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EL–HIGOLAN una historia de Sombras de Kadazra.(Recopilación)

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Higo Chumbo
(@higo-chumbo)
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Recopilación de todo lo acontecido en la isla de El-higolan (Kadazra) para facilitar su seguimiento y lectura. 


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Fasa_Ape
(@fasa_ape)
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La adusta fortaleza enana de Castelnuovo, se alzaba en la ribera más septentrional del río Escarcha.

Ya antes de la caída, era una importante zona de extracción y tráfico de Ankar, tras siglos de abandono, los enanos reclamaron la fortaleza, pasando las siguientes décadas reconstruyendo y mejorando las defensas.

Osber, mandaba la guardia en la puerta norte, era un trabajo importante, la ruta comercial que unía la ciudad de Asbalona con Tempes, cruzaba el río Escarcha por esa zona.

Osber, taciturno como siempre, apoyó su jarra de cerveza en el parapeto, aun a pesar de la bien conocida habilidad enana para la mampostería, sus nuevas obras y reparaciones parecían trabajos de aficionados en comparación con el trabajo de los antiguos.

Osber oteo el horizonte, este era un destino prestigioso, pero aburrido, las rutas comerciales se mantenían abiertas prácticamente solas, sobre todo tan cerca de Castelnuovo.

Un seco empujón sacó a Osber repentinamente de sus pensamientos, ¿quién coño se atrevía a empujar al jefe de la guardia?.

Osber  palpo sorprendido algo frío y afilado que le sobresalía del pecho, miró hacia abajo, la dorada cerveza de su jarra se había vuelto de un oscuro color tinto, ¿pero que coño? pensó Osber,.

Trató de volverse, justo cuando las rodillas le fallaron 

A su espalda, las campanas de alarma empezaron a repicar, las nubes de humo se alzaban del barrio de los toneleros hasta la capitanía, Castelnuovo ya había caído.

Esta publicación ha sido modificada el hace 2 meses por Fasa_Ape

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Higo Chumbo
(@higo-chumbo)
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Nota del autor: Este es un mismo relato partido en 3 publicaciones, ya que en una sola hubiera sido algo ciclópeo. Dicho esto, solo me queda recomendar que se lean los 3 del tirón ya que no son textos separados. Espero que los disfruten) (Texto corregido y forjado en el taller de Vuelo del Cometa) 

Elhigo-Lann

Capítulo I (1ªPARTE)

 

 

Himno de Elhigo-Lann:

 

El áureo resplandor, que trae el amanecer, anuncia el despertar de un nuevo día. 

 

Los rayos de su luz, para brillar mejor, avanzan sin cesar por toda ElHigo-Lann.

 

¡Gloriosa,  Elhigo-Lánn! 

¡Blanca, joya insular! 

 

¡Gran esplendòr del mar!

 

¡Gloriosa Elhigo-Lann! 

¡No dejes de brillar!

O las sombras del mal, no lo permitirán.

 

¡Gloriosa Elhigo-Lann! 

¡Nunca dejes de brillar!


 

Otro día amanece sobre Roca del Higo. Alumbrando con sus rayos,  la bruma que se extiende por la ciudad, mientras el rumor de pasos y voces delatan el inicio de una nueva jornada laboral.

 

Mientras tanto, en el palacio Averill dos guardias atraviesan las puertas, anunciando el fin de la ronda. Cabeceando y medio dormidos, recorren la sala de audiencias demasiado cansados para notar al hombre que se oculta tras una columna.

 

Una vez los guardias abandonaron la estancia. El anciano, Lucano Bejarano, conde de Averyll y gobernador de Elhigo-Lann, se precipita hacia la puerta, presto a abandonar el palacio, dejando tras de sí una carta titulada: “Para Lucrecia”.

 

Unas horas más tarde. El primer edil Alano corre desesperado por los pasillos, derribando a doncellas con bandejas, lacayos con libreas y todo aquel que se interpusiera entre el hombre y su deber. 

Tras un derrape brusco y un acelerón a la izquierda, irrumpe sin decoro en la habitación de la dama Lucrecia,, la cual descansa plácidamente en su lecho. 

—Dama Lucrecia —susurra Alano, tocándole el hombro. 

—¿Que hora es? —lo interrumpe ella.

—Las 2:30, mi señora. 

— ¿Y qué pasa? —ella le increpa. 

—Señorita Lucrecia, su padre ya no está entre nosotros. ¡Nos ha dejado!

—¡Cómo! 

—Sí, señora. Esta mañana su padre abandonó el palacio y la dejó…

—¡Menudo susto me has dado desgraciado! —lo interrumpe ella arrojándole una almohada. 

—Pero señora, ¡no hay tiempo! Su padre ya no está, y el Enviado del Arca, para el censo, está a punto de atracar. 

—¡Maldita sea su estampa! ¡Siempre me la está liando! ¡Rápido Alano, pásame el vestido rojo!

El edil obedece y los dos salen escopeteados hacia la puerta. 

2ªPARTE)

Momentos más tarde, la pareja llega al muelle donde les espera el capitán Morvin. Los tres observan en silencio la llegada del barco, hasta que el edil recuerda una última noticia: 

—Dama Lucrecia, por cierto, su padre dejó esta carta antes de marcharse —dice pasándola una carta sellada. Está la abre y la lee en alto: 

 

Saludos, hija mía. Soy yo, tu padre, Lucano Bejarano de la Casa Averill. 

 

Espero que no te hayas molestado por mi furtiva partida, pero estaba cansado de esperar. Llevo demasiado tiempo alejado de mi gran pasión, enfrascado en manejar el timón del estado. Pero todo eso se acabó. Hoy por fin me podré dedicar a lo que llevo años esperando. La gran aventura de mi vida. La búsqueda de las 7 coronas perdidas de Elhigo-Lann.

Pero bueno, luego te contaré más. 

Por lo pronto te entrego el timón del estado durante mi ausencia. Y para que sea oficial:  

Yo, Lucano Bejarano de la Casa Averill, Gobernador de Elhigo-Lann. Nombro a mi hija, Lucrecia Lucana de la casa Averill, gobernadora en funciones de toda Elhigo-Lann hasta mi regreso. 

Te deseo mucha  suerte hija mía, y que el timón del estado te lleve a aguas tranquilas. 

 

P.D. Por cierto, para cualquier consulta, me encuentro en un campamento, situado en las cercanías al túmulo de Ralftan. 

 

Un beso muy grande. 

Tu padre, que te quiere.

 

—¡Si es que debería haberse jubilado ya! —dice Lucrecia pasándole la carta a sus acompañantes. 

—”Sí, hija, encárgate de todo”, dice… Pero luego a la hora de la verdad ¿Quién es el que tiene que firmar los papeles? ¡El conde! Es que hay que fastidiarse. Y todo por la leccioncita  del abuelito: “No cedas nunca nada en vida”. ¡Y una mierda para él! En cuanto le eche el guante pienso hablar seriamente de esto. 

 

El edil asiente en silencio las afirmaciones de su señora mientras que el capitán se arrodilla ante ella y exclama:

—Señora, me congratulo en ser el primero en felicitarla por…

—Gracias, gracias —le interrumpe ella—. Y Haga el favor de levantarse, que está a punto de llegar el invitado. 

El capitán se incorpora de un salto, y los tres observan el amarre del barco. 

Del navío sale un joven de aspecto robusto, cabellos negros y de unos veintitantos años. 

Lucrecia al verle se muerde el labio y susurra: 

—Pero qué buen mozo. 

El joven se acerca a ellos y Lucrecia toma la iniciativa. 

—Siéntase más que bienvenido, maestro Sivos-Orzon. Soy Lucrecia Lucana de la casa Averill, condesa en funciones de Elhigo-Lann. 

El joven hace una reverencia y responde: «Bienhallado me encuentro, su excelencia».   

—Estupendo  —dice ella, dando la espalda para irse hasta reparar en la presencia de sus acompañantes—. Ah, sí, y estos son el primer edil Alano, administrador de Roca del Higo, y el capitán Morbin, jefe de la guardia Imperial de la Ciudad. 

—Un placer conocerlos a todos —dice el joven—. Pero, extraño no tener el gusto de saludar a su padre. 

—Yo tampoco lo he tenido, de hecho—responde ella —. Así que haga el favor de acompañarnos y le explicaremos toda la situación. —Tras lo cual, Lucrecia se gira y sube a la silla de maños acompañada por Sivos. El resto sube a sus monturas y todos parten hacia el palacio. 

 

3ªPARTE)

Durante el trayecto, Lucrecia no deja de observar a su joven invitado degustando con la mirada cada parte de su torso. Inmersa en suculentas fantasías y divagaciones sobre lo que se esconde tras las ropas de su invitado. 

Sivos, por su parte, se siente muy incómodo con estas miradas indiscretas, tanto es así que lanza sin pensar la primera pregunta que se le pasa por la cabeza. 

 —Disculpe mi ignorancia, su excelencia, pero ¿Roca del Higo es el único asentamiento que existe en la isla? 

 

—Bueno, actualmente  Elhigo-Lann cuenta con 6 asentamientos permanentes  Roca del Higo, Puerto Sombrío, el monasterio de la Montaña, Puerto IgBen y el puesto de la Compañía de las Islas Orientales.

—Su excelencia, me parece que le falta uno —indica Sivos. 

—Tiene toda la razón, había olvidado el Puerto Cervecero —responde ella con una carcajada—. Oficialmente, entra dentro de la administración de Puerto IgBen, pero al tratarse de un chanchullo que arregló mi padre con los goblins. 

—¡Con los Goblins! —Sivos interrumpió alarmado. 

—Sí, jaja. Es el lugar de atraque preferido para los piratas, digo, bucaneros. 

Mi padre se lo alquiló al gobierno de Goblinburgo hace un par de años.   Para que sus “honrados” y “tranquilos” bucaneros, tengan un lugar seguro para traficar, digo, descansar. No dan nada de guerra, solo se limitan a dejar el barco, beber, pasarlo bien y asesinar al virrey de vez en cuando. Pero bueno, es su cultura y hay que respetarla jajaja.

 

Una vez en el Palacio, Lucrecia, tras abandonar la carroza se gira hacia su invitado y dice: «Ruego, que me disculpe maestro Sivos, pero no podré acompañarle en el resto de la visita. Debo encontrar a mi padre, y saber que se encuentra sano y salvo. El primer edil le atenderá en todo lo que necesite».

Sivos, asiente con la cabeza y acompaña al edil dentro del Palacio. Lucrecia por su parte se monta en un caballo y sale junto a su escolta en búsqueda del anciano conde. 

 

Una hora y media después, los jinetes alcanzan una extensa llanura salpicada por los restos de una antigua calzada. Un anciano con aspecto bonachón, recorre la explanada recitando a todo pulmón, el himno de Elhigo-Lann. 

 

Esta publicación ha sido modificada el hace 6 meses por Higo Chumbo

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Fasa_Ape
(@fasa_ape)
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Este relato continúa con la aportación de Higo Chumbo.

Los ministros son los goblins más astutos y retorcidos, les encanta crear falsas apariencias y engaños dentro de engaños.

Suya fue la idea de hacer creer a la mayoría de la gomblicidad que ser rey es un puesto apetecible, una argucia que servía tanto para ganar seguridad como para echarse unas risas, son ellos los que fomentan la idea de que los goblins no son más que unos pequeños locos que se conforman con vivir en su pantano, de forma que nadie los ve como una amenaza.

De lo que nunca se habla y mucho menos a no goblins, es de la Hermandad de los Cuchillos largos.

Los miembros de la Hermandad, son los ojos, los oídos y el brazo ejecutor de los ministros fuera de Goblinburgo, son sus sabotajes y asesinatos selectivos los que mantienen a la Sierpe alejada de la brillante joya goblin.

La Hermandad está tan entrelazada con el ministerio que llegado el momento, los agentes más veteranos y sobresalientes terminan asesinando a un ministro y ocupando su lugar, perpetuando la tradición de que solo los goblins más astutos y retorcidos se convierten en líderes. 

Pero hasta que llegara ese dia y pudiera volver a Goblinburgo a reclamar su ascenso, Berta Panduro se pudría en esta isla tan fea, todo por culpa de Joselito palotes, o Irhös el pirata, como lo conocían los humanos, algún día ajustaría cuentas con ese capullo.

Se encontraba bebiendo una pinta de cerveza en la taberna de La Babosa Mofeta, a su alrededor los goblins alternaban taciturnamente, al fondo se había montado una trifulca, dos o tres goblins borrachos estaban encaramados a la lámpara de araña y arrojaban palomitas de maíz (entre otras cosas) a los que estaban abajo, un goblin corría en llamas alrededor de la sala común, sin duda el local hacía justicia a su fama de ser la taberna más tranquila de Puerto Cervecero, así llaman los humanos locales a Mangaluz, la base naval de avanzada barra resort goblin. 

-¿Bartra la ladrona felona?- la voz, tres octavas más alta que la de un goblin y sobre todo la sombra que le tapó la luz sacaron a Berta de sus pensamientos.

Ante ella se alzaba un humano ricamente vestido, se inclinaba para no darse con el techo, se le notaba muy nervioso.

