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El Zahorí

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NoviembreNocturno
(@noviembrenocturno)
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Iniciador de tema  

Trama iniciada por @Querrigan

 

Galway, february 4, 1911

 

Estimado profesor Armitage:

Me presentaré, mi nombre es Sukma Ngumbara, que traducido a su idioma significa Alma Errante. Nací hace 82 años en Semarang, en la isla de Java, un país meridional que solo unos pocos sabrían situar en un mapa. Soy zahorí, he dedicado toda mi vida adulta a buscar y desentrañar las fuerzas que rigen a nuestra Madre Tierra y he viajado alrededor del mundo movido por unos hilos invisibles que tiran de mí implacablemente. Hoy estoy aquí, en Galway, donde destaco entre las gentes del lugar como lo hace una mosca en la leche, y mi deseo es relatarle los acontecimientos presenciados por mí el pasado 21 de diciembre, por si a usted le resultasen de alguna utilidad o pueda extraer alguna enseñanza de ellos, ya que he sabido que es usted una de las pocas personas que se interesan por los acontecimientos insólitos o misteriosos.

Me ha traído a este país un conocido que me hizo saber que, Alfred Walkins, un anticuario y arqueólogo aficionado británico, está recopilando datos para poner nombre y ordenar las corrientes telúricas que cruzan las entrañas de la Tierra, para registrarlos en un detallado mapa y me he ofrecido para ayudarlo. Mi colaboración en este estudio ha resultado vital para llevarme al lugar y al momento precisos en los que se abrieron ante mí los registros históricos telúricos o akasha, como los denominan en las altas tierras del Tíbet, que también he visitado.

El 21 de diciembre, me hallaba recorriendo el río Corrib en una barcaza, efectuando, como siempre, mis mediciones y cálculos, cuando, a la altura del castillo de Menlo, en la orilla opuesta a la Universidad de Galway, ante mis atónitos ojos se abrieron los cielos. Debe perdonar usted mi torpeza al tratar de describir lo que presencié, pero dudo que existan palabras adecuadas para hacerlo. Fui testigo de los hechos que sucedieron en este lugar hace cientos de miles de años. No puedo describirle a usted cómo llegó a mí esta información, solo que: simultáneamente a las imágenes que veía, mi mente recibía todos los detalles de la escena percibida, fecha incluida.

No es mi deseo abusar de su tiempo, por lo que, si desea usted conocer mi extraña experiencia, con toda la exactitud que mi limitado vocabulario me permita, no dude en contactar conmigo en la pensión de Miss Carrigan, en 3 Raven Terrace, aquí, en Galway, Irlanda.

Suyo afectuoso,

Sukma Ngumbara, zahorí.


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Learntofly
(@learntofly)
Estimado Acólito
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Hola holita,

Creo que habría que eliminar esta historia de la red y trasladarla a los círculos. Yo colgaría las tres cartas que he escrito ampliando la historia del zahorí, añadiendo personajes y enlazado historias. Eso es al menos lo que he entendido al leer las instrucciones de uso de De Profundis.

Otra cosa, el nickname @Querrigan mola, pero hay un follón de nombres que me va explotar el cerebrito. En Twitch y en el foro yo me he puesto @Carrigang, @Morrigang no estaba disponible*, pero tú has puesto @Querrigan, supongo que para que fueran homófonas o algo así. No me importaría cambiar mi nick por @Kerrigang, ni para ti ni para mí, son manías, te explico.

*No he podido utilizar mi nickname habitual @Morrigang porque algún chorimangui en twitch se lo ha afanado, aunque apuesto mi pestífero culo a que no tiene ni idea de lo que significa.

Las Morrigan = Morrigan/Carrigan+Badb+Macha+Nemain (a veces), son un montón de tías para un solo nombre, así que yo le añadí la 'g' final para que se viera que son una banda = gang.

Resumiendo: @Morrigang = Morri: un montón de diosas celtas de la muerte y el sexo + gang: tías mortíferas garrapiñadas en una banda de moteras.

¿Qué te parece si nos ponemos de acuerdo en @Kerrigang?

Ya me dirás.

Saludos primigenios.

 


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Learntofly
(@learntofly)
Estimado Acólito
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Galway, 11 de marzo de  1912

 

Estimado profesor Armitage,

Entiendo su desinterés por los acontecimientos vividos por este humilde zahorí javanés en las tierras de Irlanda. Créame que no tengo ningún deseo de incomodarlo, sin embargo, debo hacerle llegar una advertencia: no se involucre con ninguna persona relacionada con los extraños acontecimientos acaecidos en Galway; se lo digo por su propio bien, su vida puede correr grave peligro.

