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Kandora

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Peich
(@peich)
Acólito de Confianza
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Estoy de pie, en medio del rugido

de una orilla herida por las olas,

y mi mano contiene

granos de la adorada arena.

¡Qué pocos! ¡Cómo se deslizan

entre mis dedos a lo hondo,

mientras yo lloro, mientras lloro!

¡Oh, Dios! ¿No puedo salvar

uno tan sólo de la inclemente ola?

¿Es cuanto parecemos y vemos

tan sólo un sueño dentro de otro sueño?*

 

Diario de Tobias Arthur Goldfinch, 6ºentrada:

Es increíble, estoy escribiendo dentro del camarote que me han asignado en este barco y ¿por dónde empezar?...

Subimos a bordo y un hombre vestido con coloridos ropajes se acercó a nosotros, su turbante me resultaba tan gracioso como impresionante y el recorte de su barba le daba un toque señorial. Tras una distinguida reverencia, no sé de dónde apareció el gato siamés que se le subió al hombro, casi me desmayo cuando el minino empezó a hablar y se presentó como la capitana del barco. 

Tras darnos la bienvenida, la capitana “Chaussette” nos dio a conocer a su tripulación, en un abrir y cerrar de ojos el pequeño barco se había convertido en un galeón… estaba tan maravillado que apenas fui capaz de emitir un balbuceo. Todos los marineros tenían rasgos orientales, me parecía estar viviendo entre “Los Tigres de Mompracem”, además, cada uno de ellos era acompañado por un gato.

Zarpamos, y me quedé contemplando maravillado como ondulaban las corrientes del sueño a nuestro alrededor, ¿Cómo podía haber olvidado esto?...

 

Mi compañera se acercó, ya no iba vestida con ropa de chófer, sino con una gabardina y un sombrero que me recordaba a mis días en Nueva York, se puso a mi lado y miró el infinito junto a mí. Como un adolescente nervioso, mi dedo meñique se acercó al suyo, rozándolo, entonces... movió dudosa su mano para finalmente, entrelazarla con la mía.

Una visión me golpeó y casi caigo al suelo otra vez, ella apartó mi mano y negó con la cabeza, diciéndome:

- No, es imposible que distingas tus verdaderos recuerdos de los que no lo son, necesitas tiempo, además… apuesto a que no recuerdas nuestros verdaderos nombres...

Asentí apesadumbrado ante aquella aplastante verdad, me sonrío y un destello púrpura la brotó de los ojos antes de marcharse a su camarote.

 

Ahora voy a reunirme con la capitana, quiere hablarme sobre el rumbo, ya que me ha comentado algo sobre que este territorio ha cambiado, como si alguien hubiera movido el mar y traído tierra desde otro mundo...

 

*  https://trianarts.com/edgar-allan-poe-un-sueno-dentro-de-otro-sueno/#sthash.Wy2jJlju.AHTJNg7d.dpbs

Recogido en la antología: Poe y otros cuervos – Primeros poetas norteamericanos
Traducción de Antonio Rivero Taravillo
Ed. Mono Azul, 2006
ISBN: 978-84-934967-1-5

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Archivistas de Miskatonik
(@nemesio-s-liuth)
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[Continuación del documento previo y final de las misivas.]

El mundo gira sobre esa impenetrable mirada. Los restos de edificios y estructuras, entre las que floto, orbitan con lentitud sobre esa enorme e incomprensible lente viviente. El haz de luz multicolor que su cúpula desprende no rezuma la sensación de hambre y deseo que se manifestó en la cueva. No, es un intoxicante y debilitante sensación, que se configura en un vértigo extenso e invasivo. Aun así, no puedo evitar ser rozado por ese intruso en mi mente, pues la plataforma en la que me encuentro sigue moviéndose a través de sus halos con parsimonia.

 

-Extraño encontrarlo aquí y no en el centro de la acción -dijo una voz, irritada y molesta, que solo las circunstancias adversas pueden generar. El [Irrecuperable] se alza sobre los restos de cimientos que me protegen de la altura, observándome. Su apariencia mordiendo el aire que lo rodea, en lo que solo puedo describir como corruptibles trazos impresionistas. Sin duda es un ser alejado de las realidades físicas, o al menos se presenta así. El constante repliegue de oscuridad y tinieblas que conforman su traje se mueve antes que lo que puedo llamar cuerpo, pues la carne cuelga con una perezosa incertitud, de la misma manera que un muñeco cuelga de unos cables.

