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El Zahorí – Egipto


Learntofly
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Anotaciones del diario de Rodinia McLeod

 

Galway, 26 de septiembre de 1912

 

Volví a casa al rayar el alba, tras dejar los despojos machacados de Alma Errante en el bosque.

Subí a mi piso del ático, me di un baño, me acosté y me dormí —más bien me dejaron  dormir—, durante dos días. Cuando desperté, me reuní para desayunar con Roger y Linda en la cocina. Les conté de principio a fin mis últimas peripecias y he de decir en su favor, que ninguno hizo aspavientos o gestos de extrañeza. Por suerte para mí, se habían acostumbrado a las cosas no tan comunes y no me hicieron sentir mal ni culpable por nada.

Mientras tomábamos la segunda taza de té me acordé de Félix. No lo había visto desde que me acosté hacía dos noches. La señora Waters me dijo que había pasado la mayor parte del tiempo con ella en la cocina y que lo había visto entrar en la despensa. Lo llamé. La puerta de la despensa se movió empujada desde adentro. Una patita asomó primero, seguida de una flexible bola de nieve. Félix se había vuelto completamente blanco. No encuentro una explicación razonable a lo que le ha sucedido. Comentamos que sí se sabía de personas a las que se les había vuelto el pelo cano tras recibir un gran susto. Podría tratarse de lo mismo, pero Félix había visto cosas horribles antes, así que concluimos que debía tratarse de otra cosa; el qué, no lo sabíamos. No obstante, pensé en los animales blancos Gran Espíritu de las leyendas de los nativos americanos, y deduje que había más de una posibilidad de que Félix fuese uno de esos seres Manitú de la cultura tradicional algonquina. Decidí añadirle otro apellido a su nombre: Félix Ochovidas Gran Espíritu. Lo dije inconscientemente en voz alta. Félix dio un espléndido salto del suelo a la mesa. Se me quedó mirando, me agaché para poner mi cabeza a su altura y juntamos nuestras frentes.

He podido resolver todos los asuntos pendientes.

Los Pinkertons son en extremo eficaces cuando fluye el dinero. No hacen preguntas. Han facilitado los trámites legales de la muerte de mi yo anterior: Kerrigan, y han hecho efectivo el testamento. Me han proporcionado el pasaporte que necesito, con mi nueva identidad y profesión, y tengo la propiedad, la gestión y los fondos de la fundación «Félix Ochovidas: Agencia de Cazadores de Espectros», sin una investigación previa.

La entidad que contengo está inquieta. No es que haya una única voz a la que deba aplacar, no, es una multitud horrísona. Existe, no obstante, un hilo conductor en su cacofonía: Egipto, Egipto, Egipto…

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                                                                       Serpiente de Fuego

 Anotaciones del diario de Rodinia McLeod

 

 Tell El Amarna, 6 de diciembre de 1912

 

El viaje desde Galway a Egipto ha sido emocionante y agotador. Las paradas y cambios de transporte en Dublín, Liverpool, La Havre, París, Marsella y Catania, fueron una balsa de aceite en comparación con la agitación de nuestra llegada a Alejandría. Lo primero que se percibe es el calor. Si la entidad no puede acabar conmigo, el calor es un firme candidato a terminar con mi vida. Me parece estar soñando en un cuento de Las Mil y Una Noche: el bullicio de la gente por las calles, la brillante luz, los colores vivos, el idioma ajeno, los olores exóticos y una insólita percepción que me hace sentir bien acogida. Pero soy un juguete en manos de la entidad, que, desde que llegamos a Egipto, apenas me ha dado un respiro. Todo ha sido un continuo averiguar acerca de viajes, horarios, excavaciones y permisos.
 
Hemos llegado a Tell El Amarna esta mañana en una barcaza de aprovisionamiento. Me he presentado a Ludwig Borchardt —el egiptólogo jefe encargado de la excavación—, que me ha permitido trabajar con su equipo en calidad de ayudante y observadora. Nos han invitado a tomar un té a la tienda de intendencia. Además del té y de unas tortas de trigo redondas, estaban repartiendo el guiso de habas y comino al que llaman fool y que llevamos comiendo tres días. Le he puesto a Félix un tazón, y me ha mirado con cara de: por favor, otra vez no, te lo suplico. Al terminar el desayuno nos han conducido junto a otros ayudantes a la zona norte de la excavación. Nos han dado material para escavar y hemos pasado allí el resto del día. No supe a qué se debía, pero el péndulo que llevo colgado casi me corta el cuello de lo que tiraba hacia la tierra. Hemos estado desenterrando huesos de niños. Las voces de la entidad parecen amenazar con hacer una locura. No sé si las podré contener; parecen más fuertes que nunca.
 
Casi a la puesta del sol, cuando volvíamos al campamento, hemos visto que había un gran revuelo y hemos corrido a ver de qué se trataba. Han encontrado un busto de Nefertiti. Es una preciosidad. Si el busto hace honor a la belleza que poseía, debió ser una mujer en extremo delicada y elegante, y una de las más hermosas que cualquier hombre haya visto en su vida. La entidad me incita a destruir el busto. Sé que hoy no podré dormir. He aparentado curiosidad por los otros hallazgos y he acompañado a los portadores del busto para averiguar dónde lo guardaban.
 
A mitad de la noche, Félix y yo hemos salido de la tienda como ladrones, hemos ido a la tienda donde están los objetos recuperados y nos hemos colado dentro. He robado el busto y lo he llevado al cementerio de niños en el que estuve excavando por la mañana. Las voces de la entidad han rugido a través de mi boca al unísono:
 
—¡Nadie debe rendir culto a esta asesina!
 
He caído de rodillas en la arena. He soltado el busto que ha rodado lejos de mí. Félix se ha colocado entre la escultura y yo como protegiéndola. He pugnado con la entidad y he logrado decir por mí misma:
 
—¿Por qué os consume un odio tan antiguo? ¿No os dais cuenta de que aferrarse a él es como agarrarse a un carbón caliente con la intención de tirárselo a otra persona? Eres tú el que te quemas.
 
