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Lo que escapa de nuestro control

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Thornedo
(@thornedo)
Active Member
Registrado: hace 2 meses
Respuestas: 2
Iniciador de tema  

Miedo, orgullo, incertidumbre, lealtad, ira, valentía... Final.

Dicen que en el último instante de vida tu subconsciente te muestra un reflejo de tu ser, de todo lo que has sido y deseabas ser, de tus orgullos y momentos más felices, de tu mejor imagen como persona, tu momento de gloria que va a hacer que descanses eternamente en paz... es todo mentira.

Ese resplandor final te recuerda tu mayor error, la razón de fondo por la cual todo acabó, ese engranaje ligeramente torcido de la compleja maquinaria que rueda... sentías que podías esconderlo, ignorarlo, que no influiría jamás en tu destino... Hasta que no tienes más remedio que descubrir que te ha llevado a la muerte.

Ojalá no fuese un líder natural, ojalá no se hubiesen fijado en mi don para sobrevivir en aquel mundo corrompido, ojalá simplemente hubiera dedicado mi vida a partirme la espalda y destrozado las manos trabajando como esclavo en aquella fábrica día a día, ojalá no hubiese tenido al cargo a tantos valerosos hermanos que sin pestañear hubieran dado su vida por la causa... Ahora simplemente podrían velarme y poder entregar con orgullo su existencia al imperio un día más...

En aquella instrucción previa a mi última guerra, nos reunieron a los cuerpos superiores de la milicia para advertirnos de todo ese horror que se avecinaba en forma de asquerosos cuerpos deformes sonrientes envueltos en llamas de colores. Esos demonios eran la representación terrenal de la herejía más viva, pura y poderosa que jamás podríamos llegar a ver. Como de costumbre la instrucción terminaba con una oración por nuestras almas encomendadas al padre de todos, nuestra segura despedida de la vida, un sincero pésame a nuestra propia muerte... Como de costumbre al finalizar la instrucción se nos dibujaba a todos esa pequeña sonrisa de confianza plena en la victoria...

 

No aquella vez.


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Makishima
(@makishima)
Trusted Member
Registrado: hace 2 años
Respuestas: 48
 

No podía ser partícipe de esa contagiosa sensación de seguridad, cada vez había más de aquellos seres en lugar de menos y la batalla de hoy sería una carnicería que acrecentaría ese ejército, sólo unos pocos lo sabíamos...

 

(La noche anterior, en la cabaña del líder, el shamán Barandal entra a toda prisa) "Señor, creo saber el motivo de la proliferación de este ejército, lamento las horas, pero, por favor, acompáñeme"

(Erinor, el líder, mientras se calza unas botas de cuero) "Tranquilo, nunca duermo antes de una batalla, además, jamás se importuna con buenas noticias, dime, ¿a qué se debe esta locura, cómo podemos pararla?"

El shamán le acerca una pipa tallada con runas y se dispone a utilizar el mortero "No es asunto de este plano, temo decir que tendremos que viajar de nuevo"

Hace un año de aquella otra vez, en ese momento le pidió ayuda a Barandal para salvar a su mujer, pero nada se pudo hacer, ¿volvería a ver a Marlene, aunque sólo fuera su espíritu? Se postró de rodillas sobre el suelo y le dio una calada a la pipa, tras dejar caer el cuerpo sobre un cojín, transportó su alma inmediatamente. 

Como hace un año, una amplia red se extiende bajo sus pies aunque esta vez es roja en lugar de azul, los caídos caminan siguiendo hileras hacia la montaña de donde vienen los demonios. "No puede ser, Barandal, ¿acaso están los difuntos sumándose a las filas de nuestros enemigos?"

Un Barandal espectral le replica: "En efecto, señor, algo ha desestabilizado el plano etéreo revertiendo el flujo de las ánimas"

A lo lejos, al otro lado de la montaña, le parece discernir a Marlene con una melena roja llorando lágrimas de fuego, lo cual le recuerda lo acontecido hace un año, cuando oyó aquella voz de Barandal diciéndole

"Amigo Erinor, nada podemos hacer, es hora de partir, si no quiere que su alma vagué para siempre, despídase"

Pero, no le hice caso, en su lugar agarré la cabellera de mi amada mientras una fuerza tiraba de mí hacia la realidad, no quise salir de allí sin Marlene y sin soltar su pelo con la diestra, con la siniestra me agarré a la enorme red, desgarrando ambos tejidos en el proceso y de alguna manera conectando ambos entes

 

 

 


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