Sin esperar invitación, el hombre se sentó, se secaba el sudor con un caro pañuelo de lino Keraltano, una esplosion al otro lado de la sala le hizo dar un respingo, claramente no estaba acostumbrado a los refinamientos sociales goblin.

-¿Eres tú?- Bartra era como la conocían los humanos, esos seres torpes y atontados parecían incapaces de pronunciar correctamente un nombre goblin.

La goblin tuerta miró al humano con disgusto, mientras desenfundaba uno de sus cuchillos bajo la mesa -¿Quien lo pregunta? qué más da, no me lo digas, todos los humanos me parecéis iguales-.

-Dicen que perteneces a una especie de hermandad de asesinos goblins, tengo trabajo para ti- al oír esto Berta salto, apoyo un pie en la mesa para impulsarse, hizo una pirueta en el aire y aterrizó en los hombros  del humano, a continuación acaricio su yugular con el filo del cuchillo.

Toda esa maniobra fue tan  rápida y fluida que la cerveza en la mesa ni se agitó y el hombre tardó unos segundos muy largos en comprender su situación.

-Eso es algo que no deberías saber ¡empieza a hablar! -.

Media hora después, Berta salia de la Babosa Mofeta, no había entendido mucho de lo que decía el humano, entre tanta lágrima y no me mates no me mates, lo que saco en claro, era que el liderazgo local acababa de cambiar, que un empujoncito en la dirección adecuada le garantizaria el título de Gobernador a la persona adecuada.

Al volver la esquina de la taberna la asaltó un goblin con un guardapolvo que le cubría hasta las rodillas. 

-Chis Chis, hey, ricura ¿te apetece un dulce?- con un movimiento rápido abrió el guardapolvo, mostrándoselo todo a Berta.

Tras comprarle unas barritas de caramelo al camello de azúcar, Berta se dirigió a su guarida, tenia que prepararse, cuando cumpliera este encarguito y lo hubiera cobrado, tendria que matar a unos cuantos humanos para mantener en secreto a la hermandad de los cuchillos largos, pero si esto salía bien, por fin podría pagarse el pasaje de vuelta a Goblinburgo.

......

Berta no tardó mucho en llegar al hostal donde se alojaba, al entrar le recibieron dos cosas, el cartel que decía "NO SE ADMITEN HUMANOS,ELFOS, NI ENANOS DE MAL VIVIR"  y los ronquidos de la casera.

Corrió hacia las escaleras, no quería que la anciana se despertara, era una cansina, cada vez que hablan, Florinda (la casera) siempre acababa diciendo:

-¿por qué no tienes bebes? aun que estés tuerta, seguro que una tía buena como tu no tiene problemas para encontrar quien se la folle- la casera no tenía filtro, incluso para ser una goblin vieja.

Berta no era ninguna estrecha, para una especie como la goblin, con una esperanza de vida corta y una tasa de mortalidad elevada, el sexo no era ningun tabu y lo practicaban sin ninguna inivicion, Berta lo hacia cada vez que podía, últimamente, atrapada en esta isla y muy aburrida, lo hacia casi todo el tiempo, tomando precauciones, claro.

No es que no quisiera traer pequeños goblins a este mundo, pero siendo un agente de la hermandad de los cuchillos largos y teniendo que robar información hoy aquí a Fulanito y mañana asesinar allí a Menganito, no podía cargar con niños.  Ya tendría tiempo cuando volviera a Goblimburgo, asesinara a un ministro para ocupar su lugar y por fin pudiera sentar cabeza.

Subió las escaleras a la carrera, no se detuvo hasta entrar en su cuarto y cerrar la puerta con cerrojo.

El cuarto no era gran cosa, aunque para los estándares goblin no estaba nada mal, tenía un jergón de paja no demasiado seca, una pequeña cocina y un armario bastante grande.

Sin perder el tiempo busco un pequeño mortero en la cocina, arrojó dentro las barritas de caramelo y empezó a molerlas, asegurándose de que se convirtieran en un polvo muy fino.

Todos los ejércitos tienen sus drogas de combate, algo que infunde valor y da ánimos para la batalla, los humanos usan vino, los enanos cerveza, los elfos.... Berta no sabia ni quería saber que usaban esos abraza arboles, fuera lo que fuera, seguro que sus abogados se lo habían próvido, en el caso de los goblins, era el azucar, cuando a un soldado de infantería goblin le daban azúcar, sabia que o le iban a joder o estaba jodido.

Normalmente, Berta no necesitaba del impulso que proporcionaba el azúcar, pero para esta misión cualquier ayuda vendría bien, ningún goblin vivía tanto como ella en su profesión sin tenerlo todo previsto.

Cuando se aseguró de que el caramelo se había convertido en un polvo lo suficientemente fino, lo volcó en una bolsita de seda de araña negra.

Después de esto se dirigió al armario, lo arrastró para separarlo de la pared, había pasado el último mes haciendo un agujero donde guardar sus herramientas, sacó su túnica negra y sus dagas.

Se hablaba mucho de toda esa tecnología avanzada que se fabrica en Goblimburgo, pero lo que realmente hacían bien eran las armas blancas, especialmente las dagas de filo curvo que los goblins llamaban Arpías.

Berta jugueteo con las suyas para desoxidarse, cuando las empuñaba de la forma adecuada, el filo llegaba desde su muñeca hasta su codo, convirtiendo sus brazos en armas mortales.

Decidió que les faltaba filo y empezó a afilarlas de forma lenta y metódica, pronto les daría el uso para el que habían sido creadas, como ya había hecho cientos de veces antes.

.....

Berta acudió a la cita ataviada con su túnica negra, con la capucha bien calada. El tejido estaba entrelazado con hilo de ankhar, lo que producía una distorsión que convertía su cara en un pozo de oscuridad.
Como decía el libro de estilo del buen asesino de la hermandad de los cuchillos largos:

"En servicio, siempre se debe llevar puesta la capucha, ya que proporciona al agente un aspecto despiadado e implacable, además, da un miedo que te cagas".

Se encontraba en un lujoso salón de la sede de la Compañía de las Islas Orientales, sentada a la mesa, sobre un montón de cojines, sus piernas colgaban, y como siempre que te cuelgan las piernas, no podía evitar balancearlas, ante ella se encontraban todo tipo de viandas caras y exóticas, pero eso no era lo que le interesaba.

El humano que la contacto en la taberna de la Babosa Mofeta, solo era un intermediario, era aquí y ahora donde se le informaria de los auténticos objetivos y parámetros del encargo.

Frente a ella se hallaba el humano más pomposo que hubiera visto nunca, picaba de los platos con remilgo, pinchando pequeñas porciones en un tenedor de oro antes de llevarlas a la boca, ver comer a un humano eran repugnante, aun así se obligó a fijarse en los detalles, el bigote que se unía a las patillas, la calva incipiente, el sello de plata que llevaba en uno de sus dedos y que tenía grabado un símbolo que a Berta le resultaba familiar pero que no llegaba a recordar por qué.
El humano, tomó una servilleta de algún tejido caro y se limpió los morros con delicadeza, ¡pero qué asco daba!

-Es una pena que no desee acompañarme, señorita Bartra, mi chef es un auténtico maestro de los fogones- dijo el humano con voz afectada, a Berta le chirriaron los dientes -Pero supongo que para alguien de su condición, el tiempo es oro, así que pasaré directamente a darle sus instrucciones-.

El humano hizo un movimiento lánguido con una de sus manos, al momento, un sirviente vestido de librea le entregó unas hojas de pergamino a Berta, la goblin miro con interés los dibujos que contenían, cualquier cosa con tal de distraerse del repugnante espectáculo de ver comer al humano.

El primer pergamino, mostraba el retrato de un humano anciano, junto a una descripción física, el segundo pergamino, mostraba el dibujo de un anillo de diseño intrincado, en el centro se destacaba el escudo de una casa noble.

-El hombre del dibujo, es el conde Lucano Bejarano de la Casa Averill, Gobernador de Elhigo-Lann, o más bien ex gobernador, en los últimos días, a delegando el cargo en su hija, ese nombramiento, es meramente nominal, ya que no se a realizado formalmente, aqui es donde entra el anillo que puede ver en el segundo pergamino. Se trata del sello de la Casa Averill, quien porte ese anillo, legalmente es considerado señor de Averill y de todos los títulos y privilegios que lo acompañan, incluido el cargo de gobernador de Elhigo-Lann.... ¡Quiero ese anillo!- el tono duro de este último deseo, dejaba bien a las claras la ambición de este humano, puede que a lo mejor no fuera un alfeñique después de todo.

-Deduzco, que además del anillo lo quieres muerto- dijo Berta con tono profesional, antes de doblar los pergaminos y guardarselos en uno de los muchos bolsillos de su túnica -donde puedo encontrarlo-

-El conde, está obsesionado con la búsqueda de las 7 coronas de Elhigo-Lann, hace una semana salió en su búsqueda, nadie sabe donde se encuentra, aun que, sin duda se encuentra en algún lugar de la isla, señorita, si es usted la mitad de buena de lo que me han dicho, no tendrá dificultades en dar con él- el humano, gesticuló para que le rellenaran la copa de vino.

-Eso me lleva a una pequeña duda que tengo, como supisteis de mi- Berta se había estado devanando los sesos haciendo una lista de quien podría ser el chivato.

-Tiene gracia que lo pregunte, hace más o menos un mes, a altas horas de la madrugada, escuchamos un estruendo en la bodega, los sirviente fueron a comprobar que pasaba, encontraron a un goblin ahogándose en un tonel de vino, cuando lo sacaron, parecía una rata mojada y estaba totalmente ebrio, le pedimos, amablemente, que nos dijera quién era y que queríamos saberlo todo, de inmediato empezó a hablarnos de su infancia, de lo gamberro que era.... estuvo horas hablando sin parar, no dijo nada interesante hasta que nos hablo de la hermandad de los cuchillos largos y de usted, precisamente tenemos una grabación en la que la describe- el humano, hizo un gesto con la mano, uno de sus sirvientes salio del salon, volviendo poco después con un pequeño artefacto que depositó en la mesa, tras trastear un poco con el aparato, la chillona y pastosa voz de un goblin borracho llenó la estancia.

"Es una asesina de la hermandad, es verde, bajita, está siempre por la taberna de la Babosa Mofeta, ella dice que es porque le gusta estar de tranquis, pero en realidad es porque es una aburrida, y es es es pelirroja, además es tuerta, es maaas guapa, la voy a pedir de salir, pero tiene muy mala leche, mu mala, pero no le digáis que os lo he dicho yo, además tiene un culito que....."

El humano paro la grabación en este punto -mejor lo dejamos aquí, lo que sigue, sonrojaria a una meretriz Nurashita, lo curioso, es que a pesar de su locuacidad, este goblin no dijo en ningún momento quién era, cosa que en realidad, era lo unico que queriamos saber, al dia siguiente, se había esfumado de la mazmorra donde le dejamos durmiendo la mona, todo habría quedado aquí pero la repentina renuncia de nuestro amado gobernador, nos hizo ver la necesidad de los servicios de un profesional sin relación con ninguna de las partes implicadas, por cierto ¿no sabrá quién es este misterioso goblin?-

-No me suena de nada- mintio Berta, pues claro que sabia quien era, no era otro que ese puto bocazas de Irhös, ya tenia otra razon para matar a palos a ese palurdo, menos mal que al menos no cometio el error de echarle un polvo.

Tras esto, y acordar cuál sería el pago, Berta salto de su montaña de cojines, el humano a su vez, se levantó y le estrechó la mano para cerrar el acuerdo, permitiendola ver más de cerca el sello que llevaba en el dedo, ahora sabía exactamente quien la contrataba.

El acuerdo que acababa de cerrar, no era nada raro para los agentes de la hermandad de los cuchillos largos, aunque quien contrataba sus servicios, por lo general no tenía noticia de esta organización.
Los agentes necesitaban una tapadera y una forma de ganarse la vida, hasta que les llegara su sueldo junto con sus nuevas órdenes, lo que podía llevar meses o años, de esta forma solían unirse a cofradías de ladrones o establecerse como asesinos a sueldo, gracias a esto, si eliminaban un objetivo, normalmente, a nadie le extrañaba y raras veces se relacionaba con la política de Goblinburgo.

En este caso, la única diferencia, era que , el contratante sabía de la existencia de la hermandad, poniendo en peligro siglos de cuidadoso secreto, tendría que eliminar a un montón de humanos una vez hubiera terminado y cobrado el contrato (Berta podía matarlos y quedarse el dinero, pero era una profesional) y teniendo en cuenta que ahora sabía que pertenecían a la secta del culo del leviathan, perdón, culto, también le estaría haciendo un favor a todo el continente.


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Higo Chumbo
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Los últimos rayos del día se marchitan bajo el mar  

tiñendo el horizonte de un rojo resplandor . 

Las olas avanzan con su creciente estampido, extendiendo su sonido a la tierra derredor. 