Una serpiente de fuego salió por mi coronilla. La entidad había perdonado liberándose a sí misma de su agonía. La serpiente de luz danzó en el bellísimo escenario negro lleno de estrellas. Se ha cerrado sobre sí misma y ha formado un círculo, y con un fogonazo final, ha desaparecido de nuestra vista. Una revelación asombrosa surgió en mi cabeza: esa era la única manera en la que la humanidad florecería: uniendo nuestras almas y mentes con un fin superior a uno mismo. Félix se ha abalanzado contra mi estómago y casi me derriba. Las almas que no habían perdonado seguían dentro de mí sin que yo me diera cuenta. Salieron expulsadas por mi boca con gran fuerza y se han proyectado contra el busto. Me parece que se han quedado atrapadas en la figura. Félix y yo nos miramos. He dicho en voz alta:
 
—Me temo que este busto dará muchos problemas si lo llevan a Alemania.
 
Félix me responde mentalmente:
 
—También en Egipto.
 
Repongo la figura en su lugar y camino hacia la tienda-dormitorio pensando en que nos iremos de Tell El Amrana al día siguiente alegando cualquier excusa; no importa con qué rumbo. Mi cabeza ha quedado libre de la entidad y disfruto de mi nueva libertad por un breve instante. Una voz conocida retumba en mi mente:
 
—¡Kanca! ¿Estás ahí?
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Anotaciones del diario de Rodinia McLeod

 

Tell El Amarna, 7 de diciembre de 1912

 

—¡Kanca! ¿Estás ahí?
 
Kanca es el nombre que utilizamos mi amigo y yo para ponernos en contacto. Significa ‘amigo’ en javanés y creemos poder eludir la vigilancia que ha sido impuesta sobre nuestras comunicaciones telepáticas con esta ingenua treta. No está garantizado que seamos indetectables, por eso solo lo usamos en caso de extrema necesidad.
 
—Sí, Kanca, te escucho alto y claro. Dime.
 
—Perdona mi irrupción y mi prisa; es mucho lo que tengo que contarte. Por favor, escucha atentamente y no me interrumpas.
 
«Hace muchos años que encontré las tablas de arcilla que me habían encomendado encontrar. Esto ocurrió muy poco tiempo después de que desaparecieses de nuestra secta. Sabes, los hierofantes no andaban muy desencaminados, las tablillas estaban en unos subterráneos del templo de una antigua ciudad abandonada al sur Bagdad, cerca de Maidán; esta gente no da puntada sin hilo. Nunca debieron enseñarnos tantas cosas a ti y a mí. Ahora me doy cuenta que como a ti, me gustan demasiado la verdad y la vida como para poder seguir a su lado y compartir sus oscuros objetivos.
 
«Al observar las tabillas con detenimiento, supe que tenía en mis manos unos objetos que contenían conocimientos valiosísimos. Decidí que no era justo que guardasen tan valiosas enseñanzas para ellos solos y nos dejasen a los demás fuera, por más que la secta tuviera una férrea jerarquía. Es por eso que, junto a lo que ellos me habían enseñado y con la ayuda de algunos traductores locales —de quienes omito sus nombres por razones obvias—, conseguí descifrar el contenido de las tablillas. Te cuento someramente lo que descubrí en ellas:
 
«Nuestro mundo se llama “Dominio del Sol Negro” y existe, en verdad, un Paraíso del que fuimos expulsados. Antes de la Guerra de los Mundos, que aún perdura hasta el día de hoy, nuestro Sol y la parte del Universo que podemos percibir, pertenecían a la Totalidad de la Creación y formaba parte de un sistema solar binario. Nuestro Sol fue conquistado y expulsado de la Totalidad a este rincón oscuro del Universo, mediante la bajada de su vibración original, a lo que podríamos llamar un Infierno. Es aquí, en esta Tierra, donde los seres que dominan nuestro mundo, encarcelan a los rebeldes que expresan sus propias ideas. Aquí están encerrados los más grandes artistas, los que reclaman libertad y protestan y los más abyectos criminales. Es por esto que la historia de la Tierra es lo que es: una línea ininterrumpida de desastres y de guerras.
 
«Nuestros Altos Hierofantes son una secta mucho más antigua de lo que sospechamos. Ellos fueron utilizados desde el principio de la Era Oscura como capataces de la cárcel, pero han terminado creyendo que el negocio es suyo. Es cierto que hace mucho tiempo que los ‘dioses primigenios’, los verdaderos amos del negocio, no hacen acto de presencia, por lo que es normal que, como se dice vulgarmente “cuando falta el gato los ratones hacen fiesta”. Se sabe que quedaron atrás algunos de los antiguos dioses. Aquellos que tuvieron buenas intenciones con la humanidad y que ahora son nuestros compañeros de prisión, como Prometeo; seguro que te suena. También dejaron atrás a otros de su estirpe, solo que a esos los dejaron en cápsulas de estasis, a la espera de que los demás vuelvan. Sé por los herofantes que una de estas cápsulas está en el Pacífico, a poca profundidad en la costa de la isla de Moorea. Es un capitán del linaje de los Cthulhu, uno de los más crueles asesinos de la humanidad y están buscando la forma de despertarlo para que los ayude con sus pérfidos planes ¡Pobres necios! ¡Si despiertan a este ser los convertirá en polvo para rapé en menos de un minuto!
 
«Los “Altos Hierofantes del Sol Negro” usan un estandarte rojo con una esvástica dextrógira negra. Están buscando hacerse con el control total de esta porción restringida del Universo y pretenden, además, conseguir la inmortalidad. Para lo primero, se han infiltrado en los gobiernos, en las monarquías, en las religiones, en las sectas, en las empresas y en cualquier actividad económica, médica o científica que les impulse a hacerse con el control total de humanidad. Para lo segundo, la inmortalidad, están siguiendo diferentes vías: la de fabricar humanos mezclados con máquinas, usando una especie de ‘inteligencia artificial’, no sé muy bien cómo explicar eso. Otra forma que utilizan es el copiado de los cuerpos una vez muertos. Y la tercera forma, su favorita y la que más emplean, es a través de una sustancia que extraen del veneno de los escorpiones y las escolopendras ¡Tendrías que ver las aberraciones que crean!
 
«He descubierto que yo soy un replicante; uno de sus inmundos experimentos. No soy más que la copia de un hombre original. No sé cuándo ni dónde nació ni cuáles son sus recuerdos; mis recuerdos. Tampoco sé cuántos más como yo habrá, ni quiero en realidad saberlo. Espero que de existir más como yo, cuenten con amigos en quienes puedan confiar, como tengo la inmensa suerte de poder hacer contigo.
 
