales y astillas. Un maremoto de desorden del que emergió el corpachón del matón, apartando un cilindro de escombros con un disparo del arma hacia ninguna parte.

     Después, el silencio se hizo en el Felipe´s durante el tiempo que el polvo tardó en dejar una panorámica clara otra vez. No había rastro del anticuario. Algo peligroso para Boogie frente a alguien con una mirada como la que había visto en su presa.

     Algo le llamó la atención entre los destrozos del suelo. El mango de una espada a la que se le había dado bastante uso. Una auténtica pieza de coleccionista a la que no pudo prestar demasiada atención, porque una patada desde atrás le sacó el arma de las manos. Sabía que al darse la vuelta le esperaba un directo a la cabeza, así que por instinto soltó una coz de mulo que sorprendió a su atacante y lo lanzó contra un aparador lleno de piezas de cristal.

     —Entonces, ¿es así como quieres hacerlo? —preguntó Boogie con una sonrisa en el rostro—. Eres todo un regalito del destino, Boogie —contestó Pendragón agarrando un travesaño desprendido a modo de espada.

     Los mandoblazos de madera aterrizaban sobre el matón haciendo daño como se lo podrían hacer a cualquier humano, mas como sabemos, Boogie no tiene el aguante de cualquier humano y se acercó golpe a golpe hasta agarrar la muñeca del héroe del Legado.  Su respuesta no se hizo esperar. Pendragón agarró a su vez la muñeca de Boogie y saltó para abrazarle la cabeza trenzando las piernas alrededor de su cuello. Aprovechando la inercia del salto, sin soltar su presa, arqueó el cuerpo hacia atrás con el brazo completamente estirado del matón pegado a su pecho.  Lo hizo caer de cabeza contra una esquina con el crujido más siniestro que el salón del Felipés escuchó en su historia.

     Al comprobar que su atacante permanecía inmóvil, Pendragón se incorporó con pesar para hacer un primer informe visual de daños. Una última mirada al charco sanguinolento del suelo que salía de la cara de Boogie, le ayudó a relajar la postura y le dio la espalda tranquilo.


ResponderCitar
CoquinArtero
(@coquinartero)
Reputable Member
Registrado: hace 3 años
Respuestas: 241
 

La presa de una mano gruesa y fuerte como la de un gorila atenazó la articulación del tobillo de Pendragón. Para cuando quiso darse cuenta, Boogie ya lo estaba levantando en vilo para estamparlo contra una de las columnas de la entrada. El estampido hizo vibrar todo el ventanal de la fachada.

     La espalda del héroe se resintió. Escapó aire de todos los reservorios de su cuerpo y sintió un dolor que le irradió desde miles de puntos en la espalda hasta la coronilla. Para él, la sensación fue parecida a sacar el tapón apretando la botella. Un alivio comprobar que seguía teniendo la cabeza en el sitio cuando aterrizó sobre los escombros.

     Pendragón era un hombre experimentado en las lides de la batalla, curtido en miles de pleitos y nervios de acero listos para arrancar en cualquier momento. Recordaba a Boogie no solo de sus correrías por la ciudad, además estaba deseando encontrar al matón desde que, con su grupo de mercenarios, atacó la aldea que estaba protegiendo durante la guerra de Vietnam. El suyo, igual que el de todos los miembros del escuadrón asesino, era un rostro que no podía permitirse olvidar. El problema era que hasta ese momento no habían podido ponerse frente a frente…  Hasta ahora y en mala hora para Pendragón.

     Ahora estaba a merced de un hombre bestia que se había dado cuenta de que podría destrozarlo sin necesidad de usar ese arma del demonio. Allí estaba el hombre toro, con la cara manchada de sangre, pero sin corte alguno en el rostro. Pendragón nunca habría imaginado que Boogie el Aceitoso era uno de esos con poderes. ¿Qué otra opción había después de haber escuchado como el cráneo se le quebraba contra una esquina? Tenía que haber muerto. Su cara tenía que estar hecha mierda y no simplemente bañada en sangre.