 

Con sus palabras, noto como la corrosiva tinta explota de nuevo en mi garganta, saliendo en un ácido chorro de mis labios y nariz. Mi boca manifiesta una dolorosa realidad, con temblores y palpitaciones que parecen provenir de mis dientes, como si cada uno hubiese desarrollado un potente músculo cardiaco. Mi nariz arde en el mismo diseño, en una sinergia que atornilla mi cerebro y confunde el resto de sentidos. Las palabras de [Irreconocible] bailan en mi cabeza con rítmico silbidos y lentas pausas, demasiado distorsionadas como para poder identificar bien el mensaje del interlocutor. Pero, la última interacción si pude identificarla. Me pateo de la plataforma.

 

Mi cuerpo se deslizo de manera patética por el suelo, cayendo por el borde en un giro que me impido agarrarme a nada. Pronto, la gravedad hincó sus garras en mi cuerpo, instándolo hacia las profundidades en medio del torbellino de luz incandescente. Mi corazón bombeaba, casi en un amago de transformarse en pichón para poder escapar del destino, mientras mis manos se alzaban en un intento instintivo de buscar algo en lo que agarrarme. El cielo nocturno y mi miedo de perderme en él se perdieron en la columna de luz que me abrazaba, pues sabía que dentro de su opresión no podía ser visto por el cosmos ni sus habitantes. No, dentro de la luz solamente existía la mezcolanza de realidades que me escondía de los ojos celestes. Como un carrusel de sinestesia, notaba el silbido del viento transformarse en música, en gritos, en certezas de caidas y en una amarga sensación de terror.

 

Mi mente, apresada por el miedo, buscaba entre su masa gris las palabras que con cautela y terror nos habían enseñado a esquivar. Los gritos e invocaciones que llamaban la atención de seres imposibles, los ruegos y los inicios de promesa que insinuaban salvación para revelarse después como trampas, pasaban por mi mente y se desvanecían, arrancados por dedos crueles y posesivos. Se volvían parte de la amalgama de tinta que apresaba mi garganta, censurando mi voluntad, en la que convergían mis lamentos por un futuro perdidos, mis gritos de injusticia por tan abrupto final, mis ruegos, mis últimas palabras hacia aquellos que había dejado atrás…Incapacitados en un borrón de oscuro líquido que continuaba saliendo de mi boca y se extendía contra el aire en un regadero más similar a una serpiente que a un líquido natural.

 

Por un segundo, mi cuerpo notó la presencia de algo físico en mi espalda, chocando a gran velocidad. Y, durante ese breve momento, me noté romperme. Note cada patética fibra de mi ser fracturada como un jarrón en manos de un niño especialmente torpe. Mi carne abierta en el diseño de un pájaro que falla a volar desde su nido, abierto de brazos y piernas en una postura derrotada. Pero entonces, fue el suelo lo que se partió. Con un chasquido, note como la presión de mi espalda daba de nuevo paso al agarre implacable de las leyes de la física, volviéndome a arrastrar. Mis ojos, bañados ahora más en penumbra que en distorsionada luz, observaron la miríada de escenarios que los centenares de cristales otorgaban desde la cúpula. Un panópticon que desentrañaba cada centímetro de este sueño.

 

Y, de nuevo, noté el suelo y el fin de mi ser.

 

No se como sobreviví. No se como estoy escribiendo estas páginas. Lo único de lo que tengo certeza es que mis palabras no valdrían de ninguna manera para formular la sensación, el trabajo y la mano que designo mi supervivencia. No se si Goldfinch tuvo la misma suerte.

 

Regresaré en una semana.

 

Con cariño,
Nemesio S. Liuth

 

[ Posdata. En el momento de la entrega de esta transcripción, un tercio de los originales se han vuelto una masa oscura, que actualmente esta siendo almacenada en botellas de cristal. Las últimas transcripciones están siendo realizadas a través de fotografías que tomamos cuando el estado de la podredumbre empezó a afectar al contenido de las misivas.

 

En referencia a esto, he hecho un experimento. Como sospechaba, el papel de los documentos es el único afectado por esta infección. He probado a sumergir otro tipo de papeles y materiales en los restos contenidos, pero ninguno ha presentado síntomas de degradación al nivel de los documentos originales. Mi suposición original de que el documento esta reaccionando de manera adversa a la realidad, tras que sus orígenes fueran expuestos.

