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Asustachownding Tales

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CoquinArtero
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La ¿Historia? de nuestro hospital y su personal.

Hace poco, justo cuando celebrábamos la calurosa acogida que tuvo el primer ejemplar de esta, nuestra revista, en uno de esos silencios que suceden de manera fortuita cuando el entorno y las personas callan sin más, con afán de que el ánimo no decayese, preguntamos a Palmiro en qué estaba pensando.

—¿Alguno de ustedes recuerda por casualidad el nombre de cualquier persona que trabaje en el hospital?

Resulta que como muchos de los que en alguna ocasión han pasado algún tiempo fuera del pueblo, nuestro amigo Palmiro tuvo que ser internado en un sanatorio mental de esos tan acogedores de la capital.

Sepan de antemano que nuestra intención no es en ningún caso, la de comparar nuestros servicios sanitarios con los de ningún otro lugar. Dudamos que exista queja algúna de su efectividad. De hecho: lo hemos comprobado.

El asunto que nos ocupa es que Palmiro, cuando volvió de la capital, guardaba gratos recuerdos de las personas que lo atendieron durante su estancia. Recuerda nombres, apellidos, cargos, vivencias compartidas… cuando menos, se acordaba de todos sus rostros.

Ahora es cuando viene la pregunta incómoda: ¿Alguien recuerda cualquiera de esos rasgos de los que hablamos? ¿Algún nombre? ¿No? Pues nosotros tampoco y consideramos que eso se merece una investigación.

Al consultar en los registros del ayuntamiento, como era de esperar, no encontramos gran cosa. Es como si constantemente nos topásemos con una barrera de burocracia densa y pegajosa de la que terminas asqueado, a cambio de cuatro referencias que podríamos haber encontrado por internet. Así que arrancamos hacia la capital con los datos del catastro de las instalaciones de nuestro querido Hospital de Los Lirios bajo el brazo.

Descubrimos que el hospital tiene la misma edad del pozo. Es decir: no se sabe. Al consultar en los datos de la seguridad social, nos contestan que al ser el único pueblo de la comarca, tenemos un sistema de seguridad social interno ¿Ustedes lo sabían? Todo lo administra (hemos de admitir que con notable efectividad), el ayuntamiento de Los Lirios a través de una subcontrata propiedad de la familia Valero. Sanilir & Val, Inc tel.555 714802.

Nos pusimos en contacto con la entidad y pudimos hablar con el secretario de comunicaciones de la empresa. Por suerte, tuvo a bien proporcionarnos una versión oficial a ciertas contradicciones que nos han surgido con respecto al lugar.

Según cuentan:

El pueblo se fundó alrededor del pozo y el hospital ya estaba ahí. En las inmediaciones. Antes de la existencia de Los Lirios, proveía del esencial socorro al transeúnte pero en esos días no se le llamaba hospital, era una quinta de socorro regentada por un grupo de monjes de clausura. Con el paso de los años se institucionalizó la quinta llamándola hospital, y se fue renovando la plantilla aunque conservaron el hábito de convivir en el lugar de trabajo.
Les preguntamos por la identidad de cualquiera de sus trabajadores, alguna investigación, un referente del que estar orgullosos como sistema de salud independiente del estado, y contestaron que la nueva ley de protección de datos les impedía contestar a esa pregunta.

El siguiente paso fue acudir directamente al lugar. Como en el caso de los bungalows abandonados, nos acercamos y mientras unos observaban el entorno, el resto entramos a buscar algunas respuestas.

Los compañeros en el exterior tomaron cientos de fotos del edificio y en ninguna se vio a nadie. Total ausencia de movimientos en las ventanas. El aparcamiento estaba vacío y desde su punto de vista, el interior también.

Los otros tres integrantes de la partida de investigación entramos al mismo tiempo en el recinto. Todos juramos ver salas de espera llenas de gente y mientras dos de nosotros nos dirigimos a recepción, Palmiro, el tercero, intentó escabullirse por las instalaciones en busca de algo de información relevante.

Salimos del lugar, juntos. Cogidos de la mano y con la mente completamente en blanco. Ninguno recordamos nada de lo que allí pasó durante el tiempo que estuvimos en las instalaciones: un lapso de tres horas y cuarenta y cinco minutos, según nuestros compañeros del interior.