     Al anticuario le costaba incluso pensar en apoyar los brazos para levantarse y luchar. Boogie se relamía ante su presa convulsionante . Se tomó su tiempo para localizar el arma de la nota marrón con la mirada y rescatarla de entre las astillas. La acercó a Pendragón hasta poner el cañón sobre su cabeza, dispuesto a presionar el disparador y regalarse la vista con la imagen de un superpollas cagándose encima como un aspersor.

     Apretó y un calambrazo con la fuerza de un rayo le torció el dedo para atrás hasta torcarse la muñeca con la uña. El relámpago le cruzó el cuerpo y le abrió el casco para llenar el ambiente con aromas de seso frito con pelo de matón. El calambrazo hizo que Boogie se asiese con todas sus fuerzas a la nota marrón y por unos instantes se quedó temblando rígido en el suelo.

     En el Felipe´s se formó una nube de vibrantes hilos azules, luminosos, de luz. El brillo se extendió hasta la calle y al condensarse en una maraña, ésta creó la silueta de un hombre que miraba desde el aire el cuerpo atenazado de Boogie.

     No había tiempo que perder. No podría quitarle el arma de las manos y era capaz de volver a despertarse, así que volvió a deshacerse en filamentos de energía y envolvió a Pendragón junto a su espada para llevárselo lejos de allí. Lejos del Felipe´s, lejos del peligro, lejos de Boogie.

     Esa misma tarde, sin razón aparente, el comercio más antiguo de Bay City saltó en mil millones de pedazos, formando lo que poco después se conocería como el párking del Felipe´s.

     La entrada más vieja de la Catacumba había sido sellada desde fuera. Las autoridades en la profundidad se ocuparon de hacer lo mismo por dentro.

     Al final del día, la misión estaba cumplida, pero Boogie volvió a su trono con la sensación de que había sido un error no terminar con la existencia de Pendragón en ese mismo momento… si tan solo se hubiese dado un poco más de prisa.

     —Por cierto —preguntó Boogie a la pandilla—, ¿Alguno de ustedes sabe quién coño era ese de los rayos?


ResponderCitar
Omarelmanco
(@omarelmanco)
Trusted Member
Registrado: hace 2 años
Respuestas: 72
Iniciador de tema  

Zona Norte de Bay City, azotea del edificio Wenworth, una noche cualquiera.

— Parece que esta noche va a refrescar ¿No?

La joven en la cornisa del edificio, contesta sin tan siquiera girarse:

— Joder tío, casi me matas del susto.

— Por un susto, por un brusco frenazo contra el suelo… que más dará. Salvo excepciones, todos estamos irremediablemente condenados.

— ¡Joder!, de todos los mojabragas de esta maldita ciudad, me tiene que tocar el de los discursitos.

— ¿Quién ha dicho que sea un superhéroe? Estoy aquí por mera curiosidad, acabo de tomar un “tentempié” por la zona y verte aquí asomada puede ser un divertimento similar al de torturar pandilleros. —mintió el extraño.

— No te creo viejales, todos los tuyos sois iguales, salvar al inocente para poner otra muesca en el fusil, siempre la misma historia. —replicó la mujer tiritando—. Aunque digas lo que digas, nada impedirá que esta noche me arroje al vacío —sentenció.

— Mi historia, jovencita, se remonta a muchos años atrás, —dijo el extraño tendiendo su chaqueta a la joven—, tanto que te sería imposible comprender todo lo que he vivido.

— Prométeme que si salto no harás nada para detenerme.

— Así será —prometió el hombre.

— ¡No te creo viejales!

— Yo, Joseph ben Caifás, sumo sacerdote del Sanedrín juro por la tumba de mi esposa Sophia Mazur, que si decides acabar con tu vida no haré nada por evitarlo.

— Creo que con ese nombre, tienes algo interesante por contar —dijo la joven sorprendida mientras tomaba asiento para escuchar a su interlocutor—, por cierto, mi nombre es Ann.

