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Historias de Bay City

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Omarelmanco
(@omarelmanco)
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Nota para el maesshtro: Si hay mucha cosa, deja esto para otro día que se me ha hecho un poco largo

 

Detroit, noche del diablo de 1999

— Hola Eric, hola Shelly, otro año más aquí. Este año Sarah no ha podido venir, está a punto de entrar en medicina y está estudiando mucho para poder volver a Detroit como forense, estaríais orgullosos de ella.

»Yo por mi parte, dejo la ciudad, estos cinco años me han resultado muy duros, cerrar vuestro caso fue un quebradero de cabeza, si hubiera hecho el informe tal cual sucedió todo, ahora estaría en un manicomio, y después de lo de Top Dollar y su gente, sigue apareciendo algún capullo que quiere heredar el trono, al menos la ciudad ya no arde cada 30 de octubre y poco a poco la ciudad se está limpiando de escoria, pero me hago viejo y busco tranquilidad. Tengo un primo que trabaja en una radio local en Bay City, me enteré que había un puesto vacante como teniente, aprobé el examen y empiezo en un par de semanas. Teniente Albrecht, ¡Joder que bien suena eso!

Albrecht, se dispuso a limpiar las tumbas de sus amigos siempre bajo la atenta mirada de Larry, un cuervo que con la curiosidad propia de su especie y cierto brillo de inteligencia en los ojos, parecía dar su visto bueno a las labores del oficial de policía año tras año.

— ¿Ya está todo a tu gusto? —preguntó al cuervo recibiendo como respuesta un graznido—. Vámonos, que todavía nos queda mucho trabajo por hacer.

Larry, de un salto, se posó en el hombro del veterano policía, el cual nunca llego a averiguar quién adoptó a quién aquel día que apareció en su ventana. Al día siguiente, juntos emprendieron la marcha a Bay City.

Bay City, 10 de noviembre, comisaría del distrito 8, 08:15 a.m.

— Buenos días agente, soy el teniente Albrecht ¿Está el inspector Vásquez?, empiezo hoy y debo presentarme ante él.

— Buenos días señor, debe de estar a punto de llegar, disculpe ¿Eso de la puerta es un pájaro siguiéndole? Porque según la normativa, no puede entrar con usted ninguna mascota.

— Errm sí, digamos que es mi ¿Cuervo de terapia? —contestó Albrecht.

— Aun así, señor, no está permitida la tenencia de animales en el interior de edificios públicos.

Albrecht, dirigió sus pasos hacia Larry. —Te dije que no me siguieras, ¡Y no me mires así! Que sé que me entiendes perfectamente, ahora sal y vuelve a casa —le replicó con un susurro al ave.

Larry, con un graznido a modo de protesta, obedeció al policía saliendo de la comisaría.

— Señor, puede usted pasar, el despacho del inspector está nada más girar a la izquierda, allí está su secretaria esperándole.

Albrecht llegó al despacho del inspector Vásquez cuya puerta estaba abierta, antes de anunciar su presencia, escuchó una voz femenina desde el interior.

— Pase pase, por favor. —Una atractiva rubia sonreía desde el otro lado de un sencillo escritorio—. Soy Susan West, la secretaria del inspector Vásquez, está al llegar, espere en el interior del despacho.

 

Minutos después, un hombre alto, en sus 40 y pico años bien llevados apareció por la puerta.

— Buenos días, usted debe ser el teniente Albrecht, dijo el recién llegado tendiéndole la mano, soy el jefe Vásquez tome asiento por favor ¿Qué le trae por Bay City?
— Pues verá señor, las cosas en mi antiguo destino se estaban complicando y necesitaba un cambio de aires

— ¿Un cambio de aires?  Dijo Vásquez mientras sacaba una carpeta del cajón de su escritorio sonriendo.

»Teniente Albrecht, condecorado policía con 20 años de servicio, llegó al departamento de Detroit recomendado por sus superiores de la academia, policía ejemplar, medalla al valor por sus acciones en el atraco a un banco, pero recibió una amonestación en el ´94 y otra en el ´95.

»Hay dos casos que han llamado mi atención, el primero de ellos un doble asesinato, vamos a ver.

»La noche del 30 de octubre de 1994, se informa sobre un incidente violento en la residencia de Shelly Webster y Eric Draven. Al llegar al lugar, usted descubrió a Eric Draven en la calle, arrojado desde el ventanal de la casa, y a su prometida Shelly Webster gravemente herida en el interior de la vivienda.

»Según leo, la señorita Webster, falleció 30 horas después en el hospital, su investigación, la cual me parece bastante correcta, determinó que los culpables, una pandilla local fue absuelta por falta de pruebas, su superior, le apartó del caso por implicación emocional. Lo que me lleva al segundo caso. Un año después, la misma pandilla al completo fue brutalmente asesinada por un justiciero sin identificar, los escasos testigos mencionan a un joven de entre 1´80 y los 2 metros, maquillado como un mimo al cual se le vio acompañado de un pájaro, que podría ser un cuervo o un águila, sabe Dios.

»Fue usted investigado como sospechoso al haberse encontrado su arma reglamentaria en uno de los escenarios, la cual, según sus palabras le había sido sustraída de su domicilio y cuya desaparición no notificó por estar enfermo.

— Todo eso es correcto señor. —afirmó Albrecht—.

—Teniente, hay una máxima en Bay City “no tocarle los huevos a la persona equivocada”. No me gustan los que se toman la justicia por su mano y mucho menos los polis corruptos, sé que oculta algo que no quiere o no puede contarme, pero soy paciente, hoy es viernes, así que aproveche para poner a punto su mesa, mañana a las 10 en punto, le quiero en el Café de Beth, va a ser la primera de varias oportunidades que le voy a dar, no la joda Albrecht ¿Entendido?

—Si señor, cristalino.


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Ludvig
(@ludvig)
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(Resumen sobre la introducción de la entrada escrita en la fecha 07/10/2023.

La criminalidad aumenta año tras año, y la ciudad parece haber sido abandonada por todos los dioses, convirtiéndose ella misma en una entidad divina  y mecánica que decide quién vive y quién muere. El narrador, un detective con una brújula moral cuestionable, se ve encargado de investigar el asesinato de un ejecutivo de LEM Corp. Aunque siente que lo eligieron por razones personales, se muestra desafiante y cuestiona su propia venta como detective privado a la corporación.

La trama revela que el detective sufre de amnesia disociativa, con un pasado fragmentado y una estabilidad mental precaria. A pesar de las dudas sobre su pacto con LEM Corp., se reconoce como un elemento crucial en este sombrío caso de asesinato y panorama futurista.)


 

Caminé por las agobiantes calles de Bay City, un cóctel nauseabundo de neón titilante y desesperación abarcaba la ciudad junto al vapor del alcantarillado de la ciudad. 

La escena del crimen era solo otro recordatoria de que en este puto agujero, la muerte era solo una transacción más en el mercado de la decadencia. El ejecutivo, al que llamaremos Brian Simons, yacía inerte. El cuerpo presentaba seis puñaladas en el torso y un corte en la boca simulando una Chelsea Smile, en la frente ponía “Traidor”.

La escena del crimen presentaba una aparente normalidad, no robaron nada ni buscaban nada a excepción de la vida y alma del ahora asesinado Brian Simons.

