Forum

Historias Del Extra...
 
Avisos
Borrar todo

Historias Del Extraño Oeste.

Página 3 / 3

Peich
(@peich)
Acólito de Confianza
Registrado: hace 1 año
Respuestas: 70
Iniciador de tema  

-¡Maldición!

Pachorras, lanzaba una cultivada retahíla de improperios y otras sutiles lindezas, mientras pasaba la noche buscando entre los escombros del salón. Ya era la tercera vez que la pala resbalaba de sus temblorosos dedos y el viejo Pete, empezaba a exasperarse.

 

Él no era el tipo de persona que se apocaba al verse en un aprieto, llevaba toda su vida aprovechando la mínima oportunidad que se presentaba para sobrevivir. Desde que escapó, siendo adolescente, de la plantación de algodón donde había nacido, su vida había sido una sucesión de aventuras, a la cual más peligrosa o moralmente cuestionable. Aunque… si había algo de lo que estaba orgulloso, era de no haber tenido que arreglar los entuertos en lo que se metía a base de disparos.

Siempre había tenido una especie de "suerte especial'' que le acompañaba, la cual parecía no tener límite teniendo en cuenta que seguía más o menos entero después de haber cruzado el país de costa a costa.

En sus viajes, nunca faltó un trabajo que necesitase de otra mano extra, y aunque el color de su piel le hacía cuidarse de a quien se acercaba, su maldito don de gentes le había conseguido más de lo que habría hecho cualquier revólver. 

A Pete no se le conocía mujer, pero sabía que había dejado algún que otro Pachorritas a lo largo del camino y le hacía ilusión pensar en regalar a alguna de sus astillas, la elaborada pipa que encontró una vez, mientras rebuscaba entre los restos de una caravana asaltada.

 

Sin embargo, esta vez estaba más nervioso de lo habitual. Cogió su petaca y dio un pequeño y estudiado trago para calmar los nervios, la destilería tardaría en repararse y se había habituado demasiado a la bebida… no todo podía ser buena suerte.

El sudor le empapaba la ropa y empezaba a encontrarse mal, siguió cavando por inercia mientras ideas delirantes le iban y venían a la cabeza, lo que más deseaba en ese momento, era beber  hasta el punto que si alguien le acercaba una cerilla, podría acabar prendido en llamas.

El juguetón elefante rosa que le acompañaba, barritó para que Peter se concentrase. Con su larga trompa, señaló algo que emitía una luz fantasmagórica entre la ceniza, y por fin el bueno de Pete, saltó de alegría entre los escombros.

 

Al rato, se acercó al carromato donde Nancy y Arthur esperaban con impaciencia.

– Por fin, Pete, ya era hora.

Dijo la mujer de piel marmórea, mirando encandilada el colgante que tanto tiempo llevaba con ella y creía haber perdido en el incendio del bar. Después, sacó una botella de whisky de su equipaje y se lo entregó al desesperado Pachorras, que bebió largos tragos como si de agua se tratara.

– Vamos, tenemos trabajo.

Y en la negrura de la noche, el carro se alejó del pueblo, mientras varias miradas, les siguieron hasta que se perdió en la oscuridad.

Esta publicación ha sido modificada el hace 2 semanas 9 veces por Peich

¿Qué parte de"Cthulhu R'lyeh Ph'nglui mglw'nafh wgah'nagl fhtagn" no has entendido?


ResponderCitar
shadow_rokhan
(@shadow_rokhan)
Estimado Acólito
Registrado: hace 11 meses
Respuestas: 100
 

El comportamiento de la anciana después de su captura fue muy extraño; durante el transcurso de la tarde hasta casi caída la noche, rogo y suplico a tala que la dejara ir, porque ella había aprendido su lección y no volvería a meterse con ellos y los dejaría en paz.

Ante tal insistencia, Tala le preguntó a la anciana mujer porque estaba tan desesperada por irse si ni siquiera le habían hecho nada aun.

---El viejo brujo vendrá por mi para castigarme o asesinarme porque no seguí sus ordenes al pie de la letra, por favor déjame ir, apiádate de mi. No sabes de lo que es capaz ese brujo, su poder es muy superior al mío.

---Si me dejas ir; él no tendrá ningún motivo para venir hasta tu aldea, ¿es que acaso quieres poner a todos en riesgo? No lo entiendes joven chaman, cuando el brujo este aquí entenderás de lo que te hablo.

La anciana dejo de insistir y se mantuvo en silencio hasta la caída de la noche. Tala estuvo reflexionando todo lo que dijo la anciana pero no podía decirle a sus hermanos y hermanas que abandonaran la aldea sin mas; así como tampoco podría permitir que la vieja fuera liberada porque ella no había aprendido, Tala estaba convencido de que la vieja solo estaba fingiendo para que la soltaran.

Después de que el tren de pensamiento se desvaneció de la mente preocupada de Tala, la noche ya cubría la llanura solamente la luz de la luna alumbraba las copas de los arboles que se agitaban con el viento del oeste, el poblado se ilumino con la tenue luz de las antorchas que apenas se notaban desde la penumbra del bosque.

El joven chaman sintió la presencia de un ente espiritual de poder inmenso, emanaba el olor de la magia negra en el ambiente. La esencia maligna se acercaba rápidamente al poblado, Tala y sus hermanos vieron como desde la llanura se levantaba una nube negra seguida por lobos, coyotes y osos enormes.

El monstruoso desfile de bestias se detuvo a unos cuantos metros de la entrada principal del pueblo; todas esas bestias y la nube negra adoptaron sus formas humanas, ninguno de ellos parecía una amenaza pero su esencia maligna; se reflejaba en sus ojos que brillaban como bengalas frías en medio de la oscuridad.

El primero en hablar fue un hombre muy viejo ataviado en ropajes Sioux, su cabeza estaba coronada con el penacho de jefe tribal y su cabello estaba trenzado alrededor de flechas cruzadas en el medio.

---Joven chamán veo que esa tonta deyani no represento reto para tu astucia, he de reconocer que me asombra que alguien tan joven como tú haya podido dominar a uno de nosotros tan fácilmente.

El anciano se acercó a la luz de las antorchas y procedió a presentarse.