 

El grupo de jinetes avanzaban al paso llevados por sus caballos sin ganas de correr. Tras toda una jornada de galope incesante, el cuerpo de los soldados solo quería descansar. Y sus mentes fantasean con sus alcobas, mullidas y acogedoras, y con todas las doncellas que les van a acompañar. Pero un sentimiento les turba la conciencia. Y de entre todos ellos, el más afligido era el capitán Ysidro. Sentía como propio el fracaso de la misión. Una herida para su orgullo afligido, de la que se repondrá pronto en cuanto charle con su mujer. Miraba al frente inmerso en sus pensamientos, cuando un movimiento lejano atrajo su atención. Alzó su catalejo y observó una mancha trepar por la montaña. Afinó el aparato, y vio a un anciano con un largo camisón, una gruesa bata roja y un sombrero de fumar; el cual, subía como podía una empinada escalera.  Agarrando el sombrero ascendía la pendiente, mientras su ropa se ondeaba furiosa contra el viento. 

Ysidro sonrió satisfecho ante tal espectáculo y sin bajar el catalejo susurró para sí: «Por fin te pillo, Viejo amigo». 

 

Al día siguiente, con el sol en lo alto, Lucrecia y Alano se pusieron en marcha. Quedaron en  los archivos, dispuestos a buscar cualquier pista que el conde hubiera dejado.  Hasta que de pronto, Ysidro  irrumpió en la sala, seguido por su escolta. 

— ¡Que significa esto! —gritó Alano enojado. 

Ysidro le dio la espalda y le dijo a Lucrecia: 

— Mi dama, hemos localizado a su padre en un peñasco cerca del valle. Os ruego que me acompañéis porque temo por su cordura. Trataba de subir la montaña vestido con bata y pantuflas.

Lucrecia se frotó la cara con disgusto. 

—Vamos, no perdamos tiempo. Llamad a Sivos para que nos acompañe. 

Isidro condujo la partida hasta la montaña, donde ascendían unas escaleras talladas en la roca. 

Subieron con cuidado las filas de escalones, que ascendían paralelos hasta una pequeña plaza.  

Encontraron en la plaza a un hombre tumbado, vaciando en su boca el contenido de una calabaza. El rubor de sus mejillas denotaban su borrachera. 

Cuando vacío la calabaza, se incorporó de un salto, saludando a sus invitados con una cálida sonrisa. 

— Ciudadano, ¿no habrá visto usted a un hombre con bata y pantuflas? —preguntó Lucrecia, impaciente por su respuesta. 

—¿Quien quiere saberlo?— repuso el anciano. 

—La dama Lucrecia Lucarana de la Casa Averill, Condesa en funciones y 

El anciano, sin soltar la calabaza, hizo una torpe genuflexión a modo de reverencia. 

—A sus pies, excelencia— dijo  alzando la calabaza vacía—. guía y luz de mi existencia.  Soy Venancio, Maestro alquimista especialista en butrones. Maestro butronero para los amigos. 

Lucrecia no disimuló su enfado. Se ahorró todo comentario, pero su mirada asesina cayó sobre el borracho. Este solo sonrió y les hizo un gesto para que le siguieran . 

El grupo ascendió junto al borracho, soportando su pesada charla sobre los barrenos ankarinos. Lucrecia estuvo a punto de mandar que lo atizaran , si no hubieran llegado a una enorme plaza. 
Una sucesión de torres y contrafuertes, se extendían en un llano,  sujetando grandes bloques de piedra dispuestos en forma de arco. Al fondo de la estructura había una puerta circular empotraba en la pared de roca. Y delante de esta, un anciano vestido en camisón que corría hacia ellos con los brazos extendidos; entonando el grito de: «¡Lucrecia, adorada hija, a mis pechos!» «Isidro viejo amigo. ¡ A mis pechos!» «Sivos, querido sobrino. ¡A mis pechos!»

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Fasa_Ape
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Elhigo-lann era una isla de inconmensurable belleza, tierras fértiles, cubiertas de viñedos y tierras bien labradas, cascadas y riachuelos de aguas puras y cristalinas, suaves colinas cubiertas de pintorescos bosquecillos.

Aunque otros habían tenido problemas para describir tanta hermosura, Berta sabía exactamente qué palabras usar.

-Vaya puta mierda de sitio- masculló Berta.

En la última semana, se había arrastrado por la mitad de las aldeas y villorrios de la isla, poniendo el oído en busca de pistas.

Ya se había cargado a tres viejos, cinco viejas y a un perro pequeño ¡Los condenados humanos le parecían todos iguales!.

Podría haber mirado el retrato del objetivo antes de liquidar los, pero la experiencia y el entrenamiento, dictaban que era mejor disparar primero y preguntar después.

En este momento, estaba oculta entre las raíces de un árbol.

Arriba, entre las ramas, graznó el maldito cuervo, ese bicho, llevaba unos días siguiéndola, a Berta le ponía furiosa, parecía saber algo que ella desconocía y se burlaba sin ninguna piedad.

Pero por fin tenía algo prometedor.

La mañana de ese día, recabando información, (mientras robaba huevos en un gallinero), escucho a unos gañanes periféricos humanos hablar sobre un viejo loco, al parecer, trepaba en bata y pantuflas por los peñascos de un monte cercano.

Berta se puso en movimiento de inmediato, dejando atrás su desayuno. Ya tendría tiempo de comer cuando le echara el guante al señoritingo humano ese.

Ahora, observaba un llano cubierto de piedras mal apiladas, un humano viejo bailoteaba mientras se acercaba a otros humanos muy emperifollados.

-joder, que mierda- maldijo Berta, esto complicaba ligeramente las cosas, pero era la confirmación de que, si no era el objetivo, al menos era lo suficientemente importante como para que un grupo de humanos bien vestidos lo fueran a buscar, ahora tendría que seguirlos con disimulo.

En ese momento, algo blando cayó sobre la capucha de la goblin. El puto cuervo se había cagado encima de ella, sus graznidos eran como una risa burlona.

-Ya está bien, ¡a tomar por culo!, esta noche ceno cuervo- Berta miró al ave entrecerrando su único ojo.


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Higo Chumbo
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El Conde Lucano, se abalanza sobre su hija con intención de darle un abrazo: 

- Lucrecia hija . Amor de mi vida! Que alegría verte. ¿Cómo estás? ¿Ha sido arduo el viaje? 

Lucrecia lo mira con incredulidad, y tras un momento de silencio, explota en un huracán de rabia y agitación. 

¡El viaje! ¡Después de esfumarte por cuatro días ! ¡Dejando tras de ti una sola nota manuscrita; la cual, no solo es parca en detalles; si no que invita a creer que has perdido por completo el juicio! 

 

Mientras Lucrecia se desahogaba. 

El rostro de su padre no mostró sentimiento alguno ante los reproches de su hija, hasta que la  sonrisa cordial empezó desdibujarse en una mueca de disgusto. 

 

IsYdro, agarró a Sivos por la espalda y lo acompañó lejos de la pareja.

 

- Alejemos Señor Orzon, estará de acuerdo conmigo en que no conviene estar cerca cuando les venga la “Ira Santa”. 

 

-¿Como? ¿A que se refiere con Ira Santa?

 

Sidro, se le quedó mirando

- ¿Es qué hablo Goblin? ¿No me diga, que a estas alturas no ha escuchado ninguna historia sobre la “Ira santa” del Conde Lucano Bejarano ? 

- Pues la verdad es que no.- Dijo Sivos un poco avergonzado. 

- Joder… Entonces, será mejor no alejarse demasiado, Está a punto de aprender una valiosa lección sobre su Tío. 

Tras decir esto, los dos se voltean para atender a la escena. 

Lucrecia, seguía increpando a su padre con la misma fiereza, ajena por completo a la furibunda expresión que mostraba el semblante de su padre: 

 

- ¡Y si no fuera poco, de un día para otro! ¡Me delegas todas tus funciones y haciéndome  responsable del destino de toda la isla! ¡Justo durante la peor crisis del continente! 

-¡¡Me cagó en la hostia puta!!- Grita el conde mirando hacia el cielo-. ¡Es que acaso no he trabajado como un CABRON toda la vida, para que no te falte de nada!  

Entonces por dios hija, déjame en paz. Ten compasión . No me des tu también el coñazo, que ya suficiente tuve con tu madre. 

 

Después del estallido inicial, la sonrisa pícara vuelve a dibujarse bajo el enorme bigote del Conde.  

 

- Además… Que poca fe tienes en mí, hija mía. Acaso no recuerdas que he sobrevivido a 5 atentados, 2 turbas enfurecidas y 23 revisiones de impuestos. Soy un hombre con recursos. 

Pero si es cierto que os debo una explicación.- dice Lucano, alzando el dedo índice mostrando un anillo de plata con un  sello.  

 

Lucrecia está a punto de mandarle al carajo, hasta que se fija en el anillo y recuerda un objetivo que tiene pendiente. 

 

- Y esta explicación que os debo te la voy a pagar- continua el Conde. 

 

De pronto, una explosión sacude la montaña. 

 

-Lucaaano, ya hemos, abierrto el bujero- anuncia la voz de borracho del Maestro Butronero, 

 

Lucano lanza una mirada de disculpa a sus invitados, mientras se dirige lentamente hacia las escaleras.

 

- Pero qué desconsiderado he sido. Habéis tenido un largo viaje y estaréis agotados. Por favor id a descansar junto al fuego, yo vuelvo enseguida. 

 

Sivos y Sidro se dirigen hacia el campamento, mientras Lucano sube corriendo las escaleras.  

Pero Lucrecia lo detiene a mitad de subida: 

- Papá, necesito el anillo. 

Lucano la mira paralizado. 

-Espera, que bajo. 

 Lucano  coge  carrerilla y se lanza hacia el suelo desde 15 escalones de altura. El camisón de seda se hincha haciendo efecto paracaídas y amortigua la bajada hasta tocar  la piedra.  

Una vez en el suelo, Lucrecia continúa: 

 El consejo isleño no reconoce  mi autoridad si no llevo…

- El consejo Isleño puede  irse un poquito a tomar por culo, Hija mía. Recuerda  ¡Eres carne de mi carne! ¡sangre de mi sangre…! 

- Ya, pero se han puesto muy pesados, sobre todo Igben. 

- Ay, qué coñazo de hombre. Toma, toma: 

Pero no te lo pongas todavía. Antes has de saber que es un objeto muy poderoso. Podríamos decir que divino.  Y no te asustes si empiezas a escuchar varias voces en tu cabeza, porque es totalmente normal. Es un objeto que guarda todas las almas de los antepasados desde… 

 

- Lucano, hemos abierto otro bujero.- Interrumpido el Maestro Butronero

- Siempre tan oportuno, Benancio. Espérame junto al fuego querida y os lo explicaré todo. 

 

Lucrecia, con los ojos como platos, fue donde estaban Sivos y Sidro, se sentó y se puso el anillo. Y frente a ella pudo volver a ver a su difunta abuela, que la saludaba con ternura. 

 



 
Mientras Lucano ascendía por los peldaños una voz familiar empezó a resonar por dentro del Túmulo: 

 El túmulo de Ralftan. Qué obra tan fascinante. 175 peldaños tallados en la propia montaña. ¡Y con 3 descansos!¡Y el criptopórtico, que criportico! ¡Un auténtico prodigio!

Fijaos, el tamaño de la mampostería. Como los “salmeres”  las “dovelas” y la “clave” forman un arco perfecto. ¡Y unidas a hueso! Y pensar que unos nativos tan primitivos y atrasados pudieran dominar el método constructivo del ankar pardo. 

¿No estáis de acuerdo mis ignorantes y jóvenes aprendices? -Preguntó el maestre MárKez, mirando fijamente a sus dos acompañantes. 

 

-Me he perdido.- Explicó Otilia antes de ser interrumpida por el acento extrangero de Allegrano:

-Yo no entendí ni la mitad, Maestrrro. 

 

-¡Allegrano! Si no has pegado ni palo en todo el año.

- Exclamó MárKez con tono socarrón y esbozando media sonrisa-.   

¡Que no has dado ni palo Allegrano! 

Has venido aquí a El-Higolann, no más que a la juerga. 

Haz algo útil, antes de volver a tu región.  

 

-Perrro...Maestrro...estoy en clase- 

 

- Jjeje, hay muchas formas de estar en clase. 

 

-Bien…- replico  Allegrano. 

 

-Ves, ese es el problema, jejeje, que estas muy bien en clase. 

Tras decir esto, MarKez se dirigió de nuevo a su otra aprendiz. 

 

-Otilia ¿dónde te has perdido querida?.

 

-En los bajoreleives del fondo, es que no entiendo…

 

-¡¿Otra vez los bajorrelieves?! ¿Me estais tomando el pelo?

 

-Ehhhh...-dijo Allegrano en respuesta.

 

-¡Cálla!

 

-Vamos a ver, Plastas- resolvió Markez con una mueca de disgusto, mientras se adentraba bajo la gran bóveda, seguido por sus alumnos; justo en el mismo momento en el que Lucacano llegaba a la terraza. 

 

Los grandes arcos de piedra formaban bajo ellos un amplio corredor que se extendía hasta una enorme losa circular, en cuya mitad partida revelaba un pasaje aún más profundo.

El grupo, apartó al borracho que dormía a un costado y se adentraron en la abertura. Lucano los siguió en silencio, intrigado por escuchar las elucubraciones de su amigo. 

 

Envueltos por la más espesa negrura, el maestro MarKez invocó un pequeño orbe que tiñó el alrededor  de una cálida luz dorada. Revelando una habitación circular revestida con diversas escenas y por 4 imágenes de hombres y mujeres talladas a tamaño natural. 