Debo explicarme. Tenga, se lo ruego, un poco de paciencia y lea atentamente cuanto he de contarle.

En mi carta anterior, le expliqué cuál es mi profesión, a qué se debe mi estancia en Irlanda y qué me llevó al preciso momento y lugar en el que se celebraba una ceremonia a orillas del río Corrib, a la altura del viejo castillo. Le relataré hoy, con todo detalle, lo sucedido.

Había oscurecido casi por completo y la bola de sol rozaba el edificio de la universidad en la orilla opuesta a la que me encontraba, creando un ambiente rojizo y sobrenatural, muy adecuado para una ceremonia de apertura, al coincidir, además, con el solsticio de invierno. Yo había echado el ancla cerca de la orilla y estaba ocupado en la medición de la fuerza de la corriente, cuando escuché que unas voces se acercaban. Eran dos hombres y una mujer, que se detuvieron sobre un túmulo muy cerca de la orilla. Pararon tan cerca de mí que pude escuchar, aun sin quererlo, cuanto decían. Prepararon una hoguera y recogieron en un recipiente un poco de agua del río, fue en aquel momento cuando supe lo que hacían: preparaban una ceremonia del quinto elemento.

Esta ceremonia no es algo que mucha gente sepa en oriente y menos aún en estas tierras de occidente, -pensé-, todo irá bien si saben las palabras correctas, la hacen con la intención adecuada y ven dónde son favorables las corrientes telúricas. Así que me concentré en observar y escuchar la ceremonia.

Para mi espanto, la ceremonia estaba corrompida. El lugar que escogieron, el pequeño túmulo que representaba la tierra, era una tumba, por lo que uno, dos, o los tres componentes de la ceremonia, morirían durante la celebración, quizás un poco después, dependiendo de la fortaleza de sus espíritus. El aliento al pronunciar el hechizo representaba el aire, y ellos pronunciaron palabras de horror, por lo que se encontrarían, sin duda alguna, con seres que no pertenecen a este plano de existencia y que los aterrarían horriblemente.

Para mí, que soy conocedor de la ceremonia original, todos los elementos eran favorables: su fuego era mi fuego, mi tierra, la piedra que me servía de ancla, el agua, la excelente corriente que estudiaba, y el aire, las palabras correctas. Se abrieron para mí, el libro de la vida y el conocimiento llamado también El Quinto Elemento: el emplazamiento etérico donde se registran y conservan todos los hechos acontecidos en todos los tiempos.

Dejo por el momento mi relato, en breve le enviaré una nueva carta. Me encuentro muy cansado desde estos sucesos y subsisto por el cuidado que me dedica la señorita Kerrigan, quien no se separa de mi lado. Ni aun haciendo correctamente esta ceremonia puede uno sustraerse al desgaste que conlleva.

Suyo afectuoso,

Alma Errante

PD: Insisto en que debe usted ser prudente y evitar todo contacto con estas personas, nada bueno puede suceder a su alrededor desde aquel día.


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Learntofly
(@learntofly)
Estimado Acólito
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Galway, 23 de marzo de 1912

 

Estimado profesor Armitage,

Como puede ver, hago honor a mi palabra y le sigo enviando correspondencia. La señorita Kerrigan me ha hecho saber que ha enviado las cartas a través de una nueva agencia de mensajería que tiene su sede en Boston y que ha abierto algunas sucursales aquí, en Irlanda. Espero que el retraso en recibir noticias suyas se deba a un mal funcionamiento de dicha agencia, Inter City Express, creo que se llama. Si el próximo mes de mayo no recibo ninguna comunicación suya, contrataré los servicios de la Agencia Nacional de Detectives Pinkerton americana, pues dispongo de los recursos económicos más que suficientes como para iniciar una investigación en su país, y conocer así qué ha sucedido con la correspondencia perdida.

Aunque me gustaría contar con su sabiduría y amistad, yo proseguiré por mí mismo en lo que se ha convertido, más allá de cualquier duda, en una misión vital. He recibido una señal, estaba dormido y he sido despertado. En cuanto recupere la salud, si tal cosa ha de suceder, buscaré y daré muerte a todas las personas involucradas, directa o indirectamente, en los eventos  del 21 de diciembre del pasado año.