Por desgracia, como en la mayor parte de nuestros artículos, sólo podemos señalar con nuestras plumas allá donde se encuentra el misterio y la contradicción de este sacrosanto lugar que es el pueblo de Los Lirios.

De algo podemos tener certeza desde la redacción de Asustachownding Tales y es que, a partir de ahora tienen ustedes un motivo más para salir y hacer preguntas, fijarse en el pueblo que nos rodea y nos vio nacer para en última instancia, concluir que algo extraño está pasando. Y nos tiene Asustachond@s


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CoquinArtero
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De niños a todos nos cogía por sorpresa ese primer encuentro con la muerte tan típico de nuestro pueblo. Después de un tiempo, al tratar con otros núcleos urbanos como los de la capital, nos damos cuenta de que no es plato de buen gusto para nadie, el hecho de ver como una manta de escarabajos deja pelado hasta los huesos el cadáver de algún familiar querido.

Hay que reconocer de todos modos, que una vez preparados en salsa de Rono, son un manjar que además de estar terriblemente delicioso, nos ayuda a asimilar mejor el proceso de la muerte.

¿Quién no se ha imaginado cómo debe sentirse que cientos de escarabajos se lo coman a uno al son de interminables plegarias en el idioma de los antiguos?

Personalmente, no conozco a nadie que recuerde quién le enseñó la cancioncita de marras y sin embargo, llegado el momento nadie necesita que le recuerden la estridente letra.

Es un proceso que no corresponde a religión ni filosofía alguna de cuyo origen nos hemos visto obligados a exponer una serie de dudas.

El registro histórico oficial ha resultado ser un enorme aliado durante la investigación pues su conserje, el muy ilustre Arturo Lisa Flo, se comprometió en todo momento a facilitarnos la indagación de los datos que procedemos a exponer.

Para entender el funeral Rono, antes debemos conocer a los escarabajos de la Valeriana. No deben su nombre a su relación con la planta sino con la cueva de los Valero. El único lugar conocido donde se encuentre este tipo de insecto.

 Para cazarlos, solo debemos depositar un pedazo (normalmente un  dedo) del muerto, en el interior de una caja abierta en las inmediaciones de la cueva. Que sea lo suficientemente grande para albergar unos pocos cientos de ellos. Si tenemos en cuenta que se trata de escarabajos que oscilan entre los cinco y siete centímetros, la caja de una lavadora serviría, por poner un ejemplo, para un cuerpo de ochenta kilos de peso.

El siguiente paso sería preparar al difunto dentro de un ataúd de cristal, de esos que hoy se venden de metrakilato. Lo importante es que sea transparente porque los más jóvenes deben ver lo que allí sucede. 

Colocamos el muerto completamente desnudo en su interior, cubrimos el ataúd de agua y vertemos varios puñados de sal gorda durante toda la noche.

Al llegar el nuevo día, son sus más allegados los que tienen la obligación de vaciar el agua con la típica tacita ceremonial entre cantos tan graves que a veces se funden con el vibrar de las paredes y hasta el suelo parece temblar. Una tarea que puede llevar varias horas

Una vez seco pero bien empapado por dentro de agua salada, se hace pasar al resto de los familiares que se sitúan en círculos concéntricos alrededor de la caja transparente. Los círculos más cercanos se reservan para las personas más bajas con el objetivo de poder apreciar todo el proceso con claridad. Una vez situados cada uno en su lugar, el maestro de ceremonias empieza a verter los escarabajos en el ataúd, que empiezan a comer inmediatamente.

Después de una escena sin cortes de al menos diez minutos, llenas de cantos , lágrimas y traumas varios en los novatos, los escarabajos quedan cansados y casi sin movimientos de lo satisfechos de carne que terminan. Momento que aprovechan todos para recoger rápidamente y entre risas, el mayor número de ejemplares y arrojarlos en una olla con agua caliente que espera en la habitación contigua.

Acto seguido pasan todos al comedor, donde después de unos minutos, los hijos del fallecido, o en su defecto los familiares más cercanos, sirven en ampliar bandejas a los escarabajos bañados en la salsa que da nombre a todo el ritual.

El sabor resultante es tan exquisito que, sin rubor, algunos empiezan a bromear durante la comida con sus mayores acerca del momento de su muerte o les invitan a dejar de fumar para que sus escarabajos Valerianos no adquieran mal sabor.