 

Sin embargo, esto fomenta una pregunta. Estos documento han estado más de veinte años dentro de nuestra institución. ¿Por qué ahora? Si el descubrir el origen del contenido supone reconocer la imposibilidad del material, ¿cómo es que este evento no ha ocurrido con las veces que ha sido traspasado a otros formatos? Mi intento de desentrañar esta incógnita me llevó a revisar el resto de las transcripciones que se han realizado. Del Archivo #16081995/Kandora, solo existen tres copias.

 

-Copia nº1 – Autor: Elizabeth Conwel. Estudiante de literatura en una tarea de la asignatura de Epigrafía.

El documento narra las peripecias de nuestros dos protagonistas, sin embargo no existen referencias ni al censurado ente, ni Vermeulen ni Annabelle. Ambos se enfrentan a las copias mencionadas previamente, quienes estaban tomando a vecinos de la comarca y los convertían en copias.

 

La autora, en una entrevista posterior, comentó que estuvo teniendo pesadillas con esas criaturas durante semanas, hasta que una, y cito, “doncella de ceniza, odio y fuego los arrojó a las ruinas de un mecanismo imposible, donde su pieles se rasgaron y su interior se volvió ceniza”.

 

-Copia nº2- Autor: Maximilian Rodfield. Becario del departamento de ocultismo, en su desarrollo de “Imposibles Estructuras y como escaparlas: Guía a trampas eldritch”.

El documento empieza desde la llegada a la ciudad y es una descripción detallada de todos los eventos y arquitecturas del lugar. No hay criaturas ni referencias a otros seres, aunque si comenta el estado vivo de la ciudad. Ambos protagonistas escapan a través de recuerdos de su juventud y enfrentándose a ilusiones.

 

El autor es actualmente profesor titular del departamento. Comentó que tomó fondos para un viaje al lugar donde se dieron los hechos, encontrándose un pequeño pueblo fantasma. Un éxito de su viaje fue la identificación de la casa de Vermeulen. No era una mansión, pero si una residencia rural de familia adinerada. El lugar estaba en mal estado y el archivo municipal, el cual también se encuentra abandonado y probablemente haya desaparecido actualmente, comentaba de la muerte de su dueño y la posterior herencia de esta por su sobrino.

 

Descansando en una habitación medianamente en buen estado, el caballero -por decir algo- se intento sumergir en el mundo astral. Al estar en el borde de la consciencia, encontró con algo que denominó “Un torbellino de formas y colores imposible de describir en otra manera que un enorme nudo Gordiano, en el que los materiales, la luz y las propias concepciones de color no podían distinguir las separaciones de uno y otro. Un constante movimiento interminable, que sabías se desenredaba lentamente en una eternidad incomprensible para nosotros” El sueño fue interrumpido por una presencia de blanco, una criatura fría y siniestra, que hizo al profesor Maximilliam despertar temblando.

 

-Copia nº3. Desconocido. El nombre de la lista de solicitantes de este documento se encuentra, extrañamente, censurado. Y me refiero a ese tipo de rallón que los americanos adoran para marcar informes confidenciales. Que misterioso. Y con ello me refiero a estúpido. No me voy a comer la cabeza por un amago de llamar mi atención de alguna conspiración o entidad. Este documento se considera perdido. 

 

Las conclusiones de mi investigación son obvias. El terreno en el que el mundo onírico desarrollo estos sucesos sigue existiendo. Probablemente, de alguna manera, el terreno haya conseguido unificarse con el resto del mundo de ensueño y esté pasando un proceso de restauración. O, también probable, se mantenga aislado y una entidad impida que extranjeros entren. Si algo hemos descubierto es que los reinos oníricos siguen ciertas normas, por lo que, con la narrativa del documento, podemos deducir que se intenta que un nuevo Director tome acceso al lugar.

 

Sin duda, la entidad que reconocemos en los sueños es la entidad que se presentó a si misma Annabelle, aunque su cambio es preocupante. No obstante, sigue siendo una criatura pasiva y no dañina, por lo que no veo necesidad de entrar en pánico.

 

Nemesio sobrevivió, eso seguro. Tuvo que mandar la carta y tengo los precedentes de que sufrió la desgracia de ser mandado a más exploraciones. Pobre bastardo. Sin embargo, tendré que comprobar si el resto de exploraciones están sometidas al mismo cambio.

