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El pequeño gabinete de curiosidades

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guetalon
(@guetalon)
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Permitidme presentarme. Mi nombre es Mr Hidden y a partir de ahora seré vuestro guía en este pequeño gabinete de curiosidades. Fundado hace más de 150 años por mi tatarabuelo el primer Mr Hidden que habitó este pueblo, este gabinete recoge todas aquellas cosas extraordinarias que antaño los exploradores encontraron durante sus expediciones.

Las historias que rodean a todos y cada uno de los objetos de este museo son fascinantes. Algunas dan miedo y pondrán a prueba vuestra cordura. Otras serán de aventuras y nos llevarán a lugares lejanos. Me atrevo a aventurar que podría tocaros la fibra sensible con alguna historia de amor. Y quién sabe, quizás pueda contaros un par de anécdotas que os hagan partiros de la risa.

Teneis suerte pues yo las conozco todas y estaré encantado de contaroslas. Seguidme pues, a través de los pasillos polvorientos y laberínticos de este lugar… cuidado por donde pisáis y no os asusteis si escuchais algun ruido raro... y si al final de la visita ningún objeto os ha impresionado… prometo que os devolveré el dinero.

 

*****

(Nota para todos los miembros del foro)

Esta historia está abierta para cualquiera que desee colaborar. Mr Hidden, como guía de este gabinete de curiosidades, será el narrador de todas las historias. La idea es que cada post sea la historia independiente de un objeto. Como ha dicho Mr Hidden, no tienen que ser siempre historias de terror, también vale aventura o cualquier genero que apetezca pero siempre deben referirse a un objeto del gabinete. Se recomienda adjuntar foto del objeto si es posible.

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Este tema fue modificado hace 10 meses por guetalon

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guetalon
(@guetalon)
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Veo que esta pequeña moneda os ha llamado la atencion ¿Verdad?. Parece poca cosa, un sencilla y vieja moneda. Diria que data de la Edad Media ¿Francia quizás? Sin duda podria serlo. Mi padre la encontró en un anticuario de Londres y ¡Que suerte la nuestra! Parece que alguien tenia deudas con el viejo anticuario y para aceptar la moneda pidió a quien se la entregó que le contara la leyenda asociada a este objeto. Permitidme que os la lea:

 

********

Estimado Señor Campbell,

Como me solicitó como parte de nuestra transacción, paso a contarle la historia de la moneda que ha adquirido y que ha formado parte de nuestra familia durante generaciones.

La historia de esta moneda se remonta a varios siglos atrás, cuando mi familia aún poseía fortuna y no se veía obligada como ahora, a deshacerse de sus vetustos recuerdos.

Según me contaba mi padre, Hugo Bernard era un apuesto doncel que se encontraba viajando por los bosques de Aquitania, cuando de pronto escuchó a lo lejos el hermoso canto de una mujer. Quedaban pocos minutos para el atardecer y sin duda, la razón y el sentido común indicaban que era el momento de buscar refugio y no el de seguir cantos de sirenas. Pero Hugo no pudo resistirse, pues tan hermoso era aquel sonido que bajó de su caballo, y atándolo a un árbol, se dispuso a entrar solo en la espesura del bosque siguiendo ese canto.

Caminó durante varios minutos y finalmente, cuando la luz rosada del crepúsculo lo inundaba todo,  llegó a la orilla de un lago donde su respiración se paró al divisar a una hermosa joven que mientras miraba fijamente su reflejo en el agua, cantaba y peinaba sus cabellos con un peine de oro. No entendía lo que decía pero la canción era triste, de esas que se incrustan en lo más hondo de uno y le hace añorar cosas que nunca ha experimentado y tiempos que no ha vivido. 

De pronto, la joven sintió su presencia, se volvió y miró a Hugo. Y esa mirada paralizó su corazón y nubló sus sentidos. Hechizado por su amor se acercó a ella y habló. La joven se rió y Hugo comprendió que su presencia le era grata. Envalentonado se acercó más y le tomó la mano. La horas pasaron y llegó la noche sin que ninguno de los dos se diera cuenta. Cada vez se acercaban más y cada vez sus caricias eran más íntimas hasta que finalmente sobre la esponjosa hierba, bajo la copa de un sauce, sellaron su amor.