Por el momento, he de seguir relatándole cuanto pude presenciar el fatídico día del solsticio de invierno en Galway.

“Terminé de recitar las palabras rituales de apertura del quinto elemento y, movido por la curiosidad, quise saber qué había sucedido con las otras tres personas involucradas, con algo de buena suerte, el portal no se abriría y podrían regresar sanos y salvos a sus casas. Apenas tuve tiempo de ver que la mujer caminaba hacia la abertura vertical que se había abierto, una rajadura con los bordes irregulares, parecida a un corte hecho con un cuchillo sin filo, de unos nueve pies de altura, que uno de los hombres ya tenía medio cuerpo dentro, y que el otro había desaparecido, no sé si dentro, o si había huido ¡Estrellas ardientes del cielo! ¡Insensatos! ¡Ignorantes! ¡Necios!”

Es mi obligación, y mi responsabilidad, informarle que ese mundo al que accedieron no tiene nada de malo en sí mismo. Forma parte de este mundo aunque nuestros ojos jamás lleguen a verlo. Los seres que habitan el Mundo de La Niebla pueden entrar en este nuestro mundo e infectarlo, contaminándolo con su sola presencia. Ellos, los seres que habitan ese mundo, son nosotros una vez muertos, que están proceso de digerir sus experiencias sobre la tierra, allí habitan nuestros demonios, allí es donde nuestras más horrendas pesadillas viven y tienen cuerpo.

Quizás pueda hacerme entender mejor con un ejemplo.

Imagine que nuestro mundo es un cuerpo. Este cuerpo se compone de órganos, como la piel, los pulmones o el corazón, y cada órgano realiza una función esencial, sin la cual el cuerpo no sería capaz de retener la vida. Imposible imaginar un cuerpo sin piel o sin intestinos. Imagine que un día alguien, por alguna extraña razón, decide que quiere ver el contenido del intestino desde el exterior, abriendo un corte en la piel y accediendo al interior través de él ¿Se imagina qué sucedería si abriésemos nuestros órganos y entrásemos en ellos? Nuestro cuerpo moriría si no se cose de nuevo la herida, el contenido que sale de adentro es sumamente tóxico para los demás órganos que no por casualidad están separados por membranas. Para sanar debemos limpiar y eliminar cualquier rastro de cuanto haya salido y descontinuar a cuantos hayan sido expuestos a su contacto. Cualquier persona que haya entrado en una abertura antinatural estará muerta más pronto que tarde, quizás se conserve la apariencia física, se sabe que ha sucedido otras veces, pero le aseguro que en su interior ya no hay vida, salvo, quizás, alguna fuerza que se haya posesionado del incauto aventurero, que a su vez, habrá quedado atrapado en el mundo de La Niebla.

Es suficiente por hoy. Me permito reiterarle mi advertencia: por favor, aléjese de cualquier persona que haya tenido algo que ver con estos eventos; su vida corre peligro.

Suyo afectuoso,

Alma Errante

 

 


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Learntofly
(@learntofly)
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Galway, 9 de mayo de 1912

 

Estimado profesor Armitage,

Continúo enviándole las cartas que le prometí. Sé que es un gesto inútil, una senda de una sola vía, pero he de decirle que seguir escribiéndole a usted se ha convertido en un acto terapéutico que ejecuto cada día. Espero que se encuentre bien y que el destino le haya evitado el funesto contacto con los seres malignos, fugitivos del Mundo de La Niebla.

Han sucedido algunos acontecimientos notables desde mi última carta.

Mi salud ha mejorado considerablemente, pudiéndome permitir breves paseos acompañado  por la leal señorita Kerrigan, con quien converso en profundidad de diversos temas y de quien admiro su bondad y su aguda y penetrante inteligencia. Mucho me temo sin embargo, que este despertar no sea otra cosa que el breve alivio que suele preceder a la muerte, y creo poder vislumbrar el cabo final del hilo de mi vida. Debo pues, dejar la terrible herencia de matar a esos seres malignos a la señorita Kerrigan, además de mi fortuna. He vivido los últimos meses atormentado por esta certeza.

Han ocurrido, no obstante, dos sucesos que me hacen concebir una esperanza.

Una alegre mañana soleada de este mes de mayo, mientras volvíamos de la oficina de correos, un recuerdo golpeó mi mente como un saco de piedras. Recordé haber presenciado el antiguo rito tibetano de la transmigración de las almas. Como podrá imaginar, este rito podría ser un recurso extremo para que mi ser, o al menos mi conciencia, permaneciese en este mundo y de este modo liberar a otros de mi destino. Existe un impedimento, una traba que impide que se puede realizar: es necesario un cuerpo vivo, uno del que hayan sido desalojados el alma y espíritu, conscientes de la muerte inminente de su recipiente.