 

MarKez se aproximó a una de las talla que mostraba una mujer .

 

-Bien, como podréis apreciar, al estar coronada…

 

-Disculpe, maestro, podría repetir - Interrumpió Otilia, acercándose más a la talla de la mujer seguida por Allegrano.    

- Si no ves un dato, ponte aquí delante

-¿Tú tampoco ves Allegrano? Pero tu ¿porque no ves? 

 

-Espera, no me lo digas, porque vienes ciego a clase. 

 

Una pequeña risa, se escapó de la boca del Conde, revelando la presencia del Conde. 

MarKez, emocionado a la par que sorprendido saludó a su amigo con un fraternal abrazo. Los alumnos, hicieron una reverencia. 

 

-Un placer verte amigo, pero no detengas tu lección, te lo ruego, no deseo interrumpir tu discurso.

 

-Faltaría más. Otilia saca pergamino y carboncillo y ponte a calcar el grabado. Allegroni, trae el ariete. 

 

- Que te propones viejo zorro. 

-Jejeje, me sorprende que no lo hayas adivinado. 

Estas losas- dijo aporreando la imagen de la mujer- es el cierre de un nicho mortuorio, detrás del cual quizá encontremos tu tan anhelada corona. 

-Jajaja entonces, no perdamos tiempo. Poneros tras de mí.- Dijo Lucano alzando de entre sus faldones una fina vara, en cuya parte superior asomaban las fauces de dragón oriental, con ojos de rubí, de esmalte esmeralda y escamas doradas. Una joya, en forma de dragón cuyo cuerpo se enroscaba a lo largo de la vara.  MarKez, lo miró con una mezcla de asombro y terror. 

- ¡te has vuelto loco! ¡Guarda eso ahora mismo antes de que hagas explotar media montaña con eso!

 

Justo en ese momento Allegrano entró corriendo arrojando el ariete contra la talla, la cual se rompió en una nube de polvo mostrando tras de sí un cuerpo apergaminado y seco vestido de armadura y empuñando sus armas. 

Todos se quedaron en silencio. 

MarKez le lanzó una rápida mirada a Lucano y con delicadeza fue acercando su dedo hasta la cara chupada y seca. Y cuando hizo contacto, los ojos de la momia se abrieron y con un grito gutural se lanzó sobre Markez. Pero este fue más rápido y le propinó una patada que lo mandó a volar. Con tan mala suerte que aterrizó sobre Allegrano. El pobre desgraciado, recibió todos los arañazos y rasguños que la momia le propinaba. Hasta que Lucano distrajo su atención con un tremendo palazo que la lanzó contra la pared. La criatura reaccionó de inmediato y se lanzó sobre el costado del conde. El cual interpuso su bastón entre ellos tras el gritó de: “Fuego, sol, infierno ”  

 

Un resplandor ardiente llenó de luz la habitación dejando a la momia hecha cenizas.  


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Fasa_Ape
(@fasa_ape)
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Berta siguió al grupo de humanos repipis al interior de las ruinas.

En condiciones normales, mantenerse tan cerca de un grupo y en el interior, habría delatado a la goblin, pero los humanos estaban ensimismados con sus conversaciones y toqueteando todo.

Berta estaba agotada, tras subir 175 escalones ¡175! ¡¿Estamos locos?! y traspasar un portal, y entrar en una sala circular.

Los humanos que se arremolinaban allí, encendieron una luz, revelando las piedras talladas en las paredes de la sala, una en concreto parecía gustarle mucho a los humanos.

Berta, se hizo un ovillo cerca de una de las piedras talladas y observó.

Uno de los humanos, uno especialmente torpe y que parecía borracho, salió de la sala. Poco después, volvió con un ariete.

-Humanos haciendo sus cosas de humanos. Aquí los tienes, saqueando tumbas, y luego las urracas somos los goblins- pensó Berta sin pizca de humor.

Para ser justos, los goblins saqueaban tumbas en cuanto encontraban una (aunque fuera reciente) solo que lo hacían con más estilo y explosivos.

Con un golpe seco del ariete, la piedra tallada se partió, revelando una cosa muerta.

Era una cosa muerta, no un muerto normal ¿cómo era que esos humanos no lo veían? fuera como fuera, esos cretinos se acercaron a la cosa muerta, y esta hizo lo que hacen las cosas muertas.

Se lanzó sobre el humano más cercano, intentando matarlo, ¿o darle un beso? Berta no podía estar segura, ya que las dos figuras se revolvían en el suelo y estaba oscuro.

Se habría quedado allí sentada, comiendo palomitas y echándose unas risas, si no fuera porque en ese momento, las piedras talladas (o lápidas) empezaron a caer, dejando salir a las cosas muertas que hasta ese momento dormían tras ellas.

Eso incluía la que tenía al lado. Una cosa muerta, seca y apergaminada, salió del hueco.

Al otro lado de la sala, se escucho gritar "Fuego, sol, infierno" inmediatamente después, un fogonazo de luz y una explosión atronaron la cámara. Berta tenía que reaccionar con presteza.

Desenfundo a Troche y Moche, sus dagas Arpía gemelas y corrió hacia la cosa muerta.

Esta vio a Berta de inmediato, lanzó un tajo bajo con su espada, que a pesar de el paso de las eras no había perdido filo, Berta le saco partido a su entrenamiento de asesino de la hermandad de los cuchillos largos.

Aprovechando el impulso, se dejó caer sobre sus rodillas y se inclinó hacia atrás, hasta que los talones le tocaron la zona lumbar, de esta forma esquivó el tajo y se deslizó hasta quedar entre las piernas de la cosa muerta.

Acto seguido, se enderezo, alzó sus brazos, e incrustó sus dagas en el interior de los muslos de la cosa muerta, hizo fuerza con los brazos para impulsarse hacia arriba, esta acrobacia le permitió agarrarse con las piernas a la cintura de la cosa muerta.

Arranco las dagas de los muslos de la momia, se enderezo, y procedió a acuchillar el cuello del ser, hasta decapitarlo.

La cosa muerta cayó al suelo, sin más, Berta rodó con bastante poca elegancia, y levantó la vista.

La cámara era un pequeño campo de batalla, y a los humanos no parecía irles muy bien.

Berta se puso en pie, corrió hacia la salida, los gritos y las explosiones retumbaban tras ella.

De momento, tenía que ponerse a salvo. Ya tendría tiempo luego de volver y comprobar si las cosas muertas le habían hecho el trabajo.

......

Berta estaba de vuelta en Mangaluz, o Puerto Cervecero como lo llamaban los humanos.

Tras varias horas de espera en la puerta de la tumba, Berta decidió que lo más probable era que los humanos repipis hubieran muerto.

En ese momento, no le apetecía nada volver a enfrentarse a otra cosa muerta, lo que si le apetecía era ponerse fina de cerveza, grog goblin marca la isla del mono, o cualquier otro aguarrás que pusieran en la Babosa Mofeta.

Así que se volvió a Puerto Cervecero, total, tenía tiempo, los muertos no se iban a ir a ningún lado y con un poco de suerte las cosas muertas si que lo harían.

Decidió pasarse por su habitación en el hostal de Florinda Piñitospodridos, quería recoger algo de dinero y luego correr a su taberna preferida.

Ya en la esquina del hostal, escucho un estrépito de cristales rotos.

En la entrada de un callejón, pudo ver unas palas apoyadas contra la pared, parecía que unos enterradores estaban arrebuscando en la basura de otro. 

A eso se dedicaban los enterradores cuando no estaban enterrando o desenterrando lo que fuera.

Entrecerró los ojos desconfiada, generalmente, los enterradores no mordisqueaban la basura de los demás en zonas tan céntricas,  pero estaba en Puerto Cervecero y Berta no sabía si aquí era lo normal.

Lo cierto era, que ver a esos tipejos pasándoselo en grande con tan poco le hizo pensar.

¿Qué habría sido de ella si no hubiera superado la prueba de la barra? ¿Habría podido llevar una vida sencilla cavando fosas, enterrando lo que tocara y dándole una paliza con la pala a cualquiera que la mirara mal o bien? además de criar a una piara de hijos.

-¡No!- Berta meneo la cabeza, se habría terminado amargando, lo cual era mucho decir, ya que la mayoría de los goblins ya la consideraban una amargada de por sí.

Entró en el hostal, Florinda, la vieja casera, estaba roncando. Como siempre.

Berta prefería no despertarla, corrió escaleras arriba, tenía tanta prisa por llegar, que no se fijó en que la puerta de su cuarto estaba entre abierta.

Cuando entro, ya era demasiado tarde, un par de fornidos goblins le saltaron encima, derribando la y sentándose encima de ella para inmovilizarla.

Un viejo goblin se puso a cuatro patas frente a ella, acercó su curtida cara a la de Berta, el aliento le olía a ajo que tiraba de espaldas.

-¿Berta Panduro? Venimos de parte del virrey, estas cortésmente invitada a hacerle una visita- la punta de la nariz del viejo goblin rozó la de Berta. Esta se preguntó si con ese aliento no la estaría dejando rubia, le gustaba el color rojo natural de su pelo.

-Pero, a ver tolay ¿no me podías decir eso sin mas y ahorrarte este circo?- Berta estaba apunto de tirar de daga.

-¿A quién llamas tolay? ¡Tolay! El virrey puede aceptar una negativa, el gremio de enterraores ¡No!, ale chavalotes, envolverla pa regalo que nos ala vamos-

Los goblins que estaban sentados sobre ella, procedieron a atarle las muñecas a los tobillos, acto seguido, uno de ellos se la cargo al hombro, como un saco de patatas y corrieron escaleras abajo.

Al llegar a recepción, Florinda estaba despierta.

-¡Berta, ya está bien! dos semanas sin verte el pelo y cuando por fin apareces, ni saludas, te vuelves a ir a montarte una orgía con esos chulazos. No paras, como te lo montas, mona ¡anda que invitas!- La casera estaba a lo suyo, como siempre.

-¡Pero oiga, señora!- soltó Berta indignada, mientras rebotaba en el hombro de su captor.

-Pásalo bien, y a ver si esta vez, por fin, vuelves con un bebe- después de esto, Florinda se puso a ver pasión de goblins en su vieja bola de cristal.

Los enterradores salieron a las abarrotadas calles de Puerto Cervecero, con Berta en volandas, trotando en dirección al palacio del virrey.

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Higo Chumbo
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Tras derrotar a dos de las momias el grupo de académicos y el viejo en bata acorralaron a las momias contra la pared. Estas viéndose rodeadas soltaron un alarido gutural y una pared trasera se derrumbó mostrando un largo pasillo negro del que salieron muchas mas momias. 

El grupo contempló sus posibilidades y emprendieron la retirada al exterior. Al llegar a la puerta redonda, Markez invocó un muro de fuego para ganar tiempo, pero varias momias les alcanzaron antes de completar el muro. 

Una de ellas agarró el pie del borracho, que dormía plácidamente. Este empezó a desperezarse al sentir un zarandeo sobre su su tobillo, y al girarse para ver lo que era, soltó un grito de espanto. Seguida de un frenesí de torpes  patadas que no hicieron más que cabrear a la momia. Esta sacó un puñal de su cinto. Pero el borrajo fue más rápido y le estalló una botella en la mano soltando el agarre de la momia. Lo cual aprovechó para incorporar de un salto y pisar con furia el cráneo de la momia, hasta destrozarlo en mil pedazos. 

 

Tras derrotar a las intrusas, el grupo observa con horror como un sin fin de momias se abalanzan contra la barrera. Markez y sus alumnos corren hacia ella para intentar mantenerla activa.  Mientras Lucano se dirige a la salida tras el grito de: 

Aguantad,traeré refuerzos. 

Al mismo tiempo, en la parte baja de la montaña, los soldados habían levantado un pequeño campamento.  Mientras ellos asaban un conejo, Lucrecia, Sivos y Sidro descansaban bajo una tienda.  

En un extremo Lucrecia miraba ensimismada la pared de tela roja  tras ella Sivos y Sidro charlaban  alegremente degustando una jarra de vino: 

 

— Capitan Sidro…- Exclamó Sivos un poco intranquilo-. No cree que la Dama Lucrecia esté teniendo un comportamiento anomal. 

— Por favor, maestro Orzon, llameme Paco. Y descuide, la dama Lucrecia se encuentra perfectamente. -Repuso pegando otro sorbo a su copa-

— Gracias… Paco. Pero no cree que el hecho de que  esté susurrando a la pared sea algo …

— Preocupaciones vanas maestro, es todo muy natural. La familia Averil siempre ha tenido un comportamiento un tanto peculiar.-

—Jajajajaja, sobre todo su Tío, un hombre de grandes amores y grandes odios-  

Esta respuesta sobresaltó a Sivos,   

 

— Sí a la vista queda, de que parece  un hombre un tanto excéntrico- 

— Jajaja,- interrumpió Sidro con una risotada, mientras sacaba su pipa- Lleva poco tiempo aquí maestro sivos y no habéis tenido oportunidad de contemplar el carácter explosivo de Lucano.- Hizo una pausa para llenar su pipa y encender su pipa- Os contaré una historia:    

 

Fue hace 17 años. En aquellos tiempos ElHigo-Lann, no era un territorio independiente como lo es hoy. Sino que estaba bajo la tutela del Antiguo Reino de Celestia. Y por tanto sujeto a su jurisdicción. 