 

Pongo final a la recopilación de los documentos del Archivo #16081995/Kandora. Para más información, pónganse en contacto con el Jefe del Archivo de la Universidad de Miskatonik.

 

Elizabeth Wallstrife, Licenciada de Bibliotecología y asistente de Archivo]

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[Informe realizado por Elizabeth Wallstrife, Auxiliar del Director del Archivo, sobre un paquete enviado a su casa. 17 de septiembre de 1940]

 

Detesto profundamente el amago de secretismo que parece excitar a cultistas e investigadores por igual. No me gustan misivas misteriosas, ni mensajes escritos en sangre en mi cuarto ni simbolismos específicos que algún imbécil ha sacado de un libro descatalogado. Trabajo en un archivo, por el amor de dios, no hago investigación de campo.

 

Por ello, cuando me enviaron un paquete con una misiva cariñosa sobre mi trabajo en este archivo en particular, estuve a punto de mandar mi resignación. Si hay algo peor que un imberbe patrón misterioso, es que ese imbécil se dedique a ser condescendiente en misiva. Adscribo estos documentos al Archivo Kandora, considerado que sus contenidos terminan la conclusión de su historia.

 

En lo relativo a esto, si la misiva es real [Y, según el departamento de paleografía, tiene muchas posibilidades], nos encontraremos con un peligro dentro de los archivos. Si aun mantenemos contacto con Liuth, creo que debemos cortarlo y mandar a especialistas a estudiar su caso.

 

Y, si el que me mandó la carta esta leyendo esto. [Censurado por lenguaje inapropiado]

 

[Misiva enviada a Elizabeth Wallstrife el 14 de septiembre de 1940. Autor desconocido]

Estimada sr. Wallstrife,

Nos gustaría congratularla por su exquisito y magnífico trabajo dentro de los archivos. Su labor en organizar la exquisita historia del señor Liuth es un hálito de aire fresco muy necesario en el evidentemente estancado mundo de la academia. Por ello, hemos decidido apoyar sus esfuerzos desde nuestra humilde posición. Le adjuntamos lo que creemos que puede ser la pieza final para el puzzle de Kandora.

 

Con profundo cariño,

El Administrador

 

[Fragmento del diario de Nemesio S. Liuth. Fecha desconocida]

He mentido a todo el mundo que conozco. Todo en favor de protegerme y esconder lo que realmente pasó en esa ciudad. Siento la culpa retorcerse en mis tripas, como una gruesa capa de bilis dispuesta a salir por cualquier agujero que haya. Y si no lo hay, empieza a excavar como si pudiese hacer uno.  

 

Morí en esa ciudad. Estoy seguro de ello. Durante minutos, conocí el hecho de que mi cuerpo estaba roto y lo que fuese que habitaba dentro de este se alejaba, abandonando la consciencia de estas tierras malditas en pos de otro plano. Una infinita y calma oscuridad me esperaba, el borde en el que cualquier sentido moría y toda esperanza o terror era axfisiado. Me sentía libre.

 

Y, entonces, algo me impidió seguir. Esta parte…es un sueño de delirio, estoy seguro. Una alarga agonía de la que no regrese cuerdo. Mis palabras son escasas para describir lo que sentí, lo que supe y donde estaba realmente. Una miriada de escenarios que convivían en el mismo plano y espacio, como si invocara la imagen de miles de historias, siendo habladas a mis oídos por millones de voces distintas. Y, entonces, un largo y horrendo proceso comenzó.

 

Mis ojos se abrieron y estaba en el Ártico. Mi exploración se había perdido en las profundidades de ruinas recién descubiertas. La trampa se descubrió en la noche, cuando una bandada de criaturas, solo descriptibles como gigantes pingüinos sin ojos y todo dientes, nos ataco. Yo logré escapar, pero uno de esos monstruos me arrancó la pierna. El frío, por suerte y desgracia, había mordido el sanguinolento hueco. Sabía que las probabilidades de sobrevivir eran escasas, pero lo haría…Sin duda lo haría. Mi pecho se hinchaba con la voluntad de vivir, con el deseo de atravesar ese desierto helado y gritar que el mundo no me había destruido. No aún.

 

Volví a la oscuridad, notando mi cuerpo siendo destrozado. Finos y alargados dedos rompiendo cualquier obscena estructura, dientes cortando los tendones que se resistían a la presión, mientras mis órganos continuaban funcionando, en un disperso y horrendo conjunto.