 

Pudimos ver en una holografía captada por los de seguridad una figura encapuchada y un máscara de un negro y amarillo bastante llamativo. Reuní las pruebas suficientes e hice un informe con lo poco que teníamos. Tras llamar a a corporación, enviarle el informe y todas las pruebas que tenía a mi alcance me colgó con una última frase de forma abrupta: “Me da igual cómo lo haga y lo que hagas, pero averigua quien lo hizo.”

 

Empecé a sumergirme en los mugrientos y decadentes callejones, donde la verdad se deshacía y descomponía como el cadáver de Brian. Busque por bares de mala muerte, informantes sombríos y hackers desencantados y asqueados del mundo en el que viven que se convirtieron en mis guías, en mis ojos y oídos en este viaje sin retorno. En un mundo donde la verdad es un bien escaso, y la mentira la moneda corriente, ¿qué sentido tenía seguir un rastro con tan pocas pruebas?

¿Qué sentido tiene trabajar para una corporación que sólo quiere su beneficio a costa de la dignidad humana?

 

Las conspiraciones están a la orden del día. Este caso parece una conspiración disfrazada de espectáculo sin sentido. Mientras los poderosos se matan por poder el hombre de a pie baila en su mente en una neurodanza siendo el espectador de otra vida que jamás vivirá, intentando ahogar sus miserias en una ilusión holográfica. Todo parece trivial, todo parece importar nada cuando las marionetas manejadas son conscientes de sus hilos.


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Ludvig
(@ludvig)
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(Resumen sobre la introducción de la entrada escrita en la fecha 07/10/2023.

La criminalidad aumenta año tras año, y la ciudad parece haber sido abandonada por todos los dioses, convirtiéndose ella misma en una entidad divina  y mecánica que decide quién vive y quién muere. El narrador, un detective con una brújula moral cuestionable, se ve encargado de investigar el asesinato de un ejecutivo de LEM Corp. Aunque siente que lo eligieron por razones personales, se muestra desafiante y cuestiona su propia venta como detective privado a la corporación.

La trama revela que el detective sufre de amnesia disociativa, con un pasado fragmentado y una estabilidad mental precaria. A pesar de las dudas sobre su pacto con LEM Corp., se reconoce como un elemento crucial en este sombrío caso de asesinato y panorama futurista.)


 

Caminé por las agobiantes calles de Bay City, un cóctel nauseabundo de neón titilante y desesperación abarcaba la ciudad junto al vapor del alcantarillado de la ciudad. 

La escena del crimen era solo otro recordatoria de que en este puto agujero, la muerte era solo una transacción más en el mercado de la decadencia. El ejecutivo, al que llamaremos Brian Simons, yacía inerte. El cuerpo presentaba seis puñaladas en el torso y un corte en la boca simulando una Chelsea Smile, en la frente ponía “Traidor”.

La escena del crimen presentaba una aparente normalidad, no robaron nada ni buscaban nada a excepción de la vida y alma del ahora asesinado Brian Simons.

 

Pudimos ver en una holografía captada por los de seguridad una figura encapuchada y un máscara de un negro y amarillo bastante llamativo. Reuní las pruebas suficientes e hice un informe con lo poco que teníamos. Tras llamar a a corporación, enviarle el informe y todas las pruebas que tenía a mi alcance me colgó con una última frase de forma abrupta: “Me da igual cómo lo haga y lo que hagas, pero averigua quien lo hizo.”

 

Empecé a sumergirme en los mugrientos y decadentes callejones, donde la verdad se deshacía y descomponía como el cadáver de Brian. Busque por bares de mala muerte, informantes sombríos y hackers desencantados y asqueados del mundo en el que viven que se convirtieron en mis guías, en mis ojos y oídos en este viaje sin retorno. En un mundo donde la verdad es un bien escaso, y la mentira la moneda corriente, ¿qué sentido tenía seguir un rastro con tan pocas pruebas?

¿Qué sentido tiene trabajar para una corporación que sólo quiere su beneficio a costa de la dignidad humana?

 

Las conspiraciones están a la orden del día. Este caso parece una conspiración disfrazada de espectáculo sin sentido. Mientras los poderosos se matan por poder el hombre de a pie baila en su mente en una neurodanza siendo el espectador de otra vida que jamás vivirá, intentando ahogar sus miserias en una ilusión holográfica. Todo parece trivial, todo parece importar nada cuando las marionetas manejadas son conscientes de sus hilos.


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Ludvig
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Anotaciones al informe de la policía privada de LEM Corp.

Bay City, 2030

Agente: Connor Murphy.

 

Brian Simons, de 30 años. Su cuerpo fue encontrado apuñalado multitud de veces.

Tengo la sospecha, y pongo la mano en el fuego, de que ha sido un asesinato premeditado, estudiado. Creo que viene de dentro de la Corporación LEM. No es la obra de un asesino en serie, no hay un modus operandi concreto. La palabra "Traidor" puede que haya sido una señal, un aviso, para el resto de personas que quieran traicionarles. Creo que la puta justicia controlada por magnates debería extinguirse. Creo que la humanidad ha sido el mayor de los errores creados por la naturaleza, pero tampoco puedo evitar que la humanidad, por muy corrupta que esté, no es culpable de la sociedad en la que vivimos.

Espero tener más datos de mis informantes sobre en el enmascarado.

Tengo varias sospechas y teorías, pero no quiero dar pie a especulaciones si no tengo datos concretos, sino tengo nada no puedo hilar, no puedo tejer.

Por ahora lo poco que tengo es que la última persona que vio con vida a Brian Simons es Stefan O´Linder. Empezaré por ahí, quizá pueda averiguar algo.

Quizás, y sólo quizás, pueda arrojar algo de luz cálida en medio de tanto neón.

 


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Omarelmanco
(@omarelmanco)
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Tras ser inspirado por las musas (o por un porro como el brazo de John Cena), se me ocurre la idea de hacer del Sumo Sacerdote Caifás (Si, ese de la Biblia) un ser maldito a vagar por la oscuridad eterna (vamos, un vampiro de los de toda la vida, pero sin purpurina).

En el otro capítulo, estábamos en los años cuarenta del pasado siglo, y el único amigo de Joseph (Nombre real de Caifás), es el padre Frank, pero en este capítulo, el párroco es Owen, y Frank es el monaguillo.

El padre Owen y Caifás se conocieron hace un mes. Una noche, unos atracadores asaltaron al padre Owen dejándolo herido, Caifás corre en su auxilio y casi mata a los atracadores, aplica unos primeros auxilios (después de dos mil años, ha tenido tiempo de hacer un par de cursillos) y casi todas las noches le hace una visita para ver como avanzan sus heridas (Y de disfrutar de un Whisky a deshoras).

Bay City, año 1900

—...Y con un mazazo empezó mi condena, una que dura ya casi dos mil años, ya empiezo a estar cansado ¿es usted consciente de las atrocidades que he visto cometer al ser humano?

—Si, pero también habrá sido usted testigo de los más asombrosos avances, y de actos de increíble bondad —Contestó el padre Owen a su interlocutor.

—Padre Owen, desde mi Judea natal hasta el Nuevo Mundo, he visto derramar tal cantidad de sangre que se podría teñir de rojo el Mediterráneo, he visto todas las guerras, desde la gran Revuelta Judía hasta la Guerra de Los Cien Años. He visto a demasiada buena gente sufrir porque un loco quería otro pedazo de tierra más.