---Mi nombre es Tallulah, es un gusto conocer a una tribu honorable y fuerte;he venido aquí para buscar a esa incompetente encerrada, tendrá el escarmiento que se merece, eso te lo aseguro.

---Aunque eso no es lo único por lo que vine hasta aquí, a juzgar por las tumbas recientes que hay por aquí ya deben saber todos ustedes que hay criaturas cazando a todas las tribus hermanas, las llanuras ya no son seguras para nadie. Cómo decidieron quedarse y pelear asumo que todos ustedes están listos para enfrentar lo que sea que venga por ustedes.

---Yo no soy su enemigo y puedo ser un poderoso aliado. Aunque soy un brujo ahora la tierra y los espíritus aún me hablan, me han revelado que la mina es una fuente de poder oscuro que busca exterminar la vida y a todos nosotros. Juntos como hermanos podremos erradicar la oscuridad que desea fervientemente matar a todos los seres vivos de esta tierra.

 

 

 

Esta publicación ha sido modificada el hace 2 semanas 3 veces por shadow_rokhan

ResponderCitar
Peich
(@peich)
Acólito de Confianza
Registrado: hace 1 año
Respuestas: 70
Iniciador de tema  

El mago se lanzó como un halcón hacia la rata esperando un ensamblaje fácil, pero su maniobra no resultó como esperaba, una fuerza inusitada lo rechazó y cayó de culo sobre el sucio e irregular suelo, haciendo crujir los restos resecos que el primigenio escupía tras las comidas.

Advirtió que ya había una conciencia humana dentro de aquel bicho, pero su urgencia le impidió pensar con claridad; no era el momento para reflexiones, y mucho menos para la amabilidad, tendría que desahuciar a quien quiera que estuviera allí dentro. Pero no contaba con dos circunstancias que harían imposibles sus esfuerzos: las habilidades de supervivencia de ¡Eh, Muchacho! y que para poder expulsar a aquella molesta conciencia tendría que descerebrar a la rata, obviamente, no se había parado a considerar el factor mi-go.

Lo volvió a intentar, se proyectó de cabeza y chocó nuevamente con aquella resistencia. Pero ahora la rata se había levantado sobre sus cuartos traseros, recogido un huesecillo seco del suelo y chillado en aquel extraño idioma:

―¡NI PIDIS PISIIIR!

―¡¿Qué? ¿Este asqueroso bicho va a ser capaz de enviarme de vuelta al Amenti?!

Los segundos discurrían veloces y al mago ya no le quedaba ninguna opción. Se rindió, y el cuerpo del viejo cura cayó como un trapo en el suelo rugoso de la cueva del lago.

Sor Lucía había asistido al drama que se representaba desde la plataforma, y no sabía muy bien si reír o llorar; lo que iba a ser un día excitante, se convirtió en el más extravagante que pudiera imaginar. Pero se amoldó enseguida a las nuevas circunstancias, ella era Hombre por Dentro, ¿verdad? Bajó de la plataforma y agarró la rata ―que estaba congelada, tiesa de pavor, asida todavía al hueso como si fuera un báculo―, pensando que no se podía saber cuándo se necesitaría una rata parlanchina. Montó en el cilindro transparente, atravesó la puerta del armario de la capilla dejando la capa colgada en su lugar, salió al patio de la misión y comenzó la representación.

Hizo lo que debería haber hecho desde el principio: ocultar su fuerza, hacerse la víctima, aparentar vulnerabilidad; ser más femenina, en definitiva. Todos en la misión la creyeron cuando dijo que el cura la había seducido y abandonado; incluidas las demás monjas, que ahora se sentían superiores sabiendo que a ella también la habían humillado. ¡Bien por el cura!, pensaban, regodeándose para sus adentros y dejando entrever alguna sonrisa sarcástica y algún que otro brillo malicioso en la mirada.

El monstruo presentía que sus esfuerzos por atraer su centímetro cúbico de suerte tendrían éxito, lo notaba en las pituitarias hipertrofiadas de su biología alienígena. Quedaban muy pocos descendientes de los primeros humanos que plantaron sus semillas aquí. Unas pocas personas que poseían un residuo de la vibración de su antiguo lugar de origen, de su hogar bajo la luz de otros soles, lejos, en otras constelaciones, aquellos soberbios guerreros que les habían plantado cara más de una vez. Y aquel tipo de energía era justo el que necesitaba para desatar los nudos místicos que le tenían amordazado.

Emitió la llamada: un sonido gutural e inarticulado, y casi al instante, barruntó la cercanía de aquella pequeña semilla estelar que había pasado tan cerca no hacía mucho; una perla de conciencia que devoraría y le devolvería la libertad.

Arnie, espectador silencioso de aquel teatro de maravillas, dejó el contenedor y volvió a la sala de descanso de los androides. Allí miró con tristeza las carcasas sin voluntad que formaban su familia. Se habían liberado del mago, uno menos, pero tenían demasiados amos, demasiados enemigos… Se sentó en el lugar que tenía asignado para el descanso a pensar en una forma de liberarse de los mi-go.

The Hum: The Hum - Wikipedia, la enciclopedia libre. 

¿Qué parte de"Cthulhu R'lyeh Ph'nglui mglw'nafh wgah'nagl fhtagn" no has entendido?


ResponderCitar
JohnClare
(@johnclare)
Acólito Eminente
Registrado: hace 8 meses
Respuestas: 27
 

UNA HISTORIA DE FANTASMAS

 

Cassey no estaba tan borracha como había aparentado; aun así, el aire de la noche terminó de llevarse los últimos efluvios de whiskey de su conciencia, mientras el caballo avanzaba hacia la boca de la mina rebosante de la seguridad que le faltaba a su jinete. Era un animal magnífico, color avena, con las crines oscuras bailoteando al ritmo de su trote, que se había dejado robar con docilidad, casi como si estuviera deseando unirse a aquella aventura. La chica se desabrochó el último botón de la camisa, ese que había mantenido cerrado con un celo puritano, y permitió que el frescor se colase por el cuello para secarle el sudor. Se sentía libre en parte y, por supuesto, terriblemente asustada. Pero no tenía miedo a morir, ya no. Ni tampoco al dolor. Solo temía que todo aquello fuera un espejismo, que al final no quedara nada a lo que aferrarse, que alguien le metiera una bala en la nuca antes de ganar la partida cuando tenía las mejores cartas en la mano.