En la práctica, Lucano administraba la isla como le venía en gana. Pero dos veces al año debía viajar a Celestia para entregar los tributos, rendir cuentas y presentar su informe. 

Pero esta vez viajamos al continente como invitados al séptimo quinto cumpleaños del Rey Einar. Para no desaprovechar el viaje , Lucano pensaba entregar el informe y las balanzas. 

Yo le acompañaba en calidad de Capitán General de la Isla y como ayudante fiscal. 

Antes de seguir, ha de saber maestro Sivos, que su tío siempre gustó mucho de la vida militar. Si bien es cierto que participó en algunas batallas, su condición civil le impedía asumir muchos riesgos. 

Es por ello, que siempre se ha sentido muy orgulloso de su ascenso por méritos de guerra renegando de los grados honoríficos. 

Esto hizo que acudiera a la fiesta sin cumplir la gala de la corte. 

Vestía,  un casaca de color azul con bordados dorados en las mangas, bolsillos y cierres. Era un uniforme más funcional, más cómodo y más corto. Con el frente abotonado hasta la cintura y solo faldones traseros. Además lucía en la solapa la de la Real Orden de San Judas junto con dos cruces al mérito naval. Además de la faja de oficial general atada al cinto. 

—Para que aprecie el contraste. 

Yo vestía de acuerdo al protocolo, con: Casaca de seda azul con amplios faldones hasta la rodilla, sobrecargada de adornos dorados que recorren las solapas,  las vueltas de las mangas. Bajo la casaca, portaba el chaleco rojo con más adornos dorados donde pendían mis condecoraciones y la faja de oficial general. 

Sin olvidar la peluca blanca y  el bicornio. 

Esto no hubiera sido problema en cualquier otra corte, pero Celestia se enorgullece por ser la ciudad más elegante de todo el continente. La moda era la norma y el protocolo la ley. 

Lucano, tomaba esta actitud desafiante para para fastidiar a la reina consorte, Katrina Trapote. Segunda esposa del rey Einar. 20 años más joven.  Quien había plagado la corte de sus estirados y coquetos familiares. 

Ya os podréis imaginar nuestra entrada en la sala de baile. Un tumulto de personas ataviadas  con  pelucas cada cual más ostentosa y casacas de un sin fin de patrones y colores. Todos ellos danzaban delicadamente al son de una orquesta vestida de igual manera. 

Lucano, alzó la vista para localizar a su amigo. Pero como solo veía pelucas, avanzó entre los asistentes, ignorando sus saludos y sus burlas. 

Yo iba detrás, tratando de seguir su ritmo, hasta que se perdió en un bosque de casacas. Apreté El Paso hasta dar con su silueta. Estaba quieto, mirando hacia arriba con los puños apretados. Que estaba observando, me pregunté. Tras apartar a dos engalanados, pude verlo al igual que el. 

La reina Trapote, estaba encima de Sir Grigori Supov, valido del rey y amante de la reina. 

No pude evitar una mueca de disgusto. 

Y cuando los amantes repararon en nuestra presencia. La reina, salió de los brazos de su amante, y se acercó a nosotros con una sonrisa maliciosa: 

—Lucano querrrrrido, bienvenido. No te había rrrerreconocido con esas galas de pobrrrre. 

 

—¿Dónde está el Rey, Katrina?

Preguntó Lucano, con el mayor asco que su cara podía expresar. 

— En su alcoba, descansando. Ha sufrido una indigestión con el desayuno. 

Respondió Sir Grigori, en un tono chulesco. 

— No te he preguntado, Chaval. 

Repuso Lucano, emprendiendo El Paso hasta la puerta. 

El joven galán, de ojos claros, y cuerpo cincelado, le detuvo El Paso apoyando su mano en el pecho. Lucano lo miró desafiante. 

—No admite visitas. 

Dijo el Joven de forma chulesca. 

Lucano apretó los dientes y me lanzó una mirada iracunda. Esa mirada que muestra la chispa que desatará una inminente Ira Santa. 

— ¿ A qué os referís con Irá Santa? Preguntó Sivos, cortando la historia. 

— Jajajajaja ahora  lo veréis. 

Al instante, agarré la empuñadura de mi ropera, y di un rápido vistazo para localizar las salidas. 

Tras eso, le hice un gesto y volvió la mirada a la cara del muchacho. 

 

— Mira soplapollas, como me vuelvas a poner un dedo encima te voy a dar con la mano abierta. 

 

En un alarde de superioridad, el  joven se rió de su amenaza y con una cara de idiota, flexionando su brazo músculoso alzó su dedo índice para tocar el pecho de  Lucano.

 

— Mira como te toc..

No tuvo tiempo de acabar, pues Lucano alzó su mano y arrojó una bofetada con tanta fuerza que dio la vuelta a la cara del joven. 

La hostia resonó por todo el salón, acallando a la orquesta y atrayendo la mirada de los invitados. 

 

Durante un instante el tiempo se detuvo. Sir Grigori permanecía en shock con el cuerpo inclinado y la Reina tenía los  ojos como platos fijos en Lucano y con la boca desencajada por la sorpresa. 

Y con la mano en la empuñadura y  con la mirada fija en la mole rubia de 1,90 de alto. Estaba preparado para sacar mi espada y defender a mi señor. 

 

Entonces todo volvió a su ritmo.  La Reina estalló en ira, llamando colérica a la guardia. Los invitados se pusieron a gritar y a reír en un frenesí digno de cualquier pelea de bar.  Sir Grigori se abalanzó contra Lucano 

dispuesto a descargar toda su ira sobre su el. Pero el roce de mi  acero sobre su cuello desvió su atención. Lo cual aprovechó Lucano descargando una patada en su entrepierna. Es pobre guaperas, se hizo un ovillo retorciéndose de dolor. Lucano se levantó de un salto observó como un regimiento de alabarderos avanzaba entre los invitados  en dirección hacia ellos. Entonces una voz grave y severa nos llamó desde el trono. 

 

El Duque Euprepio Ericsen, primer ministro del rey, entró llamando  nuestra atención e ignorando los gritos de la reina. 

Nos hizo un gesto para que lo siguiéramos, pero antes de meterse en las estancias privadas  le dedicó una mirada con su único ojo a la histérica Reina. 

 

— Espero por su bien, majestad que arregle esta algarabía antes de que el rey baje a arreglarlo. 

Justo en ese instante las telas de la tienda se abrieron y entró el que llamaba sin esperar a ser invitado. 

Era Lucano en bata, con el pelo revuelto y mirada furibunda. 

— ¡Subid aprisa! ¡Estamos bajo ataque! 


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Fasa_Ape
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Tras desatarla, empujaron a Berta dentro del despacho y cerraron la puerta de golpe.

-Cuando me mandaron aquí, todo esto era campo, en cualquier momento, podría volver a serlo- dijo como toda presentación Juan Luis Dedosmorcilleros, virrey de puerto cervecero, dándole la espalda mientras miraba por el balcón.

Era un goblin rechoncho, con unas orejas particularmente grandes y peludas, sin duda se trataba de un Umpalumpa.
Goblinburgo se fundó cuando Romualdo y Ramon unificaron a las tres grandes tribus goblin originales, dícese de: Los Gamusinos, los Cenutrios y los Umpalumpas.

Juan Luis Dedosmorcilleros era Umpalumpa hasta la médula y como dice el viejo refrán goblin: Nunca permitas que un Umpalumpa manipule alimentos.

-Berta Panduro, te dábamos por muerta en la purga de Castelnuovo- dijo Juan Luis aun sin volverse.

-La gente exagera mucho- Berta parecía calmada, pero buscaba, con su único ojo, algo que pudiera utilizar como arma en ese despacho.

Juan Luis se volvió y golpeó la mesa, tirando por todas partes lo que tenía amontonado sobre ella -¿Me tomas por gilipollas?¿Creías que podías pasearte por mi colonia sin que me enterara?-.

-Bueno, pues hasta ahora...- soltó Berta con chulería.

-Cierra la puta boca, se quien eres- en este punto Juan Luis adoptó un tono más conciliador- Eres Berta Panduro, alias Berta la ladrona felona, alias Comadreja roja, Alias Culebras Plissken. Eres la niña prodigio, la mejor agente que a tenido la hermandad en los últimos cien años, apuntas alto, quieres ser ministra, no te conformas con un humilde virreinato-.

Berta se burlaba de Juan Luis imitando su parloteo, cuando el virrey la miró, dejó de hacerlo y puso cara de buena.
A Juan Luis no se la colo.

-¿Me tomas por imbécil? la única razón por la que estamos teniendo esta conversación, es porque todos los que ocupamos un puesto de importancia, hemos pertenecido a la hermandad y desertado en uno u otro momento para asesinar a un manda-más y arreglarnos la vida, la diferencia es, que tu te crees especial-.

Juan luis, saco una caja de puros y tomó uno, le ofreció a Berta, que cogió un puñado que se guardó en algún bolsillo, conservo uno que el virrey le encendió.

-Vamos a hacer un trato, no solo no te voy a denunciar por deserción, también te daré un pasaje a Goblinburgo, o a donde te salga del coño. Siempre y cuando sea lejos de mi dominio, pero vas a tener que hacerme un favorcito....-.

Dos días después, Berta se bajó de un coche de garrapatos. Estaba vestida al estilo de las damas goblinburguesas.
Con doble polisón, muchos lazos de colores estridentes y un corsé que la ahogaba, todo rematado con una peluca rosa de medio metro de alto que le quedaba grande y le caía sobre los ojos.

También estaba maquillada al estilo goblin, vamos, que iba pintada como una puerta, con la cara embadurnada de blanco y los labios pintados de color rojo putón, que era justamente como Berta se sentía en ese momento.

Había sido ascendida, sin quererlo, al prestigioso puesto de plenipotenciaria del virrey de puerto cervecero , lo que significaba que tendría que representarlo en el baile en honor al gremio de armadores enanos que ofrecía un tal Sity, el humano mas rico de la isla, y al cual asistiría la flor y nata de Elhigo-Lann.

En los últimos meses, los astilleros enanos y goblins, se habían embarcado en una competición muy poco deportiva para conseguir el monopolio de contratación con la naviera de Sity.

Esa noche, los enanos entregarían a Sity su oferta, la misión de Berta era sencilla. Encontrar esos documentos, memorizar las especificaciones técnicas de los barcos que ofrecían, estimaciones de tiempos de entrega y por supuesto, los precios, a fin de que los astilleros goblins pudieran mejorar la oferta.

Era pan comido, una misión de espionaje industrial de manual. Berta empezaba a pensar que, en realidad, lo que quería Juan Luis, era librarse de ir a ese coñazo de fiesta.

No le podía culpar, por eso, cuando fuera ministra, se aseguraría de que ese Umpalumpa tolai, asistiera a todos los bailes de etiqueta que se celebraran en el continente.

De norte a sur.

De por vida....

 

......

Berta repasó mentalmente su plan (sí, tenía un plan, ¿qué pasa? ¡era una profesional!).

Primer paso: Infiltrarse.

Llegó a la entrada del salón de baile, un ujier elfo con cara de estar oliendo mierda la miro de arriba a abajo. Cosa que no era difícil, Berta ya de por sí era baja para ser una goblin.

Se vio obligada a decirle a ese bicho repugnante quien era, como si hubiera muchas goblins invitadas a esa fiesta.

El elfo reviso la lista de invitados, varias veces, puso aun mas cara de asco y declamo con voz tonante:

-Baronesa Bartola Eusevia Robustiana Von Buenculon, Chuchi para las amiguis, plenipotenciaria del Virrey de Puerto Cervecero-.
Berta entró en el salón de baile, como si fuera la dueña de la casa, sonriéndose porque había conseguido que ese elfo estirado dijera culo.

Lograda la infiltración, podía ir a por el segundo paso del plan.

Segundo paso: patada, patada, corre, corre, y tal vez morder a alguien.

Noto que le temblaban las manos, de pronto cayó en la cuenta de que hacía días que no probaba el alcohol.

Decidió que no pasaría nada si se tomaba una copita para quitarse las manías, al fin y al cabo, uno va a una fiesta para divertirse, ya tendría tiempo de buscar su objetivo.

Entre los numerosos invitados, no le costó dar con un camarero, este portaba una bandeja llena de elegantes y alargadas copas de cristal.
Berta le tiró de los pantalones para atraer su atención.

-Tu, gañan periférico Humano, deseo una copa de grog goblin- Berta estaba metida en su papel.

-¿Marca la isla del mono?- respondió el camarero con cortesía.

-¿Existe otra marca? Trae esa copa de inmediato... y también la botella-.

Desde luego si algo se podía decir a favor del propietario de la casa, era que tenía buen ojo a la hora de contratar a su personal.
Berta no tardó mucho en tener su copa de grog goblin, además de la botella.

Estaba dandole el primer sorbo, cuando sintió una sombra a su espalda, se dio la vuelta para descubrir a un humano, obeso, con un bigote de estilo manillar.

En opinión de Berta, a la que todos los humanos le parecían iguales, la ropa de ese hombre, aún más vistosa y cara que la de los demás invitados, decía a gritos que debía de ser el bufón del lugar.