El señor Flo nos confirma que la receta permanece sin variaciones desde principios del siglo VXI y que en esta zona, siempre se ha hecho así.

Es cierto que existe un pequeño cementerio para los nuevos pobladores del polígono de viviendas aunque dudamos desde esta redacción, si después de ser invitados a un funeral Rono, querrán privar a sus seres queridos de la mejor de las maneras de comerse a un difunto.


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CoquinArtero
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La guerra entre familias de la que nadie quiere hablar

Pelderata Inc. Entramado empresarial que abarca la práctica totalidad de los comercios en la zona de las raterías, podría ser un imperio a nivel nacional. Por supuesto, no lo es. El grupo de empresas se comporta como un núcleo familiar regido por el apellido Morente.

Los Valero y los  Morente tuvieron que aprender a entenderse por una suerte de imposición externa creando entre sí una relación simbiótica que impide a ojos vista, el desarrollo de Pelderata por encima de lo que ya es. Una regla a la que obedecer a cambio de no tener que pasar por un suceso harto traumático. Lo llamaban La venida del viajero y, representado en el tapiz que preside la sala consistorial del ayuntamiento, nos cuenta a quien sabemos aún interpretarla, la historia de una rencilla familiar que terminó dando con el nacimiento del núcleo urbano que hoy conocemos como Los Lirios.

Para leer el tapiz, debemos saber, como de hecho habremos comentado ya, que la familia Valero, la de nuestro alcalde, ese que esconde un gran secreto, siempre ha vivido en el valle. Un barranco que en ocasiones puede parecer asalvajado e indómito pero sembrado de terrenos propiedad de esta familia. No fue hasta hace unos trescientos años, década arriba, década abajo, que el general retirado Augusto Morente apareció con su familia y servicio para acamparse junto al Pozo durante, en principio, una corta temporada.

No tardaron en darse conatos de enfrentamiento por la propiedad y usufructo del mismo, hasta que en una noche de tormenta como hay pocas reflejadas en los anales del pueblo, ambos clanes terminaron enfrentándose con violencia.

La obra nos muestra la figura de oscuras bestias a medio borrar guardando las espaldas de ambas familias, cuerpos desmembrados y algún tipo de ofrenda-sacrificio a las profundidades del Pozo.

Dejando de lado la maravillosa imaginación del grupo de artistas que pudo haber ejecutado tan excelsa obra, podemos llegar a dirimir que esa noche se produjo un encuentro en el que no debemos descartar la existencia de bajas por ambos bandos.

En la parte central es cuando la mayor parte de los habitantes de la comarca no han tenido a bien interpretar adecuadamente pues, el lenguaje escrito que acompaña cada una de las secuencias del tapiz, o se ha emborronado también, o con el paso del tiempo, el leguaje ha evolucionado hasta perder el sentido. En esa parte de la obra se condensa la información más relevante de esta larga historia. Un tercer personaje aparece entre las nubes montado en una especie de artefacto metálico, portando en una mano la placa de metal que adorna el muro del Pozo, y una enorme rata brillante en la otra. Una imagen que de manera involuntaria, ha pasadoa  ser el símbolo de nuestra bandera y adorna las camisetas de nuestros jóvenes.

Este personaje, ataviado con una boina, de cara y gafas oscuras cuadradas y expresión hierática enmarcada por una sotabarba aún más cuadrada, se nos presenta como un ser anacrónico que impone la paz entre las familias gracias al recurso que impulsó el desarrollo de nuestra comunidad: la Epidemia Estacional de Ratas.

A día de hoy, ambas familias mantienen una relación bastante evidente de amor-odio, en la que, aunque entre ellas constituyan los pilares principales de nuestro desarrollo, nos dejan ejemplos como el de las “casas vacías”, que evidencian una rivalidad no violenta.

De toda esta historia, desgajamos varias incógnitas a desarrollar, como pueden ser:

                -¿Qué decía la placa de tan extraño personaje? Todos podemos acercarnos y comprobarlo pues se entienden claramente las palabras Punto de anclaje en el tiempo.

                -¿Acaso es este señor responsable de la EER? Todo indica que sí.

                -¿Quién es este extraño personaje? Es curioso observar que la única inscripción de la obra que se conserva aun legible, sea precisamente la que se refiere a la llegada del visitante:

Mi nombre es Riouk Art, noveno y último agente de la Cofradía de la Frontera.