Como pasa habitualmente, la mañana llegó y Hugo despertó de su improvisado lecho. Estaba solo, junto a él en vez de la ninfa de su amor se encontraba solo esta moneda. Buscó a su amada por el bosque durante horas, hasta que finalmente tuvo que reconocer que se había marchado y emprendió de nuevo el camino. 

Cuando fue interrogado por amigos y familiares, Hugo decía siempre lo mismo: que no recordaba apenas nada de lo ocurrido esa noche, que se grabó en su mente como el recuerdo de un sueño febril. Que estaba seguro que la moneda significaba algo, algo importante, pero que era incapaz de averiguarlo. Poco importaba pues Hugo murió pocos meses después de una fiebres y esta moneda y su extraña historia pasó a formar parte del legado familiar hasta hoy, momento en el que se la entrego, esperando sirva para saldar la deuda que mi familia ha contraído con usted.

 

Firmado: 

Jules Bernard

Hidalgo sin tierras por la gracia de Nuestro Señor

Esta publicación ha sido modificada el hace 10 meses 2 veces por guetalon

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LordToldingale
(@lordtoldingale)
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Son muchos los objetos que dormitan en este gabinete. Algunos aparentan ser simples bagatelas, con poco que contar, aunque oculta tras su sencillez haya todo un mundo por descubrir; toda una historia que merece ser narrada. Otros, en cambio, ofrecen a nuestros ojos un rostro muy distinto. Un rápido y furtivo vistazo basta para hacer estremecer el alma, y despertar en lo más hondo de nuestro ser una voraz ansia por saber.

Mi nombre es Mr. Hidden, y el siguiente objeto de nuestro gabinete ha sido suministrado por el inspector Jacob Hays, que a sus más de sesenta y un años ha decidido viajar por el mundo, en busca de saciar su hambre de aventuras y conocimientos; siempre incentivados por una generosa suma de dinero. El objeto en cuestión nos lo envía desde la ciudad de Budapest, en Europa, acompañado de una carta con su historia.

Créanme cuando les digo que nunca han visto una calavera semejante, ni unos colmillos tan inquietantes.

He aquí lo que Mr. Hays nos cuenta de su origen:

«Mi estimado Hidden,

Como ya le comenté en mi última misiva, lo prometido es deuda. Junto con esta carta, donde explico la leyenda que acompaña el regalo que le envío, podrá admirar un objeto de lo más insólito: se trata de la calavera perteneciente, nada más y nada menos, que al último descendiente legítimo de Vlad III de Valaquia, conocido también como Vlad el Empalador o Vlad Drăculea, príncipe de Valaquia entre 1456 y 1462, y indiscutible héroe para su nación; el mismo que los otomanos denominaron Kazıklı Bey, después de cruzar, horrorizados, sus bosques repletos de “ofrendas”.

En otras palabras, es el testimonio fehaciente de que existió, el convenientemente ignorado, Vlad Drakwlya, y la prueba indiscutible del sangriento mito de la casa Dracul.

¿Que cómo la he obtenido? Se debe estar preguntado… Pues la respuesta es muy sencilla, querido amigo: por un mero giro del azar. Durante mis pesquisas para arrojar luz sobre los extraños asesinatos acontecidos en la ciudad de Budapest, capital de Hungría, me topé de casualidad con este testigo de la efímera verdad. La razón de mi presencia en esta lejana ciudad es, como no podía ser de otro modo, el deber de cumplir con una cuantiosa e irrechazable suma de dinero. El nombre del cliente dispuesto a realizar semejante desembolso por mis servicios… debo reservármelo; pero digamos que Budapest es rica proveedora de arte, nobleza y, sobre todo, placeres prohibidos.

Así fue que, durante mis andanzas a la sombra de las ratas y los vagabundos de tan bella ciudad, me sorprendí de verme en soledad en medio de una necrópolis como nunca antes mis ojos hallan visto jamás. Esta dormita bajo las calles y caminos de la gran urbe, donde las antiquísimas catacumbas del subsuelo de Budapest guardan los recuerdos de los muertos. En este lugar, debido a mi curiosidad innata, no pude evitar fisgonear entre polvorientos nichos, viejos maderos carcomidos y tumbas cuyos epitafios colmatados de moho y hongos apenas eran legibles, obteniendo así la maravilla que le entrego desde la distancia.