-Permítame que me presente. Soy Sity, el anfitrión de esta humilde reunión- dijo el Humano haciendo una elegante reverencia, a pesar de su sobrepeso -Es un placer conocerla al fin, baronesa, fue toda una sorpresa ver que en la confirmación de asistencia teníamos un nombre nuevo, ahora entiendo porque Juan Luis la tenía tan escondida, sin duda es la goblin más bella que haya conocido.-

"Definitivamente, era el bufón del lugar" pensó Berta "¿a cuantas goblins había conocido el humano matao este? si estaba tirándola los tejos, lo llevaba muy claro" sin embargo contestó con cortesía.

-Estoy aquí como favor personal para Juan Luis. Llegue hace unos días de Goblinburgo, con intención de tomarme unas vacaciones de los asuntos de la corte, es taaaan agotador coronar a una media de tres reyes Al día....-

-Sin duda, debe ser agotador, y dígame ¿esta disfrutado de la fiesta la señora?- pregunto Sity con auténtico interés.

-Señorita- contestó Berta -Y por decirlo de alguna forma, en Goblimburgo, hasta que no muere algo o alguien, no lo consideramos una fiesta-.

-Si lo desea, podríamos charlar en algún lugar más tranquilo, probablemente podamos practicar alguna actividad mucho más de su gusto- todo indicaba que Sity efectivamente le estaba tirando los tejos a Berta ¿era algún tipo de pervertido sexual humano?.

La promiscuidad goblin, era legendaria entre otras razas, aun así, a las agentes de la hermandad de los cuchillos largos, no se les enseñaba a usar sus "armas de mujer" ya que con los miembros de otras razas, no solía funcionar, y con los goblins bastaba con poner el culo en pompa. Así que esta situación pillaba a Berta a contra pie.

La goblin, estaba apunto de responder cuando....

-¡No pierda el tiempo con esa alimaña, señor Sity! Tenemos que hablar de negocios- Trono el vozarrón de un enano.

Era un espécimen de su raza realmente típico, bajo, macizo, como esculpido de un solo bloque de piedra, su larga barba trenzada y bien cepillada metida entre la chaqueta de brocado y el ancho cinturón de pesada hebilla de oro, seguro que se trataba de el representante del gremio de armadores enanos.

- Ya decía yo que olía a cerveza rancia y sudor aún más rancio, parece que el señor Sity tiene muy poco criterio a la hora de hacer amistades- respondió Berta con acritud.

-Vamos por favor, estamos en una fiesta, entre amigos, creo que...- Sity intentó poner paz.

-Los de tu especie, estáis tan ocupados robando todo lo que brilla y follandoos todo lo que se menea, que jamás habéis aprendido a cómo comportaros con vuestros superiores- el enano ignoro por completo a Sity.

Estaba claro que era el enano más enano de la enaicidad, pensó Berta.

-Me resulta muy insultante, que se acuse a mi gente de entregarse a todo tipo de aberraciones sexuales. Porque, sin ir más lejos, los enanos se follan a las enanas constantemente y nadie les llama pervertidos- respondió Berta con petulancia.

-¡Te mato, canija degenerada!- el enano se lanzó contra Berta.

-¿Tú a mi, enano parguelas? ¡me voy a hacer unas bragas con tu barba!- Berta también se lanzo contra el enano, sacudiendo los brazos por delante de ella.

Sity, demostrando una gran agilidad para su peso, agarro al enano impidiendo que pudiera chocar contra Berta, hizo un gesto con la cabeza y un criado agarró a la goblin por la parte de atrás del vestido, dejándola agitando los brazos como un molinillo a pocos centímetros de la nariz del enano.

-Calma, por favor, esto es una fiesta, tengamos la en paz- dijo Sity, Berta, no escucho el resto del discurso, se zafó con facilidad del agarre del criado y salió corriendo.

Se alejó a toda prisa, mientras con una mano se levantaba las faldas para no tropezar, y con la otra, sujetaba la botella de grog de la que iba bebiendo a morro.

Conociendo a los enanos, el representante, se pasaría el resto de la noche maldiciendo y mascullando, lo que seguro que acortaría mucho la reunión para entregar la documentación que Berta quería ver.

Sin buscarlo, tenía parte del trabajo terminado, sus objetivos habían ido a ella sólitos.

Ahora podía centrarse en la tercera parte del plan:

Tercer paso: ganancias.

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Higo Chumbo
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Isidro salió de la tienda y empuñando el sable dirigió un grito a la guardia, quienes desenfundaron sus armas y corrieron escaleras arriba. 

A pocos escalones de la cima, una fuerte explosion detuvo el avance solo para ver como una nube de momias se abalanzaba sobre ellos. Los sables bailaron en el aire rebanando los cuerpos resecos de las momias; las cuales se aferraban a los soldados clavando sus dagas en un feroz y último ataque. Las que aún se mantenían en pie, trataban de derribar a los soldados para que los muñones que se arrastraban por el suelo descuartizaran la carne del desgraciado. 

Isidro derribó a varias extremidades con un solo golpe de espada; pero al girarse no pudo evitar que una momia femenina le derribara en el suelo. Sosteniendo el puñal de la  momia sobre su pecho , se metió la mano en la  casaca  y una bola de fuego atravesó la tela  lanzando a la  muerta por los aires. Entonces se incorporó de un salto para sacar por el agujero humeante, una pistola de dos cañones. Tras apagar las brasas de su chaqueta, con un grito furioso, ensartó a varías momias que trataban de alcanzarle Animando a sus soldados a rematar los restos que aún quedaban. 

 

En las faldas de la montaña, Lucano después de acicalarse el pelo, se reunió con su hija que charlaba con su sobrino (Sivos). 

 

 — Lucrecia Cariño, te agradezco mucho la visita, pero creo que deberías marcharte ya. Esto se está poniendo un poco feo y no me gustaría que te pasara nada.

 Además, ya tienes lo que viniste a buscar. — Dijo señalando el anillo. 

 

— Sí padre, he de marcharme ya o Alano hará un desastre en mi ausencia. 

Lucrecia se puso de pie y le dio un cálido abrazo a su padre. 

Lucano la acompañó hasta el caballo, miestras de fondo se oían los gritos de los soldados agonizantes.  Conteniendo las lágrimas padre e Hija se dieron un último abrazo, mientras un olor a carne quemada descendía desde arriba.

 

Así Lucrecia, partió a la capital sin saber si  volvería a ver a su padre pero sabiendo que en su locura y extravagancia siempre encontraría amor.  

 

Los últimos rayos de sol iluminaron la llegada de Lucrecia que fue recibida por su fiel Alano.  

 

Con la luna en lo alto, las calles de Roca del Higo gozan de un intenso silencio. La cual solo se rompe por las risas, cantos y bailes de los marineros en el puerto; y por las tres figura negras se adentran  en el  palacio. Apartando a todo el que se opone las tres figuras atraviesan a paso ligero los pasillos en dirección a una puerta iluminada. Alano y Lucrecia se encuentran reunidos, cuando una de estas figuras irrumpe en sus dependencias, dejando la puerta abierta a la oscuridad del pasillo. 

 

— Quien osa irrumpir de esta forma en los aposentos de la Condesa— .Grita Alano con furia. 

 

— Condesa en funciones—  Aclara una voz imperativa.

— Igben…—  Susurra Lucrecia entre dientes. 

 

Del alféizar, aparece una figura alta, vestida  de forma severa: Casaca negra, pañuelo gris y un peinado con dos rulos sobre la oreja. Se trata del inclemente Baron Igben, dueño y señor del Puerto Igben y antiguo Corregidor imperial de la isla. Además de un auténtico, engreído, racista y meapilas en opinión del conde. 

—  Esto ya ha ido demasiado lejos. Esas alimañas que tu padre trajo a mi casa no solo han perturbado la paz y la moral de mi gente, sino que ahora osan corromper también a la de Zity. ¡No lo consentiré!  Date por avisada. He aguantado hasta lo indecible por el respeto que profeso a tu padre, pero ahora que ya no está. No creas que te rendiré cuentas, Niña, por lo que les pase a esas alimañas. 

 

— Magistrado Igben, os recuerdo que la población de Puerto Cervecero está bajo la protección imperialz ¡Son invitados del goberna…! — Repuso Alano indignado, antes de ser interrumpido. 

 

—  Esto no es un debate. Si no elimináis  la plaga  Goblins de mis tierras, los exterminare  yo mismo. —  Anunció  Igben, mientras deja la habitación.

Alano cae a plomo en su silla, mientras Lucrecia medita cómo solventar esta crisis. 

 

Dos días más tarde, un Chambelán Elfo anuncia la llegada de la Condesa en Funciones “Lucrecia Lucarana de la Casa Averil, mientras que un gordo mercader de finos ropajes, y amplio bigote, saluda a Lucrecia con una genuflexión. 


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Fasa_Ape
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-Lucrecia Lucarana de la Casa Averil, Condesa de Averyll y gobernadora de Elhigo-Lann, en funciones- Anuncio, el ujier elfo.

Berta, camuflada entre la multitud, presencio como Sity hacia una genuflexión ante una joven Humana.

A la goblin el nombre le resultaba vagamente familiar, lo que si reconoció de inmediato fue el anillo, la joven jugueteaba con el de forma inconsciente, se notaba que no estaba acostumbrada a llevarlo.

Berta maldijo entre dientes. Estaba claro que, no te puedes fiar de una cosa muerta para que te haga el trabajo, debería haberse quedado en aquella tumba, debería haberse asegurado de que el viejo humano estaba bien muerto, y ¡debía haberle quita el anillo de sus malditos dedos muertos!.

Estaba claro que esa humana repipi y entrometida, había saqueado el cadáver que Berta debería haber saqueado.

En realidad, gracias a la nueva y ventajosa situación de Berta, ya no necesitaba llevar a cabo el contrato que la obligaba a hacerse con ese anillo, lo que sí que tendría que hacer, sería buscar a los humanos que la contrataron y liquidar a todos y cada uno de ellos, a fin de mantener en secreto a la hermandad de los cuchillos largos.

Mientras estos pensamientos cruzaban la mente de la goblin. En el salón de baile, Sity presentaba al delegado de la naviera enana a la humana recién llegada, tras una serie de saludos corteses, el trío abandono el salón de baile.
Berta les siguió con disimulo. Cuando salieron del salón y subieron al segundo piso, comenzó a hacerlo con todo el sigilo que le permitía su aparatoso vestido.

El trío, desapareció por una de las puertas, Berta, debía encontrar la forma de entrar allí, corrió todo lo rápido que pudo, hasta llegar al exterior del palacete.

No tardo en ver una luz en uno de los balcones del segundo piso, era hora de prepararse.

Se quitó la falda y el doble polisón, quedando con el corsé y unos pololos que le llegaban hasta las rodillas, después se quitó los zapatos y la peluca rosa de medio metro de alto. De su interior extrajo su túnica negra entrelazada con ankar. Esa prenda la fundiría con las sombras. A continuación rebusco entre los bolsillos de la túnica, encontró unas pequeñas garras metálicas que la permitirían trepar por el muro.

No le costó mucho llegar al balcón, la habitación a la que daba, era una biblioteca recargadamente amueblada. Se hizo un ovillo y escucho...

-Los goblins, son indispensables para la economía y la defensa de Elhigo-Lann- Sity se dirigía a la mujer- Su señor padre lo comprendió de inmediato. Cuando los goblins propusieron el tratado de Punta Cuervo, él...-

-Los goblins, saben de economía lo que yo de volar. Y son más peligrosos para sí mismos que para los demás- Dijo el enano con tono duro -Si de mí dependiera, reinstauraría la gran reserva goblin, Goblinburgo debería volver a ser la prisión que nunca debió dejar de ser. Que se mantuviera a los goblins encerrados durante siglos, fue por muy buenas razones- el enano se levantó -Yo no he venido aquí para hablar de esos psicópatas, tenía que entregar unos documentos y aquí están- el enano dejo con brusquedad un rollo de pergamino sobre la mesa - Buenas noches- escupió mientras se daba la vuelta y abandonaba la biblioteca dando taconazos.

"Pues si que le e cabreado bien" pensó Berta.

-Vamos Elric, no te pongas así por lo de la baronesa, no fue para tanto, además, empezaste tú- Sity siguió al enano intentando calmarlo.

La joven humana se quedó atrás, miro al balcón con suspicacia. Pasados unos segundos que parecieron eternos, la mujer se dio la vuelta y camino con decisión hacia el pasillo, cerrando la puerta tras ella.

Berta, saco un juego de ganzúas de uno de sus muchos bolsillos y entro en la biblioteca.

Al final todo estaba saliendo increíblemente bien, no solo pensaba memorizar los datos, los iba a copiar. Juan Luis le debía mucho más que un pasaje a Goblinburgo.

Media hora después, Berta estaba perfectamente vestida y aparentando una total inocencia en el salón de baile.

Lo malo, era que llevaba apenas una hora en la fiesta, no podía irse sin dar que hablar ni levantar sospechas, tenía que hacer tiempo.

Estaba mortalmente aburrida, y los otros invitados la miraban con desagrado, pensó en matar a alguno, pero decidió no hacerlo, porque seguro que se lo tomaban a mal, por eso, cuando un camarero le ofreció zumo de una fruta local, Berta lo acepto, a pesar de que no tenía nada de alcohol.