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CoquinArtero
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En realidad parece una pregunta absurda ¿De dónde saca la carne la hamburguesería junto al Pozo? Es absurda porque todos sabemos que la respuesta es obvia: del Pozo.

     Ahora bien, como viene siendo necesario recordar a nuestros conciudadanos de vez en cuando, la carne del pozo debe ser mezclada para neutralizar los efectos secundarios que de manera natural ésta provoca. No debemos olvidar la epidemia de alucinaciones que se dieron cuando los nuevos habitantes del polígono, descubrieron que esa carne era comestible. La limpieza duró varios días.

     Lo normal suele ser la mezcla a partes iguales con la carne de rata estacional; mezcla que otorga su característico sabor picante a casi todas las viandas oriundas del pueblo de Los Lirios. Sin embargo, después de preguntar a los proveedores del recinto de Las Raterías, llegamos a una siniestra conclusión: Las cuentas no salen.

     Todos comemos allí al menos una o dos veces por semana. Somos muchas personas con una boca cada una y los proveedores de carne de rata, lejos de experimentar pérdidas, sospechan de un lucro cesante derivado del suministro que recibe una vez a la semana el comercio en cuestión.

     Hablamos de dos trailers de doce metros rotulados con el emblema de la corporación Far Oh la Inc. que, entre otros productos, comercia también con carne de fuera del valle. Por supuesto que tenemos ganado de todo tipo aunque prefiramos la carne de rata estacionaria. Eso no evita que conservemos la duda de qué clase de animal viene la que ingerimos con esa mezcla que la hamburguesería “El Pozo” nos da.

     Probamos a mezclarla con vacuno, con porcino, ciervo, conejo… hasta algún gato cayó pero seguimos sin dear con el sabor.

     ¿Se tratará de alguna mezcla de especias? ¿La salsa? Imposible. No hay nada más fácil que entrar a trabajar unos días en la hamburguesería para comprobarlo. El sabor casi adictivo de esas hamburguesas viene de la carne que, la mayor parte de las veces, solo tiene como condimento el aroma del carbón y la sal del valle.

     Todo indica a que el secreto será desvelado en breve. Justo cuando desde la Capital se dignen en remitirnos el resultado de los análisis que encargamos hace ya dos meses a día de hoy.  Cabe señalar en esta parte de nuestra investigación, que al enviar las muestras por correo nunca llegaron a su destino. Descubrimos que algunas eran devoradas al final del camino y otras ni siquiera terminaban por salir del pueblo.

     Este que está aquí no les culpa. Podríamos decir que son demasiado atractivas, aromáticas y apetitosas como para dejar pasar la ocasión de meterte una en la boca. Por eso nos armamos de valor y hamburguesas para el camino con el fin de llevarlas en persona a los laboratorios. Dato curioso: todos los laboratorios de la Capital pertenecen a la corporación ya mencionada.

     Esperamos que para cuando nos remitan los resultados, la redacción de éste, nuestro querido medio de expresión, siga funcionando así sea con la precariedad de la constante huída ante los poderes fácticos de nuestra comunidad. Esos que sí que lo saben todo, controlan todo y a todo contestan que eso, en realidad es otro quien lo controla.

     Por último y por ello no menos importante, nos gustaría dejar claro que no existe registro alguno que constate intoxicación, atragantamiento o empacho relacionado con la carne de la que venimos hablando todo el camino. La carne de la hamburguesería El Pozo, no es mala.  Eso debe quedar claro por encima de todo.

     Esa carne no es mala… solo… rara.