— Un placer, jovencita, mi historia comienza en Judea antes de la época del Nazareno…

— Es toda una historia, he de reconocerlo —afirmó Ann poniéndose en pie—, pero nuestro tiempo ha acabado, al menos el mío, no tengo nada por lo que vivir ni luchar y como ya te he dicho, el cáncer me matará en unos meses, sólo estoy acelerando el proceso.

— Ya me has contado todo lo que te hicieron y por lo que has pasado, pero lo que importa de verdad es lo que tú haces. Lo que eres capaz de hacer. Si te das por vencida ahora, en este momento, entonces, ¿Qué sentido tiene haber llegado hasta aquí? En algún momento de tu vida, alguien te dijo que no servías para nada y tú te lo creíste, permitiste que sucediera, como una sombra que te va devorando. Voy a decirte algo que tú ya sabes, el mundo no es todo alegría y color, es un lugar terrible y por muy dura que seas, es capaz de arrodillarte a golpes y tenerte sometida permanentemente si no se lo impides. Ni tú ni yo vamos a golpear tan fuerte como la vida. Pero no importa lo duro que puedas golpear, importa lo duro que puedan golpearte, y lo que aguantas mientras avanzas. Hay que soportar y seguir adelante. Así es como se gana. Ahora, si de verdad sabes lo que vales, ve y consigue lo que mereces. Pero tendrás que soportar los golpes, y no puedes estar diciendo que no estás donde querías llegar por culpa de él, de ella ni de nadie eso lo hacen los cobardes y no creo que tu seas una cobarde, tú eres capaz de todo.

— ¿Entonces que hago en esta azotea?

 

 

Epílogo:

“Grabación enviada a la emisora pirata de Bay City”

Hoy te he seguido de cerca, he seguido tu rastro de víctimas de las que has ido picoteando sin que se dieran cuenta, sin matarlas, sin dañarlas, casi sin dejar rastro.

Hoy te he visto subir a una azotea para salvar a una mujer que mejor estaría muerta que pasando otro minuto viva en esta ciudad que está obstinada en devorarse a sí misma.

Hoy creo que aun pagando un altísimo precio, esta ciudad podría ser salvada, pero no te engañes, ríos de sangre correrán por las calles para purificar la inmundicia que se arrastra por ellas. Sólo así, y no únicamente con buenos actos, limpiaremos el hedor de Bay City.

 

Nota final:
¿A alguien se le ocurre una frase mejor que la de Rocky sobre la vida? A mi tampoco.


ResponderCitar
CoquinArtero
(@coquinartero)
Reputable Member
Registrado: hace 3 años
Respuestas: 241
 

Confesiones de un niño gato

No fue hasta que salí a la superficie que me enteré de que comer carne humana no estaba bien visto en todos lados. Fue un comienzo difícil, pues yo ya era algo mayor para ser uno de los Niños gato. La vida es así. Hoy estás exento del servicio y tus padres se ocupan de todo y mañana puedes haberte quedado huérfano, sin contactos y sin más opción que rendir tributo a La Catacumba siendo sus ojos, manos y oídos en el exterior.

     La cosa es que pensé, inocente de mí, que el bebé que acababan de secuestrar sería para darnos un festín y me tomé la libertad de sacrificarlo yo mismo. Me moría de hambre, así que me bastaron dos o tres bocados para acallar sus gritos y llenarme las manos y la ropa de sangre calentita. Por desgracia, la misma sangre hizo que se me resbalase cuando el resto de la manada me sorprendió en medio del tentempié.

     Resultó que no era comida, si no un encargo para extorsionar a no sé quién de la alcaldía. Así que acababa de meter la pata hasta el fondo.

     En ese momento me encontraba encaramado en mi viga y al caer, el bebé rebotó contra varios hierros antes de estrellarse contra el suelo de la nave. Sí, era una pena que se cayese al, pero con limpiarlo bastaba. Aún se podría aprovechar. Lo que no sería posible era llevar a cabo el encargo. Lo necesitábamos vivo.