Algunos días más tarde, paseando por Dominick St. Lower, muy cerca de la pensión, a la altura del puente, abajo, en los escalones de piedra que llegan al río, la señorita Kerrigan vio moverse a una piedra, eso fue lo que dijo. Ni corta ni perezosa se desasió de mi brazo y corrió a averiguar de qué se trataba. Era un cachorro de gato de pelaje gris oscuro. Probablemente había sido tirado al río junto a su camada, con afán de gaticidio, pero la diminuta fiera resultó ser la criatura más fuerte y valiente que imaginarse pueda; había desafiado a la muerte nadando hasta la orilla en la que aún luchaba contra la resaca de la corriente con las patitas traseras mecidas por el agua. La señorita Kerrigan extendió sus manos para asirlo y el gatito hizo lo inesperado nuevamente: levantó su cabecita para mirar a quien lo salvaba y sacando fuerzas de donde no la tenía, saltó a sus manos, realizando una nueva hazaña para un animalito que no habría desarrollado aún el sentido de la vista.

¡Qué fuerza insólita animaba aquella criatura!

En pocos minutos llegamos al “Murder of Ravens”. La señorita Kerrigan se apresuró a acomodar lo mejor posible al gatito en una cesta para la fruta, acolchándola con un viejo chal de lana, y se dispuso a calentar leche y a improvisar un biberón. Yo la miraba sin decir una palabra, por mi mente cruzaba un torbellino de ideas esperanzadoras y contradictorias. Una vez que nos hubimos acomodado en las butacas de respaldo alto del salón privado de miss Kerrigan, ambos levantamos nuestras miradas y ella, con los ojos brillantes por unas lágrimas que se resistía a dejar partir, dijo que debía poner un nombre al gatito antes de que fuera tarde. Yo le sugerí que le llamase León, pues era el rey de la familia de los felinos, pero ella, pensativa, movió la cabeza negando apenas y dijo: -Se llamará Félix Ochovidas. Zanjando el asunto definitivamente, aunque más tarde me explicó que, Félix era el nombre de toda la familia felina, felidae en latín, y que aquel gatito aguerrido merecía, además de tan ilustre nombre, un apellido que definiese su hasta entonces cortísima vida: -Ochovidas, es sin duda un apellido sonoro, preciso y de enjundia. Y sonrió como muy pocas veces la he visto hacerlo.

Salvado el escollo del nombre del diminuto felino, para que su valerosa alma gatuna encontrase su sitio en su propio paraíso, me dispuse a contarle, con todo lujo de detalles, mi excéntrico plan. No hizo falta que la convenciera, no hubiese sabido cómo hacerlo de cualquier forma, y nos pusimos de acuerdo en realizar la ceremonia de transmigración de las almas: de mi viejo cuerpo javanés al del gatito.

Dejo por el momento esta carta con la esperanza de poder escribirle otra más, la última, espero que me alcance esta vida.

Suyo afectuoso,

Alma Errante


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Learntofly
(@learntofly)
Estimado Acólito
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Galway, 25 de mayo de 1912

 

Estimado profesor,

Espero que se encuentren bien, usted y sus seres queridos, y que la muerte le pase de largo por muchos años. Continúo y doy fin a mi relato, con la esperanza de que algún día llegue a sus manos y pueda servir para aumentar su ya legendaria sabiduría, o como poco, que aumente el calor y la luz de las llamas donde arroje estos escritos.

[…] Permanecimos toda la noche hablando, ella, con el gatito respirando muy rápido y temblando de fiebre en su regazo y yo, cavando en mi memoria para desenterrar las palabras precisas que me llevasen en alas en mi último vuelo como Alma Errante, el zahorí, y contándoselas a ella. Amaneció, yo preparé un té en el hornillo de su saloncito y bajé a birlarle una empanada a la señora gordinflas, epíteto con que llamaba a la cocinera del hostal el inquilino más antiguo de la casa, el anarquista medio irlandés medio español que andaba enamoriscado de la señorita.