Probablemente, fue eso lo que le sentó mal, ya que, justo después de terminarse la tercera botella de grog goblin, Berta empezó a sentir una necesidad imperiosa de vomitar.

Corrió hacia la entrada del salón, por desgracia choco contra alguien que entraba, Berta vómito en los austeros zapatos del recién llegado.

Levanto la vista para comprobar lo rápido que la cara de un humano, puede pasar del blanco lívido, al rojo furioso.

El ujier elfo declamó: Barón Igben, señor de puerto Igben.

La cara del humano se trasformó en una máscara de odio.

¡Ahora, ahora sí! Esa reunión empezaba a parecer una fiesta.

Berta se despertó con un resacon del quince, intento incorporarse, la cabeza le pesaba y tenía dificultades para recordar que paso una vez se terminó la tercera botella de grog goblin marca la isla del mono.

Se rascó el trasero, ¡un momento!, ¿cómo podía estar rascándose directamente el trasero?, ¡oh no!, ¿estaba desnuda?.

Se incorporó de un salto, ¡pues sí que estaba desnuda!, ¡desnuda del todo!.

Y peor aún, tenía algo tumbado a su lado. Por favor, que no fuera algún tipo de animal, ¡como en aquella ocasión!.

Berta se estiró para mirar con atención el bulto. No era un animal, era mucho, mucho peor, ¡se trataba del delegado de la naviera enana!, parece que al final sí que se hizo unas bragas con su barba.

Berta se sentía muy mortificada, no debería beber tanto.

Estaba pensando en recoger sus cosas e irse de puntillas, pero, decidió que no era justo que solo ella se sintiera mal por lo sucedido.

Se hizo la dormida. Quería esperar a que el enano despertara y viera con quien había estado fornicando toda la noche.

Si Berta se sentía avergonzada, el enano estaría devastado. Fijo que le daba una apoplejía, y eso, Berta no se lo quería perder.

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Higo Chumbo
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(Dos días, antes de la fiesta.) 

En el palacio de Zity, la melodía de un clavicémbalo inunda de dulzor una  gran sala blanca.  Las ventanas que dan al mar iluminan una multitud de objetos expuestos, estatuas antiguas, murales y pinturas. Desde allí, un hombre de grandes proporciones ataviado con una casaca verde y tréboles dorados, (Zity) contempla ensimismado una de las pinturas . 

En ella, se describe una batalla naval. Al fondo, varios buques en línea se ven envueltos en nubes de humo e iluminadas por las llamas de los cañones de ankar. En primer plano, en el castillo de proa, se desata un abordaje donde el Emperador Connor arranca la cabeza de un pirata con su  sable. Siendo todo lo que rodea al Emperador un caos absoluto.     

 

Con una mano afilando su bigote, Zity desvía una mirada furtiva a la dama que tiene a su lado, tratando de medir su reacción.   

 

Lucrecia, con su habitual vestido rojo, miraba la pintura con interés, moviendo de vez en cuando una copa de vino que tenía en la mano. 

 

Las dulces y suaves notas del clavicordio se vieron interrumpidas por la voz amable de Zity. 

 

– Me encanta esta pintura. Muestra con total exactitud la cruda realidad de una batalla en el mar. —Dijo Zity. 

 

—Habéis participado en alguna batalla, Señor Zity —preguntó Lucrecia terminando la copa de vino.   

 

Zity, se llevó la mano del bigote. 

 

— Algo parecido, hace un par de años en una visita a la Isla de El-Saron, tuvimos un encuentro con unos piratas Goblins. Allí Aliface demostró su fidelidad como secretario. 

¡Verdad Aliface! —gritó Zity al hombre que había  tras el instrumento. Este alzó la cabeza y sin dejar de tocar,  asintió con la cabeza. 

 

Lucrecia se giró para ver al sirviente. Un hombre calvo y descalzo, con un bigote incluso más grande que el de su amo. Alzó la copa para saludarlo y este respondió con una reverencia. 

 

Tras esta encantadora presentación, Zity con la mejillas rosas por la genuina  sonrisa, guió a Lucrecia hacia el centro del salón.

 

—Os ha gustado la pintura, mi dama. —preguntó  Zity con su risueña sonrisa. 

— Una pintura interesante. —respondió Lucrecia volviendo a echar un vistazo a la pintura.  

 

Zity en un gesto cómico echó un vistazo a los lados y se agachó hacia ella discretamente. 

 

—Si me guardias el secreto, os digo su procedencia —le susurró Zity sonriendo . 

Lucrecia siguiéndole el juego, se agachó como él y le guiñó el ojo. 

 

Zity se echó para atrás de la felicidad. 

—Perteneció a la colección privada del fallecido emperador. —Reveló Zity con su sonrisa traviesa. 

 

Lucrecia se lo quedó mirando sorprendida, y sin decir ni una palabra Zity la guió hasta otra gran obra expuesta en el salón. 

 

Allí frente a ellos una gran losa de piedra de 4 metros de alto, mostraba un mosaico. Un millar de teselas de colores que formaban unas siluetas femeninas. 

Dichas siluetas, eran  representadas de forma estilizadas. puntiagudas, simétricas y sin detalles, solo la silueta y la forma. Cada una de ellas estaba formada por  un color diferente. 

A la derecha el azul, a la izquierda el marrón, el centro más  rojo y sobre todas ellas el blanco.

 

— ¿No comprendo?— exclamó Lucrecia—. Es de una simpleza tal que no comprendo su  significado. 

 

Zity sonrió y con un enigmático gesto, tiró de un cordón oculto y tapó una ventana dejando en penumbra la pintura. La cual empezó a resplandecer con una iridiscencia tal que se pudo observar la expresión de sus ojos, los gestos de los brazos y las coronas sobre sus cabezas. 

 

Lucrecia observó con fascinación a las 4 mujeres que surgían ante ella. 

 

— Ankar, mi dama —susurro Zity fascinado—. Un millar de teselas Ankarinas. 

 

Lucrecia abrió la boca en una creciente fascinación. 

Zity, al verla ya encandilada por los destellos de las piedras, dijo: 

 

« Dama Lucrecia, os presento a las reinas, las antiguas y temibles madres de El-Higolan»

 

En la montaña, después de dos días de batalla la guardia del Conde despejó las ruinas del templo. Lucano y el maestro Markez se adentraron en una sala circular donde resplandecía en su interior un mosaico en forma de mujer. 

 


Juan Luis Dedos Morcilleros con los pies apoyados sobre su escritorio, exhalaba el humo de un puro más grande que su pulgar. Tan concentrado estaba en el deleite del tabaco  que no escuchó el estruendo que surgía tras su balcón, que luego se movió al pasillo y por último a las puertas de su despacho. 

 

De una patada el Capitán Morvin irrumpe en el despacho lanzando por los aires a un esmirriado goblin con levita u  peluca. 

 

Juan Luis sin cambiar de posición pegó una profunda  calada mientras una regimiento de guardias se arremolinaba alrededor del despacho. 

Tras ellos apareció Lucrecia con aire desafiante y preocupado. 

 

—Dama Lucrecia, no la esperábamos, a que debemos el placer— dijo Juan Luis sin moverse de su posición y lanzando un humo al techo. 

 

Lucrecia indignada por la pasividad del goblin, dio un golpe en la mesa. 

 

—¡Virrey Juan Luis! —gritó la Condesa—. ¿¡ Es que acaso no os ha llegado el ultimátum del Barón Igben!?

 

—Por su puesto mi dama—. Respondió Juan Luis apalancando el puro—. ¿Qué pensáis que estoy usando de cenicero?  

 

Lucrecia, cayó a plomo en su silla por la desesperación. 

Pero antes de que dijera nada Juan Luis prosiguió. 

 

—No debéis alteraros mi dama, ese estirado hombrecillo, asqueroso, pusilánime y meapilas de Igben nunca se ha atrevido a cumplir sus amenazas.  

 

— Recordad lo enfadado que se puso cuando cambiamos el salmo de la boda de su hija. Os acordáis jajajajaja —. Entonces Juan Luis se empezó a reír a carcajadas y a tararear un himno—. 

Oh, San Wilfredo deeee  IIII Ig ben, 

Oh San Patron. 

Del amo y del siervo. 

¡¡Oh San Patron Cabron!!  

Del niño y del padre. 

 Jajajajaja. 

 

Ah Lucrecia se le empezó a dibujar una sonrisa, hasta que también estalló en carcajadas. , 

 — Si es verdad, si no os atacò en esta dudo mucho que lo haga ahora. 

 

Juan Luis se juró hacia ella por primera vez y en tono conciliador dijo.

 

—Lo veis, no debéis temer nada, y como dicen en mi tierra  es un garrapato muy gritón pero poco ñam ñam. 

Y además, el puerto cervecero es un puerto fortificado  inexpugnable, fruto de las mentes más brillantes y de la raza más brillante como es la Goblin. Contamos con los mayores y más eficaces ingenios que…

 

El discurso del virrey fue interrumpido por un gran  estruendo seguido por una bala de cañón que atravesó la ventana y se llevó la mitad del escritorio. 

 

La guardia entonces se lanzó sobre Lucrecia y la sacó del edificio, mientras que el virrey bajó los pies de lo que quedaba del escritorio, y se encendió un puro, dio tres pasos hacia el balcón. Allí observó cómo una flota de línea miraba hacia hacia ellos, bombardeando sus buques mientras una tropa anfibia ascendía por la playa. 

 

Entonces el Goblin de la peluca y la levita llamó su atención. 

 

— Cuáles son sus órdenes, oh gran y poderoso virrey — Preguntó el goblin con las piernas temblorosas.

 

Juan Luis se quitó el puro de la boca y miró a su acompañante con desprecio. 

 

— Prepucio, es hora de activar el protocolo verde moco. — Anunció lanzando el puro hacia afuera. 

 

— Euprepio su excelencia, ahora mismo libero al General Verde Moco. 


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Fasa_Ape
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Berta Había sido embarcada a toda prisa, Juan Luis Dedosmorcilleros, Virrey de Puerto Cervecero, quería tenerla lo más lejos posible y cuanto antes.

Berta se resistio, aún tenía que asesinar a los humanos que la contrataron al principio, y a alguno más.... definitivamente, tenía sus motivos para quedarse.

No era que no tuviera prisa por llegar a Goblimburgo, asesinar a un ministro y ocupar su puesto.

Tampoco era que no le molestara, que, al parecer, el gilipollas ese del delegado de la naviera enana, se hubieran enamorado de ella, y se dedicara a mandarle los regalos más absurdo e inservibles para una goblin.

¡No!, lo que realmente hacía que quisiera quedarse a toda costa, era la venganza. 

Juan Luis, tan liante como solo lo podía ser un umpalumpa, y tras mucho insistir "por el bien de Goblinburgo" a fin de conseguir más información en el futuro y lograr que se hicieran más tratos con Puerto Cervecero, la había convencido para, acostarse con Sity antes de permitirla partir hacia Goblinburgo,.

La idea repugnaba a Berta, no sólo porque el humano obeso le resultaba asqueroso, es que ella creía que, entregar su cuerpo a cambio de dinero o información, era prostituirse, y ese concepto era totalmente alienígena para una goblin.

Los goblins eran una especie de vidas cortas, además tenían una alta tasa de mortalidad, no tenían tiempo que perder en los elaborados rituales de apareamiento de otras especies, tenían que reponer números de continuo, esa era la razón por la que eran tan liberales con el sexo.

Tanto los machos como las hembras goblin tenían un elevado apetito sexual, todos los goblins tenían acceso al sexo sin complicaciones, bastaba con pedirlo sin muchos rodeos, esa era la razón por la que la prostitución no existía en la sociedad goblin. 

Berta no había nacido ayer, savia que las mujeres humanas y elfas se prostituían. No sabía si lo hacían las enanas, era raro ver a una enana fuera de su casa, Berta creía que era porque los enanos se avergonzaban de que fueran casi indistinguibles de ellos.

Aún así, Berta no podía comprender el concepto, y le parecía intrínsecamente malo. 

Dos días antes de ser embarcada por la fuerza, Berta, accedió a una de las invitaciones de Sity.

Berta, vestida de punta en blanco, al estilo de las damas goblimburguesas, llego a la finca de Sity, y bajo del elegante coche de garrapatos prestado por Juan Luis. Quería despachar aquello lo antes posible. Era cierto que si estaba excitada, podía tener sexo casi con cualquiera o con cualquier cosa, pero el humano obeso no entraba entre sus gustos. 

Se encontraron en una galería llena de cuadros y otras obras de arte, aun que para Berta, no eran mas que basura, un humano calvo tocaba un adornado clavicémbalo, para ambientar la reunión.

Tras una serie de galanterías que aburrieron mortalmente a Berta, decidió que era hora de ponerse al tema, a ver si le daba tiempo de llegar a la hora feliz en la Babosa Mofeta, su taberna favorita. 

-Bueno ¿y como lo hacemos? - pregunto Berta intentando parecer dispuesta. 

Sity, se arrodilló a su lado, el clavicémbalo seguía sonando, levantó la barbilla de Berta con un dedo. 