 

Mis ojos se abrieron de nuevo. Ahora me encontraba en una ciudad, oscurecida por las profundidades del mar, con la única visión dada por una mirilla en mi casco. Pero sabía que pronto, en esta cárcel de hierro, también entraría la inmensidad del mar. Podía notar la humedad atravesando las heridas causadas por lanzas de los nativos, seres naturalizados a las profundidades, que habían atravesado mi coraza sin problema. Sin embargo, mis brazos seguían moviéndose hacia arriba, intentando llegar a la superficie, al menos lo suficiente como para que al desprenderme del horrendo traje pudiese escapar. Podía verlo con claridad, el límite entre el mar y el cielo, al borde de mis dedos. Sobreviviría otro día.

 

Y regrese. Una y otra vez. Mi alma era aliviada con historias de almas perdidas en el mismo espacio entre la vida y la muerte, sus voluntades sobreponiéndose a la mía y contagiándome con sus deseos de ver un amanecer más. Un bálsamo, supongo, para el horrendo remedio a la que este ser me sometía. Pues, cuando despertaba, notaba como mi cuerpo era restaurado, pieza por pieza. Finos dedos cruzando mis tendones, recolocando mis órganos y fundiendo de nuevo la masa de mi cerebro. Si hay un castigo en el otro mundo, si hay un concepto de purgatorio, sin duda uno de sus castigos es esto. Una benevolente, pero implacable voluntad, que te obliga a continuar hacia adelante.

 

El despertar, sin embargo, no fue placentero. El eco de mil voces clamando por su derecho a sobrevivir se imponía contra el crujido cruel de mi cuerpo alzándose por un hambre ajeno a mi voluntad. Mis brazos y piernas se elevaron entre las sombras de la sala, mi cuerpo un residuo abandonado en la oscuridad de la estancia. Ante mis ojos, se encontraba un encuentro de personajes y Vermeulen. La forma del último saltando entre la horrenda abominación de carne y metal que se había apropiado de este reino y su frágil forma real. Un amargo gusto se posó en mis papilas, en lo que, en cuatro patas, me lanzaba en su búsqueda.

 

Fui rápido como un sabueso, tomando los últimos pasos en mis dos piernas, lanzándome a su cuerpo sin dudar. Mis uñas arrancaron su piel, con susurros en mi oídos acompañando el gesto (“Siempre fuiste muy delicado a las críticas, Vermeulen”). Pronto, mis dedos apretaron sus debilitados huesos, corroídos por el tiempo y el rechazo de este mundo, crujiendo entre mis dedos sus historias (“No eres nada sin el dinero de tu familia. No tienes talento, conexiones ni nada a tu favor. Haznos un favor y lárgate”). Y, en un último instante, mis dedos arrancan su corazón.

 

Se siente pesado y húmedo, latiendo en un esfuerzo vano de escapar de mis dedos, mientras su sangre cae entre mis dedos. Lamo la sustancia multicolor, la sangre robada de soñadores, la misma esencia de su creación. Noto como de su alma nacen algoritmos, diseños y formas, todo embadurnado con la creatividad robada. Y, entonces, muerdo.

 

Mi boca, armada con una sensación más dentada y afilada de lo que realmente es mi boca, se clava en la tierna carne. Rompe las barreras de su corazón. Saboreo el picante flujo de lujuria y envidia, de deseo incontrolado. Muerdo de nuevo y el ácido chasquido de la decepción y el odio estallan en mi paladar. Mis dientes rasgan, encontrándome con la inocencia escondida y los miedos ocultos. Devoro más y más de Vermeulen…hasta que saboreo los últimos amagos de ser de mis ensangrentadas palmas.

 

Finalmente saciado, me giro hacia los espectadores de mi festín. Y, como un tiburón que huele sangre en el agua, mi estómago gruñe. Noto historias bañar sus cuerpos, encerrados en su carne como un sudario, latiendo y extendiéndose con cada segundo que sus vidas continúan. Incluso la dama, la inocente criatura que me había salvado, se encuentra ahí. Puedo olerla ahora. Se su naturaleza. El último grito animal de la tierra antes de ser forzada a una nueva forma, el abandono de una forma milenaria por el egoísmo diseño de un hombre, el final de eras.  “Ruina” gruñe algo en mi mente.

