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									Noviembre Nocturno ~ Forum - Últimos Mensajes				            </title>
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            <description>Juegos en comunidad y otras tentacularidades</description>
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            <lastBuildDate>Thu, 15 Oct 2026 14:21:23 +0000</lastBuildDate>
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                        <title>RE: EL–HIGOLAN una historia de Sombras de Kadazra.(Recopilación)</title>
                        <link>https://noviembrenocturno.es/forum/los-circulos/el-higolan-una-historia-de-sombras-de-kadazra-recopilacion/paged/9/#post-26807</link>
                        <pubDate>Thu, 01 Oct 2026 10:29:30 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[Una hora después, una Berta ya aderezada y almidonada, tras asearse y cambiarse a un caro vestido de terciopelo gofrado granate de cuello alto y gola, se apoyaba en el escritorio de su despa...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>Una hora después, una Berta ya aderezada y almidonada, tras asearse y cambiarse a un caro vestido de terciopelo gofrado granate de cuello alto y gola, se apoyaba en el escritorio de su despacho, que seguía lleno de botellas vacías o rotas, además de una mugre de origen difícil de determinar, mientras estudiaba un mapa de la zona circundante a Puerto Cervecero, e ignoraba conscientemente los esfuerzos de Vicentín por sacar, a rastras, los restos mortales de Gervasio Muerdeperros de la sala. Frente a ella, el mariscal Eulalio Pelagatos, de los Pelagatos de toda la vida, miraba con fingido desinterés cómo el niño goblin se desriñonaba tirando de las piernas del cadáver de la forma más ineficaz posible. <br /><br />Sin apartar la vista, el mariscal preguntó directamente -¿Y qué dices que le ha pasado a Gervasio?-. <br /><br />La goblin puso los ojos en blanco y suspiró, mientras mascullaba con su mejor tono de inocencia resignada -Tropezó y se dio en la cabeza con el pico de la mesa- El mariscal miró la masa triturada e informe que era la cabeza de Gervasio y se encogió de hombros. Para un goblin, y esa era una explicación tan convincente para justificar un deceso como decir que alguien se había resbalado treinta veces sobre un cuchillo, que Fulanito se había puesto unos zapatos de cemento para ir a nadar al charco más profundo, o que Menganito había decidido dormir debajo de una caja fuerte para no coger frío. Y además, Berta no tenía ganas de dar explicaciones, ni justificarse por haber elegido tomar el camino de la violencia, ¡y punto!. <br /><br />-¿Quieres dejar de perder el tiempo con nimiedades y poner atención? El ejército de la compañía de las islas occidentales está de camino. Y me niego a que pongan sitio a la ciudad, otra vez. La ultima vez no me dejaron dormir más de dos horas seguidas y tenía que dar un discurso motivador cada dos por tres- el tono de disgusto de Berta ocultaba su preocupación por la población civil de Puerto Cervecero que ya había sufrido el rigor y la miseria de un asedio prolongado hacia tan solo unos meses. Pero como dirigente goblin, presuntamente desalmada, taimada, miserable, artera y abusona, Berta jamás lo admitiría, ni a ella misma.<br /><br />-Yo no me preocuparía -dijo Eulalio tomando repentinamente un tono profesional -Un ejército tarda semanas en organizarse y movilizarse; la logística es importante, en especial si se trata de un ejército mercenario. Tendrán que organizar un tren de suministros capaz de mantenerlos sobre el terreno y seguro que no querrán mover sus gordos culos humanos hasta estar seguros de que se dispone de suficientes fondos para pagarles. Hasta ahora, habrán servido de guarnición y querrán re-negociar la tarifa por una campaña prolongada y al raso, negociar porcentajes sobre posibles saqueos, el seguro por defunciones inesperadas que no sorprendentes, bonificaciones y puntos extra por enemigo escamochao, dietas por desplazamiento, etc, etc- el mariscal se atusó el mostacho mientras calculaba mentalmente -Me atrevería a decir que tenemos un par de semanas antes de que se presenten aquí-. <br /><br />-Bien, tenemos tiempo de sobra para desplegarnos en posiciones estratégicas bien ocultas- repuso Berta -Esos humanos marrulleros de la compañía de las islas ornamentales, perdón, occidentales, son una panda de mercachifles sin pelotas. Seguro que querrán negociar antes de atacar, al fin y al cabo, a esos tipejos no les convienen las guerras cuando son ellos los que ponen el capital, en lugar de ganarlo. Querrán enseñarnos lo grande que es su ejército para compensar lo pequeña que la tienen... y demás. Creo que podremos aprovechar eso también- añadió la goblin pelirroja entrecerró su ojo sano, estudiando el mapa, tramando un plan, tan astuto como rastrero. Por fin, la goblin musitó -Además, esta vez, me aseguraré de que las milicias ciudadanas estén armadas con algo más que malas intenciones -. <br /><br />Berta sacó su pipa de larga caña y pequeña cazoleta de una de las mangas de su vestido con un movimiento fluido, casi felino, y la encendió. El denso humo morado del loto rojo mezclado con tabaco, inundó la sala del dulzón olor que solo los goblins encontraban agradable. Tras dar un par de caladas, la goblin miró a Vicetín, que seguía jadeando y tirando de las piernas de Gervasio Muerdeperros, que ya empezaba a estar rígidas por el rigor mortis, sin lograr mover más que unos centímetros el cuerpo, y gritó -¡VICENTÍN! ¡¿Quieres dejar de hacer ruido, que estamos hablando las personas?! ¡Y de paso, deja de hacer el vago! ¡Tráenos algo de beber, con alcohol, al mariscal y a mí! tenemos mucho que planificar.</p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://noviembrenocturno.es/forum/"></category>                        <dc:creator>Fasa_Ape</dc:creator>
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                        <title>RE: EL–HIGOLAN una historia de Sombras de Kadazra.(Recopilación)</title>
                        <link>https://noviembrenocturno.es/forum/los-circulos/el-higolan-una-historia-de-sombras-de-kadazra-recopilacion/paged/9/#post-26806</link>
                        <pubDate>Sun, 06 Sep 2026 16:58:38 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[La goblin subió los escalones que llevaban a la planta donde se encontraban sus aposentos y el despacho del virrey. Entró en la sala arrastrando los pies y se dejó caer pesadamente en un sil...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>La goblin subió los escalones que llevaban a la planta donde se encontraban sus aposentos y el despacho del virrey. Entró en la sala arrastrando los pies y se dejó caer pesadamente en un sillón; solo entonces miró a su alrededor.<br /><br />Su despacho, habitualmente limpio y ordenado, o al menos lo que los goblins entendían por limpio y ordenado, era un desastre de botellas vacías y rotas, papeles esparcidos por el suelo, manchas en las paredes y un tufillo que decía a gritos que alguien no era mucho de salir para usar el cuarto de baño. Gerbasio Muerdeperros estaba tirado sobre el escritorio mirando al pecho en un estado de estupefacción; Berta por fin habló.<br /><br />-¿Te das cuenta de lo que le va a costar a Vicentín limpiar todo esto? Si has liado este desastre en "MI" despacho, no quiero pensar qué habrás hecho en "MI" cuarto con el cajón de mis bragas- El tono venenoso en la voz de la goblin era casi una agresión física.<br /><br />Gervasio levantó la cabeza y miró a Berta con ojos vidriosos y estupefactos, como si no pudiera discernir si su ex-prometida estaba realmente allí o era una alucinación; un hilo de baba espesa le colgaba de la comisura de los labios. Berta reconoció de inmediato los síntomas: Gerbasio estaba drogado, iba de setitas hasta las orejas.<br /><br />Los goblins habitualmente se drogaban con azúcar. El azúcar hacía sentir una euforia abrumadora; en grandes cantidades podía provocar que el metabolismo goblin, ya rápido de por si, se revolucionara hasta conseguir literalmente que el goblin se moviera a una velocidad extrema. Pero las setitas eran harina de otro costal, mientras que el azúcar se podía refinar casi de cualquier raíz o planta y era una opción asequible para cualquier goblin buscando desconexión. Las setas eran caras, no eran un derivado, ni algo que pudiera refinarse, ni alterarse de ninguna forma. Era una droga cara, solo al alcance de los goblins muy ricos, de los ministros y los nobles, que las tomaban para aclarar su mente, pero pegaban muy fuerte si te pasabas, sobre todo si no estabas acostumbrado, como el caso de Gervasio, que en su delirio de creerse el virrey de Puerto Cervecero, se estaba dando a la vida de nuevo rico.</p>