—Joseph, aun así deberá reconocer que no sólo el mal anida en el corazón del hombre. “El odio suscita rencillas, pero el amor cubre todas las transgresiones” —replicó el padre Owen dando cuenta de su vaso de whisky.

—¿En serio padre Owen? ¿Proverbios 10:12? Deberá saber que: "por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios"

—Y me contesta usted con Romanos 3:23, no está mal, pero ¿acaso ese versículo no es aplicable a usted mismo al igual que su versículo 24? "siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús" —volvió a contestar el párroco.

—No voy a empezar con usted una discusión de este tipo, sería inútil, acabaría usted perdiendo básicamente porque el único inmortal en este despacho, soy yo.

Esta contestación hizo reír al padre Owen cuya risa se contagió a su vez a su nuevo amigo hasta que el sacerdote, se quejó de un dolor en su estómago.

—¡Padre Owen! Maldita sea, ya le he dicho varias veces que tenga cuidado con los puntos, que el navajazo de aquel maldito fariseo era más profundo de lo que parecía en un primer momento. Quítese la camisa que voy a examinarle.

Con gesto serio y la concentración propia de un cirujano, el padre Owen fue examinado a conciencia.

—No se le ha soltado ningún punto —musitó Joseph—, y parece que la costilla está recuperándose a buen ritmo, tuvo suerte de que sólo fuese una fisura , si no, ni siquiera hubiera podido reírse.

 

—¿Suerte, está usted seguro? ¿Quién le dice que Dios no ha cruzado nuestros caminos? —señaló el padre Owen colocándose la camisa—, verá Joseph, mientras me recuperaba de mis heridas estas semanas, he tenido oportunidad de investigar un poco. ­—Comenzó el párroco sacando unos libros de la estantería. —Gracias a un amigo entusiasta de casos extraños como el suyo y que me debe un par de favores, he tenido acceso a ciertos libros, que aunque me valdrían la excomunión por parte del arzobispo, confirman más o menos su historia. Disculpe mi desconfianza, pero reconozca que no todos los días se tiene la oportunidad de conocer a alguien como usted.

—¿Y que ha conseguido averiguar padre Owen? —preguntó Joseph sirviendo otros dos vasos de whisky.

—Que usted es el caso más extraño de entre los de su condición, le podría enumerar los casos a lo largo de la historia, como los ekimmu de la antigua Sumeria, los puranas hindúes, etc. los mejor documentados, son los de Vlad Tepes que regó los campos de Transilvania con la sangre de sus enemigos en el siglo XV o el Conde Orlock, que atemorizó a la ciudad de Wisborg hasta que fue destruido hace apenas unos 70 años. —Owen señalaba nerviosamente la ilustraciones del pesado volumen mientras su nuevo amigo prestaba atención.

»Ambos cometieron crímenes atroces que llamaron la atención de ciertas entidades o seres, siendo el mismísimo Belial quien maldijo a Orlock, por ejemplo, o a falta de datos más precisos,  una bruja gitana quien maldijo a Vlad Tepes. En los demás casos, la maldición ha venido casi siempre de algún demonio menor, o incluso algún pacto impío, como se registró en Siam. Lo que sí que tienen todos en común a excepción de usted, es que acababan con la vida de sus víctimas cuando se alimentan puesto que la comida normal les inducía al vómito, o directamente ni tan siquiera soportaban el olor. Al menos usted no tiene problema alguno al respecto, por lo menos con el whisky.

—¿Sugiere que como fue Dios quien me maldijo, “sólo” necesito un par de litros de sangre humana al día y me permite comer a pesar de que la comida no me sacie? Si encima tendré que agradecerle permitirme paladear el Whisky.

— Amigo mío, el Señor siempre escribe recto con renglones torcidos —sentenció el padre Owen.

 

 


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CoquinArtero
(@coquinartero)
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     En episodios anteriores….

     Llevamos ya algún tiempo sin tocar el arco de los Niños Gato, por lo que considero que sería necesario hacer un breve resumen con el peneflácido de la concurrencia.

     La trama comienza cuando los Niños Gato reciben el encargo de secuestrar al nieto recién nacido del alcalde Quimby, fruto de la unión casual de su hija con el matón conocido como Boogie el aceitoso (Con todo el respeto y admiración a Fontanarosa).

     Uno de los pequeños delincuentes, en un momento de descuido comienza a comerse al bebé. Empieza por el cuello, pero se le cae rebotando contra las vigas de una nave industrial cuando lo descubren sus hermanos gato en el acto. En ese momento se dan cuenta de que Kino, el bebé, tiene la capacidad de no poder morir y que se desarrolla con mayor velocidad cada vez que revive. Tanto es así, que a la edad de 8 años, ya tiene la apariencia de un joven de entre 18 y 20.

     En esta parte de la historia, su padre, Boogie, se hace por suerte del destino con dos valijas que contienen un arma única, llamada La nota marrón, capaz de deshacer a cualquier ser vivo desde dentro, incluyendo a los metahumanos. La usa para dar un toque de advertencia a toda la comunidad mafiosa y que no se le acerquen durante un tiempo.

     Cuando los detectives de toda la ciudad intentan mantener una distancia prudencial con el matón, Kino descubre dentro de un contenedor abandonado a un montón de niños en descomposición, despedazados y a medio cocer en su propio jugo, además de una copia perfecta y estúpida de sí mismo a quien de inmediato acoge como lugarteniente con el que dar un golpe de estado en la jefatura de los Niños Gato. Su intención es la de paralizar por completo las actividades relacionadas con los encargos de la mafia y controlar desde abajo al crimen organizado.

     Se avecinan tiempos difíciles y el contacto de los Niños Gato con la mafia, Felipe, se organiza para poner pies en polvorosa cuando Boogie lo encuentra en una cabina y a base de interrogatorios dignos de la sutileza de un gigante, le saca todo lo que puede acerca de la organización, Kino, su clon Kenzaburo, el golpe de estado y la base de la organización.

     Boogie secuestra a Kezaburo y lo revienta con La nota marrón para enviar su cabeza a Kino en una bolsa. Éste, enfadado como un niño, manda a la organización en busca del responsable y una vez solo en la base de la banda, Boogie entra por el techo con el tiempo suficiente para romperle el pescuezo. Lo mete en una bolsa, se escabulle por las galerías de la nave industrial por el repentino regreso de parte de la banda. Galería adentro, después de un rato llega a un pequeño apartamento que posiblemente fuese de la antigua matrona de la organización, derrocada y devorada por Kino y los niños pocos días atrás.

     A través de la ventana descubre que es uno de los accesos a La Catacumba.

     Kino revive estando atado y también se da cuenta de la existencia de ese lugar tan grande y lleno de maravillas que les ha sido vedado a los de la superficie (ver orígenes ocultos de Bay City).

    Mientras deciden qué hacer, Boogie se mete en el baño y un resorte en el váter le encaja una lanceta en el cráneo.

     Nos quedamos en el momento en que Kino, desde el suelo busca la forma de desatarse para apoderarse del arma y ser el dueño de las dos ciudades: la de Bay City y la de La Catacumba.

 

 


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Omarelmanco
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En el relato anterior, directamente me fumé el árbol de Navidad con adornos y todo para traer una pseudo-continuación de la película “El Cuervo”. Si no sabes cual es, ya estás tardando, que aparte de ser una película muy buena y muy noventera, este año sacan una nueva versión con Bill Skarsgård (El de It).