«Desde que supieron lo que les oculto, me han mantenido en unas mazmorras de un lugar que solo podría definir como un desierto. Me han torturado hasta el borde de la muerte y en un acto de crueldad final, me han abandonado al albur del sol y de las fieras. No contaban con los hombres libres. Los freemen, así se hacen llamar a sí mismos, son caravaneros nómadas de este desierto de dunas. Visten de azul oscuro para protegerse del sol y apenas se les ven los ojos, pero por lo que he podido ver hasta ahora, son hombres agraciados y fuertes. Me han recogido y han compartido su agua y su sal conmigo. Me han convertido en su hermano. Viviré lo que me resta de vida con ellos.
 
«Si todavía sientes el deseo de luchar contra los hierofantes, te diré que puedes encontrar algún tipo de ayuda en el Templo de Ptah y Sekhmet, en Karnak. No te sé decir de qué se trata, solo que ellos lo temen como a la tormenta.
 
Te deseo un feliz viaje en tu vida viejo amigo.
 
«Que sigas adelante bajo la fuerza del Cielo, bajo la luz del Sol y el resplandor de la Luna. Que sigas adelante con el resplandor del Fuego, la velocidad del Relámpago y la ligereza del Viento. Que sigas adelante apoyado por la profundidad del Mar, la estabilidad de la Tierra y la firmeza de las Rocas. Que estés rodeado de la protección de los Nueve Elementos.»
 
Con estas palabras habló mi Amigo.
 
Mañana mismo buscaré un transporte que nos lleve a Félix y a mí hasta Karnak.
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Anotaciones del diario de Rodinia McLeod

 

Karnak, 14 de diciembre de 1912

 

«Solo te pido que entres a mi casa con respeto. Para servirte no necesito tu devoción, sino tu sinceridad. Ni tus creencias, sino tu sed de conocimiento. Entra con tus vicios, tus miedos y tus odios, desde los más grandes a los más pequeños. Puedo ayudarte a disolverlos. Puedes mirarme y amarme como hembra, como madre, como hija, como hermana, como amiga, pero nunca me mires como a una autoridad por encima de ti mismo. Si la devoción a un dios cualquiera es mayor que la que tienes hacia el Dios que hay dentro de TI, les ofendes a ambos y ofendes al UNO.»

Esta es la inscripción que se puede leer en el dintel de la puerta del Templo de Sekhmet. Ya no me hago preguntas sobre cómo puedo hacer ciertas cosas, como leer escritura jeroglífica; lo hago y ya está. La sensación de estar en casa en Karnak es muchísimo más intensa que en Alejandría.

Entramos en el templo, es muy pequeño. Una sala alargada y estrecha con la escultura de la diosa-leona atrás, en el centro. El aire está quieto y es algo más fresco que en el exterior. Ryouk no me dio ninguna indicación sobre lo que debo buscar, así que miro a ver si encuentro algo que me dé una pista de por dónde continuar. ¿Qué puede haber aquí que aterrorice a los hierofantes? Nada. A no ser que la estatua cobre vida y comience a rugir, dudo que haya algo pavoroso en este lugar que asuste a nadie. Por lo poco que sé del asunto, entiendo que solo podría atemorizarles alguno de los dioses primigenios que conquistaron nuestro Sol y esta parte del Universo. Alguien capaz de hacer algo así debe de tener un poder gigantesco.

Doy otra vuelta alrededor de la sala. Esta vez voy pasando la mano sobre los bloques de piedra, mirando de cerca las junturas a ver si hay algún mecanismo oculto o un papel escondido, pero no veo nada parecido. Miro hacia abajo y hacia arriba. Paseo alrededor de la estatua de derecha a izquierda y al revés. Nada. Es un enigma sin solución. Me siento en el suelo y tomo la determinación de no moverme de allí hasta dar con una solución o hasta que los guías me encuentren y me saquen a rastras.

Espero tener suficiente agua, es todo lo que me preocupa.

No pienso rendirme. Decido que voy a pasar el resto de la vida viniendo a este lugar hasta que dé con la clave del misterio. Puede que solo sea una pulga en la cola de un perro, pero un guerrero no es el que siempre gana, sino el que siempre lucha. Aspiro profundo y continúo mirando a Sekhmet en busca de alguna pista.

La luz cenital que entra a través de la abertura cuadrada del techo ilumina la estatua confiriéndole una fuerza increíble a la hierática escultura. Recorro con la mirada la superficie de Sekhmet para captar su insólita transformación y entonces lo veo. En el disco solar de su cabeza, aparece una inscripción en bajorrelieve que hace un momento era imposible apreciar. Félix se pone a mi lado y mira también hacia arriba. Leo:

“Iniciativa Dharma – Si entras, no podrás salir.”

Dudo de haber leído tal cosa.

Me froto los ojos, saco el termo de la mochila y tomo un trago de té. Le ofrezco agua a Félix pero ya no está conmigo. Vuelvo a mirar al disco solar a ver si ha desaparecido la inscripción, pero ahí sigue. Llamo a Félix, me asomo detrás de la estatua para buscarlo y por poco no me convierto en piedra yo también. La pared de detrás de la estatua se ha vuelto transparente o ha desaparecido. En su lugar hay un pasillo por el que va corriendo Félix a toda prisa. Me planteo qué debo hacer. Si es cierto lo que pone en la inscripción -que si entro ya no podré salir- sería algo terrible, o quizá no tanto, ya he dejado todos mis asuntos arreglados, pero me apenaría no volver a ver a mis amigos. Por otra parte, Félix jamás entraría en un lugar peligroso arrastrándome con él.

Me pongo en marcha y voy detrás del gato. Ya no hay vuelta atrás.

Nada más poner un pie en la parte nueva del pasillo me quedo fascinada. Algún tipo de magia o de tecnología ilumina el corredor a mi paso. No hay rastro de lámparas o algún otro artilugio distinguible. La luz nace de todas partes y la piedra rojiza se va transformando en una superficie blanca y azulada, veteada de colores claros y refulgentes, como si tuvieran fuego dentro. Digo en voz alta: “MARAVILLOSO”, y una voz masculina, profunda y melodiosa me replica:

—Es ópalo. Yo soy Frank, bienvenida.


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Anotaciones del diario de Rodinia McLeod

Karnak, 15 de diciembre de 1912

(Tiempo indeterminado dentro de La Nave)

 

La voz de Frank me guio por lo que parecía un corredor interminable.