<p><br />Gervasio parpadeó en pleno delirium tremens -Bertita ¿por qué no me quieres? Juntos seríamos los dueños de Goblinburgo y del mundo; contigo sería ministro mañana mismo- su voz sonó pastosa y somnolienta.<br /><br />-Siempre has tenido la profundidad de un charco- prácticamente escupió Berta, haciendo rechinar los dientes -Cuando éramos pareja, la cabeza pensante era yo. Hasta que tuviste una idea propia y decidiste quitarme de en medio. Si no lo hubieras hecho, ahora ya sería ministra y tú mi marido florero- la goblin hizo un gesto con la mano con desde -Pero tranquilo, ya he renunciado a ser ministra, estoy bien como estoy-.<br /><br />Gervasio se sentó en el escritorio; el desprecio en su cara era un reflejo de lo que dijo a continuación -¿Es por ese enano de mierda al que te follas? ¿Por qué no echamos un polvo? Seguro que después entras en razón-.</p>
<p>Berta puso los ojos en blanco -cuidado con lo que dices de mi Elric. Además, para tu información, le he prometido serle fiel, así que no me acostaría contigo ni aunque fueras un goblin decente como el mariscal Eulalio Pelagatos, de los Pelagatos de toda la vida- Berta ya había entrado en el despacho con ganas de matar a Gervasio, pero su actitud le estaba dando ganas de, además, darle una paliza y llamar a un nigromante para que lo reviviera y volver a darle una paliza y volver a matarlo, pero esta vez de otra forma, para no hacerse repetitiva.<br /><br />-Hubo un tiempo en que te acostabas con todos tus conocidos -la acusó Gervasio, a quien siempre le gustó provocar a Berta y hacerla enfadar, sin darse cuenta de que en esta ocasión, Berta estaba a un parpadeo de cumplir con las amenazas que siempre le lanzaba en esas situaciones -¡¡Y además eres Bisexual!-.</p>
<p>Esa fue la provocación final, la gota que colmaba el vaso. Berta saltó del sillón -¡Pues como todas las goblins, Tolay! ¡¿A qué viene eso ahora?!- La goblin se lanzó a una velocidad vertiginosa sobre Gervasio mientras sacaba un pequeño estilete que había fijado su peinado -¿Ves este pincho? Pues además de pinchar, pica, corta y hace mayonesa-.<br /><br />Berta lanzó el estilete con una precisión casi quirúrgica contra el ojo izquierdo de Gervasio, deseando hacerle perder el mismo ojo que ella perdió por su culpa, antes de darle un boleto solo de ida al otro mundo. Pero Gervasio, a pesar de la estupefacción causada por el exceso de setita, seguía siendo un agente de la hermandad de los cuchillos largos. En el último momento retiró la cabeza, provocando que el estilete quedara profundamente clavado en el escritorio. Gervasio lanzó un puñetazo que derribó a Berta. La goblin era pequeña, ligera y terriblemente veloz, pero Gervasio era más duro y fuerte.<br /><br />El goblin arrancó el estilete de la dura madera del escritorio y, bajo del mueble, agarró a Berta por el pelo y golpeó con el estilete, buscando una puñalada que entrara por debajo del esternón y atravesara limpiamente el corazón. La punta del estilete pincho el corsé del vestido de Berta, pero en ese mismo momento, el broche que le regalo la reina Camelia y que la goblin siempre llevaba prendido, por presumir de contactos en las altas esferas humanas, y porque como descubrió por accidente era la llave de activación de las cámaras de El-higolann, brillo con una luz que heria los ojos, el estilete salio rebotado, la goblin tan sorprendida por lo sucedido como Gervasio pero mas rápida en sus reacciones, golpeo los testículos de Gervasio, que soltó su pelo dándole la libertad de movimientos que necesitaba.</p>
<p>Sin perder tiempo, Berta agarró lo primero que tuvo a mano, un pequeño busto del emperador Connor, que estaba por allí para congraciarse con los visitantes humanos, y lo descargó con un golpe seco contra el cráneo de Gervasio. El despacho retumbó con un crujido; Berta, llena de adrenalina, no sabía si provenía del busto o del cráneo de Gervasio, pero no importaba, el sonido le resultó igual de satisfactorio.<br /><br />Gervasio giró sobre si mismo y cayó al suelo, pero Berta no estaba satisfecha con ello; se sentó a horcajadas sobre el goblin inconsciente e indefenso y empezó a golpear su cabeza con el busto con una saña casi maníaca, reduciendo a pulpa la cara del goblin al que en el pasado amó. Berta sentía una catarsis, se vengaba del que le hizo perder un ojo, de quien la traicionó; sentía que destruía lo que la ataba al recuerdo de lo que hizo en Castelnuovo. Aunque los recuerdos traumáticos de las atrocidades que los goblins cometieron contra los enanos en aquella remota fortaleza nunca desaparecerían, y seguirían agustiándola en sus pesadillas, sentía que por fin podía pasar página.<br /><br />Cuando Vicentín entró en el despacho, encontró a Berta aún machacando el cráneo de Gervasio con el busto agrietado de Connor. El niño goblin se quedó helado, no por el horror, era un goblin, eso lo veía todos los días antes del desayuno, sino porque ahora le tocaría a él limpiarlo todo. Berta giró su cara manchada de sangre hacia él y lo miró con su único ojo entrecerrado mientras seguía machacando -Lárgate y no vuelvas sin el mariscal Eulalio Pelagatos, de los pelagatos de toda la vida; tenemos un ejército que convocar y organizar- el tono frío y determinado de la voz de la goblin no dejaba espacio a la discusión, aunque nunca la dejaba. Vicentin corrió a cumplir con el mandato de la virreina.</p>]]></content:encoded>
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                        <title>Club de soñadores de Wicklow Street</title>
                        <link>https://noviembrenocturno.es/forum/los-circulos/club-de-sonadores-de-wicklow-street/#post-26804</link>
                        <pubDate>Tue, 11 Aug 2026 23:31:20 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[
&nbsp;
Le damos la bienvenida a nuestra asociación de soñadores. 
&nbsp;
Su enorme interés por la investigación de ...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-size: 14pt">Le damos la bienvenida a nuestra asociación de soñadores. </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-size: 14pt">Su enorme interés por la investigación de la oniromancia y sus satisfactorias entrevistas previas demuestran dotes prometedoras en el campo de la investigación donde tanto usted, como la asociación internacional de soñadores puede obtener grandes resultados y avanzar en el conocimiento humano a niveles jamás pensados acerca de los reinos de Morpheo.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-size: 14pt">Su investigación acerca de los ecos de Carcossa resultó ser una lectura altamente edificante e instructiva, así como su trabajo acerca de la parametrización de espacios no euclidianos en el entorno onírico ha abierto multitud de vias de investigación. </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-size: 14pt">Nuestro lugar de reunión se encuentra en el número 5 de Wicklow Street. En las dependencias dispondrá de numerosas y confortables camas así como de otro cómodo mobiliario. También disponemos de servicio de guardarropa, una extensa y silenciosa biblioteca privada con libros que cubren aspectostales  como la interpretación de oráculo, cartografía, mitología, alienismo y otras disciplinas afines a nuestro fin.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-size: 14pt">Con el objetivo  de facilitar, catalogar y documentar los hallazgos disponemos de personal especializado en transcribir las experiencias de nuestros invitados y servicio de habitaciones. </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-size: 14pt">Esperamos ansiosamente su estancia y que ésta sea próspera.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-size: 14pt">Atentamente: John Wallace II, vicedirector de la asociación de soñadores de Wicklow Street</span></p>]]></content:encoded>
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				                    <item>
                        <title>Old Hunters</title>
                        <link>https://noviembrenocturno.es/forum/los-circulos/old-hunters/#post-26803</link>
                        <pubDate>Mon, 22 Jun 2026 18:58:37 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[“Byrgenwerth es un antiguo centro de aprendizaje. Y la tumba de los dioses, excavada bajo Yharnam, debería ser familiar para todo cazador. Pues bien, en cierta ocasión, un grupo de jóvenes e...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p><em>“</em><em>Byrgenwerth es un antiguo centro de aprendizaje. Y la tumba de los dioses, excavada bajo Yharnam, debería ser familiar para todo cazador. Pues bien, en cierta ocasión, un grupo de jóvenes eruditos de Byrgenwerth descubrió un médium sagrado en las profundidades de la tumba. Esto condujo a la fundación de la Iglesia de la Sanación y al establecimiento de la sanación con sangre. En este sentido, <strong>todo lo sagrado en Yharnam tiene su origen en Byrgenwerth</strong>.</em><em>”</em></p>
<p style="text-align: right"><em>––Alfred, cazador de Vilebloods.</em><em> </em></p>
<div style="text-align: center">Willem.</div>
<div> </div>
<div style="text-align: center">I</div>
<p>Nací en un lugar alejado de estas tierras, en el seno de una familia distinguida y considerada como una de las más importantes de esa ciudad. Entre mis antepasados se pueden contar gran cantidad de consejeros, catedráticos y muchos otros con diversos cargos públicos, todos ellos con una intachable reputación. </p>