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CoquinArtero
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A estas alturas todo el mundo debería saber que en el sacrosanto pueblo de Los Lirios, se observan más fenómenos fuera de lo fácilmente explicable que Gravity Falls y eso, cómo no, genera miles de dudas sobre las religiones que se puedan practicar dentro de la comunidad.
Ni siquiera el sanatorio de monjes que en su día fue el hospital, ha dejado del todo claro a qué clase de doctrina profesa su fe. Algún budista se pudo colar un día hasta que por casualidad probó la carne del pozo pensando que era alguna suerte de cúmulo de algas comestibles. Desde entonces vive aislado en una de las viviendas de la plaza y canta cosas constantemente adorando a quién sabe qué bicho. Podríamos incluso decir que no tenemos iglesia como tal para sentenciar con un enorme: pero tenemos templos en todas las calles.
Es una de las bellezas del pueblo: puedes pasar de cántico en cántico y a través de cientos de rituales de sacrificio y no llegar a adivinar cuál es la deidad oportuna en ese momento. Uno puede nacer siendo adoctrinado en el presbiterianismo, coquetear con zaratrusta y volverse seis veces ateo antes de entrar en primaria. Por eso mismo, nuestro pueblo no tiene religión oficial alguna.
Según explicó en su día nuestro polémico alcalde don Vicente Valero, lo más posible es que en el fondo todo esté regido por el poder de la física y la química. Esos seres extraños con los que convivimos, todos los fenómenos que los rodean, podrán ser ajenos a nuestro entendimiento mas, no por ello, significa que detrás exista algún tipo de conciencia superior, nada rije nuestros destinos…en caso de existir, nos es incomprensible y tan variado que, desde este ayuntamiento no va a ir ni un solo shméckel a congregación cultista alguna. Métanse en agrupaciones culturales si lo que quieren es una subvención.
Es por eso que, en cualquier otro sitio, cuando uno ve alguien cargando un cirio, vistiendo túnicas o cantando ominosamente canciones en edificios con eco, lo primero que piensa se diferencia mucho a nuestra forma de percibir dichas costumbres. Nosotros relacionamos todo eso con el sexo. Mucho sexo.
Toneladas.
Ojo, epifanía al canto ¿No deberíamos acaso considerar la incesante, frenética y armoniosa afición al sexo de nuestros vecinos como una religión verdadera?
Desde nuestra redacción tiramos ese pañuelo porque, aunque no lo parezca, aquí somos pocos y conocemos a casi todo el mundo. Sabemos bien lo que nos gusta, lo que gustará a nuestro vecindario.
Fundemos la orden del Santo Orificio, adoremos la trinidad masturbatoria, consideremos templos sagrados a los salones de fornicio y nombremos a Paco, dueño del Sex-shop, nuestro párroco oficial, seamos sus feligreses, y repartámonos hostias allí donde nuestra nueva religión nos permita.
Debemos aprovechar una oportunidad única donde la moral y los preceptos de difuntos desconocidos no pretendan iluminar nuestros pasos ni una sola vez más. Una oportunidad de rezar con la sinceridad que nos dicte el cuerpo y donde los anticonceptivos disfruten de impuesto súper reducido. Estamos justo en ese momento donde por fin los mártires para serlo, deben morir follando.
De esta forma, no tengan dudas iremos todos juntos al cielo y, otra vez cómo no, en pelotas. Como la naturaleza nos trajo al mundo.
Besitos


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CoquinArtero
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Querido vecindario. Hasta ahora no quise creer que quien quiera que estuviese tras todas las anomalías que cohabitan en el pueblo, fuese a encontrar el epicentro de ese foso oculto de información desde el que les he escrito todo este tiempo, pero ha pasado. Encontraron nuestro sótano y entraron deslizándose para arrastrarme hacia alguna suerte de prisión.

     Así se respeta desde las fuerzas del ayuntamiento a la libertad de expresión. ¿Acaso no tenemos derecho a cuestionar su buen hacer, el origen de nuestras costumbres, las sombras que oscurecen nuestro día a día?

     Ustedes, queridos lectores me preguntarán qué pruebas puedo presentar para dar autoridad a mis acusaciones, pero es que no puede ser de otra forma pues Asustachownding Tales constituye mi única actividad desde hace demasiados años. Está claro que no vi a Valero aparecer por las instalaciones. No hizo falta. La actividad diaria consistió en machacarme hasta el hastío para convencerme de que vivo en una realidad que no es tal. Que tengo una familia y me echa de menos, un trabajo, padres…
Pues no, señoras y señores. Cuando tuve el valor de reaccionar fue en el momento en que decidí que lo único que siempre he tenido es mi obligación moral de destapar todas y cada una de las miserias de nuestro bienamado pueblo de Los Lirios.

     Me obligaron a reconocer que mi mundo solo existe en mi cabeza ¿Se lo pueden creer? Intentaron lavarme el cerebro. La Epidemia Estacional de Ratas, el alcalde Vicente Valero, el Pozo, Riouk, todos ustedes… tuve que negarlos a todos como un apóstol arrepentido hasta que me gané su confianza.