Teníamos listo el plan y me hice con los instrumentos necesarios: agua de la corriente más viva del río, dos velas de cera virgen y dos cantos rodados que me resultaron atractivos. De las tres ceremonias que celebramos aquella noche, una de ellas fue para acceder a la parte de los archivos etéricos donde se guarda la Historia de los Linajes, pues ella quería saber de la estirpe de su alma. De la consulta supimos que pertenecía a la estirpe de los urmah, una raza de guerreros cósmicos con cuerpo humano y cabeza felina, creadores y protectores de la humanidad. Un brillo casi animal iluminó sus ojos al conocer este dato y parecían decir “ya lo sabía”.

Mi ceremonia consistió en calibrar las posibles consecuencias de mi decisión de migrar mi conciencia a otro cuerpo, tanto de si lo hacía como de si no lo hacía, ya que el archivo akásico guarda todas las memorias y todas las posibilidades, pasadas presentes y futuras. Así supe que si traspasaba mi alma al gatito y dedicaba mi nueva vida por completo a la caza de los seres del país de la niebla, aun sin ser yo el inicio ni el eje principal de los acontecimientos, las consecuencias serían terribles: empezarían revoluciones, habría guerras entre países y guerras civiles, y caos, y destrucción por doquier, porque no hay cosa que les guste más a estos engendros que la sangre derramada de los hombres por los hombres y porque mis únicas fuerzas jamás serían suficientes como para detener el torrente de seres del otro lado. Pero no tengo palabras para describir el mundo que se cerniría sobre nosotros si no lo hacía y me rendía.

Escribo esta última carta y me dispongo realizar la tercera ceremonia.

No puedo escribirle el resultado de la misma pues, si no lo consigo, mi alma errará hasta encontrar un nuevo rumbo y si lo consigo, puedo decirle con seguridad que jamás se ha sabido de gato escribano alguno.

Suyo afectuoso,

Sr. Félix Ochovidas… Espero…


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Alegorn
(@alegorn)
Acólito Eminente
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Nota encontrada en el buzón del Dr. H.Armitage junto a un gran paquete de cartas entre las que se encontraban todas las anteriores:

Dr.Armitage,

Lamento profundamente la tardanza con la recibe la adjunta correspondencia. Desafortunadamente, ha ocurrido una negligencia a la hora de clasificar y como resultado, su correo ha quedado extraviado por meses, como podrá comprobar. En caso de que quiera reclamar, se encuentra en todo su derecho, y le adjunto mis datos personales en el reverso como responsable de este desafortunado incidente. Sin embargo, le imploró humildemente su comprensión y le aseguró que se ha hecho todo lo posible para que llegara finalmente a sus manos. 
Gracias por su comprensión,

Tessa Abe

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Carta escrita un par de semanas antes, enviada a otra dirección en otra parte de Arkham con el mismo paquete de cartas adjunto, solo que mucho más descompuesto:

Ernest,

Necesito tu ayuda. Estoy en un lio bien gordo. ¿Recuerdas que te conté que trabajaba como repartidora, verdad? Bien, en medio de mi ruta, suelo parar a descansar en el parque de la orilla norte. Me gusta jugar un rato con las ardillitas de allí, están que son tan majas con la cola corta. Les llevó algo de comida y tal. O me gustaba.
He descubierto que llevan más de un año robándome cartas de la bolsa para acolchar sus nidos. Me he puesto a buscar y la más antigua que he encontrado es de Febrero del año pasado.
Me he pasado toda el fin de semana pasado rastreando los nidos del parque de arriba a abajo y te estoy mandando todas las que aun son legibles. Tengo que mandarlas, porque tienen que llegar, pero no puedo entregarlas oliendo a meado de ardilla. Esto que te voy a pedir es muy ilegal, pero lo prefiero a alguien descubra lo que realmente ha pasado. ¿Puedes por favor usar tus magníficos talentos para transcribirlas falsificando las letras?
Lo más probable es que en cuanto mi jefe se enteré me despidan, pero te prometo que te pagaré. 
Gracias de antemano,

Tu amiga,
Tessa


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CoquinArtero
(@coquinartero)
Acólito de Confianza
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¿En serio?:

 

Por favor Tessa, dime que no es verdad. ¿Cómo es posible que siempre te las arregles para conseguir retorciéndolo todo hasta que parezca super-raro? No puede ser que precisamente tú estés metida en todo esto.

No debería decírtelo pero es que sé que no es tu culpa ser un imán para los problemas. He sido contratado por un tipo muy raro, para descifrar algunos pasajes de una carta que se habían borrado por excrementos de roedor. ¿Te suena de algo? Lo raro de todo esto no es la absurda cantidad de dinero que me dio por adelantado. Ni siquiera la extraña pinta que llevaba ni ese extraño acento que, ve tú a saber de dónde viene. Lo espeluznante es la carta en sí.