<p>Mis aspiraciones eran, por decirlo de alguna manera, algo diferentes. Desde que tuve uso de razón, me vi poseído por una sed insaciable de conocimiento y la convicción de que el intelecto humano era suficiente para desenmarañar los más intrincados designios del universo. Devoré las matemáticas, la física, la astronomía y tratados de medicina en las aulas más prestigiosas de la capital; mis maestros veían en mí al joven erudito que expandiría los horizontes de la ciencia moderna. Poseía —como ya he mencionado — una fe ciega y arrogante en el intelecto humano; estaba convencido de que, si pulíamos lo suficiente nuestros telescopios y refinábamos el rigor de nuestras ecuaciones, el universo eventualmente se desnudaría ante nosotros. </p>
<p>Pero tras apenas unos años como investigador en la universidad de mi ciudad natal, mientras mis colegas se felicitaban por catalogar una nueva especie de planta o calcular la órbita de un cometa, comenzó a asfixiarme una certeza aterradora: la ciencia humana no es un camino hacia el infinito, el cerebro del hombre no es un faro diseñado para iluminar el cosmos, sino una pequeña vela, apenas suficiente para sobrevivir como especie. Comprendí que estamos biológicamente diseñados para calcular la trayectoria de una presa o para distinguir una planta comestible de una venenosa entre la maleza; no para procesar la auténtica, vasta y terrible magnitud del universo. El intelecto humano es, en este sentido, completamente despreciable. Somos seres cuyos sentidos solo captan una fracción miserable de la realidad.  </p>
<p>Abrumado por estas ideas comencé a realizar investigaciones demasiado extravagantes para los estándares de la universidad y estos llamaron la atención hacia mi persona. Al compartir mis inquietudes sobre nuestros límites intelectuales y sesgos que nos condicionan como especie, la comunidad científica se escandalizó, me llamaron blasfemo, hereje de la razón. ¿Cómo pretendía un joven como yo destruir las bases sobre los que se cimienta toda la historia de la ciencia? </p>
<p>Ante estas acusaciones y el descontento general de mis antiguos compañeros, se decidió separarme de manera inmediata de mi cargo. Y solo por consideración a mi ilustre familia, se acordó desterrarme con el título de preboste a un rincón olvidado, rodeado por densos bosques y edificado junto a las aguas grises de un gran lago, una pequeña e insignificante universidad provincial llamada Byrgenwerth. </p>
<p>A menudo pienso en ese hecho, ¿podría llamarse casualidad mi llegada a este lugar? Me pregunto si el azar no será otra forma de nombrar el destino. De todos los condenados al ostracismo, de entre todas las provincias lejanas y todas las universidades insignificantes que pudieron elegir, me enviaron justo a las puertas de la tumba de los dioses. </p>
<p style="text-align: center">II </p>
<p>A lo largo de mi vida he conocido personas que marcaron mi camino y me permitieron alcanzar logros increíbles tanto personales como académicos. Maestros, compañeros y alumnos. Pero de todas ellas sin lugar a dudas la persona más importante fue Caryll. </p>
<p>Debo admitir que mi llegada a Byrgenwerth no fue esperanzadora en ningún sentido. El lugar consistía en un único edificio devorado por la humedad: un par de bibliotecas, un aula polvorienta en la planta baja que se asemejaba más a un pequeño laboratorio y una escasa colección de estudiantes poco instruidos que apenas lograban comprender de forma rudimentaria los conceptos básicos de la filosofía clásica. Si bien requerían un inmenso trabajo y una guía constante, pude vislumbrar entre ellos a unos cuantos jóvenes que mostraban verdadero potencial.  </p>
<p>Por las noches me refugiaba en los rincones más profundos de la vieja biblioteca secundaria. La biblioteca principal — si es que merecía ese nombre— era de dimensiones muy reducidas y se ubicaba en la segunda planta del edificio; la otra, en cambio, era de un tamaño tan increíble que costaba entender cómo podía existir en un lugar como aquel. Contaba con una gran cantidad de libros que no había visto jamás y tocaban temas tan diversos como la metafísica, lenguas extintas, anatomía, religiones antiguas y diversas ramas del conocimiento que me resultaban completamente desconocidas. Muchos de aquellos volúmenes carecían de autor, fecha o lugar de impresión. Algunos estaban escritos en idiomas que no reconocía. </p>
<p>En este lugar fue donde conocí a Caryll, la segunda o tercera noche que visité la biblioteca, mientras me encontraba ojeando un libro lleno de caracteres ininteligibles escuché su voz en una mesa cercana. </p>
<p>—Es un buen libro ¿Lo conoce?</p>
<p>Levanté la vista. Caryll revisaba una pila de volúmenes tan alta que apenas permitía distinguir su rostro. A decir verdad, ni siquiera había notado que estaba ahí.</p>
<p>—Me temo que no —contesté después de un momento—. De hecho, ni siquiera estoy seguro de reconocer el idioma en el que está escrito.</p>
<p>—Habla sobre enfermedades hereditarias y las pequeñas variaciones que aparecen de forma espontánea entre generaciones.</p>
<p>—¿Variaciones?</p>
<p>—Mutaciones, si lo prefiere. Pequeños errores en el diseño de la naturaleza. La mayoría producen deformidades o enfermedades; sin embargo, de vez en cuando aparece una variación capaz de alterar el destino de una especie entera. Según el autor de ese libro seríamos el resultado de una larguísima cadena de mutaciones en función de nuestro entorno, nada más. Dígame ¿Cree usted que el ser humano es un fin diseñado por una voluntad divina? ¿O cree que somos sólo el puente hacia algo superior?</p>
<p>Sonreí mientras volvía a ver el libro y recorría con un dedo el borde de sus páginas.</p>
<p>—Es un tema delicado —respondí—.  </p>
<p>—Claro, esto significaría que no fuimos creados a imagen y semejanza de alguien.  </p>
<p>—Así es, es una postura bastante interesante no lo negaré, pero, para serle franco la última vez que discutí abiertamente un tema controversial como este terminé, pues, aquí.</p>
<p>Dejó por un momento el libro que examinaba y sentí su mirada por primera vez.</p>
<p>—La ciudad de Yharnam tiene más historia que cualquiera de las grandes capitales que usted pueda visitar, o incluso recordar. Estoy seguro que con el tiempo entenderá que este es el lugar correcto.  </p>
<p>—Le pido que me disculpe —le dije apresuradamente— mi intención no era ofenderle a usted o a su ciudad. Es solo que mi llegada fue algo…  </p>
<p>—¿Involuntaria? No se preocupe, yo tampoco nací en Yharnam, al igual que usted llegué aquí por motivos académicos, aunque mis circunstancias fueron completamente diferentes. A diferencia de usted yo busqué este lugar durante mucho tiempo, se podría decir que desde mi infancia escuché que este era mi lugar.</p>
<p>Después de nuestra primera conversación comencé a buscar a Caryll cada vez que visitaba la biblioteca. Con el tiempo nuestras conversaciones se volvieron costumbre. Hablábamos sobre historia natural, medicina, astronomía, filosofía y decenas de disciplinas más. Por primera vez encontré a alguien con quien podía hablar y debatir libremente.</p>
<p>He de reconocer que rara vez conseguía sorprenderle. En más de una ocasión creí haber encontrado una objeción irrefutable a una de sus afirmaciones o una teoría lo suficientemente audaz para despertar su interés, solo para descubrir que Caryll ya había considerado aquella posibilidad mucho antes que yo.</p>
<p>¿Conoce las antiguas catacumbas que se encuentran bajo la ciudad? —Dijo mientras hablábamos sobre antiguas civilizaciones ahora perdidas—.</p>
<p>—Escuché algo sobre ellas a mi llegada. Creí que eran una leyenda local ya que según entendí, nadie conoce su localización exacta.</p>
<p>—No son una leyenda, tampoco crea que esas cuevas se formaron de manera natural. Verá, hace mucho tiempo, antes de que existiera algo que pudiera remotamente ser llamado humano existió ahí una civilización. Esas catacumbas son una estructura colosal tallada bajo tierra por una raza o como quiera llamarlos, la cual solo conozco por el nombre de Pthumerios. ¿Se da cuenta de lo que podría significar esto? Podría ser una civilización completamente diferente de la nuestra, con su propia historia, escritura y cosmogonía. Algo como eso sacudiría las bases de la ciencia ¿no lo cree?</p>
<p style="text-align: center">III</p>
<p>Después de solo un par de semanas, guiados por las indicaciones de Caryll y con la ayuda de los estudiantes logramos encontrar la entrada a las catacumbas. Para la mayoría de los estudiantes este proyecto era solo una excusa para salir del aula, pero dos de ellos mostraron un verdadero interés en la expedición. Eran, además, los dos estudiantes más avanzados con diferencia del resto, Laurence y Micolash.</p>
<p>Si bien las catacumbas se encontraban efectivamente debajo de Yharnam la entrada estaba en el bosque anexo a la universidad. Como era de esperar solo Laurence y Micolash se ofrecieron para realizar una expedición. Al ser un terreno completamente ajeno para nosotros y desconocer si habría algún otro acceso o lo que podríamos encontrar ahí sugerí que deberíamos buscar a alguien que nos pudiera ayudar a garantizar nuestra seguridad.</p>
