“Berenice” de Edgar Allan Poe

Berenice, Edgar Allan Poe, Noviembre Nocturno

“Berenice” de Edgar Allan Poe

 

Este es nuestro primer relato para mecenas. No hay suficientes Shoggoths sacrificables para agradecer a todos los que nos habéis apoyado durante tanto tiempo y en estos días recientes, en los que nos lanzamos hacia el cosmos inexplorado. Y gracias también a los amigos de Ivoox por ofrecernos esta oportunidad dentro de su plataforma.

 

Para los que tengáis dudas al respecto del funcionamiento del mecenazgo, podéis consultar nuestra sección en la web para colaborar. La suscripción como mecenas a través Ivoox os abrirá las puertas de algunos episodios Primigenios y sorpresas tentaculares. Pero no nos hemos marcado unas reglas fijas a este respecto. Noviembre Nocturno sigue siendo un proyecto humilde de veneración a la literatura, que llevamos a cabo entre muy pocos con mucho esfuerzo. La opción de mecenazgo representa una oportunidad para los que consideren que el proyecto merece la pena y servirá, esencial y tentacularmente, para que haya más periodicidad en el contenido gratuito (gracias a los mecenas). Por eso premiaremos también su esfuerzo con algunos relatos extra. Esperemos que los astros nos sean propicios y los Grandes Antiguos sean benévolos…

 

Alberto Vázquez, Poe, de Libros del Zorro Rojo, Noviembre Nocturno

Alberto Vázquez, Libros del Zorro Rojo

 

El maestro Edgar Allan Poe pasó casi toda su vida entretejiendo sus obsesiones literarias en torno a la idea de la muerte. La muerte como cumbre de la literátura gótica, pero también como caída en las incertidumbres del abismo. Exaltada e idolatrada al tiempo que temida y aborrecida. La muerte como una Diosa blanca o como una Peste negra. Enmascarada de rojo, danzante o rodeada de plañideras. Pero sin duda la más inquietante de todas, fue la muerte aparente. Entre las muchas fobias del joven Edgar, sin duda, la posibilidad de ser dado por muerto, enterrado vivo, provocando una suerte de meditación terrible sobre el último de los horrores se garvó a fuego en su espiritu. Quizá porque así es como se sentía realmente, siempre en esta paradoja que resulta de la contemplación de la vida como una antesala a los secretos de la Parca, que sirvió de argumento y vehículo para muchos de sus relatos…

 

Nadie como él supo hablarnos de esa delicada frontera en la que se unen y separar el reino de los vivos y los muertos y en el que su propia cordura se confunde con el delirio. Hasta que no resulta fácil distinguir donde empieza una y donde termina el otro.

 

Nuestro relato de esta noche, uno de los primeros cuentos de su autor, fue publicado en 1935 en una revista literaria de Virginia, Poe tenía 26 años, y supuso también uno de sus primeros escándalos editoriales. Muchos se horrorizaron con el contenido del texto orginal, que obligó a aligerarlo en la segunda versión que finalmente ha trascendido. Algunos lectores escribieron a su editor solicitando el despido de Edgar…

 

Las vivencias personales del maestro Poe, unidas a su prodigiosa capacidad evocadora, engendraron algunos de los momentos más memorables de la literatura de terror. El propio Poe, al igual que nuestro protagonista de hoy, padecía episodios de aislamiento y obsesión nerviosa. Uno de los detalles que más suelen destacarse sobre este cuento, es que  Edgar tenía una malsana afición por los dientes. En la tradición popular y incluso en el psicoanálisis, los dientes suelen ser un refelejo de la vitalidad. Los sueños relacionados con la caída de los dientes eran presagio de la muerte de un ser querido, de enfermedad o incluso de la propia defunción… Quizá de forma inconsciente, o por un mero giro fetichista, Poe juega con ese apego obsesivo de su protagonista por la dentadura de Berenice, hasta el punto de que en algún tipo de estado sonámbulo o disociativo, Egaeus se apropia de la dentadura de la joven cuando ésta ha sido equívocamente dada por muerta.

 

Edgar Allan Poe, Berenice noviembre nocturno

Edgar Allan Poe, Berenice

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