     Tenía tanta hambre que no me importaba el castigo siempre y cuando pudiésemos terminar el platillo de bebé au naturelle. Al final no hubo ni castigo, ni encargo ni comida. El pequeño Kino rompió a llorar al poco de estamparse contra el hollín. Ahí fue cuando nos dimos cuenta de que ese cabrón tenía algo especial y resultó que no podía morir.

     Corrimos a avisar a Seña Lionor del suceso. No estábamos acostumbrados a andar tan cerca de poderes así de inusuales. La buena mujer decidió acogerlo en el seno de la manada como uno cualquiera de nosotros. Veía algo especial en su mirada infantil. Ahora sabemos que en realidad ese algo no era más que una mala baba que estuvo a punto de mandar a la mierda el secreto de La Catacumba, la manada y a la mafia de todo Bay City.

     Fueron tiempo convulsos. Todos temíamos su forma de crecer con cada muerte, el sadismo de sus acciones, su sed de sufrimiento. A mí, por ejemplo, nunca me perdonó que le diese un par de bocados en la carótida… era rencoroso el Kino.

     El día en que Boogie apareció de la profundidad de La Catacumba en compañía de Peppuno, Lidel Putho y la cabeza de Kino en una bolsa de tela, todos respiramos hondo y el alivio nos consoló en gran parte la pena por la pérdida de Seña Lionor a manos del cabrón inmortal.

     Ahora las cosas han cambiado. Ha pasado el tiempo y en breve me volveré a las profundidades a ejercer como ciudadano con derechos, pero en nuestro sentir, los niños gato vemos cómo las cosas están por darse la vuelta. Se siente en el aire. Este Boogie conoce mejor que cualquiera cuáles son las formas que usa el crimen para hacerse notar. Sabe cómo exponerse y hasta ahora, la nueva organización, Moriarty, no ha registrado ni una sola derrota. Es más: Bay city piensa que se trata de un solo hombre.

     Cuando los planes de Boogie lleguen a donde tiene planeado ¿Quién sabe cuál será el alcance de sus tentáculos? Solo espero que se retrase lo suficiente como para que me pille nadando en Playa Catacumba, con la certeza de que ese ya no es mi problema.

     Hasta entonces, me avergüenza confesar que todo este vértigo le da vidilla a mi existencia y recordaré estos momentos de mi juventud, siempre que necesite llegar mis pulsaciones al límite.


ResponderCitar
CoquinArtero
(@coquinartero)
Reputable Member
Registrado: hace 3 años
Respuestas: 241
 

¿Se acuerdan de?“En el Bruch and take away de Catacumba Beach encontrarás las mejores carrilladas de las profundidades” ¿No?

     Hace algunos años y por algún motivo que aún no hemos podido descifrar, los habitantes de Bay City, empezaron a recibir anuncios de otro lugar que no aparecía en los mapas. ¿Acaso las ondas radiofónicas estaban enseñando la patita de secretos ocultos a la ciudad? Se especuló durante algún tiempo que podrían ser señales provenientes del otro lado del país. Alguna región llamada Catacumba, estaba rebotando sus anuncios en las capas superiores de la atmósfera y como consecuencia de la diosa geometría, venían a parar a Bay City. Otros apuntaban a que una realidad alternativa se estaba abriendo paso hacia la nuestra y que los anuncios eran su punta de lanza. Unos pocos, los menos, se molestaron en preguntar en los estudios de televisión, movidos por la teoría de que alguien estaría emitiendo alguna serie sobre un lugar ficticio.

     Por suerte, el fenómeno, inocuo, cesó para dar paso a una simple leyenda que poco a poco se diluiría entre los escándalos de corrupción.

     No como el perenne e incombustible Rey Insomne. Adorado por algunos, odiado por otros, pero jamás ignorado.

     Cada persona con un receptor de radio o televisión, ha podido ser en algún momento, víctima de sus emisiones pirata. Todo el mundo se conoce su retahíla del país de los ciegos. No existe quien no especule sobre la identidad del tipo bajo la máscara.

