“Un paseo en la oscuridad” de Arthur C. Clarke

Juan Gimenez Arthur C Clarke Noviembre Nocturno

“Un paseo en la oscuridad” de Arthur C. Clarke

 

El temor a la ausencia de luz y la nocturnidad es tan antiguo como el hombre. Mientras escuchas esto, los dioses primordiales reptan y despliegan las sombras que plagan los rincones y agujeros del universo. La densa niebla de los tiempos se aglomera los confines del espacio, allí nace la nada,  allí nace nuestra inquietud y nuestra enfermedad, el desconocimiento, la duda y la desesperación; pero también la esperanza de una luz al final del camino. Esa estrella que se ilumina a miles de millones de años luz. Una señal perdida en la frontera de lo desconocido, una anomalía física inexplicable para nuestra joven existencia. ¿Quién sabe qué secretos esconden los mundos por conquistar? ¿qué revelaciones nos depara la exploración espacial? Respuestas que conducen a más preguntas. Quizá sea cierto que allá en el espacio profundo, aguardan secretos que es mejor mantener ocultos. Quizá sea cierto que hay cosas que es mejor no saber…

 

El maestro Arthur C. Clarke dedicó su vida a la ciencia ficción. Comenzó a escribir tras el fin la II guerra Mundial. Su primer cuento publicado fue Partida de Rescate, que apareció en el número de mayo de 1946 de Astounding y que le sirvió como punto de partida de una fructífera carrera. Entre sus primeros relatos destaca El centinela (The Sentinel), que sirvió de base para su novela 2001: Una odisea espacial (1968) y para la película del afamado director Stanley Kubrick. Cultivó distintas perspectivas del género, desde las novelas útopicas, hasta la ciencia ficción especulativa y de crítica social y política.

 

Nuestro relato de hoy es sólo una muestra del poder de la ciencia ficción para definir nuestro papel entre los grandes enigmas del universo. Pero si hay vida más allá de las estrellas, ¿Qué clase de vida encontraremos? si sabemos con certeza que nuestro mundo tiene fecha de caducidad, la única opción que nos queda es la especulación sobre un futuro siempre inesperado: la conquista del espacio. Si conseguimos sobrevivir a nuestra propia estupidez. Si por suerte o por azar alcanzamos las estrellas, ¿qué clase de mundos habitarán nuestros herederos?

 

Astronaut by Kevin Roodhorst

Astronaut by Kevin Roodhorst

 

El director Neill Blomkamp lo describe a la perfección en una de sus reflexiones sobre la búsqueda de vida inteligente.

 

Nuestros parámetros racionales nos invitan a buscar un reflejo de nosotros mismos en el universo, un planeta similar a la tierra. Si planteamos una respuesta seria a esta pregunta, necesitamos un planeta con una biosfera capaz de dar lugar y albergar vida.

 

Existe una hipótesis llamada, “hipótesis de la tierra especial” surgida del ensayo de Peter Ward “sobre por qué la vida es tan exclusiva en el universo”. Aquí se plantea que la aparición de vida multicelular compleja en la tierra requirió una improbable combinación de eventos astrofísicos y circunstancias geológicas. La vida en la Tierra, y en particular la vida humana, parece depender de una larga y extremadamente afortunada cadena de eventos y circunstancias, que bien podrían ser irrepetibles incluso en la escala cósmica. Por ejemplo, se menciona con regularidad que sin una Luna tan grande como la que tiene la Tierra, el planeta tendería a presentar una precisión mucho más importante, cambiando drásticamente de inclinación en su rotación, y afectando así de manera caótica el clima y, muy posiblemente, imposibilitando la vida como la conocemos.

 

El tamaño de nuestro planeta es también el idóneo, ni demasiado grande, ni demasiado pequeño y nos encontramos a la distancia perfecta de nuestra estrella, el sol. De hecho, todas las coincidencias anteriores se han dado en el lugar de la galaxia más adecuado para albergar vida, incluso la radiación de rayos x y gamma que fluye constantemente por el espacio no supone un problema, porque estamos suficientemente lejos de sus fuentes de emisión.
Básicamente la hipótesis de la tierra especial implica que, como habitantes de la tierra, somos un acontecimiento posiblemente irrepetible.

 

En contraposición a esta teoría, existe el llamado principio de mediocridad cosmológica, en el que se establece que La Tierra tiene planetas gemelos en el espacio, enmarcados en el grupo de los llamados planetas rocosos, y que se encuentra localizado en una región no tan excepcional de una galaxia común.