<p>—Podríamos pedírselo a Gehrman. Tiene una pequeña armería en la ciudad y según dicen también es bastante hábil con ellas —dijo Laurence mientras alistábamos todo para la primera expedición— puedo preguntarle si le interesaría unirse a nuestra aventura, después de todo las catacumbas son un lugar mítico para cualquier habitante de Yharnam.</p>
<p>Laurence se ofreció a buscar a Gehrman aquella misma tarde. Regresó entrada la noche de buen humor. Gehrman había aceptado acompañarnos al día siguiente. Como cualquier Yharnamita, efectivamente había escuchado historias sobre las antiguas catacumbas, aunque nunca había mostrado un interés particular por encontrarlas. Sin embargo, la posibilidad de explorarlas antes que nadie pareció suficiente para convencerlo.</p>
<p>Laurence, Gehrman, Micolash y yo nos reunimos al amanecer junto a la entrada que habíamos descubierto en el bosque anexo. Nuestro equipo era modesto: unas cuantas antorchas, provisiones para una jornada y una cuerda lo bastante larga para marcar el camino de regreso, Gehrman por su parte había traído un bastón de buen tamaño y un sable curvo. Calculamos que las antorchas nos durarían un poco más de cuatro horas antes de que la oscuridad nos obligara a volver a la superficie.</p>
<p>La entrada resultó ser poco más que una grieta abierta en la roca. Durante los primeros minutos avanzamos por pasadizos estrechos y de techos bajos, obligados a caminar en fila mientras las antorchas proyectaban nuestras sombras sobre las paredes. Como había mencionado Caryll, era evidente que esa estructura no era una formación natural. Cada bloque de piedra había sido cortado con una precisión extraordinaria. Los muros estaban cubiertos de relieves desgastados por el tiempo, tan erosionados que apenas permitían distinguir figuras o símbolos. Aun así, la calidad de la talla era evidente; quienquiera que hubiera levantado aquellas cámaras poseía una destreza que rozaba lo imposible.</p>
<p>Conforme descendíamos, los pasadizos comenzaron a abrirse en galerías más amplias. Al fondo de una de aquellas salas se alzaba una caverna inmensa, surcada por raíces profundas que se hundían en la piedra y daban la impresión de ser venas petrificadas. A ambos lados se levantaban monolitos altos y estrechos, por su disposición por un momento me parecieron ser unas lápidas gigantescas. Varias puertas laterales estaban sepultadas por derrumbes, y otras parecían formar parte de complejos mecanismos de poleas y contrapesos, pero todos ellos se hallaban atascados, inmóviles desde hacía quién sabe cuánto tiempo.</p>
<p>Continuamos nuestro descenso, logramos acceder a las cámaras más profundas al remover unas cuantas piedras que bloqueaban el camino. Gehrman resultó ser bastante útil en estas tareas. Cuando lo conocí comprendí por qué Laurence había pensado inmediatamente en él. Era un hombre alto y robusto, no parecía ser del tipo que hablara mucho y se movía con la cautela de alguien bastante habituado a los peligros.  </p>
<p>Las primeras antorchas estaban cerca de consumirse cuando logramos entrar a una cámara que era bastante distinta de las anteriores. En su interior se hallaban una serie de estatuillas que parecían describir el proceso de desarrollo de un ser humanoide; sin embargo, tras unas cuantas figuras esta comenzaba a perder todo rasgo humano. El cráneo crecía de forma totalmente desproporcionada, como si la cabeza hubiese sido estirada más allá de lo posible. Los brazos habían sido sustituidos por largos tentáculos, y en sus extremos se abrían apéndices más pequeños, semejantes a dedos atrofiados. La espalda se desplegaba en una especie de alas rudimentarias, enormes, plegadas sobre el cuerpo con una torpeza que no parecía natural.</p>
<p>Bajo las estatuillas encontré también una especie de códice primitivo. En ellas aparecían las mismas figuras que habíamos visto representadas en piedra, acompañadas de largas columnas de símbolos escritos en una lengua desconocida.  </p>
<p>Mientras Micolash y yo examinábamos los grabados, intentando encontrar algún patrón que nos permitiera comprenderlos, escuché pasos apresurados acercándose desde un pasadizo contiguo.</p>
<p>Era Laurence.</p>
<p>Apareció jadeando entre las sombras.</p>
<p>—¡Maestro Willem! ¡Por favor, venga! —dijo visiblemente alterado. </p>
<p>Intercambié una mirada con Micolash. Él permaneció junto a las estatuillas, recogiendo cuidadosamente el códice y las figuras de piedra, mientras yo seguía a Laurence hacia la cámara contigua.</p>
<p>Atravesamos un estrecho corredor y, al cruzar el umbral, la oscuridad me envolvió por completo.</p>
<p>La nueva cámara era inmensa. Durante unos instantes no pude distinguir nada. La llama de las antorchas estaba próxima a extinguirse y apenas lograba arrancar fragmentos de la penumbra. Sólo cuando me acerqué a un par de metros de Gehrman pude verlo claramente. Permanecía inmóvil, con la antorcha alzada frente a él.</p>
<p>La luz apenas iluminaba unos pocos metros a nuestro alrededor.</p>
<p>Más allá sólo había oscuridad.</p>
<p>Y en medio de aquella oscuridad se alzaba una figura descomunal. Al principio creí que observaba una formación rocosa. Una columna quizá, o parte de la propia caverna. Sin embargo, a medida que mis ojos se acostumbraron a la penumbra, comencé a distinguir mejor la forma, pude ver ciertos rasgos donde creía ver solo piedra.</p>
<p>Aquello no era parte de la cámara.</p>
<p>Era un cuerpo.</p>
<p>Pedí otra antorcha. Laurence me miró con desconcierto, como si hubiese perdido el juicio.</p>
<p>—Maestro Willem...</p>
<p>No respondí. Tomé la llama, la acerqué a la mecha nueva y esperé a que prendiera. El fuego vaciló un instante antes de afirmarse. Entonces levanté la antorcha con ambas manos.</p>
<p>La luz creció.</p>
<p>La figura emergió poco a poco de la oscuridad, y con ella el horror de su escala. No se trataba de una simple aberración enterrada en la profundidad; era, sin lugar a dudas, el cuerpo representado en las estatuillas y en el códice.</p>
<p>Gehrman retrocedió un paso. Laurence abrió la boca, pero no encontró palabras. Micolash, en cambio, parecía incapaz de apartar la vista de la criatura.</p>
<p>—Es un monstruo —murmuró Gehrman, con la voz tensa.</p>
<p>Estábamos junto a la misma figura y, sin embargo, veíamos cosas totalmente diferentes. Para ellos no era más que un monstruo: una aberración abandonada en aquellas catacumbas para pudrirse en silencio. Para mí, en cambio, aquello era otra cosa. Veía un cuerpo que había atravesado un proceso imposible, una forma que aún conservaba, bajo aquella deformidad terrible, el recuerdo de un origen humanoide. Era posible.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>¡Evolución!</strong></p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://noviembrenocturno.es/forum/"></category>                        <dc:creator>calvin0</dc:creator>
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                    </item>
				                    <item>
                        <title>RE: Confesiones</title>
                        <link>https://noviembrenocturno.es/forum/la-red/confesiones/#post-26802</link>
                        <pubDate>Mon, 15 Jun 2026 16:17:26 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[Me han gustado ambos relatos, aunque por motivos diferentes. El primero destaca por la voz del narrador, que resulta inquietante precisamente porque cuenta hechos terribles con una naturalid...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>Me han gustado ambos relatos, aunque por motivos diferentes. El primero destaca por la voz del narrador, que resulta inquietante precisamente porque cuenta hechos terribles con una naturalidad casi cotidiana. A medida que avanza la historia, se va revelando una personalidad cada vez más perturbadora, y eso mantiene la tensión hasta el final. El segundo relato me atrapó más por la ambientación y el uso del lenguaje. El recurso repetitivo de “crick crack” funciona muy bien como elemento narrativo y acaba convirtiéndose en una especie de eco que acompaña toda la lectura. También me gustó mucho el trabajo con el habla popular y los detalles culturales, que aportan mucha personalidad al texto. Si tuviera que elegir, diría que el primero me impactó más por su carga psicológica, mientras que el segundo me pareció más original y memorable por su estilo.</p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://noviembrenocturno.es/forum/"></category>                        <dc:creator>LuanaMiller</dc:creator>
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                    </item>
				                    <item>
                        <title>RE: Confesiones</title>
                        <link>https://noviembrenocturno.es/forum/la-red/confesiones/#post-26801</link>
                        <pubDate>Tue, 02 Jun 2026 20:49:09 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[El velorio de los angelitos
Crick crack.