     La prisión: una habitación recubierta de azulejos con un desagüe justo en medio y una toma de manguera colgando del techo, dormía en el suelo duro y frío. No quisieron darme una manta hasta que no besé las manos de una señora a la que llamaban mi mujer. Le besé las manos y lloré amargamente por la impotencia y el orgullo herido. Me sentí prostituído, sucio, pero esa noche dormí cubierto por primera vez en un largo número de días que tampoco puedo determinar.

     Estuve drogado en todo momento. No sé cuánto tiempo permanecí apoyado babeando contra los azulejos y deseando volver a escribir. Esa es otra: lo necesitaba tanto que una noche intenté redactar otro artículo y memorizarlo para cuando estuviese por fin libre. no quisieron darme materiales. Ni papel ni lápices ni... pasé la noche enfocando la vista en una pared llena de caracteres incomprensibles, escritos con mis desperdicios. Por desgracia y pese al esfuerzo, a día de hoy no me acuerdo de qué decía allí.

     No importa. Ahora ya nada importa.
Decidí que la única manera de escapar sería a través de un gran sacrificio. Debía actuar con inteligencia y ser más rápido que ellos, así que cuando estuve seguro de que mis carceleros miraban, estampé varias veces mi sien contra uno de tantos azulejos que al romperse, cambiaron de blanco a carmesí. Los pies me bailaron y olvidé por completo lo que significaba arriba o abajo. Después de eso floté durante unos instantes que parecieron ser eternos. Creí estar de vuelta, pero aún quedaba camino por recorrer para eso.

     Recobré completa conciencia de mis sentidos cuando alguien trasteaba con aguja e hilo justo sobre mi ojo. Este charlaba tranquilamente con su compañero que debatía pormenores de su labor en el presidio a un par de metros de mi camilla. Me dejé hacer. Me costó fingir que seguía dormido pues ni se molestaron en anestesiarme la herida. Mantuve mi cuerpo inmóvil, no mostré reacción esperando el momento adecuado para salir corriendo y volver a mi labor.

     Creían que no iba a ser capaz pero esa enfermera sí que lo creyó. Lo noté en su mirada asombrada en el momento de enterrarle las tijeras en el oído. Su compañero, cobarde no se movió del sitio. Solo miraba con los ojos anegados en lágrimas a su compañera.

     Salí corriendo de allí, atravesé cientos de galerías en las que tan solo pude oír mis pasos a la carrera, mi respiración y el agitar de mi batín con el movimiento.

     Por fin encontré una ventana que atravesé de un salto para caer directamente en el terreno circundante al Hospital del pueblo. Esta vez pude recordarlo. Esta vez me convertí en el único paciente capaz de recordar algo de lo que pasa ahí dentro y nos importa a todos.

     Sé que vienen a por mí. Por suerte tardarán en encontrarme y cuando lo hagan, querida ciudadanía del pueblo de Los Lirios, sabrán que nunca podrán volver a enterrar la voz de un pueblo que escribe sus palabras en las paredes, con la sangre de sus enemigos.

     Hoy, las paredes de la casa de un importantísimo prohombre, se convertirán en páginas de nuestro periódico. El número más importante, el que marca un antes y un después en esta, su revista, la nuestra, la de todos.

     Desde Los Lirios al mundo entero y para seguir acercando a sus ojos la realidad que se nos oculta ahora y desde siempre.

     Por un pueblo limpio, por un pueblo digno y transparente llame al 555 714802.

     Muchas gracias por estar ahí. Sin ustedes, todo esto no habría sido posible


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CoquinArtero
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Querida comunidad de vecinos:

 
     Visto lo visto, parece que me he quedado sin equipo de redacción. Poco importa ya pues, me consta que, aunque las autoridades de nuestro querido pueblo de Los Lirios hayan hecho lo imposible por ocultar mi nuevo sistema de impresión, estoy seguro de que se está convirtiendo en el centro de las conversaciones más relevantes.

     El mensaje está llegando.

     Asustachowding Tales sigue viendo la luz en forma de chorreante rojo carmesí sobre paredes desnudas y en esta ocasión le ha tocado al archivero del ayuntamiento.