 

Pero si de hecho somos un planeta “común” la cuestión que se plantea frente al principio de mediocridad, es por qué no encontramos vida en alguna parte del universo. Es por eso que resulta fácil suscribirse a la teoría de la tierra especial, porque al menos en ese sentido, somos algo más que una anomalía.
sólo en los últimos años hemos descubierto centenares planetas más allá de nuestro sistema solar, conocidos como planetas extra-solares o exo-planetas. Hemos llegado a un punto en la era de la investigación espacial, en el que descubrimos planetas nuevos con sorprendente regularidad.

El 24 de abril de 2007 hicimos un descubrimos sorprendente, Gliese 581 C, este planeta tiene cinco veces la masa de La Tierra, la temperatura de su superficie varía entre los 3 grados bajo cero y los 14 grados celsius, lo que abre la posibilidad de que exista agua líquida en su superficie, el ingrediente necesario para albergar vida tal y como se la conoce.

Alan Boss de la Institución Científica Carnegie y astrófisico de la NASA estima que debe haber cien mil millones de planetas terrestres tan sólo en la Vía Lactea. Por supuesto, no todos ellos cuentan con agua en estado líquido, pero, potencialmente, millones de estos planetas deberían contar con el líquido elemento (pausa)
Y si aumentamos la cuenta a la cantidad de planetas que existen en el universo entero parece casi seguro que se cumpla esta posibilidad, al menos si seguimos los dictados de la estadística matemática.

 

Art by Nick Keller

Art by Nick Keller

 

El proyecto SETI de búsqueda de Inteligencia Extraterrestre, ha estado investigando durante años, pero aun no ha obtenido ningún resultado. Parece que estamos completamente solos en el universo.
Aunque el SETI no es el único que busca…

 

El laboratorio de física energética avanzada Fermi, situado a unos 50 km de la ciudad de Chicago, lleva más de 7 años analizando datos procedentes de la infrared de satélites astronómicos en busca de la llamada Esfera de Dyson. Una superestructura hipotética de ingeniería imposible, que fue descrita por el astrofísico Friman Dyson en un artículo de 1960 de la revista Science.

 

Dyson nos habla de una estructura esférica del tamaño de un sistema solar, con un radio equivalente al de una órbita planetaria, que podría, teóricamente, construirse en torno a la energía de una estrella de características similares al sol. Lo que permitiría a una civilización avanzada beneficiarse de manera inusitada de los recursos lumínicos y térmicos del astro.

 

Básicamente, se aprovecharía la energía y gravedades propias de un sistema solar real, para construir un sistema artificial de satélites en forma de enjambre, que al tener suficiente densidad podrían acaparar la totalidad de la luz de dicha estrella. Se ha demostrado que el enjambre de Dyson es estable, pues cada porción es físicamente independiente y está en órbita del astro principal, los materiales necesarios para construirlo forman parte de nuestra tecnología actual, y estarían dedicados a la recolección, depuración y optimización energética del sistema. Para muchos resultará imposible desplegar un mecanismo de semejantes proporciones y sin lugar a dudas la cantidad de materiales necesarios para llevarla a cabo. Al menos de momento.

 

Art by Nick Keller

Art by Nick Keller

 

El astrólogo y astrofísico ruso Nikolai Kardashov elaboró la idea de que algunas civilizaciones galácticas estarían a millones o billones de años por delante de nosotros, y desarrolló una escala que mide el grado de evolución tecnológica de una civilización: la Escala de Kardashov.

 

En esta escala las civilizaciones estarían divididas en tres eras dependiend de su nivel de avance tecnológico. CIvilizaciones de tipo 1, 2 y 3.

 

Las civilizaciones de tipo 1 estarían lo suficientemente desarrolladas como para aprovechar todo el poder enérgetico de un sólo planeta, su propio planeta. Una civilización del tipo 2 estaría preparada para aprovechar toda la energía de su estrella madre, el sol en torno al cual traza su órbita. Y finalmente, una civilización del tercer tipo sería capaz de aprovechar la energía de una galaxia entera.

 

Nuestra civilización aun no se ha desarrollado hasta el punto uno. Se especula con ciertas divergencias que nos aproximamos al 0,6 de la escala de Kardashov. Deberíamos alcanzar el estatus de civilización 1 en 100 o 200 años. Así que podríamos decir que estamos todavía en una etapa muy temprana de nuestro desarrollo como especie. Y quien sabe, si conseguimos superar este milenio… Quizá podamos seguir perpetuando nuestra idiocia y maravilla por los rincones mas oscuros de un universo en expansión hasta que demos con algo o con alguien que nos demuestre en si hemos equivocado el camino.

 

Quien tenga el valor y la perseverancia necesarios para pasarse la vida escudriñando las tinieblas también sera el primero q reconozca el despuntar de la aurora.

 

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