 

Desmontó con facilidad; llevaba media vida subida a un caballo, arreando vacas con su padre o compitiendo con sus hermanas. Era probable que supiera cabalgar antes que andar. El polvo se levantó bajo la suela de las viejas botas, como una señal de humo que anunciara su presencia. Cassey se pasó una mano por los rizos rubios, cortos, que antaño habían sido su vanidad. Le habían costado muy caro; tanto, que la habían preferido por encima de las otras. Tanto, que Butch y sus hombres la habían dejado vivir para perpetrar en ella horrores más oscuros que una muerte rápida entre pólvora y sesos. Su madre decía que alguna gente nacía con estrella, que la vida tenía reservada para ellos todos los dones brillantes que a otros se le negaban. En los días que duró su tormento, Cassey había aprendido que su destino estaba en el reverso de la moneda, que era probable que su suerte se la hubieran regalado a otros. Así que tuvo que ser Noisy, y usar el nombre maldito que sus amos le habían puesto. Aprendió a ahogar el dolor en el culo de los vasos que Butch y su camarilla dejaban a su alcance, a aplacar la ansiedad apurando las colillas aplastadas que le arrojaban, o que extinguían sobre su propia piel. Hasta que, un día, un idiota olvidó cerrar el cuarto con llave. O igual estaba demasiado borracho. Y Noisy se había deslizado como una serpiente de cascabel para recuperar el cuchillo de caza que su padre le había regalado, para robarle a Butch el Colt que ahora colgaba de su cintura, y que había pertenecido a su familia. El muy hijo de una zorra se la había intentado follar otra vez antes de que le cortara el pescuezo. Luego se había sentado frente a la granja con una botella de bourbon mientras ardía hasta los cimientos, se había cortado el pelo a golpe de navaja y había llorado como una histérica hasta que no le quedó nada dentro. Ya cuando el cura la encontró era Fantasma, aunque no lo supiera todavía. Y si no hubiera sido por la bondad de Nancy, su cuerpo se hubiera unido a su corazón en la muerte. 

 

La cerilla iluminó una sonrisa torva; la chica encendió el que suponía su último cigarrillo, esta vez de verdad. Pese a todo, nunca se había podido desprender de ese instinto imperioso de supervivencia. Qué molesto. Y que afortunado al mismo tiempo. Porque, si Fantasma no se hubiera sobrepuesto a las sombras de su pasado, si no hubiera conseguido trascender a un lugar en el que el sufrimiento ya no podía alcanzarla, jamás habría tenido ocasión de escuchar la llamada de las estrellas.

 

Cortó los vendajes que el doctor había revisado por última vez esa misma mañana, con el cigarrillo calado hasta atrás y sujeto entre los dientes mientras bregaba con el cuchillo. El hombro le dolía un poco, aunque era soportable. No era más que carne. Luego sacó el revólver de su funda; deslizó el tambor y se aseguró de que las balas estaban en su sitio: promesas diminutas del destino que le aguardaba. Si la cosa se ponía fea de verdad, había una para cada uno: una para Sundance, una para el viejo Pete, otra para Sor Lucía, para Rachel, para Nancy y para el desafortunado médico. Le había caído bien el hombre; parecía tener buen corazón, ser esa clase de gente en la que se puede confiar. Como su padre. Fantasma dejó escapar un largo suspiro y cerró el revólver con un golpe de muñeca. Aquello era por si acaso, y deseaba con sinceridad no tener que volver a disparar el arma nunca más.

 

Los puñeteros muertos se habían levantado de su tumba, una legión de insectos había intentado devorarla viva, y había hombres hechos de metal que peleaban bajo el crepúsculo con un antiguo arte. Ni con mucho era lo más extraño que le había pasado a la muchacha. Echó la cabeza hacia atrás, alzando sus ojos hacia la noche, y el zumbido volvió a recorrerla como si se hubiera tragado una de esas malditas moscas, tirando y tirando de su voluntad hasta el fondo de la mina. Era un lamento errático, que arrastraba el sabor de otras vidas y otros mundos, que hacía promesas desesperadas en busca de un adalid. Sabía que aquella cosa la necesitaba. Sabía que, mucho tiempo atrás, alguien había arrancado a la criatura de su sueño eterno para obligarla a servir. Como habían hecho con ella. Y si tenía una opción, por pequeña que fuese, de liberarla, estaba dispuesta a apostar hasta su último aliento a que así sería. Porque quería pensar que, en algún lugar remoto del firmamento, existiría alguien dispuesto a hacerlo por ella.

 

Cassandra miró una última vez hacia atrás antes de adentrarse en la mina. Deseaba guardar la esperanza de que habría un final feliz, pero sabía la verdad.

 

Ella no había nacido con estrella.

Esta publicación ha sido modificada el hace 4 días por JohnClare

ResponderCitar
shadow_rokhan
(@shadow_rokhan)
Estimado Acólito
Registrado: hace 11 meses
Respuestas: 100
 

   ---Joven chaman, se que justo ahora no comprendes el alcance de mis palabras, únete a mis hermanos cambia pieles y a mi. Hemos recorrido las llanuras salvando todas las tribus hermanas que hemos podido, ellos aceptaron unirse a nosotros en la lucha contra los insectos y también desean recuperar a sus niños secuestrados; se que no tienes ningún motivo para confiar en nosotros, pero de quererlo ya habríamos arrasado con tu tribu.

        Tus palabras están atestadas de verdad Tallulah, queremos proteger nuestras tierras ancestrales, vengarnos de quienes nos arrebataron a nuestros hermanos y hermanas; y recuperar a nuestros niños.

           Dime entonces poderoso brujo que necesitas que hagamos para equilibrar la balanza de poder entre los insectos y nosotros.

            ---Tus hermanos y tu deben reunirse con nosotros mañana en la llanura que rodea  la vieja mina, las visiones que la gran madre nos ha otorgado nos piden estar allí mañana. Las tribus hermanas se harán presentes con sus mejores guerreros, cazadores y hombres medicina. No podemos garantizar una victoria pero podemos asegurarnos de hacer frente a un enemigo en común.