     Lo conocíamos como Paquito y como vecindario aprendimos a evitar que cualquiera de las gestiones pasasen dos veces por sus manos. Cuando lo veías tras el mostrador de la entrada del ayuntamiento, con su diligente sonrisa, su traje y pelo planchados y agilidad de procesamiento de datos, podía dar la impresión de que el asunto estaría resuelto en pocos minutos.
Nada más allá de la verdad.

     Ese hombre era un agujero negro de información. Un funcionario puesto en el lugar indicado para que nada que fuese importante, pudiera hacerse de manera oficial. De este modo, siempre tendíamos a recurrir al favor personal del alcalde para dar de alta una obra, un nacimiento, un acto público… todo terminaba quedando atado por los tentáculos de Vicente Valero, con la colaboración dolosa de un hombre, una entidad que en estos momentos, cuelga del ventilador del salón, ahorcado con sus propias tripas.

     Hablemos pues, de la figura de Paquito “el Tieso”.

     Llevo viéndolo tras el mostrador desde que era niño. Siempre con el mismo aspecto, nunca se le conoció familiar cercano alguno y, cual sacristán obediente y ofrecido, residía hasta el día de hoy en este reducido habitáculo anexo a las instalaciones del ayuntamiento. Como un perro guardián.

     Ahora que estoy aquí, me pregunto dónde carajo cocinaría este señor o, lo qué es peor ¿Dónde va cuando necesita ir al baño en medio de la noche? Esto es poco más que un salón con un sofá cama, una tele de tubo sobre dos bloques de hormigón y una silla bajo el ventilador. Ni armarios, ni mesa, ni cajones. Llevaba más de treinta años viviendo en este sitio.

     Paquito, cuando cerraba las puertas de su centro de trabajo, se encerraba para ver ruido blanco durante horas y horas en una tele sin antena. No consumía en los establecimientos del vecindario, no asistía a acto social alguno, solo permanecía impertérrito, enhiesto y con esa odiosa sonrisa dia tras día; año tras año.

     Podría decirse que hoy, el periodismo lo acaba de salvar de una vida de tedio infinito orientada única y exclusivamente a marear al ciudadano…

     De nada.

     Ahora llega el momento de mi mensaje personal a las autoridades pertinentes:

     Nunca podrán convencerme de su locura. El pueblo de Los Lirios merece saber la verdad y jamás podrán encontrarme sin hacer públicos los resultados de mis investigaciones.

     El barranco es más grande de lo que ustedes creen y está lleno de cuevas en las que solo unos pocos nos sabemos ocultar.
Ahora debo despedirme pues tengo planeado escribir al menos tres artículos más antes de cerrar esta nueva edición y pronto alguien se dará cuenta de que Paquito no ha abierto aún las puertas del ayuntamiento.

     Tengan buen día y… no sé… beban mucha agua.


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CoquinArtero
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Ellos me obligaron.

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Según me cuentan mis carceleros, ahí fuera todo el mundo sabe a estas alturas que han conseguido ejercer sobre mí la poderosa mano de la injusticia. En esta ocasión, limitando mi libertad de expresión al privarme de mi principal fuente de suministro. Ellos dicen que lo suyo es hacer justicia, que he matado gente, que he sido cruel, despiadado y que el pueblo entero de Los Lirios quiere que se haga justicia.

¿En serio? Tenemos tantos sucesos extraños que esto parece Gravity Falls y me quieren hacer creer que un par de ajusticiamientos llaman la atención. Pues si resulta ser verdad: tanto mejor. Mi objetivo es transmitir, a eso nos dedicamos en esta revista. Si me quitas la imprenta y el papel, te consideraré mi enemigo y denunciaré las miserias de mi pueblo (sí, el mío, el de todos), con tu sangre sobre la pared de tu propia casa. Ese será mi folio, tus fluidos mi tinta y tu muerte el reclamo; si me quitas también eso y me encierras entre cuatro paredes, seguiré teniendo tinta pues, mis venas albergan un río, seguiré teniendo las paredes de mi encierro y en este caso, mi propia muerte será el reclamo.

Nunca podrán evitar que se filtren mis intenciones. Alguno de ustedes, vulgar montón de carceleros, tendrá los arrestos de fotografiar mi último mensaje y hacérselo llegar al resto del pueblo y, de ahí: al mundo entero.