Como es lógico y natural, se debe estar preguntando como sé, sin miedo a equivocarme, que se trata de un descendiente directo del último Príncipe de Valaquia. Pues más allá de las míticas evidencias de sus largos caninos, de rumores supersticiosos proferidos por campesinos y difamaciones de enemigos derrotados, hay un hecho, una prueba, que va más allá de toda discusión o contraargumento. Si gusta, tome el cráneo y fíjese en su base, en el lugar donde el hueso occipital cede hueco a la columna vertebral; ahí podrá comprobar la primera prueba de la verdad que le revelo. Pues en ese preciso punto podrá ver un escudo de armas marcado al ardiente hierro, donde la media luna y la estrella de seis puntas de la diestra comparte campo con tres franjas a siniestra: este es el escudo de la Casa de Drăculești, la misma a la que obtuvo su nombre gracias a los logros del abuelo del ser cuya calavera sostiene, el conocido como Vlad II Dracul, quien en mil cuatrocientos treinta y uno fue admitido en la Orden del Dragón, creada por Segismundo de Luxemburgo, rey de Hungría y posteriormente emperador germánico, como recompensa por enfrentar al siempre temido turco.

De cómo llego los restos del último descendiente de Vlad el Empalador a tan apartado lugar, y cuál fue la causa de su defenestración… bueno. La Biblioteca Nacional de Hungría guardaba la respuesta, la cual transcribí con mi propia mano del tomo original que aún se guarda en dicha biblioteca. En la copia podrá leer la segunda prueba que avala la verdad, pues se narra cómo Mehmed II, conocido también como el-Fātiḥ, sultán del Imperio Otomano entre 1451 y 1481 y acérrimo enemigo del temido Kazıklı Bey, dejó constancia de la ejecución de su enemigo, y también de su hijo, cuyo cráneo tiene ante usted, en las crónicas que él mismo escribió. El sultán fue quien dio la orden, y para el cumplimiento no dudó en utilizar a los de la misma sangre Dracul, incluyendo a su amante, y hermano menor de Vlad el Empalador, Radu III. Después de varios intentos fallidos, el traicionero Basarab III Laiotă cel Bătrân logro ser el ejecutor de la sentencia. Las mismas crónicas también describen con todo lujo de detalles cómo el descendiente directo de Vlad III, Vlad Drakwlya, ya desde su tierna infancia era digno sucesor de su padre, y en palabras de su verdadero verdugo se cuenta lo siguiente sobre él: “…gustaba de empalar pequeños animales, en especial aquellos que poseían voz para aullar al cielo su agonía. En una ocasión, según testimonio de unos sirvientes, el bastardo del blasfemo Kazıklı Bey tomó un nonato del vientre de su madre, con sus propias manos, para acto seguido atravesarlo de parte a parte con una estaca candente tomado de la lumbre, y lo dejó después pudrirse al sol durante largos días, para deleitarse con su sangre al abrigo de la pecaminosa noche…”. El texto da muchos más detalles, crecientes en su exageración, en busca, supongo, de justificar los actos del indigno autor. De entre todos los registros, hay uno de especial interés para confirmar mis ya expuestas sospechas: es el que describe cómo marcaron al hierro al hijo del Empalador, con su propio escudo de arma, antes de acabar con su vida mediante la decapitación; y cómo durante este acto sus fauces mostraron lo que la fantasiosa novela de Bram Stoker tiño con lograda fabulación, la verdadera herencia y símbolo del poder de la temida casa Dracul: los largos, afilados y letales colmillos.

Poco más puedo añadir. Todas las pruebas que he podido reunir están ahora a su juicio y amparo.

Siempre que me sea posible le haré llegar más curiosidades.

Se despide un amigo,

Detective privado Jacob Hays».

Esta publicación ha sido modificada el hace 10 meses por LordToldingale

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guetalon
(@guetalon)
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Venid! Quiero mostraros una de las adquisiciones más recientes del gabinete de curiosidades.

¿Veis ese huevo de ámbar? Dentro tiene una extraña flor que posee una aún más extraña historia.