Me llamo Fulgencio, igual que mi padre. —Crick crack—. No recuerdo como se llamaba mi abuelo ni sé si heredé también su nombre, pero lo que sí me t...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p><b>El velorio de los angelitos</b></p>
<p><span style="font-weight: 400">Crick crack.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Me llamo Fulgencio, igual que mi padre. —Crick crack—. No recuerdo como se llamaba mi abuelo ni sé si heredé también su nombre, pero lo que sí me tocó fue el apodo. Le llamaban guarapo —crick crack—, como el licor que se saca del corazón de las palmeras, y durante gran parte de mi vida fui más amigo de esa vaina que de muchas personas. Hoy —crick crack—, a mis casi ciento veinte años, parece que el alcohol es algo que te regalan en las esquinas, pero durante esos días, a poco de cumplir la veintena, andar </span><i><span style="font-weight: 400">mamao</span></i><span style="font-weight: 400"> era un gusto caro, casi inalcanzable.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Crick crack.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Tenía que esforzarme más que los demás si quería comprarme un vaso de vino, o alguna bebida algo más espirituosa. Aún no era un borracho; solo un hombre con bastante afición.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Crick crack.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Hacía viajes diarios desde Artenara hasta La Marea y desde La Puntilla hasta Agaete, para vender con mi cesta los frutos de la tierra a pie de playa —crick crack—, y en el monte solía colocar muy bien las lapas, pulpos, chuchangos y morenas que tenía la suerte de pescar. Ahora, al sentir el </span><i><span style="font-weight: 400">cloquío </span></i><span style="font-weight: 400">de mi voz ajada —crick crack—, no creerían el precioso canto de la morena que solía tener: el más bello y </span><i><span style="font-weight: 400">sentío </span></i><span style="font-weight: 400">de toda la costa.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Con el paso de las jornadas y sin darme cuenta, la costumbre de subir y bajar cargando peso, me hizo más fuerte que el resto —crick crack—. Por eso, cuando me invitaron a hacer el baile del pámpano roto con los chiquillos del barranco, resulté ser el más «valiente» y terminé empitonando a la quería del Eusebio.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Crick crack.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Las costumbres de mi juventud son difíciles de comprender con los ojos del siglo </span><span style="font-weight: 400">xxi</span><span style="font-weight: 400"> —crick crack—. El baile del que estoy hablando era una costumbre en la que hombres y mujeres de los pueblos del barranco, nos reuníamos —crick crack— en una cueva con una pila de pámpanos, las hojas esas grandes que dan las ñameras. Las hembras se bajaban las enaguas y ponían el trasero en pompa, cubierto tan solo por un manojo de pámpanos, que los hombres —crick crack—, teníamos que romper con un empujón que dábamos con el miembro bien tenso. —Crick crack—. Quien rompiese más pámpanos de un golpe, podríamos decir —crick crack—, que era el más «valiente».</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Como viene a ser natural y, aunque sabían a lo que se exponían, el Eusebio se </span><i><span style="font-weight: 400">empenicó </span></i><span style="font-weight: 400">como un </span><i><span style="font-weight: 400">ligalto</span></i><span style="font-weight: 400">, le tuve que parar los pies y llegamos a las manos.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Decía que me iba a desriscar, que me iba a escachar la cabeza con un tenique, me nombró a la viejita </span><i><span style="font-weight: 400">pa </span></i><span style="font-weight: 400">después echárseme encima con los ojos </span><i><span style="font-weight: 400">encendíos</span></i><span style="font-weight: 400">. Por suerte, llevaba siempre mi naife conmigo y lo abrí como una caballa desde el vientre hasta la base del gaznate de una sola sajá.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Crick crack.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Comprendí que tenía que quitarme de en medio, así que, aprovechando el revuelo, me eché a correr barranco abajo con la intención de montarme en el primer bote que saliese para Tenerife. Allí me cambiaría el nombre, me afeitaría las barbas y empezaría a trabajar de cualquier cosa hasta que las aguas se calmasen un poco.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Crick crack.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">No solo salí huyendo por miedo a las autoridades. Lo que llevaba de vez en cuando en el pensamiento corriendo barranco abajo, era cómo le iba a explicar a la mujer del Eusebio, que lo maté porque no le gustó que le metiese una clavadita a su amante. Ese verol no estaba sobre mis tejas y hasta —crick crack— podríamos decir que le hice un favor.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Igual se iba a morir.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">La culpa fue del padre de la Tomasa, que hacía un fermentado de caña de azúcar sin el sabor ni color del ron, pero al que el hombre había decidido llamarlo ron. Ese mejunje te limpiaba por dentro y te dejaba la sombra de la muerte rondando tul culo durante días. —Crick crack—. Yo estaba </span><i><span style="font-weight: 400">mamao</span></i><span style="font-weight: 400"> como un piojo y podía decir que no sabía lo que hacía cuando ensarté a esa buena mujer, maté a ese buen hombre y me eché a correr barranco abajo. El mal ya estaba hecho y no tuve más remedio que seguir corriendo, resolviendo cada tropezón con uno nuevo.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Me comí una tunera de esas gordas —crick crack—, picúas y llenas de tunos. Me la comí sin abrir la boca para después seguir rodando por la piconera que daba a los acantilados, con el cuerpo lleno de pencas y dando lugar al primer milagro de esta historia. Porque sí: me enrisqué como un perro viejo, pero terminé vivo. —Crick crack—. Fue mi primo quien me encontró.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Crick crack.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Cuando me vio tirado entre las aulagas, ya hacía un par de horas que se había enterado de lo que acababa de hacer. Era un buen hombre y me quiso ayudar metiéndome en un carguero con rumbo a La Gomera.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Pronto empecé a rondar el entibador, en los muellitos, donde podía encontrar algo de trabajo. En la caída —crick crack—, me hice una cara nueva y durante meses intenté no llamar mucho la atención. Así conseguí faena en las tierras y comencé una nueva vida —crick crack—, con algunos restos de la anterior.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">En todos lados hacen vino.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Los dueños de las tierras eran una pareja de gente muy buena. Eran guapos, ricos, peninsulares y muy amables con quienes se ganaban el jornal en sus fincas. —Crick crack—. Siempre estaban sonriendo e invitando a comidas y fiestas a </span><i><span style="font-weight: 400">tol’mundo.</span></i><span style="font-weight: 400"> —Crick crack—. Eran felices —crick crack—, se les veía felices y el destino les regaló un par de gemelos preciosos que parecían los hijos de todas las madres de la isla.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Crick crack.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Ahora les hablaré de otra de tantas costumbres que a día de hoy no se destilan tanto. Incluso a mí —crick crack— me cogió por sorpresa. Resulta que entonces se tenía la creencia de que, si un niño moría antes de cumplir los siete años, ni siquiera pasaba por el purgatorio, sino que iba a sentarse directamente al lado de la mano de Dios. Por eso no se le celebraba funeral ni lloraba uno durante la ceremonia de despedida. —Crick crack—. Cuando uno de los gemelitos se murió, sus padres invitaron a cada persona que alguna vez estrechó sus manos —crick crack—, a acompañarlos en su despedida.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">A mí me invitaron y fui porque sabía lo que me iba a encontrar: un pedazo de convite con su buena mesa llena de vino, ron y hasta algunas otras bebidas que no supe cómo se llamaban hasta mucho tiempo después.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Allí me quedé durante un rato hasta que entendí que querían que participase en el ritual, que consistía en arrullar el cuerpecito del nené cantando unas rimas mientras se daba la vuelta alrededor de la caja. El acompañamiento de las chácaras y los tambores lo envolvía todo, pero creí identificar más o menos la letra de la sonata, que era algo así como: «Yo mandé un ángel </span><i><span style="font-weight: 400">pal</span></i><span style="font-weight: 400"> cielo y si no canto me muero».</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Crick crack.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Ya veía borroso y las imágenes se me empezaron a doblar delante de los ojos cuando me llegó el turno de coger al pobre querubín. Me lo habían dejado en su carro. Al cogerlo en mis brazos —crick crack—, el murmullo de los convecinos se opacó con el eco que la música había dejado en mi cabeza y para no desentonar, rompí a cantar con ganas, pero de pronto —crick crack—, noté algo que nadie más notó. El niño empezó a moverse entre mis brazos.