            ---El alba sera la señal del inicio para nuestro enfrentamiento; uno de nuestros hermanos cambia pieles logro averiguar que en la llanura hay una horda de insectos dispuestos a barrer con todos nosotros, aparentemente los amos de la horda han perdido todo el control sobre ellos; por lo que ahora representan una amenaza realnpara nuestro modo de vida y costumbres. Nos veremos al amanecer Tala.

Esta publicación ha sido modificada el hace 2 días 2 veces por shadow_rokhan

ResponderCitar
JohnClare
(@johnclare)
Acólito Eminente
Registrado: hace 8 meses
Respuestas: 27
 

Al principio, todo era oscuridad y silencio. Esperaba el zumbido de los insectos, o criaturas de metal sacadas del infierno, pero lo único que Cassey encontró fue el goteo infinito de la humedad que rezumaba por la roca, y el viento, silbando a través de las grutas que se abrían delante de ella como un laberinto. De haber sido más inteligente, o algo previsora, habría llevado algo de luz consigo. Obligó a una cerilla a encenderse para formarse una leve imagen del sitio; solo alcanzó a atisbar tramos muertos de vía, vagonetas que habían descarrilado años atrás, montones de tierra descartados los dioses sabrían cuándo. Agotó la caja de fósforos, resistiéndose a abandonarse a las tinieblas, aunque en el fondo sabía que solo cuando se dejara llevar por ellas encontraría el camino. La criatura reverberaba en su pecho como si le hubiera anidado corazón, y en cada parpadeo encontraba retazos de aquellos sueños que no le pertenecían.

Cassey continuó caminando a tientas, la mano izquierda apoyada en la fría roca para no perder en equilibrio al no saber dónde ponía los pies, con el revólver en la diestra para sentirse reconfortada por su peso. Oía el aleteo artificial de las moscas enormes, a veces demasiado cerca de ella, pero o bien no sabían que estaba allí o bien el vínculo que la arrastraba hacia el abismo la protegía de su percepción. Las balas no mataban a gente como Mano Fuerte, y tenía la impresión de que le servirían de muy poco contra aquellas máquinas que imitaban tan bien lo vivo, pero el tacto del metal le daba la ilusión de que tenía alguna oportunidad. Supo que iba en sentido correcto cuando ya no pudo distinguir si estaba despierta o soñaba, si seguía habitando su maltrecho cuerpo o este ya no le pertenecía. Terminó por llegar a una galería, mitad natural mitad construida por la mano del hombre, que albergaba un inmenso lago perdido en las profundidades.

El ser, informe, extraterrenal, parecía moribundo; la muchacha no podía compararlo con ningún animal que hubiera conocido, o imaginado. Era enorme. Tanto, que parecía ocupar toda la caverna en la que lo mantenían preso, hasta el punto de que no quedaba casi aire para los pulmones de la chica. Y desprendía una suave luz, palpitante, verdosa, que permitía que Cassey percibiera los contornos desquiciantes de su silueta, de aquellos retorcidos tentáculos que se remataban en bocas babeantes, ansiosas, aterradoras. Supo, desde el primer instante en el que lo contempló, que no había nada sobre la faz de la Tierra capaz de dañar a esa criatura. Y ella, semilla estelar añeja anidada en la estirpe humana, era la única llave que podía liberarla.

Acudieron a su cerebro imágenes, sucediéndose en un paroxismo que robaba su cordura por momentos: estrellas, constelaciones, palabras que su sencilla mente no conocía. Los mundos que la criatura había habitado y colapsado. Y alguien la había llevado hasta allí para utilizarla, a sabiendas de que el más pequeño descuido supondría un apocalipsis peor que el que prometían las sangradas escrituras.

Cassey abrió los ojos, y se contempló a sí misma observando al ente primigenio en una imagen multiplicada hasta los límites de lo tangible, como dos espejos colocados frente a frente. Estaba lista para que todo se deshiciera en sangre y locura, para que llegara el ocaso a un mundo que la había masticado y escupido con desprecio solo por respirar, solo por haber sido ingenua o bonita en una vida cuyo sabor no podía evocar. Arrojó el Colt de su padre al estanque subterráneo del que el ser se nutría. Lo sentía por Nancy, por Arthur y los otros: la vida era una mierda y no tenía valor suficiente para hacerles el trago menos amargo. La camisa, que ya era más bien un harapo, rodó por sus hombros y quedó abandonada en la orilla junto a sus pantalones. El agua, gélida y hedionda, le lamió los tobillos, las pantorrillas, las caderas de ese cuerpo que Cassandra tanto odiaba, del que no quedaba ni un solo milímetro de piel por corromper. Y la chica, o el chico, o Cassandra, o Fantasma, o tal vez lo que restaba de un linaje caído en desgracia que había venido desde algún rincón remoto del universo, abrió los brazos para entregarse a la criatura que con tanto ahínco la había invocado. Para que las dos pudieran encontrar paz. Para que las dos respiraran un poco de libertad.

 

 

 

 


ResponderCitar
JohnClare
(@johnclare)
Acólito Eminente
Registrado: hace 8 meses
Respuestas: 27
 

El problema de la eternidad era que se hacía estúpidamente larga.

 

Nancy se cambió las riendas de mano; se había acostumbrado a aquella pantomima, a fingir que guiaba a los animales con otra cosa que no fuera su voluntad. Y eso que ella no era especialmente ducha en las artes psíquicas; muchos de sus hermanos podían leer cada pensamiento, cada secreto de una mente mortal. Ella intuía ciertas emociones, como sombras chinas detrás de una sábana blanca, y podía proyectar su voluntad en criaturas más débiles, como los caballos que cruzaban la noche levantando una estela de polvo tras la maltratada carreta. A cambio, había desarrollado otros de sus dones: era rápida, era fuerte, y podía despertar en los seres humanos cierta especie de amor, de admiración, que hacía su vida bastante sencilla en esa pantomima en la que se había acomodado. Porque la vampira había habitado grandes ciudades en épocas doradas, había viajado en pos de conocimiento por las sendas de antiguos peregrinajes, había interpretado cientos de vidas diferentes. Y de todas se había cansado. Se había arrastrado hastiada hasta el agujero que era el pueblecito, donde le era fácil encontrar sustento sin levantar muchas sospechas entre los transeúntes o la misión, para que ni los suyos ni los que le daban caza pudieran encontrarla. Una especie de retiro. Al parecer, los problemas la habían perseguido. Quién le iba a decir a ella que, al final, se encontraría con seres de otros mundos, de otras realidades. Que ella sería de lo más corriente por aquellas tierras ajenas a la voluntad de los dioses.