Marpur es un pueblo de la India que se encuentra perdido en lo más profundo de la selva de Bengala y totalmente apartado de las rutas turísticas más habituales. Hasta allí se desplazó un famoso explorador, con la intención de conocer mejor aquella cultura y aquellas gentes.  Permitidme que no os diga su nombre pues probablemente lo habréis visto en varios reportajes y documentales.

Cuando nuestro famoso explorador intimó con aquellas buenas gentes, le mostraron el mayor tesoro de la aldea: Este mismo huevo con la flor que os enseño aquí. Además de enseñárselo, el Brahman del pueblo le contó la leyenda de cómo el famoso arquero Arjuna les había ayudado buscando la flor que, según Dhanwantari, avatar de Vishnu y dios de la salud, iba a curar al pueblo de la peste desatada por un malvado y vengativo Asura.

Según el buen Brahman, el joven héroe, subió montañas nevadas y se enfrentó a serpientes gigantes y bestias demoníacas para encontrar esa pequeña flor que, a recomendación del dios, sumergió en ámbar que cuando se solidificó, adoptó la forma de un hermoso huevo.

Según contaba aquel Brahman, la peste que asolaba el pequeño pueblo desapareció de repente y desde entonces el pueblo había logrado recuperarse de cualquier plaga o desgracia que apareciera a su alrededor. 

No sé qué fue lo que motivó a este hombre a robar aquella noche este objeto y huir con él amparado por la oscuridad y la buena voluntad de aquellas gentes. Aquello fue en el otoño de 2019 al comienzo de la estación seca. Indagaciones que he hecho posteriormente me han informado que el pequeño pueblo de Marpur ya no existe, muriendo todos sus habitantes en la reciente pandemia de Covid 19.


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Higo Chumbo
(@higo-chumbo)
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La torre de la Bruja. 

Les invito a observar con detenimiento cada una de las piezas expuestas, pues como dice el dicho “el diablo está en los detalles”. Pues son esos “detalles”  los que vuelven  interesantes cualquier bagatela.  

Dicho esto, sigamos con el recorrido. 

A mano derecha, podrán observar varias fotografías colgadas. Pues en este gabinete nos preocupamos por exponer no solo objetos curiosos sino también algún que otro sitio. 

 

Estamos en el verano de 1923, mi abuelo acude junto a otros anticuarios a  la subasta de una vieja casa Solariega. El antiguo dueño (cuyo nombre omitiremos por respeto) se suicidó en su despachó pegándose un tiro en la cabeza. Examinando el buró del difunto, descubrió un falso cajón con una carta dirigida a la viuda: 

“Querida Ana María. 

Ahórrate los rezos y las plegarias, las misas y los velatorios. No me des sepultura  pues sé con certeza que mi destino será el infierno.  

Me acongoja el corazón dejaros abandonadas pero ya no aguanto más vivir con esta losa sobre mi alma. Al principio no quise aceptarla y puede vivir ignorando la verdad. Pero con el tiempo se hizo más difícil sostener la mentira que era mi vida, ignorando aquello lo que sabes y que eso sabe que tú los sabes. ¿Ay pobre de mi!  No quieras saber los horribles sacrilegios que hicimos en la torre para hallar la respuesta que ahora me consume. 

Y para evitar que nadie más descubra el velo de esta locura enmascarada , te imploro que destruyas La Torre de la Bruja.  Pues yo no he tenido valor para hacerlo. 

 

Con gran afecto se despide 

Tu marido. 

Pd: Dale un último beso a Toñica."

 

Inquietante ¿verdad?

Bueno pues a mano derecha, tienen las fotografías tomadas por mi Abuelo de la susodicha Torre de La Bruja y lo que encontró en su interior.

 

 
Esta publicación ha sido modificada el hace 9 meses 4 veces por Higo Chumbo

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Higo Chumbo
(@higo-chumbo)
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El ídolo del mar. 


Síganme por favor, ahora saldremos al patio, donde guardamos las exposiciones más grandes. 

Fíjense por ejemplo en la pieza que nos recibe a la entrada. El tronco de 3 puntas.
Este trozo de madera fue arrastrado por las olas hasta las costas de Santander. Donde una mujer se tropezó con el y quedó ensimismada al pensar que era una gran obra de arte.  En su delirio, se empeñó en “rescatarlo del mar” y trasladarlo a su jardín de Madrid; sin importar lo absurdo del capricho y el coste de llevarlo a cabo.   