Ya no podía ver a Félix y le pregunté a Frank si sabía dónde estaba. Me respondió que sí, que sabía todo lo que sucedía en la Nave. Todo, salvo lo que pasaba en los espacios que tenía restringidos.

—¿Está bien?

—Por supuesto. Está en casa.

Me pareció algo normal dentro de toda aquella extrañeza. Lo que había estado sintiendo desde que llegamos a Karnak bien podía deberse a que era Félix el que volvía a casa y que, a través de nuestra fuerte conexión mental, me hiciese llegar sus sentimientos.

—Me gustaría hacerte un montón de preguntas.

—Soy tu guía y anfitrión hasta que te asignen un infotexto. Después, cuando quieras o me necesites, estaré a tu disposición. No preguntes por ese artilugio, te enterarás enseguida. Hay cosas más importantes que debes saber.

»Acabas de entrar en La Nave. Este es un vehículo interestelar de entropía nula y espacio-tiempo moldeable. La Nave fue enviada a la Tierra al final de la “Batalla de La Escisión”, en un movimiento desesperado por tratar de conservar esta parte del Universo por parte de las fuerzas rebeldes de la resistencia. Se trata de uno de los últimos reductos de los Antiguos Constructores, y es, de hecho, la única esperanza para la humanidad y para las demás civilizaciones arrastradas a este infierno. Aquí se trabaja para devolver a la Tierra a su anterior estado de vibración y para rectificar la aberrante inclinación de su eje, causada por los restos eyectados de la explosión del gigante Maldek: un planeta no gaseoso ubicado entre las órbitas de Júpiter y Marte. Esta nave guarda muchos secretos y es una de las últimas de su clase que quedan en nuestra Burbuja-Multiverso.

»Si has llegado hasta aquí, es porque sabes que hay una entidad sumamente maligna en estasis en la otra parte del mundo. Si trazas una línea imaginaria que atraviese la tierra pasando por el centro, llegarías a la ubicación de la nave cthulhu que dejó a esta parte del universo fuera de juego. Tenemos la ventaja de que, por ahora, tanto la nave como sus ocupantes están neutralizados, a la espera de unas órdenes que todavía no han llegado.

»No tenemos noticias de La Totalidad y no sabemos cómo va la guerra. A nuestro entender, si a estas alturas no han venido a despertarles y a rematar el trabajo, significa que es posible que La Resistencia les haya ganado algo de terreno y aún quede esperanza para nosotros.

»Estamos llegando a la sala principal, allí te atenderán como es debido.»

Llamar sala principal a aquel colosal espacio era un eufemismo. Había muy pocas cosas en contraste con sus dimensiones, pero una notable actividad lo animaba. Una cúpula conformaba el techo de la estructura, fabricada del mismo material blanco-azulado del que estaba hecho el pasillo y también emitía luz por sí mismo. Frank me invitó a subir a una alfombrilla cuadrada que había en el suelo. La alfombrilla se alzó conmigo encima y levitó acercándome a un mostrador circular que había en el centro.

Cuando mis ojos se desprendieron del encantamiento del lugar, pude distinguir al fondo, por encima y detrás del mostrador, tres puertas circulares enormes por donde entraban y salían personas y vehículos de lo más extraño. Frank me explicó que eran puertas espacio-temporales. Las tres eran similares, tenían unos marcos metálicos con símbolos alrededor y una pieza móvil en forma de triángulo. El interior era una superficie de algún líquido ondulante. Dos de ellas giraban en forma de vórtice, una hacia la izquierda, otra a la derecha y la del centro era ondulante pero inmóvil; sin movimiento de torbellino en ningún sentido. Frank me explicó que servían para ir al pasado y al futuro y la del centro era la puerta de regreso a la Nave. A cada lado de la sala había una única puerta de forma tradicional pero de grandes dimensiones. La de la izquierda, según Frank, era la puerta de un elevador que llevaba a los veintitrés niveles restringidos, y la de la derecha era la puerta de acceso a las salas de entrenamiento y descanso para los centinelas, patrulleros y ejecutores.

La alfombrilla frenó suavemente al llegar al mostrador.

—Te dejo en buenas manos. —Dijo Frank.

Una multitud de rostros sonrientes se giró para saludarme.

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Tiempo indeterminado dentro de La Nave

 

Una multitud de rostros sonrientes se giró para saludarme.
 
Frank se despidió diciéndome que me esperaría en la puerta del elevador o en la puerta de descanso cuando Lilu acabase de informarme. «Hola», —dijo una de las Lilus. Las chicas de ojos claros y melena naranja eran todas iguales. «Hola», —repliqué— y me quedé esperando sus palabras totalmente admirada.
 
—Te esperábamos. Félix pasó por aquí hace un momento y nos dijo que llegabas.
 
—¡Félix! ¿Dónde está, puedo verlo?
 
—Enseguida lo verás, no te preocupes.
 
»Ahora tenemos que informarte de algunas cosas. Sabemos que todo esto es muy extraño para ti, pero también que tienes el temple adecuado y la fortaleza suficiente como para no venirte abajo. Te voy a dar un infotexto adecuado a tu época, ¿mil novecientos doce, verdad?...
 
Asentí. Vi cómo Lilu se agachaba y volvía a emerger del mostrador con un libro en la mano.—«Mira», —me dijo—, abriendo el libro por una página al azar y pasando la mano por encima sin tocarlo. Pude ver que, un poco por encima de la página de papel aparecía una especie de cristal brillante, iluminado como el ópalo del pasillo y el techo, en el que se podía leer igual que en un libro normal.
 
—El infotexto te proporcionará toda la información que necesites en tus misiones, además puedes usarlo para escribir tu diario si quieres; así no tendrás que cargar con los cuadernos.
 
»Las misiones te serán asignadas por el nivel X del sector restringido, lo que significa que se aplicará total aleatoriedad en tu caso. Ya tenemos tu primera tarea preparada, deberás extraer un cráneo de una época cercana a la tuya, pero no te preocupes, tendrás ayuda. Te acompañará Miguelasso, uno de nuestros más aguerridos ejecutores: tiene cientos de casos cerrados y mucha experiencia en el rescate de huesos, sobre todo de dinosaurios.
 
»Este infotexto solo funciona para ti. Está adecuado a las células de tu cuerpo, Félix nos ha dado una muestra antes. Si cualquier otra persona mirase este artilugio solo vería un libro común y corriente. Aun así, debes procurar que nadie lo toque y no perderlo, ya que también es una forma de comunicación con La Nave mientras estés fuera.
 