En el relato de la otra vez, Albrecht visita la tumba de Eric Draven y Shelly Webster para decirles que ha sido ascendido a teniente, motivo por el cual es trasladado a la comisaría del Distrito 4 de Bay City (hay más distritos, pero la cabeza no me da para tanto), para buscar paz y tranquilidad (animalico del señor). Un cuervo que hace años que adoptó (o el cuervo a él, quien sabe) al que llamó Larry, insistió en acompañarle en su primer día, lo que le metió en un pequeño lío. Y en este relato, nos trasladaremos un año después. Por cierto, si no te has leído el otro relato, bucea un poco en Noviembrenocturno.es, que es gratis y ya que estás por allí,  aprovecha para leer más relatos que es muy sano.

Bay City 30 de octubre del 2000

Estamos en la comisaría del Distrito 4, son las 12 de la noche de una guardia muy larga.

—Teniente, le encuentro un poco más nervioso de lo normal, ¿Se encuentra usted bien? —preguntó el sargento Nolan al teniente Albrecht.

—Si, lo que pasa es que en Detroit, a estas horas media ciudad ya estaría ardiendo, y no termino de acostumbrarme a tener una guardia tan tranquilla—respondió Albrecht mientras le acercaba un café a su compañero.

—La verdad es que iba haciendo falta. —Agradeció Nolan cogiendo la humeante taza—. Aquí en Bay City, lo máximo que podría pasar es que dos enmascarados arrasen media ciudad a puñetazos, algún pandillero que quiera denunciar que Espectro Azul le ha dado una paliza, o que algún conspiranoico afirme que él es el legítimo heredero de Excalibur y no Pendragón, pero desde luego nada tan exótico como un incendio. Y por cierto teniente —continuó Nolan—que sepa que acaba de gafar la guardia, así que a partir de esta hora, son quince pavos por emergencia.

—Tomo nota sargento —contestó Albrecht—, ahora si me disculpa estaré en mi despacho, que tengo media tonelada de informes que rellenar.

Albrecht, giro hacia su despacho cuando advirtió, en la sala de espera, a una joven con un empapado disfraz de rockera. En el momento que el que reparó en su presencia, la joven se levantó hacia él tiritando de frio:

—Teniente Albrecht —dijo antes de desmayarse.

—¡Nolan! —gritó Albrecht. Llame a una ambulancia, mujer joven de unos 18 años, posiblemente bajo los efectos de alguna droga, a simple vista no parece tener ninguna herida.

El teniente Albrecht la acostó en el incómodo sofá de su oficina al tiempo que escuchaba un familiar golpeteo en la ventana. «¡Joder!» pensó mientras se giraba en dirección al ruido.

Efectivamente, allí estaba Larry mirando hacia el interior del despacho con sus ojillos siempre curiosos. Albrecht abrió la ventana para que el cuervo dejara la ventana tranquila de una vez. Lo que el pájaro hizo una vez dentro del despacho, congeló la sangre del veterano policía, Larry se posó suavemente encima del pecho de la joven con un suave graznido.

La joven despertó al poco, bajo la atención de los dos policías, mientras dirigía su mirada hacia la voz de Albrecht.

—Nolan, cancele la ambulancia por radio y tráigame un test antidrogas —ordenó el teniente.

—De acuerdo señor, pero aun así, son 15 pavos por gafar la guardia —respondió Nolan antes de irse.

—Muy bien señorita —continuó Albrecht—, el sargento tiene mal una rodilla, así que si me cuenta todo antes de que llegue, no tendré que rellenar un informe para justificar ese test antidroga. Así que debería comenzar por identificarse, que le ha pasado,  que hace disfrazada de Cindy Lauper y sobre todo ¿De qué me conoce?

—Me llamo Ann Simons, y anoche, en la fiesta de Halloween, me cogí un pedo de puta madre en la discoteca “Poe”, y alguien vio jodidamente gracioso tirarme al lago.

—Empezamos mal señorita Simons, esa discoteca cerró hace casi un año, las fiestas de Halloween, son el día 31 y ayer era 29, de modo que como no sea usted una metahumana capaz de viajar en el tiempo, va a meterse en un problema. Y volviendo a las cuestiones que debería responder, le falta decir donde o de qué me conoce —Inquirió Albrecht.

—En verdad no le conozco —respondió Ann—, sólo que anoche, Eric y Shelly me dijeron que viniera a verle y que le mandan un fuerte abrazo.

Un graznido sonó a espaldas de Albrecht.


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CoquinArtero
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Tumbado en el suelo, retorcido como un gusano recién pisao, Kino desencajaba sus extremidades forzando las ligaduras. Sabía con certeza que lo iba a conseguir. Tenía que hacerlo. Nunca tendría una oportunidad mejor de hacerse con lo único en el mundo capaz de frenar su avance.

     La presa empezaba a ceder mientras en su mente se deleitaba, con todo lo que sería capaz de conseguir si mantenía un perfil bajo. El lugar era silencioso. Oía el esfuerzo en su respiración, el roce de sus ropas contra el suelo, el retumbe de su corazón en toda la estancia y, completamente fuera de lugar, un chirrido viscoso, parecido a cuando sacas un enorme clavo de un tablón cubierto en manteca de maní.

     Su mano se deslizó y después de volver a colocarse las articulaciones en el sitio, usó el brazo para arrastrarse hasta donde Boogie tenía La nota marrón. Estaba casi al alcance de su mano. Ya la veía en su poder. Tanta emoción cargaba en imaginarse el gesto, que por un segundo se olvidó del resto del mundo e ignoró los pasos acercándose sigilosos desde el baño.

     La bota de Boogie aplastó los dedos de su mano libre. La sorpresa impidió a Kino gritar siquiera. Tan solo pudo elevar la mirada desde el suelo para ver a su padre con la saeta cogida con una mano y un chorretón de sangre cayéndole del ojo como la lágrima de un demonio bromista.

     —¡Qué sorpresa más agradable! —exclamó el matón con su cara cuadrada adornada por la mueca a medio hacer de una sonrisa—. De haberlo sabido antes, ahora mismo sería un maldito millonario.

     »Parece, pequeño bastardo, que ya sabemos a quién le debes ese genoma. Ese… ¿don? Además de la mala baba que te gastas, cabrón. Eso también me lo debes. El otro debía ser fruto de una de esas noches en el puerto con alguna camboyana —Su rostro se endureció durante unos segundos en los que aprovechó para volver a coger el arma—. Tengo que asegurarme de que no quedan muchos como tú por ahí. Eres un peligro ¿Lo sabías? Y ahora esto —volvió a susurrar mirando la flecha metálica aún bañada en sangre—, cambia mucho las cosas. Ya no me haces ninguna falta.

     Apuntó con el arma a Kino.

     No podía estar más indefenso. Lo tenía atado hasta de los tobillos. Igual que una oruga de un solo brazo y ahora volvía a estar a su merced.

     —Me cago en tus muertos —Alcanzó a decir, pero nadie pudo oírlo.

     El agua entró en forma de chorro por la ventana del apartamento, rompiéndolo todo. Se encontraban a decenas de plantas de altura y aún así el chorro golpeó todas las estancias hasta dejar a Boogie, a Kino y al arma, cada uno en un lugar distinto del salón.

