“La Tumba” de H.P. Lovecraft

Cloister Cemetery in the Snow 1817-1819 Caspar David Friedrich Noviembre Nocturno

“La Tumba” de H.P. Lovecraft

 

La muerte es un sentimiento, un poema, una irrealidad. Es una mera ficción del pensamiento racional. La muerte no existe y al mismo tiempo lo es todo. En su forma más pura y resplandeciente define lo hermoso e inevitable que nos resulta este mundo… Platón afirmó que la filosofía es una meditación sobre la muerte. Toda vida filosófica, escribió Cicerón, es un homenaje a la muerte. Veinte siglos después Santayana dijo que «una buena manera de probar el calibre de una filosofía es preguntarle a alguien lo que piensa acerca de la muerte».

 

Quizá necesitemos de la muerte para entender el significado de la propia vida. Quizá necesitemos de sus enigmas y su fatalidad de su misticismo y desventura. Quizá por eso la literatura fantástica ha sabido exprimir su esencia como ninguna otra, en todas sus formas, por imposibles que parezcan. Y en ese terreno pantanoso camina nuestro protagonista de esta noche, su peculiar relación con la muerte, casi como un elemento deseado. La muerte que sin la desesperación o el hartazgo de la vida, ejerce una influencia hipnótica en las mentes más sensibles. Como un intenso poema de cementerios, ataúdes y paredes de piedra cubiertas de musgo. La muerte como un viaje esperado e inevitable, al que dedicarle cantos, elegías o relatos… La muerte, amigos, como aceptación y conjunción astral.

 

Lovecraft by Bill Sienkiewicz Noviembre Nocturno

Lovecraft by Bill Sienkiewicz

 

El Maestro Lovecraft empezó a trabajar en el género de la ficción macabra allá por 1917. Su relato, la tumba se imprimió en marzo de 1922 en The Vagrant, la revista amateur que publicaba su amigo Paul Cook en New Hampshire. En este relato, Lovecraft juega con su propia biografía par presentarnos a un personaje solitario, taciturno, amante de los libros, que solo encuentra el consuelo en sus paseos y exploraciones nocturnas. Es sin duda un autorretrato de su propia adolescencia, vagando por el patio trasero de su casa familiar, construyendo ciudades imposibles en la arena, sumergido en las estanterías de la biblioteca de su abuelo, devorando todas aquellas historias de fantasmas, mitos y leyendas, tratando de descifrar los enigmas de su propia estirpe decadente. Tan solo en el reino de las sombras pareció encontrarle algún sentido a la realidad. Lovecraft, al igual que Jerbas, se refugiaban a menudo en lugares que otros encontrarían extraños, desoladores y macabros, lugares en los que la presencia de la muerte se transforma en poesía, como recita Silvia Plath en sus “Últimas Palabras”

 

No quiero una caja sencilla, quiero un sarcófago
de atigradas rayas y un rostro pintado, redondo
como la luna, que mire, quiero
estar mirándolo cuando lleguen, escogiendo
entre minerales mudos, raíces. Ya los veo : los pálidos, astralmente distantes rostros.
Ahora no son nada, no son siquiera criaturas.
Los imagino huérfanos, como los primeros dioses,
de padre y madre, se preguntarán si tuve importancia
¡Debí haber preservado mis días, como frutos, en azúcar!
Mi espejo se empaña:
unos pocos hálitos, y no reflejará ya nada.
Las flores y los rostros blancos cual sábanas.

 

No confío en el espíritu. Huye como vapor en mis sueños,
por la boca o los ojos. No puedo impedírselo.
Un día se irá para no volver. Así no son las cosas.
Permanecen, sus luces idóneas se calientan
en mis manos frecuentes. Ronronean casi.
Cuando se enfrían las suelas de mis pies, los ojos azules,
mi turquesa, me darán solaz. Déjame
mis cacharros de cobre, déjame los cacharros de afeites,
que florezcan en torno a mí como flores nocturnas, aromáticas.
Me envolverán en vendas, almacenarán mi corazón
bajo mis pies, bien envuelto.
Me conoceré a mí misma. Seré noche
y el relucir de tantas cosas será más dulce que el rostro de Istar.

 

Así que ya lo saben amigos, si son ustedes de los que se deleitan con este tipo de delirios nocturnos; si visitan el camposanto como quien da un paseo por el parque; si sienten las afinidades propias de las criaturas de la noche, o añoran el lado oscuro de los sueños del mundo, no lo duden, escríbannos a info@noviembrenocturno.es y les haremos sentirse un poco menos solos en esta locura colectiva que es la vida, con su muerte.

 

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