Lilu me dio también un reloj de pulsera. En el dial aparecían los clásicos números romanos que indican la hora y por fuera de estos estaban dibujados unos símbolos que se repetían en triadas: una espiral hacia la izquierda, unas líneas horizontales y una espiral hacia la derecha. El cristal tenía una marca color cobrizo que, según me explicó, servía para mover la esfera e indicar si se quería ir al pasado, al futuro o volver a La Nave. Los números servían para marcar con las manecillas la fecha a la que se quería ir y se movían mediante la rueda para darle cuerda, como en un reloj tradicional.
 
Oí que alguien a mi izquierda saludaba a otra Lilu. Estaba enfadado. No se preocupó de bajar la voz y parecía querer que todos allí nos enterásemos. Dijo que estaba harto del puto nivel XV. Que el jodido consejo de La Cofradía de la Frontera no le tomaba en serio con el asunto de Claire. Que ella era la avanzadilla de Evil, el planeta oscuro que vendría a inseminar a la Tierra, y que si nadie la paraba —como portadora del virus informático que abriría la puerta trasera del escudo terrestre—, nos iríamos todos al carajo más pronto que tarde. Que había ido hasta 2021 y en esa época ya existían los úteros terrestres y que los llamaban Mystery Flesh Pit.
 
La Lilu con la que hablaba le pidió calma y le dijo que, de ser necesario, se iría con él al tiempo y lugar que él dijese para tratar evitar que Evil fecundase a Tierra, pues, al fin y al cabo, esa era su misión desde hacía milenios. Todas la Lilu del mostrador asintieron al unísono: —«Es nuestra misión», —corearon.
 
La Lilu que hablaba conmigo me preguntó si quería hablar con el Nivel 23 ahora, y ver a Félix, o prefería ir a las salas de descanso.
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Tiempo indeterminado dentro de La Nave

 

Le dije a Lilu que prefería descansar.

Mis nervios estaban tensos y quería tomar un té, acostarme y dormir todo lo que fuera humanamente posible. Me dijo que subiera a la alfombrilla, que me llevaría a la sala de descanso. Me dio unas breves indicaciones sobre cómo debía manipular el infotexto para que me sirviera un té o cualquier otra cosa que quisiera comer, y sobre el uso del baño y de la ropa que usaría a partir de ese momento: un mono enterizo de trabajo de color gris, con un emblema circular en el brazo izquierdo.

Subí a la alfombrilla, que giró sobre su eje noventa grados y se deslizó hacia la puerta del área de descanso que ahora quedaba a mi izquierda.

Una sucesión de acontecimientos hizo que me tambalease sobre el artilugio volador. Por un lado, la impresión que recibí al comprobar que el túnel por el que había entrado no existía. En su lugar había una pared inmensa dividida en muchas casillas en las que se proyectaban unas películas muy realistas. —«Son imágenes de nuestras cámaras etéricas multi-temporales», —aclaró Frank—, sin que yo realmente entendiera nada. —«Tu caso es realmente excepcional —continuó—, hacía mucho tiempo que no entraba nadie a través del túnel; casi nos habíamos olvidado de su existencia». Un lío tremendo de voces me hizo girar sobre mí misma para tratar de ver qué sucedía en el mostrador, ahora a mis espaldas. Desde luego aquel lugar sería avanzadísimo pero nada lo diferenciaba de cualquier patio de vecinos. Una cosa quedaba clara: en La Nave no se aburrían. Un chico vestido con pantalón y camisa verde parduzco con múltiples bolsillos, muy similar a un uniforme del ejército de tierra, botas de caña alta, un sombrero de ala ancha y un hueso largo en la mano derecha, que subía y bajaba al compás de su discurso irritado, estaba en el mostrador, justo donde yo había estado hacía un momento. Lilu sonreía impasible. Daba la impresión de que no era la primera vez que tenía que soportar un arranque de ese estilo.

—Creo que tu primera operación ha sido abortada —dijo Frank—, el que ves en el mostrador es Miguelasso y nunca le ha gustado que le asignen compañeros. No va a esperarte, irá solo a extraer el cráneo.

»No te ofendas por lo que oigas, tiene buenas razones para no querer un compañero. Se te asignará otra misión enseguida; primero descansa, lo necesitas».

Le dije que no me importaba, que nadie quiere ir donde no es bienvenido, aunque no pude evitar una punzada de angustia en el pecho.

Félix salió de la puerta del elevador de los Niveles Restringidos.

—¡Para! Grité, pensando que la alfombrilla obedecería la orden.

La alfombrilla no se detuvo, así que salté y corrí hacia Félix, que se había quedado parado mirándome.

Unimos nuestras frentes como era nuestra costumbre. Me habló mentalmente y me dijo que me había dejado un mensaje en mi habitación, pero que también él prefería haberme visto una última vez. Me dijo que tenía conmigo una deuda impagable por haberle salvado la vida y haberle llevado a casa. Que ahora tenía que irse a una misión, seguramente la última, pues solo le quedaba una vida. Tenía que ir con Riouk Art, el chico que había visto antes con Lilu, que su misión era ayudarle en lo que pudiera pues había muchas posibilidades de que el nivel quince estuviera equivocado; que no sería la primera vez que algo así sucedía. Me dijo que yo siempre sería su ‘persona especial’ y que me quería con sus nueve almas.

Lo miré mientras se iba. El color de su pelaje se iba volviendo negro mientras se alejaba…

—No te hundas ahora. Levántate. Sube a la alfombrilla.

La voz de Frank sonó imperiosa. Si por mí hubiera sido me hubiese quedado allí hasta el fin de mis días: estar lejos de casa, lo extraño del lugar, el rechazo de alguien que no me conocía de nada y la pérdida de mi único amigo habían sido demasiado para un día.

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Tiempo indeterminado dentro de La Nave

 

Le dije a Frank que no pensaba subir a esa cosa hasta que no supiera cómo funcionaba.

—Funciona tal cual lo has hecho: le das la orden y ya está. Cuando estés entrenada ni eso te hará falta, son unos artilugios capaces de detectar las intenciones: tú piensas en ir a un lugar y las alfombrillas te llevan inmediatamente. En tu caso lo estaba manejando yo, pues no tienes entrenamiento ni experiencia. Debo pedirte perdón, no tenía activado el campo de fuerza que protege de las caídas. Te dejaré que lo manejes sola, pero te acompaño.