     —¡Ni siquiera lo intentes, animal! ¡No te muevas! ¡No lo pienses!

     Veinte cuerpos con uniformes desconocidos entraron pisando muebles cristales, descolgándose con cuerdas al más puro estilo de los antidisturbios, y, al parecer sabían qué estaban haciendo porque a Boogie lo llenaron de cadenas y metieron el arma en un enorme cajón.


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Omarelmanco
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En los capítulos anteriores, hice una versión raruna del Cuervo para introducir su historia en nuestra ciudad favorita, cosas de beber whisky a deshoras, si quieres saber más, ya sabes a que foro acudir. (soy un cabrón y además estoy flojo)

Bay City 1 de noviembre del 2000

—¿De modo que esa es mi tumba? —preguntó Ann.

—Así es, ¿Quieres un minuto a solas? —preguntó el policía—.

—Déjalo, volvamos a tu cuchitril.

Albrecht dejó a la joven en su casa para que descansase un poco, tampoco es que tuviera donde ir, mientras tanto el aprovecharía para acercarse a comisaría y revisar el expediente del caso Simons, tendría que pedirle permiso al inspector Vásquez, esperaba pillarle de buen humor.

—Buenos días jefe Vásquez —saludó el teniente desde la puerta.

—¿Teniente? ¿Tanto me echa de menos que renuncia a sus días salientes de guardia? —contestó el inspector.

—No es eso señor, quisiera pedirle un favor…

Después de un par de llamadas, Vásquez consiguió que Albrecht pudiera llevarse el expediente a casa, sabiendo que de perderlo peligraba su culo de mala manera.

Al regresar, vio a Ann tumbada en el sofá durmiendo con una de sus viejas camisetas de la academia de policía, imaginó que se había duchado, cosa que confirmó el desastre del cuarto de baño.

Mientras preparaba algo para almorzar al tiempo que echaba un vistazo al expediente, reparó en la joven que a pesar del ruido, seguía durmiendo a pierna suelta en el sofá «Si tan sólo es una niña», pensó Albrecht.

—Más te vale que uno de esos sándwiches sea para mí, —exigió una somnolienta y hambrienta joven— Deberías ponerme al día, como tu comprenderás enterarme de que he vuelto de entre los muertos, normal precisamente no es.

—Lo primero y más importante —comenzó el policía—, es saber cómo y por qué has vuelto, cosa, que por suerte es bien fácil y luego meternos en faena con tu expediente.

»Con respecto al cómo y el porqué, tengo una ligera pista, verás. Antiguamente la gente creía que, cuando alguien muere, un cuervo se lleva su alma a la tierra de los muertos. Pero a veces, sucede algo tan terrible que junto con el alma, el cuervo se lleva su profunda tristeza y el alma no puede descansar. Y a veces, sólo a veces, el cuervo puede traer de vuelta el alma para enmendar el mal.

—Y effo ¿É miedda finniffica? —preguntó Ann con medio sándwich en la boca.

—¡Esos modales! —reprendió Albrecht—. En fin… Simplificado y por lo que ha podido sacar de tu expediente. Durante la fiesta de Halloween del 92 en la discoteca “Poe”, le dijiste a una amiga tuya Diane Johnson que te ibas a casa en taxi que no te encontrabas bien, según las cámaras de la parada de taxis, nunca llegaste allí, lo que hizo sospechar que alguien puso droga en tu bebida y tras matarte arrojó tu cuerpo al lago, se intentó relacionar tu caso con el de un asesino que estuvo bastante ocupado ese año, pero fue detenido por Espectro Azul una semana antes de tu desaparición. Jamás hallaron tu cuerpo y el 16 de noviembre de 1999 se te dio por muerta cerrando el caso.

—¿Y mis padres?

—Esta mañana miré en el NCIC, tus padres se divorciaron, tu madre se fue de la ciudad y tu padre empezó a investigar por su cuenta, lo encontraron muerto en un callejón cercano a la “Poe”

—¿Y no tuvisteis cojones de hacer algo? ¿En serio? ¡Me cago en la puta! ¡Joder!

Ann dio un puñetazo en la mesa con tan mala suerte que se hizo un profundo corte que recorría el canto de la mano llegando al hueso. Lo que sorprendió a ambos, fue que la herida comenzó a sanar sin dejar marca. Curiosamente, el dolor fue breve, pero pensar en su padre muerto en un callejón hizo que Ann se derrumbase y empezó a llorar, Albrecht, solo alcanzó a abrazarla.

—Esto confirma que te ha traído de vuelta para que puedas vengarte.

Un graznido desde la ventana, pareció darle la razón al veterano policía.

 

Nota: De momento, esta historia queda un poco en pausa, he de elaborar, una investigación policial , resolución del caso de Ann, o no, meter a la mafia, o no, etc. y hacerlo de una manera coherente para estar a la altura de tan distinguido público, por supuesto Bay City y sus historias, al menos por mi parte seguirán, y para abrir boca, adjunto un archivo con unas imágenes cortesía de una IA (que queréis que os diga, sumando todo mi talento en dibujo acumulado durante años, daría negativo).


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CoquinArtero
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—Ibas bien —susurró una voz tranquila al oído de Boogie—, hasta que tomaste la galería que llegaba hasta esta misma casa. La pobre Lionor no hubiese admitido nunca a extraños en su apartamento.

     Boogie, empapado y aturdido solo podía buscar con la mirada el arma de la nota marrón. No fue hasta después de unos segundos que la vio asida por su interlocutor y le estaba apuntando con ella.

     —Te conocemos Boogie —continuó—, sabemos de tus andanzas por la ciudad y, sinceramente, no nos importa lo que hagas con tu vida mientras no nos afecte a nosotros. De hecho, parece que acabas de hacernos un favor.

     El enorme matón rechinaba los dientes y observaba de reojo esperando el mejor momento para abalanzarse sobre quien se había atrevido a poner la mano encima de su juguetito, ahora que sabía que esa era la única cosa capaz de acabar con su culo de mercenario.

     —Es que ni lo pienses, chaval —Esta nueva voz venía del borde de la ventana, donde otro cuerpo uniformado le dirigía la palabra al tiempo en que extendía la palma de la mano hacia Boogie. Éste sintió como los nervios se le atenazaban impidiéndole moverse con facilidad. No era la primera vez que sentía algo así. El de la ventana era uno de esos que jugaban con tu mente. Hasta ese momento creyó que tenía controlados a todos los de la ciudad, pero había quedado claro que no conocía realmente toda la ciudad. Al menos nunca había visto nada como lo que había a espaldas del mentalista.

     —Ya que hemos entrado sin avisar, me presentaré como mandan las buenas maneras. Soy el jefe de éste escuadrón y me llamo Lidel Putho.

     —¿En serio? —Alcanzó a preguntar Boogie

     —Es Putho, un postre filipino, no prostituto en español. Lo heredé de mi padre.

     —Tú dirás lo que quieras, hijo de Putho mentolado de los cojones, pero a mí…

     —No voy a seguir justificándome contigo —interrumpió irritado—, tenemos cosas que tratar antes de devolverte a la superficie.

     Kino, desde su esquina, a medio desatar y escupiendo restos de agua desde los pulmones, abrió los ojos hasta el dolor a saber que el animal que estaba a punto de matarlo iba a ser puesto en libertad. ¿Qué carajo pasaría con él?