 

Doy un paso adelante y muevo ligeramente mi cabeza a un lado. Mi boca, llena de dientes que no son mios, se abre. Mi aliento destilando el aroma de habitaciones cerradas, tinta y papel. Y, sin duda, se que palabras dije. Me persiguen en la noche aún.

 

Contadme vuestra historia

 

Y me lancé. Mi cuerpo reaccionando antes que la razón, de nuevo impulsada por el hambre y el deseo. Necesitaba saber, necesitaba conocerlos…Testimonios de nuevas realidades, ocultas a mis ojos. Mis fauces se abren, buscando carne, pero atrapando hierro en su lugar. Como en un sueño, Goldfinch había alzado algo contra mi. Una pieza metálica, que pronto cruje contra mi boca y quema.

 

Arde.

 

Un fuego horrendo que se extiende en mi garganta, pero que la criatura que me usa graciosamente acepta. Cuando me doy cuenta, ya no estoy en la estancia. Ni siquiera en la ciudad. Mis pies desnudos chocan contra piedra real, en el abandonado eco de un pueblo.

 

Y, como un perro, grito para que me dejen entrar. Que me dejen compartir ese jugoso festín que tienen en la mesa. Que me dejase devorarlos…

 

Con el paso de la noche, el hambre cesa y, por fin, regreso a mi ser. En harapos y mala forma, consigo llegar a una villa cercana. Desde allí llamé y preparé mi regreso, siendo mis anfitriones más que acomodadores.

Escribo esto desde mi cuarto, ya de regreso en Miskatonik. Me han alojado en uno de los edificios de estudiantes, pues algo me dice que no puedo regresar a Nueva York o a Londres. No puedo alejarme de este lugar, ni de los sótanos llenos de documentos que causan mi estómago gruñir y mi boca salivar.

 

Tengo miedo, pero no puedo decir esto a nadie. No aún. Pues se que, sin temblar, los profesores que con tanto cariño me han tratado, me dispararían como un perro para evitar más daño. Por ahora…me centrare en sobrevivir.

Esta publicación ha sido modificada el hace 3 semanas por Archivistas de Miskatonik

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Peich
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Goldfinch entró en el puente de mando del barco, allí encontró a su compañera onironauta conversando con la capitana y varios miembros de la tripulación que rondaban por la estancia, acompañados de sus gatos, se giraron para ver quién acababa de entrar.

 

La capitana Chausette saltó desde el hombro de un marinero y se posó en la mesa donde varias miniaturas simulaban un mapa.

¡Ah! Arthur, sólo faltaba usted, volveré a empezar: Como pueden ver, los ingenieros han conseguido rasgar la barrera del sueño y la vigilia durante años. No hemos sido capaces de averiguar ni cómo ni por qué lo han hecho, pero, han conseguido enfadar mucho a quien no debían.

 

La onironauta intervino:

— Han torturado hasta la muerte a muchos de los nuestros, está locura debe terminar.

 

Emitiendo un ronroneo de desaprobación, la capitana respondió airada: 

— No sois los únicos afectados, los habitantes de Ulthar también han sufrido injerencias con esta situación, pero… quien de verdad está enfadado es el mismísimo Hypnos.

 

Un escalofrío recorrió la espalda de la onironauta al oír aquel nombre.

— Tampoco Nodens va a consentir que sigan envenenando estas tierras. Podemos decir que estamos de suerte… los ángeles descarnados se dirigen ahora mismo hacia nuestro objetivo, serán la punta de lanza del ataque.

 

Goldfinch palideció.

— ¿Ataque?, ¿Cómo que ataque? pero si yo no he matado una mosca en mi vida.

 

Chausette emitió una carcajada.

— No sé qué le han hecho, pero desde luego hay que pararlos, me negaba a creer que de verdad hubiesen conseguido borrar la memoria de un soñador tan valiente, aunque también un poco estúpido, como usted… pero veo que es verdad.

 

La capitana miró al marinero que siempre la acompañaba a la vez que movió rápidamente su cola, un gesto que el humano, entendió al momento.

— Vamos Arthur, tengo algo que es suyo.

 

El marinero se quitó el turbante, sacando de dentro una caja de madera que ofreció a Goldfinch. Este la cogió dudoso pero su compañera le apremió a abrirla.

Una llave de plata descansaba en el interior y Goldfinch, se quedó mirándola fascinado.