Describe un extraño ritual que involucra a un gato, cantos de río y agua, así que imagina hacia dónde puede llegar el resto de la carta. Posiblemente algún tipo de magia negra.

El cliente se presentó de pronto, con esa cara cuadrada y un extraño tatuaje en la barbilla que sólo llamaba la atención si te fijabas expresamente porque, en general y a pesar de no haber visto nunca unas ropas como las suyas, era alguien que podría pasar perfectamente desapercibido entre la multitud.

Me dio la impresión de que el tipo ya sabía qué había escrito en esos borrones y sólo me estaba tendiendo un cebo por alguna extraña razón.

Entonces, apareces tú ofreciéndome dinero por reproducir más cartas con más excrementos de roedor. Todo esto en menos de una semana. No sé qué pensar Tessa. ¿Acaso es una broma o algo así? Por lo que te conozco, lo dudo mucho pero tengo que preguntar, espero que lo entiendas.

En caso de no ser así, no me parecería extraño que algún día, en medio de la ruta, te encuentres de frente con ese tal “Ryuka”… O algo… Posiblemente lo que anda buscando, sea el resto de las cartas.

¿En serio? ¿Ardillas?

Hay otro detalle que te quiero comentar. De hecho, no creo que sea relevante pero, esto es lo más confuso: no parecía estar interesado expresamente en el ritual, tampoco en el remitente ni el tipo de papel.

 Lo único que mencionó acerca de su contenido fue: “A ver qué pasa con ese puñetero gato”.

Espero tu pronta respuesta.  Hasta entonces: recibe un afectuoso y confuso saludo, amiga Tessa.

                                                                                                                           E.


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Learntofly
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Anotaciones del diario de la señorita Kerrigan

Empiezo a escribir este diario hoy martes, cinco de junio de 1912.

Hace unos días que mi amigo, el señor ‘Gumbara’, ha traspasado su conciencia al cuerpo de mi querido gatito Félix Ochovidas. Pero no sé qué pensar, empiezo a dudar de que esto realmente haya sucedido.

Decidimos celebrar la ceremonia en el cuarto del señor Gumbara, de tal manera que no hubiera que dar muchas explicaciones cuando yo descubriese por la mañana su cuerpo frío, ya que era bien sabido entre los inquilinos que nos reuníamos desde primera hora para desayunar y muchos días los pasábamos juntos.

Se vistió con su mejor traje, zapatos incluidos, y se acostó sobre la cama como si solamente se hubiera echado a descansar tras la cena. Félix estaba hecho un ovillo en la cesta para la fruta arrebujado en mi viejo chal, y yo me senté en la silla del escritorio con un papel en el que estaban las palabras debía leer y que había ensayado mentalmente varias veces. Estoy segura de que hice algo mal, porque mi amigo no ha muerto del todo y el gato es más gato que nunca.

Estoy preocupada y feliz ante esta nueva situación.

Me siento feliz por Félix Ochovidas. Es un gatito sumamente vital que corre endiabladamente por los pasillos persiguiendo a saber qué, patinando y chocando con puertas y paredes, subiéndose por las cortinas como una araña y maullando panza arriba, feliz, como si jugase con alguien. Y estoy preocupada por mi amigo el señor Gumbara, no ha muerto, pero tampoco está vivo, está como suspendido, como la Bella Durmiente del cuento de Perrault. Si no alquilo pronto el cuarto o lo dedico a otro fin, -con la excusa de que el señor Gumbara se ha ido intempestivamente en la noche-, los demás inquilinos del “Murder“ tendrán más de una pregunta incómoda que hacerme que yo no sabré responder.

Alquilar el cuarto es imposible porque no tengo a nadie que me ayude a trasladar al señor Gumbara y, además, ¿a dónde lo llevaría? He decidido que es mejor dejarlo donde está y convertir la habitación en mi nueva biblioteca. Por otra parte, no deja de ser cierto que apenas queda espacio en mi saloncito para la montaña de libros que he acumulado; hoy mismo los empezaré a trasladar.

Nota al margen:

Voy a reformar la pensión. Haré una oficina en la planta baja, en las antiguas caballerizas, para dedicarlo exclusivamente a esta nueva tarea de dar caza a esos demonios, instalaré un teléfono, compraré un automóvil…, y puede que un revólver. Y le reformaré la cocina a la señora Waters, que bien lo merece y lo necesita.