     —Como te decía el oficial Peppunno…—arrancó a decir el mentalista.

     —¿En serio? —volvió a interrumpir Boogie— ¿Se escaparon de un espectáculo para niños?.

     Queriendo hacer como que no lo había oído, Lidel Putho se resignó a continuar con la explicación. Se notaba en el aire que a nadie le gustaba pasar empapado más rato de lo normal. Empezaba a hacer frío— El chaval ha metido la pata a base de bien. No las conoces, pero la Orden de las Matronas están deseando echarle el lazo por lo que hizo con Seña Lionor. Ahora: todo iba bien hasta que llegaste hasta aquí, ibas a matarlo de una forma efectiva y mandaríamos a una nueva matrona para los niños gato, pero ahora tú conoces algo que no deberías conocer, y como tu chico, tampoco puedes morir. Tan solo nos queda una alternativa si lo que quieres es salvar las tripas, Boogie.

     —Soy todo oídos, Putito —contestó el matón.

     —Conoces a toda la mafia de Bay city, sabrías distribuir el trabajo, ¿cómo se te da cuidar niños?

     —Pero…—gritó Kino desde un rincón antes de que el oficial Peppunno le derritiese las tripas por dentro con una sola salva de la nota marrón.

     —¿Qué nos dices Boogie?¿Te gusta el nuevo trabajo?

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Ludvig
(@ludvig)
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(Disclamer: Es la primera vez que hago un diálogo como tal de forma tan larga. No es de mis fuertes pero creo que hay que salir de la zona de confort. Para ser el primero tan extenso(disculpad la extensión) no creo que esté tan mal. Espero que lo disfrutéis)

Acordé una reunión en el tugurio dónde todos los desechos sociales se congregaban para empinar el codo. “El Bastardo, así se llama el bar. Un lugar de mala muerte dónde es mejor no acercarse. No tengo otra alternativa, mi informante me exigió ese lugar por llamada a cambio de información y unas cuantas cervezas.

 

El lugar tenía el aire viciado y el suelo estaba pegajoso, cada paso era una lucha contra la gravedad y el desagrado. Un grupo de almas perdidas se arrastraban entre las mesas, susurros de conspiración, discusiones y risas siniestras rompían el poco silencio que había. La iluminación era tan escasa que apenas se podía distinguir los rostros, excepto por el brillo de hundidos y ojerosos, la poca luz que había era amarillenta, esto daba al lugar una atmósfera emponzoñada. El olor podredumbre, aceite de motor por algunas prótesis de mala impregnaban el aire, una mezcla nauseabunda de sudor rancio, meado y alcohol barato se aferraba a la ropa y a la madera del suelo y las paredes. La música, si se le podía llamar así, era una cacofonía de sonidos discordantes que resonaban en las paredes descascaradas y con humedad. Se podía palpar el lamento de estas pobres almas descarriadas que buscaban una salida o hundirse más. En este puto antro, cada mirada es un desafio, cada gesto extraños es una amenaza velada, y la única ley que parece gobernar esta infierno es la del más fuerte o la del más lamentable.

 

En qué puta hora se me ocurre meterme en este maldito lugar!- pensé.

 

Cerca de una de las ventanas rotas estaba mi informante. Un hombre con el brazo izquierdo robótico (de una pésima calidad)  vestía como un vagabundo, tenía una barba larga pero bien cuidada, su pelo graso estaba peinado hacia atrás, vestía con unos vaqueros rotos por las rodillas y raídos, unas botas; una de color marrón y otra negra, una bomber de color verde con ciertas quemaduras de cigarros, le faltaba la manga izquierda, se podía ver su brazo robótico, y una camiseta negra dónde se podía leer “Don´t Try”.

 

Me reconoció, me hizo un gesto con la mano, porque era el único que olía bien, o de forma decente, en aquel lugar. Me acerqué a él y me senté en frente suyo.

 

Camarero 2 pintas- grité

 

-¡Qué sean 5!- gritó mi informante.

 

Su voz estaba cascada.

 

-Imagino que tu eres el me contactó. No sé cómo cojones diste conmigo, pero puedo imaginar que LEM Corp tiene información de hasta como cago la consistencia que tiene mi mierda-dijo con un tono sarcástico y molesto.

 

El camarero nos trajo las cinco pintas. Le dio un trago tan grande que se acabó la primera pinta.

 

-Me puedes llamar Hank Chinaski- dijo mientras se limpiaba la barba y la boca de trago.

 

-Me llamo Connor Murphy.- Le di un pequeño trago a la cerveza.

 

-Joder, un puto irlandés.- escupió en el suelo tras decir esa frase.

 

Hey, Hank, no escupas en el suelo!- gritó el camarero con una mirada fulminante.

 

Cierra la puta boca! El suelo está hecho un asco, hace siglos que no se limpia  ¿Crees que un escupitajo va a dejarlo peor, Roger? Vamos, no me jodas.- vociferó.

 

El tío cada vez me caía peor. Era insoportable, me preguntaba por qué vine aquí. Por qué LEM Corp me hizo reunirme con semejante ser.

 

-Bien, irlandés ¿Qué es lo que necesitas? - dijo mientras le miraba el culo a una mujer.

 

Cogí de mi maletín las fotos con el enmascarado, las fotos del cuerpo de Brian Simons y se las puse en la mesa. -Necesito saber que me puedes decir sobre esto, no tengo nada más, por ahora. La última persona que le vió con vida fue Stefan O´Linder- comenté 

 

Cogió las fotos, le dio otro trago de los suyos a otra pinta. -Vamos a ver que tienes por aquí.-

 

Las estuvo viendo un rato.

 

-¿Y bien? ¿Sabes algo?

 

-Del enmascarado no sé nada. Pero recuerdo que una banda tenía una máscara similar. Los Monarcas, se llaman, si. Unos tipos duros.- se bebió otra cerveza de un trago tras decir la frase.

 

En el bar empezó una pelea. Yo no paraba de pensar que Hank era un borracho empedernido y que si seguía bebiendo quizás caería redondo y no me diría nada más que unos balbuceos. Pero un trato era un trato.

 

-¿Qué me dices de Stefan?- dije impaciente. Me estaba empezando a poner nervioso.

 

-Su suicidó el año pasado. Dicen que los niños y los borrachos dicen la verdad… ¡Gilipolleces! Los suicidas son los que más dicen la verdad al mundo, son los que gritan la verdad al mundo porque el mundo  nunca les oyó- dijo mientras encendía un cigarro y me miraba fijamente.

 

-¿Cómo es que nadie sabía nada de él?- dije preocupado.

 

-El muy cabrón- dio un trago pequeño a la cerveza- se fue de Bay City. No paraba de decir que alguien le espiaba. Estaba paranoico. Desde entonces desapareció del mapa.

 

-¿Quién le espiaba?

 

-¿Y yo qué coño sé, Connor? Vamos, nadie sabe quienes son los espías. Si todo el mundo supiera la identidad de alguno sería el peor espía del mundo ¿no crees?

 

-¿Sabes quien le vio por última vez o dónde estuvo?

 

-Estuvo en su apartamento. En la calle Ockham, apartamento 17, número 4. Ahora vive su hermano en esa casa. Lleva un año deprimido y de vez en cuando se deja caer por aquí para ahogar sus penas, como todos los aquí presentes.- le dio un trago de los suyos otra vez.