He aquí, el conjunto de mis últimas palabras.

—¿Vive usted en la parte baja del polígono residencial de Los Lirios y no soporta los gritos de terrores nocturnos de los niños? Descuide, no tenemos la solución pero en Neumáticos Valero inc, sí tenemos café. A todas las horas del día o de la noche. Acérquese; somos el último establecimiento en la salida principal del pueblo en dirección a la capital; o haga sus reservas llamando al 555 714802

—Se abre un claro entre las nubes y hemos vuelto a ver el sol, como dos presos comunes en el tejao de una prisión. Porque en saneamientos V. Alero S.A. fabricamos los mejores presos para sus cárceles. También hacemos váteres y rodapieses , pero si lo que necesitan es un preso, llamen al 555 714802.

—En el pueblo de Los Lirios no tenemos teléfono de la esperanza, tampoco un sitio de asistencia y prevención del suicidio ni un rocódromo en condiciones. Lo que sí tenemos es a un señor muy alto que lee el periódico en la estación. Todo el día, todos los días, podrá encontrarlo llamando al 555 714802.

—¿Pierde usted sangre a pasos agigantados mientras escribe anuncios por palabras en las paredes de su celda? No se diga más: padece usted exanguinamiento periodístico. Tenemos una solución para ello aunque no sea llamando al 555 714802

—¿Cuántas veces no nos habremos visto en la situación de tener que doblar a un niño cuatro veces y por H o por B, no hemos podido? Un acto típico durante las fiestas de la purga nacional que no debería verse postergado por cuestiones como desidia o sentimentalismos varios. Por eso en Animaciones y defunciones El Alcalde, los doblamos por ti en las mismas instalaciones del ayuntamiento. Contamos con serpentinas, placulemas, tornos y roscadores para una mejor experiencia de doblaje, además de servicio de fotografía y aseos unisex. Párking vigilado por Colás.

Más información a través del 555 714802

—En el entramado Pelderata, no solo nos dedicamos al usufructo y aprovechamiento de las beldades estacionarias que nos ofrece el barranco. Todos conocen nuestra grasa de rata, abrigos ratunos y ratotros, dentaduras, trasplantes de pelo ratil y mil productos más. Además abrimos el nuevo servicio de collejamiento individual y colectivo. En Pelderata sabemos que la violencia no es el camino pero una colleja a tiempo te pone a andar. No somos violentos: más bien bio-rápidos y nos enorgullecemos de nuestros chistes malos a través del 555 714802

—¿Piensan acaso llamar en breve al 555 714802 ? Por favor, no lo hagan. Soy el que contesta las llamadas y me tienen hasta las carajacas.

—Astillas El Flaco Valero les ofrece los mejores perros mojados de la comarca. Para esos momentos en los que lo único que sabes, es que necesitas un perro mojado, hemos sacado la gama Rufo1 con churretes marinos de serie. Recuerde: en astillas EL Flaco Valero tenemos las mejores pizzas de la comarca y ahora: perros mojados.

Reserve ya su pizza de perro mojado llamando al 555 714802

—La borrachera más hedionda, dueletarros y pegamoscas que pueda haberse pillado en la vida nunca debería quedarse en el olvido. En Antonios Anónimos, nos dedicamos a dejar registro, acumular pruebas, hacer un book y, en los casos en que fuese necesario, cubrimos también el funeral. Solo llame al 555 714802 (no le atenderá Antonio), cuando empiece a sentirse contento por los vapores del licor de rata. No se arrepentirá en el momento.

Luego, sí.

—¿Quién necesita una abuelancia? En repuestos ValPuestos S.A. tenemos nuevo catálogo de abuelancias para esos momentos en los que no puedes atender a tus hijos, o tan solo necesitas que alguien te pase unos billetes como quien te vende droga. Será atendido por las mejores abuelas del mercado, ataviadas con termos de potaje mañanero por si le encuentran flaquito.

Recuerde: solo en ValPuestos S.A. consiga su Granny llamando al 555 714802

Se me acaba la sangre, se me acaban las paredes, las luces se apagan y siento una sensación que me invita a recordar una mezcla de miedo y excitación. La revista parece que por fin cierra sus puertas mas, no lo olviden: en este pueblo sólo existe una forma racional de andar por la calle.

Asustachondo perdido

¿Quién apagó la…?


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