—No me he caído, me he tirado —repliqué—, pero te agradezco que me guíes y me hagas compañía. Como puedes ver, te necesito, me da vergüenza reconocerlo pero me siento desamparada sin Félix.

Llegamos a la puerta del Área de Descanso que, vista de cerca, imponía. Frank me explicó que las dimensiones de la puerta se debían a la gente que diseñó y construyó La Nave, que si tenía mucha suerte, podría ir al Nivel 17 y hablar con el Bardo, el coordinador y guía, que me contaría muchas cosas acerca de todo. Según se decía en los lugares comunes de la Nave, el diecisiete era uno de los niveles más sabios y amables.

La enorme puerta se abrió a mi orden mental, tras la explicación de Frank, me resultó muy fácil de hacer. Ante mí apareció Galway. La súbita impresión que recibí me hizo reír a carcajadas y sentir una inmediata sensación de confort y tranquilidad. Estaba viendo la calle y la puerta de entrada al Murder of Ravens. Frank me dijo que solamente podía entrar a tres de las estancias: la de la cochera convertida en oficina, que sería mi lugar de estudio y entrenamiento, la de la entrada, que daba al hall y llegaba a la puerta de mi habitación del ático por las escaleras. Le pregunté si cada persona que entraba en el área de descanso llegaba a ‘su casa’ a través de la puerta principal. Me dijo que sí, que tras aquella puerta se encontraba una réplica del lugar más añorado por cada persona.

Eché una ojeada a la oficina, ahora mi lugar de entrenamiento. No había nadie y estaba igual que lo había visto por última vez.

Subí a mi cuarto. Pensé en la bañera y en la cama y tuve que hacer un enorme esfuerzo por no sentarme en las escaleras y quedarme allí mismo dormida de puro agotamiento. Como imaginé, mi habitación era idéntica a cómo la recordaba; Félix había hecho un gran trabajo guardando en su memoria cada detalle. Me acosté totalmente vestida, ni siquiera me quité los zapatos y me dormí, desconozco durante cuánto tiempo. Al despertar, sentí un enorme deseo de abrir la ventana y ver a la gente pasear por la orilla del Corrib, pero me decepcionó que, aunque podía ver el exterior, la ventana no se abría. Seleccioné en el infotexto un menú, que apareció a través de un hueco que se abrió en la pared, justo por encima de la mesa camilla, y que se cerró inmediatamente después de que sacase la bandeja. Junto a la servilleta había un papel doblado. Lo abrí y lo leí, era un mensaje de Félix que decía: «Te quiero. Me tengo que ir y puede que ya no nos veamos más. Por si acaso te dejo compañía, nadie lo quiere por aquí porque se muestra muy agresivo. No debes preocuparte por sus vidas cuando haga su trabajo, ha nacido en la Nave y, salvo que sea muerto violentamente, podrá protegerte para siempre. Dale un buen nombre como hiciste conmigo.»


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Learntofly
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Anotaciones del diario de Rodinia McLeod

 

Tiempo indeterminado dentro de La Nave

 

—¡¿Otro gato huérfano?! —Escupí, sin haber reflexionado lo que decía—.

Me sentía frustrada y enfadada con el mundo. A pesar de haber descansado bien, había algo que me impedía tomar las cosas según llegaban. No era consciente de que cualquier cosa puede ir siempre a peor y que lo único permanente en la vida es el cambio. Seguía ofuscada por la partida de Félix y solté algunos improperios de los que me arrepentí en el mismo momento en que articulé las palabras. Pero no había visto ningún gato en la habitación. «Gatito, gatito…», —canturreé—. Me asomé debajo de la cama y allí estaba, mirándome con sus ojos enormes y amarillos, agrandados, quizá, por la delgadez de su cuerpecito: era un gato atigrado que tendría unas pocas semanas: un maldito saco de huesos. Pedí comida para gatos en el infotexto. Estuve pensando en un nombre adecuado para él mientras comía, pero no se me ocurría nada; no le conocía. Solo tenía la descripción de Félix: que había nacido en La Nave, por lo que era inmortal, y que se mostraba agresivo con todo el mundo. Supuse que no se le habían asignado una misión por ese motivo.

—¿Puedes ayudarme con el nombre? —Le pregunté a Frank.

—¡Claro que sí! Me encantan estas cosas imprevistas. Voy a echar un vistazo a ver qué nombres de personajes se están escribiendo por ahí. Tengo acceso a las grabaciones de los Agentes Centinela que observan de cerca a muchos escritores y artistas. Vuelvo en un instante.

Efectivamente, la voz de Frank regresó enseguida. Me dijo que se estaba monitoreando a un escritor que vivía en Providence y que estaba escribiendo sobre un ser del que yo, seguramente, ya tenía noticia.

—H.P. Lovecraft obtiene mucha información a través de los sueños, aunque tiene ciertos problemas de filtro. Quiero decir, que tiene demasiado apego por el materialismo y bastantes prejuicios. De cualquier forma es muy difícil extraer información fidedigna provista desde el mundo onírico. Aunque he de decir a su favor que el oído lo tiene muy fino y ha captado con precisión el nombre del linaje al que pertenece uno de los seres más aborrecidos por los niveles restringidos: Cthulhu, y eso es algo que no muchos puedan hacer.

No creo que a Maldito Saco de Huesos le importe tener un nombre tan exótico. Pero lo haré bien, puede que se haya ganado el nombre de un ser aborrecible, eso demuestra que tiene genio y la verdad, me gusta mucho. «Gathulhu» —dije en voz alta—, mientras lo agarraba por el pescuezo y lo alzaba a la altura de los ojos. Gathulhu se dejó hacer dócilmente y cerró sus ojos lentamente, que es la forma en la que los gatos besan a las personas. No cabía ninguna duda: nos llevaríamos bien, Félix sabía lo que hacía. Adiós, querido amigo. Puse a Gathulhu sobre mis piernas y mientras lo acariciaba le pregunté a Frank:

—¿Hay alguna forma de que pueda ver a Roger y a la Señora Waters?


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CoquinArtero
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Buenos días, tardes, noches o lo que proceda, señora Mcloud. Retransmito en un rango de frecuencia autoajustable y dirigida desde el artefacto original. Tu primo Duncan me trajo noticias tuyas a través del tiempo. No sé a qué se referirá pero me pidió que te dijese que le duelen las Rodinias, que tú lo entenderías.