 

-Gracias, Hank. Por ahora es suficiente, debo irme. Con esto bastará- dijo mientras dejaba el dinero en la mesa.

 

Hank escribió algo en una servilleta. -Toma Connor, mi número. Si necesitas algo, sólo llámame. 

 

Cogí la servilleta con el número. Anduve hasta la puerta y me largué de ese puto infierno etílico.

Esta publicación ha sido modificada el hace 2 semanas por Ludvig

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CoquinArtero
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Perdón si encuentras alguna errata, pappeinn. No me ha dado tiempo de revisar.

 

Conocían bien al matón. Sabían que si algo se la ponía bien dura, era el dinero y ocupando el puesto de la vieja matrona, se situaba en la posición ideal para llevarse unas buenas comisiones de servicio. Las que hasta ahora correspondían a Felipe, por ejemplo. Además le devolvieron la nota marrón pues sabían que solo tendrían que pagarle bien para que les fuese fiel.

     Boogie no era tonto y hacía tiempo que anhelaba un cierto nivel de tranquilidad. Esa tranquilidad que solo te puede dar el anonimato que pagas bien caro. Heredar el apartamento empapado de Seña Lionor fue un incentivo más dentro de tan generosa oferta. El siguiente paso fue convencer a la pandilla de que tendrían que obedecer las órdenes del matón.

     Dejaron a un grupo de operarios de La Catacumba reparando los desperfectos en el apartamento mientras Boogie, Peppuno, lidel Putho y una bolsa de tela, ascendieron por las galerías de acceso a la nave de los Niños Gato. Estos, al ver a Boogie aparecer entre las sombras, comenzaron a bufar y a prepararse para el ataque, pero acto seguido reconocieron a sus antiguos compañeros.

     —¡Ey, es Peppunno! —gritó con fuerza uno de los más viejos—. ¿Estás bien, amigo?

     —¡Y el de atrás es lidel Putho! —Le contestó otro que se ocultaba en las sombras a pocos pasos de Boogie—. Por favor, di que nos lo vamos a comer.

      Boogie, con la nota marrón en una mano y el bolso en la otra, se adelantó un par de pasos. Dibujó un fino hilo de sangre rezumante en el aire cuando alzó el bolso de tela como un presente para los allí congregados.

     El cabrón sabía cómo mantener la expectación. Se situó justo bajo el rayo de luz de una claraboya con el bolso en alto y cuando estuvo seguro de tener la atención de todos, soltó una de las asas y la cabeza de Kino cayó rodando inerte al suelo.

     Tardaron un poco en reconocer sus facciones. Uno de ellos se acercó entonces con la cabeza de Kenzaburo que Boogie les hizo llegar por mensajero el día anterior, las puso una junto a la otra y al cabo de unos segundos, ignorando la presencia del matón, levantó ambos semblantes con un grito de victoria en el pecho que todos repitieron sin dudar.

     Por un minuto, la nave se convirtió en una fiesta con niños de entre 6 y 17 años dando brincos de viga en viga, descolgándose por las cadenas y dando volteretas escaleras abajo.

     Lidel Putho los dejó disfrutar de la alegría el rato suficiente como para no llamar demasiado la atención en el exterior. Después se adelantó, levantó la mano y poco a poco se empezaron a callar.

     Al poco, un grupo de casi un centenar de niños escuchaban congregados cuáles serían los nuevos planes en la cúpula de la organización. Las nuevas órdenes no se hicieron esperar.

     Como bien apuntó en su momento el mentalista, no existía en la ciudad nadie mejor que el matón para tomarle el pulso a la mafia. En base a esa realidad y sin perder un solo instante, encargó a los chicos que decapitasen la cúpula de las bandas preparadas para dar un golpe de estado. Eso dejaría el terreno abonado para restablecer el equilibrio necesario después de las chapuzas de su bastardo.

     A partir de ese momento, los Niños gato ya no volverían a ser un engranaje del sistema criminal de Bay City. A partir de ese día, desaparecerían de la vista de todos para hacer pasar sus acciones por las de un solo personaje actuando desde las sombras. Un maestro villano al que nadie podrá nunca ver porque en realidad no existe. Sus pasos serán vistos como los de una entidad fantasma a la que nadie conoce y nunca sabrán cómo encontrar mientras se hace con todo. Una representación del mal que firmaría sus trabajos bajo el nombre de Moriarty.

     No había sido mala idea meter en nómina a Boogie el Aceitoso.


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Omarelmanco
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Tesalónica (Grecia) Julio de 1918

— ¡Joder que calor que hace en este puto país!

— ¿Que pasa Bay City? ¿Echas de menos a tu mami?

— Sargento, no sabe usted lo que daría ahora mismo por estar allí, en el Café de Beth tomando un batido de vainilla y un trozo de su delicioso bizcocho de naranja —contestó el soldado.

— Sargento, doy fe de lo que dice Speedwagon, el mejor bizcocho de toda la puta ciudad —gritó uno de sus compañeros mientras repasaba el equipo—. Y deja de quejarte, nos toca de patrulla en el sector Oeste.

Sam West comenzó a preparar también su equipo, odiaba el mote de Speedwagon siempre fue una burla de instituto por ser el peor en atletismo, pero después de salvarle la vida a  Prescott en un par de escaramuzas con los Búlgaros, iba viendo el respeto tras ese apodo.

Ambos soldados, West y Prescott, se dirigieron a la salida del campamento para comenzar la patrulla que finalizaría entrada la noche dejando al resto de sus compañeros allí. Así era aquella maldita rutina, patrullar, dar novedades y esperar, parecía un mismo día que jamás llegara a su fin.

— Eres un cabrón West, ahora no puedo sacarme ese maldito bizcocho de la cabeza —protestó Prescott.

— Si tío, y qué me dices del Reuben cuando le pone extra de queso, joder, daría lo que fuera por estar allí —contestó Sam con sorna.

— La verdad es que sí —continuó Prescott— ¿Has pensado que harás cuando vuelvas a casa?

— Pues para ser sincero, no demasiado, un primo de mi madre es Joe el del taller. Reparando los barcos no le va mal y dice que cada día habrán más coches y camiones por las ciudades y quiere ampliar un poco el negocio, no deja de ser una posibilidad. ¿Y tú?

— Cuando llegue, ayudaré a mi padre con…

A Prescott no le dio tiempo a contestar, al ir distraídos hablando, no vieron un barranco ocultado por la densa maleza y cayeron al vacío.

Doce metros después, Sam despertó para ver que estaba vivo de milagro, para su horror, vio a su compañero, con el pecho atravesado por una rama y las piernas torcidas en un ángulo casi imposible. Con un par de tortazos, Sam hizo que Prescott recobrase el conocimiento.

— ¡Dios mío, no me siento las piernas! ¿Cómo lo ves Speedwagon? —preguntó mientras tosía sangre.

— Unos puntos de sutura y en una semana a funcionar.

— ¡Mientes de puta pena chaval!, creo que no volveré a probar el bizcocho de Beth, y por tu puta culpa, ese va a ser mi último pensamiento.

Lo único que pudo hacer Sam, fue entablillar las piernas y con la sierra del cuchillo cortar con mucho cuidado, la rama.

— Ahora pareces una brocheta —comentó Sam para quitarle un poco de seriedad a aquello.

— Muy gracioso Speedwagon, muy gracioso.