Los atónitos empleados recibieron al tractorista cargado con el tronco y tuvieron que pagarle sus buenos duros.  

Nadie sabía que hacer con aquella madera hasta que  apareció Doña Luisa, emocionada por el reencuentro con su tronco. El cual para ella era como una “reliquia antigua del máximo valor”.

Y para que quedara claro que fue ella la que “rescató” semejante “joya”, puso una plaquita que rezaba: 

“Tronco descubierto por Doña Luisa en un paseo por el Puntal” 

 

Desde el primer día que el tronco fue colocado en el jardín. Doña Luisa lo visitaba a diario, mejorando su entorno con flores y más flores.  Al cabo del tiempo  el tronco empezó a agrietarse y a ponerse feo. En un intento desesperado por salvarlo,  la locura se apoderó de ella. Empezó  a regarlo con agua marina,  a hablarle y a danzar a su alrededor. 

 

Un desafortunado día, el Jardinero tuvo la mala idea de mover el tronco al otro lado del jardín. Doña Luisa pensó que le habían robado el tronco, “aquella joya de incalculable valor”.  Al descubrir que había sido cosa del jardinero, le arreó tal bastonazo que la sangre salpicó el tronco. Y entonces Doña Luisa vio como el tronco mejoraba de color y pensó que:  «si con la sangre del jardinero había mejorado,  que no pasaría con la suya, “de mayor calidad”». 

 Esa noche convocó a todos sus hijos, fingiendo una dolencia grave. Ya con todos reunidos en su cuarto  empezó a hablar de trivialidades mientras cargaba el  cañón de la escopeta. Sin pensarlo más, sacó el arma y acribilló a bocajarro a cada uno de ellos.

 

La policía encontró el cuerpo de  Doña Luisa abrazado a su querido tronco del cual sobresalen  unas extrañas flores rojas. 


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Ludvig
(@ludvig)
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Estimado Sr. Hidden,

 

Tengo por entendido que usted tiene un interesante museo de curiosidades, el cuál alberga multitud de cosas, objetos y cachivaches que no se ven en otro lugar.

Bien, espero que este objeto le interese, ya que es único, o al menos bastante escaso y exclusivo.

Tiene ante usted una Muramasa, una katana la cual  su acero está siempre sediento de sangre o al menos lo estaba. Como imagino que sabrá las espadas del legendario herrero Sengo Muramasa tienen fama de estar malditas.

Se dice que Muramasa era un tipo sombrío, misterioso  y con un temperamento que rayaba la locura o quizá fue genio incomprendido. Quien sabe, se dice que la genialidad tiene su punto de locura. 

Esta se llama Souruītā (La Devora Almas).
Esta espada no debe blandir bajo ningún concepto. Le cuento porque:

 

Dice la leyenda que cuando  Muramasa era joven y siendo todavía discípulo de Ozaki Masamumele retó a ver quién podía forjar la mejor espada. Ambos, por meses, estuvieron forjando sus espadas, sin descanso y con una dedicación nunca antes vista, casi inhumana, y el resultado fue la mejor espada que había forjado jamás, superior a otra, a cualquier espada, hasta la fecha. 

Esta leyenda cuenta que cuando ambos probaron sus katanas, por un lado la que había forjado el joven Muramasa era capaz de cortar todo lo que se encontraba a su paso, sin piedad, mientras que la que había forjado Masamuen solo se dedicaba a cortar sólo lo necesario. Es decir, la espada de Muramasa cortó absolutamente todo lo que osó tocarla: las hojas que flotaban, los peces e incluso a la brisa que soplaba sobre ella. La de Masamune por su parte, simplemente cortó las hojas, mientras que a los peces no les hizo ni un rasguño, y el viento soplaba alegremente sobre ella.

 

Un monje que se encontraba observando y admirando tal demostración  en ese momento se acercó al maestro y el discípulo y le dijo:

La primera de las espadas es, sin un ápice de duda, una espada fina, sin embargo debo añadir que está sedienta de sangre, no discrimina qué o quién va cortar, puede tanto cortar mariposas como cabezas, destruye todo sin excepción, por lo tanto es malvada. La segunda es por mucho la mejor de las dos, ya que no corta innecesariamente aquello que es inocente ni lo merece.