     Seguro que saben de quién les hablo.

     Aunque casi nadie recuerda ya sus orígenes, las primeras emisiones vieron la luz a finales de los años 20. Eran radiaciones atropelladas que hablaban de suicidios, del hambre, la suciedad y la incertidumbre de si habría un futuro para la ciudad. Por supuesto, hasta al menos dos décadas después, con el rodaje que te da el camino y creando una conmoción sin igual, los exabruptos del enigmático presentador se colaron en las pantallas con una imagen mejor que la mejor de las emisiones de la época.

     Para ese entonces se había especializado en denunciar la inmundicia escondida tras los héroes y villanos, que por ese entonces, cogobernaban la ciudad ante la mirada impasible de las autoridades. Tardó poco en ser el precursor de la marcha amarilla, de la que se derivó en la ley Manca, donde se ordenaba la clasificación de metahumanos y  prohibían las detenciones ciudadanas más allá de la legítima defensa.

     El Rey insomne fue el principal acicate en la caída de entre otros, el alcalde Quimby junto a su equipo de gobierno. No es de extrañar que, a día de hoy, las autoridades afirmen cada cierto tiempo haber atrapado al dios emperador de las ondas, para volver a reaparecer con el mismo aspecto que a principios de los años 50 y la voz con la que se dio a conocer en el crack del 29.

     ¿Acaso es otro metahumano sin registrar? ¿Acaso una estirpe de piratas radiofónicos?

     Algo sí está claro, y aún sabiendo que al decir esto es posible que pierda el puesto de trabajo, les aseguro que el Rey insomne vela por Bay City. No por la ciudad y sus edificios, no por sus macroempresas pantalla, si no por nosotros y nosotras, que nos resistimos a despertar y revelarnos una y otra vez contra esta inmundicia de gobiernos corruptos. Señoras y señores: estamos hablando de la mano que nos apunta hacia la inmensidad de la sabiduría y el origen de todos nuestros problemas de verdad, los serios. Aprovechémosla y miremos hacia donde nos señala; No hacia el dedo.

     Allí donde estés: ya sea en un zeppelín, la buhardilla de un rascacielos o en un agujero profundo excavado en las cavernas, debes saber que aquí hay gente que te apoya y que sacrificaríamos muchas cosas por tu causa.

     Sigue ahí, R…

     Sentimos la interrupción… estamos solucionando unos problemas técnicos. Volvemos en unos minutos.


ResponderCitar
guetalon
(@guetalon)
Eminent Member
Registrado: hace 1 año
Respuestas: 45
 

Bay City. Barrio Chino. El Sueño de Shanghai.

31 de diciembre de 1911

 

El Sueño de Shanghai era el local más exclusivo de Bay City. En él se reunían estrellas de cine, empresarios, políticos, miembros del clero o militares. Se consideraba un sitio neutral, donde las armas y prejuicios debían dejarse en la entrada. Un lugar donde relajarse y dejarse llevar fuera del foco de los periodistas y el pueblo llano. Un sitio donde hacer negocios, vender encantos o tramar conspiraciones. 

El salón estaba decorado con mimo y sin reparar en gastos. Paredes de madera noble labrada, cortinas rojas bordadas en oro de 24 kilates, lámparas de cristal veneciano y fina porcelana china dotaban al local de una opulencia digna de los cuentos de Marco Polo.

El dueño de este sueño de jade y oro era Bao Chang, que en realidad se llamaba Peter Banks y no tenía ni pizca de sangre china. Hijo de una tailandesa y un marino norteamericano, pronto se hizo rico vendiendo una fantasía que nada tenía que ver con la realidad del pueblo chino, ni con su historia o su cultura. Pequeños detalles que bajo los influjos del alcohol, el vapor de los perfumes y el humo de los cigarrillos poco importaba a sus clientes y menos a Bao mientras siguieran viniendo con las billeteras llenas.

Era la noche de fin de año y las camareras, hermosas muchachas traídas del lejano oriente y adiestradas como geishas en el arte del placer y la seducción, servían cócteles y coqueteaban en los reservados mientras una drag queen gorda cantaba en el escenario a ritmo de jazz lento.