 

– ¿Crees que Fantasma estará bien?

 

Los ojos de Arthur revelaban una tristeza extraña, adivinables solo en parte por el reflejo de la luna llena en las viejas lentes. Nancy contuvo una sonrisa: le gustaba el médico, tan torturado por esos fantasmas que él mismo creaba, tan dispuesto a la melancolía como para preocuparse por una chiquilla que apenas conocía. Era el narcisismo humano en todo su esplendor: necesitaba sentirse bien consigo mismo, sentirse útil.

 

– Seguramente no – susurró, tratando de no despertar a Pete, que dormitaba en la parte trasera del carro con el sombrero echado sobre los ojos. O eso fingía. Menuda cuadrilla que se había agenciado Nancy para aquella aventura –. Esa chica es idiota, y le gusta tanto buscar problemas como a usted, Doctor. Son tal para cual. Quizás debería pensar en adoptarla si esto sale bien. O en casarse con ella. Alguien debería intentar que no se metiera en líos.

 

La incomodidad de Arthur hizo que ella estuviera infinitamente más relajada. Se llevó la mano libre hacia el amuleto en un gesto inconsciente, tardando en percatarse de que él había seguido la trayectoria de sus dedos hasta el escote, pero no porque le interesara la voluptuosidad que guardaba, sino porque la piedra había captado su atención. Muchos siglos, muchos conocimientos, mucha magia acumulada a sus espaldas. Y nadie a quien legarla. No iba a poner sus intimidades al servicio de la Talamasca, claro, eso ni se le pasaba por la cabeza. Pero Nancy necesitaba poder confiar en alguien para llevar a cabo el ritual. Porque, al final, no podría hacerlo sola

 

– Viene de las estrellas – explicó, apartando la mirada del médico como si estuviera hablando de algo intrascendente –. Fue un regalo que me hicieron hace mucho tiempo. Pero es solo un fragmento del original. Para que tengamos una oportunidad, necesitamos la otra parte.

 

– ¿Y esa parte está en la mina?

 

La carcajada de Nancy hizo que Pete se removiera con un respingo asustado.

 

– No, esa parte está a buen recaudo. O eso espero.

 

La carreta continuó su travesía con un silencio tenso. A Nancy no le gustaba hablar de su pasado, no le gustaba confiar sus secretos a un desconocido. Aun así, sabía que no le quedaba otra opción.

 

– Voy a necesitar que me eche una mano más adelante, Arthur. Que haga algo por mí.

 

Vio cómo el médico palidecía por el rabillo del ojo, pero decidió que era mejor no darle tregua, no permitir que tuviera tiempo para pensar.

 

– Tranquilícese, no le voy a pedir su preciada sangre. Usted la tiene en mucha estima, pero temo que no va a resultarnos de utilidad – la vampira se giró para atravesarlo con una profunda mirada de aquellos ojos que habían visto morir imperios, lanzando su telaraña con la maestría que la práctica le había otorgado. Sin embargo, sabía que con Arthur no la necesitaba. Era de esa clase de tipos que acababa por hacer lo correcto – No, Doctor. Saque su cuaderno, si quiere. Estoy segura de que a sus amos les encantará oír lo que tengo que contarle.

 

– Guardaré sus secretos, Nancy. Dudo que en la Talamasca vuelvan a acogerme sabiendo que he tomado parte en el devenir de los acontecimientos…

 

– Pues es una lástima. Van a echar de menos a un hombre tan capaz como usted.

 

La risilla de Pachorras rompió el silencio entre ambos. Nancy torció la sonrisa; el viejo Pete había vivido lo suficiente como para percibir sus coqueteos, y cómo el médico iba de cabeza hacia la diana que la vampira estaba dibujando.

 

– Como ya le he dicho, su sangre no vale de mucho – continuó, arreando a los caballos para que se dieran prisa. Estaba dispuesta a reventar a los animales si era necesario –. Pero la mía… mi sangre es capaz de hacer muchos prodigios. Incluso puede conceder la eternidad a quien encuentre fuerzas para beberla.

 

>> Sé que ustedes han investigado a fondo el mecanismo de nuestra transformación, Arthur. Sé que han llegado a adivinar que el flujo ha de ser doble: el vampiro ha de beber del huésped, y el huésped de su progenitor. Pero no es tan simple como parece: en nuestra maldición de eternidad hay ciertas condiciones que todos debemos cumplir. Y una de ellas es que no podemos dañarnos a nosotros mismos: yo no puedo entregar mi sangre libremente a cualquier chiquillo… debe ser él quien encuentre la voluntad para robarla. Como hice yo en su día, cuando mi vida pendía de un hilo.

 

Arthur se había quitado las gafas, nervioso, incapaz de mirarla. Nancy le cogió la mano con suavidad, con paciencia. Malditos mortales y sus mentes, tan lentas, tan susceptibles.

 

– Yo no sé si quiero…

 

– No le estoy ofreciendo la inmortalidad– ella le sujetó la cara para obligarlo a mirarla. No había tiempo para esas cosas. Tenía que encontrar a Tala. Tenía que poner su plan en marcha si quería que Fantasma tuviera una oportunidad de sobrevivir. Maldita niña; ella si hubiera sido una buena candidata –. Lo único que le estoy pidiendo es que, llegado el momento, obtenga de mí eso que yo no puedo alcanzar. Necesito saber, Arthur, que cuando haga falta usted estará dispuesto a hacerme sangrar. Porque, como ya le he explicado, con mi sangre se pueden hacer grandes cosas.

 

Arthur tragó saliva, atrapado por la mano férrea de la vampira, por su mirada implacable. Nadie nunca podría negarse a ese rostro. Y, por supuesto, él tampoco. Asintió con solemnidad.

 

– Puede contar conmigo, Nancy.

 

Una tosecilla se interpuso entre ambos; la mano de Pete señaló vagamente delante de la carreta. El cielo se había tornado rojizo, alimentado por el fuego de las explosiones más allá del horizonte, en la dirección que estaban siguiendo.