Por Dios, ahora lo pillo. Es malísimo… Después se quejará de que quieran cortarle la cabeza.

Me alegra ver que finalmente Alma Errante logró desarrollar los planos y, por lo que veo, les estás sacando provecho. De todas formas existen ciertas funciones que aún no se pueden desbloquear pero todo depende de ti. Céntrate en la intensidad de vibración en el casco del artefacto, en el sonido de sus engranajes. Descubrirás maravillas que podrán sacar a todo el pasaje de un buen apuro llegado el momento. Es lo que te puedo decir por ahora.

Supongo que te alegrará saber que Félix está conmigo. Algo más viejo y desgastado pero tremendamente útil. Llegó en el momento justo para ayudarme con el nuevo y fortuito pasajero en el artefacto original. Sigue haciendo esa cosa con la pata que ya hacía Alma Errante cuando nos conocimos. El jodío tiene recursos que a mí, como científico me cuesta comprender. Por suerte veo esta nueva ocasión de compartir un trocito de mi viaje con tan distinguido acompañante, como una oportunidad para por fin aprender esa curiosa forma de comunicación.

Lo importante del mensaje no es el chiste de las Rodinias. Hay algo que debes saber.

Me tomé la licencia de echar un vistazo al porvenir del nuevo vehículo. No han cometido ningún fallo en la interpretación, tampoco en el montaje. Existirá una complicación.

Algo va a pasar que está fuera del alcance de nuestra voluntad. Algo que puede afectar a todo lo que encuentres al volver de cualquiera de tus viajes. Un fenómeno al que llevo siguiendo la pista varios años.

 Podríamos decir que estarás a salvo dentro de lo que llamas “La nave”. Por desgracia, te vas a enfrentar a fenómenos que ni siquiera yo he podido entender hasta ahora, así que te propongo que desarrolles un sistema de comprobación del entorno antes y después de cada salto, no confíes en nadie que pueda tener control sobre el vehículo. No quisiera desvelarte más de lo necesario por razones obvias. A fin de cuentas deberías ser la dueña de tu destino sin restricciones. Lo único que te digo es que si en alguien puedes confiar plenamente, es en el pequeño vástago de Félix. Descubrirás que brilla de una forma especial.

Ya que estoy aquí, te voy a pedir un favor: intenta no mezclarte mucho con la Cofradía de la Frontera. Es inevitable que te los encuentres  tarde o temprano. Sobretodo teniendo lo que tienes entre manos. A mí sólo me han dado cada vez más trabajo y se pasan la vida metidos en tramas de poder. No tengo ni idea de qué carajo pretenden con eso si la vigilancia de la frontera no da más que problemas. Se aprovecharán de tu esfuerzo, del sacrificio de los tuyos, de las cualidades del artefacto, para a cambio sólo darte algunos cachivaches que vibran, dejarlo todo por escrito y desentenderse de las complicaciones que te puedan generar sus misiones.

Si te encuentras en algún problema y me necesitas, solo tienes que pulsar el único botón que hay en el artefacto. Aparecerá frente a ti con solo pensarlo. Espero que nunca lo necesites.

A partir de ahora el mecanismo del vehículo te irá enseñando sus funciones poco a poco.

Se me acaba el tiempo, señorita Mcloud. No me queda más que despedirme como tu viejo, nuevo y eterno amigo: Riouk Art. Noveno y último agente de la Cofradía de la Frontera.


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Learntofly
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@coquinartero

¿Kanka? No esperaba tener ninguna comunicación tuya dentro de la Nave.

Me alegra indeciblemente tener noticias tuyas, y más teniendo en cuenta la calidad de la información que me aportas. Te diré, no obstante, que aún estoy en fase de entrenamiento y que no sé si sabré llegar a buen fin, aunque tengo una idea muy precisa de adónde debo ir. Tú también lo sabes. Alma, tú y yo somos la última esperanza de esta caótica humanidad. Me has dado la clave para manipular la Nave para poder llevar a este sector perdido de La Totalidad a donde debe estar. Espero verte de nuevo, aunque solo sea una vez, antes de que todo termine y espero tener la fortaleza suficiente como para honrar las vidas de tantos que, como tú, lo sacrificaron todo.

Recibe todo mi cariño y agradecimiento.

PD.: Estoy algo confusa con respecto a mi primo, ahora que lo has mencionado. El primer recuerdo que tengo de esta vida es haber despertado en mi cama de la pensión sin más recuerdos que los propios de una vida común y corriente como la propietaria del negocio. He podido comprobar, estando aquí dentro, que nada es lo que parece y, que es más que posible que yo también sea una replicante.


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Learntofly
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Grabación automática del infotexto de Rodinia McLeod

 

Tiempo indeterminado dentro de La Nave

 

He recibido una comunicación de Ryouk Art mientras esperaba a que alguno de los niveles tuviera a bien responder a mi pregunta; puede que les esté pidiendo demasiado, no lo sé. Por fin se abre la enorme puerta del Elevador. Entro a la cabina, que resulta ser un espacio muy parecido al del ascensor del hotel de Dublín. No hay pulsadores para los pisos, pero una voz masculina me indica que estoy en el nivel 17. Muy bien, vamos allá. Al salir de la cabina me encuentro en un observatorio astronómico y pienso que nada de lo que veo podría mejorarse. Percibo el olor a sal y una fresca brisa marina que vivifica mis sentidos. Me siento en la silla que hay al lado del telescopio. Observo el ocaso que ya deja entrever las primeras estrellas conocidas. Distingo a Sirio y supongo que me han traído a mi mejor recuerdo de una canícula de verano.

Ante mí aparece un joven Alma Errante. Me sonríe como siempre y comienza a hablar.

—Hola Kerry. Estoy aquí para responder a tu pregunta: quieres saber qué haces aquí.

»El Riouk que se ha puesto en contacto contigo antes de subir pertenece a otra realidad, al igual que tú. Sabes ya de La Guerra de Los Mundos y de La Batalla de La Escisión. También sabes que hubo un planeta que fue destruido en el transcurso de esta guerra. Las ondas de la explosión reventaron a la Tierra -que por aquel entonces era un Ser Consciente y Único- que se dividió en veintidós realidades o mundos, cada uno idéntico a los demás en un principio, pero divergentes con el paso de los siglos, los milenios y los eones; el tiempo -como ya sabes- es algo relativo.