Las chicas de Bao tenían totalmente prohibido vender o regalar sus encantos y debían limitarse a pequeños juegos que nunca podían volverse demasiado explícitos. Bao se reservaba el derecho de regalar sus atenciones a quién él quisiera. Un empresario estratégico por aquí, el nuevo alcalde por allá, sus chicas, entrenadas desde muy jóvenes en las artes amatorias de oriente y famosas por ello en todo el estado, eran un obsequio que dispensaba raramente, pues era consciente del poder que tiene lo que se guarda con celo y se reparte con mucha prudencia.

Bao Chang, miraba el desarrollo de la fiesta desde la ventana de su despacho en el piso de arriba. Desde allí veía como la drag queen obesa voceaba la cuenta atrás y como al terminarla, al grito de “¡Feliz Año Nuevo!” confeti y serpentinas caían del techo, para inundar de papelitos y color a los ilustres invitados que con besos y abrazos, hipócritamente se daban buenos deseos.

Un sonido a su espalda le hizo volverse. Qiang Sun, su mano derecha, entraba en el despacho precediendo a dos matones que arrastraban a un tipo encadenado. Dejaron al tipo sentado en una silla, al otro lado de la mesa de Bao, que tomó asiento y se quedó mirando al cautivo mientras se mesaba su elegante perilla.

—Vaya, vaya, vaya ¿Acaso creías que ibas a escapar de mí Jhonny? —dijo Bao mientras miraba complacido al hombre.

—¡Por favor Bao! ¡Ha sido todo un error! —decía el tal Jhonny con voz de gato atropellado— ¡Dile a tus matones que me suelten y hablemos, por favor! ¡Seguro que podemos llegar a un acuerdo! 

—Ya hablamos Jhonny ¿Lo recuerdas? Y llegamos a un acuerdo. Aunque parece que lo has olvidado. Una lástima, tendré que buscarme a otro estibador con mejor memoria para mis asuntos en el puerto.

A un gesto de Bao, los matones cogieron al chico que no paraba de llorar y se lo llevaron fuera de su vista. 

Afuera, en un oscuro callejón, el ruido de un disparo se dispersó entre decenas de botellas de champán descorchándose.

Esta publicación ha sido modificada el hace 2 semanas por guetalon

ResponderCitar
CoquinArtero
(@coquinartero)
Reputable Member
Registrado: hace 3 años
Respuestas: 241
 

Una historia en dos partes

En primer lugar, deben entender que por ese entonces yo andaba muy escaso de dinero. Vivía al día. Tanto, que ya me había acostumbrado a dormir en el coche en una época en la que te podías cruzar el país por unos pocos dólares en gasolina.

     Seré sincero: nunca tuve mucha suerte eligiendo en los desvíos de la vida, no tengo paciencia con la gente y me enfado con facilidad. Si a eso le sumamos que con la edad nunca se me pasó la época en la que todos pensamos que nada importa realmente, la consecuencia tenía que ser un sendero lleno de problemas.

     Así es como empieza esta historia: con un problema.

     Tenía controlado un párking en las afueras donde esperaba dormir tranquilo y borracho hasta que el sol me quemase el rostro. Era uno de eso con aseos, constantemente alumbrado, una pequeña gasolinera en una esquina y el Café de Beth abierto hasta las 3 justo al lado.

     En circunstancias normales, habría cerrado al menos los pestillos del Chevrolet, pero la borrachera me mandó a dormir con la tranquilidad de saber que no tenía nada que mereciese la pena robar.

     No tuve en cuenta a los chalados a los que les gusta joder por joder. Es lo que tiene el alcohol, que te crees intocable o algo por el estilo.