-Baronesa, es usted una muñequita, una bonita muñequita verde, con demasiado carácter, ¡yo os domare!- sin previo aviso, Sity, le dio un guantazo a Berta que la mandó por encima del sofá más cercano, después, se lanzó sobre ella y le arrancó la ropa. 

Dos horas después, Berta estaba hecha un ovillo en un rincón del sofá, estaba magullada, amoratada y muy dolorida. Sity había abusado de ella de todas las formas imaginables y de algunas inimaginables, el clavicémbalo no había parado de sonar en ningún momento. 

El humano obeso, se vestía con calma -estoy deseando que llegue nuestra próxima cita, tal vez deberíais mudaros aquí, conmigo, no os faltaría de nada-. 

Berta, no contesto, se juro a si misma, que torturaría y mataría a ese humano gordo y repugnante, ¡aún que fuera lo último que hiciera!.

La goblin, recogió los restos de su ropa, sin decir una sola palabra, salio de la sala como pudo y volvió al coche de garrapatos, ordeno al cochero ir directamente a la Babosa Mofeta, una vez allí, le dio una paliza al dueño del local, echo a todo el mundo, y empezó a bebérselo todo.

Cuando el altercado llego a oídos de Juan Luis Dedosmorcilleros, se presento allí con dos docenas de sus guardias.

Después de ver el estado lamentable en el que se encontraba Berta, y de que esta le contara lo sucedido, Juan Luis Dedosmorcilleros, decidió que lo mejor para la joven goblin era salir de El-Higolann, lo antes posible, no podía tenerla por allí, sabía que Berta, mataría brutalmente a Sity a la más mínima oportunidad.

Sabia que aun que no había dicho nada, Berta le culpaba a el de aquello, no podía quitarle la razón, pero ¿como podía saber el que, los humanos se vuelven tan bestias cuando follan? la perfidia humana no conocía limites. En otra situación, Juan Luis la habría ayudado encantado a hacerse un llavero con las pelotas de aquel cabrón, pero necesitaba a Sity vivito y coleando, era mejor que Berta saliera de allí.

Ordeno que fuera embarcada en el primer barco que zarpara hacia Goblimburgo. Por su propio bien, no debía estar sola en ningún momento, hasta que estuviera acomodada abordo y bien lejos del puerto.

 

Dos días después, la carraca correó Reina María Castaña, en la que viajaba Berta, fue lo primero que salto por los aires, la goblin salió despedida de la cubierta.

Por fortuna, su barco apenas había traspasado la rada del puerto. Nado hasta el espigón más cercano y salió del agua como una rata mojada. Todo para ver como una flotilla humana tomaba posición, los barcos iniciaron un bombardeo de saturación para cubrir el inminente asalto anfibio.

Unas caóticas horas después, Puerto Cervecero estaba sitiado por mar y tierra.

Berta se encontraba en un salón del palacio del virrey, la acompañaban: Juan Luis Dedosmorcilleros, virrey de puerto cervecero. También la señora Florinda Piñitospodridos, la casera de Berta, que por alguna razón, había sido elegida como comandante de la milicia ciudadana. Y por último, Euprepio, el asistente del virrey, también se encontraba allí, enredando con una bola de cristal.

Estaba previsto que el general Verde Moco estuviera presente, pero sus obligaciones en las murallas no le habían permitido asistir.

Berta tenía entendido que era todo un personaje, tenía que serlo, porque un goblin la tenia que liar muy parda para que le encerraran solo por: escándalo público, exhibicionismo, proposiciones indecentes al asistente del virrey y darse a la fuga a hombros del mismo asistente del virrey.

Euprepio, el esmirriado asistente del virrey, por fin logro encender la bola de cristal, en ella se vio en primer plano la cara de un goblin anciano, era bastante gordito, tenía un ojo morado y el labio partido, Berta reconoció de inmediato al ministro Tolentino Rascanapias, era algo así como su padrino.

Sacudía su bola de cristal, con los dedos llenos de anillos dorados y muy brillantes, que golpeaban el material de la bola.

-¡No funciona! ¡No funciona! Rufina, cariño, esta bola no funciona- Grito el viejo goblin.

-¿Le has dado unos golpecitos amistosos con el martillo?- Pregunto la voz de una vieja goblin.

El viejo goblin siguió sacudiendo la bola hasta que se dio cuenta de que ya funcionaba.

-¡Ya no hace falta, ya funciona! Buenos días, menuda habéis liado- Tolentino jugueteo con sus anillos. -Los ministros hemos tenido que reunirnos de urgencia, tras un debate de lo más elegante, hemos decidido por tres narices y un brazo roto contra cinco ojos morados y una contusión cerebral, que...-

la de vueltas que le daban a las cosas los ministros, pensó Berta, ella lo habría resuelto con dos rodillas dislocadas y tres amenazas verbales

- Hemos decidido- continuo el ministro- que llevábamos buscando un casus Belli desde que firmamos el tratado de Punta Cuervo, aun así, si declaráramos ahora la guerra, nos enfrentaríamos solo al ejército personal de un hombrecillo insignificante, venceríamos con facilidad, pero no ganaríamos nada- Florinda Piñitospodridos, la casera de Berta, empezó a roncar ruidosamente.

El ministro la ignoro y continuo -De momento, elevaremos una queja formal a la corte imperial, a la vez, ya hemos dado orden a nuestra flota pirata de que rodeen toda la isla de El-Higolan, saquearan y hundirán a todos, y digo todos, los barcos que entren o salgan de la isla. Nadie nos puede culpar directamente porque un grupo de emprendedores allá decidido ganarse la vida con un poco de honrada piratería- El ministro parecía empezar a molestarse con los ronquidos de Florinda -también se desplegaran equipos de agentes de la hermandad de los cuchillos largos, que envenenaran pozos de agua, mataran ganado y quemaran graneros por toda la isla. Cuando la situación sea insostenible, desplegaremos a nuestra armada real y desembarcaremos una fuerza de intervención para "pacificar" El-Higolan y poner a salvo a nuestros colonos, de esta forma y de facto, nos anexionaremos toda la isla, los indígenas nos tomarán por salvadores, y ni la corte imperial podrá poner objeciones, lo único que tenéis que hacer, es aguantar unas semanas- concluyo el ministro.

-Ahora, quiero hablar en privado con Berta, sacar a esa señora rara de mi vista- el ministro estaba tocando su bola de cristal con la punta de la nariz.

Juan Luis Dedosmorcilleros hizo un gesto con la cabeza a su asistente y abandono la sala, el esmirriado Euprepio, con su peluca torcida y su levita, saco arrastras a Florinda, que estaba más dormida que una piedra.

-Berta Panduro, te dábamos por muerta en la purga de Castelnuovo- dijo el ministro con una mezcla de fastidio y orgullo, pero ninguna sorpresa.

-Últimamente, me lo dicen mucho- dijo Berta sin miedo.

-La última vez que te vi, tenías los dos ojos- dijo Tolentino Rascanapias con paternalismo, fijándose en el parche que Berta llevaba en el ojo izquierdo -en fin, ya sabes que la condena por deserción es la muerte. No pasa nada niña, si te quisiéramos muerta ya lo estarías, lo sabíamos desde el primer día-.

-Pero ¿cómo?, he tomado todo tipo de precauciones- dijo Berta empezando a sentir un sudor frío.

-¡no pongas esa cara!, nos lo contaron los cuervos, ¿o es que crees que nuestros únicos ojos y oídos sois los agentes de la hermandad?- el ministro entrelazo los dedos llenos de anillos. -de momento y aprovechando que estás allí, continuaras como plenipotenciaria del virrey, ayudaras en la defensa todo lo goblinmente posible- La voz de la vieja goblin que debía ser la mujer del ministro lo llamo a comer- Parece que tengo que cortar, solo diré que, algún día, serás una gran ministra, pero te falta paciencia. Dicho esto y como muestra de buena fe, de parte de todos los ministros, te regalamos tu propio cuervo-.

En ese momento, un cuervo enorme grazno en el alfeizar de la ventana, Berta dio un salto del susto.

Berta estaba entusiasmada, una sensación rara en ella -¿Cómo se llama, que sabe hacer?-.

-Se llama Sobras, y no sabe hacer absolutamente nada, es el pájaro más tonto que hallamos criado nunca, pero queda chachi posado en el hombro- el ministro cerro la conexión.

Berta se preguntó como podría llevar ese cuervo sobre el hombro, si era casi tan alto como ella.

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Higo Chumbo
(@higo-chumbo)
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Iniciador de tema  

Resumen de todos los hechos notables acontecidos en la majestuosa isla de El-Higolan, hasta mi último relato del 23/09723.

 

El conde Lucano, un buen día se escapa de casa y abandona su cargo como gobernador imperial de la Isla para vivir una aventura de juventud, y para ello cede todos sus poderes a su hija. Pero  Lucrecia, preocupada por la salud mental de su padre va en su busca, y además va en busca del anillo de su padre, que es parte reliquia familiar superpoderosa como sello para legitimar sus acciones en la corte. 

 

Mientras tanto, una asesina Goblin llamada Berta Panduro, es contratada por un hombre misterioso para matar al Conde y hacerse con el anillo. 

 

Lucrecia y Berta encuentran al Conde en el templo de la “Madre verde” donde él espera encontrar una de las 7 coronas de las Reinas Brujas de El-Higolan. 

Tras una pelea contra las momias, Lucrecia consigue el anillo y Berta da por muerto al conde. 

Una vez con la legitimidad encontrada Lucrecia recibe la visita del severo Barón Igben, uno de los señores feudales de la Isla y antiguo Corregidor Imperial (al que ya nadie hace caso). 

Este señor reclama a Lucrecia la devolución de una tierras que le expropió su padre, para construir junto a los Goblins la colonia de Puerto Cervecero. Como no consigue lo que quiere, amenaza con conseguirlo por la fuerza. Cuando Lucrecia va a avisar al Virrey de este asunto, Igben desata su ataque sobre el puerto. 

Mientras tanto Berta, trabaja para el virrey en una misión de infiltración en una fiesta del mayor comerciante de la Isla, el Sr. Sity. 


El escape de Puerto Cervecero. 

El sol se oscurece por las cenizas mientras el fuego ilumina las calles de Puerto Cervecero. 

El caos y el pillaje que se desata por toda la ciudad, la ciudadanía  corren en estampida de aquí para allá, saqueando las casas de sus vecinos o los cuerpos de estos mismos.  Mientras que el ejército de intrépidos y  borrachos intentan detener el avance del enemigo en las murallas. 

Una gran multitud se ha reunido en las puertas de la ciudad clamando por escapar,  pero el virrey ha dado orden de no dejar salir a nadie salvo a la Condesa Averil. Pepo, el portero mayor, sigue con diligencia la orden y mediante su unidad de Serenos impiden a golpe y porrazo que ninguno de sus nobles ciudadanos crucen el umbral. Pero de entre la masa verde que se pelea por salir, surge una carroza escoltada por 5 jinetes azules. La cual se abre paso entre los guardias hasta cruzar el gran pórtico que se abre y se cierra por completo tras ellos. Pepo atranca el portón y al subir a las almenas de la muralla escucha una fuerte explosión surge de una colina cercana y ve como una gran bola de fuego se dirige hacia ellos.

 Lucrecia observa cada vez más lejos como el gran proyectil de fuego se extiende por toda la plaza arrasando con todo ser viviente. 

— ¡Ese hijo de la gran puta! ¡Me las va a pagar! ¡Os juro que me las vais a pagar muy cara   Igben!-- Grita Lucrecia alzando el puño al aire.

 

Pero Pepo, el enano goblin, ha sobrevivido y tras quitarse un cascote de encima se atusa el polvo del abrigo y llama al resto de su unidad con un fuerte chillido de su silbato para seguir defendiendo la puerta.  

 

Al día siguiente, el sol se refleja en las pecheras de la caballería enemiga. Los Cascos de Hierro, esperan pacientes la orden de su señor, el cual observa irritado como sus soldados intentan tomar los muros de la ciudad, sin mucho éxito. Pues las tropas del Virrey plantan cara al enemigo con todo lo que tienen a mano. Los sitiados, han llegado a lanzar por las catapultas, garrapatos en llamas, garrapatos rabiosos, hasta tinajas de orines y heces para entorpecer el avance del enemigo. 

Ante tal indignación, Igben en un ataque de ira desenfunda dos pistolones con los que empieza a disparar  al aire como loco. Las personas que andaban junto a él, se tiraron al suelo asustados. Después de quedarse sin munición, un valiente criado le acerca una carta sellada. Igben se la arrebata con fuerza y tras leerla un momento, la deja caer en el suelo mientras una violencia mal contenida empieza a dibujarse en su rostro hasta que de pronto ordena a sus generales grito pelado: «¿Que la mitad de las tropas marchen contra Puerto del Higo, de inmediato! ¿De inmediato! Quiero ver esa ciudad reducida a cenizas y a la puta de Lucrecia con la cabeza en un pica »

Sus generales, tratan de disuadirlo  pero él no atiende a razones y les arroja sus pistolas para que se pusieran en marcha.  El general Arsenio Tomás Igben, toma el mando de  la caballería para marchar al galope y seguir las órdenes de su señor.

Mientras tanto Lucrecia llega con su escolta para preparar la defensa de la ciudad. 

 


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