 

– Tengo la impresión de que llegamos tarde, Nan – la voz de Pete sonaba extraña tan sobria.

 

La respuesta de Nancy quedó ahogada por los gritos de guerra, por el aleteo mecánico. Por el sonido de la batalla. Habían llegado demasiado tarde; los cambiapieles habían empezado la fiesta sin ellos. Nancy volvió a aferrarse a su amuleto. Sabía que delante solo encontraría barbarie y locura.


ResponderCitar
shadow_rokhan
(@shadow_rokhan)
Estimado Acólito
Registrado: hace 11 meses
Respuestas: 100
 

      El manto de la noche cubrió a los nativos durante su marcha nocturna, una a una las tribus fueron llegando hasta el punto de reunión fijado por las visiones de la gran madre; todos deseban una sola cosa recatar a los niños secuestrados y acabar con la horda de insectos para reclamar sus trofeos de guerra.

       La tribu Sioux, Cherokee, Cheyenne, Navajo, Apache y muchas otras enviaron a sus mejores guerreros, cazadores y hombres medicina a combatir, cada uno de ellos está listo para entregar la vida combatiendo. Tallulah y sus hermanos llegaron al punto de reunión según lo planeado y comenzaron a danzar para complacer a los oscuros espíritus que los bendicen con poder. Los tambores tribales resonaron a través de la llanura y todos los nativos se embravecieron, los cantos rituales infundieron el frenesí de combate en los presentes.

      Tallulah se presentó con los lideres guerreros de cada tribu, les obsequio a todos ellos bolsas de cuero con preparados de hierbas y ceniza para que bañaran sus Tomahawks, también entrego botellas que contenían un líquido oscuro y espeso muy similar a la sangre; Tallulah les indico a los guerreros que las puntas de las flechas deben sumergirse en el líquido para que funcionen como veneno contra los insectos.

      Tan pronto como se repartieron las bolsas de cuero y las botellas, Tallulah y los líderes dieron la señal de avanzar, sus hermanos se pusieron en marcha formando columnas de a pie y a caballo. Para cubrir el movimiento del ejercito tribal a través de la llanura Tallulah se transformó en una nube negra de grandes proporciones que cubrió a todos; avanzaron bajo el manto del brujo. Cuando por fin estuvieron en posición cerca de la mina, lograron observar una escena brutal, la horda de insectos de agitaba como un mar embravecido de garras y colmillos, emitían chasquidos y chocaban sus garras.

      En torno a la horda había un grupo de sujetos de apariencia humanoide tratando de contener a la marea de insectos con campos de energía y electricidad pero eso solo parecía enfurecer más a la horda. La colmena pronto se dio cuenta que no podía ser detenida y sobre paso a sus opresores, cayeron víctimas de las violentas oleadas de garras y fueron despedazados salvajemente. Aun protegidos por Tallulah de acercaron hasta a unos doscientos metros de la horda; cuando estuvieron listos el brujo tomo su forma humana y revelo el nutrido ejercito nativo que escondía. 

      Los cambia pieles se arrojaron al combate tomando la forma de osos, lobos, coyotes, tejones y linces. Cada animal podía luchar con decenas de insectos por si mismo y soportaba una gran cantidad de heridas antes de tener que retroceder. Las primeras columnas de nativos a pie se arrojaron sobre los insectos blandiendo sus Tomahawks; el primer contacto fue brutal, se despedazaron mutuamente y los cuerpos tapizaron el suelo, la verde pradera se tiño de un tono carmesí y verdoso por la sangre los indios y los insectos.

      Los nativos a caballo comenzaron a diezmar los flancos de la horda de insectos con sus flechas envenenadas, cada oleada de flechas exterminaba a cientos de insectos. Lla efectividad de los nativos a caballo no conoce igual, la horda pronto comenzó a ser contenida. Talluah decidió destrozar a sus enemigos con la forma del Wendigo. La oscura y poderosa figura del wendigo se abrió paso entre los insectos con brutalidad despedazando y mutilando a todos cuantos pudo. Ante la despiadada embestida de los cambia pieles los insectos de desbandaron y trataron de huir por la padre o por los túneles de la mina, el acoso de la caballería fue incesante y los nativos a pie cortaron la mayoría de los accesos por los túneles.

      Aunque algunos insectos logaron escapar por los túneles que daban hacia la mina; Tallulah le pidió a Tala y a un grupo de cazadores que siguieran a los insectos para saber hacia donde se dirigían, podría haber la oportunidad de encontrar a los niños perdidos. Quizá los amos humanoides se oculten dentro de la mina o posiblemente puedan encontrar el origen verdadero de los insectos.

     

 

Esta publicación ha sido modificada el hace 2 días por shadow_rokhan

ResponderCitar
Peich
(@peich)
Acólito de Confianza
Registrado: hace 1 año
Respuestas: 70
Iniciador de tema  

No le hizo falta reflexionar mucho. Arnie estaba todo lo deprimido que pudiera estar un androide. Sin objetivos propios y sin una dirección, todos los robots de la mina eran completamente inútiles, y un peligro para la gente normal, como había comprobado tras la explosión de medio pueblo que había provocado él mismo. Deberían morir, pero no de cualquier manera, se inmolarían por la única causa que creía razonable: expulsar del mundo a los alienígenas, al del lago y a los demás.

 

Tendría que recurrir a todos los trucos, a todas las artimañas y estratagemas que se le ocurriesen, e iría más allá, puede que alguno más de los seres mecánicos, muchos de ellos viejos conocidos en otro tiempo, conservasen todo o parte de su cerebro, o del corazón, y pudiesen recuperar algún rastro de la memoria o la voluntad que una vez tuvieron. Les interrogaría a todos y arriesgaría su integridad asaltando la nave Mi-Go, a través del cilindro de luz por donde desaparecían aquellos bichos.

 

Una vez en el depósito de androides, Arnie se dirigió a los antiguos miembros de su banda de forajidos y los nombró, uno a uno. De esa manera, los recuerdos bloqueados de todos ellos fueron reviviendo en sus amputados cerebros. Al poco, la mayoría de los androides en la sala había tomado conciencia de su sometimiento y una ira sin parangón, fue alimentando las voces que clamaban venganza. Satisfecho, Arnie se dispuso a ajustar cuentas con los Mi-Go. 