     En medio de una noche llena de ruidos, borracho como estaba sentí el clic del pestillo y el chirrido de la puerta. Ya les he dicho que llevaba un tiempo durmiendo en ese cacharro maloliente y me conocía cada uno de sus quejidos. Ese era el de abrir la puerta desde fuera. Sabía que no eran policías porque esos no molestan a los que al menos pagan un párking, llevan linterna y te despiertan con cosas como “Oye, amigo” y mierdas así.

     No hace falta tener mucha calle para saber que, quien se acerca como lo hizo el intruso, nunca trae buenas intenciones.

     Esperé a que el bulto de la cabeza asomase lo suficiente y sin dudar, le solté una coz con todas mis fuerzas. Por eso duermo siempre con las botas puestas. Con un patadón como ese no hay quien pueda mantener la consciencia, pero el tipo pareció no darse ni cuenta. Echó la cabeza un poco para atrás con el golpe y en seguida se quiso abalanzar sobre mis piernas.

     Vaya por delante que mi lema es Mata y remata. Siempre lo ha sido y más en la calle. Lo digo con todas las cosas aunque no tenga mucho sentido. Por suerte, esta vez la expresión me vino caída del cielo.

     Estaba seguro de que si no se iba a dormir con la primera, que no era inocua en absoluto, una segunda patada con los dos pies al mismo tiempo lo sacaría volando por la misma puerta por donde quería entrar. Sobre todo si se la encajaba en el centro del pecho. Pensé que eso, además, le dejaría sin aliento… Iluso de mí.

     Le di fuerte, sintiendo con ímpetu el impacto en la planta de los pies, pero el que salió volando por la puerta del copiloto fui yo. Él no se movió ni un centímetro. Como si hubiese pateado un muro, salí despedido por la fuerza del impacto y la fortuna quiso que tirase al mismo tiempo del pestillo con la tela de la chaqueta, así que la puerta se abrió de golpe por el empujón.

     Es en esos momentos cuando uno no puede quedarse haciendo informe de daños. Di un bote y sobre la marcha, apoyándome con el coche de al lado, le volví a cerrar la puerta en las narices al intruso. Cerré con rabia. Con todas mis fuerzas. La ventana del copiloto se hizo mil pedazos en un segundo para dejar pasar la luz de las farolas al interior.

     Entonces fue cuando le vi la cara.

     Los distinguimos porque generan un cierto valle inquietante. En ese momento no tenía ni idea de que existiesen siquiera, pero esas alimañas parecen humanos hasta que dejan de parecerlo y eso, asusta.

     Yo tenía una resaca de mis demonios, acababa de despertar sobresaltado, dando patadas, salí volando del coche y creo que hasta abollé la puerta del coche de al lado cuando caí. Solo faltó ver esos ojos negros como canicas de cristal encastados en un rostro de piel cerúlea, sin poros y llena de venas, para que el estómago se me diese la vuelta dentro del cuerpo.

     Desde dentro, intentando desenredarse de las mantas y apartando los cristales, el chupasangre quiso seguirme a través de la ventana. Ahora ya no me pasa, pero en ese momento flipé cuando de esa boca asomaron los dientes más grandes que nunca pudieron asomar en una boca humana. Vino hacia mí, pero el aroma de la botella de orujo junto a mi aliento retestinado de borrachuzo me llegó antes que el bicho y ahí ya no pude aguantar la vomitona.

     Le poté en el centro de la garganta y eso no le gustó… Sí, muy exquisito el intruso. Se revolvió como un bebé chupando limones, se limpió sus ojos de ratón y antes de que pudiese alcanzar  el hueco de la ventana, yo ya me había sacado el mechero con funda de hierro y lo agarraba con fuerza para que el puñetazo pegase con mayor inercia. Me hice a un lado y me coloqué en el ángulo perfecto para fracturarle el cráneo de un solo castañazo.