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Learntofly
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Anotaciones del diario de la señorita Kerrigan

Galway, 27 de junio de 1912

 

Hoy he tenido un accidente.

En vista de que mi amigo sigue, por ahora, en la misma situación de durmiente y dada la necesidad de hacer las reformas que he planeado y de comprar todo lo que necesito para mi nueva actividad, me he decidido, por fin, a ir al notario y hacer la lectura del testamento.

Fue cuando volvía a casa, después de haber solucionado, en parte, los asuntos financieros del señor Gumbara, cuando quedé mesmerizada, paralizada, al ver a una mujer que salía de un edificio de apartamentos. Ella era esbelta, elegante y delicada, pero no fue eso lo que me hizo quedarme en medio de la calzada como una tonta, no, fue la fuerza de su mirada lo que me inmovilizó dejándome indefensa y vulnerable. Nunca antes había sentido un poder así y supongo que tendré que acostumbrarme.

Por el momento, solo puedo especular sobre la naturaleza de ese encuentro, ¡cómo echo de menos a mi amigo!, él me hubiese explicado con palabras sencillas qué es lo que me ha sucedido. De lo que sí estoy segura es que, de alguna retorcida manera, tiene que ver con el ritual que él presenció y que esa mujer, o el diablo que la posee, sabe de mí y de lo que me propongo hacer. No subestimaré nunca más el consejo que me dio el señor Gumbara: “-hazte acompañar por Félix Ochovidas allá donde quiera que vayas; él te protegerá”, me había dicho.

Esta mañana, al salir de casa, había tenido que encerrar al gatito en la cocina con la señora Waters. Pero no se había quedado tranquilo y lo escuché maullar lastimeramente un buen rato mientras me alejaba. Pensé ¿qué puede pasarme por ir al notario, y si me pasase algo, ¿qué podría hacer un gatito que apenas abulta lo que una manzana?

Por suerte, solo tengo una costilla rota, la cara color berenjena y un brazo en cabestrillo. El automóvil que me atropelló iba manejado por un admirable conductor que frenó con una rapidez digna de la libre del canódromo, evitando que el accidente fuese mucho peor.

Nota al margen:

Es inconcebible la cantidad de dinero que tiene mi amigo. Él mismo me contó que su habilidad para ‘ver’ las energías de la tierra, lo habían ayudado a descubrir antiguos botines de guerra y tesoros enterrados por sus avariciosos dueños. Para él, el oro ‘zumbaba’ de una determinada manera y había dedicado mucho de su tiempo a extraer una enorme cantidad de riquezas, llevándolas después a los principales bancos del país de donde las conseguía. Al no tener familia cercana, ni esposa, ni hijos, no había tenido la oportunidad de gastar su fortuna. Tiene oro y dinero en bancos de Sanghai, El Cairo, New York, Paris y en la City de Londres.


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Learntofly
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Anotaciones del diario de la señorita Kerrigan

 

Galway, 28 de junio de 1912

 

Hoy han subido a visitarme la señora Waters y Roger, el anarquista. Han traído mi comida favorita, una tortilla de patatas que Roger le ha enseñado a hacer a la cocinera, y que junto a sus pícaras sonrisas, han conseguido disipar las nubes de preocupación que me angustiaban.

He pensado que ellos podrían ser los amigos que necesito. El joven Roger es algo exaltado e imprudente pero sé que tiene buen corazón. Y la señora Waters es cálida y un poco gruñona, pero nos quiere a los dos como a sus hijos. Estoy segura que tanto él como ella harían cualquier cosa por mí si se lo pidiera, y debo, justamente por eso, refrenarme y no meterlos en líos.

No puedo perder más tiempo. El accidente ha sido una señal inequívoca de que, si no me doy prisa y elimino yo a esos seres, ellos se me adelantarán y acabarán conmigo. Ahora estoy segura de que al menos uno de ellos me ha visto y de que, una vez que esto sucede, no hay lugar en el mundo donde poder esconderse. Ellos dominan un nivel de la realidad al que yo no puedo acceder y seguro que no desean que nadie se interponga en su camino.

Mi diminuto protector, Félix Ochovidas, pasa los días jugando por los pasillos del Murder, y no he notado ningún cambio en mi amigo el señor Gumbara, que sigue en su cama como dormido.