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">En mi mente atontada, eso solo significaba una cosa: que el velorio se iba a terminar y se llevarían la mesa cargada de maravillas. Si actuaba con disimulo era posible que nadie se diese cuenta, así que apreté el cuerpecito y este cedió con un «¡crick crack!». Así dejó de moverse. Se hizo el silencio y, estoy seguro de esto, todo el mundo siguió oyendo el crick crack después.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">No fue hasta que quise pasar el cuerpecito a otra señora que me di cuenta de mi error. Esa buena mujer, con la cara más pálida que una mortaja, tenía entre sus manos a un hermano tan muertito como el que yo tenía en las mías.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Crick crack.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Se conoce que me equivoqué y cogí al vivo en vez del muerto.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Crick crack.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Ahí entendí el murmullo, las miradas de ojos muy abiertos, las mandíbulas caídas de los padres… —Crick crack—. Lo único que se me ocurrió fue acercarme hasta la mesa como si nada hubiese pasado, cogí la botella más rara que vi y salí lo más rápido que pude del lugar. Tal fue la impresión del evento que tardaron al menos diez minutos en empezar a silbar por los barrancos lo que acababa de pasar. La isla entera quería matarme y lo habrían conseguido si no me hubiese metido en un cayuco hasta La Palma y, desde ahí, abordé otro barco que me llevó hasta Cuba.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Crick crack.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Desde entonces, lo más que hice fue meterme a batallar en guerras que no me pertenecían. —Crick crack—. Maté antes y maté mucho más después de ese pobre bebé. Maté con cuchillos, con balas, a bastonazos, pero no importaba la forma: siempre volvía a escuchar ese maldito sonido que me acompaña desde entonces.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Estoy a puntito de cumplir ciento veinte años y me siento maldito porque no veo la hora de poder dejar de escuchar el crujido de los huesos de ese pobre angelito.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Crick.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Crack.</span></p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://noviembrenocturno.es/forum/"></category>                        <dc:creator>CoquinArtero</dc:creator>
                        <guid isPermaLink="true">https://noviembrenocturno.es/forum/la-red/confesiones/#post-26801</guid>
                    </item>
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                        <title>RE: EL–HIGOLAN una historia de Sombras de Kadazra.(Recopilación)</title>
                        <link>https://noviembrenocturno.es/forum/los-circulos/el-higolan-una-historia-de-sombras-de-kadazra-recopilacion/paged/9/#post-26800</link>
                        <pubDate>Sat, 21 Mar 2026 16:37:36 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[Elric la acompañó hasta el malecón. El enano iba a abrazarla y posiblemente a decir una de esas ñoñerías que a Berta le hacían rechinar los dientes y que, sin embargo, siempre la sonrojaban ...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>Elric la acompañó hasta el malecón. El enano iba a abrazarla y posiblemente a decir una de esas ñoñerías que a Berta le hacían rechinar los dientes y que, sin embargo, siempre la sonrojaban tanto como un goblin se puede sonrojar.<br /><br />Cuando Winnifreda tuvo que meter las narices -Volveros a la casa del enano y echar un polvo, pareja de empalagosos. Si no fuera por la prisa que tengo, os acompañaba, como anoche- boceó la prima de Berta sin importarle que medio puerto y toda la tripulación del Azucarillo se enteraran de la "pequeña" fiestecita, llámalo trío, llámalo aberración o, como tú prefieras, en la que participaron los tres la noche pasada. <br /><br />Berta la fulminó con la mirada mientras hacía rechinar los dientes, y se preguntó por enésima vez esa mañana cómo era posible que aún no la hubiera matado. Poniendo los ojos en blanco, se separó de Elric y subió por la pasarela hasta llegar junto a Winifreda en la cubierta del barco -Baja la voz, no todo el mundo tiene porque saber a quién me follo y mucho menos en compañía de quién- miró a su prima entrecerrando su único ojo -Y no sé a cuento de qué tienes tanta prisa; te recuerdo que soy yo la que la tiene-. <br /><br />Winifreda solo se carcajeó y empezó a moverse por la cubierta del Azucarillo dando órdenes. La balandra goblin levo anclas y se alejó del muelle. Berta se despidió con la mano de Elric, mientras con la otra se agarraba con fuerza de la borda del barco; sabía que el viaje iba a ser movidito, y así fue. <br /><br />Aun dentro del puerto y en cuanto fue posible, Winifreda mandó largar velas. La embarcación goblin se lanzó hacia delante como una centella en el abarrotado puerto; los otros barcos no tenían más opción que apartarse lo más rápido posible, o ser esquivados en el último momento por el Azucarillo. Cuando esto sucedía, Winifreda, indignada en el timon, amenazaba con su pequeño puño verde a las pobres tripulaciones de las otras embarcaciones, mientras les gritaba: ¡¡¡DOMINGUEROS!!!. <br /><br />Por fortuna, la salida de Puerto Cuervo fue rápida y solo hubo que lamentar el embarrancamiento de dos paquebotes, el choque de tres pesqueros y la pérdida de control de un remolcador que ocasionó que el ballenero que remolcaba, chocara contra la grúa principal del puerto, con el resultado de su total destrucción. <br />Berta miró a Winifreda entrecerrando su ojo sano y rechinando los dientes; su prima había devastado el asentamiento de su prometido enano en cuestión de segundos. Winifreda la miró y se encogió de hombros -No me mires así, chata, la culpa es suya por estar en medio. Además, estoy creando puestos de empleo; ¡alguien tendrá que limpiar ese desastre!-<br /><br />-¡Esto no es un puerto goblin! Y aunque la diplomacia no es lo mío, hasta yo sé que los enanos no le van a ver la gracia a esto... a pesar de crear puestos de empleo- le gritó Berta, agarrándose con todas sus fuerzas a la borda del barco, para no salir despedida en un bandazo, y temiendo la factura millonaria que le llegaría en un par de días. Después de esto, el viaje a Puerto Cervecero transcurrió tranquilo, básicamente, porque en medio del mar no hay nada a lo que hacer chocar ni caos que crear. <br /><br />A mediodía, El Azucarillo entró en Puerto Cervecero. Berta ya había discutido con Winifreda cómo debía proceder. No tenía sentido entrar en la ciudad a hurtadillas; Berta no era la aspirante que venía a asesinar al virrey para ocupar su puesto, ¡Ella ya era la maldita virreina!, y el payaso de Gervasio Muerdeperros era un oportunista que había aprovechado su ausencia para autoproclamarse virrey, razón por la que ningún goblin le hacía ningún caso, pero eso podía cambiar en cualquier momento. <br /><br />Para poder ordenar la movilización de las tropas y defender Puerto Cervecero de las represalias de la compañía de las islas occidentales, Berta debía cortar de raíz el conato de rebelión, y ganas no le faltaban. La lista de agravios era larga; Gervasio era su ex prometido. Gervasio le había hecho perder un ojo al intentar asesinarla en Castelnuovo y luego ni se tomo la molestia de asegurarse de si estaba muerta o no. Y no contento con eso, Gervasio aparece en El-higolann para tocarle las narices. ¡A eso no había derecho! ¡Ya estaba bien, hombre ya! ¡Lo iba a estrangular! ¡lo iba a despellejar! y... y alguna otra cosa más que aún no se le había ocurrido. ¡¡Y no necesariamente en ese orden!!. <br /><br />Berta, con un abrigo sobre su elegante vestido y un sombrero de pico goblin, desembarcó del Azucarillo; insistió en hacerlo sola. No quería a nadie más molestando por en medio, y aún menos que otro goblin presente, llegara a la conclusión de que él podía y debía ser el virrey y aprovechando un descuido, la liquidara a ella y a Gervasio. <br /><br />Berta caminó con decisión por las abarrotadas calles de Puerto Cervecero; la destrucción seguía presente, pero los trabajos de reconstrucción avanzaban satisfactoriamente. La ciudad estaba volviendo a florecer más hermosa que antes, aunque se trataba de belleza arquitectónica goblin; luego, estaba abierta a debate.<br /><br />Los goblins con los que se cruzaban la saludaban e incluso besaban sus manos, un gesto de respeto que rara vez demostraban a sus líderes, reconociendo en ella a la heroína que contribuyó a la defensa y salvación de la ciudad y ahora era su dirigente. Probablemente ni se habían enterado de que llevaba un par de días fuera y de que Gervasio se había autoproclamado virrey; ¡los goblin no se fijaban en esas cosas!. <br /><br />Era mediodía y la goblin empezaba a tener hambre; decidió posponer un rato su venganza y sus ansias asesinas y se dirigió a su restaurante favorito. Como siempre, le tenían reservada la mejor mesa del local. Tras echar a patadas educadamente, con la "ayuda" de un palo, a los goblins que la ocupaban, el camarero invitó a Berta a sentarse. <br /><br />La goblin cogió la carta y la leyó, siempre le divertía leer los nombres de los platos y su traducción literal del goblin estándar al idioma común, escrita chapuceramente al lado, pidió para comer: jabalí de pantano a la sidra, aun que la traducción literal era cochino de fango ahogado en manzanas pochas. Ranas en brocheta, cuya traducción era bichos pinchaos en un palo. y Ajopringue de la casa para acompañar, para regarlo todo pidió el mejor grog goblin del local, aunque, dado que la única marca de grog goblin que existía era la Isla del Mono, la calidad era la habitual. <br /><br />Berta comió mientras pensaba en Gervasio, alimentando así también sus ansias asesinas, imaginando la cara que pondría ese imbécil petulante cuando sus manos se cerraran en su pescuezo, pensamientos que se vieron interrumpidos cuando el camarero le ofreció un chupito a cuenta de la casa. <br /><br />Tras el chupito, bueno, los cinco o seis… ¿Quién cuenta esas cosas cuando eres un goblin y paga otro? Berta cargó la comida al erario de la ciudad y salió del restaurante, con un palillo en la boca, para dirigirse al palacio virreinal, que casualmente era la puerta de al lado. El restaurante no era el favorito de Berta por lo bien que hacían el ajopringue; de hecho, era el peor restaurante de Puerto Cervecero, pero lo tenía al lado de casa. Siempre que era posible, los goblins se regían por la ley del mínimo esfuerzo, vamos, casi todo el tiempo. <br /><br />Tambaleándose ligeramente por el grog goblin, los chupitos y una ligera indigestión, Berta entró en su casa para echar al usurpador, aunque sus ansias asesinas ahora eran más bien ansias de echarse la siesta.</p>]]></content:encoded>