 


 

Bajo un enjambre de ángeles descarnados, el barco blanco llegó al islote donde se erigía la mansión Vermeulen.

Las bestias aladas de Nodens, aullaban salvajemente mientras caían en picado y hacían añicos los ventanales. Una vez dentro de la casa, arrasaron a su paso cualquier resistencia que se les opuso.

Los marineros descendieron del barco y abordaron la mansión como si de otro navío se tratase. Tras echar abajo la puerta principal, gatos negros, grises, blancos, amarillos, atigrados y mezclados; callejeros, persas, manises, tibetanos, de angora y egipcios... desplegaron un festín de ira contra los mecaníes que osaban a intentar detener la intrusión.

 

Goldfinch entró acompañado de la capitana, la lucha invadía las estancias de la casa y varias máquinas se movían de forma espasmódica en el suelo. Tras ellos, la onironauta espetó:

— ¡Rápido!, ¡busquemos a los nuestros!

 

Después de librar crueles combates y destruir los artilugios y mecanismos que defendían el interior de la casa, por fin encontraron el horror que los ingenieros escondían en las entrañas de su guarida.

Varias personas conectadas a los más extraños y crueles dispositivos mecanoesotéricos, imaginables para la mente humana, agonizaban mientras varios tubos les extraían humores de diversos colores desde el interior de sus cuerpos.

 

De pronto, una sensación extraña invadió a Goldfinch que se dirigió hacia otra de las habitaciones mientras los demás, liberaban a los soñadores esclavizados que quedaban con vida.

La visión que encontró frente a sí le provocó un horror indescriptible; su acompañante desde Arkham, el designado como su mano derecha para este viaje, estaba devorando vivo a un ser encerrado en un trono formado por diferentes dispositivos mecánicos.

— Nemesio por Dios….

 

El Sr. Liuth dirigió su mirada hacia Goldfinch, sus ojos eran los de una bestia proveniente de otro mundo y su boca, sólo emitía ruidos como los de un animal salvaje.

Golfinch se acercó a su amigo, intentando apaciguar lo humano que pudiese quedar en él, pero las únicas palabras que salieron de su boca espumosa fueron:

— Contadme vuestra historia...

 

Liuth se abalanzó sobre Goldfinch y lo derribó. Durante el forcejeo, Liuth consiguió morder a su víctima en la cara. Goldfinch gritaba desesperado en su interior: "Otra vez no, ¡otra vez no!"; no podía volver a caer en la debilidad…

 

La onironauta, llegó a la estancia donde se encontraban y cimitarra en mano, intentó ayudar a su compañero.

Sin embargo, Liuth esquivó la estocada con una finta de velocidad sobrehumana, después la desarmó, consiguió levantarla del suelo y la lanzó por los aires. El golpe producido por el cuerpo de la mujer al impactar contra la pared, retumbó en toda la habitación.

 

Liuth babeaba, no parecía quedar ni un atisbo de humanidad dentro de él… Entonces, Goldfinch se levantó del suelo y sacó del bolsillo un objeto brillante.

Liuth se dispuso a terminar con la vida de su otrora amigo pero, algo metálico voló hacia él, y por un reflejo, abrió su boca fuera de los límites anatómicos permitidos por la anatomía de un hombre, engullendo la llave de plata que Goldfinch le había lanzado.

Una sensación de calor empezó a crecer en el interior de su vientre hasta convertirse en un ardor insoportable. Finalmente, un resplandor invadió la estancia y del cuerpo de Liuth, surgieron llamaradas de colores que se salían fuera del espectro visible. Malherido, Goldfinch corrió hacia su compañera e intentó protegerla con su propio cuerpo.

 

Cuando la capitana Chausette llegó a la habitación, vio impotente como Liuth y los onironautas, desaparecían en el vacío.

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Peich
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El último documento referente al Sr. Goldfinch, está redactado con una caligrafía de pésima calidad… incluso parece que hubiese sido escrito por distintas personas. 

Dada la naturaleza de los hechos acontecidos con el resto de materiales del archivo Kandora, se ruega manejar con sumo cuidado.

 

Diario de Tobías Arthur Goldfinch, última entrada:

¿Dónde está el límite entre el sueño y la vigilia?, creo que esta es la pregunta que siempre me ha movido a encontrar respuestas a lo largo de mi vida.

Sin embargo, cada acertijo resuelto acaba en un nuevo misterio, cada cima alcanzada descubre otra montaña más alta y cada viaje terminado, deja el ansia de conocer otros caminos después de retornar al hogar.