ResponderCitar
CoquinArtero
(@coquinartero)
Reputable Member
Registrado: hace 3 años
Respuestas: 241
 

Segunda parte

Fue más sencillo que el juego este de los topos en las ferias. Ese donde le tienes que dar un mazazo a un roedor cuando asoma por la madriguera. Le solté uno con ganas, hasta cogí impulso dando un saltito. Pegué en ángulo de arriba hacia abajo en trayectoria descendente hacia el lateral de su cabezón y casi me parto yo la mano. El cráneo más duro que habré roto jamás, pero ni eso le detuvo. Si paró de algún modo fue porque el mechero, al golpear, soltó una chispa que hizo que el orujo del coche y el del vómito que llevaba por toda la cara, prendiesen el coche en llamas en cuestión de segundos.

     El hijoputa sanguijuela se revolvió envuelto en fuego. Gritó igual que un saco de gatos hasta que despertó al resto de los vagabundos en sus coches y nos dejaron solos a la hoguera y a mí antes de que llegase la pasma.

     Mi pobre chevi reducido a cenizas, igual que el resto de mis cosas, incluidas dos botellas más de orujo que se fueron con ese chispazo.

     Por supuesto, tanto la poli como los bomberos llegaron unas cuantas horas después. Para ese entonces ya había conseguido apagar el desastre y registrar entre los despojos por si tenía la fortuna de recuperar al menos la pistola… Mierda pa mí.

      Lo único que saqué de allí fueron dos colmillos enormes y una talega de cuero a medio chamuscar con cinco monedas de oro que hicieron el amago de soldarse entre sí.

     No tenía más que ese coche, pero el cambio me pareció aceptable. Pensé en hacerme un collar con los colmillos del bicho y respecto a las monedas, me acerqué a la casa de empeños más turbia que pude encontrar para dejar que me engañasen un poco en el peso. Contra todo pronóstico salí satisfecho con el cambio y el flaco cabrón que me las compró, parecía que se iba a morder las orejas de tanto sonreír.

     Como habrán adivinado, estoy acostumbrado a la acción, por eso volví al aparcamiento antes de que llegase el primer vehículo de emergencias y me quedé desayunando unas tostadas de cornejo en salsa en el café de Beth, frente a la misma ventana.

     Cornejo en salsa, sí: Tienen que probarlas.

     Dos tipos con cara de luchador retirado entraron en el local y sin preguntar se sentaron en mi mesa, justo en frente. Olían a problema desde lejos, pero no venían con esa mirada de quien quiere liarse a repartir estopa, así que me relajé y di dos toques de nudillo contra el cristal.

     —¿No da gusto ver lo mucho que se esfuerzan los cuerpo de seguridad de Bay City, chicos? —Por supuesto, era una pregunta retórica y los matones actuaron como tal. Uno de ellos, el más viejo, se metió la mano en el bolsillo de la camisa y sacó una moneda como las que yo llevé a cambiar poco antes—. Supongo que tienes unos minutos que compartir mientras desayunas —susurró con calma—. Si no te importa, te vamos a acompañar.

     El otro le hizo una señal a la camarera para que les trajesen dos más de lo mismo que estaba comiendo yo. Con lo buenas que estaban esas tostadas, más les valía no echarlas a perder con un escándalo.

     —¿Mala noche, joven? —El tipo hablaba como si fuese demasiado evidente que yo no traía buena cara—. ¿Puedo suponer que tienes algo que ver con eso del aparcamiento?

     »No somos pasma, créeme.

     El tipo no se molestó en sacar la moneda de la mesa cuando trajeron sus platos. Creo que entre la camarera y yo, yo era el único que sabía que ese oro era auténtico. Se limitó a soltar la bandeja, bajar un poco las cortinas y mandar a salir a los borrachos para dejarnos a solas con las tostadas.

     Era una situación incómoda, no les voy a mentir. Dos maromos con la cara llena de cortes y las orejas como coliflores recién cosechadas, me acababan de encerrar en una cafetería y amenazaban con un delicioso desayuno.

     —¿De qué va esto, chicos? —pregunté sin dejar de comer. El más joven sacó otro paquetito de su bolsillo y lo abrió para dejar caer un par de colmillos tan lustrosos como los que me quedé de recuerdo—. Queremos ofrecerte un trabajo, amigo.

 


ResponderCitar
Página 5 / 5
Compartir: