“El Coco” de Stephen King

It by Magda Proski Noviembre Nocturno El Coco

“El Coco” de Stephen King

 

El Coco tiene muchos nombres. Es tan antiguo como el mundo, algunos piensan que más antiguo aún… Y siempre tiene hambre. Padece un voraz apetito por el miedo, la inocencia y la carne humana. Y por eso su plato favorito suelen ser los niños de alma tierna, pobres e inocentes criaturas que reciben la visita de esta sombra de tiempos remotos. Su historia se remonta a las crónicas del mundo antiguo. Allí aparece retratado como un cambiaformas, pues fueron muchos los que padecieron su abominable presencia y lo bautizaron con distintos nombres y lo representaron según el dictado de su miedo y su corrupción. Y dado que la criatura no cuenta con un género o forma específica, el maestro Stephen King lo bautizo para nosotros simplemente como “ESO”.

 

Poco importa como queramos llamarlo amigos. Escucharán cientos de nombres: Boogeyman, el hombre del saco, el Sacamantecas, el Cuco o simplemente El Coco.  Se lo describe de muchas formas: como una sombra de ojos brillantes, una parca, un demonio, un vampiro o como su político favorito… Pero lo más desconcertante, lo más terrorífico, es que su leyenda se originó casi simultáneamente por todos los rincones del mundo desde el surgimiento de la civilización hasta nuestros días. Hemos llegado a un punto en el que existe un nombre distinto para ESO en casi todos los lugares del planeta, en casi todas las épocas… El Congo, China, Inglaterra, Australia, España, México, Egipto, Estados Unidos, Hawái, Arabia, Japón, Rusia, incluso la cultura Inuit tiene su propio visitante de dormitorio… Un mensajero del miedo, portador de la muerte y la desolación… Así, la cultura popular lo ha seguido repensando e imaginando, adaptándolo a múltiples formas de folclore oral moderno, creepypastas y leyendas urbanas de todas las clases.

 

Y precisamente, uno de los grandes hitos en la historia reciente de la literatura de terror, es la aparición de ESO en la mitología del maestro Stephen King. Porque King ha evidenciado que ESO nos pertenece a todos, que en algún momento de nuestras vidas, ya sea fruto de la imaginación o la locura, hemos compartido habitación con esa sombra incierta del rincón, la hemos escuchado susurrar bajo la cama, hemos visto sus ojos brillar desde la rendija de la puerta de nuestro armario, deslizarse lentamente hasta nuestros pies.

 

 

En 1973, un joven aspirante a escritor arrojó a la basura su cuarta novela sin publicar. Vivía en una autocarvana junto a su familia y su mujer Tabitha decidió rescatar el texto del olvido y convencerle de la necesidad de publicarlo. Aquel texto escrito con una vieja máquina portátil se llamaba Carrie. El primer superventas de Stephen King, cuyos orígenes literarios cabalgaban entre el terror, la fantasía y los personajes atormentados. Algo que no auguraban nada bueno para ese profesor de Maine que ya había empezado a aficionarse a la bebida.

 

King volcó todos sus demonios en sus primeros trabajos, un reflejo certero de las incertidumbres y los miedos de toda una generación de nuevos lectores. Porque King mejor que nadie sabía que la gente sencilla y los lugares más insospechados esconden fantasmas tan terribles y profundos como la oscuridad del vacío infinito.

 

Su afición a la bebida se acrecentó después con la llegada del éxito, se encerraba durante horas en su despacho, donde bebía compulsivamente, podía llegar a tomarse una caja diaria de cerveza, 24 o 25 latas. Tras la publicación de El Resplandor en 1977, padeció una de sus peores épocas con las drogas. Tomaba todo lo que caía en sus manos. Cocaína, Valium, Xanax, lejía, jarabe para la tos… Podríamos decir que era politoxicómano. Y aquella adicción se proyectaba a la perfección en sus personajes, Jack Torrance y sus delirios se mencionan siempre para referir el alcoholismo del autor que consiguió ocultar también su adicción a la cocaína durante casi ocho años, mientras ejercía de padre de familia y seguía escribiendo superventas, en otra entrevista afirmó que por lo general se sentía genial. Era capaz de levantarse, hacer el desayuno de los niños y llevarlos al colegio. Se sentía fuerte, y tenía muchísima energía. Pero los libros comenzaron a desvelar su adicción después de un tiempo.” Misery es un libro sobre la cocaína. Annie Wilkes es cocaína pura. Ella era su fan número uno”. Incluso llegó a confesar que a penas si recordaba haber escrito Cujo, otra de sus novelas más conocidas, publicada en 1981, y escrita casi al completo bajo los efectos de las drogas. La novela ganó el Premio British Fantasy en 1982,​ y fue hecha película en 1983. Afortunadamente, King logró salir de aquella espiral de drogadicción, pero nunca volvió a ser el mismo.

 

“El Coco” versión libre

 

Los personajes que surgen de la mente del King de aquellos años son una condensación honestamente brutal de una época convulsa y poco diligente en el día a día de un padre de familia que había pasado de la intranquilidad económica al éxito de un negocio editorial multimillonario. Sin olvidar que era politoxicomano y sin olvidar que era Stephen King, un escritor dispuesto a contarlo todo. Desde esa perspectiva, su obra casi parece una metáfora de todas las paradojas y los miedos que esconde el sueño americano, trasladado con inteligencia, imaginación y un desbordante talento a la cultura popular anglosajona… a sus pequeñas ciudades y barrios, a su realidad cotidiana, en los que inesperadamente se atraviesa un evento fatal y terrible que termina por darle la vuelta al mundo, en una pugna lucha entre nuestros vicios y virtudes. Un buen ejemplo de ello es el Sr. Billings, nuestro protagonista de esta noche. Racista, misógino, homófobo y cobarde, incapaz de afrontar un mal que tarde o temprano lo destruirá bajo la preferible apariencia de la normalidad.

 

En aquellos años inciertos, de éxitos y reconocimientos, de caída en picado entre las drogas y escalada acelerada al Olimpo editorial, el maestro Stephen King publicó su recopilación de relatos más laureada, El Umbral de la Noche, en 1978, donde se incluye nuestro relato de hoy, y donde quizá se menciona por primera vez a “ESO” un personaje que revolucionó la cultura del terror moderno. No son pocos los que consideran que el ser que atormenta a Billings, es un precedente a la novela It, publicada en 1986 ,no en vano, al maestro King, como a otros de los grandes escritores de este tipo de literatura, siempre le ha gustado considerar su obra como un corpus de personajes y eventos que se cruzan y trasladan de un relato a otro con relativa facilidad. De hecho, ESO aparece también mencionado en otras obras del escritor, como el Cazador de Sueños, Materia Gris, 11/22/63 o Insomina.

 

 

Si uno decide hurgar en el pasado de la criatura, puede rastrear sus orígenes como una entidad maligna de billones de años de antigüedad que recorrió dimensiones y galaxias, procedente de las regiones exteriores del espacio, conocidas como MacroversoEl nombre real de ESO (si es que tiene alguno) es desconocido. Su “forma verdadera” es también incierta, y en muchos casos simplemente representa lo más cercano que la mente humana puede llegar a concebir en sus horrores. Su forma natural existe en un reino más allá de lo físico. Aunque su disfraz favorito sería conocido como Pennywise, el payaso danzarín, pudiendo tomar otras formas a voluntad, especialmente aquellas con las que servirse de los miedos de sus presas. ESO ha viajado largo tiempo hasta dar con un planeta en el que hibernar y alimentarse, y quizá llegó a nuestro mundo en un evento cataclísmico masivo similar a un impacto de asteroides.

 

Durante millones de años, vivió bajo tierra, esperando la llegada de la humanidad, algo que de algún modo sabía que ocurriría. Una vez que la gente llegó y se asentó sobre el lugar de descanso donde se levantaría el pueblo de Derry. Allí adoptó un patrón de hibernación de entre 27 y 30 años para matar a sus presas y deleitarse con la carne de niños inocentes. Así, su despertar siempre que despierta, siempre está marcada por un acto brutal y violento, como el asesinato o el suicidio, ya que la criatura siente una atracción natural por el sufrimiento y la tragedia.

 

El Coco

 

El maestro King lleva a su boogeyman hasta los límites del horror cósmico, pero el Coco es en sí mismo un antecedente de toda la literatura de terror, una creación de los cuentos, las nanas y la imaginería de los adultos centrada en la idea de asustar a los niños. Incluso Billings cree que su mujer le ha metido al niños la palabra coco en la cabeza… ¿Cómo si no podría haberla aprendido?

 

Las nanas son también una referencia fundamental en la extensión de la leyenda del Coco, una herramienta para apaciguar a los niños traviesos o inquietos, sobre la que Pedro César Cerrillo escribió un interesante estudio en el que se desprende que las nanas pueden esconden el tono imperativo con que se induce al niño a que concilie el sueño lo más rápidamente que sea posible. las nanas en las que este tono imperativo es más explícito son las que mejor se han conservado, tanto en España como en América Latina . La tradición parece indicar que sus historias conllevan una amenaza: cuando lo que se pretende es una invitación al sueño, sin necesidad de que ello comporte siempre un castigo.

 

Quizá el que mejor supo captar su esencia, fue el maestro Federico García Lorca, que define así a la criatura:

 

La fuerza mágica del coco es, precisamente, su desdibujo. Nunca puede aparecer, aunque ronde las habitaciones. Y lo delicioso es que sigue desdibujado para todos. Se trata de una abstracción poética y, por eso, el miedo que produce es un miedo cósmico, un miedo en el cual los sentidos no pueden poner sus límites salvadores… porque no tiene explicación posible […] El miedo que el niño le tenga depende de su fantasía y puede, incluso, serle simpático.

 

Así que ya lo saben amigos, si en algún momento de su atormentada nocturnidad, un ser maligno de naturaleza innombrable, babeante, corrosivo, tumefacto y amenazante, surge de los confines de su armario para mostrarles su afilada dentadura en un claro intento por succionarles las entrañas y apoderarse de su alma… No lo duden, tiéndanle la mano y abrázenlo de forma entrañable hasta que muera asfixiado o decida que ese momento el inicio de una gran amistad.

 

Y no podemos desaprovechar la oportunidad de agradecer a nuestro amigo y maestro Ray (@Rayjaen), creador del podcast Audiorelatos, que ha dado voz y vida al protagonista principal de nuestra historia de hoy, no dudéis en visitar su podcast Audiorelatos y disfrutar de sus pavores y maravillas.

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