“De la Luz y la Oscuridad en Valinor” de J.R.R. Tolkien

Morgoth by Justin Gerard Noviembre Nocturno

“De la Luz y la Oscuridad en Valinor” de J.R.R. Tolkien

 

 

Retomamos la obra del maestro J. R. R. Tolkien para adentrarnos de nuevo en la que él mismo consideraba su obra más importante: El Silmarillion, si bien no llegó a completarla en vida, su hijo Christopher Tolkien, fue el encargado de culminarla y estructurarla para su publicación.

Por sí solos, los textos, o capítulos que componen el Silmarillion, pueden resultar ciertamente inconexos más allá de la generalidad del universo que vio nacer a la Tierra Media… Incluso pueden resultar ciertamente inconexos más allá de la generalidad del universo que vio nacer a la Tierra Media… incluso sin tener en cuenta muchas de las tramas que se desarrollan en la obra o el orden de importancia que se han ganado las distintas historias del Silmarilion, hoy nos adentraremos en las profundidades de la Luz y la Oscuridad en el Reino de los Valar. Para ello nos serviremos de los hilos conductores de algunos de los capítulos del Quenta Silmarillion, tercera parte de esta obra de Tolkien: viajaremos desde Fëanor y el Desencadenamiento de Melkor hasta los primeros compases de De la Huida de los Noldor.

 

Casi cuatro capítulos del Quenta Silmarillion que recopilan una de las leyendas épicas del universo del Señor de los Anillos.

De Fëanor y el desencadenamiento de Melkor
De los Silmarils y la inquietud de los Noldor
Del oscurecimiento de Valinor
De la huida de los Noldor

 

En estos fragmentos del Silmarillion, Tolkien da inicio a la transición de una mitología más pura con la historia de los pueblos de la Tierra Media. Una transición que en otras creencias se asocia normalmente con las leyendas. Aquí Tolkien trata de una forma más profunda el concepto del Mal, abordándolo desde una doble perspectiva: por un lado, El mal como, corrupción de las bondades de los pobladores del mundo, la antítesis de la Luz y la Belleza; Y por otro lado, El Mal como una entidad propia, que adquiere la forma de la oscuridad, la avaricia y la corrupción, incluso a costa de su propia pervivencia.

 

Primero, vemos a Melkor envenenando los oídos de quienes le quieren escuchar. El Maligno más bíblico, si se nos permite la expresión; el que susurra al oído, el que insinúa sin decir, el que introduce la duda entre semejantes para que ellos solos hagan de la duda el conflicto. Esta versión del mal es la intuitiva o más clásica, digamos, la que se define como la destrucción o la ausencia del bien. La oscuridad definida como ausencia de luz.

 

Pero el verdadero demonio, el verdadero mal del Mundo, es el Mal que es Mal en sí mismo, en positivo, como una entidad propia. Y ése mal en la obra de Tolkien toma forma en la grotesca y primigenia forma de la poderosa Ungoliant. Un personaje muy pasajero, apenas anecdótico en toda la saga de Tolkien y sin embargo, mucho se ha discutido sobre el origen de este ser. En el texto de esta noche, se hace mención a que UnGOliant es la noche encarnada, venida al mundo desde la oscuridad de más allá de Arda. Algunas teorías la consideran un Maia, pero lejos de especular, sí parece que Melkor la conociera previamente, habiendo influido en ella para sus oscuros designios, pero la propia Ungoliant decidió seguir su propio camino, ambicionando poder ilimitado para sí misma. Con su monstruosa forma de araña gigante, sus telas son de oscuridad y eructa vapores negros y tóxicos que confunden y enferman a los que penetran en ellos.

 

Este concepto de Oscuridad con entidad propia no es nuevo, pero sí poco frecuente en la cultura occidental. Ni siquiera Satanás tiene ese peso específico, siendo definido como El Enemigo, el que corrompe la obra de Dios, resulta casi más análogo a Melkor que a Ungoliant. Estamos ante un concepto ya conocido en la historia cristiana, y es que entre los siglos VIII y IX, Fredegiso de Tours propuso en su obra “ex nihilo et tenebris” el concepto de que La Nada estaba hecha de su propia materia, no tratándose, pues, de la simple ausencia del Algo. Si bien es verdad que fue investigado por herejía al proponer semejante idea, la cosa no pasó a mayores, y ese concepto evolucionaría en la figura, ya mencionada del anticristo. Otros que plantearon la dualidad de la Creación como Dios y Satanás, como los Catones, sí fueron perseguidos por herejes.

 

Pero Ungoliant no es sólo eso. Es la esencia del mal, la materia de la que se compone la oscuridad, que se alimenta del poder de otras fuentes para crecer y ser más y más fuerte y poderosa, lo suficientemente poderosa como para desafiar, y casi devorar, al mismo Melkor, el más poderoso de entre los Valar. Y lo habría conseguido de no ser por el ejército de Balrogs que acudieron en su ayuda. Ungoliant es la composición misma del mal oscuro y corrupto. De hecho, es tal su negrura y oscuridad, que no fue derrotada. Los Balrogs la espantaron, sí, pero sólo consiguieron que se alejase y siguiese consumida por su ansia de poder. Melkor fue derrotado, Ungoliant no. Sauron fue derrotado, Ungoliant medró. Medró y creció y crió a su progenie de arañas inmundas, y sólo pereció cuando su propia ambición de poder le llevó a devorarse a sí misma.

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