»La Nave es El Arca de Noé, aquí está todo cuanto queda de cada una de las realidades o mundos escindidos de la Tierra original, y nuestra misión es volver a completarla y estabilizar su eje físico y electromagnético. Si conseguimos tal hazaña, nada de lo que ha sucedido desde la explosión de Maldek constará en los Archivos Etéricos; será un reinicio total. Muchos de los agentes que enviamos consiguen pequeños y grandes logros y, por ahora, se han conseguido reunificar los niveles quince, dieciséis y diecisiete, en el que ahora te encuentras. Una cosa extraña que sucede cuando se reunifican dos realidades escindidas es la incongruencia de las historias, vosotros lo llamáis (o llamaréis) Efecto Mandela, pero no hay tiempo de entrar en detalles. Los agentes centinela, patrulleros y ejecutores son elegidos en el nivel veintidós mediante un mapamundi en el que se ilumina una luz de diferente color cada vez que nace una persona especial. Generalmente se le asigna un protector, como Félix, en tu caso.

»Tenemos que reunificar todas las realidades en este momento, nos hemos quedado sin tiempo. El Enviado del Enemigo ha aparecido en esta realidad. Se trata de un planeta de guerra enviado para liquidar a La Nave e impedir que la Tierra se reunifique y acceda a La Totalidad. La cuestión es que esperábamos a un piloto para que lleve a La Nave al centro de la Galaxia y no ha llegado; solo te tenemos a ti. Para empezar, tú no eres originaria del plano/realidad en el que actúas, no estás entrenada y eres una mujer. No te ofendas, esperábamos a un señor con bigote. Pero ya no tenemos opciones, debes subir al nivel 23 y pilotar La Nave, y que los Poderes presentes, pasados y futuros nos acompañen. Si decides hacerlo, Gathulhu te guiará. Es cuanto debes saber, eres libre de decidir si quieres hacerlo, de ti dependen la Tierra y la Humanidad.

Gathulhu y yo nos miramos. Por supuesto que lo haríamos, qué diantres, nacimos para ser salvajes, ¿no?

Subimos al Elevador que nos llevó al nivel 22, y el último tramo lo subimos por una rampa de ópalo auto-iluminado, como el resto de las zonas comunes. El Nivel 23 era una cúpula transparente con un sillón blanco en el centro, anclado al suelo por una base circular. No había pantallas, ni mandos, ni nada que se pudiese manipular en apariencia. Me senté en el sillón con Gathulhu en mi regazo. El sillón respondió acoplándose a mi cuerpo, extendiendo unos reposabrazos y una extensión para descansar los pies. Era imposible imaginar algo más confortable. Se movió hasta que mi vista enfocó directamente a Sirio, en Can Mayor. Quedé extasiada con aquella visión panorámica ¿Cuántas personas habrían disfrutado de aquella exquisita belleza? Muy pocas, me respondí.

Miré a Gathulhu, él cerró los ojos lentamente y yo hice lo mismo.

Mi cuerpo se atomizó en millones de burbujas de consciencia que se separaban y flotaban libres, todas diferentes y todas yo. Escuché la voz de Gathulhu que me decía que debía reunir las burbujas de mi consciencia, que estaba experimentando la muerte consciente, que en eso consistía la prueba. Si conseguía volver a reunirme a mí misma, dejando de lado la sensación de plenitud y felicidad que invadía a todos mis yoes, las veintidós partes de la Tierra me seguirían; todo se arreglaría, nada habría pasado... Pero me sentía incapaz de realizar aquella hazaña... Pensé en Alma Errante, cuya esencia estaba unida a la mía y eso me dio las fuerzas necesarias; Él y Yo nos habíamos unido, sacrificando nuestras vidas una vez, y lo volveríamos hacer.

***

Abro los ojos. Mi madre está recogiendo las burbujas del suelo y las que están flotando. Está enfadada y me echo a llorar ¿Qué?, ¿cómo que me echo a llorar? Mi madre termina de recoger las burbujas y de guardarlas en la caja translúcida. Me encara, me quita los mocos, me limpia las lágrimas y me da un pellizco en el moflete ¿moflete? Sí, al parecer tengo mofletes.

—Te tengo dicho que no juegues con La Caja de Los Universos de papá, Pandora.

—¿Cómo? ¡Yo no he jugado con nada! ¡Ha sido la gata! ¡Te digo que ha sido Entropía, mamá! ¿Por qué no me crees? Dile a papá que no deje la caja al borde del aparador, ¿es que no sabe cómo le gusta a Entropía tirar las cosas por diversión?

Yo le explicaba las cosas a mi madre, pero sé que ella solo podía oír: ¡Buá, buá, buá!

Solo espero que no haya quedado ningún Universo fuera de la caja...

 

FIN


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Learntofly
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Hola, os dejo el archivo en PDF de El Zahorí, por fin llegó a buen puerto. Espero que lo disfrutéis tanto como yo escribiéndolo. Muchas gracias a Noviembre Nocturno por invitarme al foro, a Alegorn y a Coquinarte por acompañarme en la aventura y contribuir con sus textos. A Iconikah, Diana y Miguelasso por iniciar historias en las que me apoyé para empezar a escribir, y a toda la gente del foro por animarme en el chat. El Zahorí ha sido corregido por Álvaro Aparicio, me he hecho mecenas de su Patreon, y seguro que habéis notado una mejoría en mi forma de escribir, pues debo de darle las gracias a Álvaro por ello, es un honor que haya dedicado tanto tiempo a corregir y a sugerir cambios a mi historia. Estoy muy contenta de cómo ha quedado y espero que os anime a escribir, se aprende mucho y es la mar de divertido. Este mes, si no hay retrasos, Fran Fernández va ha dibujar una portada bien chula para El Zahorí, le voy a pedir que ponga como título: "El Zahorí y Otras Historias de Las Profundidades", voy a añadir las recetas, y si queréis, podéis sumar vuestras historias terminadas. No hay ninguna prisa, pero si os gusta la idea y cómo ha quedado editado El Zahorí, estaría muy bien que los textos estuvieran corregidos y yo me encargaría de editarlos, no soy una profesional, pero quedaría un librito bien chulo y luego se podría imprimir. Yo desde luego lo haré.

 
Seguiré dando la tabarra en vuestras historias.
Esta publicación ha sido modificada el hace 6 meses 3 veces por Learntofly

Alegorn y Peich les gustó
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