Desde entonces, desde el incidente de los Tokugawa se mandó a destruir todas y cada una de las espadas “malditas” por eso es tan complicado encontrarlas. Aunque no quiero entrar en detalles sobre este incidente porque sino la carta se extendería demasiado, sólo debo decir que hubo sangre del clan Tokugawa, y de esa sangre se alimentaron las espadas Muramasa.

Por suerte yo tengo una, bastante exclusiva ya que esta aún conserva la firma original de su herrero.

Quiero donar esta espada, que no diré de donde la obtuve pero quiero que la tengas. 

Eso sí, advierto; no la toques, ni blandas ni la empuñes.

 

 

Atentamente,

 

Kibutsuji Urogi

Esta publicación ha sido modificada el hace 9 meses por Ludvig

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Higo Chumbo
(@higo-chumbo)
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Por favor estimados visitantes,  atiendan un momento a estas fotografías que se muestran a su derecha.
Son unas excelentes piezas  donadas por la Fundación de Investigación Paranormal Don Arnulfo de la Fuente. La cual fue fundada por el célebre investigador paranormal que lleva su nombre.

Estas fotografías, guardan una historia muy especial ya que fueron las últimas que realizó el autor antes de morir.

Y si las observan con atención podrá trazar la travesía de Arnulfo a través de una extraña fosa. Un pozo oculto, encontrado por los hermanos Ebodio y Onesiforo que encontraron en su finca de Madrid. 

Pongan atención a cada detalle pues quizás descubran algún secreto que puedes desentrañar la extraña muerte que cayó sobre el autor inmediatamente después de hacer las fotos.
 

 
Esta publicación ha sido modificada el hace 7 meses 3 veces por Higo Chumbo

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Makishima
(@makishima)
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Buenas noches, amigos, se preguntarán vds. ¿qué hace un tocón retorcido en una de sus vitrinas? Pues sepan que más extraño es incluso el hecho de que el cristal deba ser insonorizado y es que este artículo de exposición posee una historia que espero les guste:

Un joven se perdió en un bosque cerca de cabezón de la sal, era un bosque de secuoyas precioso y en un momento dado, prendado de la belleza de la flora, se encaramó por un mirador y cayó al río, una dríade fue en su auxilio y le salvó la vida, ambos se enamoraron, peeeeeero... cuando un ser feérico entra en contacto íntimo con un humano, éste se transforma en árbol y aunque la ninfa había sido advertida de esta circunstancia, creyó que era una leyenda para no tener contacto con los que solían destrozar la naturaleza

Así pues, esa misma noche, se convirtió en roble y cada vez que volvía el joven a buscar a su amada, no podía más que supurar savia a modo de lágrimas, pues tal era su frustración e impotencia. 

Tras varias semanas yendo al encuentro de su amada, se percató de que el mismo roble, rodeado de secuoyas, hacía brotar savia cada vez que iba allí y aunque temió estar volviéndose loco, un día, se acercó al árbol y tras abrazarle, le susurró:

- ¿Eres tú mi amada, la dríade que se ha apoderado de mis pensamientos? A lo que el árbol segregó savia con más intensidad.

- ¿Acaso son tu savia las lágrimas por no poder fundirnos en un abrazo, por no poder compartir este amor? Y nuevamente la secreción como respuesta

(el joven, entre lágrimas, susurró una vez más)

- Sé que esto es una propuesta egoísta, pero soy consciente de que no voy a dejar de venir a este bosque un día tras otro y que no pararás de llorar por esta impotencia al igual que yo, es por esto, que por el bien de ambos quisiera talarte para evitar tu sufrimiento y el mío. Y una última vez, la savia brotó con más ímpetu que nunca

La parte superior fue quemada ya que nada le unía a la raíz, pero para no hacerla sufrir más por miedo a que tuviera aún sensibilidad en las raíces, se ató al tocón y se lanzó al mar. Fue tal la pena de la dríade, que se retorció la madera y no deja aún hoy de profesar gritos por la angustia de ver ahogarse a su amado


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