 

Las respuestas a las que me aferro, escapan de mis manos como granos de arena que me arrebata el oleaje de una costa en días de borrasca.

Mientras lucho desesperado contra la corriente del agua, se pierden en el fondo abisal y yo me ahogo en ese mar de dudas, intentando alcanzarlos...

Pero, ¿no es ese deseo el que siempre me ha motivado?, ¿no es la necesidad de encontrar el por qué, lo que hace que me levante después de cada caída?... al final, parece que no hay nada mejor que perder para poder encontrar.

 

Ya queda poco para llegar ante Umr At-Tawil, y mis manos, cambian alternativamente entre las de un niño pequeño y las de un anciano que apenas puede sostener la pluma estilográfica con la que escribe.

A la vez que termino este manuscrito, acaricio el pelo de mi compañera, que dormita tranquila con la cabeza apoyada en mi muslo y miro las ondas  formadas por el agua en la orilla del lago frente al que descansamos, agotados de caminar por las inabarcables tierras de nuestros sueños.

 

Ignoro qué me espera cuando confiese mi decisión al heraldo de Yog-Sothot, aunque… ¿Qué es lo peor que podría ocurrir?, solo espero que ella esté bien y no se deje arrastrar por mi decisión.

Si existen "dioses" y han decidido que debo morir, después de separarnos o... acaso olvidarnos en la nostalgia de la comodidad, no haré sino volver a lo mismo de antes de nacer y recorreré el camino que siempre, pero que nunca existió...

Esta publicación ha sido modificada el hace 2 semanas 8 veces por Peich

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Peich
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Epílogo:

Tras la cruenta batalla, el barco blanco regresó a su punto de partida.

La tripulación festejaba la victoria en la cubierta de la nave con comida y bebida en abundancia. Cantaban y jugaban jocosos con los restos de los mecaníes caídos y aunque algunos se lamían las heridas de la batalla... estas dolían menos después de unos cuantos vasos de vino lunar.

 

La capitana abandonó la celebración y se dirigió a la casa de la anciana. Rascó la puerta principal con sus zarpas y esta se abrió con un ligero chirrido, dejando a la felina entrar en la morada.

Al llegar a la sala de estar, encontró a su vieja amiga descansando frente a la chimenea encendida. De un salto, se la subió a las piernas, se acurrucó en su regazo y empezó a relatarle lo ocurrido durante la contienda.

No sé qué ha podido ser de ellos... temo que les haya pasado lo peor.

La anciana, acariciaba la cabecita de la gata mientras miraba meditabunda como chisporroteaban las llamas de la lumbre.

Sé que están bien... puedo sentirlo.

 

Los onironautas llegaron por fin frente a aquel que custodiaba "La Última Puerta", el fin del camino parecía estar cerca.

Goldfinch se dirigió al avatar de Yog-Sothot en silencio, y tras lo que pareció ser un duelo de miradas perdidas, sonrió. Después miró a su compañera, que aguardaba impaciente a que hablase de una vez pero... sin necesidad de que la dijese nada, ella entendió perfectamente lo que pasaba por su cabeza.

— Llevo toda la vida buscando el conocimiento infinito que se encuentra tras este maldito umbral... pero, ¿a quién pretendo engañar?, lo que adoro es el camino... y se hace camino al andar. 

— Estúpido poeta bribón... como si no te conociese desde la primera vez que nos encontramos en sueños.

— No voy a cruzar, pero si tú deseas hacerlo no dud... 

Poniendo un dedo en sus labios, la onironauta no le dejó terminar. Tras ello, mirándole con sus ojos pícaros, le tocó la dentellada con la que Liuth había adornado su rostro.

—¡Ay!

— ¿Ya quieres volver a marcharte solo?, ¿y quién va a evitar que destrocen esta cara bonita?, cállate y vámonos ya... hace mucho que no viajamos juntos.

 

Umr_At-Tawil despidió con indiferencia a los onironautas que se dieron la vuelta y volvieron sobre sus pasos.

Ahora, solo les quedaba tomar un nuevo rumbo... Donde buscarían otras preguntas a las que encontrar respuesta, a través de las corrientes del sueño.

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¿Qué parte de"Cthulhu R'lyeh Ph'nglui mglw'nafh wgah'nagl fhtagn" no has entendido?


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