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                        <guid isPermaLink="true">https://noviembrenocturno.es/forum/los-circulos/el-higolan-una-historia-de-sombras-de-kadazra-recopilacion/paged/9/#post-26800</guid>
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                        <title>Nuestro señor el desollado</title>
                        <link>https://noviembrenocturno.es/forum/los-circulos/nuestro-senor-el-desollado/#post-26799</link>
                        <pubDate>Sun, 15 Mar 2026 15:08:28 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[Recuerdo el roce áspero de la tierra seca en mis palmas cuando aún era un niño. Recuerdo al abuelo contándome la historia del sacrificio de los innumerables mimixcoa, que fallaron en su obli...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>Recuerdo el roce áspero de la tierra seca en mis palmas cuando aún era un niño. Recuerdo al abuelo contándome la historia del sacrificio de los innumerables <em>mimixcoa</em>, que fallaron en su obligación de alimentar al sol. Recuerdo la siembra y el cuidado de la tierna mata del maíz.</p>
<p>Mírala bien ––dijo el abuelo, mientras sostenía una semilla de maíz––. Para que esta semilla pueda alimentar primero debe aceptar su muerte. Desprenderse de su piel para entregar la tierna carne que se esconde bajo ella. Si quiere dar nueva vida, también debe romperse, entregar su piel a la tierra y de ella, impaciente, brotará esa nueva vida. Aprendimos desde pequeños que la vida necesita sacrificio y que nada en este mundo nace sin un desgarro.  </p>
<p>La sensación de la tierra en mis manos y los recuerdos se disipan. El aire de la plaza ya no es aire, es una mezcla de sangre, sudor y copal. El estruendo de la multitud y los tambores me devuelven al presente con la violencia de un golpe.</p>
<p>Mis ojos se posan en el guerrero. Por la mañana, en la penumbra del templo, antes del ruido y de la gente, pasamos horas preparándolo; mis propios dedos trazaron las franjas rojas y blancas sobre su piel aún intacta. Le colocamos el penacho y las orejeras, transformándolo en la <em>Ixiptla (imagen del dios)</em>, el espejo vivo de nuestro señor. Le dimos de beber, le entregamos <em>el</em> <em>macuahuitl</em> (la macana) ataviado de plumas, lo preparamos para su prueba final.</p>
<p>El propósito del <em>Tlahuahuanaliztli (</em>rayamiento<em>)</em> no es vencer o ser vencido, la <em>Ixiptla (</em>imagen del dios<em>)</em>, debe mostrar que su piel es digna y será una ofrenda agradable a nuestro señor.</p>
<p><em>El</em> <em>temalacatl</em> (La plataforma circular) se convierte entonces en el centro del universo. Allí, atado por un tobillo, la <em>Ixiptla</em> <em>(</em>imagen del dios<em>)</em> se enfrenta a cuatro guerreros. Una danza desigual, una lucha donde la madera emplumada choca contra los filos negros de obsidiana, los guerreros jaguar y águila luchan con todo su ímpetu, turnan sus ataques para agotarlo, fatigar su cuerpo, templarlo. Buscan separar su alma y solo quede un cuerpo exhausto pero sagrado, una piel que ha ganado el derecho de vestir a nuestro señor.</p>
<p>El combate ha sido satisfactorio, el guerrero ha defendido su vida con la dignidad de quien sabe que su sangre tiene un precio cósmico. Ha luchado con su macana de plumas contra los filos de obsidiana de los Jaguares y las águilas, demostrando que su <em>tonalli</em> (fuerza vital) es puro, que su piel es valiosa y que merece el respeto de mi oficio. Cada herida en su cuerpo es un surco abierto en la tierra; cada gota que ha salpicado en el disco de piedra es una promesa de lluvia.</p>
<p>Ahora, exhausto por el combate, lo suben por las escaleras del templo mayor. Es un ascenso lento y pesado. En la parte superior, lo recuestan boca arriba sobre <em>el techcatl</em> (La piedra de sacrificios). La piedra, ardiente y vibrante arquea su espalda ofreciendo su pecho al cielo, la respiración lenta y constante, aguardando el golpe.</p>
<p>El sacerdote levanta el <em>tecpatl</em> (cuchillo ceremonial). El cuchillo de obsidiana, negro como una noche sin estrellas, cumple su función de manera inmediata. Es un tajo limpio, un rayo de sombra que abre su pecho. El corazón es extraído y el ciclo, por un instante, se detiene en un suspenso de sangre. En su punto más alto, el sol, atestigua la ofrenda. El hombre, el guerrero, la <em>Ixiptla</em> <em>(</em>imagen del dios<em>)</em> ha saldado la deuda de los <em>mimixcoa</em>.</p>
<p>Su cuerpo no será arrojado de lo alto del templo, su piel no será arrancada al pie de sus escaleras, los sacerdotes lo entregan con el respeto que ganó. Llevamos su cuerpo hasta el <em>calpulli</em> (barrio) de su captor, lejos del ruido y de la multitud del templo. Lo recostamos sobre petates extendidos en el suelo. Ahora comienza mi labor, una labor que exige manos firmes.</p>
<p>Me arrodillo junto al cuerpo.</p>
<p>Coloco la palma sobre su pecho abierto. Tomo el cuchillo de obsidiana. Su filo es tan fino que apenas necesita presión para abrirse camino, cada corte debe ser limpio, cada movimiento preciso, minucioso. Cualquier daño innecesario a la piel sería una afrenta a nuestro señor, una ofensa a la misma primavera.</p>
<p>Mis manos avanzan con paciencia, como quien despega la cáscara de un fruto sin lastimarlo. La carne, tibia y húmeda se desprende poco a poco, puedo ver el músculo expuesto, la sangre tibia escurriendo por mis dedos, el olor metálico mezclado con el copal.</p>
<p>El esfuerzo y la paciencia rinden como siempre su fruto. La piel cede por completo con facilidad y puedo levantarla con ambas manos, siento su peso, su calor y flexibilidad. Observo las marcas del combate, los rastros de sangre bendecidos por el sol.</p>
<p>La abro como quien despliega un manto sagrado. Inclino la cabeza ante el guerrero por última vez.</p>
<p>Luego, comienzo a vestirme.</p>
<p>Primero los brazos, después el torso. La piel se acomoda lentamente sobre mi cuerpo. Los ayudantes ajustan los bordes y alisan los pliegues con cuidado. Cuando terminan, me pongo de pie.</p>
<p>Alzo la vista al cielo, el sol continúa su trayecto.</p>
<p>La cosecha será buena.</p>
<p>La ofrenda ha sido satisfactoria para Nuestro señor el desollado.</p>]]></content:encoded>
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                        <title>RE: Odio: Una historia por partes</title>
                        <link>https://noviembrenocturno.es/forum/la-red/odio-una-historia-por-partes/#post-26798</link>
                        <pubDate>Mon, 09 Mar 2026 22:12:02 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[Llegaron las bombas y ambos tuvieron que salir de sus refugios para sobrevivir en el exterior con la única ventaja de tener que enfrentarse a la supervivencia desde el punto de partida de un...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-weight: 400">Llegaron las bombas y ambos tuvieron que salir de sus refugios para sobrevivir en el exterior con la única ventaja de tener que enfrentarse a la supervivencia desde el punto de partida de un buen estado de salud. Se podría decir que fueron de los pocos afortunados que resistieron la embestida del primer brote. Por desgracia, cada vez que la sociedad intentó organizarse juntando varias decenas de personas, surgieron nuevos brotes de El Odio. No daba tiempo a formar unidades familiares ni normas de convivencia. Así fueron pasando los años y se asentaron certezas no escritas que pesaban más que cualquier ley: siempre hay que huir, nadie es fiable y somos los últimos representantes de la humanidad. Nuestros restos, sí o sí, terminarían siendo alimento para los perros salvajes cuya población aumenta sin control.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">     Entonces, algo cambió. Empezó a suceder hace un año. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">     Después de asegurarme de que Joy dormía a salvo en su refugio, fui a ayudar a Gabi en la recolección de medicamentos. Una jornada muy dura, llena de sorpresas y preocupaciones durante horas enteras esquivando perros salvajes. Cuando por fin pudo echarse a descansar, atravesé el ventanuco con la esperanza de encontrar a Joy aún sumida en el sueño, preguntándome qué pesadillas sería capaz de crear la mente de una mujer como ella, que había curtido la crudeza de su espíritu y la tensión de sus tendones con cerca de veinte años de apocalipsis.