— Ni se te ocurra intentar moverte, hemos caído en el patio de algún tipo de palacio en ruinas o algo así, de manera que tiene que haber una entrada en algún sitio, volveré con los chicos y te sacaremos de aquí — dijo Sam sabiendo que las posibilidades de su amigo eran prácticamente nulas.

— Pilla algún recuerdo que atestigüe que “Dos valientes soldados americanos, mientras discutían por un bizcocho, casi mueren al caer por un barranco” —comentó con cierta sorna el malherido soldado.

Sam no había quedado ileso, apenas podía mover el brazo izquierdo y le dolía al respirar profundamente. Si tuviera que apostar, apostaría por al menos una costilla rota y una luxación en el hombro. Sólo tenia que encontrar suelo firme para la luxación, la costilla rota, era harina de otro costal.

Gracias a la linterna, pudo deambular por el extraño edificio sin correr peligro. Una vez apañado el hombro, lo inmovilizó con una camiseta, le dolía horrores pero hasta llegar al campamento era lo que había.

Descubrió algunos frescos y estatuas de algún tipo de duendecillo con casco y un bastón con alas «¿Έρμῆς (Efunk)? ¿Qué carajo será eso?», se preguntaba Sam que andaba todo lo rápido que le permitían sus lesiones.

Sam pensando que Έρμῆς significaría salida, se dedicó a ir por las pocas puertas donde aparecía esa palabra, a la enésima puerta que cruzó, acabo en una pequeña sala, con una estatua a juego con el tamaño de la habitación, la estatua era de ese hombrecillo de casco raro y alas en la pies que había visto representado innumerables veces durante el recorrido por el templo, a los pies de la estatua, habían un par de brazaletes de cuero endurecido, a la luz de la linterna pudo ver que debían ser modernos, puesto que no tenían señal de desgaste más allá de un bastón como el de la estatua repujado en ellos «ya tenemos souvenir de esta aventura» pensó el soldado.

Al ver que no era capaz de encontrar la salida, decidió volver al patio donde descansaba el herido.

— Prescott, mira lo que he encontrado, ya tenemos algo que de fe de que estuvimos aquí.

Al ver que su amigo no contestaba, se acercó corriendo, solo para averiguar que su compañero ya no se encontraba entre los vivos.

Con lágrimas corriendo por su rostro, recordó que en esas tierras era costumbre poner dos monedas en los ojos de los muertos para pagar su pasaje a la otra vida, sólo por si acaso, así lo hizo esperando que a la parca le diese igual que fueran dólares.

—Tranquilo tío, no te pudrirás en este país de mierda —susurró dirigiéndose al fallecido.

Viendo que su única vía de escape, sería trepar esos doce metros, resolvió colocarse los brazaletes para proteger sus antebrazos y escalar, «va a doler como su puta madre» —pensó. A unos dos metros había una raíz de un árbol así que, tomó carrerilla y mientras el tiempo parecía congelarse, apenas con un impulso, ya estaba arriba.

— !Pero que hostias! —dijo en voz alta un sorprendido Samuel.

Una resplandeciente figura apreció ante él

— Tranquilo humano —dijo el extraño ser—, te he elegido para portar mis brazaletes y mis bendiciones, no hagas que me arrepienta.

 

Notas: Έρμῆς significa literalmente Hermes, y por carambolas de la vida, los americanos estuvieron en Tesalónica en la 1ªGuerra Mundial, y además, allí había un templo dedicado a este dios, el bastón que porta Hermes y está grabado en los brazaletes de Speedwagon, que adopta su mote como nombre es el caduceo, el que no hay que confundir con el bastón de Asclepio que es el que podemos ver en cualquier farmacia.

Viendo que la semana pasada causé un cortocircuito cerebral en Alberto con mis personajes, he pensado en adjuntar más dibujitos de IA para que tanto a él como a los demás que no compartís mis taras mentales os queden un par de cosas claras.

 

 


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CoquinArtero
(@coquinartero)
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“No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética. Lo que más me preocupa es el estremecedor silencio de los buenos, pues, Si existe algo peor que las acciones de las malas personas, es precisamente la inacción de aquellas que deberían ser buenas”. Martin Luther King

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“Grabación enviada a la emisora pirata de Bay City, dentro de una caja llena de serrín y dientes recién sacados.”

Hoy, en la calle, he visto a un bebé de cuatro meses llorar bajo el vómito de su propia madre. Gateaba sobre la acera mientras ella, narcotizada hasta no saber quién era, asomaba bamboleando sobre la criatura con medio cuerpo oculto entre las sombras del callejón. Estaba apoyada con la diestra sobre un bidón a medio carbonizar y la siniestra sujetando las bragas mientras se agarraba a la esquina.

     Fueron solo unos segundos y no puedo borrar esa secuencia de mi mente.

     Un bulto nauseabundo y sudoroso la penetraba ruidosamente por detrás  y con cada embestida, la madre soltaba un chorro más de vómito que venía a caer sobre la boca del bebé.

     Nadie hizo nada al respecto. La calle estaba llena de gente y nadie se molestó en hacer siquiera un gesto. Ni siquiera yo, que compartí pupitre con esa mujer, tuve el cuajo de socorrer al menos al niño. ¿Cómo iban a reaccionar si en sus caras pude ver que estaban muertos por dentro? Se tiran entre la basura dejando perecer sus cuerpos bajo capas y capas de mierda. Allí por donde esta maldita plaga pasa, se cierran negocios, desaparece gente, convierten el simple acto de respirar en una actividad de riesgo.

     Las calles de Bay City se han convertido en el estercolero del infierno. Las mafias campan a sus anchas, trafican, extorsionan, prostituyen, compran, venden y matan personas mientras el mundo entero mira hacia otro lado. Nadie cuida nada. Nada puro queda.

     Ha llegado la hora de hacer algo, Bay City. Como esas primeras partículas de agua que empiezan a hervir en el caldero mientras las otras solo miran, he decidido abrir el camino para que el resto de las gotas empiecen a saltar. No me importa si tan solo eres uno entre tantos: si te veo fuera del plato, iré a por ti. Aunque a tu espalda se escondan millones esperando ocupar tu puesto, acabaré contigo. Acabaré con todas las ramas podridas una por una, aunque de esta forma tenga que destrozar el árbol hasta la raíz.

     No es una promesa, no es un aviso. Antes de comenzar esta grabación dejé los tres primeros desperdicios en la esquina entre Wellington y Pridell. Fue fácil porque nadie vio nada. Nadie dijo nada cuando el niño se infectaba bajo el rumen de su madre, ni tampoco cuando esos tres espectros con ropa me intentaron robar. Tampoco hizo falta. La rabia me tensó los brazos y la locura les marcó el camino. Ahora manchan el suelo que hemos pagado entre todos, con su sangre infecta. Que las autoridades se ganen su sueldo y vayan a limpiarlo.

     Esta misma noche volveré a matar y esta cinta que oyen es la prueba de que no pienso parar. Si quieres unirte, empieza por desinfectar de parásitos tu zona y no pares hasta que encuentres una calle entera sin putrefacción. No te olvides de los jefes, de los que van de bonito mientras se llenan los bolsillos. Que no te aflija levantar tu puño contra el poder si éste resulta estar corrupto.

     Hasta que entre todos limpiemos por fin Bay City.

     O hasta que Bay City acabe con todos.


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