Nota al margen:

La señora Waters empezó a trabajar de cocinera en el "Murder of Ravens" hace tres años, tras perder a su esposo y a su hijo “a causa de las serpientes traidoras que se esconden detrás de los trapos de colores y de los nacionalismos”, como ella dice. Roger llama a la cocinera ‘Doña Gordinflas’, y yo le digo a él ‘Señor Despertaferro’, por la consigna libertaria que vocifera cuando se junta con sus camaradas en los bochinches tabernarios de su cuarto.


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Learntofly
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Anotaciones del diario de la señorita Kerrigan

 

Dublín, 4 de julio de 1912

Hemos venido a Dublín a pasar una semana Félix Ochovidas, Roger y yo.

Lo primero que hemos hecho el primer día, ha sido ir al concesionario de Crossley y ahora “El Murder of Ravens Hostel” es el flamante propietario de un automóvil último modelo. Roger ha pasado el resto del día aprendiendo a manejarlo y consiguiendo una licencia que, por ahora, expide el mismo concesionario de forma provisional. Yo he ido a unos grandes almacenes a comprarle a la señora Waters un vestido nuevo que me ha encargado y que pienso regalarle, además de unos zapatos y un sombrero. Tener dinero de sobra es una bendición.

Félix y yo hemos ido a la librería del señor Koreander. Mi amigo el señor ‘Gumbara’ me la recomendó y no me he arrepentido. La librería es enorme, con estanterías de madera torneada y oscura que llegan hasta el techo, y señor Koreander me ha abierto las puertas de una sala oculta, donde expone los libros más raros y caros para los clientes especiales.

Estaba hojeando un facsímil de un códice medieval cuando Félix ha saltado a la mesa desde el bolsillo exterior de mi bolso donde viaja, y ha puesto una patita sobre mi mano. De pronto he empezado a ver en blanco y negro. He visto gente que no estaba allí un momento antes, y he visto también una bola de luz. La bola de luz era extrañamente familiar, así que cuando me ha hablado he reaccionado con naturalidad. “-Hola, -me dijo-, soy yo, Alma Errante”. Ha sido entonces cuando he comprendido que estaba viendo el mundo a través de los ojos del gatito.

Alma habló de nuevo y me dijo que se alegraba de que me encontrase bien tras mi primer encontronazo con uno de aquellos demonios, y me he ruborizado. Me dio instrucciones sobre qué debía hacer: primero, entrar en el portal e intentar rescatar a las personas que habían quedado dentro, si aún quedaba algo de ellas. Segundo, devolver a los seres del otro lado a su verdadero lugar y, si no podía hacerlo, debía acabar con ellos. Y por último, tenía que cerrar la abertura. Me dio también instrucciones detalladas sobre los libros que debía consultar y los objetos que debía comprar o fabricar para realizar el encargo.

Tras este apresurado adiestramiento, Alma me dijo que tomara de sus manos el péndulo que me entregaba. -¿Qué péndulo?-le dije- no veo nada, y entonces lo vi. La bola de luz se definió y se transformó en la figura humana de Alma Errante. Era un hombre joven y fuerte, tenía el cabello largo y negro sujeto con una cinta en una cola de caballo. Vestía una camisa beige suelta y unos pantalones color caqui arremangados que dejaban ver sus pies descalzos. Tenía las cejas pobladas y rectas, la nariz perfecta, los pómulos altos, los ojos negros y brillantes y la sonrisa más dulce que he visto en mi vida.

Cogí el objeto que me entregaba, que para mi sorpresa se solidificó en mi mano.

Me explicó entonces que Félix y él seguían ambos con vida porque cuando pronuncié las palabras del hechizo mi corazón deseó que ninguno de los dos muriese y fue esa intención la que les había salvado la vida. Se despidió de mí diciéndome que me amaba. Yo sonreí con toda mi alma y pensé: lo mismo digo.


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CoquinArtero
(@coquinartero)
Acólito de Confianza
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Me encantan las referencias a Desperta ferro¡¡¡ y Karl Konrad Koreander 😛 


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Learntofly
(@learntofly)
Estimado Acólito
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@coquinartero Gracias, creí que había que meter algo de chicha. Me alegra que te guste ?


CoquinArtero le gustó
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Learntofly
(@learntofly)
Estimado Acólito
Registrado: hace 9 meses
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@coquinartero Me encanta Ryuka, muchérrimo!! Podría ser un Hijo del Sol, ...o de Némesis, el Sol Negro..., ahí lo dejo.


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