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">     Cuando crucé, encontré un espacio que no esperaba. No era el refugio, no estaba dormida, ni siquiera era de noche. Tenía el aspecto de una de las casas de antes de El Odio: cortinas, suelos, paredes y techos limpios, platos en el armario, mesa de té con tapete y Joy fumando en el sofá mientras escuchaba algo de jazz.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">     Me vio aparecer por la puerta del salón y dio un respingo que me cogió por sorpresa. Podía verme y, al escucharme, me reconoció. Fue ella quien tuvo que decirme que estábamos en su sueño. Su lugar seguro. Ese en el que tenía de todo y podía descansar, en el que era capaz de verme y, como después pudimos comprobar, tocarme.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">     Me describió la cara mientras acariciaba cada parte con la punta de sus dedos. Me sentí hermoso en sus labios y llegamos a conectar como solo lo pueden hacer los que nacieron para encontrarse y no separarse jamás.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">     Los días que pasé compartiendo una jaula de abrazos con esa mujer, me hicieron pensar que todo lo demás había merecido la pena si como recompensa el premio iba a ser algo tan maravilloso. Ese mundo que me abría en sus sueños me atrapaba cada vez más.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">     Pero toda partida tiene su contra. La extraña magia de la mente, en su crueldad infinita quiso que me empezase a ser más difícil atravesar el ventanuco a medida que alargaba mis estadías en sus ensoñaciones y eso empezó a pasar factura a las labores de supervivencia. Yo, que era los ojos en el exterior de los dos, quien les marcaba el camino, quien les avisaba si se acercaban los perros, empezaba a desvanecerme en todas las realidades, pero no pude dejar de visitar nuestro espacio seguro con aroma a jazz y cigarrillos hasta que me hizo saber que estaba embarazada. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">     Entonces tuve que tomar una decisión dolorosa… desesperada quizás.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">     Al principio me costó ubicar a Gabi y a Joy sobre el mapa para saber la distancia que los separaba. Poco a poco los fui dirigiendo hacia el mismo punto dentro de uno de tantos centros urbanos en ruinas. Una tarea que se volvía más complicada en la medida en que iba avanzando el embarazo y ambos queríamos pasar el mayor tiempo posible en contacto. En mi desgaste llegué a pensar que la criatura, al crecer, estaba absorbiendo mi vida, y no me importó. Sea como sea, había llegado allí donde Gabi, el niño de verdad, nunca llegó. Ahora tenía que pasarle el testigo.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">     El final de mis fuerzas llegó justo a tiempo. Joy se escondía en una torre a la que solo era posible acceder a través de una escala de pared en vertical. Necesitaba descansar de varias jornadas de viaje intensivas y era el segundo día que pasaba sin salir de allí. Le dije que no se preocupase por las jaurías que rodeaban el edificio. Le prometí que traería ayuda y desaparecí de su vida.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">     Ahora, que ya no puedo ver el ventanuco y mi voz en la realidad de Gabi se torna más y más débil, también me cuesta distinguir más allá de esta trama nebulosa que recubre mi visión. Lo único que tengo seguro es el camino que tiene que seguir. Le oriento prácticamente de memoria</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">     —¡Por aquí! —susurro sin fuerzas—. Sube la escalera. Ahí, en la puerta de metal.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">     Por fin se encuentran frente a frente. Ya no puedo ver nada. Solo me inunda la certeza de que me voy dejando el barco en la dirección correcta</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">     Pido a Gabi que cuide de ella. Digo lo mismo a Joy, aunque no creo que pueda oírme. Ni siquiera yo puedo hacerlo. Relajo la mente y me dejo caer en la negrura.</span></p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://noviembrenocturno.es/forum/"></category>                        <dc:creator>CoquinArtero</dc:creator>
                        <guid isPermaLink="true">https://noviembrenocturno.es/forum/la-red/odio-una-historia-por-partes/#post-26798</guid>
                    </item>
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                        <title>RE: Odio: Una historia por partes</title>
                        <link>https://noviembrenocturno.es/forum/la-red/odio-una-historia-por-partes/#post-26797</link>
                        <pubDate>Mon, 09 Mar 2026 22:09:43 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[Yo también salí del vehículo. No tengo ni idea de cómo lo hice. La cosa es que salí justo frente a ella, como ligado a su presencia. Estaba intacta, sin heridas ni magulladuras. De hecho, sa...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-weight: 400">Yo también salí del vehículo. No tengo ni idea de cómo lo hice. La cosa es que salí justo frente a ella, como ligado a su presencia. Estaba intacta, sin heridas ni magulladuras. De hecho, saltaba a la vista que era una mujer ágil, fuerte, musculosa, de manos anchas y curtidas. Al segundo del impacto ya se había puesto en pie y cuando le pregunté si se encontraba bien, se cuadró en alerta e hizo rebotar su mirada por todos los escondrijos de la calle, buscando, otra vez, el origen de mi voz. Así fue nuestro primer encuentro y su primer contacto con el apocalipsis. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">     Solo tuve que pensar en Gabi para que el ventanuco apareciese junto a mí. Al otro lado, él miraba narcotizado la pantalla del televisor, tal y como lo había dejado. Ella, frente a mí, bajaba la guardia para aguzar el oído. No solo intentaba saber desde dónde le hablaba, también prestaba atención a los sonidos de alboroto que se acercaba desde el puente. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">     A su vera, junto al bar, en el portal del edificio se había quedado la cancela ligeramente abierta y acercándome, le pedí que entrase y cerrase después; dije que debía buscar refugio porque lo que pasó en la ambulancia estaba pasando en todas partes por igual. No podía creer que pudiese moverme libremente a su alrededor. Después de tantos años me parecía estar volando.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">     Ella obedeció asustada y convencida. No por mis palabras, sino por la marabunta de sombras que se acercaba envuelta en gritos. Una vez dentro, fue directamente al cuarto de los contadores y esperó en silencio a que la calle se despejase por completo.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">     —¿Dónde estás? —preguntó en un susurro—. ¿Quién eres? </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">     Como respuesta hice algo que no recuerdo haber hecho nunca con nadie, jamás. Me presenté por primera y última vez en mi vida, le dije mi nombre y, como explicación a mi presencia, objeté que no podía verme, pero había venido para ayudar.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">     Al otro lado del ventanuco Gabi dormía, así que pasé el resto de la noche hablando con Joy y disfrutando de algo de la camaradería y el respeto que alguna vez tuve siendo niño.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">     Joy cargaba con problemas desde antes de la llegada de El Odio, su mente empezaba a fallar y parece que en un descuido, dejó una puerta abierta por la que me colé, igual que el edificio donde nos escondíamos lo hizo con nosotros: por la más pura casualidad. Así que entré sin más. Mirando por el ventanuco.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">     Durante los días que siguieron experimenté cambios en mi condición. La luna roja hizo desaparecer mi habitación. Tan solo quedó el ventanuco que usaba para pasar de uno a la otra y viceversa. Ninguno de los dos podía verme, pero ya nunca volví a estar encerrado. Tras el encuentro con Joy, mi actitud cambió a la hora de relacionarme con Gabi, pues sabía que cuidándolo a él me cuidaba a mí también, y necesitaba estar vivo para poder salvarla a ella. Sentía sobre todas las cosas que si alguien merecía ser salvada, esa era Joy.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">     Llegó el momento en que pensé que con sobrevivir ocultos sería suficiente. No contaba con que los poderosos, aquellos con “la mano en el botón”, también se verían arrastrados por El Odio. Tardaron en llegar, pero tras unos pocos meses, las bombas empezaron a caer. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">     Gabi se recuperaba de las heridas en casa de la vieja y Joy sobrevivía aceptando la nueva realidad en la portería que se abría al fondo del cuarto de contadores. Esta última estancia era una vivienda hecha en los huecos no accesibles del edificio: galerías de acceso para el mantenimiento, salidas de emergencia, azotea, el hueco del ascensor y el mismo cuarto de contadores, cuya entrada tuvimos que asegurar con varias docenas de clavos y una mesa de comedor. Desde allí tenía acceso a las casas vacías que yo le marcaba como seguras, minando una fuente cada vez más seca de alimentos, agua y medicina.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">     Por primera vez entendí por qué mi vida tenía sentido. Me convertí en el ojo tras los muros de los dos, debatía con ellos el camino a seguir y hasta llegué a disfrutar de abundantes momentos de ocio al pensar que estaba viviendo tres vidas: la de Gabi, la de Joy y la que en secreto planeaba para los dos.</span></p>]]></content:encoded>
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