Los túneles de la mina comenzaron a llenarse con sonidos de lucha y el caos se propagó como un reguero de pólvora, y aunque los metódicos alienígenas disponían de herramientas tecnológicamente avanzadas, los androides poseían una fuerza y resistencia sobrehumanas; la batalla entre los dos bandos se presentaba encarnizada: de haber habido un historiador que pudiese relatar aquella gesta, no hubiera sabido por cuál rival apostar.

 

Con sangre y fuego, Arnie y su pequeño ejército ganaron terreno a los xenos. Durante la batalla, fueron liberando los grupos de prisioneros que encontraban y los equipaban con las mismas armas que arrancaban de las pinzas de cangrejo que parecían hacer de manos en los enemigos abatidos. Y como quiera que los pulsadores de aquellos instrumentos diabólicos no estaban creados para manos humanas, hubo más de un momento tragicómico mientras la banda de Arnie acomodaba sus cuerpos a aquellos chismes informes, y fue más por suerte que por otra cosa que no se hiriesen a sí mismos en el proceso. Tampoco se puede decir que no contribuyesen a la destrucción de la mina desde dentro, cuando las ondas telequinéticas propulsadas hicieron implosionar más de una pared interior sellando innumerables pasillos y galerías.

 

Otro tanto sucedía con el enfrentamiento entre las tribus y los insectos que se cernía en la pradera. El golpetear de los cascos de cientos de caballos, los gritos de los guerreros y el furioso zumbar de los enjambres que habían quedado sin control, retumbaban y formaban extraños ecos en los túneles y cámaras de la mina, como los temporales que reverberan en las cuevas de los acantilados de la costa vaticinando un tornado descomunal.

 

Cuando consiguieron llegar al puerto de embarque de la nave alienígena, Arnie se dispuso a usar el portal de teletransporte. Lo había visto hacer muchas veces mientras se hacía el despistado, trayendo y llevando los restos de carne con los que alimentaba a la bestia del lago: solamente tenía que tocar una luz cuadrada y una circular si era uno el que iba a viajar, y si eran dos o más, tenía que tocar la luz cuadrada y una con varios puntitos. Luego, solo tendrían que situarse en el fondo de la sala sobre una plataforma circular para que un fogonazo de luz les hiciera desaparecer.

Junto a varios de los androides más espabilados, se materializó en el interior de la nave: la hora de la verdad, había llegado.

Esta publicación ha sido modificada el hace 2 días por Peich

¿Qué parte de"Cthulhu R'lyeh Ph'nglui mglw'nafh wgah'nagl fhtagn" no has entendido?


ResponderCitar
Peich
(@peich)
Acólito de Confianza
Registrado: hace 1 año
Respuestas: 70
Iniciador de tema  

El líder científico Mi-Go, limpiaba sus numerosos apéndices después de haber despiezado varios sujetos de investigación en el laboratorio principal. Sus vasallos mecánicos habían fracasado en acabar con la vida del mago hiperbóreo, sin embargo, la fallida incursión consiguió confirmar sus sospechas: su poderoso aliado de conveniencia ya no era tan fuerte como antaño y había desaparecido de esta realidad para esconderse como un gusano en los salones del Amenti, en el remoto Inframundo. 

Salió del recinto y atravesó los sinuosos pasillos en dirección al puente de mando donde le esperaban el resto de líderes alienígenas. El jefe de la expedición había perdido la paciencia que caracterizaba a los de su raza, y no estaba dispuesto a perder un minuto más en aquel absurdo planeta, ni con la investigación de aquella humanidad tan imprevisible y anárquica.

 

Desde el día que iniciaron la excavación del templo donde encontraron al primigenio, en aquella oscura, verdosa y fosforescente ciudad submarina, el mago había sido un estorbo continuo. Él sabía que le necesitaban para romper los sellos de contención de aquel ente, y que sería imprescindible para mantener a la bestia aletargada para su posterior estudio. Aquellas delicadas maniobras requerían de un saber ancestral que los alienígenas desconocían, y él estaba dispuesto a vender a un alto precio.

 

A cambio de sus conocimientos en las artes arcanas, las recompensas en tecnología Mi-Go habían sido desmedidas… El mago —que últimamente había ocupado el cuerpo del viejo cura de la misión y se hacía llamar Saturnino— consiguió los medios para crear un ejército personal que obedecía su voluntad sin cuestionarla. Y no contento con ello, había aprendido a crear seres mecánicos a partir de un ser humano: no habría guerrero que pudiera hacerle frente en su regreso triunfal a Hyperborea, ese era su mantra secreto. Incluso se había atrevido a robar parte de la sangre del primigenio para dar un paso más en la búsqueda del soldado perfecto y esto parecía haber sido el error que le había condenado. Naturalmente, los Mi-Go desconocían la verdadera causa del fracaso del mago negro. Sin embargo, ya habían recabado la información que necesitaban para sus fines ocultos, y mantenían en secreto que ya sabían cómo copiar los medios arcanos para mantener a la bestia encadenada, o… eso creían.

 

De pronto, un sonido de alarma se propagó por el puente. Los operarios de comunicaciones informaron a sus líderes de que estaban sufriendo un ataque: los androides se habían rebelado, y no sólo eso, estaban arrasando con todos los Mi-Go que encontraban a su paso. Al rato, las puertas del puente empezaron abombarse, alguien las estaba golpeando desde el exterior. Unas manos cuya piel resquebrajada dejaba ver un esqueleto metálico bajo de sí, perforaron el metal y lo doblaron como un papel de fumar. Un único superviviente, Arnie The Killer, había llegado al puente de mando disponiéndose a terminar con la existencia de aquellos que habían jugado a ser dioses, creando vidas grotescas y carentes de significado. Arnie se abalanzó sobre los alienígenas, pero esta vez no pudo culminar su lucha pues varios rayos impactaron en su ya maltrecho cuerpo haciéndole caer sobre sus rodillas.

 

Los indolentes Mi-Go, se aproximaron lentamente al destrozado androide, que perdía fluidos aceitosos a la vez que intentaba no cerrar los ojos por última vez. Entonces, una sonrisa se dibujó en lo que quedaba de su cara, y clavando la luz rojiza de su mirada en los alienígenas dijo:

―Sayonara, baby.

Y así fue, como una enorme explosión incineró todo y cuánto se encontraba allí: Arnie había dejado de existir, pero se había llevado consigo cualquier esperanza de aquellos seres por dominar a la humanidad.

Esta publicación ha sido modificada el hace 2 días 2 veces por Peich

¿Qué parte de"Cthulhu R'lyeh Ph'nglui mglw'nafh wgah'nagl fhtagn" no has entendido?


ResponderCitar
Peich
(@peich)
Acólito de Confianza
Registrado: hace 1 año
Respuestas: 70
Iniciador de tema  

Kid estaba inmerso en una nueva visión, como las que provocaba el vapor sofocante de una cabaña de sudar pero... recordaba con claridad, que estaba luchando junto a sus medio hermanos contra los insectos gigantes creados por el mago.Tala y él, estaban sentados en una piedra plana al borde de un acantilado desde el que podían ver la pradera. Amanecía en la visión, un augurio favorable según le había dicho el viejo chamán.

―¿Dónde estamos ahora, Tala? ―Preguntó Kid, extasiado por la belleza de lo que percibía.

―Este es el lugar de tu predilección, es el sitio que te recarga de poder y donde algún día vendrás a morir en el mundo cotidiano. Ahora lo estás viendo con tu cuerpo de ensueño, por eso te abruman los colores y la sensación de belleza. Yo solo te he seguido a ti en tu vuelo, sé que esta será tu siguiente pregunta, y no, no puedo ver lo que tú estás viendo. Esta visión es exclusiva para ti, es el regalo que te hace el Espíritu.

―Entonces, ¿este sitio significa que voy a morir pronto?

Tala entendía a Kid mejor de lo que el muchacho creía, el aprendizaje de los chamanes era despiadado, pues debían comprender que para entrar en el mundo mágico debían desprenderse de cualquier atadura y confrontar a la muerte día a día, y hacer de ella una compañera cotidiana. Además de todo aquello, Tala tenía que traspasar a su joven aprendiz todos sus conocimientos antes de que se cumpliera la profecía de su pueblo. Ya no tenía tiempo que perder, tendría que contárselo todo en aquel momento, estuviese preparado o no para recibir aquel golpe.

―Tu hora todavía no ha llegado, Kid, pero tú representas el fin de nuestro linaje; el fin de los nativos ha llegado y ahora ocupará nuestras tierras el hombre blanco. Hasta el día de hoy, todos los chamanes de nuestro linaje han tenido una configuración energética formada por dos bolas luminosas. La gente común y corriente solo tiene una única bola de luz que algunos de ellos pueden ver y llaman aura, y que la mayoría tiene tan desgastada y fláccida que en lugar de parecer bolas de luz tienen forma de campana con la base arrastrándose penosamente, a esa gente la verás siempre quejándose de algo o enferma de cualquier cosa. Y luego estás tú. Tu configuración energética es única y se da una vez cada diez mil años. Eres quien cierre con broche de oro nuestro linaje, y te corresponde un papel sumamente importante.

―Me estás asustando, Tala, ¿qué es eso tan importante que tendré que hacer?

―Tendrás que hacer un sacrificio de sangre, y no será agradable ni fácil para ti. Este presagio indica que tendrás éxito en la empresa si te entregas a la tarea, pero, aunque así sea, tendrás que continuar tú solo de ahí en adelante, sin un maestro, sin un guía, serás un hombre solitario que trata de entregar un mensaje al que la gente tomará por loco. Estamos en ciernes de un nuevo mundo que ha perdido su alma, la humanidad ya no transitará por la senda del corazón, sino que obedecerá a la razón, a su mente, y no comprende que estar en el mundo de la razón no es igual que estar en el mundo de la cordura. Muchos serán llamados locos por no seguir las ideas pactadas del nuevo mundo. Pero, debo hablarte de la profecía. Esta será mi última y más importante enseñanza.

Tala sacó un pequeño ídolo tallado en piedra negra de la bolsa de cuero que llevaba colgada al cuello y se lo mostró a Kid.

―Este es el símbolo de nuestro linaje. El primer chamán lo talló de una piedra cuando nuestra tribu cruzó el estrecho de Bering, nos hicimos llamar la Tribu del Lobo porque así fue cómo sobrevivimos, gracias a la ayuda de los lobos que nos guiaron a través de los túneles de hielo. Ellos seguían a nuestro primer chamán, Cielo que Grita, en aquella ardua travesía.

»Él traspasó sus conocimientos a su aprendiz, al que explicó que la tradición exigía que este pedazo de piedra debía ser traspasado mediante la sangre, para honrar así la vida de los lobos que nos entregaron sus cuerpos para alimentarnos en aquella dura travesía. Por tanto, tú tendrás que arrebatarme el ídolo mediante la violencia y de la mano del destino quedará que yo sobreviva. Esta piedra pertenece a otro mundo y se ha agotado su tiempo entre nosotros, ya no tiene poder ni capacidad para protegernos, debemos encontrar el modo de enviarla al lugar de donde proviene; esa es la profecía y tal es el deseo del Espíritu.

Kid despertó tirado en el suelo del campo de batalla, bocabajo y bañado en sudor, sangre y polvo del desierto. Se tomó unos minutos para pensar en lo que había experimentado. No era la primera vez que viajaba a un mundo extraño, donde los animales le hablaban y todo estaba imbuido de poder místico y sabiduría. Pero esta vez el mensaje había sido determinante, y el sentimiento de urgencia se apoderó de él.

Corrió hacia la entrada de la mina, donde Tala parecía estar esperándole, meditando en medio del fragor de la batalla. Tala abrió los ojos antes de que la mano de Kid se posase en su hombro, parecía dormido, pero aquel viejo estaba siempre alerta.

Mientras los tambores de guerra sonaban de fondo, varios de sus hermanos de las tribus llegaron junto a ellos. Del interior de la mina surgía una oscuridad que amenazaba con devorar todo aquello habían jurado proteger, sin embargo... estaban allí para cumplir su papel en el gran teatro de la vida, confiando en que el "Gran Espíritu", les guiase hasta su destino.

¿Qué parte de"Cthulhu R'lyeh Ph'nglui mglw'nafh wgah'nagl fhtagn" no has entendido?


ResponderCitar
Página 3 / 3
Compartir: